Es necesario.


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Tras terminados todos sus asuntos en aquel macabro fantasma de fortaleza, los tres shinobis descienden la colina con la intención de alcanzar el pequeño valle que se despliega más adelante en el paisaje. Su objetivo no es otro que montar un campamento en algún lugar no empinado, y cerca de algún río o fuente de agua natural.

De más está decir que el viaje hasta aquella montaña ha sido agotador para los dos de Konoha, y más todavía si se contempla que, al final del día, sólo han perdido el tiempo.

Afortunadamente, no les toma demasiado de caminata entre árboles y maleza hasta que consiguen encontrar un manantial, a medio camino entre el valle y la elevación que lleva a la zona montañosa, en la cual dejaron atrás al mar de cadáveres putrefactos.

Ahora, tanto Sakura como Sai sólo quieren descansar por unas horas, al menos para deshacerse de las secuelas físicas que este trago amargo les ha dejado. Así que no se lo piensan demasiado antes de asentarse cerca de aquel naciente.

— ¿Aquí?—Pregunta la kunoichi al resto de su equipo, apuntando su linterna hacia un amplio espacio circular en medio de unos cinco árboles, cuyo césped se ve ideal para levantar su tienda de campaña.

El ANBU de la Raíz asiente en silencio, dejando su equipaje junto a un árbol para darle una mano a su compañera con la tienda, que acaba de invocar allí gracias a uno de los pergaminos que se trajo con ella desde Konoha.

—Haré guardia, ya que yo no necesito dormir. Ustedes aprovechen lo que queda de noche—Sugiere el pelirrojo sin encontrar ninguna oposición, para luego alejarse un momento del claro en busca de leña para una fogata.

En los minutos subsiguientes al levantamiento de la carpa, el dúo de Konoha extiende las bolsas de dormir dentro de ella sin demasiada ceremonia.

—Tenemos que intentar averiguar quién está detrás de ese ataque. Quizá, sólo estamos deshaciéndonos de un problema para dar paso a otro mayor—Acota Sai desde el interior del refugio, mientras Sakura está de pie junto a la entrada para alumbrarle el recinto al artista con su linterna— ¿Alguna idea de quienes podrían querer a la Serpiente fuera del juego, además de nosotros?

—Para cuando los abandoné, me había asegurado de que no tengan a nadie que represente una verdadera amenaza a sus planes. Nadie excepto Akatsuki, pero ellos no se molestarían en eliminar a quienes no se interponen en su camino. Debieron haber formado enemigos luego de que me fui—Interviene Sasori desde atrás, hallándose ya de regreso en el campamento y apilando unos leños recién cortados sobre la tierra, preparada de antemano por sus compañeros de misión—.Quizá es un conflicto interno, una sección de la organización intentando dominar al resto.

—Parece que sólo logramos agitar un nido de avispas—Musita Sakura con una mueca de inquietud, apartándose de la entrada de la carpa para que el dibujante pudiese salir a la intemperie.

—El caos nos beneficia—Intenta tranquilizarla Sasori, al tiempo que se acuclilla frente a la madera con un fósforo encendido en mano—No hará más fácil la tarea de terminar con la Serpiente. Además, esta fuerza puede desviar su atención de nuestras actividades. Si actuamos con rapidez, podemos asegurarnos de que el daño de este escándalo no recaiga sobre nosotros. De todos modos, tendremos un panorama más claro cuando visitemos la siguiente base con la que perdimos contacto.

Sakura suspira con cansancio. Por ahora, está agotada de pensar en la Serpiente y en sus cazadores misteriosos. Tanto así, que ha comenzado a dolerle la cabeza con sólo seguir imaginando las posibles eventualidades que se desmantelan ante el hecho de que hay otros enemigos de la organización, a los que no les interesa en lo más mínimo el ser sutiles para conseguir sus objetivos. Sean cuales sean estos.

De este modo, se adelanta a su compatriota en la faena de sacar un pergamino especial de su equipaje.

—Ya pensaremos en otro plan mañana, cuando hayamos recibido nuevas noticias de los espías de Sai. Ahora, si me disculpan, me voy a bañar para quitarme el olor a podrido de esa condenada base—Sentencia dándoles la espalda a los dos ninjas con linterna en mano, sólo para perderse entre los árboles aledaños, en dirección al manantial.

Al quedar solos ambos artistas, el campamento se sume en un silencio casi absoluto. Al punto que lo único que prima sobre el ambiente es el crepitar de las brasas del fuego, que ha pasado a bañar la oscuridad del bosque de una luz rojiza y cálida, además de las luciérnagas y el ocasional zumbido de los mosquitos.

Sasori se queda de pie contra el tronco de un árbol, con los brazos cruzados debajo del único resquicio de tejido de su cuerpo, mientras observa de vez en cuando al pálido shinobi de Raíz. El artista del movimiento está sentado frente a él, pero del otro lado de la fogata.

A simple vista, parece como si el ANBU estuviese redactando algún tipo de mensaje en un pergamino en blanco. No obstante, su anterior desempeño en el reconocimiento del área de la base le ha demostrado a Sasori que el compañero de Sakura no es alguien que se deba de tomar a la ligera.

El marionetista afila aún más su mirada cuando ve como el 'mensaje' del espía más joven se materializa en la forma de un ave. Acto seguido, y de un modo muy similar a lo que hacían las creaciones de arcilla de Deidara, el pájaro de tinta se despega del lienzo de su creador y se aleja volando por el cielo nocturno.

"Quizá, siempre lo tenga de mi lado, pero, si algún día lo llego a tener en mi contra, sería mejor saber más sobre él, o sobre cómo funcionan sus técnicas."Razona Sasori, cerrando sus ojos para no hacer evidente su estudio sobre el sobrio espía.

Sin lugar a dudas, la visión del pájaro de tinta abandonando el campamento será un detalle que se quedará en la mente de Sasori por el resto de la noche.

Mientras tanto, a un par de metros del campamento, un pergamino desenrollado yace sobre una roca a medio sumergir en la orilla del manantial. Y en otra roca de al lado, reposan dos mudas de ropa: una sucia y desordenada, y otra limpia y bien plegada.

La dueña de estos objetos se encuentra un poco más atrás, mojada, desnuda, y acuclillada sobre los guijarros y arena del suelo. Con un cubo de plástico a su lado, lleno del agua del naciente frente a ella, Sakura se enfoca lavar su cabello y enjabonar su cuerpo con bastante recelo, empeñada en lograr que el hedor de aquella base abandonase sus pensamientos mucho más que a su cuerpo.

Un escalofrío recorre su espalda cuando vierte el agua fría del cubo sobre su cabeza, pero una sensación de alivio la invade casi inmediatamente después.

Tanto así que, luego de ir a buscar varios cubos más de agua para terminar de enjuagarse el jabón del cuerpo, la ninja no puede resistir las ganas de entrar por completo al naciente, deteniéndose únicamente cuando el nivel del agua llega a rozarle las clavículas.

La paz de una noche de verano como esta, más la luz de la luna llena reflejándose en el agua, la presencia bastante acotada de los mosquitos, y las ocasionales luces verdosas de las luciérnagas entre los árboles y el follaje circundante, hacen de esta experiencia algo por demás relajador para la agotada ninja. Al menos, esto le ayuda a sacar de su mente las imágenes que vio hace tan poco.

A eso de las dos y media de la madrugada, Sai y Sasori la ven regresar al campamento con otra ropa puesta, y portando el cabello húmedo y su ropa sucia en una bolsa de nailon. El marionetista nota un cierto cambio de aura en ella respecto a hace un rato. No puede evitar alegrarse por el hecho de que ella parece haber encontrado una manera para sobreponerse a su estrés.

En respuesta a su regreso, Sai toma distancia del fogón, con su propio equipaje en mano, para ir a ocupar el lugar de su compañera en el agua.

Y, quizá gracias a ese fugaz momento de privacidad brindado por la desaparición del shinobi, Sasori se decide a dejar salir sus pensamientos antes de que la kunoichi se retirase a descansar a sus 'aposentos':

— ¿Cómo te encuentras?—Le pregunta sin despegarse de su cómodo lugar contra el tronco del árbol.

La muchacha, deteniéndose en seco al pasar frente a él, se voltea a mirarlo con una sonrisa de amabilidad en sus labios.

—Bien, aunque me duele un poco la cabeza—Dice llevándose el dorso de la mano a sobar su frente—Pero no te preocupes, me he tomado un ibuprofeno. Estaré bien para mañana.

El marionetista quiere devolver la sonrisa, pero una mezcla de prudencia, recelo y preocupación le evita responder al gesto de alguna manera visible.

—Ya veo… Bueno, que descanses—Reza el hombre en respuesta al silencio incómodo que se forma luego de las palabras de la dama.

—Buenas noches—Responde Sakura en un tono de torpeza similar, para luego escabullirse en el interior de la carpa con el plan de no pensar en más nada hasta el día siguiente.

Por otra parte, el pálido artista del movimiento también le da un cierto uso a su nueva soledad. Sumergido en las profundidades del manantial, el artista del movimiento consigue meditar sobre la situación de un modo mucho más efectivo de lo que lo haría jamás en tierra firme.

Al cabo de unos tres minutos, saca finalmente su cabeza y espalda desnuda a la superficie, quedándose a observar la luna llena por un instante, sólo para volver a adentrarse en la oscuridad de las aguas más profundas.

Los rumores de la marioneta volverán a la Serpiente una bomba de tiempo, que bien podría explotar sobre Sakura y sobre sí mismo.

"No puedo permitir eso."

El nuevo jugador que está atacando a la Serpiente podría ser el responsable de los rumores.

Siendo que Sasori está seguro de haber tomado todas las medidas necesarias para cuidar que sus actividades no repercutieran de manera negativa…. Puede que no sea él, sino este nuevo jugador el que está utilizando los rumores como pantalla para sus operaciones. La idea en sí no es algo tan inaudito, ya que aquel que no puede ocultar sus acciones, bien puede disfrazarlas de algo distinto o desviar la culpa.

"Pero… ¿Por qué una marioneta viva? Esto es una casualidad demasiado perjudicial para él."

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Una vez que los rayos del sol hacen retroceder la oscuridad de la noche, la rosada y el dibujante se despiertan y proceden a abandonar el resguardo de la carpa, antes de que el sol la volviese un invernadero.

El marionetista, de pie frente a las cenizas que quedaron del fogón, les reporta que la noche careció de sobresaltos.

Luego de un pequeño tiempo, ocupado para desayunar, los tres ninjas comienzan a levantar el campamento para partir a su nuevo destino. Sakura devuelve la carpa a su pergamino de invocación, al igual que las mudas de ropa sucia, mientras que Sai hace lo propio con las bolsas de dormir.

Una vez que todo está empacado y en su sitio, Sai observa el mapa, que anteriormente había marcado con todos los puntos de contacto con sus espías aliados, y comienza a guiar al resto del equipo para dirigirse al que actualmente le queda más cerca.

De esta manera, contando una pequeña parada para almorzar, y otra para orinar, no les toma mucho más de cuatro horas el desplazarse varios kilómetros al oeste del bosque nororiental del país del Fuego, consistente en una zona llana, de césped alto, y abundante en arroyos y árboles frutales.

Al llegar a la encrucijada señalada en el mapa del artista, Sai les indica a sus acompañantes que detengan su paso y desciendan al suelo.

Sin embargo, la visión que aparece ante el grupo no es diferente de la que vinieron presenciando a lo largo del viaje. A decir verdad, no parece más que otra sección del bosque, con altos nogales entremezclados con enredaderas y otros frutales repartidos a sus costados.

No obstante, Sai se acerca al tronco de un viejo álamo. El único de esta estirpe existente en, al menos, diez metros a la redonda. Y, tras darle la vuelta al árbol una vez, termina encontrando en su superficie el hueco que desde el principio esperaba encontrar. Mete su pálida mano enguantada en la abertura de la madera, y, de su interior, saca un papel. A simple vista, éste último se denota como un desprolijo mensaje que fue enrollado a toda prisa.

Sasori y Sakura se acercan al espía mientras éste lee lo que sus contactos pusieron en el papel.

—Aún no tengo datos sobre la identidad de los atacantes, ni de quienes los contrataron. Pero ya tengo hombres cazando rumores—Expresa Sai al levantar su mirada del lienzo en sus manos.

El marionetista decide guardar para sí mismo sus deducciones respecto al shinobi de Konoha. Solo ha visto dos técnicas del artista del movimiento, y éste ya comienza a erigirse como una de las personas con más potencial en el campo del espionaje. Ya demostró tener la capacidad de explorar terreno en gran detalle cuando tuvo que ingresar a la derruida fortaleza. Ahora, es seguro deducir que es capaz de utilizar sus técnicas de tinta para enviar mensajes a distancia, y en un plazo bastante corto.

No caben dudas de que este joven tiene las técnicas necesarias para controlar eficientemente un número de contactos que a otro espía le parecería absurdo. Además, no necesita de informantes para mapear el terreno enemigo, ni necesita de mensajeros para transmitir la información.

Debe existir alguna debilidad en tales técnicas, no puede ser que algo tan influyente no tenga su punto débil.

"No sólo las técnicas." Se autocorrige Sasori.

"Al haber comenzado a atraer contactos con mi ayuda, él ha demostrado la iniciativa y el juicio para crear su propio imperio de espías y contactos."

A ojos del renegado, Sai aún es joven. Y es a causa de esta juventud que aún no conoce todos los requisitos intricados, y maneras de juzgar quien es, y, quizá más importante, quien no es de confianza para crear una red de contactos verdaderamente impenetrable. Esto es algo que el muchacho le había demostrado cuando quiso permitirles el ingreso a hombres que decidían unírsele a último minuto.

A pesar de esto, el pálido shinobi no debe ser subestimado, ya que, si sus errores no ponen fin a su ascenso, él podría volverse la cabeza del espionaje de Konoha… Y, ¿Quién sabe?Ssi decidiese traicionar a su aldea… podría ser el sujeto más influyente del continente. Sin contar a los miembros de la nobleza, claro.

—Ahora, yo aconsejaría que ambos recuperen sus energías—Habla el pelirrojo con frívola practicidad—.Quizá, la próxima base que visitemos también haya caído, o quizá debamos hacer ese trabajo nosotros.

La frase no es del todo bien recibida por Sakura. El recordarse a sí misma que una escena como la que vio ayer debe ser cometida por sus propias manos no es algo que facilitase su apetito.

No obstante, moja su rostro con agua de su cantimplora y frota sus ojos, tanto para refrescarse del calor, como para ocultar sus expresiones de sus otros compañeros mientras se reprocha a sí misma:

"No es así. No es lo mismo. Es necesario que la Serpiente caiga, pero no es necesario que haya tanto sufrimiento ni carnicería."

En los siguientes minutos, un nuevo objetivo es trazado por los ninjas: la segunda base marcada con un punto, en dirección noroeste, y a relativamente un día de viaje más.

Debido a que en esta ocasión les sería imposible llegar para el anochecer, tanto Sai como Sakura deciden no derrochar sus energías como ayer, y mantienen un paso regular sobre los nogales hasta la puesta del sol, momento en el cual deciden detenerse a acampar en un claro a cielo abierto, a las orillas de un río.

Al igual que ayer, Sasori enciende la fogata, pero apiña una cantidad de palos y piedras sobre la llama para generar una improvisada sartén para la cena. Luego, asiste a Sai en la tarea de levantar la tienda en la oscuridad, mientras Sakura pone a ahumar unas salchichas y champiñones sobre las piedras calientes, además de dejar agua hirviendo en una pava para hacer un poco de té.

Tal y como en el viaje, la cena frente a la fogata del campamento transcurre entre momentos de silencio y minutos de planificación. La duda sobre la identidad de esta segunda fuerza que está atacando la Serpiente es algo que no se desvanece de la mente del equipo.

Y el resto de la noche, mientras los ninjas de Konoha se guarecen en la carpa, Sasori usa su innatural insomnio para montar guardia y pensar en qué les depararía el escenario de mañana.

Respecto a lo que queda de viaje, logran realizarlo en las horas de la mañana siguiente sin contratiempo alguno.

Tanto así que, antes de que el astro rey llegase a su punto más alto en el firmamento, el equipo ya se encuentra apostado a escasos kilómetros del sitio en que la base está, según lo indicado en el mapa del ANBU.

Y en esta segunda ocasión, pueden ver en el cielo sobre el bosque la señal de que algo importante ha ocurrido: un inusual número de cuervos vuela en círculos, cubriendo el cielo de pequeños, y diversos manchones negros allí en donde varios de ellos convergen.

Sospechando de antemano que esta fuerza misteriosa se les ha adelantado una vez más, el trío se acerca a pie al cúmulo de aves más cercano a su posición, pero sin dejar a un lado la cautela. Allí, encuentran un cadáver tirado en la hierba, que está siendo devorado por un lobo gris.

La salvaje bestia ha desgarrado la carne al punto en que no es posible distinguir la herida que le dio muerte.

—Quien mató a esta persona no fue ningún animal—Confirma Sai, ignorando al can, que le gruñe al equipo con la intención de proteger su alimento.

— ¿Cómo puedes estar seguro? —Pregunta Sakura, tomando unos pasos de distancia del 'festín' para evitar que el lobo intentase atacarlos.

—No lo estoy. Sólo es una sospecha—Repone imitando a su compañera—.Con la cantidad de aves que vimos, si nos encontramos más cuerpos, podemos confirmar que estos hombres son los que intentaron escapar de la base.

—Adelante. Quizá encontremos algo de información útil.

Luego de que el pelirrojo los vuelve a poner en marcha con esta frase, el equipo sigue avanzando por el sendero de hierba en medio del bosque, utilizando las bandadas de cuervos como guía hacia su destino.

Como si las palabras del artista del movimiento fuesen profecía, en cada sitio de la llanura boscosa, en donde las aves abundan, van encontrándose más y más restos humanos desparramados en el suelo, y siendo consumidos por la naturaleza.

Sin embargo, a diferencia de la primera base a la que fueron, los cuerpos aquí son más o menos recientes. Es deducible que, por la cantidad de animales que se alimentan de ellos, estos no durarían más de dos días a la intemperie.

Es claro que el ataque ha ocurrido hace no mucho.

Una vez que los cuerpos, regados por toda esta área del bosque, los conducen al punto indicado en el mapa, los ninjas encuentran una puerta trampa sobre el césped. Aquel pequeño acceso hubiera pasado desapercibido ante ellos, de no ser porque está rodeado de más cuerpos siendo devorados hambrientos cuervos.

Este portal, además de oculto, debería de estar cerrado, pero, en su lugar, está abierto de par en par, y de él emerge el metálico hedor de la sangre.

Otra cosa a destacar, es que algunos de los cadáveres que se encontraron en su zigzagueante recorrido fueron ignorados por los animales. Más específicamente, aquellos que exhibían los signos del veneno que Sasori reconoció en la base anterior.

Eso sólo puede significar que el mismo grupo que atacó la anterior fortaleza ha estado aquí también.

Si bien el daño causado por los animales no permite identificar qué tipo de muerte sufrieron estos hombres, no toma demasiada imaginación para que Sakura comprenda que estos atacantes no otorgan muertes limpias.

Retomando el profesionalismo, la médica vocifera sus pensamientos:

—Los atacantes persiguieron a aquellos miembros de la Serpiente que huyeron. Así que es lógico que hayan acabado con el interior primero. No debería de haber nadie adentro.

—Aún así, tengan cuidado. No sabemos si aún queda algún asaltante vivo, por poco probable que eso sea—Responde el marionetista, pasando a través del festín de cuervos para mirar hacia el vacío negro que se deja entrever bajo la portezuela abierta.

Sasori decide apuntar con su linterna el fondo de la puerta trampa, y, al ver que la distancia que separa el piso de la instalación oculta del techo al ras del césped no parece ser la gran cosa, toma la iniciativa en silencio y se deja caer al interior de la base.

Una vez que el titiritero aterriza sobre el subsuelo de baldosas, Sakura y Sai lo ven inspeccionar los alrededores con su linterna, sin sorprenderse demasiado por lo que va descubriendo.

—Todo parece estar en orden—Les transmite el renegado tras subir su apática mirada ámbar hasta el techo.

Ante la luz verde, Sai es el segundo en lanzarse en caída libre hasta el suelo de la base, siendo Sakura la tercera y última en hacer lo propio.

Cuando al fin está cara a cara con los hechos, Sai no puede evitar comparar lo que ve con las imágenes que observó minutos después de entregar el antídoto a Sasori, en la última misión que ellos habían compartido.

"No puedo culpar a la Serpiente, si creen que la primera base destruida y ésta fueron atacadas por el mismo individuo." Piensa el pálido con ironía ante el baño de sangre que se despliega frente a sus orbes azabaches.

Los pasillos, al igual que en el primer escenario que presenciaron, se encuentran cubiertos de manchas de sangre, miembros arrancados, cabezas y órganos que se expanden como un gigantesco cuadro impresionista. Algunas luces en la lejanía todavía siguen titilando, aún luchando por no morir junto al resto de la base.

A medida que se van internando en el largo y escalofriante vestíbulo principal, los únicos sobresaltos, que el grupo se va encontrando, son aquellos producidos por los pocos cuervos que ingresaron a buscar alimento en la carnicería subterránea. Incluso, se topan a dos de estas aves revoloteando en el aire y disputándose por un globo ocular.

Siguiendo su metodología anterior, se separan para cubrir más terreno. Sin embargo, para los dos artistas, la situación parece ser igual que en la base anterior: toda información útil ha sido robada o destruida.

Por otra parte, Sakura, que había doblado por un pasillo a la derecha del gran vestíbulo, comienza a escuchar pequeños gemidos a cada paso que da entre las titilantes luces, que rezuman del interior de habitaciones aledañas a su camino. Al principio, pensó que se trataba simplemente del graznido de los cuervos. Pero, a más avanza por la carnicería, más humanos se van escuchando los gemidos.

De este modo, motivada por dar con alguna pista que les ayudara con su misión, tan siquiera para descubrir quiénes son estos atacantes misteriosos, comienza a correr, saltando y esquivando cadáveres al por mayor, con tal de poder dar con la fuente de la agónica voz.

Más pronto que tarde, la kunoichi arriba al almacén de suministros, el cual, a diferencia de todo el resto de habitaciones, no recibe casi luz de los pasillos aledaños. Empero, está libre de cadáveres y tripas. Más no de sangre.

"Alguien sobrevivió y movió los cuerpos." Piensa sorprendida antes de encender nuevamente su linterna y bajar su mirada al suelo, en busca de otros indicios que echasen luz sobre la situación.

La muchacha no tarda en encontrar huellas sobre la sangre reseca. Éstas se arrastran en el suelo, indicando que aquel que las dejó tiene dificultades serias al moverse.

Del otro lado del asunto, el eco de la adolorida voz fue también oído por el resto de su equipo. De este modo, movidos por la intriga al igual que la mujer, los dos artistas no tardan en dar con su compañera en aquella ala de la instalación.

La rosada se gira hacia los recién aparecidos en la puerta del almacén, y, al ser apuntada por las linternas ajenas, les hace una señal con su mano para que mantengan el silencio. Luego, alumbra los muebles de la habitación en la que se encuentran actualmente, para así poder escudriñar el contexto de la situación en más detalle.

Para empezar, la puerta de la alacena en la pared está abierta. Y para seguir, hay cajas de cartón abiertas y tiradas alrededor, además de varios envoltorios de comida arrojados en el suelo. Cabe mencionar, para más inri, que todos estos objetos destartalados por el piso no presentan manchas de sangre.

Conservando el silencio, ahora sin la guía de los gemidos, el equipo entero sigue las huellas a través de un pasillo conectado al interior del almacén, hasta que dan con una puerta señalada con el cartel de 'Enfermería'. A diferencia de las demás puertas de la base, esta se encuentra cerrada y con la luz encendida. Además, a juzgar por las marcas debajo de esta, es notorio que dicha puerta fue usada hace poco.

Hay alguien vivo adentro.

El equipo no teme a quien se encuentre detrás de la puerta, ya que es claro que está herido. Por esta razón, Sasori se toma el atrevimiento de abrirla sin mayores miramientos.

Como era de esperarse, ningún ataque sale de la habitación.

En ella, sólo encuentran un hombre débil, pálido, de barba crecida, con el brazo izquierdo faltante, y apenas capaz de mantenerse sentado en una silla, frente a la única camilla del recinto. Aparte de esto, los muebles a su alrededor habían sido ya vaciados de sus analgésicos de uso oral. El hombre moribundo, allí postrado, parece haberlos consumido por completo.

El desafortunado sujeto mira al trío con ojos lechosos y perdidos. No parece distinguir la situación en la que se encuentra.

Sakura se acerca al herido para mantenerlo erguido sobre el asiento. Inmediatamente después, pone una mano en su frente, captando de inmediato una fiebre altísima. Además, las vendas que cubren el muñón del superviviente parecen haber sido cambiadas hace poco por manos poco experimentadas.

Probablemente, por la suya propia.

La médica remueve las vendas con una suavidad moderada, sólo para que se permita contemplar una herida gravemente infectada y purulenta que el hombre no pudo tratar.

El moribundo sólo reacciona al tacto balbuceando un nombre femenino que ninguno de los tres reconoce. Es claro que no está totalmente en la realidad. La fiebre nubla su juicio, y hace que cada voz e imagen que capta se mezcle con alucinaciones más o menos vívidas.

—No le queda mucho tiempo. No necesito ser médico para saber eso—Habla el ANBU de la Raíz, mientras la mujer intenta aplicar su jutsu médico sobre el muñón sin mucho éxito.

—Entonces, haré la pregunta—Anuncia el marionetista sin ocultar demasiado su indiferencia ante el herido, para luego acercársele, inclinándose para hablarle claramente al oído—La Serpiente envía refuerzos ¿Quién hizo esto?

El hombre reacciona a la oración, ganando por un instante un atisbo de cordura. Acto seguido, abre los ojos por completo, y enfoca su mirada un momento sobre la presencia en su oído. La escasa distancia entre él y el marionetista le permite ver la artificial unión entre el cuello y torso ajenos.

De manera inesperada, la vista tiene un efecto inmediato en el hombre que, con sus pocas fuerzas, intenta huir del pelirrojo en medio de un gemido de terror. Sakura lo sostiene por el hombro sano, mientras el titiritero retrocede. Sin embargo, el hombre sigue apuntando al artista de lo eterno con una mueca de pánico.

—Ma…. marion… mar…hmm… umm…

EL hombre se retuerce, intentando advertir a la mujer que le sostiene sobre el peligro que ve en el pelirrojo frente a él. Aún así, en medio de la palabra sus heridas y el esfuerzo le hacen perder el conocimiento.

—Escuché suficiente—Es lo único que sale de los labios del marionetista, mientras busca un opioide en las estanterías y rellena una jeringa, que toma de las repisas en la pared, con el líquido—Deja que parta de este mundo con tranquilidad. No podemos mantenerlo vivo, y hacerlo sería una tortura.

El pelirrojo le alcanza la jeringa a Sakura. Esta no tiene que pensarlo demasiado. Después de haber presenciado la masacre de su base, y haber intentado sobrevivir entre los cadáveres de sus camaradas, este hombre había sufrido ya lo suficiente.

La mujer toma el artefacto y lo hunde en el cuello del hombre, llevando a cabo la eutanasia; no por la misión, no porque sea necesario, sino porque es humano.

En los instantes siguientes a la inyección letal, el trío mantiene el silencio dentro de la enfermería, en respeto a los pobres diablos que no recibirían una sepultura. Quizá por ese respeto, ya no les parece correcto conversar dentro de este lugar.

Pero una vez que consiguen salir del sitio subterráneo, y vuelven a moverse a pie por el bosque, fue casi imperativo que comenzaran a hablar sobre lo acontecido allá adentro:

—El hombre se volvió loco cuando notó que eras una marioneta. Eso encaja con el surgimiento de los rumores de la marioneta viva. ¿Explicaciones? —Interroga el dibujante, sacando el tema a colación con tanta intriga como preocupación.

—No creo que Sasori haya sido descuidado con su identidad—Contesta la rosada con el ceño fruncido—Quien sea que esté atacando a la Serpiente, debió haber contratado marionetistas. Eso lo explica.

Por su parte, Sasori medita un segundo antes de responder:

—Tiene sentido. Los marionetistas tienden a aprovechar sus herramientas para hacer que la culpa de sus actos caiga en otros individuos. Este grupo puede estar ocultándose tras los rumores de la marioneta viva.

—El único grupo organizado, además de la Arena, que podría tener acceso a ninjas con estas técnicas es la Brigada de las Marionetas—Acota el ANBU con un dedo bajo su mentón— ¿Por qué crees que ellos están tras la Serpiente?

—No lo creo—Le contesta el pelirrojo—La Brigada y la Serpiente no son competencia. No tienen motivos para enfrentarse. Les sería un desperdicio de recursos. Este marionetista, o marionetistas, deben de ser simples renegados de la Arena.

—El libro bingo no menciona ningún renegado de la Arena que posea este tipo de técnicas—Contraría el dibujante.

—La Arena no anuncia a las demás aldeas la totalidad de sus renegados—Rebate Sasori—Tienen un libro bingo interno.

— ¿Por qué? No parece tener mucho sentido—Cuestiona la rosada de repente, haciendo que Sai se una a ella en su interrogante.

—Es una aldea con un número limitado, y francamente pequeño, de shinobis. Así que, si ellos anunciasen de inmediato cuántos desertores poseen, las demás aldeas podrían ver esto como un signo de debilidad. Fue gracias a esta práctica que pude vivir tanto tiempo sin ser atrapado. Pero para cuando me enfrenté al Kazekage, no tuvieron otra opción que hacer mi traición pública.

—Tiene sentido—Admite convencido el pálido ninja—Pero sigue siendo una casualidad demasiado molesta. Mientras este sujeto, o sujetos, sigan expandiendo los rumores de la marioneta viva, es más probable que alguien descubra nuestro trato.

—En ese caso, tenemos que atacar alguno de sus centros de inteligencia—Razona la mujer del grupo, acelerando sus pasos de un modo casi inconsciente—Si creamos caos en el cerebro de la organización, serán menos eficientes en sus proyectos de recolección de datos. ¿Tenemos información de una base, en la que podamos encontrar gente de posición más alta en la Serpiente?

El ANBU de la Raíz hace un poco de memoria antes de responderle:

—Sí… pero tiene sus dificultades. Está en medio de una ciudad, a plena vista, haciéndose pasar por un edificio civil. No tenemos hombres adentro… y está a unos días de distancia de nuestra posición actual.

—Entonces, ignoraremos las demás bases para atacar esa primero—Comenta el marionetista con el ceño fruncido, apoyando el plan de su fuente de inspiración.

Tras haberse decantado por esto último, el equipo modifica ligeramente estrategia, dirigiendo su rumbo hacia el este.

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Luego de otra tanda de días viajando, el grupo arriba a su siguiente destino poco antes del mediodía. No obstante, al instante en el que abandonan el sendero de tierra que surca el bosque limítrofe al poblado, a los tres les queda claro que no podrían llevar a cabo su "limpieza" de la manera más usual.

La primera impresión que obtienen al traspasar la entrada a esta ciudad, en la que se encuentra esta nueva base, es que no se trata de un pueblito pequeño y subdesarrollado. La cantidad de carruajes transitando por las calles de adoquines, cuidadosamente encajados, es bastante destacable por sobre otros sitios que han visitado; al igual que lo son los grandes edificios de comercios y residencias. Por otro lado, la gente que habita las aceras, también labradas en piedra, se ve muy activa, y su vestimenta difiere de gran manera de un individuo a otro. Además, la forma de los edificios tiene cierto aire a la arquitectura conocida en el país de la Lluvia.

Para crecer hasta este tamaño, esta comunidad debe de tener su propia organización de bomberos, policía, turismo, y, seguramente, una buena cantidad de vida nocturna.

Mientras atraviesan la urbe, notan que no hay chance de que puedan entrar a los golpes al edificio sin llamar la atención.

No saben exactamente cuántos civiles viven aquí. ¿Setenta mil, quizás? Demasiados posibles testigos.

De repente, los tres se miran mientras caminan junto a la multitud civil por una de las cuadras.

No tienen que expresar sus pensamientos en voz alta. Es claro lo que los tres tienen en mente: tendrán que hacer que esta futura masacre parezca un accidente.

Empero, Sasori es quien termina rompiendo el silencio:

—Busquen un sitio en donde hospedarnos para no llamar la atención—Musita ignorando a los ciudadanos, que pasan incesantemente a su alrededor sin poder ver a través de sus disfraces de civil—.Búsquenme al sur del edificio base cuando anochezca. Veré que puedo averiguar sobre él en este primer día.

El dúo de Konoha asiente en silencio, y, sin mediar palabra alguna, se separan del camino del renegado.

Éste último comienza a transitar por aquellas calles, que sabe que le guiarán a la base disfrazada que busca. De este modo, pasa un buen tiempo de su recorrido en solitario repasando en su memoria los detalles del mapa que poseen de esta localidad.

Armado con este conocimiento, y simulando ser turista, comienza a circular disimuladamente por las avenidas que rodean a su objetivo, mientras observa el edificio de reojo en búsqueda de posibles entradas, o de datos útiles de su arquitectura en general.

Lo primero que nota desde aquella distancia, es que las puertas de metal están resguardadas por dos guardias, que se encargan de seleccionar a quien dejan o no pasar.

Por otro lado, el edificio es relativamente ancho, con un acertado aire a la mansión corporativa que quiere aparentar al público, y de, al menos, unos ocho pisos de alto.

Aunque, desde una cuadra y media de distancia, es difícil para él contarlos con exactitud. Aún así, cada uno de estos pisos se denota un poco menos espacioso que el anterior. Múltiples y pequeñas tejas alineadas sobre la pared exterior, cada tres pisos de altura y a modo de decoración, podrían servir para apoyarse e ingresar por una de las ventanas. Pero éstas, a pesar de ser grandes, están cubiertas por estilizadas rejas que impedirían que alguno de ellos entrase sin hacer ruido al romperlas.

La posición de la base en la cuidad es también endemoniadamente conveniente para la organización que se sirve de ella. Es fácilmente el edificio más alto de la cuidad, y está cerca del centro de la misma.

Tendrían que acceder por la puerta principal, si es que quieren hacerlo sin llamar la atención. En este momento, no tener un contacto adentro del edificio es realmente inconveniente.

El pelirrojo reconoce que debe esperar a la noche para poder acercarse al techo, y así asegurarse de si existe, o no, una vulnerabilidad en sus tejas o vigilancia.

Por este motivo, el resto del día lo pasa esquivando el tránsito céntrico y moviéndose de callejón en callejón, buscando una brecha en los horarios de vigía y patrulla de los guardias de cara a la calle.

Nuevamente, no encuentra nada de verdadera utilidad.

Este nivel de cuidado indica que los hombres que trabajan aquí, o, al menos, un número significativo de ellos, tienen un valor importante para la organización. Así que es prioritario eliminarlos.

Si las circunstancias impiden que los maten a todos, al menos tienen que terminar con suficientes de ellos como para debilitar el comando de la Serpiente. No pueden haber venido aquí en vano.

Cuando la noche finalmente cae, es la joven de Konoha la que viene a buscarlo, encontrándolo en el callejón aledaño a la puerta sur de la base.

La verdad es que la presencia de Sai, y la delicadez de la situación actual, han conseguido mantener en línea las emociones que el marionetista tiene por ella hasta ahora. Aunque aún están allí, y aún molestan de vez en cuando, por ahora puede controlarlas.

—Aprovechemos la oscuridad para ver si hay alguna debilidad en el techo. Luego, volveremos con Sai—Indica el ahora encapuchado pelirrojo, manteniéndose muy enfocado en la misión como para mirarla a los ojos.

Sakura asiente con la cabeza. Al punto que siente conocerlo hoy en día, no puede evitar notar que Sasori está actuando más reservado desde que comenzó la misión. De todas formas, sabe que no es momento de conversar de ello.

Una vez más, el intento es fallido. Por más que flanqueen al edificio de su interés trepándose sobre los techos de locales aledaños, la instalación se ve demasiado segura. Además, de un momento a otro se ven en la necesidad de esfumarse de allí, puesto que notan la presencia de patrulla nocturna desde las ventanas del cuarto piso.

Empero, lo que sí llegan a descubrir es que, por el sonido que se escucha desde el techo de cada piso, es claro que durante la noche hay una mayor cantidad de actividad que durante el día.

Tristemente, esta no es la clase de información que necesitan.

Bajo este panorama, ambos se alejan del centro caminando por las concurridas aceras de piedra, casi sin prestar atención a las luces púrpuras y celestes que inundan las construcciones por la noche, hasta que llegan al hotel en el que se hospedarían hasta terminar con esta base.

Casi para alivio de Sakura, el hotel no parece una luciérnaga por dentro, a diferencia de cómo luce por fuera.

Una vez dentro de su habitación, ubicada en el tercer piso, los tres comienzan a compartir la información recaudada durante el día.

—Me temo que no existe ninguna vulnerabilidad por la que podamos entrar sigilosamente—Comienza Sasori, sentado a la mesa, no tradicional, mientras los otros dos shinobis están cenando—Y siendo que esa es la única manera en la que cumpliremos esta misión, no tengo nada útil.

—Yo hablé con los locales. Para ellos, ese edificio es solamente la sede de una empresa inmobiliaria importante. Solamente aquellos que trabajan con, o para esta empresa, entran a la fortaleza. Supongo que tendremos que encontrar una manera de trabajar para ellos. Pero no parece que se les dé por contratar forasteros desconocidos—Agrega la mujer a la conversación, sin dejar de engullir su plato de ramen.

—Yo me enfoqué en averiguar un poco del pasado de este edificio—Informa Sai sobre sus averiguaciones, haciendo lo propio con su ración de fideos— Antes de ser utilizado por esta "empresa", era el hogar del señor feudal Hanazono. Cuando este murió, su hijo vendió el inmueble. Lo importante es que fue el primer edificio en la ciudad, en el cual se instalo calefacción por gas. No necesitamos encargarnos del sitio de forma sutil. Podemos hacerlo pasar por un accidente.

La sugerencia, nada sutil, de hacer volar el edificio por los aires, toma por sorpresa al resto del equipo. A Sasori casi se le escapa una carcajada al comparar esto con los usuales arrebatos artísticos de su anterior compañero en Akatsuki.

—Pero, para asegurarnos de que nadie escape…—Retoma el dibujante tras un trago de agua—Deberíamos entrar para dejar inconscientes a todos aquellos que estén en los primeros pisos. Los demás deberían morir sin ayuda extra. Creo que puedo conseguir planos que nos indiquen como sabotear el sistema de calefacción.

Superada la conmoción inicial, la idea es bien recibida por los otros dos ninjas. Tanto Sasori como Sakura pueden coincidir en que esta sería la mejor manera de causar bajas sin que nadie sospeche de ellos.

—Entonces, mañana nos dedicaremos también a buscar una manera de que alguno de nosotros entre. Una vez que tengamos alguien adentro, ese alguien puede abrir una de las ventanas o crear una debilidad en la vigilancia. Los otros sólo deben aprovechar la chance—Sugiere el Akasuna.

Sai sonríe.

—Coincido. Pero debemos permanecer sin llamar la atención, así que no deberías salir del hotel esta noche, a menos que lo hagas fingiendo disfrutar de actividades nocturnas—Indica el dibujante al otro artista del equipo.

—Planeo actuar de ebrio para ganar algo de información—Dice el pelirrojo, calmando las inquietudes del pálido.

—Quiero ver eso—Bromea la kunoichi con una sonrisa pícara, intentando agregar algo de levedad a la situación.

—No hoy. Deberías descansar—Contesta Sasori sin seguir el chiste. Más bien, tomando el comentario como algo serio.

Esta es la primera vez que Sakura recuerda, en la que el artista de lo eterno le rechaza una broma. Esto es lo que aumenta la, antes ligera, molestia que le viene causando la actitud tan poco animada de Sasori. Él no es así.

Ella sabe que el riesgo de ser descubierto debe de afectarlo, pero no esperaba que lo haga de este modo.

Bastante ocupada en meditar sobre aquel asunto, la joven se despide poco después de su equipo sin mayor ceremonia, y se acuesta a dormir en una de las tres camas localizadas a escasos dos metros de la mesa en la que cenan.

Sin embargo, hay otro tema que le quita constantemente la primera hora de cada noche de sueño. Un tema que no tarda en desplazar su anterior consternación acerca de la actitud del pelirrojo:

Ya no puede posponer esto. Ya no hay una fuerza externa que se le adelante y elimine la base por ella. Esta vez, ella tendrá que ser la que mate a un grupo de gente, sin averiguar en detalle quienes de ellos deben o no perecer. En esta base, ella sabe que matará a algunas personas que no son totalmente merecedoras de este destino.

Es necesario… pero no deja de sentirse incómodo.

Se reprende mentalmente por sentirse así. Sus sentimientos no importan ahora. Llevaría a cabo su misión de todas maneras.

Mientras el dúo descansa, seguro tras su fachada de simples turistas, el renegado de la Arena abandona el hospedaje y pasa por una taberna para comprar una botella de alcohol barato. Ésta le servirá para complementar su acto durante la noche.

La ciudad tiene una vida nocturna modesta, pero variada. Entre juventud de fiesta, adultos disfrutando del licor… y sí, también un mercado de deseos carnales… La ciudad, o, al menos, parte de ella, no parece dormir en lo absoluto.

Escondido tras el aspecto de ebrio, que en muchos casos es más efectivo para pasar desapercibido que el más detallista de los camuflajes, el artista se dedica a deambular por la cuadra del edificio, buscando alguna debilidad en la seguridad del edificio.

Incluso durante la noche, los cambios de guardia son metódicos y seguros. Y de vez en cuando, al igual que durante el día, algunos empleados de la organización salen a la calle a hacer recados. Aprovechando la invisibilidad que su acto le otorga, comienza a seguir a un recadero de elegante indumentaria, pero de rostro poco agradable a la vista.

— ¡Hey! —Le grita el renegado desde atrás, utilizando un tono lento y arrastrado.

El hombre intenta ignorar al borracho, pero este vuelve a molestarlo.

—Eres… pues bien feo—Insiste el aparente alcoholizado, tambaleándose a cada paso que da sobre la acera en dirección al recadero.

El hombre, molesto con quien cree que es solo un turista ebrio, se desvía de su camino para empujar al marionetista. Sasori cae y sigue con su acto sin inmutarse por la agresión. Ahora que su perseguido se cree el papel que finge, puede seguirlo a una distancia prudente sin que sospeche nada raro.

Acorde a su plan, acosa al poco agraciado hombre por unas cuadras, asegurándose de gritarle improperios de vez en cuando para mantener el acto. No tantos como para incitar una verdadera pelea. Sólo los suficientes para parecer un ebrio verdaderamente molesto y obseso.

Su perseguido termina por ignorarlo tras varias cuadras de vergüenza pública, y camina hasta un burdel, disfrazado de whiskería, para hablar con un proxeneta perfectamente afeitado y arreglado, vestido con una camisa púrpura a cuadros.

A este punto, Sasori finge dormirse sobre la acera adjunta al local. Sólo con la intención de escuchar toda la conversación entre esos dos sujetos.

— ¿Cuántas puedo llevar al edificio hoy? —Pregunta de manera directa, revelando a Sasori la verdadera naturaleza de la transacción.

—Ninguna esta noche—Contesta el dueño del burdel con un acento exótico—Están ocupadas. ¿Crees que estás comprando pan? Tenemos listas de espera aquí.

Termina de espetarle, mostrando orgullo en el éxito de su "negocio".

—Necesito muchas. Para dentro de dos noches. Y no puedo llevar basura, tenemos que probar la mercancía antes.

—Claro… Seguro que es por eso—Dice el hombre de púrpura con sarcasmo, cruzando sus musculosos brazos bajo su pecho—Puedes admitir que no tienes suerte en el amor ¿Lo sabes? No te culpo… con esa cara. Y quédate tranquilo, no trabajo con mercancía de baja calidad. Puedes confiar en eso. ¿Cuántas quieres para esa noche?

—Todas—Le contesta el poco agraciado recadero sin ver el humor en el chiste.

—Por favor, estoy preguntando en serio… Si dejo de atender a mis clientes usuales, voy a dañar mi reputación—Replica el dueño del local.

—Treintaicinco mil ryus por cada una que pueda llevar conmigo esa noche. Y otros cien mil para ti por facilitar el negocio.

—Hecho—Cambia de opinión el excéntrico hombre al escuchar la suma.

— ¡Por supuesto que hecho! Vendré en dos noches… y, por tu bien y el de tu mercancía… No nos envíes nada decepcionante—Le amenaza el empleado de la Serpiente.

—Por ti, creo que puedo hacer una excepción al asunto de probar la mercancía—Dice antes de levantar su voz para llamar a una de sus empleadas— ¡May Lin! Tienes un cliente…

Luego de gritar, cambia su tono y le susurra a su nuevo cliente favorito:

—Ella ni siquiera es de las mejores. Esta va por la casa, y verás que confías en mi mercancía.

Esto es todo lo que Sasori necesita escuchar. Porque, a decir verdad, no ve manera en la que escuchar lo que sigue le pueda beneficiar en algo. Además, no necesita imaginarse a esa fea cara hundida entre las piernas de mujer alguna.

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El día siguiente es particularmente productivo para el artista del movimiento.

Haciéndose pasar por un estudiante de arquitectura, en búsqueda de inspiración para sus futuros proyectos, logra conversar con la gente del pueblo. En un principio, permanece un buen tiempo de la mañana en la acera frente al edificio foco de su estudio, dibujándolo y conversando con los locales que se acercan a curiosear el lienzo de su atril.

De este modo, no tarda en averiguar que algunos de los ancianos de la ciudad habían trabajado en la construcción de este sitio, hace ya muchos años. Hablando con ellos, puede hacerse una idea rústica, pero válida, de dónde fueron instaladas las cañerías que transportan el explosivo elemento.

Pero lo único que tiene que hacer para conseguir verdadera información al respecto, es tomarse el tiempo de la tarde para visitar ciertas familias de la ciudad y mantener su fachada.

La ultima familia que visita, toma especial cariño por él, ya que se encuentran alegres de que alguien ayudase al abuelo a recordar sus mejores años. Este hombre, de avanzada edad, se ofrece a caminar con el joven artista para apreciar el edificio que construyó con sus propias manos, a pesar de que ahora sólo pueda hacerlo desde afuera.

Conversando sobre nimiedades, caminan por la calle central de la urbe en dirección a la imponente obra, al tiempo que las ventanas reciben la luz rojiza del crepúsculo.

—Daría cualquier cosa por poder ver ese edificio desde adentro. ¿No crees que podrían hacer una excepción para un viejo albañil y su sobrino? —Sugiere el artista en un tono cómplice.

—No lo creo, jovencito. El nuevo señor Hanazono vendió el sitio hace ya años. Los nuevos dueños no tienen el mismo respeto por los obreros que su padre tenía. Recuerdo cuando el señor permitía a mis hijos jugar en el jardín cerrado que está tras el edificio… Eran tan pequeños…—Dice el anciano, sonriendo con nostalgia—Hoy, para poder entrar sin tener trabajo allí, tendrías que ser una jovencita de moral pequeña, y ropa aún más pequeña… Supongo que es mala suerte para jóvenes fuertes y varoniles como nosotros.

Bromea el anciano, sin notar que acaba de dar a Sai una idea. Una idea poco ortodoxa, y que no sabe exactamente cómo explicarle a Sakura.

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— ¿¡QUÉ!? —Le grita la rosada al ANBU, al tiempo que empuja la mesa del hospedaje, casi derramando la cena al suelo—Repite eso…

Le insiste, esta vez sin elevar su voz más de la cuenta, mas no oculta su nada amigable tono.

—Creo que puedes entrar al edificio haciéndote pasar por prostituta—Le repite Sai del otro lado de la mesa, sonriendo como si sus palabras no cargasen implicaciones.

Desde su cama, el marionetista escucha la propuesta del pálido shinobi, sobresaltándose ligeramente ante la reacción violenta de Sakura.

No se le había ocurrido, y, por motivos que ahora entiende mucho más que antes, no le agrada para nada la idea. Pero no puede dejar que sus emociones nublen su juicio. La ocurrencia del moreno es buena.

— ¿Cómo crees que funcionaría eso? ¿Ofreciéndome como si nada? ¿Acaso no es demasiado sospechoso? ¿La táctica más vieja del libro? —Contra argumenta la kunoichi con el ceño más fruncido que nunca.

—Mañana por la noche, un proxeneta local recibirá una cantidad enorme de dinero por cada mercancía de calidad que envié al edificio—Dice Sasori con tranquilidad, levantándose de su lecho para poner su conocimiento sobre la mesa—El encargado de entregar la mercancía confía en este hombre, y, con un incentivo monetario tan grande, estoy seguro de que te emplearía.

Sakura enrojece de vergüenza e ira. No puede creer lo que escucha. Y aún más le molesta que la idea sea así de sólida.

— ¿Tienen idea de lo que me están diciendo? —Les pregunta con los puños tensos a cada lado de su cuerpo, conteniendo un millar de insultos en la punta de su lengua. Pero antes de que ellos pudiesen responderle, ella continúa sus preguntas con tono amenazante— ¿Saben lo que me piden que haga? Y no es solo eso. ¿Acaban de referirse a mí como "mercancía de calidad"?

Los dos artistas miran a Sakura de arriba abajo por un instante, y luego se miran entre ellos.

— ¡ERA UNA PREGUNTA RETORICA MALDITOS RAROS! —Les grita, sabiendo más que bien que, con su torcida obsesión por la belleza, ambos compañeros suyos han contemplado la pregunta de manera literal—Ni una palabra de esto a nadie.

Acepta derrotada y poniendo una vez más la misión por sobre su comodidad.

—Y, si este plan no funciona, voy a romperles un brazo…—Les dice a ambos con una sonrisa falsa y una vena hinchada en la frente—No se preocupen, puedo ayudarles a que se recuperen. Pero les va a doler.

El marionetista estuvo por aclarar que esa acción no le dolería, pero una mirada a los orbes de la rosada le indica que ella está esperando por esa respuesta. Así que mejor para él es no decir nada al respecto.

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La tarde siguiente, en la 'whiskería' del hombre de púrpura que Sasori le había indicado, Sakura se halla completando su "entrevista de trabajo".

—Definitivamente tienes lo que se necesita para trabajar, pequeña—Concede el hombre de camisa a Sakura, quien se viene tragando el disgusto desde la noche anterior—Además, esa actitud de que solo quien te compra puede tocarte, es algo que les excita a los ricachones. ¿Segura que no quieres hacer una excepción conmigo, cariño?

—Prefiero no mezclar los roles en los negocios—Esquiva con una excusa que venía practicando desde esta mañana.

—Puedo respetar eso. Además, los dos haremos mucho dinero esta noche, estoy de muy buen humor para molestarme por eso... Y, además, ya tengo a quien se encargue de entretenerme—Piensa en voz alta el sujeto, dándole algo de repulsión a la mujer de Konoha—Tienes todo menos el uniforme, preciosa. ¿Tienes dinero para conseguirte algo indecente, o debo pedirle a mis empleadas que te presten algo?

—Puedo conseguirlo por mi cuenta—Le responde de inmediato, fingiendo entusiasmo ante la idea con cada fibra de su cuerpo.

—Pues, entonces ve por el uniforme, mi niña. Te quiero aquí lista dentro de cinco horas. Si llegas tarde, te pierdes el negocio—Finaliza el hombre, para luego dirigirse hacia una puerta detrás del mostrador y desaparecer por ahí.

Sakura, ante el éxito del maldito plan, se aleja del sitio y camina de regreso al hotel, intentando sacarse la sensación de desagrado de la piel a cada paso que da.

Una vez allí, saca parte de su ropa civil del ropero oculto dentro de la pared adjunta a las camas, y, llevándola a la mesa, comienza a modificarla para que sea más acorde al aspecto que se espera de ella.

Haciéndose con un kunai, agranda el escote de una blusa de seda negra, sin mangas, para luego cortarla hasta por encima del ombligo.

Después, sigue con una falda de jeans: acortándola hasta que la cubriese sólo por debajo de los glúteos.

Aunado a esto, agujerea un par de pantimedias de encaje, para que dejasen parte de la piel de sus muslos al descubierto.

Uno a uno, los retazos de tela van cayendo sobre la mesa, al tiempo que lo hacen las lágrimas de Sakura al ver tan preciosas prendas arruinadas por una misión así de embarazosa.

Una hora antes del momento de la verdad, el equipo se vuelve a reunir en la mesa del mono ambiente, y repasa el plan una vez más.

—Sakura ¿Tienes mis sedantes? —Pregunta Sasori.

—Sólo los necesarios para la primer parte de la misión. Los llevaré escondidos en mi cartera. Ustedes deberán traerme el resto cuando les abra paso—Le contesta cortante, con los brazos cruzados sobre el pecho y sin humor alguno. Ya suficientes humillaciones le esperan esta noche.

—Muy bien. Para que estemos todos en la misma página…–Comienza Sai, controlando la dirección de la reunión para asegurarse de que las cosas marchen miel sobre hojuelas—Una vez adentro, tu sedarás a quienes se interpongan. Acto seguido, nos abrirás una ventana en el tercer piso. Cuando estemos los tres adentro, ustedes dormirán a los presentes, mientras yo abro las cañerías de gas. Todos debemos plantar sellos explosivos en los puntos que sostienen la estructura. Cuarenta minutos más tarde, nos encontraremos dos cuadras al sur de la base. Tendré nuestros equipajes ya listos allí. Una vez que nos alejemos, detonamos el sitio y nos vamos de la ciudad.

Ambos asienten sin replicar nada.

—Y recuerden: No maten a nadie—Recalca el ANBU con seriedad—Las muertes deben darse por la caída del edificio, las quemaduras, o asfixia al inhalar gas. No podemos dejar pista de que alguna vez estuvimos allí. Y una vez que el edificio caiga, salimos de la ciudad.

Dando por finalizada la reunión, la rosada toma la bolsa de plástico junto al pie de su silla, y se levanta para encerrarse en el pequeño baño del hospedaje.

—Si uno de ustedes hace un sólo comentario de mi apariencia… van a pagarlo—Les amenaza Sakura frente a la puerta del baño, antes de cerrarla tras sí con la intención de no volver a verlos hasta que la parte fuerte de la misión comenzase.

Una vez que se pone la blusa escotada, las pantimedias rotas y la falda, ahora casi cinto, más un par de tacones negros de su madre, la mujer se pinta los labios de rojo, se pone rímel en los ojos, y termina de arreglar su cartera para colgársela al hombro y salir a toda prisa del hotel.

Pasando de sentirse avergonzada dentro del baño, a sentirse aún más avergonzada al caminar por la acera en dirección al burdel, la kunoichi sólo puede agradecer que ninguno de sus compañeros estuviese aquí para verla. En particular, no tiene el humor en este momento para lidiar con el anormal comportamiento del marionetista.

Al menos, el no tener que verlos de inmediato le da el tiempo que necesita para forzar fuera de sí misma la incomodidad que siente al vestir así. Aunque, por otro lado, se siente desagradada a sobremanera al atraer esa clase de miradas libidinosas, o juzgadoras, de todos los extraños que pasan junto a ella.

"Es necesario."

Se repite antes de repasar los pasos de la misión en su mente para desviar su atención de algo que debería ser tan superficial como su ropa.

Tendrá que cometer una masacre hoy. Eso también es necesario.

Si había aceptado esto, no debería tener problemas en aceptar un poco de humillación también. Demonios, quizá hasta se lo merece. Parte de ella incluso desea que uno de sus compañeros dijese algo. En realidad quiere desquitarse con ellos por haber salido con este plan.

Cuando finalmente llega al burdel, la mujer de Konoha se une a una llamativa comitiva de damas, tan variopintas, que garantizan, según el hombre de purpura, "que todo hombre encontraría entre ellas lo que busca". Tristemente, esas palabras pueden tomarse literalmente. Podría jurar que algunas de ellas ni siquiera han cumplido la mayoría de edad.

El hombre de rostro poco agraciado viene a buscar la mercancía y le entrega una bolsa de billetes al dueño del local como compensación por la diversión de esta noche.

—Muy bien, chicas. Denle a esos hombres… o mujeres, la noche de sus vidas. Una buena porción de esta bolsa será para ustedes cuando regresen—Las "anima" el encargado del burdel.

Con más o menos resistencia, todos los miembros de esta comitiva siguen al hombre hasta la gran fortaleza de la Serpiente. Los guardias las dejan pasar tras su cliente sin otra molestia que la sensación de sus miradas, que disfrutan de imaginar el espectáculo que está por ocurrir dentro del sitio, tan solo unos pisos más arriba.

La médica sigue el acto durante parte del lujoso recorrido, pasando junto a las demás mujeres por los pasillos revestidos en mármol pulido, con hermosos candelabros dorados en el techo, unas plantas bonsái decorando cada esquina, y unas pinturas y adornos en porcelana que le recuerdan a su estancia en la mansión Kimura.

Por ahora no le da la impresión de que este sitio imponga tanto por dentro como lo hace por fuera. Los magnates, mucamas y empleados de su interior, si bien están bien vestidos y se los ve que traman algo, no parecen preparados para hacerle frente a una infiltración como esta.

No obstante, el plan se dispara cuando el hombre de rostro poco agraciado comienza a guiarlas por las escaleras que llevan del segundo piso al tercero.

Allí es donde lleva las manos a su cartera, y, con una serie de movimientos elegantes, arroja senbons embebidos en sedantes a todo aquel que la rodea, y con una precisión que sólo podría haber sido superada por el marionetista en sus días de gloria.

Unos instantes más tarde, salta hasta llegar al final de la escalera, para de este modo conseguir apostarse en el pasillo del tercer piso con disimulada prisa. Aprovechando que en este momento no hay nadie pasando por el elegante vestíbulo, corre hasta la ventana localizada en la cara izquierda de la construcción, desde la que se pueden ver los demás tejados de las casas y hosterías aledañas.

A sabiendas de que esto es una carrera contra el tiempo, destraba la cerradura de la ventana y desliza el vidrio hacia el costado. Luego, toma dos barrotes de las rejas con ambas manos y, con ayuda de su fuerza sobrehumana, los dobla hacia afuera para permitir el paso de sus compañeros al interior de la planta. Por último, extiende su brazo hacia afuera para indicarles a sus compañeros, escondidos en el tejado de la estructura, por dónde descender.

Tan sólo un instante después, el marionetista, que estuvo vigilando la cara izuierda del edificio debajo de sus pies, recibe la señal de la ninja. En respuesta al estímulo, lleva uno de sus hilos a jalar el cabello de Sai, quien está posicionado de espaldas en el otro extremo del tejado, para transmitirle el mensaje de Sakura. E inmediatamente después, se deja caer de un modo elegante sobre la corta hilera de tejas que sobresale bajo todas las ventanas de la tercera planta.

—Tomaré el segundo y tercer piso—Declara a su compañera en un susurro al tiempo que salta la ventana para estar finalmente dentro de su objetivo. De un modo totalmente adrede, el titiritero evita mirarla demasiado, conteniendo en su interior cualquier atisbo de humanidad que la situación y el atuendo de Sakura puedan provocarle. No sólo por la amenaza que la mujer le propinó, sino también por propia decisión.

No se permitiría volver a perder el control.

—Yo el primero, y la planta baja—Agrega la kunoichi en voz baja, mientras toma el armamento que Sasori le trajo dentro su riñonera.

De repente, el tercer shinobi aparece en escena, pasando a través de la ventana abierta montado sobre un veloz pájaro de tinta, negro como la noche misma, que lo transportó hasta allí en menos de un parpadeo.

Sakura accede en silencio, y se toma un segundo extra, para volver los barrotes de afuera a su posición original, antes de comenzar con la parte más importante.

—Voy con Sasori. Luego, bajo a los primeros pisos y nos retiramos antes de que no podamos respirar—Informa una última vez el dibujante antes de que el equipo se separe para cubrir sus propios terrenos.

"Es necesario."

Se recuerda a sí misma.

"Morirán mientras duermen. Sin sufrimiento, sin miedo. Sin dolor. Una muerte humana."

Se esfuerza en auto convencerse a la vez de que avanza sigilosa por el segundo piso, apenas vestida y neutralizando metódicamente con sedantes a cada individuo que se cruza o que intenta detenerla.

"Incluso los que estén en pisos superiores, sólo tendrán un instante de dolor antes de morir."

Continúa justificándose.

Por otra parte, la resistencia que se va encontrando en los decorosos pasillos es leve. Parece que toda la base confía demasiado en que ningún hostil pueda ingresar al sitio sin iniciar una alarma. La mayoría del personal que se cruza carece de la experiencia adecuada de combate. Y, aquellos con apariencia de guerreros, no están esperando un ataque profesional sin previo aviso. Dicho de otra forma, estaban en algún camarín o bar dentro de esta fortaleza dándose el lote con alguna concubina y están demasiado ebrios para hacerles frente.

En poco menos de veinte minutos, la mujer logra tomar control de su área, y, mientras desciende a la planta baja a toda velocidad, otro pensamiento se atasca en su mente.

"¿Qué hay de las mujeres que ingresaron conmigo?"

No tarda en notar que no puede justificar su deceso.

"Sus muertes… no son necesarias. No recordarán lo ocurrido y no son culpables de nada más que de trabajar."

Apresurándose para tener un tiempo de sobra, salta y realiza maniobras en el aire para arrojar más sedantes, tan pronto como su cuerpo puede reaccionar a la presencia de más enemigos.

"Son enemigos. Es necesario."

Cuando debe acercarse a la puerta principal, toma la precaución de volver a subir al piso superior para salir por la primera ventana que se encuentra. De este modo, se para sobre la hilera de tejas pegada a la pared externa de la planta, y se mueve por ellas con sigilo hasta conseguir saltar a uno de los techos aledaños a la base. Así es como se las arregla de no alertar a los guardias que están afuera. Ellos no deben ser atacados, ni alertados de lo que ocurría dentro de los muros. Deben creer que fue un accidente.

Una vez que se asegura que sólo los guardias de la puerta principal, y aquellos que patrullan el perímetro de la base, permanecen despiertos, se embarca en su misión personal. Cuenta con los minutos suficientes para evitar muertes innecesarias, ya que ya se había encargado de posicionar sus sellos explosivos en todos los pasillos de las dos plantas, que le correspondían a ella, en el proceso de inmovilizar al personal de la base.

Contrariando el plan original, se para sobre la pared que cierra el patio trasero, y logra dormir con senbons a los guardias que patrullan el jardín. Luego, se deja caer dentro del patio para levantar a los inconscientes y arrastrarlos también adentro del edificio.

Con el patio ya libre de vigilancia, Sakura es capaz de sacar por las puertas a todas las mujeres que ingresaron a la base con ella. Una a una, las va apoyando en el rincón del jardín que más se aleja de la estructura a colapsar.

No es una asesina. No puede comportarse como una. Ni siquiera por la misión. No se lo permitiría a sí misma.

El olor a gas se hace pesado en el segundo piso cuando la kunoichi logra rescatar a la última mujer.

En el tiempo pactado, el trío finalmente se reúne, confirmando que sus tareas fueron cumplidas. Los tres se atavían con sus túnicas negras, toman su equipaje y comienzan a alejarse del centro de la ciudad como si no hubiesen hecho nada raro.

Una vez que se alejan un número considerable de calles, activan los sellos con gestos de sus manos. De inmediato, el estruendo se adueña de la ciudad al tiempo que una nube de cenizas y polvo, iluminada por el naranja del fuego, domina el cielo nocturno, alertando a toda la ciudad del trágico "accidente".

—Buen trabajo—Felicita Sai al equipo.

El marionetista no se muestra afectado por la vista. Pero, por otro lado, la médica se pone la capucha, arrebujándose en la protección de su abrigo negro sin poder despegarse de la idea de que quizá éste sea un camino que no debería recorrer.

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Nota de autores: A la gente que se está frustrando porque hasta ahora no hubo más acercamientos como el del capítulo 41, les pedimos que por favor tengan paciencia. Recuerden que este fic es también de aventura, y como tal, nos enfocamos en varios aspectos del desarrollo de los personajes, no sólo en el romántico. Además, nos gusta que los personajes sobre los que escribimos sean algo más que pairing fodders.

Por otro lado, consideramos que la "espera" por ese tipo de interacciones son parte de la experiencia de leer esta historia, y a la vez es algo que tenemos muy en cuenta para que, cuando llegue el momento de ver a estos personajes juntos, el terreno esté bien preparado, por así decirlo (y, por ende, que la experiencia de leer ese momento sea aún más significativa).

Por lo demás, muchas gracias por apoyar esta historia.

Saludos!