Los tiempos cambian

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El ya acostumbrado dúo de ninjas arriba al sitio acordado unas horas antes del mediodía, pero no consiguen dar con el dibujante durante el primer avistamiento del valle. En sí mismo, esto no es un problema para el equipo, ya que el momento de la reunión nunca fue especialmente definido. Nunca se discutió sobre ningún detalle, más allá de que este encuentro se llevaría a cabo el doceavo día desde su partida del el pueblo, y en la ribera de un arroyo que fluye dentro del bosque de la frontera norte de Konoha.

Pese a haber pasado más de una semana durmiendo a la intemperie, el viaje se sintió mucho más corto para la kunoichi de lo que en realidad fue.

Sakura sabe que verá una vez más al pelirrojo, aproximadamente una semana y media después de su regreso a Konoha. Cree que podrá conseguir la cerámica especial que él necesita en ese tiempo. Pero, aparte de aquel pequeño trámite, su vida no parece tener ningún evento de renombre que consiga mantenerla entretenida.

"Ninguno salvo la misión de recuperar a Sasuke, de ayudar a traerlo de regreso a la aldea." Se recuerda a sí misma, mientras lleva a cabo su labor de explorar los alrededores del pequeño valle escondido.

Este último pensamiento cobra otro matiz extra cuando la ninja, refugiada bajo la sombra de la copa de un árbol, vuelve el foco de sus orbes jade hacia la lejana silueta de su compañero de misión.

Es extraño para ella el regresar a tener al último Uchiha como prioridad en su mente. Había pasado ya una cantidad nada despreciable de tiempo desde que otro sujeto, que también escapó de su aldea, pasó a tomar la posición de ser responsable de sus preocupaciones, aventuras y desventuras.

Sasori, casi invisible en este momento entre los troncos y arbustos que circundan la ribera del arroyo, se ve mucho más focalizado en su tarea de buscar por alguna señal del ANBU que ella.

Al momento en el que el shinobi se trepa a la copa de otro nogal, con la intención de obtener una mejor perspectiva del perímetro, los rayos del sol bañan su pelo rojizo, y delinean sus serenas, aunque fabricadas, facciones ante la mirada verdosa de quien lo observa desde el suelo.

Para el pelirrojo, el viaje fue mucho más largo de lo que el ciclo de días y noches le indicó. Le gustaría decir que este tiempo le ayudó a comprender ese nuevo fenómeno que hoy habita en él...

Pero no fue así.

Tenerla cerca sólo ha venido fungiendo como un constante recordatorio de que algo nuevo y desconocido está presente en él. Tenerla cerca le hace preguntarse, a cada vez que tiene un espacio libre en su mente, por qué ha sido ella el objeto de estas sensaciones… Y las respuestas que encuentra sólo alimentan aún más esta sensación.

Este ciclo es constante y molesto, puesto que tiene que empeñarse activamente en enfocar sus esfuerzos, y en mantener sus acciones y decisiones tal y como lo fueron siempre. Y no puede experimentar consigo mismo teniéndola cerca. No puede arriesgarse a cometer un error cuya consecuencia no fuese corregible.

El renegado necesita comprender en más detalle qué es lo que le está pasando, en qué clase de sujeto se está convirtiendo, cuáles son sus necesidades, sus deseos, sus impulsos, y sus debilidades. No se siente conforme con actuar, tomando sus nuevos sentimientos como base, hasta no comprenderse hoy como se conocía ayer. Y no puede analizarse teniéndola cerca. Necesita con urgencia pasar tiempo alejado de Sakura.

"Pero… pude haberlo conseguido antes. Pude haber tomado otra ruta, pude separar caminos con ella desde que salimos de aquel pueblo, o en cualquier otro momento." Piensa mientras mantiene la vista sobre el agreste y verdoso horizonte ante sus ojos.

Manteniendo su peso recargado sobre las ramas del mismo árbol de antes, una discreta mueca de disgusto comienza a aflorar en su cerámico rostro.

"Pero no lo hice."

Se dio cuenta de esa tendencia hace ya unos días. Reconoce que alberga un irracional deseo de permanecer cerca de ella, llegando incluso a justificar el hecho de viajar junto a Sakura con la excusa de que esto le ayudaría a responder interrogantes sobre sí mismo.

"Algo digno de risa."

Sin haber notado el paso del tiempo en la vida real, Sasori de repente se vuelve a topar con la presencia que más lo confunde.

Ahora, ella está de pie junto a su árbol, intentando ubicarlo desde los huecos que deja entrever el entramado de ramas y hojas, que lo mantienen resguardado en su pequeña vigilia.

—Bueno, parece que aquí será en donde lo esperaremos—Bromea en voz alta una bien humorada Sakura, con las manos reposando a cada lado de sus caderas.

Sasori parpadea con fugacidad, despejando su mente de cualquier pensamiento que le suponga un posible desliz en su compostura. Acto seguido, opta por abandonar las alturas para aterrizar nuevamente sobre la hierba, frente a su compañera de misión.

—Y luego seguiremos nuestros caminos—Responde al tiempo que sacude su chaqueta negra de restos de hojas y polen, afirmando un hecho que ambos estuvieron tratando de ignorar a lo largo del viaje.

—Correcto—Asiente ella, ésta vez sin demasiado ánimo en su semblante.

Y luego de este último intercambio de palabras, la espera se hace presente con mucho más énfasis.

Ambos ninjas aguardan por su contacto, refugiados de la agresividad del sol bajo la sombra de aquel árbol.

Sakura permanece la mayor parte del tiempo sentada en el césped, y con la espalda apoyada contra el tronco. De vez en cuando, se levanta para volver a llenar de agua su cantimplora cuando ésta se le vacía. Por otro lado, Sasori se mantiene en pie, mientras se dedica a deambular entre el cristalino arroyo, fluyendo a escasa distancia del nogal, y su musa.

De este modo, ambos pasan un tiempo en silencio, oyendo sólo el suave correr de las aguas del afluente, y cada uno odiando la creciente espera con la misma intensidad que el otro.

—Creo que puedo conseguir lo que necesitas para reparar tu cuerpo en una semana y media. Si te parece correcto, podremos vernos en nuestro sitio usual de reunión, cuando ese tiempo haya ocurrido—Rompe el silencio la mujer.

—Te lo agradezco. No bien repare mi cuerpo, podré comenzar a deshacerme de la Serpiente. Y no te preocupes, lo haré de manera tal que tu nombre y el de Sai no quedarán implicados—Intercepta él con tanta convicción como conciliación en su mirada.

Desde su cómodo lugar en el suelo, Sakura voltea su rostro hacia su costado derecho para así poder observar al shinobi, quien está de pie y apenas apoyado contra el tronco.

— ¿Acaso el revuelo provocado por tus acciones no alertará a Akatsuki?

—Quizá—Sonríe de medio lado, concediéndole un punto—.Pero creo que mantener a esa organización funcionando es un mayor riesgo. Gracias por preocuparte, pero no deberías. La vida del fugitivo ya es parte de mi naturaleza.

—Y después de eso, ¿Qué?—Vuelve a inquirir Sakura con una ceja alzada.

—Recuperar mi arsenal… Unirme a un grupo de comerciantes del mercado negro, quizá hasta crear uno. El mundo es grande y la vida es larga—Se interrumpe a sí mismo, con cierto dejo de aburrimiento ante su propio discurso, al tiempo que se acomoda para recargar su peso sobre el tronco en uno de sus hombros—. Serías bienvenida en él, si algún día decides que la vida dentro de Konoha no es para ti.

La mujer ríe entre sarcástica y falsa. Luego, da un largo trago al agua de su cantimplora.

—Hey, puede pasar—Insiste el renegado, haciéndose el ofendido ante la burlesca reacción.

—No, créeme que no—Declina ella, mirando ahora el aplanado saco metálico entre sus manos—.Pero, quizá podrías ser un buen contacto para los espías de Konoha.

Por un instante, Sasori realmente considera esta opción. Pero no tarda en seguir el juego de los sarcasmos a su propia manera:

—Por el precio adecuado… Sí. No veo por qué debería negarme.

Ambos sonríen ligeramente ante esta fantasía. Casi suena como si trabajar juntos en el futuro fuese algo más cercano a una certeza que a una posibilidad.

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Un tiempo después, cuando el sol ya ha comenzado a ponerse, una serie de golpes rítmicos en la madera de otro árbol aledaño llama la atención del dúo.

—Es Sai—Reconoce la kunoichi en voz alta al notar el patrón de golpes.

Acto seguido, el ruido cesa, y el dibujante se deja ver a través del denso follaje más lejano al arroyo.

El pálido artista se acerca a la pareja, y saluda a ambos con un gesto de su mano a medida que va dejando atrás los árboles y arbustos, teñidos ahora de rojo y naranja, que poco a poco le abren paso hasta el césped circundante a la ribera.

—Hola. Lamento la demora. Aún así, agradezco el poder encontrarlos a ambos aquí. Hay algo que me gustaría hablar contigo—El cordial recién llegado no demora en ir al grano, dirigiéndose al marionetista en específico.

Sakura se incorpora del suelo, y tanto ella como Sasori escudriñan con curiosidad a su tercer compañero, ataviado con una túnica negra por sobre su uniforme de raíz.

—Estoy en deuda contigo. Así que tienes mi atención—Le contesta Sasori al tiempo que los tres acortan las distancias, hasta formar una pequeña ronda que les permita conversar en voz más baja.

—Tengo entendido que tienes planeado atacar a la Serpiente. ¿Correcto?

—Correcto.

—Me temo que Sakura y yo ya estamos demasiado involucrados con ellos, más aún después de lo que pasó en nuestra última misión. Francamente, temo que alguna información sobre nosotros se filtre, quizá hasta información que nos vincule contigo.

La rosada, al escuchar la situación, comienza a compartir las inquietudes que plantea el ANBU.

—Tus temores son lógicos. ¿Qué propones?—Contesta mecánicamente el pelirrojo.

—Hablé con el responsable de crear la cura, y lo convencí de contactar con discreción a otras personas dentro de la organización criminal a la que pertenecía. Creo que en este momento ninguno va a querer traicionar a la Serpiente, a pesar de que les ofrezca seguridad para ellos y sus familias. Pero allí es cuando tú entras. Quizá, mi manera "suave" de negociar no sea suficiente, pero, cuando vean lo que tú puedes hacer…—Pronuncia sin perder es estoicismo en su pálido semblante—.Allí recordarán mi oferta.

Sasori parpadea dos veces, analizando a fondo las palabras del otro artista.

—Entonces, yo soy la amenaza y tus métodos son la recompensa.

—Correcto—Sonríe Sai ante la conclusión de su particular socio—.Con la ayuda de estas personas, podríamos ganar una red de contactos para acelerar el proceso de destrucción de la Serpiente, y quizá incluso obtener información valiosa para ambos.

—No es un mal plan—Adhiere el criminal con una mueca de complacencia un poco más sutil— ¿Cómo reconoceré a aquellos que están dispuestos a trabajar para nosotros?

Sai levanta su mano izquierda antes de responder, manteniendo su puño cerrado a excepción de su dedo meñique, que permanece erguido ante la vista de sus dos interlocutores.

—Les faltará la tercera falange en el dedo meñique de la mano izquierda.

— ¿Les pediste que se auto mutilen?—Cuestiona de repente Sakura, sin dar total credibilidad a sus propias impresiones—. No creí que ese fuera tu estilo.

—Es más acorde a la fama de tu compañero de misión—Responde el pálido ninja, dirigiéndole una aguda mirada de suspicacia a su compañera, al tiempo que vuelve a bajar su brazo a la altura del otro.

—Si veo algo que me haga desconfiar de alguno de ellos, morirá junto a los demás miembros. Espero que no les hayas prometido su seguridad—Interviene Sasori, denotando un poco más de sobriedad en su porte que hace un rato.

—No lo hice. Induje el rumor de que somos las dos cabezas de una red de espías y contactos. Desde su perspectiva, mi aprobación no vale nada sin la tuya.

—Me gusta como trabajas—Vuelve a serenarse el mayor—.Puedo aceptar eso. Tenemos un trato, entonces. Tú obtienes más seguridad, y yo reconstruiré poco a poco mi red de influencias. Un espía puede confiar en otro.

—Eso sí, todavía queda una última cosa, si es que quieres acceder—Procede el artista del movimiento.

Sasori pone toda su atención en el ANBU, quien saca dos trozos de papel de uno de sus bolsillos. Ambos objetos tienen una línea recta dibujada sobre ellos.

—Si vamos a trabajar juntos, eventualmente necesitaremos encontrarnos.

Sai rompe uno de los papeles, quebrando la línea a la mitad. Acto seguido, la tinta negra impresa en el segundo papel reacciona, dividiendo la raya en dos, pero sin alterar la integridad de la superficie en la que se encuentra.

—Mi técnica me permite enviar una señal simple a distancia—Prosigue el de Raíz, mientras le ofrece el trozo de hoja sano al marionetista—. Si aceptas a quedarte con este papel, podrás advertirnos de que necesitas nuestra presencia, o notar cuando necesitamos de la tuya.

El pelirrojo medita con recelo sobre las palabras de Sai, conservando el silencio con una pequeña mueca de desconfianza en su rostro. Mueca que Sakura identifica de inmediato.

—Si tú rompes tu papel, el nuestro se modificará y sabremos que nos has llamado. Si ves que tu papel se modifica, es porque nosotros necesitamos verte.

—Sai no está intentando rastrearte ni tenderte una trampa—Intenta calmarlo Sakura antes de que Sasori pudiese objetar nada—Él es el ninja con la moral más flexible que existe en Konoha, y puedes confiar en él. Además, no podría rastrearte con sus jutsus de tinta.

Le asevera ella con el ceño ligeramente fruncido.

—Podría—Aclara Sai—.pero necesitaría sangre recién extraída de la persona que quiero rastrear, así que es una habilidad muy poco útil para el rastreo.

—De acuerdo. Acepto tu oferta—Contesta el artista de lo eterno luego de haber contemplado todas sus demás opciones—.Supongo que tú mejor que nadie sabe las consecuencias de la traición en el espionaje.

Dicho esto, Sasori recibe la pequeña herramienta y se la guarda en un compartimento dentro de su chaqueta.

—Guárdalo bien—Le aconseja el ANBU—.Obsérvalo una vez al día, y sólo rómpelo si quieres vernos.

—El punto de reunión será aquí, dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes al envío de mi señal—Impone el renegado de la Arena por sobre lo dicho por el joven.

Sakura, sin nada que agregar de momento, sólo se limita a asentir en silencio.

—Es un acuerdo, entonces—Pronuncia Sai con un profesionalismo a la altura de las circunstancias.

Los dos artistas se toman la mano sin intercambiar más que las miradas.

A todo esto, Haruno nota cierto esfuerzo en el ANBU para no emitir reacción ante el extraño tacto de una mano sin calor humano en ella.

—Buen trabajo. Inusual, pero bueno. No me molestaría para nada trabajar con este equipo nuevamente—Piensa Sai en voz alta, apartándose del gesto cuanto antes.

—Tus técnicas de espionaje son lo destacado de esta misión, en lo que a mí respecta. Vuelvo a agradecerte—Contesta el pelirrojo sólo para devolver la cortesía. Luego, se dirige a Sakura—Dos semanas ¿Correcto?

La joven podría haber jurado que había dicho una semana y media. Pero supone que el pelirrojo debe atender un asunto personal, y que eso requerirá más tiempo.

De este modo, Sakura asiente de buena gana, tanto con voz como con cabeza.

—Excelente. Hasta la próxima a ambos—Se pronuncia el mayor ante ambos jóvenes, haciendo gala de una enigmática y formal etiqueta—.Espero que nuestras reuniones no comiencen de la misma manera a futuro.

Acto seguido, la presencia de Sasori se esfuma entre la espesura, y más rápido de lo que les toma a los ninjas de Konoha el despedirse de él.

—Es mucho más cooperativo de lo que imaginaba—Le comenta el dibujante a la médica, luego de un momento de silencio en el que sólo reinó el trino de las aves, la brisa sobre las hojas y el fluir del agua a sus espaldas.

—Sí, me tomé unos meses en creerlo—Parpadea ella, pasando a posar sus ojos sobre Sai por primera vez desde la partida de su ex informante—.No te culpo por la incredulidad. ¿Hablamos del reporte?

—Por supuesto.

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Casi una docena de ciclos solares pasan desde el regreso de los dos jóvenes a Konoha.

Tras haber presentado los correspondientes reportes de lo acontecido en la misión, más haber dejado el antídoto y la misma fórmula del veneno en manos de la Hokage, la vida de Sakura por fin se reacomoda a su anterior rutina.

Tal vez debido a las últimas experiencias que ha tenido en este último tiempo, la kunoichi se pregunta cuán común es que los ninjas falsificasen lo ocurrido en sus misiones. Quizá, una buena parte de la historia no sea más que una mentira conveniente para quienes la cuentan.

Sin embargo, no pasa mucho tiempo desde su regreso hasta que otro evento inusual va a buscar a Sakura.

Un martes por la mañana, preparada para dar inicio a otra jornada de trabajo en el hospital, la muchacha se encuentra con la Hokage en la recepción. Hablando con otros compañeros de trabajo de Sakura, la líder de la aldea se gira a ver a su alumna, ni bien ésta ingresa por la puerta corrediza de la entrada al sanatorio.

Si bien la presencia de Tsunade a esas horas es algo que la extraña, la sonrisa cómplice que comienza a dedicarle no lo es en absoluto.

Antes de que Sakura pudiese avanzar a través del pasillo, para arribar junto a su maestra, ya la tiene medio jalándola del guardapolvo blanco para arrastrarla afuera del establecimiento.

—Tómate el día—Ordena la sannin sin dar tiempo a su alumna de procesar su arrebato—.Hace mucho que no entrenamos, y hoy necesito golpear algo.

— ¿No se supone que el entrenamiento consiste en esquivar?—Contesta la rosada, esbozando una sonrisa divertida, una vez que su mentora le permite usar sus propios pies para seguirle el paso.

—Exacto, no debes darme el gusto—Dice la Quinta con un ánimo triunfal, al tiempo que ambas atraviesan la puerta corrediza hacia el exterior del sanatorio—.Vamos, últimamente no tenemos muchos días libres. ¡Vamos, vamos!

Tsunade se había encargado de designar a Shizune para cubrir el turno de Sakura, pero no se había molestado en expresarle su deseo de ir a entrenar un poco hasta último momento. Por esta razón, Sakura apenas tiene tiempo de volver a su casa para cambiarse de ropa, mientras su maestra se queda hablando en el living de la residencia con su madre.

Opta por ponerse unas calzas de lycra negra, que le llegan poco más arriba de las rodillas, y una playera sin mangas color lila; que se apega a su figura, y sólo le cubre hasta por arriba del ombligo.

Luego, arma una mochila con un par de cosas que serían más que útiles durante el entrenamiento. Entre lo que lleva, se encuentra su cantimplora con agua, un bloqueador solar, unas toallas, un par de guantes y, solo por si las dudas, material para primeros auxilios.

Por último, se ajusta su porta shuriken al muslo derecho, se pone un calzado sin tacón, y baja al living en busca de Tsunade.

Mebuki despide a las dos kunoichis, no sin antes entregarle un bento a Sakura para que tuviese algo que almorzar durante su práctica.

Sin más contratiempos por el camino, maestra y discípula abandonan la urbe de la aldea, para dirigirse al campo cerrado que les sirve como escenario para su entrenamiento. Este cambio en la rutina de la joven ninja resulta ser repentino e improvisado, pero, como Tsunade le había dicho en anteriores ocasiones: uno debe estar listo para combatir en cualquier momento.

Por otro lado, este agreste espacio cercado, habitado por grandes y resistentes árboles, más espaciosos claros compuestos de puro césped, no podría sentarle mejor a una ninja del nivel de su maestra. De hecho, de entre todos los campos disponibles para este tipo de labores, éste es el más adecuado para amortiguar los destructivos golpes de la Princesa de las Babosas.

Una vez que eligen un sitio para dejar sus pertenencias mientras entrenan, Sakura aprovecha para ponerse un poco de bloqueador sobre la piel expuesta. El sol está fuerte aún a bajas horas de la mañana… No querría ni imaginar lo que sería ya pasado el mediodía.

Mientras tanto, Tsunade se deshace de su propio bolso, dejándolo igualmente sobre las raíces del nogal. Acto seguido, se quita su túnica verde de Hokage del torso, dejando ver un revelador topless negro, que hace juego con unos pantalones blancos ajustados.

La mujer mayor se truena los dedos de las manos, mientras invita a su aprendiza con un gesto de su cabeza a que la siga al claro de más adelante, lo suficientemente lejos del árbol para que sus cosas estuviesen fuera del alcance de futuros golpes.

No pasan más de dos instantes desde que se detienen sobre el mar de hierba, cuando la Hokage hace su primera jugada: lanzar una gran roca, que había sacado de lo profundo de la tierra a sus pies, al torso de su alumna frente a ella.

La joven la esquiva, gracias a una voltereta lateral, al tiempo que su maestra, con una sonrisa pícara en su faz, anuncia el ejercicio en voz alta:

— ¡Defensa contra proyectiles!

Ahora, la Sannin levanta trozos del suelo con una violenta patada, y, a base de golpes de palma, los dirige uno tras otro hacia Sakura y sus alrededores.

La joven kunoichi tarda unos segundos en entrar en su correcto punto de concentración. No alcanza con esquivar los pedruscos que viajan en su dirección. Tiene que reconocer la trayectoria de los demás para no recibir sus impactos de modo colateral.

No obstante, a pesar de la gran velocidad de los proyectiles, estos no son aerodinámicos, y son infinitamente más simples de detectar que el fino filo de un senbon.

"Odio tanto ese proyectil..." Piensa Sakura, mientras comienza a sudar al tener que agacharse o saltar para evitar el contacto con todas las piedras que pueda.

Las agujas son casi indetectables, difíciles de lanzar y carecen de un verdadero poder de penetración al ser tan livianas. Esas desventajas se reducen significativamente cuando, en vez de lanzarse con el cuerpo, se lanzan con un trozo de tecnología como una cerbatana… o una marioneta.

Pone especial atención en el entrenamiento para esquivar las piedras más pequeñas. No puede ser víctima de esa clase de armas otra vez.

De repente, una roca del tamaño de una carreta se dirige a Sakura, obstruyendo su vista de la imagen de su atacante. Sin embargo, antes de que la piedra logre recorrer la mitad de su trayecto, Tsunade la rompe desde atrás, y se abalanza sobre Sakura a toda velocidad.

— ¡Cuerpo a cuerpo!—Exclama la líder de la aldea, con la mirada encendida, al tiempo que arroja un puñetazo recto, y de atronadora fuerza.

La rosada salta, elevándose en el aire para esquivar el devastador impacto. Tsunade no la mataría durante un entrenamiento, pero ya había cometido el error de ser golpeada por ella en el pasado. En ninguna de esas ocasiones despertó en menos de cinco días.

La Princesa de las Babosas hace una mueca de decepción, esperaba que el entrenamiento durase más. Creía haberle enseñado que elevarse en el aire era una perdida imperdonable de movilidad.

Arroja dos pedruscos a su alumna, que aun se encuentra en trayecto ascendente. Pero la joven mujer había aprendido de sus combates con el marionetista.

En contraposición al movimiento de su maestra, saca proyectiles de su porta shuriken para desviar las piedras de su rumbo.

Acto seguido, Tsunade salta en dirección a Sakura para asestarle un golpe en el aire. Sakura ya estuvo pensado en tácticas de combate aéreo. No le gusta la idea de fallar, pero sabe que, si puede utilizar esto contra su maestra, podría hacerlo cuando de verdad importase.

Anticipándose a los movimientos de la Sannin, la joven sujeta el costado del brazo de su atacante y, utilizando el cuerpo enemigo como plataforma, se impulsa para regresar al suelo, al mismo tiempo que envía a la agresora disparada en trayectoria ascendente.

Su maestra sonríe ante la táctica. No le había enseñado eso. La joven ha dedicado más tiempo a entrenar del que creía.

El enfrentamiento continúa luego de que la rubia aterriza, y una serie de golpes de puño y pie, que se acelera a cada segundo, es esquivada por la alumna. Tsunade se mantiene a distancia de puño de Sakura y hace temblar el suelo con un pisotón, haciendo que su joven oponente pierda el balance.

Sin embargo, cuando la mayor está por asestar el golpe planeado, es impactada en su muslo por uno de palma, que consigue desviar el impacto al modificar su posición.

Ambas mujeres se alejan la una de la otra.

—Tu entrenamiento es esquivar, no contraatacar—La reprende la Hokage, secándose el sudor del rostro con el dorso de una mano.

—Desviar un impacto es esquivar—Contra argumenta jadeante, y con el cabello despeinado por toda la acción acontecida—.Si fuese un contraataque, hubiese apuntado a tu torso.

La maestra sonríe, disfrutando del momento.

— ¿Es así como quieres entrenar? Entonces, mediremos tu capacidad de desviar golpes—Propone con un aire desafiante—.Ven conmigo, cambiaremos el entrenamiento. Como en cada primera vez, te prometo que no te enviaré al hospital. Pero la próxima vez que entrenemos el desviar golpes, no me contendré.

La rosada sonríe.

"Un nuevo entrenamiento, eso era lo que venía deseando: mejorar otros aspectos de mis habilidades cuerpo a cuerpo." Piensa Haruno, ciertamente entusiasmada ante la propuesta de su superior.

Las dos kunoichis se acercan, ambas con la guardia baja, al tiempo que se explica el siguiente entrenamiento.

Con la ayuda de una rama, un pequeño círculo es dibujado por Tsunade sobre la tierra alrededor de los pies de Sakura. Para permanecer dentro de él, la aprendiza no podría dar más de medio paso a la redonda.

—No puedes salir de este círculo—Instruye Tsunade a su inmóvil alumna—. Te golpearé, primero, lento y débil, pero iré aumentando poco a poco la intensidad. No puedes solo esquivar, debes desviar la dirección de mis golpes. Vas a salir lastimada, y cada vez más lastimada.

Sakura sólo guarda silencio, mientras respira hondo, intentando distender la tensión de sus músculos por medio de la elongación de sus brazos. Tampoco la ayuda a serenarse el hecho de que la voz de Tsunade se va volviendo cada vez más áspera, y su rostro, cubierto de suciedad, cada vez más severo.

—Tendrás que curarte mientras combates. Sin embargo, cuando el combate termine, no puedes curarte. Deberás cargar con las heridas que queden por dos días. Eso te enseñará a ser más cuidadosa antes que sufrir las consecuencias de tus errores.

La rosada, igual de sucia en indumentaria y piel que ella, traga saliva, y asiente con su cabeza.

—Adelante, maestra.

A continuación, el nuevo ejercicio comienza sólo con movimientos de brazos, lentos y firmes, por parte de la Princesa. De esta manera, cada intento de golpe consigue ser bloqueado, y, de vez en cuando, redirigido por la rosada, quien comienza a familiarizarse con las maneras más eficientes de enfrentarse a la situación.

Tal y como fue estipulado, los insistentes golpes empiezan a acrecentarse tanto en fuerza como en velocidad. Inexorablemente, la situación poco a poco avasalla a la kunoichi más joven, acercándose al punto en que bloquear los puñetazos y patadas podría dañar sus músculos.

La Hokage esboza una sutil sonrisa entre ataque y ataque, contemplando cómo su contrincante se esfuerza en mantenerse fija en su círculo, sin querer ceder terreno ante ella. Motivada por ese ímpetu en Sakura, decide variar su estrategia, atacándola desde varios ángulos con piernas y brazos para hacerla danzar de verdad.

Aún y con la subida de dificultad al ejercicio, la estudiante se adapta a la exigencia extra de movilidad, rotando alrededor de las extremidades de Tsunade tras cada golpe.

Aún así, desviar los golpes comienza a serle doloroso. Los brazos de la Sannin contienen una fuerza significativa, y, aún sin usarla por completo, son capaces de generar moretones en el cuerpo de Sakura. Más específicamente, las lesiones se producen allí en donde ella aplica la presión para cambiar la dirección del golpe de su mentora. Y, como Tsunade sabe que ella es diestra, termina siendo el brazo derecho el que más sufre las consecuencias del avasallamiento sobre su compostura.

Pero todavía puede mantenerse en pie, pese a la cantidad de patadas que son destinadas a su pierna izquierda, centro indiscutible de su equilibrio. Todavía puede seguir usando su brazo derecho para desviar, todavía puede buscar un hueco en la defensa de su maestra. Todavía puede presentar batalla.

Si bien el tener que dividir su concentración, entre curarse de los daños y combatir, es un desafío tortuoso, mientras el daño se mantuviese en este rango ella sería capaz de persistir.

La rosada comienza a tomar confianza ante el ejercicio cuando una sorpresiva patada, bloqueada por su antebrazo derecho, le causa un agudo dolor, seguido de un ruido similar al de una rama partiéndose.

El hueso ha recibido daños.

De inmediato, Sakura aleja su brazo derecho de su atacante, estableciendo su protección como la principal prioridad. Por este motivo, no le queda otra que cambiar su estrategia de bloqueo a una más centrada en movimientos circulares.

La rubia nota la fuerte consecuencia de su maniobra, y aprovecha para atacar su pierna izquierda con otra patada.

Este remate termina causándole un gran daño a la ya herida muchacha.

Viendo tambalear finalmente a su alumna, Tsunade no se contiene al ir por su brazo sano.

Sin embargo, para sorpresa de la maestra, la joven kunoichi opta por bloquear el golpe en vez de intentar desviarlo. Girando su cuerpo hacia la izquierda, deja que el golpe de su maestra se estrelle contra su brazo derecho en un intento de proteger el izquierdo.

Obviamente, Sakura pierde la movilidad en ese miembro al instante en el que éste termina de quebrarse a causa del impacto.

Aun asi el sacrificio de su aprendiz le dui el tiempo para recuperar la salud por completo en sus otros tres miembros.

— ¿Decidiste sacrificar un brazo para recuperar el otro y tu pierna?—Pregunta Tsunade con perplejidad. Acto seguido, se recupera de su pequeño arrebato y toma distancia para embestirla—.Arriesgado. No vas a poder mantener ese ritmo por siempre.

La nueva jugada ofensiva inicia. Mas es contrarrestada por una violenta patada al suelo por parte de la aprendiza, que fuerza a la líder a retirarse a un costado, dándole así un plus de tiempo a la joven para recuperarse.

Sakura, con los dientes apretados por el esfuerzo, y las palpitaciones persistentes en su brazo dañado, sabe que lo que su maestra le indica es verdad. No podría continuar de ese modo.

Por esta razón, decide que lo mejor será soportar con su brazo sano, mientras que se empeña en reconstruir lo más que se pueda el tejido óseo en el otro. Pero mantener la concentración en ambas cosas siempre es un desafío para ella.

En el lapso de tiempo subsiguiente, pequeñas y medianas grietas en su radio y cubito se crean y reparan constantemente. A sabiendas de que la concentración de su pupila está dividida entre atender su fractura y responder a sus golpes, la Hokage toma la maliciosa estrategia de intentar romper su brazo derecho al mismo ritmo que su pupila lo recupera un poco.

Sin lugar a dudas, la alumna está recibiendo su lección fuerte y clara: desviar ataques es tan posible como costoso, y definitivamente no es algo que esté lista para usar de manera constante.

Pero aún no es momento de admitir eso. Quiere saber cuánto podría tolerar esta, aparentemente interminable, seguidilla de golpes. Estos cada vez son más violentos, y la constante regeneración de los tejidos de su brazo derecho la está agotando mucho más que simplemente hacer caso a su atacante. Por mucho que se esforzara en cambiar su rumbo, causándose el menor daño posible en su brazo lastimado, casi que puede escuchar el resto de su cuerpo insultarle por el esfuerzo al que su terquedad lo somete.

Finalmente, su sensei retrocede y le permite unos cinco segundos de gracia.

—Suficiente—Anuncia con toda la serenidad que su aliento agitado le permite—.Hasta aquí llegamos, y, como ya te lo advertí antes, deberás conservar tus daños.

La joven cae de rodillas sobre la tierra, mojada ya de todo el sudor, y observa sus dos antebrazos. Todo el daño a los huesos del izquierdo fue sanado… Mientras tanto, no está segura de si puede decir lo mismo del otro. Luego, estira sus dos piernas sobre la tierra caliente. Aún son funcionales. Las tiene muy adoloridas, y plagadas de atroces moretones, pero aún funcionan.

—Serán dos días muy molestos—Apenas puede pronunciar Sakura, sintiéndose sin una sola gota de aliento dentro de sus pulmones, tan siquiera para sonreír.

—Ese es el punto—Comenta su maestra, quien se había desaparecido un momento entre los árboles, y ahora regresa a su alumna con ambos bolsos a cuestas.

En general, Tsunade luce mucho mejor que ella a excepción del sudor y la suciedad, que las cubren a ambas por igual.

La Sannin deposita la mochila de Sakura a un lado de su propietaria, al tiempo que deja caer una toalla húmeda sobre su cabeza.

Sakura, aún plantada en el suelo, se estremece por el refrescante frío que invade su acalorado rostro.

—Está bien, lo entiendo—Sonríe con la vitalidad un poco recobrada, mientras sujeta la toalla sobre su cabeza con su brazo sano, y se la refriega por el pelo rosa y la cara— ¿Qué tal lo hice?

Tsunade se arrodilla junto a ella, con sus propias cantimplora y toalla en mano.

—Nada mal. Ahora, vamos a mojar tu brazo en agua fría, eso está permitido. Podrías mejorar tu taijutsu para salir menos dañada, pero tus capacidades de regeneración son muy buenas para tu edad.

La rubia, sin haberse preocupado en arreglarse a sí misma, empapa su toalla con agua, y toma con delicadeza el brazo herido de su alumna desde el codo. Con un cariño casi maternal, le va limpiando la suciedad y la sangre con la toalla, a la vez que la usa como un atenuante a la creciente inflamación, que poco a poco se sobrepone a la zona del traumatismo.

—Practicaré—Dice Sakura con los dientes apretados, comenzando a sentir un terrible dolor al estar perdiendo el efecto de la adrenalina en su organismo.

—Sí, lo harás—Responde la mujer sin dejar de limpiar a su aprendiza—.La próxima vez, no me contendré. Así que, por tu bien y el de tu entrenamiento, sería mejor que entrenes con alguien más.

Sakura no puede evitar soltar una carcajada ante esta última frase. Tanto que deja caer la toalla de su cabeza de un modo brusco, para mirar a su mentora con un gesto entre irónico y adolorido.

— ¿Te he dicho que tus métodos de enseñanza asustan?

—Y funcionan—Remarca con la vista fija en la hinchazón del brazo, sintiéndose orgullosa del desempeño de su alumna.

Tras los estragos ocasionados por el intenso combate, a eso de la una de la tarde, Sakura y su maestra terminan desplazándose hacia una fuente de agua cercana.

En este caso, se trata de un modesto arroyo que cruza la zona norte del bosque encerrado en el recinto, y que, a su vez, rodea al claro de hierba en el que ellas dos estuvieron entrenando.

Sakura permanece descalza, y sentada junto a un árbol, que se encarga de protegerla con su copa del abrasador sol del mediodía. La joven mantiene sus ojos posados sobre sus dos pies, que se hunden bajo la arena de la orilla. Mientras tanto, su maestra está a su lado entablillándole y vendándole el brazo roto.

Una vez que la extremidad queda suspendida en el aire, pero bien amarrada al níveo cuello por medio de una pañoleta blanca, Tsunade inicia una nueva charla.

— ¿Mejor ahora? Y no me refiero sólo a tu brazo. Shizune me comentó que estuviste un poco extraña en el hospital durante los últimos días.

Sakura, ya sin necesidad de permanecer quieta mientras la atienden, se pone de pie para salir de la sombra de su árbol. Dejando que sus adoloridas piernas la guíen hasta la ribera del arroyo, termina metiéndose en el agua hasta la altura de las rodillas. Entre el calor, el agotamiento y el dolor, el frío del arroyo se siente casi como un bálsamo para su alma en este momento.

—Mi brazo sí está mejor…—Responde Sakura sin dejar de andar en el agua—.Tan mejor como puede estarlo.

Por un momento, piensa en criticar a su maestra por las heridas que le provocó. Pero la idea muere rápido, ya que sabe que, en realidad, Tsunade se estuvo conteniendo demasiado.

—Sobre lo segundo… sólo estuve pensando demasiado en la última misión—Prosigue con un tono en el que puede detectarse un dejo de vergüenza, o arrepentimiento.

Tsunade parpadea curiosa ante la revelación de la joven. Luego de guardar las vendas sobrantes en su propio bolso, desempaca tanto su bento como el que Mebuki le había preparado a su pupila antes de partir con ella.

— ¿Te preocupas por las vidas que no pudiste salvar?—Indaga al tiempo que aparece también en la orilla del arroyo, para entregarle su almuerzo a Sakura.

—No… no es eso—La corrige la joven en aire reflexivo, saliendo del agua para aceptar la ofrenda de la Princesa—Es que, al ver el efecto del veneno, tomé consciencia de la importancia de la misión. Y entonces me puse a pensar… Yo no soy una shinobi especializada en misiones así de delicadas… ¿Pero cuantas misiones así ocurren día a día? ¿Cuántas veces enviaste a uno de nuestros compatriotas en misiones del mismo calibre?

Ambas toman asiento nuevamente bajo la sombra de un árbol cercano a la ribera, y se disponen a comer un poco mientras continúan con la informal charla.

—Muchas misiones—Resume la mujer rubia—.Más a menudo de lo que crees, y más de lo que sería sabio que supieras. Pero esa no es una preocupación con la que tú debas cargar. Eso es preocupación del Hokage; preocupación mía y de mis consejeros.

Sakura, viéndose resignada a utilizar los palillos con su mano inhábil, niega con la cabeza ante lo dicho por su superior.

—No es eso lo que me inquieta… Es que tengo que pedirte perdón—Se sincera con una repentina sonrisa melancólica—. Siento que no estoy apreciando lo que tú has hecho por mí.

—Voy a necesitar que seas más clara. Honestamente, no te entiendo.

—Comienzo a entender cuán complicada fue la decisión de no tratar a Sasuke como un traidor. La desconfianza que debió haber generado con otros países, el riesgo de que él revele información sobre la aldea a otras naciones... Pese a todos esos riesgos, nos has dado a Naruto y a mí una chance de recuperar a nuestro amigo. Y, después de mi última misión, después de imaginar la clase de situaciones y riesgos que la aldea padece día a día… Ya no siento la urgencia por el retorno de Sasuke. Puedo ver que existen asuntos más importantes…

—Alto, alto. Déjame detenerte un momento. Creo que ya entiendo—La interrumpe la Sannin, intuyendo por las palabras de su alumna hacia dónde va la conversación—.No, no estás siendo desagradecida. Estás creciendo, tu visión del mundo se está volviendo más clara, y algunos de tus sentimientos tienen menor fuerza. Eso no está mal, incluso podría argumentar que es todo lo contrario. Esa clase de pensamientos, agregado a conocimientos y conexiones, son las cosas que te hacen ganarte un puesto en el consejo, o en la silla del Kage.

—Pero…

—No terminé—La regaña con un aire protector en la mirada—.hay algo más que tengo que decirte para que dejes de sentirte mal. Y es algo que tú puedes intuir: la situación de Sasuke es como es, no sólo por un favor a ti y a Naruto. Es algo que una buena parte del consejo, y también yo, decidimos tras mucha consideración.

— ¿Puedes decirme cuáles fueron los verdaderos motivos?—Pregunta la joven mujer, con tanta convicción como miedo y curiosidad de oír la respuesta.

Tsunade alza una ceja.

— ¿Estás segura que quieres escuchar eso? Se trata de la persona que—

—No—Esta vez, Sakura es quien la interrumpe a ella con una voz áspera—.Es sólo un compañero de equipo que está confundido, y tomó una mala decisión.

Su mentora sonríe. Es la primera vez que ve a Sakura enfrentando el tema de Sasuke sin temor.

—Esto será un secreto entre nosotras dos. Así que consérvalo como si fueses un espía.

La rosada no puede evitar sonreír por lo bajo ante la mención de la palabra.

—Lo haré—Asegura con la sobriedad adecuada ante el tema—. Sólo quiero saberlo, maestra.

La líder mastica un pedazo de salchicha ahumada, y luego da un sorbo de agua de su cantimplora antes de comenzar.

—Los clanes importantes son algo de vital influencia para cualquier aldea. Si se vuelven demasiado poderosos, pueden controlarla. Existen aldeas que llegan a purgar a aquellos que posean un doujutsu demasiado poderoso.

—La niebla—Completa Sakura en medio de un bocado de arroz y huevo revuelto, manteniendo una gran atención en su superior.

—Exacto, pero también necesitamos de individuos con habilidades fuertes para competir con otras aldeas. Por ejemplo, observa al clan Hyuga. Sabes bien que la rama secundaria recibe, en muchos aspectos, inferiores derechos respecto a la primaria. De hecho, son casi enteramente sus esclavos. El resto de la aldea se los permite solamente porque ellos son vitales para la fortaleza de Konoha. Los Uchiha también lo son. Y ese no es el único motivo, también está Naruto. Él es volátil, emocional y demasiado apegado a Sasuke. Si le presionamos demasiado, la aldea podría acabar perdiendo al zorro de nueve colas y se rompería el frágil balance en el mundo ninja.

— ¿Alguna otra permisión por el estilo?

—El clan Yamanaka practica jutsus de control mental—Prosigue Tsunade, llevando la mirada al azulado cielo sobre ellas— ¿Crees que es algo que le agrade al consejo? Es mejor tenerlos de nuestro lado que en nuestra contra.

Sakura se despeja con un movimiento brusco de su cabeza.

—Suficiente. Puedo ver a lo que te refieres. Y aún quiero traer a Sasuke de regreso. Se lo prometí a Naruto. Pero, si en algún momento eso resulta no ser posible… Me gustaría decir que lo entendería—Adhiere con una mueca contrariada a causa de la erosión acontecida en sus propias ideas—.Pero aún no estoy en ese punto. ¿Ocultarías ese cambio de planes de mi verdad?

—Sólo si no estás lista para oírlo.

—Eso sí puedo entenderlo—Suspira, forzándose a esbozar una sonrisa—.Gracias por todo, maestra. Y no se preocupe, conservaré el secreto, especialmente de Naruto.

A continuación, alumna y maestra comparten un breve abrazo. Gesto que la primera apenas puede corresponder debido a su brazo lastimado.

—Te estás volviendo una gran kunoichi—Le dice la Hokage al separarse del contacto, mientras que le acaricia el pelo como si de una niña se tratase—.Como premio, puedes curarte en cuarenta y siete horas.

Ambas comparten una sonrisa. La de Tsunade está cargada de orgullo, y la de Sakura, de diversión por la exigencia de su maestra, que se superpone a su dolor.

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"Sakura, Sakura, Sakura… Siempre Sakura… ¿Es esto algo con lo que tengo que convivir de ahora en adelante?"

Ya no la tiene cerca, por lo que tiene que comenzar a entenderse de una maldita vez.

Desde la aparición del alba sobre el cielo nocturno que lleva inquieto, avanzando sin rumbo fijo entre la hierba alta y los árboles más alejados de los senderos. Ahora, debido más que nada a la posición del sol sobre lo alto del azulado firmamento, el marionetista intuye que ya debe de ser mediodía.

Incluso si no tiene poros que puedan transpirar producto del calor, Sasori está al tanto de lo que puede pasar con su tejido vivo si no lo hidrata, al menos, una vez cada setenta y dos horas. Y no demora en notar que la intensidad del sol de verano, más todo el tiempo que ha gastado estos días manteniéndose en constante movimiento, para no ser presa del aburrimiento y la ansiedad, han comenzado a generarle un tipo de taquicardia leve.

Para evitar que empeore, no tarda en desviar su camino para dirigirse a un manantial ubicado por las cercanías, por el cual había rondado en algún momento de estos días.

Aquel ojo de agua no es muy grande, si se lo compara a la anchura del último río importante del país del Fuego que el artista ha visto. Pero el agua que lo llena, más la que cae de la ladera de piedras directo a la fuente, se ve lo suficientemente limpia como para nutrirse de ella sin mayor recato.

Cuando el pelirrojo se arrodilla sobre una de las piedras de mediano tamaño, que están en su mayoría sumergidas en el agua del naciente, se ve casi contagiado de la armonía que transmite el pequeño ecosistema. Incluso si los árboles que rodean el manantial no consiguen bloquear la entrada del sol, la da la impresión, por la dilución de la luz filtrada allí, que hasta el propio astro está pidiendo permiso para bañar con su tacto a los juncos y nenúfares sobre el agua.

Sasori se levanta la camisa de algodón hasta dejar al descubierto su núcleo. Luego, introduce su mano dentro del agua y lleva una buena dosis de ésta a mojar su única parte viva.

Poco a poco, mientras repite este proceso un par de veces más, la taquicardia dentro de su pecho se va atenuando hasta desaparecer por completo.

No obstante, el contratiempo, que acaba cuando se vuelve a acomodar la ropa sobre el torso, es reemplazado por otra situación: el agua del naciente le muestra su propio reflejo, y lo llama a escudriñarlo como buscando en él las respuestas a sus inquietudes.

Estático, y agachado ante su propia imagen, Sasori siente la tentación de darle al área de su rostro la mayor cantidad de similitudes al que antaño fue de carne y sangre.

Haciendo uso del chakra que su tejido humano le provee, comienza a acumular infinidad de hilos dentro de todo el espacio que comprenden sus rasgos faciales. Tanto es así, que el aumento de flujo de chakra en su cara casi pareciese imitar la función de unos vasos sanguíneos reales.

De este modo, en los segundos posteriores al nacimiento de este nuevo capricho, lo único que revelaría que su rostro no es humano es la falta de temperatura y pulso.

"Enfócate. ¿Qué quieres?"

Habla para sus adentros, analizando su reflejo con el ceño fruncido.

"Mantener a Sakura viva y segura."

No, eso es algo antiguo comparado a su nuevo predicamento.

"Si eso estuviese asegurado… ¿Qué querrías?" Insiste, intentando adelantarse a su propia mente.

"No arruinar esa vida y seguridad."

No puede seguir a este ritmo. No puede perder más noches esquivándose a sí mismo.

Golpea su reflejo en frustración, insultándose, mientras espera que el agua se recupere de la perturbación en su superficie.

Cuando su faz vuelve a regresarle la mirada, intenta llevar la disputa interna a un nivel más audible y real.

—En el hipotético caso de que nada en el mundo, y nada en mí pueda dañarla… ¡En nombre de todos los demonios! ¡¿Qué es lo que quieres?!

Su reflejo le dedica una mirada, cargada de ira y frustración, al tiempo que su voz es ahogada por el follaje.

"Evitar que se dañe a sí misma."

Sasori se pone en pie con brusquedad, dejando caer más pedazos de su torso en el proceso.

"Pareciera que estoy discutiendo con Deidara, en uno de esos días que se decidía a estorbarme." Bufa con un fastidio tal, que escupiría saliva al estanque si aún tuviese esa capacidad.

—Sin daños de ningún tipo, sin miedos. Egoísmo puro—Recita sin despegar todavía sus ámbares del agua a sus pies—.Si sólo por mí fuera… Si sólo por mí fuera, quiero…

De repente, una mueca que no reconoce, le mira desde el agua.

"Nota mental: no pensar en estas cosas cuando hay público."

No puede continuar la oración.

No sabe lo que quiere. Sabe que desea algo, pero es algo que no puede definir ni reconocer.

¿Es esto inútil? Parece sólo un ejercicio hipotético.

No, no puede creer que esto sea inútil. Conocerse a sí mismo implica conocer las propias reacciones, las debilidades.

Pero no puede permitirse el no conocerse a sí mismo en estas circunstancias. Nadie tiene sus espaldas desde que él abandonó Akatsuki.

—Tenerla cerca. Quiero tenerla cerca—Susurra sin tener el valor de hacerlo a todo pulmón.

"Poco especifico… pero es algo."

Vuelve a poner atención a su reflejo, y cambia sus gestos a aquellos que expresan la confusión que le dominó todos estos días.

Tantos días, y sólo pudo conseguir eso de sí mismo…

Volviendo a sentir a la ira adueñándose de él, el renegado golpea su rostro con su propio puño, y se sorprende cuando siente dolor.

Dolor.

Ha pasado mucho tiempo desde que su cuerpo de marioneta sintió algo.

"No más rostro realista por ahora." Piensa, mirando su propia mano con una frialdad calculadora, que estuvo ausente desde hace mucho más de lo que le gustaría admitir.

De inmediato, corrige su error, y cesa de enviar más chakra del necesario a esa región de su cuerpo. Acto seguido, se golpea una segunda vez.

Ya no siente nada más que el sonido del impacto resonando en las cavidades huecas de sí mismo. Mejor así.

No ve la hora de tener algo más que hacer… Quiere enfrentarse a la Serpiente cuanto antes.

Quiere combatir para despejar su mente, pero a la vez sabe que lo que necesita es considerar más opciones. Necesita entender que más desea con ella.

No le agrada la idea de esperar hasta que eso ocurra.