Nota de autores: Hola, y bienvenidos de nuevo. Gracias por leernos. Aquí, lahonestidadenmi y co-autor les anunciamos el regreso de nuestras publicaciones medianamente regulares. ¿Por qué las notas al principio? Para recordarle a un par de lectores, que parecen saltearse las del final, que somos dos personas las que creamos esta historia. Durante el tiempo de ausencia, este fic ha recibido publicidad en varios pequeños grupos y tristemente ese detalle se les ha escapado a varios.

PD: Esto también aplica a los reviews. Agradeceríamos mucho que todos los lectores tengan la consideración de referirse a nosotros en plural al momento de dejar uno.

Dicho esto, disfruten del futuro de esta historia.


De pasados y presentes.

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El viaje de regreso al país del Fuego ya viene tomándole un par de días y noches al improvisado dúo, principalmente porque éste se empeña en dejar el territorio extranjero a un paso similar a aquel que les llevó allí en primer lugar.

Por otro lado, las instrucciones dadas anteriormente por la Hokage de permanecer sin ser detectados, para que no se sepa de su quirúrgica intervención, siguen tan válidas como al inicio de su misión. Dichas instrucciones los llevan a ir posponiendo poco a poco el final de su viaje, ya que no pueden permitirse transitar por ninguna carretera principal, siquiera para alquilar un par de habitaciones cálidas durante la noche.

Los senderos en general, y los poblados cercanos a éstos, serían lo primero que los espías de otras aldeas u organizaciones inspeccionarían para seguirles el paso, y el veneno que ambos han conseguido es demasiado valioso como para tomar el riesgo. Además, si los países rivales se enteran de que Konoha está actuando en estos territorios para sabotear un producto de incumbencia internacional, habría muchas explicaciones que dar en un futuro no muy lejano.

Aunque en un principio esta estrategia puede parecer dura, a estas alturas ambos ninjas ya tienen practicado el arte de borrar sus presencias para despistar a sus posibles enemigos.

Visitar los poblados de paso sólo en casos de extrema necesidad, desplazarse a través de ramas, acampar en la intemperie, montar guardia en todo momento del día, más el molestarse en hacer que los escasos rastros dejados por sus campamentos nocturnos puedan ser interpretados como obra de la naturaleza, sólo forman parte del modus operandi al que este tipo de trabajos los ha subyugado.

Y, ahora mismo, el crepúsculo del cuarto día de su viaje comienza a apoderarse del mundo, tiñendo poco a poco la inmensidad del bosque de tonalidades rojizas y anaranjadas.

Ya habiéndose acomodado a este nuevo cambio de panorama, el renegado y su compañera de Konoha descienden al suelo silvestre, que se esconde bajo la densa y altiva flora, con la finalidad de dar con el sitio ideal para sentar campamento.

Tras unos veinte minutos de deambular en silencio sobre la hierba, entre naranja y violácea, ambos profesionales terminan por seleccionar el extremo sur de un claro, no muy pronunciado, en medio de la espesa arboleda.

Esta jornada en general fue dominada por un calor de lo más sofocante, y la temperatura y humedad del suelo bajo sus pies les sirve como un indicador de que la noche subsecuente lo será también.

La noticia, aunque rutinaria desde que comenzaron el viaje, sigue siendo motivo de alivio para Sakura y Sasori, ya que eliminar los rastros de sus fogatas es algo particularmente molesto de hacer.

Con la metódica practicidad acostumbrada, las tareas subsiguientes son divididas casi al mismísimo instante en el que los ninjas detienen sus pasos sobre el sitio elegido.

Esta vez, será el turno de Sasori de investigar el área lindante al asentamiento para evitar cualquier sorpresa. Mientras tanto, Sakura se ocupará de desempacar lo necesario para levantar el campamento en sí.

Dicho y hecho, el pelirrojo se aleja de su compañera un par de metros, y se trepa al árbol que alza su copa sobre sus cabezas. Así, él cumple con su objetivo principal: tener una mejor visión panorámica del pequeño mar de hierba desprovisto de árboles, y del follaje violáceo que limita con él.

Luego de transcurrido un pequeño tiempo de no haber notado movimientos extraños bajo su aguda visión, el criminal se apresura a saltar hacia la copa de otro árbol circundante a discreto claro. Y una vez pasado otro rato allí, repite el proceso varias veces más y va flanqueando la posición de la kunoichi en el suelo, buscando celosamente por posibles anormalidades en el paisaje delante de sus ámbares.

Así, aprovechando la escasa luz natural que queda, se asegura de no dejarse ni un solo tramo de bosque sin explorar, rodeando todo el perímetro circundante al campamento hasta cerciorarse de que Sakura podrá descansar bien esta noche.

De esta manera, cuando Sasori regresa por fin al campamento, la entereza del bosque ya está prácticamente en penumbras.

Taciturno como siempre, camina sobre la hierba silvestre, siempre siguiendo a la única fuente de luz que se apremia a lo lejos por sobre la negrura del campo: la linterna de la kunoichi. Al arribar finalmente a su punto de partida, logra reconocer la figura de su compañera parada junto a una tienda de campaña, que está erigida en donde al principio sólo hubo césped.

Desde aquel incidente de la lluvia durante el viaje de ida, su compañera rosa se había rehusado a hacer de nuevo el mismo trayecto sin una protección más segura ante futuros improperios de la naturaleza.

Viéndolo por el lado positivo, en esta ocasión evitaron viajar por zonas muy elevadas sobre el nivel del mar con el fin de rehuírle a los gélidos vientos nocturnos.

Su primera experiencia allí ya les dejó claro que el clima en esas latitudes es demasiado intenso. Pero, por otro lado, el calor que se desencadenó sobre estas tierras a baja latitud, y durante este último tiempo, ha comenzado a atraer una abrumadora cantidad especies de moscas y mosquitos propios de este ambiente extranjero.

Como el pasar la noche en un motel no sería una opción en este caso, a Sakura no le quedó más remedio que utilizar una tienda de campaña, que adquirió en el pueblo antes de iniciar el viaje, para poder refugiarse durante sus horas de sueño.

Los ninjas como ellos no acostumbran utilizar este elemento cuando están de viaje y a la intemperie, ya que son muy imprácticos al momento de presentir el advenimiento de un ataque sorpresa en mitad de la noche. Y son más imprácticos aún al momento de salir al enfrentamiento con un oponente.

Aún así, existen dos motivos sólidos que acabaron por convencer a la rosada de recurrir a este recurso: el primero es su artificial e insomne acompañante. Él no es vulnerable a los insectos del mismo modo que ella, ya que ni siquiera tiene venas que éstos puedan pinchar. Y, además, es un ninja muy especial, uno que no posee una necesidad de sueño que le impida montar guardia las veinticuatro horas del día, y al cien por ciento de sus capacidades.
El segundo es quizá la paranoia, pero, dada la importancia de esta misión, Sakura no se atrevería a correr el riesgo de ignorar su sentido común. Después de todo, esta es un área poco explorada de un país ajeno al propio. No sabe cuál de estos insectos es vector de alguna enfermedad que podría comprometer tanto su salud como la misión.

Con la persistente humedad ambiente actual, ninguno de los dos planea encender un fuego. Por lo tanto, la cena de Sakura se deberá de componer por los alimentos más sencillos en su actual inventario.

Empero, no hay que subestimar el aporte energético que se obtiene a partir de los cereales y frutos secos.

Las almendras, nueces, pasas y copos de trigo no son algo que abunde en el equipaje de Sakura, ni tampoco son lo que más se le antoja en este momento, pero siempre son una opción segura para recobrar energías en misiones de larga duración. Más adelante en el viaje, podría recolectar mas alimento si fuese necesario o conseguir fruta fresca en algún condado de paso.

Como viene siendo la rutina de estos últimos días, los insectos no tardan en revolotear en torno a la mujer una vez ésta que se sienta en el suelo, con la única intención de probar un poco de su sangre.

Ella bufa con irritación, al tiempo que se los espanta de la cara, o los aplasta contra la piel de sus extremidades cuando los más insistentes acaban con su paciencia.

—En este momento, creo que envidio el hecho de que no tengas piel ni venas—Le sonríe a su compañero a su derecha.

Éste permanece inmóvil, con la espalda recargada contra el tronco del árbol más cercano, y los brazos cruzados bajo su mecánico pecho.

Sasori, tenuemente iluminado por la linterna junto al regazo de ella, asiente con la cabeza, emitiendo un leve sonido de aprobación con su boca. Intenta sonreír en respuesta a la broma, pero se encuentra demasiado concentrado en sus propios pensamientos como para que ese fugaz deseo trascienda a su rostro.

Harta de la humedad del aire, Sakura toma su cantimplora, de la que hasta hace segundos estuvo bebiendo, e inclina su columna varios grados hacia adelante. Con el cabello rosado ahora colgando sobre su rostro, y lejos de su regazo, vierte un poco de agua sobre su cuero cabelludo. Suspira de placer al sentir el frío invadir su nuca y cabeza, refrescándose un poco antes de tener que resguardarse dentro de la tienda.

Dejando de lado el calor y los insectos, el viaje en general ha sido ameno hasta ahora, más aún comparado a la tormenta de agua nieve del viaje de ida.

Además, las experiencias que compartieron estas últimas semanas, han forjado una suerte de pacto implícito entre ambos shinobis. Conversan de vez en cuando, en esos momentos en los que la naturaleza a su alrededor vibra en relativa paz. Sin embargo, tal y como en este mismo momento, la mayoría del tiempo sólo es ocupada por el silencio.

Un silencio que no molesta a la mujer, un silencio que no le resulta incómodo. En general, ella ya no siente incomodidad en absoluto al estar al lado de su compañero de viaje. Su presencia se ha vuelto una constante en los últimos días. Más que eso… Se ha vuelto una seguridad.

No obstante, este mismo silencio tiene un efecto diferente en el renegado, y también un motivo diferente.

Algo ha cambiado dentro de él. Algo que no está acostumbrado a experimentar ha venido permeando el viaje. El silencio le permite digerirlo, pero también le ayuda a pensar, a repetirse a sí mismo como un mantra:

"Eso se queda conmigo."

En realidad, estas sensaciones deben permanecer sólo dentro de su conocimiento. Lo sabe, sabe cuán necesario es. Pero necesita repetírselo a sí mismo constantemente.

Aún no le resulta complicado esconderlas, pero si su limitado conocimiento del tema es correcto, eso podría cambiar.

Sí, de vez en cuando la mujer objeto de estas sensaciones le pregunta qué es lo que tiene en mente. Por eso supone que, a veces, pasa un tiempo extra con la mirada perdida en algún punto fijo, tal y como ahora lo es el húmedo cabello rosa siendo estrujado por las manos de la nuevamente erguida muchacha.

"O… ¿Podría ser también que exista algún otro cambio de comportamiento que en este preciso momento no estoy notando y ella sí?" Se cuestiona con cierto aire obsesivo.

Cada vez que ella se lo pregunta, obtiene una respuesta distinta, no del todo falsa, pero nunca totalmente verídica.

Después de todo, últimamente tiene muchas cosas en mente: los planes para reconstruir su cuerpo dañado, una lista de posibles sitios en los que esconderse, la manera en la que proseguiría sus ataques contra las demás bases de la Serpiente, su deseo por recomponer su arsenal, la posibilidad de volver a crear marionetas por el gusto de crearlas, en lugar de hacerlo persiguiendo un concepto de belleza que siempre se le escapa…

No tiene problemas en contarle ninguna de esas cosas, todas son verdad. Todas están en su mente. Por otro lado, respecto a 'ese' tema….

"Esa cosa es mejor que nunca la sepa."

De repente, un sonido extraño saca a ambos viajeros de su silencioso contemplar. Un brusco movimiento hace sonar algún punto del follaje detrás del árbol en el que se encuentra apostado Sasori.

En respuesta al sospechoso estímulo, ambos se incorporan con velocidad y reflejos felinos. De inmediato, ambos se encuentran listos y se voltean hacia la dirección del ruido, en alerta, preparados para lo peor.

Los músculos de la rosada se tensan en expectativa, al tiempo que el armamento de Sasori se posiciona en las cavidades de su cuerpo, amenazando con escapar a la velocidad del rayo en cuanto alguna sombra se aparezca por los contornos de los árboles.

Ambos permanecen estáticos, mientras comienzan a oír pisadas suaves y ligeras, moviéndose un par de pasos hacia el costado izquierdo del marionetista. Sin previo aviso, éstas se detienen al en la frontera con el pequeño claro, justo detrás de un frondoso arbusto, al que la linterna de Sakura apenas puede alumbrar desde esa distancia.

El dúo se mira a los ojos por un instante, que les alcanza para que sus ideas se sincronicen. A continuación, la mujer estira su brazo libre, con la intención de hacer temblar la tierra que sostiene la vegetación en la que el sonido se detuvo. Al mismo tiempo, una hilera de filos esperan por abalanzarse sobre la presencia guarecida dentro del esponjoso arbusto.

Segundos antes de que el ataque combinado se produzca, un zorro sale desde atrás del arbusto, y dedica a la pareja una mirada confusa, más que nada por la blanquecina luz del objeto en la mano de la mujer.

Similar mirada es la que artista y médico comparten al reconocer la fuente de los sonidos.

Ambos se distienden.

Sakura es la primera en reírse del estado en el que ambos se encontraban hace tan sólo un segundo.

—Creo que estamos demasiado paranoicos—Bromea, pasándose la mano libre sobre el cabello húmedo y peinándolo hacia atrás.

El marionetista espanta al pequeño mamífero con un gesto de su mano antes de responder.

—Coincido—Sonríe con un humor similar al de ella—. Estamos demasiado preocupados, en exceso para nuestra circunstancia. Nadie sabe dónde estamos, y me atrevo a decir que no temo a enfrentarme con nadie, salvo una lista de treinta nombres.

— ¿Estoy en esa lista?

—Depende del día—Contesta el marionetista sin dudarlo demasiado.

La mujer frunce el ceño ante la respuesta, al tiempo que retrocede para abrir el cierre de la puerta de la carpa y resguardarse dentro. De este modo, sintiéndose a salvo de los mosquitos gracias a la traslúcida rejilla que la separa ahora de la intemperie, la kunoichi se permite acomodarse con toda tranquilidad en el suelo de nailon. No obstante, procura mantenerse pegada lo máximo posible a la puerta, repleta de diminutos orificios en ella, para no sofocarse con la humedad del aire de adentro.

Por su parte, Sasori se sienta sobre la lona que se extiende junto a la puerta cerrada de la tienda, sirviendo de recibidor para la misma, quedando separado de su compañera únicamente por la delgada ventana de tela de la puerta.

—Hey, no es para tanto—Apacigua con un dejo casual, observando a la kunoichi detrás de él, con su imagen conformada por las millones de pequeñas cuadrículas de la tela.

El criminal aún presta atención a los alrededores, pero con un nivel de nerviosismo claramente disminuido en comparación a hace un rato.

— ¿Cuán larga es la lista de enemigos contra los que debería evitar enfrentarme? —Pregunta Sakura con tono competitivo, mientras adopta una posición más cómoda al pasar a abrazar sus propias rodillas contra su pecho.

"Mayor a trescientos." Piensa el marionetista, sin atreverse a decir dicho número en voz alta.

—Es larga—Se anima a responderle—.Pero no es debido a tu fuerza, así que no te lo tomes como un insulto. Es debido a que Konoha pone demasiado énfasis en el trabajo en equipo, y el resultado son equipos poderosos, pero shinobis individuales menos destacados. Claro que hay excepciones. Los sannin son un buen ejemplo.

—Pues, he estado entrenando con un sannin por cerca de tres años, y soy capaz de mantenerme esquivando sus ataques por horas.

—Suena difícil de creer—Duda el pelirrojo.

Sí, quizá sea su aprendiz. Pero no es lo mismo entrenar con un Kage por horas, que enfrentarse a muerte con un Kage por horas.

—Lo dice la marioneta que habla—Contesta ella, mirándolo de reojo a través de la blanda ventana, y burlándose de su incredulidad.

—Buen punto—Sonríe de medio lado—.Pero no puedes negar que tu entrenamiento se enfocó en los aspectos defensivos, ya que puedo verlo en tu manera de enfrentarte. Conservas tu seguridad hasta encontrar un ángulo de ataque. Es una buena táctica en teoría, pero ¿Cuánto has entrenado para detectar ese ángulo? ¿Qué haces cuando, después de horas, ese ángulo no se ha revelado?

—Confío en mis compañeros—Le responde Sakura casi inmediatamente, apretando el agarre de sus rodillas de un modo inconsciente.

—Exacto, a eso me refiero. Equipos formidables, sin duda, pero los shinobis que los componen son especializados en un único aspecto del combate.

—Ya lo entendí—Resopla la rosada—.Pero no puedes negar que ha dado resultado. Konoha es una de las grandes aldeas después de todo. ¿Cuál es la desventaja de entrenarse en todo?

—Más probabilidad de morir—Señala sin modestia alguna—. Los que intentamos entrenarnos en todo tendemos a no destacar en nada. Un ninja más experimentado, o especializado, puede eliminar a un joven que se entrena de este modo antes de que sus habilidades florezcan. Pero si sobrevive suficiente… Sólo tienes que ver a Akatsuki para hacerte una idea del resultado.

—Prefiero el método de mi aldea—Resopla en desacuerdo—.No sólo cuesta menos vidas, sino que resulta en equipos que son capaces de enfrentarse a sujetos más poderosos a pesar de tener menos tiempo de entrenamiento.

Sasori vuelve la vista al frente un segundo, riéndose entre dientes.

—El tamaño de tu aldea habla por sí mismo. Tienes razón.

— ¿Escuché bien? ¿Me estas concediendo el punto? —Expresa perpleja, dejando caer el peso de su cuerpo sobre la tela para lograr ver mejor las facciones de su compañero—. Creí que no estabas de acuerdo con el entrenamiento que recibimos en mi aldea.

—No es útil para alguien que lleva mi estilo de vida—Señala sin perder el buen humor—.El único motivo por el que puedo darme el lujo de no enfocarme en medicina o defensa es porque mi cuerpo no las necesita en exceso. Pero, si te ves en necesidad de trabajar solo, de vivir sin un equipo, tu entrenamiento se siente inútil.

—No planeo quedarme sin la ayuda de mi aldea. Así que no debo temer.

—Y, si ocurriese, tampoco estarías sola.

— ¿Cómo?

—Dijiste que somos amigos. Tengo entendido que los amigos se apoyan en esas situaciones. No creo ser tan ignorante sobre las relaciones como para tener eso como equivocación.

La rosada ríe de nueva cuenta, cambiando nuevamente su postura. Ahora, se gira hasta dejar sus piernas flexionadas frente a ella y la espalda cargada sobre la tela, para así poder sentir las pequeñas dosis de aire refrescándola de un modo más práctico.

—Te tomaré la palabra por si decido traicionar a la aldea—Bromea antes de ensombrecer un poco su tono de voz y expresión—Aún así, puedo comprender las desventajas. Perdí un compañero de equipo. Sé que es posible, y sé cuánto puede afectar a los miembros.

Sasori recuerda al menor de los Uchiha sobrevivientes, y a la particular relación que tuvo con la kunoichi a centímetros de él. Sin saber explicar cómo, siente un pequeño nudo en la boca de su inexistente estomago.

—Aún así, el nuevo compañero que ocupó su lugar fue el que conociste al comenzar esta misión—Prosigue Sakura—.Al principio, me negué a creerlo, pero Sai resultó ser un gran compañero.

Ahora, la conversación se detiene, dando paso al primer silencio incomodo del viaje. El pelirrojo no quiere insistir en un tema que le está produciendo tan extrañas sensaciones. Sakura, por su lado, ya tiene aprendido que cuando una conversación se acerca demasiado a Sasuke, su ánimo tiende a disminuir.

Ambos se miran a los ojos, y pueden reconocer la incomodidad en el ambiente en general. Ninguno de ellos había planeado que esta conversación llegase a este rumbo.

Compartiendo una sonrisa forzada, por un instante pareciese que están dentro de la mente del otro:

"¿Mejor cambiamos de tema, verdad? Por supuesto."

—Oye, Sasori… —Retoma Sakura con suavidad—.Dejando eso de lado, hay algo que hace un tiempo quiero preguntarte.

Captando las intenciones de la joven ninja, y viendo la salida a la anterior conversación, el marionetista salta a la oportunidad de mover el tópico de esta interacción a otro sitio.

—Dime.

— Desde que empezamos esta misión que me pregunto qué tipo de relación tienes, o tenías, con la Serpiente. Dijiste que sospechabas que supieran que estás vivo. Sabes que eso no sería posible, a menos que alguien en ese grupo te conozca lo suficiente como para saber qué aspecto tiene tu cuerpo real.

Sasori distiende la tensión en las facciones de su rostro artificial, mostrándose más a gusto con el nuevo giro de la charla.

—Fui parte de la Serpiente antes de unirme a Akatsuki, cuando aun tenía un cuerpo humano normal.

Esta simple oración logra captar el interés de la muchacha, quien se acomoda un poco más para poder ver el rostro de Sasori al recostar el propio contra la tela transparente.

—Cuando abandoné mi aldea, me llevé conmigo un par de cosas, entre ellas el conocimiento sobre la construcción de marionetas, un básico sobre confección de venenos, y, lo más importante, todo lo que conocía de Suna y las áreas lindantes—Sasori hace una pausa para escoger sus palabras con cuidado—Eso ultimo es el verdadero motivo por el que ningún traidor es desempleado, y ninguna aldea se puede permitir el no perseguirles. Esos conocimientos me permitieron conseguir pequeños empleos en esa clase de operaciones, que grupos criminales de pequeña y mediana monta realizan para mantenerse a flote.

Sakura escucha su relato con atención. Por un momento, se pregunta por qué entonces Tsunade permite a Sasuke permanecer sin ser perseguido. No obstante, espanta esas dudas de su mente al instante. No quiere pensar en él en este momento.

—Fui ganando mi fama. Si alguien quería tener sus operaciones en la aldea o sus alrededores, preguntaban por el guía, y ese era yo. Y, buscando al guía, fue como la Serpiente me encontró—Sonríe con sutileza al recordar aquel hecho de su propia biografía—.Me explicaron que querían establecerse en la zona, y necesitaban un guía que les sea exclusivo. Me permitieron escoger el precio, siempre que fuese razonable. Yo era joven, apresurado y necesitaba mejorar mis capacidades antes de que me cruzase con alguien más entrenado que ponga fin a mi corta historia. Les pedí trabajo, un sitio y las oportunidades para mejorar mis conocimientos de toxinas.

—Suena demasiado bueno para ser cierto—Acota Sakura, con cuidado de no interrumpir de modo estrepitoso a su compañero de misión.

—Fue demasiado bueno. En el momento tuve suerte de que la Serpiente no me matase luego de usarme. Fue una decisión estúpida el unirme a ellos, si lo pienso demasiado. Pero, por suerte, tanto yo como ellos obtuvimos lo que queríamos. Ellos pudieron sentar bases alrededor de la Arena, e incluso dentro. Y yo llegué a ser aprendiz de un químico de la Serpiente. Para ese entonces, ya conocía bastante de confección de marionetas, pero necesitaba una ventaja que me pusiera por encima de otros shinobis. Los venenos fueron el tipo de ventaja que buscaba.

— ¿Qué paso durante el tiempo que pasaste con ellos?

—Aprendí casi todo lo que hoy sé. No sólo sobre venenos, eso fue lo de menos. Pero aprendí bastante rápido, y pronto estuve a cargo de mi propio laboratorio e investigaciones para desarrollar armas químicas para la Serpiente. Más importante aún, aprendí como se movía el mundo criminal organizado. Aprendí de negocios y de espionaje. Maduré rodeado de gente sin escrúpulos, y eso me permitió leer a los de su calaña como un libro abierto—Recita Sasori, con tanto pragmatismo como auto superación personal—.Fue durante esos años que poco a poco fui convirtiendo mi cuerpo en lo que es hoy. Estuve a cargo de una base, podía tener un grado considerable de privacidad y tiempo. A la organización central no le importaba, mientras mis operaciones produjesen buen dinero. Pero los que me rodeaban no eran ciegos ni estúpidos. No creo que ninguno en mi base supiera exactamente el proceso al que me estaba sometiendo, pero tenían suficientes piezas para tener una idea certera. El mito de la marioneta viva es solo una historia para aterrar niños en mi país, pero para esa gente, para esta organización, es algo que camina entre la línea de la realidad y la ficción.

De a ratos, Sakura parpadea sorprendida por ciertos detalles del relato.

Nota, de un modo bastante tardío, que el pelirrojo es aún alguien que ella no conoce en su totalidad, lejos de ello. Y, en momentos como este, es cuando realmente advierte el brusco cambio que sufrió su perspectiva respecto al renegado de la Arena, al punto que escucharlo hablar sobre su pasado le pareciese algo interesante, o cuánto menos curioso.

— ¿Cómo los dejaste? ¿Por qué?

—Crecí por sobre ellos. A medida que mi cuerpo fue cambiando, tomé más y más misiones de campo, hasta que me volví su principal perro de ataque. Cuando el tercer Kazekage se estaba volviendo un problema para la Serpiente, los líderes pensaron en retirarse del país. Yo pensé en que quería poner a prueba mi cuerpo… y obtener una marioneta en el proceso…—Esta última frase, es pronunciada con cierto recato, y, quizá, hasta preocupación por la posible reacción de la muchacha.

Sin embargo, la mención del secuestro del Kazekage no logra volver a provocar una reacción mayor en Sakura más allá de una mueca de regaño, bastante piadosa en comparación a las que al principio solía dar.

—El resto es historia—Retoma él, devolviendo la fluidez a su habla—.Mis logros se volvieron imposibles de ocultar. Y así es como terminé siendo contactado por Akatsuki. Básicamente, me volví el motivo por el que la Serpiente llegó a su cúspide. Ya no estaban protegiéndome, era yo el que los cuidaba a ellos. En Akatsuki, por otra parte, el intercambio era más equivalente.

La rosada no aporta nada esta vez, sólo se queda procesando a fondo todo lo que acaba de oír. No puede decir que lo entienda en su totalidad, pero, a diferencia de la manera en la que veía a Sasori cuando recién lo conoció, ahora no siente que su actuar haya sido tan alienígeno.

—Suficiente conversación—El ex Akatsuki se toma el atrevimiento de interceder por ella, al tiempo que se pone de pie—.Yo soy el que no necesita sueño. Podrás seguir preguntando cosas mañana.

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Sin ningún otro evento distractor para el dúo, los siguientes días del viaje prosiguen según lo planeado. Ambos agradecen que las jornadas anteriores se hayan dado sin contratiempos, así que el alargamiento de esta pacífica rutina no será algo de lo que en algún momento vayan a quejarse.

Hasta ahora, lo más grave que les ha venido ocurriendo son las paradas que deben realizar cada tanto cerca de los yacimientos de arcilla de los ríos, ya sea para que el marionetista pueda asegurar las piezas de su quebradizo torso, o reemplazar algún trozo que se desprende ocasionalmente de su cuerpo cuando él no se da cuenta.

Al principio, estas situaciones incomodaban a la mujer. Pero, luego de que se acostumbrase, y luego de ver que este inconveniente siempre es totalmente indoloro para su acompañante, se volvió simplemente una cosa más de la rutina.

Después de casi una semana entera de calor y trayecto entre árboles, ya no falta demasiado para el momento en el que ambos tuviesen que partir en rumbos separados.

"Quién sabe cuándo será que volveremos a cruzarnos."

Este pensamiento cursa por la mente de ambos, y tiene en ellos efectos similares. Los dos han compartido demasiado tiempo desde que la kunoichi le perdonó la vida al ninja renegado, hace ya varios meses. La idea de ya no reunirse, eventualmente les es tan extraña que es hasta difícil de imaginar.

Por un lado, saben que se volverán a ver al menos una vez, cuando Sakura le entregase los materiales a Sasori para que repare su cuerpo…. Pero luego… Nadie sabe nada. Cualquier cosa podría ocurrir.

De este modo, durante la que sería la última noche en la que acamparían juntos en medio del silencio del bosque, ya encontrándose dentro de los territorios del país del Fuego, la rosada se decide a aprovechar el tiempo restante en compañía del pelirrojo de un modo bastante particular.

—Oye, Sasori—Lo llama al salir de la tienda de campaña con linterna en mano.

Acercándose a las raíces del árbol más cercano a su sitio de descanso, cuya copa llega a cubrir su refugio de la luz lunar, Sakura enfoca la pequeña fuente de luz hacia sus ramas más altas.

Hace al menos una hora que la cena había concluido, y ella se había retirado a descansar adentro de la carpa, como lo había hecho en todas las noches anteriores. Por lo tanto, el tener nuevamente su presencia allí abajo, intentado dar con su rostro en medio de las hojas del árbol con ayuda de la linterna, se le antoja extraño al ex-Akatsuki, o cuánto menos intrigante.

— ¿Qué ocurre? —Responde el aludido desde una latitud más elevada a la de ella, mientras se baja de las ramas de su predilecto sitio de vigía.

—Me debes una pregunta—Le contesta con su mano libre apoyada sobre la cintura, una vez que por fin lo tiene nuevamente a su altura.

—No entiendo. ¿A qué te refieres? —Parpadea confundido, sin la capacidad de enceguecerse por la intensidad lumínica del aparato que Sakura le está apuntando a la cara.

—Más bien, te debo una respuesta—Se autocorrige con un tono más relajado—.Nuestro juego durante el viaje de ida. ¿Lo recuerdas?

Sasori guarda silencio por un instante, a lo que Sakura reacciona con un bufido, apartando finalmente la interna de su cara.

—Hasta ahora, vengo siendo yo la que hace las preguntas. Y quién sabe cuándo sea la próxima vez que te vea, ni cuánto tiempo durará esa reunión—Recita con cierta ansiedad a través de su semblante, sin dejar de dar pequeños pasos en círculos sobre el césped—. Quiero que preguntes algo ahora.

—No parece que tenga opción aquí—Contesta el ex Akatsuki aún confundido sobre el arrebato de la mujer, pero cede a sus deseos más en buena gana que en mala.

El pelirrojo había pasado el viaje sin preguntar demasiado, si es que algo. Eso es verdad, y es lógico que esto no ha pasado desapercibido ante ella. Aún así, le es difícil reconocer como debería actuar frente a la ninja desde que reconoció "eso" como actual parte de sí mismo.

Antes, interactuar era fácil, no había nada de qué preocuparse. Ahora, debe tener cuidado en todo momento de mantener "eso" en secreto. Además, y más importante aún, no debe alimentarlo.

No puede permitirse que "eso" se escape de su control bajo ninguna circunstancia. Si sus sentimientos comenzaran a imponerse sobre su cautela… Ese podría ser el final de ambos.

— ¿Puedo preguntar cualquier cosa? —Le pregunta a la rosada con un tono malicioso, que sólo tiene por objetivo real hacerla retroceder en sus intenciones.

—Sí.

La respuesta de Sakura es corta, sin dudas. Quizá, hasta imprudente. Y es esta afirmativa, más un par de pasos que la llevan a acortar la distancia que los separa, lo que le hace finalmente flaquear de su recato.

Las intenciones de ella se ven demasiado puras, y esta es una invitación demasiado directa para él. Durante más tiempo del que quisiera admitir, el marionetista vino conteniéndose sus dudas y expresiones sólo por si las dudas. Y, ahora que ve las puertas abiertas, la curiosidad le gana a su prudencia.

Para cuando se dio cuenta de todas las implicaciones que su duda ocupa, las palabras ya han escapado de su boca:

—Quiero saber qué es lo que pasó, qué es lo que hiciste con la información que te di la primera vez que nos enfrentamos. Todo.

A pesar de dirigirse a ella con un tono automático, y un rostro igual de apático, Sasori acaba por insultarse a sí mismo. Esto no es propio de él. Esta es la última vez que bajará la guardia de esta manera.

Estaba preparado para echarse atrás cuando, para su sorpresa, Sakura alza una ceja en incredulidad.

— ¿Esa es la mejor pregunta que tienes para hacerme?

La kunoichi suspira con decepción, mientras se vuelve a alejar de su cercanía para recostar su espalda contra el tronco del mismo árbol en el que él estuvo haciendo de vigía con anterioridad.

—Ya sabes lo que ocurrió—Espeta con el ceño fruncido—.Fui con mi equipo a la base de Orochimaru en el país del Río, y allí nos lo encontramos a él, a Kabuto y a Sasuke. Naruto peleó con Orochimaru hasta que el Kyubi en su interior se descontroló, y, luego de eso, no pasó mucho más… Ellos volvieron a escaparse.

Sasori presenta un semblante similar ante lo que considera un malentendido bastante idiota. Toma lugar a un lado de ella, manteniéndose recargado de cara a Sakura únicamente con un solo brazo, que mantiene apoyado en el tronco, a la altura del hombro de la chica.

—No quiero un reporte de misión. Tienes razón, eso ya lo sé. Quiero entender la perspectiva de tu aldea. Tu perspectiva—Le aclara con impaciencia, mientras la mira a los ojos sin rastro alguno de dubitación o recato—.No entiendo casi nada de esta situación. No entiendo por qué tu aldea quiere darle otra chance al Uchiha menor. No entiendo por qué no hay una orden de captura con su nombre. No entiendo por qué la aldea valora a alguien que les dio la espalda.

Una a una, el renegado de la Arena va poniendo sus dudas sobre la mesa, siempre con el cuidado de que no se vislumbre el verdadero interés que existe tras ellas.

A todo esto, Sakura ha apagado la luz de su linterna para evitar llamar la atención de algún otro viajero que esté deambulando en la espesura del bosque como ellos. De resto, ella no puede hacer más que permanecer inmóvil en su sitio, mirando el rostro de Sasori por sobre el hombro en un débil intento de disimular su asombro e incomodidad por la semejante cercanía. No sabe si por el clima, o por una repentina subida de adrenalina, ha comenzado a transpirar.

— ¿Es por su técnica de línea sucesoria? —Prosigue el artista, con un porte un poco más demandante—.Aldeas han preferido exterminar líneas sucesorias antes de arriesgar sus secretos. ¿Por qué le persiguen? ¿Por qué le siguen persiguiendo, si no dio muestras de querer regresar? ¿Me equivoco? ¿Dio muestras de querer regresar? Casi todo esto esquiva mi comprensión. De todo esto, lo único que creo entender es el por qué el chico Uchiha se marchó en primer lugar.

Sakura, sin poder seguir soportando el calor del ambiente, ríe por unos instantes como única vía de salida a tanta tensión.

—Supongo que mi vida privada no es lo suficientemente interesante como para guardar secretos sucios…—Bromea antes de apartarse un paso hacia el costado con disimulo— ¿Qué puedo decir, más allá de que él fue una persona con la que compartí mi primer equipo por cerca de un año?

Al haber dicho en voz alta esta última frase, una pequeña voz sarcástica de su interior se sobrepone a sus demás pensamientos, remarcándole un detalle evidente de este último tiempo: En sólo unos meses, ella ha compartido más conversaciones con Sasori de lo que lo ha hecho con Sasuke a lo largo de todo un año.

Es más, cada vez que el recuerdo del muchacho moreno aflora en su mente, no puede recordar nada de él previo a la noche en la que la noqueó para luego irse a perseguir sus propios objetivos.

A pesar de la oscuridad casi total del panorama, Sakura puede percibir a su acompañante a su lado. Los ojos del pelirrojo están fijos en el suelo, pero su atención está agudamente enfocada en ella. Al punto que esto último es mucho más palpable que su mirada.

—Quizás, tengo demasiados sentimientos de añoranza a aquella primera etapa de mi vida como ninja, de lo que sería común en otras personas… —Prosigue la joven de modo más nostálgico, manteniendo su mirada en las estrellas—.Pero, el contar con mi equipo en los momentos difíciles de las misiones, el pasar el rato entrenando, e incluso intentando jugarle bromas a nuestro maestro para intentar descubrir su rostro bajo la máscara, terminó haciendo que llegase a sentir a esos tres como si segunda familia.

—Creo… que puedo entenderlo un poco—Interrumpe por un momento el marionetista, rememorando a sus propios padres.

Sakura sonríe con cierto dejo de melancolía.

—Naruto y Sasuke… Los dos eran huérfanos. Y, mientras que en el rostro de uno se podía ver la felicidad de tener unos lazos a los que llamar familia, en el otro siempre daba la sensación de que aquello sólo era una emoción pasajera, una "luna de miel" que en cualquier instante se destrozaría. Naruto, Kakashi-sensei, e incluso yo… Intentamos llenar el hueco que la familia de Sasuke había dejado en él, pero, si en algún momento esos intentos llegaron a ser posibles, todo se vino abajo cuando apareció Orochimaru a ofrecerle poder para conseguir su venganza…. —Sus puños y dientes se tensan por un momento, al recordar toda la amargura que el sannin de las Serpientes había traído a las vidas de todos, especialmente a la de ella.

Luego de un nuevo instante de silencio, intentando aplacar sus propias emociones con una nueva bocanada de aire, la ninja continúa su relato:

—Creo que lo que nos hace creer que Sasuke no es una verdadera causa perdida, es que no ha dejado que nadie le muestre que la venganza no es el camino de resolver lo que ocurrió con su hermano y su clan. Y yo tengo fe en que Naruto podrá—Dice con un brillo particular en sus jades, que siempre aflora en ella al hablar de su compañero rubio—.Si hay algo que aprendí durante todos estos años, es que Naruto es una de las personas más confiables y persistentes que jamás conoceré en mi vida. Y supongo que, por esa misma razón, mi maestra nos ha dado una chance de intentar hacer entrar en razón a Sasuke…

Cada vez que el pelirrojo escucha el nombre del Uchiha, una ligera incomodidad permea sus adentros. Por más que se empeñe en ignorarlo, no puede olvidar que este chico es el objeto de los afectos de Sakura. Aún así, no se permite que esto le controle. De hecho, quizá ese chico sea justamente lo necesario para que este asunto en su interior llegue a una conclusión.

Aún así, agradece el que Sakura no se haya referido al muchacho de otra manera ajena a su nombre de pila. Algo le dice que, si hubiera oído algún sobrenombre más afectuoso, hubiera sido verdaderamente desagradable.

Pero en esto termina encontrando una función para sí mismo. Como dijo antes, si algo puede entender de esta situación, si algo cree entender de esta situación, es la decisión del Uchiha. Bajo esta perspectiva, quizá pueda ayudar a Sakura a entenderle, quizá pueda ayudarle a recuperarlo. Y, aunque la idea le sepa ligeramente amarga en el alma, le parece perfecta a los engranajes que operan en su mente.

De repente, el tono acongojado y personal del discurso de su compañera se corta, y es reemplazado por uno irónico que pretende distender el ambiente triste de la conversación.

—Aún así, no soy ciega ante el hecho de que el Sharingan es una especie de reliquia en peligro de extinción para mi aldea. Así que no me extrañaría que hubiese algún tipo de interés político detrás de la indulgencia de Konoha para con él… Al menos, por ahora.

Para sorpresa de la kunoichi, es el marionetista quien vuelve a retornarle el tono serio a la conversación.

—Aún me cuesta entender. Creo que puedo… pero no podría asegurarlo. Sin embargo, lo que sí entiendo… Es la mente de alguien que abandona a su aldea, que abandona a su familia, y, quizá esa perspectiva pueda ayudarte.

Sakura se sobresalta bastante al oír esta conjetura de parte de su ex informante, y actual amigo. Nunca creyó que su monólogo terminaría con un arrebato de altruismo por parte de Sasori.

"¿Es por esto que sonaba tan enfadado cuando comenzó a hacerme todas esas preguntas? Además, nada de lo que dice parece indicar que esta situación sea improvisada... ¿Acaso tenía planeado decirme todo esto, incluso si yo no lo hubiera instado a hacerlo primero?"

Notando el cambio de aura en su compañera ante sus últimas palabras, el renegado necesita un pequeño esfuerzo extra para purgar su semblante de cualquier resquicio de sentimiento ante lo que sigue.

—Me ocurrió hace tiempo, y, probablemente, le ocurrió al chico Uchiha también. No sé si les pase a todos. Pero, en algún momento, a gente como él… o como yo, algo en la vida nos llama, y no podemos hacer más que atender ese llamado. Para mí fue mi arte, para el habrá sido vengar a su clan. Cuando me fui de la arena, no lo hice despreciando a mi familia. Lo hice porque mis objetivos requerían que me fuese. Simplemente, tuve que decidir entre dos cosas que no podían coexistir. Si hubiese podido tenerlo todo, lo hubiera hecho, pero la vida no es tan sencilla ni generosa. Quizá, entendiendo eso puedas considerar que la manera de recuperar al muchacho Uchiha es teniendo en cuenta sus objetivos, no negándolos.

Sakura parpadea, entre escuchando las palabras de Sasori y perdida en la marea estrellada del cielo nocturno, en una chance de asimilar adecuadamente toda la nueva información que está oyendo.

—Suena casi como si no estuvieras hablando de ti mismo…—Acota finalmente, al percibir en aquel discurso una experiencia en el campo sentimental que sería algo que no se hubiera esperado de él bajo ninguna circunstancia— ¿Acaso has estado en una situación similar a la mía?

Pregunta a su ex informante, sin reparo ni incomodidad alguna ante el tema.

— ¿Has sentido algo parecido?

Sin saberlo Sakura, esta última pregunta pone el dedo en la llaga. Ante tal acorralamiento, Sasori sólo puede mentir. Aún así, tiene que esperar unos instantes para formular un tono y expresión facial convincentes.

— ¿Sentir algo parecido? No. No en realidad. ¿Vivir algo parecido?... Pues, no parecido a ti. Más bien, parecido a él. Sé muy bien lo que es abandonar tu aldea a tan temprana edad. Y sólo puedo decirte que, por mucho que los niños puedan fantasear con ser renegados, es una decisión que solo se cumple por un motivo en realidad importante.

Sakura se desanima por esto último, olvidándose por completo de su anterior curiosidad por algún supuesto amorío pasado de su compañero de misión.

—Entonces, no cabe hacerse ilusiones con que un futuro encuentro pueda romper su convicción de no regresar a la aldea…—Suspira sin la misma energía de al principio de la improvisada reunión.

—No necesariamente. Sólo creo que él está demasiado enfocado en sus objetivos. Pero, una vez que los obtenga… Allí tendrás tu chance—Comenta, dándole un atisbo de esperanza por el mero deseo de subirle de nuevo el ánimo—. Aún no entiendo por qué… Ignora mi falta de comprensión, me esfuerzo.

Se excusa el marionetista con repentina ineptitud social, antes que ella lo interrumpa.

—Está bien si no entiendes. Tratando de ser clara: yo… le quiero de regreso porque…

La mujer toma un respiro, escogiendo sus palabras con precaución. Todo parece apuntar a que el ex – Akatsuki frente a ella en realidad intenta comprenderla. No puede ni quiere confundirlo aún más.

Hace el esfuerzo por disipar la niebla emocional dentro de sí misma, y poner en palabras la motivación que hoy la impulsa a perseguir a Sasuke.

—Fue una promesa que me hice a mí misma, a Naruto, y también a Sasuke. Un equipo en Konoha es más que una unidad militar. Somos… familia. No puedo rendirme en eso.