Cazadores de Serpientes.


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La mañana siguiente al encuentro de Sai con la líder de la aldea, Sakura consigue despertar de su comatoso letargo en el hospital.

En un principio, es un alivio para ella el haber podido recuperarse finalmente de su último colapso. De todos modos, el alivio le dura poco, porque la explicación a su prematuro despertar llega casi al instante siguiente al que abre los ojos.

Con ambas manos extendidas sobre el pecho de la rosada, Shizune está a un lado de su camilla, encargándose de sanar sus heridas por medio del ninjutsu médico. Dicha acción extraña a la joven, puesto que normalmente se la deja para que se cure por medios naturales, pero su superior no tarda en explicarle que hubo un cambio de planes, ya que Tsunade la necesita en forma para una nueva misión.

Para disgusto de la recién despertada, la médica de pelo negro no puede responder a las demás interrogantes de Sakura con exactitud. Lo único que atina a decirle, además de que Tsunade le había ordenado que la curase para hoy, es que un anónimo en la aldea requirió su asistencia en una misión personal, y que éste contactaría con ella por sus propios medios.

Afortunadamente para ella, la otrora alumna de Tsunade le comenta que su madre había venido el día anterior a dejarle al cuarto una muda de ropa limpia, para que tuviese a mano en el momento en que le diesen de alta.

De este modo, aliviada de poder ya deshacerse de la bata blanca de paciente, que llevó puesta desde que la ingresaron en el área de recuperación, la kunoichi se incorpora del lecho y se quita la vía de suero intravenosa sin ayuda de Shizune. Acto seguido, sintiéndose revitalizada anto en salud como en ánimo, se pone de pie para volar hasta el baño de la blanquecina habitación.

Mientras se ducha para limpiarse los restos de tierra, sudor y sebo del cuerpo, productos del entrenamiento que la envió a la camilla en primer lugar, Sakura no puede evitar comenzar a hacerse preguntas acerca de la misión para la que fue solicitada.

El hecho de que alguien haya pedido específicamente por ella, más la luz verde de Tsunade ante esta imprevista petición, es suficiente para que la joven kunoichi se tomase la situación en serio. Aún así, esto no quita que el misterio que circunda esta nueva eventualidad ha comenzado a presentarle más dudas que certezas respecto a la naturaleza de aquella misión.

Una vez termina de bañarse, la kunoichi se viste con la playera sin mangas púrpura, la falda corta de jeans y las sandalias sin plataforma, que su madre le había dejado en el ropero junto a su camilla, y, rechazando el poco suculento desayuno ofrecido por el hospital, no demora un segundo más en bajar las escaleras en dirección a la recepción, y posterior salida de la clínica.

Aún así, ella nunca se habría esperado que gran parte de sus dudas respecto a su futuro trabajo, sino todas, serían despejadas justo después de que consiguiese el alta en el hospital.

Tras haberse alejado ya dos calles del sanatorio, caminando entre las residencias y comercios con la esperanza de poder regresar a su casa para el almuerzo, una presencia ya conocida la divisa desde un callejón.

Es claro que esa presencia sabía que ella pasaría por ahí en ese preciso momento, y la espera finalmente se había acabado.

—Buenos días. Veo que despertaste pronto. Eso es bueno—La intercepta el ANBU de la Raíz haciendo uso de su discreción, mientras abandona la oscuridad del aledaño pasadizo para dejarse ver frente al objeto de su interés.

La aprendiza de la Hokage le retorna el saludo sin sorprenderse demasiado, suponiendo de antemano que la razón de la presencia de él allí es para ponerla al tanto de las noticias de la semana. Después de todo, durante el tiempo que pasó internada en el hospital, ella se vio incapaz de estar presente en el momento que Sai recibió los últimos mensajes del ex Akatsuki.

—Sí, desperté antes de tiempo. Parece que alguien me necesita para una misión.

—Sobre eso…—Musita él con una sonrisa, y a modo de un quedo susurro—.Creo que quieres venir a mi sitio para que hablemos de los detalles.

"Por supuesto que era Sai… Debería haberlo pensado antes." Bufa ante lo obvio de la identidad de su futuro compañero de misión.

—Eras tú. Supongo que no debería sorprenderme—Le contesta riéndose de su propio despiste, al tiempo que ambos se desvían de su camino para dirigirse al refugio del dibujante.

Una vez que ambos se aseguran de que nadie los ve arribar al callejón, siguen la cautelosa rutina de siempre, e ingresan al escondite en el cual intercambiarían información de naturaleza confidencial. No obstante, cuando Sai enciende una linterna para palear la oscuridad del receptáculo, desprovisto de muebles, los ojos de Sakura se posan con asombro en los mapas pegados en las paredes.

—Ahora sí. Dime que está pasando—Demanda sin poder despegar su mirada jade de las enigmáticas marcas negras, dibujadas sobre el mediano tapizado de papel— ¿Está todo bien con nuestro conocido en común?

—Por ahora, sí. Pero no creo que eso permanezca de ese modo por mucho tiempo. Observa los mapas. Estas son las bases que conocemos—Repone el artista del movimiento, apuntando la luz hacia los papeles y comenzando a señalar cada marca en ellos a la que hace referencia—… y estos son los sitios en que los rumores de una marioneta viva están surgiendo.

Sakura parpadea aún más sorprendida ante la nueva revelación.

—Eso no es bueno. Se supone que Sasori es un profesional, no debería haber tantos rumores.

—Lo sé. Quizá él no es lo suficientemente cuidadoso, o quizá la Serpiente tiene más talentos de los que pensamos. No importa cuál sea el caso. Si estos se expanden demasiado, existe la posibilidad de que los tres seamos descubiertos—Dicho esto, Sai toma un papel del bolsillo de su pantalón y lo rompe a la mitad. La joven reconoce que esta es la señal que indica al marionetista la necesidad de una reunión de emergencia—Debemos reunirnos con él, y terminar con esa organización antes de que tengan tiempo de descubrirnos.

— ¿Cuál es el plan, entonces?

—Salimos de la aldea, y no volvemos hasta que esto se termine. Visitaremos cada base, interrogaremos, eliminaremos a quien se nos oponga, volveremos nuestros contactos a todos aquellos a los que podamos controlar y repetiremos esos pasos hasta que no quede nadie para atestiguar sobre nuestra identidad, o sobre la relación que tenemos con nuestro conocido.

Sakura sólo sigue con la vista las marcas que su compañero va indicando a lo largo de su discurso, sintiéndose impresionada por su tono ante la latente amenaza que deberán ir a enfrentar en breve. Es la primera vez que lo escucha tan firme y tan decidido en algo.

"Y ese algo es una masacre."Se recuerda a sí misma, mordiéndose el labio inferior ante la expectativa que la sola palabra evoca.

—Entendido—Asiente, aún sin haber terminado de digerir la magnitud de las circunstancias—.Pero la Serpiente no es un grupo pequeño. Sabes que esto podría demorar meses.

—Que así sea, entonces—Acota Sai con pragmatismo al tiempo que vuelve orbes azabaches hacia ella—.Yo me encargaré de los víveres esenciales. Tú debes preparar tu armamento y tu ropa. Y eso incluye varias mudas de ropa civil, todo tipo de ropa civil. Probablemente, necesitaremos pasar tiempo de incognito haciéndonos pasar por Dios sabe quién.

La mujer se toma un segundo de silencio y suspira, permitiéndose un instante para comenzar a procesar el plan.

—Entonces, es una misión de larga duración, de objetivo amplio, y con necesidad de mantener nuestras identidades en secreto… —Resopla antes de tomar nota de las últimas dificultades—.Sin refuerzos de la aldea… y, lo peor de todo, es una carrera contra el tiempo.

—Correcto ¿Alguna pregunta?

— ¿Qué mentira le diste a Tsunade?—Pregunta Sakura con una ceja alzada y cierta dosis de ironía en su semblante.

—Le dije que debía defender a mis contactos, y que tú eras la única ninja en la aldea que cumple los requisitos que necesito para cumplir mi cometido—El ANBU sonríe—.Técnicamente, eso es verdad.

—Sólo dime cuáles son nuestras ventajas—La ninja se desanima ante el pronóstico, que cada vez se le antoja más y más desalentador—.Quiero una buena noticia antes de que vaya a prepararme.

—Estoy movilizando a mi gente para tener un flujo consistente de información. La Serpiente ha probado ser vulnerable, y Sasori podría eliminarlos él solo. Pero ahora seremos tres ninjas fuertemente entrenados haciendo el trabajo. Cobré una gran cantidad de los favores que me fueron debidos para ralentizar cualquier esfuerzo de aquellos que estén investigándonos. La Serpiente caerá, y nos aseguraremos de que lo haga rápido—Prosigue el de Raíz sin perder el gesto sonriente en su rostro—.No existe otra opción.

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Dos días después a su última reunión, y antes de que el astro rey se presentase sobre el azulado firmamento, los dos espías de Konoha salen de las puertas de la aldea. Ambos están ataviados de sus usuales uniformes de servicio, y llevan cantimploras a mano, porta shuriken atados a la cadera, y mochilas cargadas de diversos pergaminos. Después de todo, para una misión de esta duración, no hay manera más conveniente de cargar el equipo necesario, ya sea armamento, alimentos secos e imperecederos, mudas de ropa u otros elementos de aseo personal, que con herramientas de invocación.

Acorde a la crucial importancia de su misión, su subsiguiente paso sobre las ramas de los árboles es veloz y ligero. Ambos están al tanto de que no pueden demorarse en el camino, ya que deben encontrarse con el marionetista en unas pocas horas.

Sin lugar a dudas, Sasori se encontraría alarmado después de haber recibido la señal. Así que ninguno de los dos quiere hacerlo esperar demasiado.

No obstante, a pesar de lo rápido que tuvo que adaptarse a esta nueva situación, Sakura pudo tener algo de tiempo para pensar en otros asuntos, menos importantes, a lo largo de este último mes.

La manera en la que ella y el marionetista se despidieron la última vez fue… poco formal. No tanto como la noche que precedió a esa despedida, pero sin los protocolos adecuados debido a lo acontecido junto al fogón.

Llegado un punto, hasta tuvo que admitírselo a sí misma: Aquella vez fue infantil, tuvo vergüenza, y eso fue algo totalmente estúpido de su parte. Un triste y, demasiado vergonzoso, producto de no haber tenido experiencias cercanas con el género masculino por todos los motivos correctos.

Su entrenamiento de combate, sus estudios de medicina, sus misiones… y Sasuke. Con toda esa lista en su haber, no tuvo tiempo para gastar en esa clase de experiencias.

Está bien… No todos sus motivos fueron buenos… y tampoco tuvo chances de rechazar tales experiencias.

Al menos, ya se siente lo suficientemente madura para admitir eso también.

El punto es que su reacción fue estúpida, y algo que no volverá a repetir de ahora en más. No huirá de él como si hubiese hecho algo que no debe, porque solo hizo todo lo que debía hacer. No esquivará su vista de nuevo. Después de todo, hace tiempo que ella se ganó el derecho de ser tratada como su igual.

Ha llegado lejos, ha dejado de ser, tanto a ojos de sus mayores, como de sí misma, la niña estúpida que perseguía ideales imposibles. Pero, más importante aún, ha dejado de temerle a lo que un libro diga de una persona, ha aprendido a juzgar por sí misma, a hacer lo necesario por el bien de su aldea. Y esas enseñanzas son algo valioso, algo que no se permitirá olvidar.

En una cuestión de pocas horas, pero de arduo esfuerzo, ambos ninjas llegan a las orillas del modesto río, que hace un mes atrás había sido pactado como sitio de encuentro para el trío.

Y fiel a su palabra, el marionetista ya está allí, sentado sobre un gran árbol caído, y a medio sumergir sobre la corriente, aguardando por la llegada del dúo. Al verlos acercarse entre los nogales y arbustos circundantes a la ribera, el artista de lo eterno desciende al suelo en gesto solemne e impasible, en total contraste con el aspecto acalorado y sudoroso de sus dos anfitriones.

A diferencia de lo que ocurrió la última vez que se vieron, esta vez la kunoichi observa al renegado a los ojos, sin desviar la mirada hacia otro punto del paisaje, por más tentador que ésto fuera.

Y en los ámbares ajenos, ella puede ver un dejo de preocupación e impaciencia. No hay un saludo que la reciba, sólo la pregunta que había consumido la mente del pelirrojo desde que recibió la señal.

— ¿Qué ocurre?—Es lo primero que pregunta el renegado cuando consigue estar cara a cara con el dúo de Konoha.

—Cambio de planes. Nos unimos a ti en el ataque a la Serpiente. Necesitamos acelerar su caída—Jadea Sakura, antes de dar un largo sorbo al agua de su cantimplora para refrescarse del calor del sol.

—Hay demasiados rumores entre los civiles que pueden guiar a la Serpiente a descubrir nuestras identidades, y qué tipo de conexión tenemos entre nosotros—Prosigue Sai, pausando luego de la primer oración para tomar aire y secarse el sudor de la frente. Los viajes largos, más la intensidad del Sol, lo afectan significativamente más que a su compañera—Coinciden en el tiempo con el comienzo de tus actividades, y se alinean con las áreas aledañas a las bases sobre las que tenemos conocimiento.

Sasori no reacciona con más que un parpadeo ante la exposición del otro artista. Sin titubear, ni tan siquiera tener que pensar en lo oído, su mente acepta la nueva situación y comienza a actuar de manera acorde a la misma.

—Entonces, necesitamos planear nuestros siguientes pasos. Y ustedes necesitan saber que lo que me verán hacer no es nada agradable a la vista—Habla sin disimular demasiado un vistazo de reojo a la rosada.

—Lo sé, y lo entiendo—Contesta Sai.

—Vinimos sabiendo lo que deberíamos hacer—Agrega Sakura con las manos posadas a cada lado de su cintura, casi ofendida ante el implícito pedido de precaución del pelirrojo para con su persona.

Luego de haber puesto al tanto a su peculiar contacto, el dibujante toma asiento sobre el césped, y, tras un sorbo de agua de su propia cantimplora, decide la dirección que los tres tomarán a continuación.

—Yo necesito descansar, y todos nosotros necesitaremos estar en la misma página sobre nuestros siguientes pasos—Comienza mientras desdobla una serie de mapas, guardados en un cuaderno sacado de su mochila, y los extiende sobre la libreta abierta, frente a su propio regazo—.Sasori, ¿Podrías marcar las bases de las que ya te has encargado?

Sakura observa como el marionetista a su lado toma el pincel que Sai le extiende, y, con sus hilos de chakra, y lo utiliza para dibujar una decena de cruces sobre un mapa del país del Fuego. La joven es consciente de la seriedad de la misión. Y, al igual que el pelirrojo, decide dejar las inquietudes personales para otro momento.

Por su parte, el ANBU de la Raíz toma otro pincel, lo moja también en tinta negra, y dibuja una seguidilla de puntos y círculos en el mismo mapa.

—Estas son todas las bases de las que tenemos conocimiento. En aquellas que están marcadas con círculos, tenemos contactos que aceptaron unírsenos—Termina esa oración, y pasa a señalar dos de los puntos plasmados recientemente en el papel—. Jamás recibimos respuesta de estas dos locaciones, y tenemos cartas enviadas a todas las bases conocidas, sin excepción.

Sakura, que hasta el momento sólo tenía un conocimiento muy acotado sobre el territorio que Sai y Sasori estuvieron 'administrando', queda atónita ante la gran cantidad de símbolos que recubren el mapa de su país, y que incluso se extienden fuera de las fronteras del mismo.

—Tendremos que ir a las bases en las que ya tenemos infiltrados, para poder obtener datos sobre los demás escondites de la organización que todavía desconocemos—Comenta el artista de lo eterno con el profesionalismo que lo caracteriza.

—Y optimizar nuestro camino para hacerlo de la manera más eficiente posible—Agrega Sakura sin dejarse intimidar ante el número de círculos que pueblan el mapa.

En respuesta, Sai dibuja un símbolo semejante a un ave, en un área cercana a su ubicación actual, y luego repite este símbolo otras múltiples veces, cubriendo casi el mapa entero en ellos.

—Puedo recibir información y respuestas de nuestra red de espías en cualquiera de estos puntos. Será importante que pasemos por alguno de ellos, al menos una vez por día, para mantenernos al tanto de la situación—Anuncia el dibujante a sus dos compañeros, de pie frente a él.

— ¿Qué hay de las bases que descubramos a partir de ahora? —Pregunta la rosada a su equipo.

—El objetivo es terminar con la Serpiente en la menor cantidad de tiempo posible. Si una base recién descubierta está lejos, podemos intentar ganar un espía dentro de dicho escondite antes de que nosotros lleguemos. Y, si la base está cerca, no podemos detener nuestro progreso. Deberíamos atacar sin rodeos—El marionetista responde a la interrogante con tanta eficiencia como falta de consideración por las posibles vidas inocentes en la base.

En consecuencia, Sakura contempla en silencio a su ex informante, sin palabras para replicar ante la veracidad de su punto. Ella es consciente de que no todos en la Serpiente están allí por propia voluntad, de que no todos saben para qué clase de organización están trabajando.

—Coincido—Agrega Sai con estoicismo, regresándole a Sakura el sentido de la practicidad.

El tiempo es vital en esta misión, no pueden detenerse a intentar salvar a cada persona en cada base. En esta misión, el daño colateral es imposible de evitar por completo.

"Al menos, intentamos evitar parte de este." Se justifica la mujer ante el dilema moral que esta situación le ha presentado.

En los minutos subsiguientes, el trío analiza el mapa y discute sobre la ruta que mantendrán a partir de ahora. Los tres ninjas, cada uno con distintas preparaciones, pero unidos por una sola misión, más la urgencia de la misma, se sincronizan en su meta a una velocidad inusual.

Sasori se percata de la peculiar armonía en la que la discusión de los tres ha caído. Le causa cierta gracia. Al parecer, cuando un barco se hunde, los pasajeros, por distintos que sean, pueden coincidir en el deseo de no ahogarse.

Y es este instinto de supervivencia, que los tres comparten, lo que les permite ignorar sus diferencias en favor de un objetivo común: ver caer a la organización de la Serpiente.

Al cabo de poco más de una hora, que los ninjas de Konoha también aprovechan para almorzar un poco de arroz, pan, legumbres y verduras hervidas; finalmente llegan a una determinación acerca de cuál será su primer objetivo: esta misma noche, se adentrarán en una de las bases que nunca respondió a sus ofertas de paz.

Es lógico pensar que la falta de respuesta sólo puede ser interpretada como una señal de que la carta ha sido interceptada por la Serpiente, antes de que cayese en manos de un posible contacto. Y, dadas las circunstancias, los ninjas no pueden ignorar ese riesgo.

Por este motivo, acto seguido a la resolución del equipo, el viaje hasta esta locación es emprendido. Sin embargo, el nuevo ritmo de su andar por los árboles termina siendo definido por el ANBU de la Raíz, quien limita al equipo a viajar a una velocidad humana.

Sakura, gracias a la rigurosidad de su entrenamiento físico, más sus técnicas de regeneración de tejidos, puede mantener un paso más rápido que la media, e ignorar el cansancio por un tiempo nada despreciable. Por otro lado, Sasori no conoce el cansancio, y, a pesar de que su velocidad no equipara la de la kunoichi, bien puede compensarlo con su paso constante. Sai, a diferencia de ellos, no tiene más que una resistencia estándar, y un cuerpo no muy entrenado en las artes físicas. A decir verdad, él preferiría haber viajado en una de sus aves, tanto para llegar a Sasori como para arribar cerca de su próximo objetivo, pero no puede darse el lujo de desperdiciar sus creaciones en movilidad. No cuando se encuentra en una guerra de tres contra miles.

La luna llena ya ilumina el firmamento con todo su esplendor, cuando los tres shinobis, ataviados ahora con túnicas negras, deciden cesar su avance hacia la base. A unos cientos de metros de su destino, el equipo se resguarda sobre diferentes ramas de un mismo árbol, manteniéndose ocultos en las débiles sombras que la luna llena provee a la espesura del bosque. A través de las hojas del alto nogal, ninguno de ellos puede distinguir señales de civilización, ni pueblo alguno, en kilómetros a la redonda. Sólo una empinada montaña de piedras y arbustos al noreste, más un declive en el terreno que se extiende, desde donde ellos se encuentran, hasta algún punto del horizonte de su costado suroeste.

Pero, si de algo están seguros, es que el sitio que buscan debe de ser una base escondida en esta área del bosque, similar a aquella primera instalación que el marionetista había vaciado en su ataque de ira.

—Este será el patrón que seguiremos para atacar las bases—Musita el ANBU desde una rama a mitad de la altura del árbol, teniendo a Sakura en una rama de al lado, y a Sasori en otra justo arriba de su cabeza. Tomando el liderazgo frente a la situación, saca un pergamino de su porta shuriken, e invoca sus creaciones de tinta.

Un ejército de pequeñas arañas negras nace del rollo de papel, y desciende por el tronco, para luego comenzar a moverse en dirección a la entrada de la base, utilizando el césped y los arbustos como escondite.

El artista del movimiento explica brevemente la utilidad de su jutsu, mientras que pega su espalda contra el sostén principal del nogal:

—Mi técnica es ciega en lo que refiere a enemigos vivos, pero es sigilosa y capaz de proveernos con un mapa de todas las habitaciones, muros y puertas en la base. Mientras esperamos, mis creaciones están recorriendo cada rincón del perímetro, buscando cualquier anomalía por la que un insecto de su tamaño pueda transitar—Saca un papel en blanco de su bolsillo, y lo alumbra frente a sí con su linterna—Una vez que ellas encuentren un patrón no natural, se posicionarán en las esquinas de las habitaciones y su posición será reflejada en este papel, otorgándonos un mapa bastante detallado de la instalación.

—Sorprendente—Comenta Sasori sin mutar su tono, acuclillándose sobre su soporte para poder ver el pequeño papel en manos del otro artista. Aún así, se encuentra a sí mismo honestamente admirando la practicidad de la técnica ajena.

—Podremos detectar todas las entradas y salidas en unos minutos. Si son más de tres, destruiremos o bloquearemos las que sobran. Y, al entrar, eliminaremos a todo aquel que no le falte el dedo correcto—Anuncia el ANBU al resto de su equipo.

—No podemos aceptar a aquellos que acepten la oferta a último minuto. Alguien así no es confiable—Añade el renegado con recelo ante la idea.

El pálido shinobi no está de acuerdo con el punto del titiritero, pero ese desacuerdo no merece una discusión. Por ahora, es capaz de aceptar ese estándar.

—Está bien—Le concede al pelirrojo, sin darle mayor trascendencia a la diferencia de opiniones.

Lentamente, la hoja sostenida por Sai comienza a presentar líneas que directamente describen los planos de la instalación oculta en su totalidad.

—Tendremos que obtener información. Quizá, deberíamos conservar algunos miembros vivos para interrogarlos—Sugiere por primera vez la médica.

—Buen punto—Accede el marionetista—.Conservemos vivos un par de hombres para interrogarlos. Es más, podemos usar a uno como ejemplo de lo que le pasará al resto si no colaboran con nosotros. Luego de obtener lo que podamos, nos deshacemos de todos.

Sakura se ve ligeramente impactada por la facilidad con la que Sasori sugiere recurrir a la tortura. Por momentos, le es fácil olvidar ese aspecto de él. Sin embargo, sacude su cabeza para regresar a la realidad. La misma Konoha tiene un departamento de interrogación y tortura. Estos métodos no son agradables, pero sabe cuán necesarios pueden llegar a ser.

La rosada accede en silencio ante las palabras de su ex informante, al tiempo que el mapa de Sai se completa en todos sus detalles.

—Hay algo extraño…—Parpadea sorprendido el artista del movimiento, exhibiendo una mueca de incredulidad ante la visión de su técnica finalizada.

— ¿Qué ocurre? —Interroga el pelirrojo, cuando nota que no le es posible entender lo que pone el mapa de Sai. Como era de esperarse por parte de un espía, su técnica entrega datos que son encriptados, e indescifrables, a ojos que no pertenezcan al propio ANBU.

Sai da vuelta el papel, y, acuclillándose para usar su rodilla como apoyo del mismo, da rápidas pinceladas sobre el lienzo. De este modo, con su mano libre dibuja un plano de la instalación, al tiempo que lo mantiene alumbrado con su otra mano, para que los otros dos puedan entenderlo.

—Todos los puntos de acceso están bloqueados desde afuera, excepto uno. Y este está abierto de par en par.

Los otros dos ninjas se acercan más para escudriñar el mapa, obteniendo la misma conclusión que el dibujante: alguien se les adelantó.

Otra fuerza está atacando a la Serpiente. Y la única cuestión que resuena en sus mentes, es saber si esta fuerza está dentro de la fortaleza ahora mismo, o lo estuvo en el pasado. Saber si esta fuerza logró dominar la base, o fue repelida por la Serpiente.

El hecho de que otros grupos estén interesados en hacer caer a la Serpiente no es algo que en sí mismo les sorprenda. No es algo que Sai o Sasori no hayan pensado antes. Después de todo, cuando una fuerza militar comienza a debilitarse, sus oponentes siempre se aprovechan para tomar venganza. En realidad, la sorpresa radica en que esto ocurriese tan pronto.

El improvisado equipo debate entre susurros sobre el siguiente paso que deberían tomar ante esta inesperada eventualidad. Si esta tercera fuerza sigue allí dentro, podrían confundirlos por miembros de la Serpiente y atacarlos también. Por otro lado, si la fuerza invasora fue repelida, quizá causó el suficiente daño para hacer que las defensas mermadas de la fortaleza sean más fáciles de dominar.

Optando por la medida más cautelosa, los tres deciden acercarse más para obtener una información más directa sobre el panorama.

Y sólo bastó con aventurarse a pie unos doscientos metros, antes de que el mero olfato les indicase el actual estado de la base.

Un olor a podredumbre ha comenzado a inundar el ambiente, y el sonido de un enjambre de moscas y otros insectos se hace cada vez más audible conforme los árboles les abren paso a la ladera de piedras, que acabaría por conducirlos a la entrada de la instalación secreta.

Empero, el hedor es demasiado para pertenecer a un solo cadáver, y demasiado para pertenecer solamente a unas decenas de cuerpos. Esto es una innegable indicación de que la fuerza invasora aplastó a la fortaleza, y, también, es señal de que ya no están allí.

Si alguien aún permaneciera en la instalación, hubiera removido los restos de la batalla. Y, si alguien dejó los cadáveres a la intemperie, es porque no tiene interés alguno en conservar la base como un sitio utilizable.

Sobreponiéndose al asco y arcadas que la pestilencia les evoca, al menos, a los dos que todavía conservan el olfato, el trío sube por las piedras irregulares, apiladas unas sobre otras a modo de escalera. Y es a medio camino que se topan con el primer cadáver, hinchado, y reposando en un charco de viscoso líquido negruzco, el cual termina por confirmar la teoría de la masacre.

—Es posible que los atacantes hayan dejado trampas para cuando la Serpiente envíe hombres a averiguar lo que ocurrió aquí. Avancemos con cuidado—Esta vez es Sakura la que advierte a su equipo de un posible peligro, aunque debe de hacerlo con un pañuelo sobre su nariz y boca para contener las arcadas.

Los otros dos asienten, y se disponen a aventurarse dentro de la oscura cueva, en la cima de la cumbre de piedras, con la mayor precaución posible.

Cuando consiguen dejar atrás los cuatro primeros cadáveres en su camino, que yacen desmembrados sobre lo largo de la escalera, los shinobis finalmente se adentran en la oscuridad absoluta del recinto, que les abre el paso a los pasillos y habitaciones que conforman la fotaleza.

Contrario a lo que esperaban, luego de moverse juntos por el vestíbulo principal durante algunos minutos, no encuentran ninguna trampa, o indicio de que los atacantes hubiesen plantado alguna. En su lugar, sus linternas les ayudan a descubrir el escenario de una real y violenta masacre.

Por la apariencia del montón de cadáveres que se van encontrando a cada paso que dan, y debido al estado de putrefacción en el que se encuentran, Sakura puede deducir que la batalla se dio hace al menos unos tres días.

Una vez que se sienten confiados de que no hay otra presencia viva en tan inhabitable área, deciden separarse para cubrir mejor el terreno.

Por su lado, Sai comienza a descender por una de las escaleras al final de un pasillo a la izquierda. No obstante, al notar la abrumadora cantidad de cuerpos que yacen sobre los peldaños a mitad de camino, opta por tomar una ruta alternativa para llegar al piso de abajo.

Empero, antes de proseguir, se dedica un momento a alumbrar los restos de los defensores con su linterna, más precisamente, para ver en mejor detalle sus heridas. En un primer momento, da la apariencia de que un ejército armado con armas de filo recorrió estos pasillos, con el claro objetivo de eliminar a todos los presentes. Los limpios cortes, que persisten por sobre los huecos en la piel producto de la descomposición misma, son indicios de una batalla salvaje, casi animal, indisciplinada. Pero el hecho de que este indisciplinado grupo haya derrotado una base de este tamaño, es un evento demasiado extraño e insólito.

No debe de ser falta de disciplina. No puede ser así. Por mucho que observe estos malolientes retazos de carne sobre los escalones de piedra, no puede encontrar ningún cadáver de la fuerza opositora, ya que todos visten un uniforme que el pálido reconoce como propio de la organización atacada. No caben dudas de que la Serpiente fue invadida por un grupo de guerreros, poseedores de una técnica de combate que el ANBU nunca ha visto antes.

En otra ala de la instalación, el renegado de la Arena comienza a atar cabos en su mente al tiempo que que se desliza a través de un delgado pasillo, sin percibir el hedor de los miembros, entrañas y cabezas por allí regadas. Para él tiene sentido que una organización tan grande como la Serpiente se haya ganado enemigos poderosos. Quizá, enemigos con suficientes recursos para contratar mercenarios especializados.

Las heridas en los defensores son simplemente brutales: cortes únicos que rebanaron cabezas, brazos, piernas y torsos; puñaladas que atravesaron cuellos, pulmones, corazones y cráneos. A los ojos de este experimentado artista, los ataques de este ejercito tienen una suerte de técnica, pero su letalidad no yace en ella, sino en la velocidad y poder absoluto de estos impactos.

Volviendo a apuntar su linterna, Sasori se acerca a observar con más detalle las heridas de un cadáver, particularmente completo, que está postrado contra la pared. Un detalle en las aberturas de su carne le llama la atención.

Para empezar, el desafortunado hombre presenta un corte en canal desde la barbilla hasta la boca del estómago, que deja expuestas sus tripas cual nido de anguilas. Pero, sin embargo, no es el corte en sí lo que detiene su mirada, sino que, la carne que rodea la herida, más todos los órganos de su interior, exhiben un color negro y aceitoso que no puede explicar con la simple putrefacción.

Además, la carne, a pesar de podrida, aún rezuma un líquido viscoso y negruzco, que mana de las heridas y órganos hasta formar un charco grasoso en el suelo.

"Esta melaza negra y putrefacta es la misma que vi en el primer cadáver que encontramos. Aquel que estaba tirado en la escalera fuera de la cueva."

Sasori nota también, tras un chequeo panorámico de su linterna, que en los demás cadáveres presentes no se presenta este tipo de descomposición.

El titiritero no tarda en reconocer en este cuerpo las huellas de un viejo veneno con el que trabajó hace años. Uno que utilizó en su armamento hasta que, eventualmente, se desarrolló una sustancia que podía prevenir el efecto de fermentación de la sangre, provocada por la corrosión del fármaco.

"Parece que este ejército utiliza venenos desactualizados."

A pesar de ser capaz de identificar el veneno que utilizaron, no puede descifrar la técnica, ni el arma de estos atacantes. No por completo. Pero puede alegrarse de que estos tengan la intención de ver caer a la Serpiente al igual que él.

Esto le parece tanto una bendición como un problema. Es verdad, la Serpiente caería más rápido si sus enemigos comienzan a atacarla al mismo tiempo que él. Pero esta clase de ataques solo hará que la organización decida invertir en más y mejores defensas. En este momento, el pelirrojo comienza a agradecer el hecho de que no tendrá que enfrentarse a todas las bases sin ayuda.

Volviendo al dibujante, éste consigue otra escalera que lo lleva al piso de abajo, donde inspecciona cuarto por cuarto hasta encontrar uno en el que un desorden de papeles reposa sobre otro escenario macabro.

Acercándose a un cuerpo decapitado que se encuentra sentado frente a un escritorio, en medio de una titilante luz de emergencia verdosa, el artista se sobrepone una vez más a su deseo de vomitar, y comienza a mirar con mayor detalle las páginas desplegadas sobre la mesa frente al cuerpo.

A pesar del esfuerzo que le toma leer la tinta, entre las manchas de fluido negro, no encuentra nada que le pueda guiar a otras bases.

"Parece que los autores de este desastre no dejaron nada útil." Se dice a sí mismo, llevando la manga de su abrigo a cubrir su nariz.

Maldice su suerte. Si hubiesen llegado antes, habrían podido rescatar datos.

Entre decepcionados y asqueados, los tres ninjas finalmente salen al exterior de la base bañada en sangre y penumbras, pero sin haber rescatado nada útil de allí.

Sasori no esboza ninguna mueca. En su mente, sólo se preocupa por las implicaciones de este descubrimiento.

Por su lado, Sai no puede evitar verse ligeramente frustrado por cuan inútil resultó ser el viaje a este sitio. Y, alejándose un poco de los otros dos, tampoco se ve capaz de evitar el vómito que estuvo conteniendo durante su estadía dentro de la inmunda instalación.

Sakura, en contraposición a sus compañeros, se ve mucho más afectada por todo lo que presenció dentro de esos oscuros pasillos. Esa fue la primera vez que vio los restos de una masacre tan brutal como esta. Sus ojos no pueden evitar ver la crueldad detrás de estos asesinatos. Es claro para ella que no todas las muertes, que se dieron en esta base, fueron rápidas. Si bien puede comprender que a este grupo lo hayan contratado para asesinar a los presentes, lo que había visto dentro de ese sitio decía otra cosa. Es evidente que, muchos de los muertos allí, fueron inmovilizados y dejados a desangrar a propósito, para puro placer de sus torturadores. No cabe duda de que en esta batalla hubo muertes innecesariamente lentas y dolorosas.

No puede entender ese sadismo, ese disfrute por el sufrimiento ajeno.

—Tú eres el experto en estas cosas. ¿Qué opinas de esto? —Pregunta la mujer al Akasuna, una vez que el equipo se aleja finalmente del rango del hedor.

Ella pregunta esto al marionetista con la sola intención de que su voz la distraiga de pensar en lo que había visto allá adentro.

— ¿Honestamente? —Se encoge de hombros antes de proseguir—.Quienes hayan hecho esto son jóvenes, sádicos o están locos. Son buenos, pero no son verdaderos profesionales. Si alguien debe morir, no veo por qué hacer de ese paso un espectáculo.

Sakura siente cierto alivio al escuchar esta respuesta de su amigo. En vez de una distracción, encuentra en las palabras del pelirrojo un pensamiento que ahora mismo necesita: existe una diferencia entre Sasori y los responsables de esta escena.

"No todos los asesinos son monstruos."

Necesita recordar eso, necesita creer eso. Porque ella sabe que no podrá pasar esta misión sin hacerse responsable de un par de escenarios similares a este.