Gracias al cielo.
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No han pasado ni dos días desde la caída de la anterior base, pero las aves de Sai le acaban confirmando que la operación fue un éxito. De todos modos, eso ya lo supieron desde el momento en que se giraron a ver el "edificio" antes de retirarse de la ciudad.
Por otra parte, las noticias que las aves traen consigo es la siguiente: La Serpiente ha comenzado a reaccionar ante los ataques, ya no está aguardando pasivamente por su final.
Además, el último informe que el dibujante recibe de parte de sus pájaros de tinta le notifica que otras tres bases fueron atacadas por la tercera fuerza, mientras él y su equipo estuvieron ocupados en su anterior tarea de "limpieza". La reacción a la regularidad e intensidad de los ataques se hizo presente de inmediato. Varias bases están ya en proceso de ser evacuadas, y sus fuerzas consolidadas en sitios mejor preparados para resistir el asalto de sus enemigos.
Ahora mismo, el equipo de ninjas está en camino a una nueva fortaleza de la Serpiente. Los tres se desplazan por las ramas de los arboles a toda la velocidad que sus miembros les permiten alcanzar.
Según los datos entregados por los espías de Sai, la base a la que ellos se están dirigiendo, aparte de ser la más cercana a la ciudad civil en la que destruyeron la instalación de Hanazono, está próxima a migrar sus actividades criminales a otro sitio más protegido.
Por este motivo, la idea es alcanzar al grupo antes de que saliesen a campo abierto, y tuviesen la chance de dispersarse al ser atacados.
Este nuevo ángulo de la misión no le está sentando bien a Sakura. Esto ya no es una misión de ataque a una posición protegida. Esto ya se siente como si estuviesen cazando a un grupo de hombres aterrados. Y en parte, así es.
Es verdad que los miembros de la Serpiente temen al misterioso autor de las masacres que Sakura presenció antes, pero ellos no ven la distinción entre las dos fuerzas que les están dando caza. En parte, los subordinados de la Serpiente también están aterrorizados de ella misma. Pero lo peor de todo el meollo es que… ese miedo es justificado.
Desde que Sai y ella salieron de Konoha,su vida ha consistido en moverse de blanco en blanco, planear el cómo realizar una masacre, y luego llevarla a cabo. Y esa será su vida por los próximos meses. Tras haber logrado reconocerse a sí misma en ese patrón de acciones, la kunoichi comienza a tener un vestigio de miedo hacia la figura en la que siente que se está convirtiendo.
Cuando los ninjas se encuentran a unos cinco kilómetros de su objetivo, un abrupto cambio en la armonía del bosque a su alrededor los hace detenerse en seco.
Desde sus posiciones en las ramas de distintos nogales, pueden presenciar una llamativa franja de tierra, desprovista casi en su totalidad de hierba. Esta irregular sección del terreno, de unos seis metros de ancho, se encuentra gravemente afectada, como si una multitud de animales hubiese pasado por la zona.
Una vez apostados sobre el suelo, el dúo de Konoha y el renegado de la Arena pueden apreciar una multitud de huellas humanas que forman un largo sendero, y que acaba perdiéndose entre el follaje en dirección oeste.
Han llegado tarde, la evacuación ya comenzó. Y, a juzgar por el estado de la tierra, la población de la base ha pasado por aquí hace, al menos, unas seis horas.
—Tenemos que alcanzarlos—Afirma Sasori con la vista fija en la dirección hacia donde apuntan las huellas del gran caudal de tierra bajo sus pies.
—En el momento que nos vean llegar por la retaguardia, se dispersarán. Además, nos llevan horas de ventaja—Contesta la médica con el ceño fruncido ante la desafortunada eventualidad.
—Los alcanzaremos, y nos encargaremos de ellos tal y como hicimos la última vez—Habla el ANBU de la Raíz tomándoles la ventaja a sus dos compañeros, al tiempo que saca un pergamino de su porta shuriken.
Al desplegar la herramienta, un ave de enorme tamaño se materializa y escapa del papel. Acto seguido, la creación del artista del movimiento se inclina para permitir que el equipo entero suba a su lomo.
—No tengo muchas de estas para viajes de larga distancia, pero no podemos permitir que la Serpiente se re-agrupe por completo. Suban—Ordena el dibujante luego de saltar él primero sobre el cuello de su obra.
Unos instantes después, la figura de tinta se eleva sobre las copas de los árboles, cargando consigo a su creador y sus acompañantes sobre su lomo. En cuestión de minutos, el grupo acelera a una velocidad que supera cómodamente aquella que el grupo mantiene a pie.
—Necesitamos un plan para que nadie se nos escape. ¿Alguna idea?—Consulta el ANBU, despegando su vista del frente para posarla sobre los dos pasajeros sentados a sus espaldas.
— ¿Puedes mantener un perímetro con tus creaciones de tinta?—Interroga el renegado de la Arena con sus ámbares fijos en la gigantesca alfombra verde sobre la que el transporte de Sai está sobrevolando, la cual sólo es interrumpida por pequeños surcos marrones que indican la separación existente entre árbol y árbol.
—Tendría que mantenerme en el cielo para conservar una ventaja de terreno. Aun así, no podría mantener el perímetro por más de quince minutos.
—Creo…. —Comienza Sakura, apartándose de vez en cuando los cabellos del rostro a cada vez que el viento se los azota contra los ojos—Creo que puedo descender desde las alturas sobre el centro del grupo. Con un golpe, desestabilizaré el suelo debajo de ellos. Así, retrasaré su huida y también podré atacar a todo aquel que no se incorpore de inmediato.
La mujer habla con un profesionalismo que de a poco comienza a desagradarle.
—Perfecto—Sonríe Sai ante la idea, para luego dirigirse al pelirrojo— ¿Crees que puedes retrasar a los miembros, para que tarden en llegar hasta mí?
—Puedo comprarte unos minutos creando un perímetro pequeño alrededor de Sakura, siempre y cuando me mantenga en las alturas—Concede Sasori mirándolo por el rabillo del ojo—Luego, tendrás que encargarte de aquellos que se me escapen.
Poco después de que el equipo terminase de disponer de un plan, logran observar una gran y alargada mota, similar a una colonia de hormigas, moviéndose a través del mar de hierba que ha pasado a reemplazar al anterior tapizado de árboles. En respuesta al panorama, Sai hace que su creación descienda un par de metros, lo suficiente como para obtener una mejor visión. Afortunadamente para el equipo, el radiante sol de las primeras horas de la tarde no proyecta la sombra del ave en un área visible para la comitiva.
En ese momento, los ojos de los tres ninjas logran reconocer con mucho más detalle a la multitud de personas, y animales de carga, que vinieron a buscar ni bien se enteraron del desalojo de las bases.
A medida que más se acercan al personal de la Serpiente, la montura mueve sus alas con ímpetu para volver a elevar al equipo por sobre las nubes, ocultándose directamente sobre su presa como si se tratase de un ave rapaz.
La rosada observa desde lo alto al grupo, que vuelve otra vez a empequeñecerse. Luego, se toma un segundo extra para respirar profundo, a pesar del remolino de aire que se desglosa a su alrededor producto del batido de las alas del pájaro. Quizá sus compañeros están diciéndole algo, pero en este momento no los está escuchando. Está forzando cualquier rastro de la vieja Sakura fuera de sí misma. Este no es el momento de plantearse, a un nivel filosófico, lo que está a punto de hacer.
De un momento a otro, y sin necesidad de intercambiar palabras con ambos masculinos, desliza su peso a un lado y se deja caer en picada del lomo del ave. En un principio, permanece unos instantes de la caída con los ojos cerrados y expresión serena, más la espalda bien erguida y los brazos extendidos a cada lado de su cuerpo mientras se recrimina internamente por tener este tipo de recaídas.
Está molesta consigo misma.
"No debería ser tan inmadura."Piensa mientras cae en línea recta, sintiendo como su rostro corta el aire a medida que desciende.
Convirtiendo su disgusto en motivación, a medida que la gravedad la va acercando a la mitad del trayecto, la muchacha abre los ojos esbozando una mirada extraña, diferente a cualquiera que haya portado antes.
Con toda la aceleración que la caída le proporciona, la mujer aterriza finalmente sobre su objetivo. Segundos antes de impactar, fortalece sus extremidades con chakra, y, con un leve ajuste en su posición, cae sobre sus cuatro extremidades. Así, divide el daño que la mortal caída debería causarle.
El impacto en sí, se asemeja a una explosión: en un instante, despedaza y hace temblar un gran perímetro de llanura alrededor del conglomerado de humanidad. Acto seguido, los subsiguientes gritos de sorpresa de sus víctimas son ahogados casi al instante por el estruendo de la roca cediendo ante la fuerza de la kunoichi.
Gracias a que una gran oleada de chakra curativo se desploma por su cuerpo al mismo tiempo que el de sus puños se libera al exterior, Sakura es capaz de regenerarse de un modo mucho más veloz de lo que las consecuencias de caída demoran en corroer sus músculos y huesos. De esta manera, todo su cuerpo parece una bengala verdosa y brillante durante los segundos que le llevan el formar un hueco cada vez más grande y profundo dentro de la tierra.
Una vez que la aceleración remanente del impacto cesa, también lo hace la expulsión de todo chakra del cuerpo de Sakura. Y, cuando consigue volver a erguirse y despega su mirada de la gran capa de roca resquebrajada bajo sus pies, nota que su ataque ha ocasionado una abertura de un radio de diez metros a la redonda, más unos seis o siete de profundidad.
Finalmente, el polvo levantado por su derrumbe se despeja lo suficiente como para que pueda distinguir un centenar de figuras humanas sepultadas bajo grandes trozos de roca sólida, que están repartidas por todo el cráter alrededor de ella. Sacudiéndose apenas la suciedad de la ropa, la kunoichi inspira profundo y toma un nuevo impulso para comenzar a saltar por el pedregoso perímetro del hueco hasta lograr aterrizar en la superficie del mismo.
"Hora de cumplir con la misión."Sentencia con el ceño fruncido, mientras se truena los dedos y observa al millar de aterrados sobrevivientes al impacto, con esa mirada desnutrida de emoción que estuvo portando desde el comienzo de su tarea.
Incluso en los cuatro metros de suelo firme que rodean al cráter, Sakura puede ver que hay hombres y mujeres inconscientes, o heridos de distinta gravedad. En respuesta al panorama, la mujer se toma la práctica molestia de acercarse a cada uno de ellos para terminar con sus vidas torciendo sus cuellos.
"Una muerte limpia. Rápida. Indolora."
Se justifica cuando comienza por fin a derribar con golpes, destinados a romper huesos, a todos aquellos enemigos en buen estado que se le acercan e intentan presentarle batalla.
"Es necesario."
Se repite a sí misma al tiempo que el sonido del crujido de las vértebras se vuelve casi rítmico a sus oídos.
De repente, extrañada de no estar recibiendo ataques a distancia, Sakura levanta su mirada jade y observa en el cielo al marionetista. Éste está colgando de cabeza con sus hilos de chakra, a unos metros debajo del ave de tinta. Desde allí,captura los explosivos y proyectiles cortantes de aquellos combatientes que intentan golpear a Sakura, y los lanza de regreso hacia ellos con un margen de error bastante acotado.
Otra docena de vidas sucumben ante la aprendiza de la Hokage, y cada una de estas personas muere de manera similar: un rápido ataque al cuello les hace perder la consciencia, e instantes después la vida.
Ella no puede evitar notar que muchos de estos hombres y mujeres no tienen un entrenamiento real de combate.
Esto es una verdadera masacre, no muy diferente a aquellas que vio hace días.
Un rato después de que la primera oleada de combatientes cae en sus manos, la joven comienza a observar cómo los cadáveres dejados por ella son levantados a sus espaldas por la técnica del marionetista. Acto seguido, las macabras marionetas de carne levitan sobre su cabeza a gran velocidad para sacarle ventaja en la labor de ocuparse de las leguas de sobrevivientes de más adelante.
Sakura puede ver el miedo en los rostros de aquellos miembros, que ahora se ven enfrentándose a sus camaradas muertos para poder, ya no derrotar a sus adversarios, sino escapar con vida.
"Al menos, sus muertes son rápidas."
Con el correr de los minutos, el acto de quitar vidas se le está volviendo un acto de memoria muscular. Cada vez es más sencillo, más automático. Y esa sensación es cada vez más desagradable para Sakura.
Por su parte, el artista del movimiento observa todo desde el lomo de su creación. De vez en cuando, algunos supervivientes escapan del área designada al marionetista, pero una manada de bestias de tinta, dibujadas por él mismo, dan caza a aquellos desafortunados que intentan alejarse del campo de batalla.
Afortunadamente para él, no son demasiados, ya que Sasori es eficiente en su trabajo, pero, para sorpresa de Sai, es Sakura la que cuenta esta vez con el mayor número de víctimas de la batalla.
A estas alturas, pocos hombres de la Serpiente intentan combatir. La mayoría trata de huir, con los caballos y asnos de carga, o sin ellos, mientras otro buen número observa entre sorprendido y aterrorizado como sus aliados caen.
A pesar de sus distintas decisiones, no hay diferencia en su destino. La kunoichi, que rápidamente avasalla el terreno del combate, no les otorga otro beneficio que una muerte limpia.
A fin de cuentas, la masacre no llega a durar una hora completa, pero a la mujer se le hace eterna de cualquier manera. Pronto, las voces de la comitiva comienzan a hacerse cada vez más escasas en el área, hasta que finalmente desaparecen al completo.
Una vez terminado el fragor de la batalla, Sakura se queda de pie, jadeando con ambas manos apoyadas sobre sus rodillas al tiempo que trata de sobreponerse a los recuerdos recientes de esta experiencia. Acto seguido, los cadáveres dejan de levitar y el pájaro de tinta aterriza sobre la pradera, depositando a sus dos compañeros masculinos frente a ella.
Casi sin mediar palabras entre ellos, el equipo comienza a caminar cada uno en una dirección distinta, revisando los cuerpos a su paso, uno a uno, para asegurarse de que nadie haya sobrevivido haciéndose pasar por muerto.
Por momentos, parece que la tarea de rematar a aquellos últimos hombres caería sólo en los dos artistas, pero, como si la suerte hubiese decidido ignorar a la rosada, ella termina topándose entre los cadáveres a un hombre inconsciente, que está reposando boca abajo sobre la hierba.
Sakura se muerde el labio inferior ante el descubrimiento. No quiere hacer esto. Ya ha gastado suficiente de su energía emocional por hoy.
Sin deseos de mirar a los ojos a quien espera que sea su última víctima el día de hoy, se agacha, lo gira por sobre el hombro, y, manteniendo sus orbes jades cerrados, le presiona la tráquea con su pulgar para sofocarlo.
Una vez que el pulso de su víctima se detiene, vuelve a abrir sus ojos, sólo para ver el rostro azulado, y petrificado en una expresión de absoluto terror.
Incorporándose en medio de un suspiro de resignación, la chica mira su sangriento alrededor una última vez.
La misión ha sido un éxito, pero no se siente ni remotamente así al final de la jornada.
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Esa noche, Sasori está haciendo guardia en el campamento, al igual que en todas las anteriores. Sai duerme dentro de la tienda que comparte con Sakura...
Y ella… Al menos, ella intenta imitar a su pálido compañero. Lo ha intentado por las últimas dos horas, pero no parece haber caso. No puede pegar un ojo, no después de lo que habían hecho hoy.
Asumiendo finalmente que su mente no le permitiría dormir, no se lo piensa dos veces al levantarse, calzarse sus botas, echarse su túnica a los hombros, y salir de la carpa en la que se estuvo refugiando de la brisa nocturna y los mosquitos.
Una vez afuera, Sakura busca al marionetista con su linterna, y no tarda en divisarlo en medio de la oscuridad de los escasos árboles, y arbustos, repartidos por el claro que les sirve hoy de asentamiento. Sentado a unos metros por detrás de la carpa, sobre un trozo de tronco corroído por la humedad, el insomne artista está de espaldas a ella, observando el cielo como sumido en un trance.
Por un momento, Sakura comienza a dudar sobre si sería sensato de su parte el iniciar una interacción. Después de todo, aún tiene presente que el pelirrojo se ha mostrado distante con ella durante los últimos días que han compartido juntos. Empero, finalmente su urgente necesidad de hablar se sobrepone a todo reparo que pudiese llegar a albergar hasta el momento.
Sin emitir otro sonido más que el de sus pasos, la mujer toma lugar en el tronco, a un lado del marionetista, y le habla sin ningún tipo de introducción o tacto.
—Necesito que me respondas algo—Musita dejando su linterna reposar encendida en el espacio de madera que los separa.
Sasori se muestra ligeramente sorprendido ante este inesperado evento nocturno. Este cambio en la escasa interacción que vienen llevando es algo considerablemente súbito. Sin embargo, no se le cruza por la mente el negarse a la solicitud de la insomne kunoichi.
—Por supuesto.
— ¿Cómo haces para hacer esto sin volverte loco?—Le pregunta Sakura acompañando el interrogante con una forzada sonrisa irónica.
El marionetista la mira a los ojos con discreción, y la tenue luz amarillenta le permite notar en ellos una turbulencia familiar, que no puede provenir de otro lado que del corazón de su compañera.
La ve confundida, herida. Sus dudas no parecen ser algo reciente.
Darse cuenta de todo esto, le genera un arrepentimiento inmediato al pelirrojo. Se enfocó tanto en mantener la distancia estos días que no se había preguntado si esta es en realidad la opción correcta. Si no hubiese actuado de esa manera, quizá hubiese notado la tormenta que se gestaba en ella antes de que llegase a este punto.
Por supuesto que esta situación iba a afectarla tarde o temprano, ella no es una asesina.
—Mi respuesta no va a ayudarte… pero creo que puedo serte de utilidad…—Habla Sasori en susurros. Tras lo formal de su lenguaje, puede percibirse un dejo de verdadera preocupación— ¿Puedo yo preguntarte algo?
La joven se sorprende por la respuesta. No esperaba esto. De hecho, esperaba que el renegado se mantuviese igual frio, estructurado y cortante que el resto de los días que han transcurrido desde que la misión comenzó.
Esperaba que no mostrase siquiera sospechar el motivo de su pregunta.
—Claro…—Asiente ella sin lograr expiar la conmoción de su faz.
— ¿Qué es lo que está por volverte loca? Piénsalo un momento—Es la interrogante del ex Akatsuki, mientras pasa a escudriñarla con una mirada nueva. Aún está analizándola, sin dudas. Pero esa suerte de agresión en el porte del renegado ya no está presente ahora.
La médica vuelve su rostro al frente, y respira profundo antes de relajar su espalda y comenzar a soltar a voz pausada las inquietudes que invaden su consciencia.
—No puedo quitarme la sensación de que no hay una verdadera diferencia entre mis acciones y las de este otro grupo que ataca a la Serpiente. No alcanza con decirme a mí misma que les doy muertes indoloras. No alcanza con decirme a mí misma que es necesario. Sigo tomando vidas sin asegurarme de que merecen su destino. Cada vez me siento menos capaz de seguir haciendo esto. Sé que voy a tener que hacerlo de todos modos, porque soy una ninja competente… pero… no creo poder permanecer sana si continúo así.
El titiritero la escucha en silencio sin dejar de mirar por el rabillo del ojo como la joven se esfuerza por mantener la compostura, tanto que a lo último se talla los ojos para evitar que éstos se le humedeciesen más de la cuenta.
La mezcla de ira y decepción dirigidas a sí mismo se acentúa en el interior del pelirrojo a cada segundo que pasa. Su falta de atención permitió que todo esto creciese dentro de ella sin nadie que la guíe. Él sabe que a pesar de sus talentos, ella sigue siendo joven. Y por esta razón no debería haberla descuidado tanto en primer lugar...
Negándose a permanecer estático ante la situación, el hombre se alimenta de estas sensaciones para motivarse aún más a enmendar su error.
—Fallas en reconocer que los motivos para hacer algo, y los motivos para vivir con lo que has hecho, son dos cosas distintas—Le contesta Sasori luego de unos segundos de silencio, en los que ha observado los ojos de la rosada sin percibir con exactitud el paso del tiempo—No me cabe duda de que eres una kunoichi formidable. Cumplirás tu misión aunque te desagrade… En principio, eso está bien. Pero te has enfocado tanto en los motivos para llevar a cabo tus acciones, que no has encontrado uno por el cual merezca la pena hacerlas en primer lugar.
—Pues, yo no tengo una convicción por el arte que me permita hacer todo esto con la consciencia fresca—Le espeta la joven, demasiado frustrada de momento como para analizar el significado tras las palabras del artista.
—Es verdad—Prosigue sin abandonar la conciliación en su tono—Pero estoy seguro de que esta situación no es tan grave para ti como me la estás describiendo ahora.
De repente, la mujer se encuentra a punto de enojarse con el marionetista. ¿Cómo puede él pretender saber lo que está en su mente?
Anticipándose a la posible reacción negativa de la joven, Sasori retoma la palabra antes de que se malinterpretase aún más el significado tras su consejo:
—Cuando me salvaste la vida, luego de nuestro primer enfrentamiento, desde tu perspectiva habías cometido una acción injustificable, incluso imperdonable. Recuerdo tu estado, recuerdo como querías poner fin a tu vida—Entrecierra sus ojos al rememorar aquellas imágenes en su propia mente—En este momento, no te encuentras así. Y esa no es una diferencia que carezca de motivo.
Sakura bufa con irritación al tiempo que se cruza de brazos en actitud defensiva.
—Porque ya no soy una niña idiota.
—Quizá eso influye—Le contesta él reconociendo su progreso, sin poder evitar esbozar una media sonrisa ante lo familiar que le resulta esa pose de la kunoichi—Pero no es suficiente. ¿En realidad crees que has cambiado al punto en que las líneas de lo aceptable e inaceptable no son las mismas para ti?
A diferencia de la vez anterior, ahora Sakura sí que tiene que se ve en la necesidad de meditar un momento aquellas palabras antes de contestar con las propias.
—No... No he cambiado tanto—Admite con cierto aire introspectivo—Y tampoco quisiera cambiar al punto en que tomar vidas me resulte indiferente.
Sasori amplía sutilmente su sonrisa ante la implícita predisposición de la dama para con el resto de la "lección".
—Entonces, comencemos por esa situación. ¿En qué momento decidiste que mantenerme con vida no era imperdonable?
De un momento para el otro, Sakura se ve a sí misma sonriendo al vacío con un marcado dejo de nostalgia tras escuchar aquel planteamiento.
—En el momento que me proporcionaste información para proteger la vida de mi familia y amigos—Responde en voz baja, casi sintiéndose avergonzada de compartir aquella información con él.
Es esta frase la que termina de encaminar al marionetista en su idea para ayudarla. Por supuesto que esa sería la respuesta. Después de todo, es proteger a sus seres queridos lo que le da a esta mujer la voluntad que en un primer momento llamó su atención.
—Exacto. Tienes que dejar de pensar en esta misión como una tarea más. Eso sólo justificará la necesidad de tus actos, pero no te ayudará a vivir con ellos. Recuerdo que me dijiste que tu voluntad nace de tu deseo de proteger a tus seres queridos. Ponlo en práctica. ¿A quién proteges? ¿De qué lo proteges? Sabes que no haces esto solamente por ti misma. En la vida de cualquier ninja llega el momento en que es necesario decidirse por una acción, justificarla y vivir con sus consecuencias. Yo decidí vivir como renegado, y tomar vidas porque creí que mi arte merecía la pena. Parece ser tu turno ahora. ¿Qué es lo que merece la pena para ti?
La rosada parpadea varias veces, como si intentase hallar una respuesta genuina en lo más hondo de su ser.
—Mis padres…—Comienza—Ellos no merecen tener una hija que haya cometido traición a la aldea. Y ambos sabemos que si la Serpiente continúa existiendo, eso es lo que les espera.
—Continúa—La alienta el marionetista sin dejar de mirarla.
Gracias a este gesto, la joven puede notar que se encuentra en la línea de pensamientos correcta, y eso le transmite un extra de seguridad en sí misma.
—Mi maestra, mis amistades, mi aldea—Frunce el ceño con cada vez más convicción en sus propias palabras, a la vez mantiene su mano izquierda hecha un puño sobre su regazo—Quiero estar allí para pelear con ellos cuando Akatsuki intente capturar al Kyubi. Sai… él ha hecho mucho por la aldea, y por mí. No puedo permitir que sea también considerado un traidor.
El pelirrojo vuelve a sonreír ante el progreso de la mujer frente a él. Luego, se toma la libertad de interrumpirla por un instante:
—Esa es la clase de pensamiento que es digno de ti. Si algo sé de ti, es que no eres alguien que simplemente sigue órdenes. Eres una médica, eres una protectora. Deja de enfocarte en el acto de quitar vidas, eso es solo un medio para conseguir tu fin: proteger.
Sakura escucha la oración, y se alivia al oírla. En este momento, necesita dejar de sentirse disgustada consigo misma y sus acciones. La verdad es que a lo largo de estos días necesitó de esta charla.
Dejándose llevar por esta sensación de plenitud, abandona la tensión en sus facciones para subir su rostro hacia el cielo. Así, mientras contempla las estrellas con una serena curvatura en sus labios, Sakura menciona en voz alta un nuevo ítem en su lista a proteger:
—Y luego estás tú. Si los rumores de la marioneta viva se extienden, tendrás que huir activamente de Akatsuki… Y no quiero eso. Quiero proteger a quienes me importan— La mujer termina de pensar en voz alta, cerrando sus ojos como si hubiese liberado su alma al decir todo aquello.
Sasori, estático por esto último que acaba de oír, debe tomarse un instante extra para recuperarse de su sorpresa.
— ¿Crees que por esa razón merece la pena todo esto?—Cuestiona de nueva cuenta el renegado de la Arena, con la marcada intención de seguir haciéndola vocalizar sus pensamientos.
Después de todo, se le sigue haciendo imposible sofocar a esa estúpida ilusión en su interior, aquella idea de que quizás, y solo quizás, él sea correspondido.
Sakura ríe con repentino buen humor.
—Pensándolo así… pues, sí estoy dispuesta a más para cuidar de ustedes. Creo que puedo permanecer cuerda por esa razón—Expresa con ánimo, mientras se lleva una mano debajo del mentón—Eso no quita que tomar vidas es algo que no voy a tomarme a la ligera. Pero, al menos… Si estos actos, y la incomodidad que con ellos me llega, son el precio para protegerlos… pues… Entonces, sí. Merece la pena. Tanto que podría vivir diciendo que tomé vidas para proteger a quienes quiero.
Ahora es el pelirrojo quien tiene dificultad para responderle.
—Gracias por incluirme, supongo—Es todo lo que puede decirle.
—Dije que eras mi amigo…—Sakura se voltea a verlo con una sincera mueca de modestia—Y soy yo la que debe agradecerte… De todos modos, ya me siento un poco mejor. Gracias… Realmente necesitaba esto.
Con esta última oración, un pequeño estado de aletargamiento comienza a adueñarse de ella.
—No es nada. Debería haber notado antes que necesitabas conversar—Se disculpa el marionetista evitando demostrar verdadera importancia ante el asunto.
—Hablando de eso—Comienza la rosada con el ceño caprichosamente fruncido, tras reprimir un bostezo con su mano derecha—Me niego a seguir ignorando cuán raro has estado estos días. ¿Qué te está pasando? Y no me digas que no pasa nada. Desde que volvimos a vernos no has dicho un chiste, ni me has molestado una sola vez. Ahora es tu turno de hablar.
Sasori alza una ceja ante lo improvisto de aquella interrogante. No obstante, se esfuerza en mantener un semblante de tranquilidad. No puede responderle la verdad. No puede decirle que por miedo a revelar sus sentimientos por ella prefirió mantener una distancia profesional que terminó siendo excesiva.
De este modo, conserva el silencio unos momentos antes de responderle. Debe escoger las palabras adecuadas antes de decir cualquier cosa.
—Pues… Existe un riesgo tangible de que seamos descubiertos por alguien. Por supuesto que me preocupa que por mi culpa tengas que volverte una fugitiva. Yo ya estoy acostumbrado a esto, y me lo merezco desde cualquier punto de vista. Tú no—Responde con una media verdad— Por eso intento enfocarme en la misión. Bromear sobre cualquier cosa, cuando tu futuro está en la línea, sería faltarte el respeto.
La mujer lo escucha atenta. ¿En realidad ese era el motivo? Sus palabras tienen algo de sentido, pero no puede quitarse de encima la sensación de que hay algo más. Aún así, opta por creerle. No quiere despreciar su respuesta, y tampoco desea sospechar que le miente.
—Pues, me vendría bien una que otra falta de respeto ahora. Si voy a tener que pasar meses solamente matando, y corriendo, voy a enloquecer—Bromea ella de un modo que casi suena demandante— Además, no estás actuando como en realidad eres. No pudiste evitar decir algo sólo por verme en ropa civil en la mansión Kimura, y no dijiste nada en el castillo de Hanazono. Hasta yo puedo darme cuenta que eso no tiene sentido.
Sasori parpadea, conteniendo las ganas de apretarse el puente de la nariz con una mano. Menos mal que puede desactivar la capacidad de sonrojarse a voluntad. Este es otro comentario más al que no puede responder con honestidad.
¿Cómo decirle que algo tan irracional como un ataque de celos era lo que ocupaba su mente en esa noche? Ya había tardado su buen tiempo en admitírselo a sí mismo.
—Amenazaste con romperme si decía algo—Se justifica con los dientes ligeramente apretados y una sonrisa contrariada, al tiempo que reúne el porte para volver a mirarla por el rabillo del ojo—.Pero si quieres que diga algo, créeme que tengo unas palabras. ¿Estas segura que quieres oírlas? No todas son decorosas.
Sasori continúa llevando la situación a un punto de broma con la intención de que Sakura comience a sentirse incómoda ante la idea y desista de ella por iniciativa propia.
—Y la amenaza era cierta. Ni siquiera lo pienses—Se apresura la joven a frenarlo antes de que dijese algo.
—Técnicamente, ya lo pensé—Vuelve a burlarse el Akasuna, aunque esta vez de un modo mucho menos forzado.
—Yo me lo busqué… pero, a decir verdad, extrañaba esto—Recita Sakura con una calma y añoranza que escapan a la comprensión inmediata del renegado—Por favor, no volvamos a actuar como en estos días. ¿De acuerdo?
Le pide ella con sorprendente honestidad.
—De acuerdo… —Musita el hombre tras un segundo de silencio—Y sobre esa vestimenta…
—No tientes a tu suerte—Lo interrumpe Sakura con una vena hinchada en su frente al tiempo que se pone de pie para volver al interior de la carpa.
— ¿Puedo tentarla una vez al día? —Continúa bromeando el marionetista, mientras sigue a la joven hasta el sitio en donde ella planea dormir lo que queda de la noche.
—Hazlo bajo tu propio riesgo—Es lo último que le contesta ella en tono jocoso, antes de desaparecer tras el umbral de la tienda de campaña y dejarlo hablando solo.
Y en lo que tarda en llegar la mañana, ambos coinciden en sus pensamientos:
"Esto se siente mucho mejor que conservar la distancia."
Pueden agradecer al cielo de que aquella molestia acabó esta noche.
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