Nota de autores: Para aquellos lectores que se conectan de vez en cuando y van derecho al último episodio, esta semana publicamos dos capítulos seguidos. Lean también el anterior o no van a entender mucho de éste.

Y una cosilla extra, el titular de la cuenta es un masculino, mientras que Co-autor es de sexo femenino. Ha sido gracioso ver como algunos de nuestros lectores confunden nuestros géneros, y en parte fue nuestra culpa. Pero con esta aclaración debería ser suficiente.

Ahora, sí, no más molestias. Disfruten el capi.


Infantil.


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Unas semanas más transcurren desde la primera masacre en la que Sakura tuvo que desempeñar un papel protagónico.

Como era de esperarse, a aquella intensa jornada le siguió otra tanda más de experiencias similares en su ejecución. Y, al igual que en la primera vez, Sakura se vio en la posición de utilizar su fuerza bruta para ayudar a su equipo en la tarea de acabar con tantos miembros de la instalación de turno como fuera posible.

A este punto del camino, el improvisado grupo de ninjas ya ha conseguido limpiar unas tres bases, descontando al edificio Hanazono, todas repartidas por la poco poblada ala nororiental del vasto país, hogar de los dos ninjas más jóvenes.

Quizá, más importante que el número de instalaciones derrotadas es el progreso de la red de espionaje.

Las aves de Sai han trabajado sin descanso desde el primer día para mantener al artista del movimiento, y a sus compañeros, al tanto de todo lo que pudiera interesarles.

Es claro que la Serpiente comienza a desesperarse. Cada día, hay más noticias de bases abandonadas y replegadas a sitios más grandes, y mejor vigilados.

En parte, porque las tropas de defensa, que se hicieron presentes en los últimos dos combates, fueron considerablemente más entrenadas y organizadas que la resistencia que se habían encontrado en aquel grupo que enfrentaron a campo abierto. Y, por otro lado, porque también se cruzaron con un par de instalaciones abandonadas durante sus viajes. Dichas fortalezas escondidas en el paisaje, a pesar de hallarse desprovistas de vida, no presentaban los brutales rastros de combate producto de un ataque de la tercera fuerza misteriosa. Por lo tanto, era deducible que todos allí dentro habían conseguido migrar a otro territorio más estratégico con tal de rehuirles a sus agresores.

Y hablando de estos segundos "cazadores de serpientes", ya van diez días desde que los reportes sobre bases atacadas por la tercera fuerza han cesado. Al principio, estas noticias extrañan al dibujante. No obstante, incluso si este alto al fuego fuese permanente, el daño ya está hecho. Día tras día, más y más hombres dentro de la Serpiente aceptan traicionar a sus empleadores para unirse a Sai en un intento de salvar sus vidas de la 'marioneta viva'.

De todas formas, el progreso es demasiado veloz para seguir siendo sostenible. Tanto así, que las limitaciones a las habilidades del artista del movimiento se manifiestan al equipo unos días después de que se cumpliese un mes del inicio de esta misión.

Ahora, tras otro largo día más de viaje por el bosque, los ninjas deciden pasar la noche en una sencilla posada al costado de un camino civil, aquel que tarde o temprano los guiaría hacia las tierras de uno de los feudales más influyentes en la región norteña del país.

Allí, son atendidos por una pareja de ancianos de tercera edad, quienes están ya familiarizados con ofrecer cobijo a los viajeros y comitivas de comerciantes, o nobles, que pasan por aquella ruta durante la noche.

La construcción de madera, de unos tres pisos, se le antoja acogedora a Sakura. Quien, cansada de venir acampando casi siempre a la intemperie, se siente necesitada de un corte en el ritmo de su andar, el cual viene siendo apresurado gracias al afán de buscar nuevas bases que desmantelar en el menor tiempo posible.

Los dueños le dan una llave a Sasori que corresponde a la habitación número '17', ubicada en el segundo piso de la hostería. Luego, los invitan a pasar a todos más allá de la recepción, en donde se encuentra una sala con una chimenea en su centro, y varias mesas y sillas acomodadas a su alrededor. Allí, les sirven la cena, consistente en puré mixto de patatas y calabaza, pollo rebozado y pan frito especiado. No obstante, tanto Sai como Sakura terminan repartiéndose entre ellos el plato del marionetista, quien sólo los acompaña en la mesa por puro protocolo.

Luego de la amena cena otorgada por los posaderos, los ninjas suben con sus equipajes hasta sus aposentos. La habitación es para tres personas. Tiene tres futones guardados en el ropero de la pared, un suelo de tatami y unas lámparas de mesa apoyadas en el piso, en donde debería de estar el espacio que separe los lechos. No muy lejos de allí, está el baño.

Sakura es la primera en entrar allí, con la intención de bañarse y cambiarse de ropa cuanto antes. Y, luego de un rato, Sai intercambia los lugares con ella.

Una vez que todo está preparado para las siguientes horas de sueño, con los futones armados en el suelo y sólo las luces de cama iluminando la estancia, los tres shinobis deciden conversar un poco sobre la siguiente fase de su plan.

Después de todo, su aventura los ha conseguido llevar al norte del país del Fuego, y pronto los llevará fuera de éste.

—Necesito que nos detengamos por unos días—Les informa el artista del movimiento, sentado sobre el futón que él ocuparía esta noche para dormir—Más precisamente, necesito detenerme por unos días.

— ¿Qué está ocurriendo? —Consulta la kunoichi, pasando a hacer lo propio sobre el sitio de descanso que le corresponde.

—No puedo mantener informados a mis espías, ni recibir información de ellos al ritmo que veníamos acostumbrados hasta ahora—Expresa con una seriedad que no logra trascender a su impasible semblante—Necesito un tiempo para recuperar el estado de mi red.

—Me temo que no comprendo—Vocaliza el renegado de la Arena, que se suma a la conversación con la espalda apoyada contra la puerta cerrada del baño, casi sin llegar a ser tocado por la luz de los veladores.

—Mis aves son un recurso limitado—Explica mirando al Akasuna, a su derecha, por el rabillo de su ojo—Al menos, aquellas que mi gente me envía. Cada una de ellas, debe ser creada por mí y enviada a mis contactos por medios normales. Cada una de ellas, me toma entre treinta minutos y dos horas para poder crearlas, dependiendo de cuánta distancia deban volar. He gastado casi todo el arsenal de dibujos que tenía acumulados. Si no dedico un tiempo para crear más, estaremos viajando sin información actualizada, totalmente a ciegas. Creo que detenernos por unos días representa menos riesgos que continuar.

—Ya me parecía que tus habilidades eran demasiado convenientes para no tener un límite—Le contesta el artista de lo eterno con cierto ojo crítico—Y coincido contigo. El motivo de la eficiencia de nuestros ataques es que nos mantenemos informados. Detenernos es la opción más sabia.

—Entonces, simplemente permaneceremos aquí. ¿Por cuánto tiempo? —Pregunta la rosada intercambiando miradas de confusión entre su compañero sentado a su lado, y su compañero de pie no muy detrás del primero.

—La idea es que yo permanezca aquí entre cuatro y cinco días—Retoma Sai—Para ustedes, tengo otra tarea diferente para aprovechar este tiempo.

—Eso suena mejor—Sonríe la joven con suavidad— No tengo problemas con descansar, pero, dadas las circunstancias, preferiría estar haciendo algo un poco más productivo.

— ¿Cuál es esa tarea? —Interroga el artista de lo eterno.

Sai saca un mapa de la mochila que reposa junto a su futón, y lo extiende sobre el tatami debajo del velador, que yace entre Sakura y él, antes de explicar la situación en mayor detalle. Al mismo tiempo, Sasori se acerca intrigado hasta la unión de las camas.

—Uno de los responsables de la relocalización de las fuerzas de la Serpiente se ha unido a nuestra red. Y, francamente, me resulta demasiado conveniente para no dudar de la veracidad de sus palabras—Señala dos puntos en el mapa y traza con el dedo una ruta que los une—Según su información, la base en la que él se encuentra transferirá su personal en dos días. Esta es la ruta que deberían de tomar.

Los otros dos miembros lo escuchan sin nada que replicar por el momento.

—Necesito que confirmen la veracidad de sus palabras sin atacar al grupo. Sólo queremos saber si sus palabras son verdaderas. Si en realidad trabaja para nosotros, todos los detalles que mencionó en su carta deben ser fácilmente verificables: cantidad de gente, nivel de entrenamiento de las fuerzas de seguridad, cantidad de provisiones, entre otros detalles. Necesito que se aseguren que este hombre está definitivamente de nuestro lado. Si es así, es mejor que nada le ocurra a la gente que lo rodea. Mientras más tiempo permanezca adentro e informándonos, más rápido lograremos desmantelar la organización. Y si nos mintió… pues…—La expresión de Sai muta a una de sus características sonrisas de etiqueta. Esto, sumado a la iluminación parcial en sus mejillas y nariz, le da cierto aire sádico a sus palabras— Imagino que ya saben qué hacer.

—Perfecto—Accede el marionetista escudriñando el mapa en detalle—Además, esa ruta está a sólo un día de viaje desde aquí.

—Así que tendremos el tiempo para reconocer el terreno y seguir a la procesión para analizarla—Agrega la médica.

—Ese es el punto. No existe prisa alguna. Incluso si demorasen más, eso sólo me permitiría dedicar tiempo extra a mis creaciones. Esta noche descansaremos, y mañana por la mañana les daré un mapa correctamente señalado, más la carta enviada por nuestro contacto.

Sakura y Sasori asienten, y, casi al unísono, buscan la mirada del otro en medio de la tenue iluminación del ambiente.

Cuando sus ojos se encuentran, leen la misma sensación de familiaridad en el rostro ajeno al propio: la de que aquello sería como la primera misión que ambos compartieron a solas.

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Al mediodía siguiente, el recién formado dúo se encuentra ya en camino al sitio indicado por Sai. A paso moderado, se desplazan a pie por la carretera sin tardar demasiado en dejar atrás a la posada. No obstante, al cabo de un rato, se terminan desviando de dicho camino para internarse nuevamente en bosque.

No pasan más de veinte minutos de recorrido hasta que sus pies dan con la cima de una empinada ladera de tierra, de unos siete metros de altura, que desemboca en un desgarbado camino rodeado de maleza y arbustos. Sin mucho esfuerzo, saltan hacia él.

Aquel sendero en desuso les serviría como atajo para arribar a su nuevo destino.

Por lo tanto, toman la decisión de reservar sus energías, y la poca agua que cargan, para seguir realizando lo que les quede de trayecto caminando en el suelo.

A pesar de que todavía siguen de servicio en este preciso momento, hay algo que flota en el ambiente y que ninguno de los dos sabe descifrar, pero que consigue extender la sensación de tranquilidad que han experimentado durante la noche anterior.

Quizás, el origen de este estado se deba a que, en general, el tiempo que compartieron estas últimas semanas ha sido más ameno, menos serio que aquel de los primeros días de la misión. O, quizás es simplemente que el panorama de hoy en día se ve mucho más controlado, y, por ende, su futuro se ve mucho más prometedor que al principio de la temeraria travesía.

Cualquiera fuera el caso, es algo que ambos ninjas disfrutan a cada momento en el que no están ocupándose de hacer caer a base alguna; ya sea conversando de vez en cuando sobre nimiedades en los campamentos, ayudándose el uno al otro en las tareas o las compras en los poblados de paso, o hasta bromeando durante los momentos previos, o posteriores, a los enfrentamientos, con la única finalidad de alivianar la tensión. Definitivamente, algo de naturalidad en esa suerte de amistad que ambos comparten, había sido recuperada luego de su encuentro en aquella noche sin luna.

Aún así, hay una constante que remanece ante sus interacciones, y es que ambos todavía contienen parte de sus temas de conversación cuando están en frente del dibujante. No es como si no estuviesen acostumbrados ya a convivir en su compañía, pero, como el líder del grupo que el pálido acabó siendo, su profesional presencia siempre los inspira en cierta forma a mantenerse enfocados en planear sus siguientes movimientos. Además, aún no tienen el descaro suficiente, más que nada Sasori, de llevar más allá sus bromas en frente de un tercero.

Por esta razón, la nueva privacidad con la que contarán a partir de ahora los hace poco a poco, a medida que sus pasos hacen crujir la hierba bajo sus pies, caer en la cuenta de que pueden comenzar a aprovecharla sin demasiados reparos.

Y quien se anima a comenzar un nuevo juego no es otra que la propia Sakura.

—De acuerdo, ya te hiciste el tonto durante demasiado tiempo—Dice sin aguantar una risa de picardía—.Es hora de que lo sueltes.

Sasori se gira a observarla al tiempo que parpadea un poco desentendido ante el súbito aire juguetón de su compañera.

— ¿Qué quieres que te cuente? —Pregunta sin acabar de caer en el tópico de la cuestión.

—Lo que sea—Repone ella con un chasquido de su lengua—. Tuvo que pasar algo entretenido esa noche. Dijiste que tuviste que actuar como ebrio.

El pelirrojo sonríe de medio lado y cierra sus ojos al comprender las intenciones de la dama.

—Pues… perseguí a un guardia de la Serpiente mientras me burlaba del aspecto de su cara—Explica volviendo su rostro al frente, rememorando los eventos de esa noche—Lo molesté por unas cinco cuadras antes de que decidiera golpearme.

—Necesito una demostración—Demanda la joven conteniendo apenas la risa con una mano sobre su boca.

La idea de ver al marionetista ebrio es algo demasiado extraño como para no reírse del concepto.

—Eso puede arreglarse—Contesta el pelirrojo, aminorando su paso sobre el sendero silvestre de un modo enigmático.

La mujer se le adelanta sin querer, y se gira para verlo con intriga en cuánto nota su rezague. Lo contempla cambiar su posición y centro de equilibrio.

El marionetista se encorva ligeramente, y empieza a caminar entre tambaleos hacia ella, balbuceando sílabas estiradas y sin coherencia.

Sakura se vuelve a llevar la mano a la boca, pero falla en contener sus joviales carcajadas. Por su parte, el marionetista sigue acercándose a ella apenas mirándola. Mantiene la cabeza rojiza gacha, como si estuviese por vomitar el contenido de su inexistente aparato digestivo.

Sí, es una actuación convincente, pero no es eso lo que Sakura está pensando. Sino que, el ridículo de ver a un ex miembro de Akatsuki actuando de manera tan poco agraciada, es demasiado cómico.

Ya le ha quedado claro que los rumores y reputación que rodean el nombre de Sasori, aunque justificados, no son lo que lo define. Al menos para ella, la sombra que el renegado produjo con sus acciones durante sus años pasados pasó a ser solo una parte del todo, una exageración que contrasta tanto con la imagen que ve en estos momentos que sólo atina a reír ante ella.

Luego de unos instantes de tropiezos y tambaleos, el marionetista recupera su pose y porte anteriores y vuelve a arribar a su lado.

—Para que luego no digas que no escucho a los pedidos del público—Le dice a la joven como si fuese un actor en una obra de teatro.

La rosada se recupera del ataque de risa mientras asiente con la cabeza ante sus palabras.

—Sí que sabes dar un espectáculo—Concede la médica.

—Soy un hombre de varios talentos. Pero eso es suficiente ridículo para mí. Ahora es tu turno—Sonríe el marionetista con una pizca de malicia en la mirada.

— ¿Mi turno de…?

—De hacer el ridículo. De alguna manera convenciste al tipo de violeta. ¿No me vas a contar cómo? —A pesar de lo directo de su pregunta, el hombre no tiene la intención de obtener una verdadera respuesta de Sakura. Sólo quiere cumplir su capricho de molestarla un poco.

Al instante, un ligero rubor se adueña de las mejillas de la kunoichi.

—En serio te gusta tentar a la suerte—Espeta con los labios y el ceño fruncido, a la vez que posiciona ambas manos sobre sus caderas— ¿Por qué voy a contártelo?

—Porque yo no tuve problemas en avergonzarme.

Sakura bufa ante la respuesta. No obstante, no demora en formular una propia para depositar su parte en el juego que ella misma ha iniciado.

—Sólo usé mis… encantos—Le responde con algo de vergüenza, más no la suficiente como para romper el contacto visual.

Por su lado, Sasori no puede sostenérsela, y termina desviando el foco de sus ámbares hacia uno de los hombros desnudos de la ninja. Esa respuesta ya es un poco más de lo que esperaba por parte de su compañera. Además, ya no quiere imaginársela usando "sus encantos" en ese hombre.

Aún así, sin querer echarse atrás, ni dar señal de lo que en realidad está pasando por su mente, el marionetista tienta el pudor de la joven y presiona aún más sus límites haciendo uso de su porte petulante y malicioso.

— ¿Después de lo que me hiciste mostrarte, no puedo obtener una descripción más gráfica? ¿Algo más tangible que una simple oración?

Ahora, la rosada se molesta ligeramente con él. Es obvio que está jugando con su vergüenza, tratándola como una niña. Y quizá, muy a su pesar, ella aún se siente como una en ese aspecto.

Gruñe entre dientes sin evitar girarse hacia el frente de nuevo. Después de todo lo que compartió con él… Después de todas las dificultades éticas, y todas las experiencias adversas que ha vivido desde que se topó con él, ¿Aún es así de fácil hacerla retroceder?

"No. Ahora no. ¿Quieres jugar así? Vamos a ver quién sorprende a quién ahora." Piensa sin la intención de seguir encasillada en ese rol, esbozando una sonrisa desafiante únicamente para sus adentros.

La mujer se mantiene cabizbaja un momento, enseñándole su perfil a su compañero, mientras el Akasuna se confía de haber obtenido la victoria en este intercambio de palabras. De esta manera, tomando fuerzas y tragándose la vergüenza inicial, la mujer se decide a mostrarle a su compañero que no se puede jugar con fuego sin quemarse. Esta vez, el cedería ante ella.

Con un movimiento firme y agresivo, Sakura corre el cuello de su blusa roja, estirándolo para que revelase la piel de su clavícula, hombro e incluso un poco más de su busto izquierdo. En medio de su fiero arrebato, se fuerza a vaciar cualquier pensamiento que habitase hasta el momento en su mente, y se gira para volver a encontrarse cara a cara con el marionetista.

Impidiéndole el tiempo necesario para reaccionar de alguna manera, ella da un paso hacia adelante, y luego otro.

Acercándose a él, casi borrando por completo la distancia que los separa, levanta su mano libre y la posa en el hombro del pelirrojo. Luego, sonríe con malicia mientras permite que el marionetista tenga visión sobre el lado izquierdo de su cuerpo. Lo mira a los ojos al tiempo que le repite lo que antes le había dicho. No obstante, esta vez utiliza un tono sugestivo, más acorde a sus deseos de ver al renegado incómodo con su actuación.

—Usé mis encantos.

A todo esto, el marionetista se ve paralizado y con la mirada atraída hacia la de ella, casi como si Sakura entera fuese un imán. Si aún tuviese la necesidad de respirar, se habría olvidado de cómo hacerlo.

De acuerdo al plan de Sakura, una mueca de pudor y vergüenza se pronuncia en el cerámico rostro. Esto definitivamente no es lo que él había planeado que pasara cuando lanzó su anterior desafío. Y, gracias a esta razón, no está en condiciones de responder a la vista de su nívea piel expuesta frente a él, la cual que se mueve ligeramente producto de la respiración de su propietaria.

Para suerte del pelirrojo, es ella quien pone fin a la incómoda pose, cuando comienza a reírse de él de manera exagerada y lo empuja unos pasos atrás con la mano que antes estuvo en su hombro.

— ¡No puede ser! —Grita entre risas mientras vuelve a acomodarse la blusa.

Pero el renegado de la Arena aún se ve incapaz de reaccionar. Por ahora, sólo está agradecido de que el acto de Sakura hubiese terminado en ese momento. Quién sabe cómo habría reaccionado el chakra de su núcleo si aquella cercanía se hubiese mantenido por más tiempo.

—Conozco esa cara—Le espeta señalándolo con el dedo— ¡Nunca hiciste ninguna de estas cosas! Después de todo lo que me molestaste… ¡Eres de los míos!

Sasori escucha a la mujer burlándose de él entre carcajadas… Sin poder discutirle al respecto. Técnicamente, él se había buscado este tipo de humillación.

— ¿Es necesario que lo remarques con tantas ganas? —Le cuestiona entre derrotado e irritado, al tiempo que alza una ceja sólo por mantener algún tipo de mueca digna en su cara.

—Oh, claro que sí—Responde ella orgullosa y sin dejar de partirse de la risa—Desde que te conozco que creía que siempre me ganarías en nuestras bromas por este maldito tema… ¡Cuando al final eres igual de infantil que yo! Por supuesto que voy a reírme. ¡Deberías haberte visto la cara!

—Dejar esto de lado es posible. ¿Lo sabes? —Bufa el marionetista llevando su dedo índice y pulgar a apretar el puente de su nariz, prefiriendo dejar este asunto atrás por el bien de lo que le queda de "honor".

— ¿Descubrí como molestarte y tengo que dejarlo de lado, así sin más? —Replica la muchacha con un tono rebosante de jovialidad, a la vez que fingiendo decepción ante tal petición. Mientras tanto, vuelve a tomarle la delantera a su compañero y reanuda la marcha a través del bosque.

— ¿Al menos por hoy? —Reniega entre dientes, intentando negociar con ella mientras se ocupa de alcanzarle el paso.

Sakura se fuerza a dejar de reír.

—De acuerdo… —Le concede, sintiéndose casi como una emperatriz teniéndole piedad a un prisionero—. Por hoy. Y sólo porque me caes bien.

Sakura decide dejar de presionarlo durante el resto de la jornada. Definitivamente, volvería a usar su descubrimiento más tarde. Ahora que sabe cómo molestar al marionetista, no hay forma de que no abuse de este conocimiento.

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Para el momento en que la caravana de la Serpiente se acerca a la ruta señalada, el dúo ya se encuentra a una cómoda distancia de su objetivo, apostados sobre las ramas de un nogal de mediana altura para poder tener una visión más cómoda del panorama de más adelante.

La hora de la verdad llega entrada la tarde del día siguiente a su partida de la posada. No obstante, Sasori y Sakura no pueden acercarse a la muchedumbre sin ser vistos, no mientras todavía exista luz del día deambulando por los alrededores.

Tal como habían conversado previamente, deciden seguir las huellas de la comitiva, manteniéndose unos kilómetros detrás de ellos hasta que la oscuridad de la noche terminase de hacerse presente en el bosque. Bajo el resguardo de las sombras, podrían acercarse para confirmar los datos que les fueron proporcionados.

Ya sea que el grupo se detenga para descansar, o que continúe su marcha a lo largo de de la noche, la escasa luz de la luna menguante y las estrellas proporcionará el ambiente adecuado para hacer un reconocimiento seguro.

Desde la aparición de su objetivo, el dúo se mantiene en un estricto silencio, conversando exclusivamente por las señas de manos más sencillas. Para cuando el astro rey termina de esconderse tras el horizonte, ambos ninjas optan por descender al suelo y acercarse un poco más al grupo que persiguen, mientras reemplazan las ramas por los arbustos y troncos como escondite predilecto.

Parece que la comitiva ha decidido mantenerse en marcha durante la noche. De hecho, pueden escuchar el eco de las conversaciones que los hombres de voz más estridente tienen de vez en cuando.

Con una serie de señales, alumbradas por la luna, la mujer indica a su compañero que se acercaría un poco más al grupo por su cuenta. Otra opción que habían discutido por la mañana es la de utilizar las habilidades de genjutsu de la mujer para ayudar a ocultar su presencia.

La pequeña expedición de la rosada da sus frutos de inmediato. Una vez que se acerca lo suficiente para escuchar las conversaciones con claridad, descubre que no sería necesario crear una distracción. La mayoría del personal es desorganizado.

Los encargados de mantener segura y disciplinada a la muchedumbre están teniendo problemas en mantenerlos avanzando por la noche. Existe un constante descontento en el grupo, que decidieron aplacar con una dosis de bebidas espirituosas.

Desde atrás de un tronco ubicado a unos seis metros del paso de la caravana y sus faroles, la mujer ve como la gente comienza a pasarse botellas entre sí, no sin antes tomar un sorbo de éstas, claro. El alcohol recupera poco a poco los ánimos de la muchedumbre. Pero también desvía la atención del grupo, ya que la mayoría del personal está prestando gran parte de su atención a la bebida más cercana.

El dúo vuelve a reunirse a una distancia segura de su objetivo. Allí, ocultos tras la sombra de un árbol, la Kunoichi susurra lo descubierto a su compañero, antes de que ambos se decidieran a dividirse para cuantificar correctamente al personal y a los animales de carga.

Dicho proceso es metódico y tedioso. Debido más que nada a la manera en la que la gente está agrupada, es difícil calcular con exactitud cuántas personas se encuentran en el centro de la masa humana, ya sea segregada en grupos o dentro de los carromatos. Sólo para asegurarse de que sus datos son correctos, los dos ninjas se dedican a realizar esta tarea más de una vez.

Los números parecen ser coherentes: tanto la cantidad de personal, como de animales reportada, coincide con los cálculos de ambos. Ahora, confirmar qué clase de contenido es el que cargan en los alargados receptáculos tirados por los animales… Eso es más difícil.

Por suerte para el dúo, la solución se presenta naturalmente. Un río local se ha desbordado por obra y gracia del ecosistema, haciendo que un torrente corriera por las depresiones naturales que se encuentran entre las colinas.

La manera en la que la muchedumbre trata su equipaje habla mucho de éste. Un considerable número de estos bultos transportados son tratados con brusquedad, pero no todos. Una selecta minoría es protegida del agua y las caídas de la gente, como si realmente valiesen su peso en oro.

Es claro que ciertas secciones del personal han invertido una considerable cantidad de horas y esfuerzo en lo que sea que se encuentre allí. Además, de las conversaciones que la multitud tiene, obtienen un par de pistas que se alinean con la nota que recibieron del contacto de Sai.

Para el momento en que la comitiva termina de cruzar la zona pantanosa formada por el desborde de agua, los dos ninjas consideran tener toda la información que necesitan, y pueden conseguir, sin exponerse a ser descubiertos.

El contacto probó ser honesto, y su ayuda sería vital para el siguiente mes.

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Luego de finalizada su tarea de reconocimiento nocturno, el viaje hacia las tierras feudales del norte les demora un día y una noche más que los que ocuparon en desplazarse hacia el río desbordado. Y, como es usual para ellos, el trayecto es realizado por una ruta diferente. Esto es como una costumbre que tomaron en el último mes, en la que, si tienen que regresar a un área en la que estuvieron anteriormente, no se permiten tomar la misma ruta. Después de todo, la rutina y la predictibilidad son la perdición del espía.

La ruta los transporta a un paisaje distinto: una suerte de estepa carente de vegetación alta, que aún está teñida de los colores violáceos previos a la aparición del alba. Esta área no es precisamente hospitalaria para el viajero promedio, y, por lo tanto, no esperan cruzarse con civiles en lo que demoran en cruzar el árido bioma hasta volver a encontrarse en una zona de menor latitud.

La principal ventaja de esta ruta es que el terreno es regular y desprovisto de grandes obstáculos naturales. Además, tras surcar esta sutil declinación en la cara trasera de la colina, ya conseguirían estar en el bosque caducifolio y limítrofe al feudo en el que piensan asentarse esta misma noche. Pero la principal desventaja es que, con el correr de las horas, la falta de vegetación termina volviendo a la abrasadora luz del sol algo más que una simple molestia.

Esto último no causa ningún inconveniente al titiritero, ya que su atípico cuerpo no se ve gravemente afectado por esta inclemencia climática. La rosada, por otro lado, comienza a sentir al astro rey como un enemigo personal desde hace ya unas horas de caminata. Tanto así que, una vez que sucede el advenimiento del mediodía, es incapaz de seguir portando su túnica negra y capucha sin deshidratarse en el proceso.

A pesar de esto, ella no tiene intención de retrasar la marcha. Aún se encuentra en una suerte de competencia con el pelirrojo, y se niega a ser una carga en las misiones. Así que sólo se dedica a masticar carne seca o pequeños trozos de queso mientras le sigue el paso a su compañero a través del paisaje.

Por momentos, el cansancio y el calor la empiezan a hacer flaquear. El pelirrojo le ofrece detener la marcha en repetidas ocasiones, pero ella sólo responde a cada una de estas peticiones dando un trago a su cantimplora, o mojando su cabello con el agua de la misma, y recuperando la marcha casi inmediatamente después.

El renegado de la Arena ve esta actitud con una creciente preocupación. La situación no sería sostenible por mucho tiempo más. La mujer no tardaría en ceder ante el sol, pero es claro en su mente que ella está demasiado encismada en la idea de exigirse a sí misma como para que cambie su actitud sólo con hablar. Al fin y al cabo, esta es una lección que tendría que aprender por las malas.

En este momento, la joven ninja está actuando como una niña terca. De vez en cuando, ella tiene este tipo de tendencias, y, si así es como desea actuar, así es como debería tratarse con ella.

Aún quedan unas dos horas más antes que el sol comience a ponerse, y la mujer ya ha agotado el agua que trajo con ella. Más temprano que tarde, los síntomas de una insolación se hacen imposibles de ocultar.

—Hasta aquí es donde te permito actuar como una idiota—Habla Sasori parándose frente a la agotada médica, forzándola a detenerse al colocar un brazo sobre su clavícula—Te ofrecí reducir el paso. Te dije que ajustáramos nuestro ritmo a tus limitaciones, e incluso te ofrecí mi chaqueta para cubrirte la cabeza del sol, pero insistes en esforzarte por sobre tus limites. No haces esto cuando estamos en riesgo inmediato. ¿Por qué lo haces ahora?

—No quiero ser el punto débil en nuestro equipo—Le responde la kunoichi sin negar el hecho de que su idea fue pésima. En este momento, está experimentando un dolor de cabeza que se sobrepone a cualquier ibuprofeno o técnica curativa que pudiese haber llegado a emplear sobre sí misma hasta el momento. Además, afectada por la elevada temperatura de su cuerpo, no puede producir sus técnicas con la eficiencia que necesita.

—No tienes que probarte a ti misma frente a mí—Comienza el a reprenderla el pelirrojo—Creí que había dejado eso claro antes, pero sólo por si las dudas y no queda claro, intentaré decirlo de una manera clara: no voy a considerarte menos por el hecho de que tengas límites. Pero me voy a tomar la libertad de tratarte como una niña, si decides actuar como una.

Sakura no responde, esta vez ella misma se puso en esta situación.

—Sube a mi espalda. La insolación es suficiente castigo, y no se te pasará de inmediato por más chakra que uses. Lo que hay que hacer es bajarte la temperatura antes de que el Sol te siga haciendo daño—Prosigue el hombre ante el aspecto cada vez más decaído de la muchacha, quien intenta a cada rato experimentar con su técnica curativa para usarla a modo de analgésico para el dolor—Por favor, no te opongas. Ya bastante incómodo me fue dejar que te insoles. Al menos, déjame atenderte ahora.

—Fue mi mala idea la de presionarme—Contraría la joven con los dientes apretados, y una mano teñida del verde de su técnica posada sobre su frente.

—Eres demasiado terca—La regaña mientras saca su antigua túnica de Akatsuki desde el interior de su torso y la hace levitar del lado rojo apuntando al Sol, para así crear sombra sobre la muchacha—Pero yo puedo serlo también.

Luego, se toma la libertad de tocar las extremidades de la joven, y, dejando hilos en ellas, la levanta con cuidado y la posiciona sobre su espalda.

La combinación de sorpresa y agotamiento deja a la médica incapaz de responder de inmediato a la situación.

Sasori posiciona la capa unos centímetros sobre Sakura, manteniéndola extendida con sus hilos a modo de sombrilla para proporcionar sombra a la mujer. No puede simplemente dejarla sobre ella, ya que la tela evitaría que todo el calor extra de su cuerpo se liberase.

—Perdóname el atrevimiento, pero, por favor, ya déjame ayudarte—Le vuelve a insistir con tanta impaciencia como interés en su bienestar, a la vez que comienza a caminar con ella a cuestas—Si de algo sirve, no le diré nada a Sai de cómo decidiste ser un dolor en el trasero en el viaje de regreso.

Sakura aún tiene la terca intención de negarse, pero, francamente, la idea de pasar un tiempo a la sombra y descansar un poco es demasiado tentadora en este momento.

—Está bien…—Susurra manteniendo sus ojos cerrados y sus brazos alrededor del cuello de Sasori—Pero, si vuelves a poner tus hilos en mi sin permiso, voy a enojarme.

—Tendré eso en cuenta—Sonríe sin aminorar su paso—Ahora, intenta descansar. Pronto llegará la noche y será más fácil que baje tu temperatura. Una vez que lleguemos al pueblo, me aseguraré de que tomes todo el líquido que necesitas.

La joven deja descansar su peso sobre el marionetista. Ahora que su cuerpo y su chakra no se están moviendo, puede sentir en mayor detalle los efectos de tan prolongada sesión de sol y ejercicio.

El dolor muscular, las náuseas y la falta de agua se sienten ahora como un perfecto complemento a las palabras del marionetista.

—Sabías que terminaría así… ¿Tenías planeado esto? ¿Por eso me trajiste por este camino? ¿Te quedaste con las ganas de tenerme cerca? —Susurra la joven en el oído del marionetista, aún tratando de incordiarlo pese a su deplorable estado actual.

Sasori se sorprende por la insinuación. Esa no había sido la idea original. Aunque, en retrospectiva, no le suena en absoluto como una mala idea.

—Eres increíble…—Ríe en un tono de voz similar—Yo intentando ayudarte, y tú aún intentando molestarme.

—Está bien… fui idiota hoy. No debí sobre exigirme y debería ser más agradecida. Puedo admitir eso. Pero no me respondiste—Concede ella sin dejar el punto anterior atrás.

—No. No fue mi plan. Ahora, por favor conserva el silencio y las energías que te quedan.

—Está bien… pero me estás malcriando—Expresa con un tono entre débil y somnoliento, a la vez que esboza una sonrisa socarrona—Debería lidiar por mí misma con los problemas en los que me meto yo sola.

—Si puedo ayudarte, lo haré. Ahora, silencio—Pide por última vez, en un tono que, mientras intenta mantener a raya las propias reacciones de su núcleo, suena casi paternal.

La mujer no tarda en desfallecer.

Para cuando recupera la consciencia, la noche ya se ha ceñido sobre ellos. El constante paso de Sasori ya los ha transportado una considerable distancia, y la brisa nocturna en aquella región árida le sirve como alivio a la imprudente kunoichi.

En un principio, no abre sus parpados. La temperatura es suficiente indicación de que el sol ya no gobierna el firmamento. Termina siendo el ruido de las pisadas del marionetista la que le lleva a abrir los ojos, ya que suenan como si estuviese caminando sobre adoquines.

Poco después, la mujer confirma sus sospechas. Débilmente, levanta su mentón del hombro de su compañero y de inmediato se encuentra a sí misma en la calle que sirve de ingreso a la civilización.

De inmediato, se alarma preguntándose por la posición de la túnica de Akatsuki. Pero no demora en calmarse al notar que Sasori ya se había encargado de ella. No debería haberse preocupado, pero su mente no funciona con la velocidad que tendría si estuviese sana. Además, nota que está arropada con la chaqueta de Sasori, mientras que él se ha quedado sólo con su camisa de algodón negra de cuello de tortuga.

—Buenas noches—La saluda el renegado, volteándose a verla con suavidad por sobre su hombro—Ya tendremos hospedaje y agua en abundancia. Tú sabes mejor que yo lo que necesitas para mejorarte.

— ¿Cuánto… cuánto dormí?

—Unas cuatro horas.

—Gracias… Creo que puedo caminar hasta el hospedaje—Expresa, haciendo ademán de querer bajarse—Suficiente humillación para un sólo día. Y antes de que digas algo, ya sé que es mi culpa y también que me lo merezco.

Sasori se detiene y flexiona sus piernas para permitirle a su compañera un buen descenso.

La mujer se incorpora sin muchos problemas, aunque aún está sufriendo los síntomas de la insolación.

Juntos, pasan por las concurridas aceras del pueblo hasta llegar al primer hospedaje que encuentran, y pagan por la habitación que el posadero en recepción les ofrece.

En cuestión de minutos, ya se encuentran ingresando al sitio en donde pasarían la noche.

—Vas directo a la cama—Ordena el pelirrojo cuando cierra la puerta tras el paso de Sakura, sin encontrar resistencia por parte de su compañera.

—No voy a discutirte eso—Dice ella en medio de un nuevo ataque de náuseas al tiempo que devuelve el abrigo prestado.

El artista de lo eterno deja su chaqueta colgada en un perchero adjunto a la puerta. Luego, se arremanga la camisa y se dirige al baño. Al lado del grifo del lavabo de porcelana encuentra un vaso, que de inmediato llena con agua.

Lo lleva hasta la mujer, a quien divisa recargada contra una pared en un intento de reprimir sus ganas de devolver lo que no tiene en el estómago, y se lo da para beber. Mientras tanto, él vuelve al cuarto del aseo y se encarga de humedecer la túnica de Akatsuki, que le había servido como sombra hace unas horas.

Después del terrible día que acaba de tener, Sakura está más que feliz de poder echarse boca arriba sobre un futón tan acogedor y esponjoso como el de aquel hospedaje.

—Cierra los ojos. Es hora de quitarle temperatura a esa frentota—Habla Sasori con una concentración que no viene a juego con su reciente broma, mientras trae en una mano la prenda embebida en frío, y en la otra, la cantimplora de Sakura llena nuevamente de agua.

— ¿No puedes ayudar sin burlarte de mí por un solo instante? —Le pregunta la joven mientras lo ve sentarse junto a su lecho. Ella aún tiene el rostro algo enrojecido, y ambas manos reposando sobre su propio abdomen.

—Y tú no puedes aceptar mi ayuda sin bromear. Así es como somos—Contesta el artista, volviendo a sonreír mientras apoya el 'paño' doblado en la mitad superior del rostro de la ninja— Volveré a cargar la cantimplora cuando te la termines, para que así puedas seguir bebiendo agua sin tener que levantarte.

Por la primera hora de la noche, la mujer no concilia el sueño, y tampoco quiere dormir. La sensación de la tela fría es algo agradable. Además de que debe mantenerse correctamente hidratada luego del agotamiento sufrido durante la tarde, bebiendo cada tanto de la cantimplora que su cuidador le acerca hasta los labios resecos.

Sin esperar nunca a que el trapo sobre Sakura termine de calentarse, el marionetista siempre lo toma para volver a mojarlo en el cuarto de baño, el cual es la única parte de la habitación que emite luz desde hace un buen rato, y después vuelve a sentarse a su lado para regresarle la prenda a la frente.

Ninguno de los dos cuestiona ya el hecho de que Sasori esté haciendo de enfermero. Él ya asumió que esta es su tarea, y ella terminó por aceptar que no podría evitar que él la asistiese. Además, se siente bien ser la paciente de vez en cuando.

— ¿Sabes? Hoy, mientras me cargabas hasta el pueblo, tuve un sueño bastante curioso…—Habla Sakura luego de un rato de ameno silencio, en el cual una sensación de profundo alivio ha acabado invadiéndola al estar comenzando a sentir los efectos del frío sobre su acalorada piel.

— ¿Ah, sí? —Prosigue el taciturno pelirrojo, con la mano apoyada sobre el húmedo paño que todavía reposa sobre ella— ¿Qué soñaste, si se puede saber?

—Soñé que la abuela Chiyo estaba curándome de nuevo en el suelo, mientras te decía que ya no iba a ser posible traer a la vida a las marionetas de tus padres con su técnica…—Recita en voz baja y con los ojos cerrados, a lo que él solamente responde moviendo ligeramente la bata húmeda sobre su piel.

De repente, Sakura no puede evitar soltar una débil carcajada, teñida de varias emociones encontradas ante el recuerdo de un evento que pasó hace ya una eternidad.

— ¿Cómo fue posible que terminásemos así, contigo cuidándome mientras estoy postrada en una cama?

Sasori sonríe de un modo más discreto, pero con una sensación similar a la de la kunoichi.

—Porque decidiste actuar como una niña terca…— La sermonea por un instante.

—Pero, hablando en serio… Admito que a veces me pregunto lo mismo. Aunque últimamente no he tenido mucho tiempo libre de recordar ese tipo de cosas, y no es como que todavía conserve la capacidad de soñar. Además…—Su voz tranquila es acompañada por una nueva sobada de su mano a la frente de su rosada "paciente" —El presente me parece mucho más entretenido.

—Ya veo... Igual… Ese sueño me hizo pensar…—Prosigue ella, abandonando por un momento el factor nostálgico para expresar cierta inquietud en su porte—Tu abuela perteneció a la Brigada de las Marionetas, ¿Verdad?

Sasori parpadea sorprendido ante la nueva pregunta.

—Sí… ¿Por qué? ¿Acaso insinúas que los viejos de la Brigada pudieron haber usado la técnica del traspase de energía vital de mi abuela para darles vida a un montón de marionetas polvorientas, para que atacasen a la Serpiente? —Ríe el marionetista con buen humor, mientras menciona la más inverosímil de las opciones.

Sakura bufa en respuesta, sin poder contener una subsiguiente risotada.

—Ya sé que es una idea chiflada y sacada de un cutre cuento para asustar a los niños, pero… ¿No has pensado en…?—De inmediato, se retracta de lo que va a decir, sintiéndose avergonzada de tan obtusa y anti climática ocurrencia—Bah, olvídalo. Tienes razón, es una idea estúpida. Por favor, olvida lo que dije.

Sasori no puede resistir el ver este nuevo ataque de vergüenza en la dama como una nueva oportunidad para molestarla.

—El sol te afectó el cerebro casi tanto como a la Brigada. La idea de dar vida a algo que nunca la tuvo es ridícula. No deberías preocuparte por leyendas infantiles.

Sakura gruñe con el paño tapando sus ojos mientras el hombre a su lado se ríe de modo burlón de la mueca en su enrojecido rostro.

No obstante, dos pueden jugar al mismo juego, y la revancha de la de Konoha llega un par de minutos después.

En una nueva ocasión, cuando el artista se levanta al baño y regresa a la rutina de apoyar de nuevo el paño recién mojado en su frente, ella intenta atajarlo por su cuenta. Empero, en vez de sujetar la tela húmeda, termina por sujetar el antebrazo del marionetista.

Sin molestarse por el "error", redirige el brazo de Sasori para que apoye el paño sobre su cuello y zona superior del pecho.

—Hay que alternar la posición del paño de vez en cuando—Explica la rosada sin denotar complicidad alguna en su aura, a la vez que siente alivio ante el frío tacto en otras áreas de su piel, que de igual modo fueron afectadas por el sol, aunque en menor medida.

El renegado, descolocado por la imprevista acción, se apresura a retirar la mano de la tela húmeda.

—Sí. Mejor que la próxima vez me des el paño a mí. No vaya a ser que te mueras de vergüenza. Infantil— Se burla la mujer ante la evasiva del hombre, sin necesitar de ninguna luz ambiente para poder interpretar la reacción de sus facciones a la perfección.

Sasori sacude su cabeza… Ni siquiera en este momento puede dejarlo ganar una ronda.

Acto seguido, el hombre vuelca el escaso contenido de la cantimplora en el rostro de Sakura.

—Mi error…—Se disculpa en tono falso —Voy a cargarla de nuevo.

La insolada chica ríe. A sabiendas de que se había buscado una contra ofensiva.

—Definitivamente, el presente es más entretenido—Asiente mientras tose el agua que logró colársele en la boca y nariz.

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