Sensación fantasma.


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Este es otro día más que se abre paso sobre el país del Fuego, que además trae consigo la abrasadora calidez del verano.

Sin embargo, a pesar del calor, Sakura viaja entre los árboles a ritmo constante desde temprano en la mañana, cargando en su mochila los materiales que Sasori le había requerido hace dos semanas atrás.
Conseguirlos no fue difícil. Ocultar cualquier rastro de que era ella quien los buscaba, requirió un poco de ayuda de Sai. El dibujante, por supuesto, se vio encantado de asistirla en ese aspecto.

Desde la perspectiva del ANBU, Sasori es invaluable como recurso para Konoha, y bien merecen la pena todos los riesgos que sean necesarios para conservarlo del bando de la aldea.

Aparte de esto, la rosada tiene un interés personal en volver a ver al marionetista. Ella en realidad ha aprendido a apreciar su compañía durante este último tiempo, y quiere saber qué será de la extraña amistad que comparten, ahora que pasarán quién sabe cuánto sin contactarse.

Es seguro que, debido al plan de Sai, conservarán algún tipo de contacto a futurocomo espías. Pero comprende que es necesario dejar que la historia de su muerte se asiente como realidad antes de que tenga una verdadera libertad de acción. O algo tan cercano a libertad como sea posible para un ninja renegado de su renombre.

Por otro lado, el criminal se encuentra junto al mismo arroyo que presenció gran parte de su metamorfosis. Sentado sobre una de las grandes rocas emergentes del cristalino caudal, y con la mirada ámbar perdida en su propio reflejo, Sasori aguarda por la aprendiza de la Hokage, y por una chance para recrear su torso.

Aunque las ropas oscuras se empeñasen en cubrir la verdad de su existencia en este mundo ante las miradas incautas, los ataques de frustración a lo largo de esta semana han acabado por deteriorarlo en gravedad. Lo que antes era sólo una grieta que se extendía alrededor del área en la que recibió el impacto, ahora es un enorme agujero que ocupa todo su lado izquierdo, y parte del derecho, y que deja expuesto el interior hueco del artista.

Por más que su estilo de pelea consistiese en manipular herramientas para matar en su nombre, este cuerpo ya no es capaz de protegerlo durante un enfrentamiento. Un simple golpe en su lado interno podría ponerle fin a lo que queda de su forma física.

"Quién lo diría, pero en este momento extraño mi cuerpo, mi verdadero cuerpo."

Este simple pensamiento que escapa de su mente lo hace fruncir el ceño.

Detesta pensar en eso. Es inútil. Sabe que jamás podrá recuperar su cuerpo original. Es una pérdida de tiempo el ponerse a fantasear con imposibles. Empero, ahora que su único cuerpo de repuesto está tan dañado, no puede hacer otra cosa que recordar con añoranza aquel contenedor hecho de su propia carne.

Tan sólo una hora de pasado el mediodía, Sakura arriba al claro en el que ya está acostumbrada a dar con su ex informante.

Tal y como ya lo ha hecho varias veces antes, atraviesa los menudos árboles de fino tronco blanquecino, y el tapizado de césped cercano a la ribera, hasta que sus pasos la hacen detenerse sobre el suelo de guijarros y rocas en torno al río.

Sonríe de medio lado al ver la silueta pelirroja dándole la espalda, aparentando estar con la guardia demasiado baja como para alarmarse ante la nueva presencia detrás de ella.

— ¿Cómo has pasado estas semanas?—Pregunta la kunoichi en un tono más que informal, mientras le da un sorbo a la cantimplora que ha traído consigo durante todo el trayecto.

La voz y presencia de Sakura tienen un efecto inmediato en él, haciendo que todas sus inquietudes comiencen a apaciguarse dentro de su mente. Al mismo tiempo, ella pasa ser el nuevo centro de su atención.

No obstante, ni bien Sasori se voltea para observar a la dama, nota que hay varios moretones esparcidos por la nívea piel de sus brazos y piernas.

—Considerando el estado de tus brazos, creo que mejor que tú—Sonríe al objeto de su confusión, intentando no romper el ambiente casual con alguna reacción al estímulo visual más genuina— ¿Qué pasó?

El efecto que la joven tiene en él le asusta un poco, más aún cuando se ve a sí mismo moderando sus palabras desde el principio de la interacción. Honestamente, espera que esto sea sólo una fase, que más pronto que tarde pueda tener un natural semblante de normalidad en su presencia.

Sakura ríe entre dientes ante la observación.

—Entrenamiento de taijutsu—Señala con la vista sobre su brazo derecho—Debo evitar curarme para que el dolor me sirva de refuerzo negativo.

Sasori alza una ceja al escudriñar las huellas del entrenamiento con más detalle.

— ¿Es el entrenamiento que recibes de la Hokage? Pues, sí que se ve exigente.

La muchacha reacciona dejando salir una carcajada jocosa a toda voz.

—Oh, No. Este no es el entrenamiento con ella. Estas son las preparaciones para cuando entrene con ella. Ella es peor. Hace tan sólo unos días me quebró este mismo brazo.

El ex Akatsuki observa la extremidad de la mujer moviéndose frente a él con una vitalidad y fluidez tal, que jamás habría sospechado que estuvo seriamente damnificado hasta hace menos de una semana. No sabe si elogiar la habilidad curativa de Sakura o criticar la brutalidad de su entrenamiento. Se decide por no hacer ningún comentario al respecto.

—Entonces, ya me hago una idea de cuán ocupada has estado tú estos días—Le contesta en un tono irónico, ante el que ella no hace más que ampliar su sonrisa.

—En fin, traje lo que necesitas—Procede Sakura, llevándose la mochila desde la espalda a los brazos para comenzar a buscar los recados en su interior—Además, tengo un par de mensajes de Sai acerca del emprendimiento que ahora llevan juntos. ¿Te molesta si conversamos un poco hoy?

—En lo absoluto—Niega con la cabeza, saltando de su roca para caer de pie sobre el suelo de guijarros—.Pero antes, o mientras lo hacemos, tengo que preparar un área para trabajar. Es un proyecto que puede demorar desde una noche a un par de días.

—Entonces, te ayudo y luego hablamos—Propone ella de buena gana, mientras deja su mochila sobre los pedruscos de la orilla, y bajo la sombra de una de las grandes rocas encalladas allí.

—Te lo agradezco—Musita antes de comenzar a compartir con la dama sus planes siguientes, cuidando, a partir de ahora, evitar el contacto visual apartándose un par de pasos hacia los árboles circundantes a la orilla—.Necesitaremos suficiente leña para mantener un fuego encendido por al menos un día. Eso,y luego cavar un canal que conecte con el río para crear un pequeño arroyo del que pueda proveerme de agua constante.

Sakura arriba una vez más a su lado con ambas manos sobre sus caderas, a pesar de la distancia que el Akasuna intenta crear entre ellos.

—Vamos por la leña, entonces—Sugiere sin notar la sutil evasión de su compañero— ¿Qué tanto empeoró la grieta de tu estómago?

El marionetista, manteniendo a propósito la mirada sobre los árboles y pequeños arbustos de enfrente, se levanta la camisa de algodón,dejándole ver a su compañera el espacio vacío que tiene en donde debería de estar un abdomen sano.

—Oh—Es lo único que atina a expresar la rosada ante la visión, antes que el renegado le extienda su antebrazo, dislocado y separado del resto de su cuerpo, junto con el filo que en él se esconde.

—Te prestaré mi brazo. Como habrás podido ver, yo no estoy en condiciones de ejercer fuerza física.

Las siguientes horas las pasan dentro de los márgenes del bosquecillo circundante al arroyo, recolectando la madera necesaria para la noche. Sakura, gracias a su fuerza sobrehumana y a sus dos brazos perfectamente funcionales, resulta ser más eficaz y rápida para la tarea que su debilitado compañero.

Una vez que llevan toda la madera recolectada hasta la orilla, la intensidad del sol se ve crasamente disminuida, siendo depuesta en su lugar por las tonalidades rojizas del atardecer, más una brisa seca que consigue secar el sudor producto del esfuerzo de la kunoichi.

Siguiendo el plan del titiritero, la mujer utiliza sus propias pisadas para crear un humilde canal a un costado del arroyo. Luego, lo conecta con las aguas del cauce principal para formar un pequeño, pero constante, torrente que transcurra a centímetros del sitio en donde Sasori planea preparar una fogata.

—Muchas gracias por tu ayuda—Vuelve a dirigirse a su compañera, mientras se ocupa de encender los leños ya apiñados y separados de la gran pila de madera sobre los guijarros—.Me habría tardado mucho más sin ella.

—No tienes por qué agradecerme—Repone ella, agachándose sobre la corriente alterna, que acaba de abrir con su fuerza, para lavarse el sudor y polvo de las manos y el rostro—. Necesitas estas reparaciones sólo porque yo necesitaba un antídoto. Y aún si fuese de otro modo, no me incomoda ayudarte.

Tan sólo segundos después, los leños comienzan a crepitar y a arder bajo el tacto del marionetista, pero éste termina desviando su mirada de la fogata para posarla sobre la silueta de su compañera. La ve acercarse a su mochila, aún apoyada contra una de las rocas varadas en la orilla, y abrirla para buscar algo dentro de ella con una mano.

De su equipaje, Sakura saca unos tres pergaminos, cuidadosamente guardados en una bolsa de plástico. Acto seguido, realiza unos sellos de mano, que acaban por activar los rollos de papel encriptado y liberar la típica humareda propia de los pergaminos...

Cuando la sutil niebla de la activación se disipa, los objetos invocados por ella se muestran en perfecto orden.

Intrigado por la imagen, Sasori se levanta de la incipiente fogata un momento para acercarse a Sakura antes de que ella lo llamase.

Tres paquetes de ceramica de marionetista envueltos en papel, y de estimable tamaño y peso, se encuentran apoyados sobre la gran piedra junto a la joven. Debajo de estos paquetes, se extiende un considerable número de herramientas que, similares a cucharas en su tamaño, terminan de llenar la superficie superior de la roca. Empero, cada una es indiscutiblemente distinta de la otra en su forma y función.

No es la primera vez que Sakura ve estos elementos. Su curiosidad ya le ganó cuando hizo la compra de los paquetes. Por lo tanto, no puede evitar verse intrigada por los mecanismos y técnicas que mantienen vivo y funcional al pelirrojo.

Un hombre con un cuerpo de cerámica, más toda su materia orgánica concentrada en un núcleo ubicado en su pecho, es algo fascinante desde un punto de vista médico. Si bien ella ya tiene una idea de cómo funciona su existencia, por más vaga que esta sea, no cree que el marionetista esté dispuesto a darle más datos.

Aun así, no puede evitar preguntarse cómo sería el vivir en su "piel".

—Extrañaba tanto tener equipo y materiales decentes... Con esto podré solucionar mi problema. Será más que suficiente—Exclama el pelirrojo con notable alivio al ver los recatos desde más cerca, tanto así que, durante la hora siguiente, su incomodidad ante la cercanía de Sakura queda relegada a un segundo plano.

De este modo, Sasori se acuclilla frente al canal para preparar los materiales para su posterior uso. Abre uno de los paquetes de cerámica y comienza a separar pequeñas porciones, apoyándolas en varios trozos de papel que arranca del mismo envoltorio. Eventualmente, sería necesario humedecer cada una de estas raciones hasta que cobrasen la consistencia necesaria para moldearse en la forma correcta.

Sakura acompaña en la escena, sentada sobre una piedra sumergida a medias en el río, conversando un poco con él sobre el proyecto de espionaje que se está llevando a cabo dentro de la Serpiente.

Un par de respuestas positivas han llegado a oídos de Sai. Además, es necesario comenzar a planear qué bases deberán ser atacadas primero para convencer a la mayor cantidad de contactos de trabajar para ellos.

El marionetista atiende a la conversación con la mitad de su atención, mientras organiza el equipo para la restauración de su cuerpo de una manera que le fuese tan accesible como cómoda. No necesita ni siquiera un tercio de las herramientas que la joven de Konoha le proporcionó, ya que puede perfectamente realizar una buena porción del trabajo con sus propias manos. Aún así, planea conservar todo el equipo para usarlo en un futuro.

Mientras la charla transcurre, ella no puede dejar de escudriñar con discreta fascinación e intriga el proceso por el cual Sasori va seleccionando las herramientas que utilizaría, relojeándolas en detalle antes de escoger cuáles de ellas permanecerían cerca de su alcance.

Desde hace un par de días que consideró la opción de preguntarle a su ex informante si puede presenciar el proceso de su restauración. Todo esto sin más motivos que simple curiosidad y un deseo de aprovechar mejor la última vez que lo vería.

Y desde el principio de la jornada que ha estado debatiéndose acerca de si debería hacer la pregunta o no.

Finalmente, cuando la conversación entre ellos avanza hacia el punto que percibe como el momento de decidir, Sakura opta por abandonar la cautela y rendirse ante su impulso:

—Si no resuelvo mis dudas, no podré dormir por semanas. Quiero saber cómo haces para crear una marioneta tan particular como tu propio cuerpo. ¿Te molesta si permanezco aquí un tiempo?

La repentina pregunta toma por sorpresa al ninja arrodillado en la orilla, quien detiene sus acciones de inmediato para mantener la expresión de su rostro inmutable. A pesar de su esfuerzo, fracasa en el intento, y una señal de sorpresa se hace presente en su voz cuando alza su mirada para verla.

—N… No. El proceso de confección que utilizaré no es un secreto, e incluso si lo fuese, no tengo motivos para desconfiar de ti. Y aún si los llegase a tener, no creo que entiendas lo que ves—Comienza a desechar posibles excusas en voz alta, confundiendo a la rosada con su respuesta.

—Entonces ¿Puedo quedarme?—Vuelve a inquirir ella, con una ceja alzada en confusión ante las palabras de su compañero.

—Sí…Pero tengo que ponerte una condición—Expresa Sasori, ésta vez con un toque misterioso y la sombra de una sonrisa en el rostro.

—Dime.

—Si tengo una herramienta o mis manos en donde debería haber carne, tú mantienes el silencio—Le explica sin perder la calma—.Es un proceso delicado y no quiero que salga mal. Estamos hablando de mi cuerpo.

—Está bien—Le responde ella con una sonrisa que cala en el ánimo del renegado más de lo que se permite demostrar, o siquiera admitir.

Él separa una porción de cerámica y comienza a humedecerla, poniendo a prueba cuánta humedad es necesaria para preparar esta materia prima sin arruinarla. Para un extraño, la escena aparentaría que él solo juega con lodo, pero la joven reconoce que en realidad está estudiando la consistencia del material para conocerlo a fondo antes de utilizarlo sobre sí mismo.

—Te pido que mantengas el fuego vivo mientras yo trabajo con el material—Reza el artista antes de proseguir con otro tema— ¿Por qué el repentino interés en las marionetas?

La joven le obedece y abandona su roca y el río para regresar a pararse sobre los pedruscos de la orilla, entre el fuego y el artista frente al canal. Empero, procura tener a mano los leños sanos para ir alimentando la fogata cada tanto.

—No es interés en las marionetas, es más específico—Aclara ella, moviéndose de vez en cuando para evitar ser impregnada por la columna de humo que desprende el fuego—.La curiosa fusión entre tus marionetas y tus funciones biológicas es demasiado interesante.

— ¿No lo estás suavizando demasiado? Sigues hablando del proceso de crear marionetas humanas—La reprende el marionetista, en un intento de conversar con ella como lo hacía antes de que este desastre se desatara dentro de él.

Sakura frunce el ceño.

— ¿Te gusta molestarme? —Le pregunta sin dejarse intimidar por la frase, pero sin darle la victoria de tomar su comentario en serio.

—Sólo un poco—Le contesta, forzándola en cierta manera a responder a la principal interrogante.

—Sí, me interesa la idea de las marionetas humanas. El punto es que me interesa tu caso para estudiarlo, porque tú accediste al proceso por tu propia voluntad. Aunque no quita que en el pasado fuiste un imbécil.

La respuesta de la joven es calculada. No piensa dejar que le gane en esta pequeña discusión.

—Y a ti te gusta insultarme—Sonríe el de la Arena con gesto de derrota.

—Un poco. Y sólo cuando te lo mereces—Completa la kunoichi, orgullosa de haberse salido con la suya en esta ronda.

Discutir se ha vuelto una especie de juego para ellos. Ya quedó claro que no coinciden en demasiados aspectos. Sólo les queda seguir peleando tal y como en su primer encuentro. Así que ¿Por qué no hacer las partidas un poco más entretenidas?

—Comprendo. Y no voy a negar que lo merezca. No voy a empezar a hacerlo ahora—Admite antes de escapar de una conversación perdida—De acuerdo… Sobre tu curiosidad, creo que sería mejor que comprendas algo básico sobre la confección de marionetas. Después de todo, el cuerpo que crearé esta noche sólo estará compuesto de cerámica y chakra.

La joven, algo sofocada por el calor y humo desprendidos por la fogata a su lado, decide regresar un momento al río para mojarse de nuevo el pelo y la cara mientras escucha al marionetista con atención.

Nota que Sasori habla lentamente, aún más que lo usual. Por lo menos, la mitad de su atención parece estar puesta en el análisis de la cerámica. Al parecer, se había excedido en la cantidad de agua en el primer intento, ya que lo ve tomar otra porción de material seco y comenzar el religioso proceso de nuevo.

—Todo arte imita algún aspecto de la realidad o aspira a hacerlo. La confección de marionetas no es algo distinto. Nació como la fascinación del hombre con los mecanismos, y articulaciones presentes en cualquier ser vivo. Si prestas atención, todas las marionetas están compuestas por partes humanas o animales en mayor o menor medida.

La rosada, agachada sobre el cauce principal, y a unos pasos por delante del inamovible Sasori, rememora las marionetas utilizadas por Kankuro en los exámenes chuunin hace ya años. Además, recuerda haber temido en su momento a las capacidades de ese marionetista. Nunca hubiera pensado que entablaría combate, y mucho menos amistad, con otro usuario aún más experimentado de la técnica.

Luego de transcurrido un pequeño tiempo, en el cual el cielo empieza poco a poco a oscurecerse y a llenarse de estrellas, el marionetista empieza a sentir la incomodidad que le produce la ninja cuando las palabras entre ellos comienzan a escasear. Procurando no inmutarse, intenta adquirir unos instantes para recuperar el nivel de concentración que esta tarea le requiere:

—Pasaré un buen tiempo en la parte monótona del proceso. Yo en tu lugar aprovecharía a cenar antes que la noche termine de caer sobre nosotros.

Sakura, bebiendo agua de su cantimplora luego de haberse peinado el flequillo húmedo hacia atrás, accede en silencio ante la sugerencia y se acerca a la roca que aún custodia su mochila.

—No necesitas darte prisa—Prosigue siguiéndola con la mirada—.Es un proceso lento y francamente esperaría que te resulte poco interesante.

—Déjame que yo sea la que decida eso—Repone con voz firme ante el exceso de sugerencias por parte de su atareado ex informante.

El cielo continúa ennegreciéndose, y, con él, el sonido de las cigarras y búhos comienza a sobreponerse al de la brisa nocturna sobre las hojas de los árboles aledaños al arroyo.

Sakura permanece sentada en las cercanías del fogón al tiempo que degusta su cena, consistente en pan, queso, miel, arroz con azafrán y dos huevos pasados por agua que se trajo de su casa. Mientras tanto, su mirada se desvía cada tanto a la figura del marionetista.

Ahora sólo puede verle apenas la espalda, pero hay algo en su postura que no había presenciado antes: sus hombros se ven decaídos. En un principio, no le da mucha importancia a esto, porque lo asume como la postura que necesita para trabajar los materiales. De todos modos, verlo con un porte así de bajo es algo anormal y llamativo.

A este punto, la noche ya se ha adueñado del cielo por completo. La luz de la fogata opaca la de la luna menguante, bañando la escena con un tono cálido a la vez que se refleja temblorosamente sobre el agua.

No pasan más de veinte minutos hasta que Sakura termina con su rutinaria alimentación, y se incorpora del suelo para ir nuevamente al lado del marionetista.

Cuando toma asiento junto a él, y se posiciona para verle los ojos en medio de la oscuridad, encuentra sus ámbares cerrados, como si estuviese meditando.

—De acuerdo. Comienza la parte interesante. Recuerda mi pedido—Habla el renegado en medio de un suspiro.

La rosada asiente. Acto seguido, Sasori se deshace de la ropa que cubre su torso, exponiendo su núcleo y articulaciones a la intemperie nocturna. Luego, se concentra por un instante y esconde una mueca de dolor con habilidad premeditada.

La mujer observa al pelirrojo y a su herida abierta. Quizá se deba a la escasa iluminación que le llega desde el fogón, pero la piel artificial de Sasori se le antoja demasiado humana, mucho más de lo que se ve normalmente. Aunque acostumbrada a percibir su cuerpo como algo carente de irregularidades, en este momento cree ver su piel erizada, como si un imposible escalofrío recorriese todo su mecánico ser.

—Al mal paso, darle prisa—Piensa el marionetista en voz alta, levantando una placa de cerámica del tamaño de su palma y apoyándola en el borde derecho de la abertura de su estómago.

Aprieta la mandíbula, conteniendo sus reacciones, y se fuerza a mantener el pulso en sus manos artificiales mientras acopla la cerámica fresca a la seca y quebradiza. Con todo el cuidado que es capaz de tener, desliza el material sobrante para utilizarlo como adhesivo más adelante. Una vez que la viscosa pieza comienza a afirmarse en su lugar, el chakra del marionetista acaba por influirla, ocasionando que pequeños detalles se dibujasen sobre la anteriormente lisa superficie. Luego, ésta última se ilumina momentáneamente con el chakra azul y brillante del artista.

Sakura observa en silencio y con detalle el lento proceso. Sasori lo realiza con una lentitud y seriedad que no había visto en él hasta ahora.

Todas las demás placas poco a poco comienzan a cubrir el lado derecho de su enorme herida.

A cada vez que el ex Akatsuki se toma un entretiempo tras posicionar una nueva porción de cerámica sobre el hueco, estos descansos van durando más, y le va siendo cada vez más difícil conservar el silencio y mantener la seriedad de sus expresiones.

Llegado un punto, el pulso lo termina traicionando cuando toma la siguiente placa, haciendo que su mano tiemble de una manera evidente.

— ¿Pasa algo? —Pregunta la joven, sin poder ignorar la irregularidad en la compostura de la marioneta humana.

—N… No—Responde él sin mirarla, manteniéndose inmóvil y con voz entrecortada y enronquecida.

Eso definitivamente es algo nuevo. Y su palabra es definitivamente una mentira.

—Sin mentiras—Exige Haruno.

—Necesito… concentrarme—Le contesta esta vez en un tono adolorido, pero autoritario, que le indica a la muchacha que no debe seguir interrumpiéndolo.

En la siguiente hora, el proceso es aún más lento. Los temblores ocurren más a menudo, y el renegado sólo logra poner tres pequeñas placas más como parche firme sobre su herida.

Sakura comienza a preocuparse por él. Su rostro se está transformando. Ve sufrimiento en él, pero no puede hablarle, no todavía, ya que esa es la condición a la que accedió hace un rato.

Instantes después de la colocación de la tercer placa, Sasori se detiene por completo en su cometido, y permanece estático otro minuto más antes de comenzar a respirar.

La mujer se sorprende por tercera vez en la noche. Él no respira, no lo necesita, pero los movimientos, que su roto torso está repitiendo de manera rítmica, son sin duda los de un diafragma afectado por la respiración.

Esta "respiración" se vuelve cada vez más rápida, más irregular, más agitada. El rostro del marionetista se fuerza por mantenerse en calma sin demasiado éxito.

Finalmente, los movimientos son demasiado para la recién colocada cerámica, y todas las placas, que fueron acomodadas desde el principio del proceso, caen al suelo, deformándose por el impacto.

Los ojos de Sasori se abren en sorpresa ante el desafortunado suceso. Sakura se los ve vidriosos de humedad. Acto seguido, exhibe los dientes en una mueca de ira, y golpea el suelo con su mano. Empero, de inmediato levanta su extremidad... y se le ve rojiza, ligeramente inflamada por el impacto.

Incapaz de contenerse por más tiempo, Sasori maldice en un grito cargado de dolor y frustración:

— ¡MALDITA SEA!

La mujer se sobresalta como pocas veces, y, casi de manera instintiva, termina de borrar la corta distancia que la separa del criminal, quien sólo se mantiene encogido con una expresión de derrota en el rostro.

—No voy a aceptar que sigas mintiéndome mientras te veo sufrir. Explícame qué demonios te está pasando—Exige mirándolo de frente, y tomando su turno de esgrimir la autoridad en su tono de voz.

El hombre le devuelve una mirada cargada de furia. No hacia ella, sino hacia la situación. Luego, su piel pierde su anterior detalle, retornando a ser la lisa superficie inhumana a la que Sakura siempre estuvo acostumbrada. Cualquier señal de inflamación en su mano se pierde también.

Ya sin dolor alguno resonando en su cuerpo, Sasori puede responderle en un tono un poco más calmado:

—Para reconstruir mi cuerpo, necesito recuperar mi sentido del tacto. Al igual que un amputado, puedo usar las terminaciones nerviosas de las partes del cuerpo que sí conservo para intuir dónde deberían estar aquellas partes faltantes—Le explica sin mucha paciencia—Y con el tacto, viene el dolor fantasma. El dolor que se siente en un miembro faltante.

—Entonces, estás sintiendo el hueco en tu torso como si fuese una herida normal…—Piensa en voz alta, tomando dimensión del dolor al que se está sometiendo el hombre a escasos milímetros de ella— ¿Acaso estás loco? ¿¡Por qué te torturarías de esa manera!? ¡Eres demasiado habilidoso! ¡Deberías poder recrear un torso sin tacto y con los ojos cerrados!

—No me hables como si entendieses—Contesta cortante el artista, pero sin levantarse del suelo ni apartarla de su intento de contención para con él.

—Puedo ver que te estás torturando, cuando podrías hacer esto sin dolor alguno. ¡¿Qué es lo que no entiendo?! —Espeta la mujer, con toda intención de detener este sufrimiento innecesario.

— ¿Que qué es lo que no entiendes? —Pregunta retóricamente con tono sarcástico—.Mi cuerpo, mi verdadero cuerpo, no este montón de cerámica, está en manos de algún marionetista de segunda. ¡Está fuera de mi alcance, y permanecerá así por el resto de mi vida! ¡Mi único cuerpo de repuesto está roto, y no pienso vivir sintiendo que estoy utilizando el cuerpo de otra persona!

Sakura, impactada por lo que escucha, se queda estática en su sitio, escudriñándolo con detalle y sin saber qué decir. En realidad, no había reparado en el hecho de que el cuerpo que él estuvo utilizando todo este tiempo no es el que ella y Chiyo habían dejado fuera de combate, hace lo que ya le parece una eternidad. Ahora, ella se da cuenta de cuán importante es esta situación para él, y de cuán poca ayuda ella está siéndole.

Decidida a cambiar esta realidad, intenta llegar a una nueva determinación.

— ¿Qué estás haciendo? —Pregunta la marioneta.

—Tienes razón, no entendía—Concede, abandonando su tendencia usual a contradecirlo—. Ahora, estoy pensando en una solución.

—No es necesario, y tampoco tenemos tiempo para perder. Toleraré el dolor.

Sakura sólo se limita a observarlo con seriedad en sus orbes jade, e insistencia en la mente.

—Dije algo estúpido, déjame compensarlo. No tienes opción—Se impone ella, tomándolo ahora de los hombros.

El marionetista se incorpora, logrando alejarse finalmente del agarre. Acto seguido, comienza a recuperar del suelo la cerámica que se derramó, y vuelve a humectarla en el agua para iniciar otra vez el proceso de reconstrucción.

Durante todo este tiempo, la rosada no deja de contemplarlo en silencio.

"Las lágrimas en sus ojos… La inflamación de su mano… La respiración..." Enumera la joven médica en su mente.

—Necesito que recuperes las funciones biológicas de tu mano y la golpees contra algo—Ordena la de Konoha desde el suelo— ¿Eso es lo que estabas haciendo con todo tu cuerpo, verdad?

—Sí, pero ¿Para qué…?

—Hazlo.

Sasori recupera el tacto en su mano, y la golpea contra el suelo. El dolor y la inflamación en la cerámica se hacen presentes de inmediato.

Sakura se pone de pie de improvisto y le toma la mano damnificada, activando sus habilidades médicas. En cuestión de segundos, tanto el dolor como la dilatación de la cerámica han desaparecido.

—Ahí lo tienes. Tu técnica puede recrear el cuerpo con suficiente detalle como para ser afectado por técnicas médicas. Tú haz lo que tengas que hacer, y yo seré tu analgésico.

Sasori observa su mano anonadado, no por el hecho de que haya sanado, sino por la repentina sensación de ligereza que le produce el contacto con la ninja.

De inmediato, sacude su cabeza para recuperar la cordura y retira su mano.

—Es un proceso largo. Y tú, a diferencia de mí, necesitas sueño—Comienza a pronunciar excusas.

No cree poder conservar las apariencias teniéndola tan cerca como el proceso requeriría.

—No es la primera vez que paso tiempo sin dormir. Además, el proceso es lento porque siempre tienes que lidiar con el dolor. Yo lo calmaré todo lo posible—Esta conversación ya es simil con las anteriores: una discusión en la que ella intenta imponerse sin mala intención—. Tú te precias de la lógica, úsala de una vez. ¿Quieres recuperar un cuerpo completo? Pues, conmigo podrás hacerlo más rápido y con menos molestias.

El renegado se encuentra entre la espada y la pared. Ya no puede negarse sin dar a conocer los verdaderos motivos por los que no quiere su ayuda. Justamente por esto, al cabo de unos momentos de silencio, acepta su intervención, resignándose a fingir como nunca antes lo hizo en su vida.

—La misma condición de antes. Ni una palabra cuando mis manos están trabajando.

—Hecho.

Sasori reacomoda las porciones de cerámica húmeda cerca del agua y de sí mismo, para tener fácil acceso a ellos. Luego, se sienta dándole la espalda a la fogata y habla a la rosada:

—Tendrás que estar a mis espaldas. Necesitaré el espacio frente a mí para mover mis brazos.

—Por supuesto—Asiente Sakura, tomando lugar a su lado—Pero antes de que comiences, quiero que probemos cuán efectivo es el método. Ahora, eres mi paciente, así que por un minuto sigue mis órdenes.

El marionetista asiente con la cabeza. Su plan ha funcionado. Al menos, mostrando la espalda a Sakura será más difícil que ella vea su rostro y sus inevitables momentos de debilidad.

La médica se arrodilla a centímetros detrás suyo, y lo rodea con su brazos de forma sutil, apoyando sus manos un poco más arriba de la cintura del renegado, a cada extremo de la herida.

Él evita adrede el sentir el tacto de sus manos.

Mientras tanto, la kunoichi se enfoca en su jutsu, pudiendo sentir, gracias a esta técnica, una débil cantidad de chakra fluyendo dentro de la capa de cerámica que compone el cuerpo de Sasori. La superficie de su torso es lisa como si hubiese sido pulida, y probablemente así lo fue durante su confección.

—Activé mi jutsu—Le avisa—.Ahora, quiero que realices tu técnica y me informes de cuánto dolor sientes. Así podré ajustar la intensidad de la mía.

La marioneta no responde con su voz, sólo se limita a mover su cabeza hacia adelante mientras la cercanía de la mujer acentúa poco a poco sus nervios.

Un repentino torrente de chakra comienza a percibirse dentro del mecánico cuerpo, y la médica lo siente de inmediato. La piel de Sasori comienza a verse afectada. La rigidez de la cerámica se pierde, y el torso gana una elasticidad similar a la de la piel humana. La superficie pierde la antinatural textura, dando paso a los poros y delicadas imperfecciones que caracterizarían a cualquier persona.

Sakura se sorprende por el cambio. Intuitivamente, acaricia la superficie de su torso con sus dedos sin desactivar su técnica médica. Casi parece como si la marioneta hubiese desaparecido para dar lugar al humano que alguna vez fue.

—Aún… duele… demasiado—Habla al tiempo que su pecho comienza a tener los espasmos propios de la hiperventilación.

Las palabras del pelirrojo sacan parcialmente a Sakura de su estupor. Aún está sorprendida de cuán humano se siente el cuerpo frente a ella. Los movimientos le son indistinguibles a los de cualquier otro paciente que tuvo. De no ser porque el cuerpo carece de latido y calor, de no ser porque todavía puede ver sus articulaciones, no podría haberlo distinguido de un humano normal.

La ninja aumenta la intensidad de su habilidad, y se incorpora sobre sus rodillas para inclinarse sobre la espalda de su ex-informante, expandiendo así el área de contacto, mientras toca todo alrededor del torso con sus antebrazos y manos. La nueva pose es ligeramente incómoda para su espalda. Es casi como si estuviese abrazándolo desde atrás, pero aún se preocupa por mantener unos centímetros de separación entre sus cuerpos. Al menos, lo suficiente como para que sus pechos no lleguen a rozarle la espalda, ni su mentón haga lo propio con el hombro.

Aún así, mantener esa postura tan inclinada hacia adelante, y sin ningún otro punto de apoyo más que el de sus rodillas, separadas sobre los puntiagudos guijarros, requiere que ella mantenga un equilibrio delicado y constante.

La "respiración" del marionetista se calma de a poco.

—Mejor…—Dice él, pausando para respirar un poco mas—Aún duele… pero no es insoportable… Así que puedo trabajar.

—Ahora es cuando me agradeces y dices que tengo razón—Bromea Sakura, orgullosa de que su idea funcionase.

Sasori siente el aliento de la muchacha a escasa distancia de su cuello. Por reflejo, siente un escalofrío recorrer todo su cuerpo, exceptuando los sitios en que los brazos de Sakura le protegen con su calor.

—Gracias… y tienes razón—Pronuncia sin mover su rostro, ocultando su expresión del campo de vista de Sakura.

Ni el escalofrío, ni el extraño tono de voz pasan desapercibidos ante la mujer, pero ésta no quiere interpretarlos de manera extraña. El marionetista está sintiendo frio por primera vez en mucho tiempo. Esa es explicación suficiente para ella.

—Comienza a repararte, entonces. Me quedaré así hasta que te hayas recuperado—Contesta Haruno con el ego saciado.

Sasori se mueve ligeramente para tomar las placas de cerámica con sus hilos de chakra. Cada pequeño movimiento que realiza con sus brazos, hace que los de Sakura lo rocen de una manera distinta.

En este momento, detesta lo que siente por ella. Sabe que esto es sólo una fase. No necesita haber experimentado afecto para saber que, durante la primera etapa de poseerlo, uno es extremadamente sensible a las acciones de su amada. Aun así… esto es demasiado. Agradece que ella no pueda verle el rostro, no sabe qué expresión tiene, pero sí es consciente de que le es necesario detenerse cada dos minutos a recuperar la concentración.

Sakura percibe temblores y pequeños espasmos en el cuerpo de su actual paciente. Esa es la manera en la que se fuerza a pensar en la situación: él solo es un paciente más. Intuye, sin equivocarse por completo, que estas irregularidades se deben al dolor.

Luego de un considerable tiempo de preparación ante el dolor, el pelirrojo lleva la primera placa a su sitio, y encaja el trozo de cerámica en la esquina superior derecha de su herida. Tomando una pequeña espátula, que había dejado a mano, moldea el material alrededor de la fantasmal sensación de su ausente torso.

La mujer divide su atención en mantener su habilidad, así como la distancia entre ella y su paciente. Pero la pose se vuelve más incomoda con el pasar de la primera hora. Sería mucho más fácil si se recargase sobre la espalda del marionetista, pero no lo hará, tanto para no incomodarlo como para ahorrarse la vergüenza.

Una vez que el trozo de cerámica toma la forma correcta, el flujo del chakra del Akasuna lo invade, y los detalles propios de su piel se hacen presentes. Desde ese preciso momento, aquel fragmento se une al resto del cuerpo en los rítmicos movimientos de respiración, que esta vez son suaves, lentos e incapaces de arruinar el delicado trabajo.

Sasori se esfuerza en no tener más contacto con Sakura que el estrictamente necesario. No quiere tener más sobresaltos. Podría hacer estas reparaciones utilizando menos herramientas, esculpiendo con sus propios dedos, pero no quiere acercar sus manos a las que la rosada mantiene sobre los costados de su abdomen.

No puede evitar que su rostro presentara un leve sonrojo, que es lo máximo que la fina capa de arcilla viva que compone sus mejillas puede producir.

Sakura no le da atención a este detalle, ya que supone que es sólo la iluminación del fuego palpando a su paciente.

"Es sólo un paciente." Se insiste a sí misma para contrarrestar una creciente incomodidad.

En este momento, está mucho más fascinada por la capacidad de Sasori de convertir el barro en humanidad que nunca. Hace tiempo que había aceptado la humanidad en el alma del renegado, pero hasta ahora lo había considerado un alma humana en un cuerpo totalmente artificial. Y ahora que siente la elasticidad en su piel, los poros, cada temblor y espasmo en él; no puede sino aceptar que el hombre frente a ella es, o, al menos, puede ser tan humano como quisiese.

Sin lugar a dudas, el proceso al que se sometió parece no haberlo privado de nada. Ya que sería su chakra el que pasaría a tomar la tarea de recrear todo lo que se había perdido en su drástica transformación.

En estos momentos, ella agradece no poder contarle sus pensamientos, ya que no quiere alimentar su ego.

Unas dos horas transcurren, horas en las que la herida va cerrándose poco a poco y horas en las que el marionetista se encuentra en un estado que no puede definir como bueno o malo. Solamente tiene en claro que hay muchos motivos por los que no quiere que la rosada se separe de él.

Por su parte, la joven ha comenzado a aburrirse de no hablar, a la vez que está algo cansada y adolorida de conservar su postura y técnica activa.

Desesperada por poner su atención en algo, ha pasado un considerable tiempo simplemente observando el rítmico subir y bajar de la espalda del marionetista. El respirar de él se ha vuelto tan metódico que la rosada puede contar el tiempo en base a él. Inconscientemente, ella misma ha comenzado a respirar al mismo ritmo, permitiendo que sus brazos se moviesen al son del cuerpo del ex Akatsuki.

Sasori suelta un quejido de dolor, alejando sus manos de la cerámicafresca en su abdomen.

— ¿Ocurre algo? —Pregunta la kunoichi espabilándose de golpe.

—La herida se está cerrando, y queda cada vez más lejos de tus manos—Contesta el encorvado ninja.

Con algo de esfuerzo, Sakura se inclina un poco más sobre el hombro de su paciente para ver su vientre.

Efectivamente, la mitad del hueco está cubierto por la nueva cerámica.

—Puedo acercar mis manos al borde de la herida—Ofrece la mujer, deseando que este agotador proceso culminase.

—La cerámica no está sólida. Si aplicas demasiada presión, podrías destruir las últimas horas de trabajo… y dolería como si estuvieras empujando mis costillas hasta mi espina dorsal—Agrega esta última frase a modo de humor negro para disipar un poco la tensión del ambiente.

—Guíame. Muéstrame cuánta presión debo aplicar—Insiste ella, tratando el problema como algo menor.

— ¿Cómo?

—Con tus manos—Contesta remarcando lo obvio—.Eres más inteligente que esto. Se nota que no estás acostumbrado al dolor.

"Ni a que me respires en el cuello." Dice el marionetista para sus adentros.

Contradiciendo, o rindiéndose ante sus instintos, Sasori termina tomando ambas manos de la joven con las suyas, y entrelaza sus dedos con los de ella, para poder asegurarse de controlar la presión que cada uno de ellos ejerza sobre sí mismo.

Esta vez, es Sakura la que permanece estática al recordar su despertar en el hospital. Recuerda que estas mismas manos la estuvieron sosteniendo aquella vez, y ahora mismo se le antojan demasiado familiares.

A estas alturas, ambos agradecen que el otro no pueda verles el rostro.

Sasori controla las manos de Sakura y las desliza con delicadeza, posicionándolas sobre la cerámica fresca, mientras se asegura de que la mujer apenas entre en contacto con su cuerpo con las yemas de sus dedos, y los relieves de sus palmas.

En el proceso de seguir los movimientos del artista, la kunoichi pierde finalmente el equilibrio y deja caer su pecho sobre la espalda de su paciente. Ahora, definitivamente están demasiado cerca. Pese a todo, está demasiado enfocada en no arruinar las reparaciones del marionetista como para decir algo de inmediato.

—Discúlpame, no podía mantener el equilibrio. Puedo levantarme. No era mi intención incomodar.

—No—Pide casi suplicando el marionetista—Si lo haces ahora, el dolor será demasiado.

La muchacha cede de inmediato ante el argumento. No quiere que todo el proceso comience de nuevo. Ya sabe cuánto le importa a Sasori el recuperar la totalidad de su cuerpo. Por lo que retirarse ahora, sólo porque le da vergüenza, no sería un acto propio de un médico ni de un amigo.

—Está bien. Puedo permanecer así un poco más—Le responde al oído, intentando apaciguar el acelerado ritmo de sus propias palpitaciones.

—Gracias.

—Sin palabras—Ella lo interrumpe de inmediato—.La situación ya es lo suficientemente embarazosa.

El artista asiente con la cabeza y se dispone a continuar, esforzándose por ignorar la presión del cuerpo de Sakura apoyado en su espalda.

El proceso de reparación continúa a una velocidad respetable, pero el tiempo se les hace eterno a ambos.

Esto es demasiada cercanía. En eso, los dos pueden coincidir.

De la misma forma, ambos son conscientes de que esta situación es necesaria.

Casi de manera sincronizada, los dos se resignan a la situación en favor del bien mayor.

"No es sólo un paciente, es un amigo. Por eso es incómodo." Se justifica la médica, mientras pasan más minutos, en los que la tensión se vuelve tan tangible, que el marionetista hubiese podido moldearla como si de más cerámica se tratase.

Esta vez es él quien siente los movimientos del pecho de la joven al respirar, y son sus movimientos los que se adaptan al ritmo de la dama.

Inconscientemente, esto lo calma. La situación es lo suficientemente extraña como para que ella no quiera emitir palabra, cosa que el marionetista agradece. Ya es suficiente con sentir su respiración en el oído.

Empero, al menos la kunoichi ya no tiene el instinto de soltar el abrazo.

Cerca de otra hora transcurre de manera difusa, entre respiraciones y placas de cerámica, mientras que la herida va cerrándose más y más.

Sin producir sonido alguno, el marionetista vuelve a tomar las manos de Sakura para moverlas al borde, ahora reducido, de la abertura en su abdomen.

Los brazos de Sakura envuelven a Sasori prácticamente por completo en este momento. Su mano derecha se posiciona sobre el vientre del artista, y su mano izquierda es desplazada con cuidado debajo del núcleo de tejidos, cubriendo parte de las ramificaciones del mismo.

Por un momento, el dedo anular de la rosada acaricia el tejido vivo de Sasori. Pero él se esfuerza en no inmutarse y seguir adelante con sus tareas.

A partir de este suceso, la joven evita volver a tocar su único resquicio de carne, pero no puede detener la sensación del calor del marionetista sobre su piel. Se ha olvidado momentáneamente de que no todo su cuerpo es frío.

Y esa es la posición que conservan por el resto de la noche. Al amanecer, los primeros rayos de la mañana los encuentran cuando el marionetista está posicionando la pieza final de su torso.
Esta última se embebe de chakra, y adquiere características humanas al tiempo que el artista toma las manos de Sakura para apartarlas hacia atrás.

Siguiendo este estímulo, la mujer se separa de él y cae hacia atrás sobre los guijarros, cual peso muerto.

La aprendiza de Tsunade respira con los dientes apretados, sintiendo un dolor punzante sobre sus rodillas, ahora estiradas sobre el suelo, tras haberlas tenido clavadas sobre las puntiagudas piedrecillas durante toda la noche. Además, siente las nalgas y la espalda adoloridas por haber estado tanto tiempo haciendo fuerza con aquellas partes durante el ritual. Nota que aún tiene varios guijarros hundidos sobre la piel.

Por otro lado, Sasori se levanta finalmente del suelo, ya sin sufrir calambre ni cansancio alguno por la postura sostenida, y se acerca al equipaje de Sakura. De él toma la cantimplora, que termina acercando directamente a la boca de la médica tumbada en la orilla.

—Descansa lo que necesites—Le dice con suavidad, acuclillándose a su lado con el pequeño objeto suspendido sobre su rostro—.Tendré que permanecer cerca del fuego para solidificarme. No tienes idea de cuánto te agradezco.

La mujer le arrebata la cantimplora con brusquedad, y casi se atraganta con su contenido antes de responderle.

—Despiértame al mediodía, no pienso moverme de aquí—Decide con agotamiento en su cuerpo y voz—… y dime que tenía razón.

El marionetista toma la ropa que dejó de lado anoche, y se la ofrece a modo de almohada.

—Tenías razón. Toda la razón, no debí siquiera pensar en negarme a recibir tu ayuda—Sasori acepta la derrota en esta ronda de su juego. Es lo mínimo que puede hacer por ella después de cuánto lo ayudó hoy—Descansa. Te despertaré al mediodía.

Sakura toma la ropa de Sasori, y la apoya tras su nuca.

—Que sea una hora más tarde—Le pide ella, cerrando los ojos y comenzando a fingir sueño.

Tardaría unos minutos en lograr entrar al reino de los sueños. El tacto que produjo el cuerpo de Sasori entre sus brazos no se borra. La sensación fantasma de su forma todavía permanece en sus brazos y pecho, así como el aroma mineral de aquella piel se resiste a abandonar su sentido del olfato.

No se arrepiente de la noche, pero más le vale a su anormal amistad que esto no se vuelva una ocurrencia común.

No obstante, la muchacha concibe el sueño al fin y al cabo, ya que el esfuerzo de mantener su jutsu médico por tantas horas seguidas ha expulsado toda fuerza de ella.

El fantasma del artista, por otro lado, la persigue en sus sueños.

Sueños en los que ella aún se encuentra recostada sobre él.