Cisma.


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Sakura aún se encuentra dormida a pesar de que el sol ya está en su punto más álgido sobre el firmamento. El marionetista no quiere despertarla, ya que ella ya se había desvelado durante gran parte de la noche. Al menos, los síntomas de la insolación han cedido por completo durante todo ese tiempo.

Los siguientes días amenazan con ser… complicados. La ninja de Konoha se ha vuelto demasiado animada con su nuevo descubrimiento. Quizá, en otras circunstancias este progreso hubiese sido una experiencia agradable…

De acuerdo, quizá en otras circunstancias este progreso hubiese sido una experiencia agradable en su totalidad. Pero la meta de no permitir que Sakura conozca la verdad en su mente aún es prioridad. Y esta nueva actitud juguetona por parte de su compañera casi echa a perder ese plan.

Por suerte para él, la joven asumió que sus reacciones esquivas ante sus "avances" se deben al pudor y a la inexperiencia, y él no tardó demasiado en comenzar a abusar de ese error. Pero nada más lejos de la realidad: a él no le avergüenza la cercanía física. Siendo honesto, por supuesto que él no tiene reacción alguna al ver un cuerpo humano. Después de todo lo que los estudió, y todo lo que trabajó sobre ellos, no hay nada que no haya visto ya. La diferencia yace en que ahora se trata de ella, y de las sensaciones que le invaden el núcleo siempre que ella está involucrada en ese tipo de situaciones.

Al menos, usando la excusa de la timidez, todavía puede ocultar el verdadero motivo detrás de sus reacciones. De este modo, su jueguito podría continuar gracias a esta confusión.

De un momento a otro, la tranquilidad en el mono ambiente se ve interrumpida por el sonido de unos movimientos de sábanas, seguido de un perezoso bostezo.

— ¿Qué hora es?—Pregunta una somnolienta Sakura, mientras se talla los ojos ante la luz del sol que se cuela por la ventana adjunta a su futón.

—Son la una y media de la tarde—Contesta su compañero sentado en el recibidor anterior al tatami de la habitación, al tiempo que se calza de nuevo los zapatos—Ahora que ya estás despierta, saldré un momento para comprarte algo para comer mientras tú te levantas.

Sakura se incorpora en el lecho sin responder con más que un ligero asentimiento de su cabeza.

— ¿Te sientes mejor?—Le pregunta de nueva cuenta, girando su rostro para poder escudriñar a la recién despierta por sobre su hombro.

—Sí. Muchas gracias por la ayuda anoche—Contesta ella con una pequeña sonrisa en los labios, mientras estira los brazos por encima de su cabeza y dobla su espalda hacia atrás.

Sin saber si este acto es algo inofensivo, o una parte más del juego, Sasori no puede evitar desviar su vista hacia el pecho de la muchacha, que termina siendo resaltado por la posición y por el discreto escote de la playera blanca de su pijama. No vuelve en sí hasta que la ve apartar las sábanas de su cuerpo y levantarse para dirigirse al cuarto de baño.

—Mientras tanto, voy a bañarme—Prosigue Sakura sin mostrar evidencia alguna en su porte que le dé a entender que está jugando con él de nuevo—Creo que aprendí mi lección.

Sasori, sin intención de seguir dando rienda suelta a este tipo de elucubraciones, se desentiende de sus sospechas con un parpadeo y finalmente se pone de pie para quedar en frente de la puerta.

—Dos buenas noticias. Ve, entonces. Yo regresaré pronto.

Dicho esto, el marionetista abandona el hospedaje dejando atrás al objeto de sus afectos, aquel con el que cree que su mente está comenzando a fantasear más de la cuenta. Por otro lado, el hecho de que Sakura ya no estuviese enferma le quita un peso de encima. El verla en mal estado ayer le recordó en cierta forma a cuando estuvo al borde de la muerte por culpa del veneno de la Serpiente. Aún así, él sabe que la salud de la mujer no podría estar en verdadero riesgo por una insolación, y sabe que no es más que una molestia temporal. Pero el afecto parece exagerar el valor de cada problema, cada disgusto, cada… "broma" que la involucre a ella.

A una cuadra de la hostería, Sasori se topa con un restaurante de ramen, que ya había visto la noche anterior mientras buscaba junto a Sakura un sitio en el cual asentarse. Y, por suerte, la cola de clientes que se deja ver a través de la vidriera no es ni un décimo de lo que es la cantidad de personas que pasan junto a él en la calle.

Por ello, una vez que Sasori ingresa al local, no debe esperar más de veinte minutos hasta que le toman el pedido para llevar en la caja.

Mientras se aparta a un banco pegado a la pared, para cederles el lugar a los demás clientes que van llegando, procede a aguardar por la preparación del ramen destinado a la muchacha.

Al recordar una vez más a Sakura, se le viene a la mente un ávido pantallazo de ella cuando se estaba preparando para comenzar el día, más precisamente, de su pecho apenas cubierto por el algodón del pijama.

Vuelve a apretar los ojos bajo sus párpados cuando sus pensamientos comienzan a irse de nuevo por las ramas. Acto seguido, baja un momento su mirada al suelo en un inconsciente intento de recuperar la compostura.

Pese a su incomodidad inicial, esta clase de "inconvenientes" son algo a lo que el renegado está acostumbrándose bastante rápido. Ahora, a cada vez que algo relacionado a Sakura ocurre, comienza a tomar el hábito de detener sus cavilaciones, para luego pensar las cosas una segunda vez y así filtrar la emoción de la realidad. Después de todo, él sabe que no puede permitirse tomar demasiadas decisiones irracionales, ya que una de ellas podría ser la última.

Cuando finalmente regresa a la hostería con una bolsa en mano, en cuyo interior está el estuche de plástico con el humeante ramen de cerdo recién hecho, e ingresa en la privacidad de su alojamiento, lo primero que el artista se encuentra es a Sakura abandonando el cuarto de baño.

La kunoichi tiene el pelo rosa mojado y el cuerpo envuelto en una bata blanca de toalla.

Con toda naturalidad del mundo, ella se gira a saludarlo.

—Vaya, no has tardado nada—Expresa de un modo animado mientras se acerca al recibidor con mirada curiosa— ¿Qué me has comprado?

Sakura nota que el pelirrojo se quita los zapatos con una velocidad un tanto inusual, a medida que la distancia que los separa es cada vez menor.

—Ramen—Responde él con un tono de tranquilidad, pasando a un lado de ella como si nada para depositar la bolsa sobre la mesita tradicional, que reposa a cierta distancia de los futones.

Ella se queda estática por un instante, observando la espalda del ninja renegado por sobre su hombro. Mientras tanto, no puede contener una sonrisa de picardía en su rostro.

El detalle de salir en la bata de baño, justo para cuando él regresase al dormitorio, había sido su nuevo plan para incomodarlo el día de hoy…

"Y vaya que valió la pena." Ríe la mujer para sus adentros pudiendo ver más allá de las limitadas y sutiles reacciones corporales de su ex informante.

Ella no puede negar que saber que tiene esta clase de poder sobre él es exhilarante, y en cierta forma atractivo. Tener un botón que presionar para molestar a su compañero ya es algo bueno de por sí, pero el hecho de que, al hacerlo, ella tenga un pequeño aumento en su ego como mujer… Eso es un bonus muy difícil de resistir.

—No soy despistado—Habla el pelirrojo aún de espaldas a ella, sintiéndola acercarse una vez más hasta él—Sé que lo haces para molestarme.

— ¿Funciona?—Le pregunta ella asomándose a su vista desde detrás de su espalda, sin ocultar un rostro expectante ante sus palabras.

Sasori gira su apático semblante apenas por su costado para escudriñar a la mujer a su lado.

—No. En realidad que no. Admito que me sorprendiste antes, pero lo único que estás logrando ahora es que me acostumbre a tus jueguitos—Contesta como si hablase del clima, pero sin mentirle por completo. Sabe que ella no se detendrá mientras le resulte entretenido o adquiera algún tipo de satisfacción personal en ello, por lo que acostumbrarse de a poco a la intensidad de sus bromas es algo que necesitará hacer a futuro. Por suerte para él, la intensidad de estas parece ser algo constante y controlado.

—Oh…—Exclama la joven con cierta decepción, apartándose un instante. Sin embargo, inmediatamente después frunce el ceño negándose a darse por vencida ante su propio juego—Pero si me quitara la bata, sí funcionaría ¿Verdad?

—Hablas de más. Los dos sabemos que no harás eso.

— ¿Dudas de mí?—Espeta Sakura en un tono desafiante, llevándose ambas manos a las caderas.

—No. Solo estoy afirmando la realidad—Asevera el hombre reconociendo que, si esta sería la ruta que la mujer decide tomar, no podría mantener las apariencias sin unirse a su juego de un modo más activo.

Sakura recupera la sonrisa de picardía, esta vez teñida con cierto matiz de malicia.

—Suena como un desafío. Apostemos: si me quito la bata en frente tuyo, ordenarás este sitio tú solo antes de que nos retiremos. Pero, si no lo hago, puedes contarle a Sai cualquier mentira sobre mí.

—Hecho—Acepta el Akasuna ingresando así, voluntariamente, a lo que aparenta ser el nuevo status quo de su extraña relación.

Pero, para su sorpresa, cuando se vuelve a girar para cerrar la apuesta con un apretón de manos, ella ya está desatándose la bata. La simple visión es suficiente para hacer que el pelirrojo de un paso hacia atrás por la sorpresa.

En un solo segundo, la prenda se abre de par en par, revelando que, bajo ella, la kunoichi ya está vestida con unos pantalones de jeans cortos y una blusa roja sin mangas. En su rostro se dibuja una mueca entre burlesca y triunfante.

Acto seguido, la risa de la muchacha invade la habitación de inmediato.

— ¡Deberías haberte visto la cara!—Le habla entre risas, dejando la bata tirada en el suelo y al estático hombre allí parado para pasar a arrodillarse junto a la mesita y abrir el recipiente de sopa sobre ésta—Adelante, acostúmbrate, se me ocurrirán cosas nuevas. Y, mientras te acostumbras, puedes limpiar este sitio.

Sasori se lleva una mano a la cara y pellizca su tabique en derrota.

"Debería haber sospechado esto. " Piensa con el ceño fruncido por su propio cretinismo ante la situación. Era obvio que aquello pasaría ¿Qué demonios está mal con su cerebro, que ni se le cruzó la idea por la mente?

—Seguro— Concede recuperándose del shock.

"Ni modo. Sus bromitas tontas reducirán su intensidad en presencia de Sai. Allí tendré mi chance de acostumbrarme de un modo más eficiente."

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Dos días después de que el dúo reanudara su viaje por la intemperie deshabitada de carruajes y senderos, llegan una vez más al hospedaje en donde el dibujante estuvo esperando por ellos desde su partida.

Al ingresar a la acogedora primera estancia de la posada de madera, se topan con el ANBU, que está sentado en un sofá adjunto a la recepción. Con su respectivo equipaje reposando a un costado suyo, el ninja de Konoha ya se ve listo para retomar la misión.

—Bienvenidos de regreso—Los saluda mientras se levanta y deja unos Ryus en la mesada como agradecimiento al servicio— ¿Se encuentran listos para retomar el camino, o requieren un tiempo de descanso?

—Estamos bien—Contesta Sakura, declinando sutilmente la oferta con su cabeza— ¿Y tú? ¿Tuviste tiempo para atender tu asunto?

—Deberíamos estar correctamente provistos de datos por unas semanas—Contesta el artista del movimiento mientras él y su equipo salen de nuevo hacia la espesura del bosque y comienzan a dirigirse en conjunto por una ruta en dirección noroeste.

—Nuestro nuevo contacto probó ser honesto—Reporta el renegado de la Arena—Parece que podemos confiar en sus reportes. ¿Y tú qué noticias has recibido estos días?

—Nada que destaque—Expresa con su profesionalidad habitual ante las misiones—Y la tercera fuerza sigue brillando por su ausencia. Es posible que hayan dejado de atacar a la Serpiente por completo.

— ¿Alguna idea de por qué cesarían sus ataques?—Pregunta la única mujer del equipo, inclinándose un poco hacia adelante para dirigirle una mirada de intriga a Sai desde el costado contrario del marionetista.

—Porque nosotros estamos haciendo su trabajo por ellos— Contesta el renegado, girándose hacia la ninja a su derecha— ¿Por qué arriesgar tropas y gastar dinero en eliminar a tu enemigo, si otro puede hacerlo por ti?

—Es probable. No creo que haya sido a propósito, pero sus acciones nos forzaron a trabajar más rápido—Agrega el ANBU de la Raíz a la izquierda de Sasori—La gente tras estos ataques debió estar en una situación de similar intriga a la nuestra. La diferencia debe ser que ellos no tienen la urgencia de terminar con la Serpiente a corto plazo, así que pueden darse el lujo de esperar a que otro termine el trabajo por ellos.

— ¿Eso es todo? ¿No deberíamos averiguar quién está detrás de los ataques?—Parpadea la kunoichi vociferando su inconformidad—No puedo ser la única que crea que esta tercera fuerza podría convertirse en un problema para nosotros.

—En el espionaje, no todas las preguntas obtienen su respuesta. Después de todo, cada espía hace todo lo posible para ocultarse—Repone el pálido shinobi—Coincido con que deberíamos mantenernos atentos ante las novedades, pero nuestra prioridad es recolectar datos sobre la Serpiente. Quien sea que este atacándolos, ni siquiera sabe nuestra identidad. No tenemos motivo para pensar que son una amenaza directa hacia nosotros.

—Mientras se mantengan inactivos, está bien—Acota el renegado de la Arena con seriedad en su tono—Pero, si los rumores se expanden seriamente fuera de la Serpiente, localizarlos se volverá una prioridad.

—Al menos, creo que eso no debería ocurrir—Habla Sakura buscando un optimismo lógico—Esos rumores son muy específicos, y quien sea que los produzca no sabe que sigues vivo. Desde su perspectiva, que la palabra se corra sólo crea riesgos para sí mismo.

—Espero que estés en lo correcto… —Desea el artista de lo eterno en voz alta—Pero es suficiente sobre eso. ¿Cuál es nuestro destino?

—Una base más hacia el oeste, aun en el país del Fuego—Prosigue Sai—Luego, otra en escondida a unos doscientos kilómetros dentro del país de la Cascada. Y, si nada cambia, tenemos que interceptar una caravana que migrará desde el país de la Tierra hacia el sur.

Sasori bufa de fastidio ante la información recibida.

—Es la última vez que asisto a una organización sobre la que no tengo control. Los malditos esos se esparcieron como la peste—Es lo último que dice antes de que él y el dúo de Konoha se alejasen de cualquier ruta civil para comenzar con un recorrido más eficiente sobre los árboles.

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Las siguientes dos semanas se desarrollan según lo planeado. Las aves del dibujante los mantienen informados a cada paso de su viaje por territorio extranjero. Con el pasar de los días, nuevos círculos de tinta son agregadas a los mapas del equipo. Lejos de haber terminado con las bases existentes en el país del Fuego, pareciese que estas se van multiplicando a cada nueva ocasión en la que reciben nuevas noticias.

Al menos, el tiempo que Sai y Sakura pasan fuera de su país natal tiene su efecto, ya que, si los datos de inteligencia del ANBU son correctos, los actos cometidos por ellos pusieron un alto total a las actividades realizadas en el territorio ajeno a la jurisdicción del feudal supremo del Fuego. Las bases y recursos están casi en su totalidad reagrupándose dentro del país.

Esto es una noticia más que bien recibida por los dos ninjas de Konoha. Ya es peligroso trabajar dentro de su propio país, pero fuera de éste también deben preocuparse por shinobis, o tropas de patrullaje locales, que tendrían muchas más preguntas para ellos de las que pueden responder. Por esta razón, se mantienen siempre alejados de las grandes poblaciones, y, de ser posible, también de las rutas principales que circundan las propiedades de los feudales de la Tierra y de la Cascada.

Los últimos días, aunque fructíferos, resultan ser especialmente estresantes para los oriundos del país del Fuego. En tan solo unas semanas, pasan por dos países distintos, los cuales también poseen sus aldeas shinobi de renombre.

Estar en tierras dominadas por aldeas, y señores feudales ajenos al país del Fuego, representa un riesgo demasiado grande para ellos. Son ninjas de Konoha, no pueden trabajar fuera de su territorio sin un permiso expreso. El ser descubiertos deambulando por esos lares, podría iniciar un incidente internacional dependiendo las circunstancias en las que los encontrasen. Y, siendo honestos, a Konoha le es más barato tratarlos como traidores antes que defenderlos, si tal eventualidad se diese.

Pese a estas complicaciones, su plan sigue siendo el de atacar todas las bases fronterizas que se encuentren, para así forzar a que las evacuaciones se realicen siempre hacia el centro del país del Fuego. Después de todo, allí, la red de espías del ANBU es más eficiente, los recursos más abundantes y los enemigos competentes más escasos.

Ahora mismo, mientras el sol comienza poco a poco a ponerse, los tres ninjas se encuentran por ingresar en el territorio de una base cerca de la frontera entre el país de la Hierba y el noroeste del de Fuego.

Su metodología actual es más organizada que cuando iniciaron su misión. Ahora que tienen allí un espía que puede informarles sobre los planes de reorganización de la Serpiente, pueden comenzar a guiar sus movimientos de un modo mucho más efectivo.

Volviendo a la base actual, ésta está escondida a plena vista, y consiste en una serie de construcciones en piedra, poco discretas, que se alzan en medio del campo. Para llegar a éstas, deben tomar una ruta de tierra que se desprende otro camino mayor que, a largo plazo, conduce a uno de los principales feudos de la nación de la Hierba. En teoría, esto funciona como una aldea dedicada al cultivo del arroz en los terrenos más remotos del país del fuego. Un simple pueblo sin nombre al que nadie tiene motivo para visitar.

Como sería característico de una zona de gran actividad volcánica como lo es la triple frontera entre las naciones del Fuego, la Hierba y la Cascada, los edificios y residencias de aquella villa están labradas en su mayoría de piedra pómez o basalto. No obstante, este tipo de arquitectura no es tan famoso como el labrado del mármol y laja, que se suele encontrar en las ciudades y urbanizaciones más grandes de la última nación nombrada.

Una vez que el equipo se aproxima a la pequeña urbe por la desierta carretera descuidada, y nota que los campos de arroz que se van extendiendo a sus costados están secos, y carentes de producto y trabajadores; les es evidente que este sitio de más adelante es solamente una cubierta para actividades ilegales.

Cada pueblo debe pagar impuestos al señor feudal local, y el dinero viene de la principal actividad productiva del lugar. Si verdaderos agricultores viviesen en este sitio, estarían atendiendo los campos. Incluso si un hongo o una inclemencia climática hubiesen destruido la cosecha, como mínimo estarían preparando la tierra para la siguiente siembra.

Esto es demasiado extraño. Quizá, la organización haya comprado las tierras a los habitantes originales durante una crisis, o quizá los emplearon como mano de obra. Empero, en este momento esos detalles no importan. El sitio, a pesar de rural, es demasiado amplio y abierto, y las chozas y construcciones que separan un arrozal de otro, a pesar de sólidas, lucen un tanto avejentadas y están cubiertas por enredaderas. Todo apunta a que hace tiempo que esto dejó de ser el sitio de trabajo de unas familias rurales para pasar a ser territorio de la Serpiente.

—Este es el plan—Susurra Sasori, haciendo que el resto del equipo detenga sus pasos a un par de metros de llegar a la aldea—Ingresaremos al pueblo fingiendo ser viajeros perdidos. A pesar de que todos aquí trabajen para la Serpiente, no tienen motivos para dejar de actuar de manera inocente. Tenemos un contacto en el pueblo, una vez que nos encontremos con él, este podrá darnos los datos que necesitamos para hacer este trabajo de manera eficiente.

—Es un "ella"—Lo corrige el ANBU—Y puedo llamar su atención con un ave para que se encuentre con nosotros en la noche. De este modo, sólo tendremos que mantener las apariencias por unas horas.

Una vez que la noche los alcanza, los tres ninjas consiguen alquilar una sencilla habitación dentro de la aldea, en una hostería bastante rústica y de un aspecto sobrecogedor que contrasta con el de sus paredes exteriores, erigidas en piedras ígneas. Como el tatami no es especialmente popular en esta zona, el suelo del alojamiento está revestido con una alfombra color cobre pulido, y las paredes del cuarto con mármol. Mientras tanto, los futones son reemplazados por camas altas de colchones con resortes.

Mientras el dúo de Konoha cena un poco de champiñones especiados, pan, queso y arroz, ambos forman una ronda en el suelo con el renegado, hablando de minucias para distraer a posibles oyentes en el pasillo. La verdadera comunicación la llevan a cabo sobre un papel.

Por medio de la tinta, el dibujante les informa que a la medianoche abandonaría la posada para reunirse con su contacto en un bar a tres cuadras del hospedaje. Ésta lo reconocería por los tragos que Sai ordene, más el tiempo que tarde en tomarlos. La idea es que su espía pueda darle información suficiente para planear un ataque eficiente.

Haciendo uso del mismo medio, Sakura cuestiona sobre cuán sabio sería el beber estando tan cerca de una operación ofensiva, pero Sai le asegura que las horas siguientes serán solo para la recolección de información. Mañana por la mañana, el trío se retirará del pueblo manteniendo la imagen de ser simples viajeros, para después regresar a cumplir su verdadero objetivo. Sea cual sea el plan, será mucho más fácil de cumplir sin estar vigilados constantemente.

Terminada la conversación, el artista del movimiento quema el papel con su mechero antes de ponerse un abrigo para retirarse.

—Salgo a tomar algo. No se preocupen por mí, debería regresar en dos horas—Anuncia a sus compañeros mientras queda frente al umbral, que carece de recibidor en donde dejar el calzado.

La mujer sigue a su pálido compañero con la vista al tiempo que ve a su ex informante ponerse de pie. Una vez que Sai desaparece por la puerta del alojamiento, ella se incorpora con la única intención de acercarse a Sasori y abrazarlo por la espalda.

—Dos horas a solas… ¿Alguna idea? —Le habla la dama al oído con un tono seductor.

El marionetista sólo suspira en respuesta con cierta resignación… Ya era hora de que la mujer volviese a tratar de molestarlo. A decir verdad, ya está medio comenzando a predecir sus juegos.

— ¿En serio? ¿Ahora? —Pregunta con un tono despreocupado ante el nuevo avance.

—Ayuda a mantener las apariencias—Justifica Sakura en susurros—Quien nos vea, sólo verá a una pareja haciendo lo suyo…

El renegado sonríe con sutileza, llevando su mano a sujetar una de las que Sakura mantiene sobre su torso.

—Me duele la cabeza, cariño…—Contesta Sasori en un estereotípico tono femenino, siguiendo el juego.

La mujer se aleja un poco del marionetista, poniéndose en personaje para responderle:

—Siempre es la misma excusa contigo. Al menos, podrías molestarte en usar diferentes mentiras ¿No te parece?

—Pues no soy yo al que le parece una buena idea el traer un primo a un viaje de dos—Recrimina el personaje que el pelirrojo está interpretando en este momento.

Escuchando la historia que acaban de improvisar, y rellenando los huecos con su imaginación, ninguno de los dos puede evitar reír. No hay nada de malo en poner algo de humor antes de volver al trabajo.

—Quién hubiese imaginado esto… —Piensa en voz alta la mujer con un mano debajo de su boca—Te garantizo que estaba fuera de mi imaginación cuando te conocí.

—Coincido—Responde el Akasuna manteniendo el tono de la conversación—La verdad que no te veía improvisando un acto de mujer insatisfecha.

— ¿Un acto? Claro…—Espeta la kunoichi con cierto sarcasmo y una ceja alzada.

— ¿Insatisfecha? —Repite intrigado por la reacción de la dama— ¿Por qué?

Sakura resopla con molestia, cruzando sus brazos bajo su pecho y desviando su mirada hacia otro sitio.

—Porque parece que voy a tener que mejorar mi juego para molestarte como se debe.

—Nunca dije que te lo haría fácil—Afirma desafiante.

—Espera y verás. Tarde o temprano se me ocurrirá algo—Le responde ella con los dientes apretados, más sin ánimo de rendirse.

—Tarde o temprano te encontrarás con tus propios límites—Sentencia él dudando para sus adentros si no son sus propios límites los que se revelarán antes de que eso pase.

—Supongo que ya veremos qué ocurre primero—Le contesta Sakura, casi como si leyera su mente.

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Apegándose al plan de Sai, la mañana siguiente el trío se aleja del pueblo por el mismo camino que los trajo a él. Preguntando direcciones a los locales, sobre cómo llegar al poblado más cercano para dar legitimidad a sus identidades, y sin levantar más sospechas, parten de la aldea arrocera conservando la apariencia de ser simples viajeros.

El grupo se aleja de los campos de arroz y camina con tranquilidad, manteniendo un perfil bajo por varios kilómetros, hasta que consideran que se encuentran ya libres de vigilancia. Sólo para asegurarse, se introducen en territorio salvaje y realizan una ruta circular, para cerciorarse que, al pasar por segunda vez por el mismo sitio, sean sólo sus huellas las que encuentran. Luego de descartar la posibilidad de tener enemigos siguiéndoles el rastro, el ANBU de la Raíz detiene su marcha y extiende un pergamino.

—No lo leí en el pueblo, por si alguien nos estaba vigilando—Aclara el artista de la tinta—Pero ya es hora de que veamos qué datos tenemos aquí.

Cuando el pergamino termina de abrirse, una serie extra de papeles cae sobre la hierba. De inmediato, los tres los toman y se ponen a escudriñarlos en mayor detalle.

La información otorgada es muy explícita: al parecer, la mujer, al ver que la muerte está por tocar a la puerta, decidió probar su utilidad con creces.

Una milicia organizada patrulla en secreto el perímetro del pueblo. El sistema de alarmas consiste en una serie de campanas portadas por estas patrullas, y otro grupo de campanas distribuidas en distintos sitios de los campos de arroz, donde una persona está atenta para escuchar la advertencia de sus compañeros en el perímetro.

Todas las tropas de defensa dependen del sonido de las campanas para comunicar la presencia de una amenaza.

Además, con el pergamino vinieron planos de las calles y edificios, así como descripciones de cómo encontrar y abrir las escotillas que dan a tres sótanos secretos y ocultos en el pueblo.

Dos de ellos cargan solo material de contrabando menor: armas, drogas, dinero. El tercero está resguardado constantemente por guardias designados a ese sitio, y está indicado como un centro de investigación y desarrollo.

En el tercer papel que cae del pergamino se detallan los horarios y rutas de las patrullas. Estas vigilan el área alrededor de los arrozales secos, donde la vegetación salvaje, que separa la tierra cultivable de la intemperie, les sirve de escondite. Esta cantidad de información es más de la esperada. No es normal que un contacto sea tan útil.

—Parece que esta mujer viene planeando ayudarnos en la destrucción de esta base hace ya mucho tiempo—Vocaliza la rosada.

—No voy a quejarme de recibir esta cantidad de datos—Contesta el marionetista sin otorgarle mayor importancia a esta anomalía.

—Pero es un indicio de qué clase de persona es nuestro contacto—Agrega el ANBU— No tardó en traicionar a todos aquellos con los que trabaja, y no solo es una traición. Como dijo Sakura: este nivel de datos indica que viene planeando esto desde hace tiempo.

—Ya veremos qué hacer cuando podamos hablar con ella directamente. Por ahora, enfoquémonos en hacer caer las defensas sin que suenen las campanas—Concluye Sasori, dando un último vistazo panorámico a los mapas que la espía les ha enviado.

El equipo memoriza los planos y patrullas, mientras se dividen el terreno para atacar la mayor cantidad de área en el menor tiempo posible. A decir verdad, esta abundancia de datos hace de esta misión una tarea relativamente sencilla. Pueden realizarla a la luz del día, siempre que se organicen correctamente.

Cada miembro del equipo extranjero tiene un tipo de técnica que lo pone por encima de la milicia que les hace frente. Aprovechándose de estas ventajas, Sai, Sasori y Sakura se separan en el bosque y posicionan de manera tal que las patrullas, que no habían avistado la primera vez que ingresaron a la aldea, se dirigiesen directamente a donde éstos las esperan.

Las rutas indicadas en el mapa no son difíciles de detectar una vez que conocen su posición en la zona. Senderos angostos, y distinguibles entre la maleza silvestre, son clara indicación de que alguien deambula a menudo por los alrededores del pueblo arrocero.

Unos veinte minutos desde que ponen en marcha su plan de ataque, el trío de ninjas logra emboscar a las patrullas del perímetro, sin que estas lograsen advertir al resto de sus fuerzas sobre la presencia de los intrusos.

Aquellos guardias que se encuentran guarecidos en medio de los campos de arroz requieren un mayor cuidado. Al encontrarse a campo abierto, no pueden simplemente acercarse a atacarlos. Por lo que Sai es el encargado de neutralizar el sistema de alarmas de manera sigilosa.
Con cuidado de que sus obras actuasen con precisión, envía aves, una por una, a cada uno de estos puntos. La tarea de su arte no es inmovilizar, ni eliminar al guardia, sino atascar la campana, comprando el tiempo necesario para que sus compañeros atacasen el puesto en persona.

Para el momento en que el ataque llega al pueblo, todos los que, hasta ahora, parecían inocentes pueblerinos, se levantan en armas contra los invasores. Pero es demasiado tarde. Sin las campanas que les permitiesen organizarse para hacer frente a sus agresores, el equipo representa una unidad de combate demasiado aceitada para poder tener una chance de derrotarlos.

A base de fuerza, filo y tinta el equipo comienza a limpiar el pueblo de vida. A diferencia de lo que se encontraron en otras bases, todo el personal tiene algún tipo de entrenamiento en taijutsu. No hay verdaderos oponentes que se encuentren al nivel de ninguno de ellos, ninguna persona entrenada en ninjutsu. Es claro que todo el pueblo es solo una máscara para ocultar las verdaderas actividades que allí se llevan a cabo.

Los defensores del territorio los intentan derribar con todo lo que tienen a la mano, desde ballestas, escorpiones con saetas de hierro y explosivos, hasta con arcos, espadas y cuchillos. Definitivamente, más armamento de lo que un simple pueblo rural necesita para defenderse de una panda de saqueadores, pero menos de lo indispensable para hacerle frente a tres shinobis de su calibre.

Sakura se encarga de mandar a volar por los aires a todo aquel que trata de entablar un combate cuerpo a cuerpo, tanto con ella como con sus compañeros. En más de una ocasión, el cuerpo de sus oponentes sirve de improvisado proyectil para romper los escorpiones que disparan saetas desde los tejados de las construcciones.

Por su lado, Sasori se encarga de la facción de enemigos que manejan explosivos o ballestas. Captura casi todos sus proyectiles, y se los devuelve propinándoles casi siempre heridas mortales. Además, conforme Sakura va regando cadáveres en la distancia, éstos se levantan bajo su control y comienzan a atacar a sus propios aliados.

Por último, Sai levanta vuelo con una de sus creaciones de tinta, asegurándose de que nadie intentase escapar por los secos arrozales, al tiempo que puede derribar al suelo aquellos defensores que se ocultan en los tejados más altos.

A pesar de los esfuerzos de las milicias locales, el combate no puede describirse de otra manera que no sea "injusto".

Pasada la hora y media desde que la primera patrulla fue emboscada y aplastada, la villa entera pasa a quedar bajo control de los tres extranjeros.

El primero de los sótanos visitado por el equipo resulta estar escondido bajo el suelo de un monasterio sintoísta. Ellos lo encuentran repleto de químicos y armas de filo. Pero, sin encontrar nada útil para su misión allí abajo, deciden que el fuego sea el último visitante de este escondite.

La entrada al segundo de los habitáculos subterráneos la encuentran al fondo de un aljibe seco. Escondida allí, encuentran una suerte de oficina en tinieblas donde el trío se reabastece de Ryus. Además de dinero, encuentran una pila de papeles de contabilidad. No hay tiempo de leerlos en este momento, pero definitivamente serán útiles para informarse sobre el funcionamiento de la organización a la que se oponen, así que deciden llevarlos consigo.

Sólo queda un último sitio que visitar en el pueblo. Por descarte, es el sitio en donde su contacto los está esperando, y el único lugar en la aldea donde aún pueden esperar resistencia.

Los tres ninjas levantan la alfombra tras el mostrador del bar en el cual Sai se había encontrado con la espía. Allí, encuentran una puerta trampa cerrada por dentro, que no representa un obstáculo para la fuerza de Sakura.

Una angosta escalera de piedra los guía a una puerta cerrada, desde la que se escuchan las voces de, al menos, dos guardias amenazándolos.

— ¡No hay manera de que esquiven nuestros ataques desde su posición! —Grita una primera voz masculina simulando valentía.

— ¡Abran la puerta y les daremos muerte! —Amenaza una segunda voz, esta vez femenina.

A mitad de camino, el dibujante hace una señal de manos para indicar a sus compañeros, en peldaños superiores, que esperasen antes de proceder. Lo que dicen esos guardias no es del todo falso, el sitio no permite demasiado espacio para maniobrar.

— ¿¡QUE DEMO…!?—Se escucha el grito de la primera voz, súbitamente interrumpido por alguien más dentro de la mazmorra.

Al instante siguiente, el seco sonido de los cadáveres cayendo al suelo puede oírse desde atrás de la puerta. Momentos después, y para sorpresa del equipo, el portón frente a ellos se abre desde adentro. Del otro lado del umbral, una mujer alta, cubierta de sangre y exhibiendo su dedo anular faltante a sus invitados, les da la bienvenida al sitio con un ademán formal.

—Ya no serán un problema—Anuncia la ensangrentada figura cuando los tres ninjas descienden al subsuelo, refiriéndose a los tres cuerpos que se desangran en el suelo de lo que aparenta ser un laboratorio.

Sakura, Sai y Sasori la siguen al interior del recinto revestido también en piedra, y comienzan a registrarlo con la mirada, no sin que antes el marionetista le dedicase unas palabras al contacto:

—Gracias por el favor…—Se pronuncia con formalidad— ¿Quieres contarnos qué es lo que tienes aquí?

—No es nada más que mi oficina de trabajo—Contesta la mujer con naturalidad mientras se limpia la sangre del rostro con un pañuelo, ignorando las vidas que acaba de tomar hace unos instantes—Aquí probamos los productos antes de ponerlos en el mercado.

Los artistas no responden al comentario, están demasiado ocupados observando el laboratorio subterráneo.

La mujer, por su parte, no responde a lo oído con palabras, y, movida por el mal presentimiento que este sitio le dio desde que puso in pie en su interior, se aventura a solas por el pasillo izquierdo que se deslinda del salón principal, en el cual permanece el resto de su equipo. No tarda en descubrir las macabras implicaciones que cargaban las palabras de aquella mujer, cuando las frías paredes de piedra son reemplazadas por barrotes de hierro.

En lugar de paredes, la sección final de este pasillo consiste en una serie de jaulas individuales, cada una de ellas alberga un cadáver humano de reciente muerte. Dos de ellos son de niños.

Remanente en shock por la horripilante visión frente a sus orbes jades, la médica sólo consigue volver al mundo real cuando siente otra presencia detrás de ella.

— ¿Qué les has hecho? — Pregunta Sakura, con un tono que a propósito oculta la tormenta que se gesta en su interior.

—Les di una muerte tranquila. No podíamos dejarlos libres después de que viesen nuestros rostros—Contesta la mujer de la Serpiente detrás de ella, sin una pizca de arrepentimiento.

—Antes… Antes de que nosotros llegáramos al pueblo. ¿Qué les hicieron? —Insiste la kunoichi con voz temblorosa, comenzando a tensar sus puños a cada lado de su cuerpo.

La elegante mujer, ataviada de bata de laboratorio y gafas, sigue sin mostrar emoción en su tono cuando se acerca más a ella.

—Como te dije, la Serpiente necesita poner a prueba sus productos, desde venenos, hasta drogas energéticas. Nadie compraría un producto sin la seguridad de que fue probado—Es la respuesta que la médica recibe.

— ¿Quiénes eran? ¿Eran estos los habitantes originales de este pueblo? —Continua interrogándola, sintiendo su estómago revolverse de repugnancia e ira.

—Eran nadie—Repone la espía de Sai—Esclavos, huérfanos, pordioseros, prostitutas. Una de mis misiones fue traerlos desde otra base. Si lo deseas, puedo darte esos datos ahora, aunque esperaba guardarme esa información para negociar más tarde.

— ¡Es mejor que pruebes tu valor en este momento! —Exclama Sakura a punto de perder los estribos, volteándose a ella con porte amenazante— ¡Saca un mapa y comienza a hablar!

—Está bien, está bien—Levanta las manos en señal de sumisión—Demonios. Creí que estaba haciendo un buen trabajo.

La encargada del laboratorio guía a Sakura de regreso al ala principal del laboratorio, el cual goza de mayor iluminación que el pasillo de las jaulas. Allí, libera un espacio en una de las mesas utilizadas para guardar los datos de las investigaciones, y, tomando lápiz y papel, comienza a ilustrar un mapa al tiempo que habla al trío en su totalidad.

—No sé exactamente la posición de la base, porque no me permitieron ingresar a ella. Sé que se encuentra en las afueras de la ciudad de Khanzen, al centro-sur del territorio del señor feudal Hanazono. Según aquellos que me acompañaron en esta misión, este sitio es un centro de tráfico humano para la Serpiente. La base se especifica en la contención, y el eventual transporte de civiles. Así que las fuerzas de defensa son escasas, apenas adecuadas para la contención de este tipo de prisioneros. Además, ningún personal de alto rango en la organización se acerca al área, esa clase de personas prefieren no ensuciarse las manos. Me temo que no puedo ser de más ayuda, pero ustedes parecen ser personas de recursos. Imagino que podrían hacer mucho con esta información.

Sakura escucha con atención al tiempo que vuelve a presionar sus puños en un esfuerzo cada vez más fútil de contener su ira. Una vez que el lápiz se detiene, levanta la mirada del mapa y observa a sus compañeros, que han acudido a la mesa también para averiguar de qué se trata el asunto.

— ¿Cómo modifica esto nuestros planes? —Pregunta la médica a los dos masculinos que la acompañan.

La respuesta de sus compañeros tarda demasiado en llegar para el gusto de la joven de Konoha.

—No veo que deban cambiar—Sasori es el primero que responde a la pregunta. Su tono no se ha inmutado en absoluto ante la reciente revelación de la espía.

—La destrucción de esta nueva base no es prioridad ni perjudicaría a la Serpiente de una manera remarcable—Agrega el ANBU de la Raíz, también indiferente a lo que acaba de escuchar.

—La ruta más eficiente es la que ya teníamos planeada. Eventualmente, atacaremos esa base también, pero no hay motivos para cambiar nuestras prioridades—Coincide el ex Akatsuki con una frialdad que, en este momento, la rosada considera cuánto menos repugnante.

Ella comienza a sentir a su sangre hervir dentro de sus venas. Hasta ahora, venía conteniendo su ánimo a base de presionar sus dientes y puños, pero la tarea de ignorar a su consciencia se está haciendo demasiado difícil.

—Una última cosa—Habla la kunoichi a su informante actual— ¿Qué te llevó a esta rama de trabajo? ¿Qué te trajo a estos extremos?

—Lo mismo que a todos, supongo— Le responde la mujer de gafas, de nuevo, con total naturalidad—Es necesario ganarse la vida de alguna manera. La mía solo es un poco menos ortodoxa. Pero ustedes comprenden.

—Entonces…—Musita ya sin contener el odio de su voz—Dinero… Torturaste niños… por dinero.

Esto es lo último que la espía escucha antes que la mano derecha de Sakura quebrase su cuello sin darle tiempo a reaccionar.

Los dos artistas observan a las mujeres, ambos sorprendidos por la repentina acción de su compañera.

Anticipándose a la pregunta, la rosada se pronuncia ante ellos con un tono cargado de disgusto y desprecio:

—Alguien que tortura niños por dinero no es confiable. Si ustedes están a gusto haciendo tratos con estas personas, está bien. Pero yo no estoy a gusto dejándola viva. Ni siquiera se molesten en discutirlo. Ya está hecho.

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El resto del día transcurre en un silencio incómodo. La médica había recibido hoy un amargo recordatorio de la perspectiva de sus compañeros ante la vida. No debería haberle sorprendido, no debería haberle sorprendido esa actitud de Sai, mucho menos de Sasori.

Los tres viajan a otro pueblo en dirección contraria al baño de sangre que habían protagonizado. No quieren pasar otra noche más a la intemperie, así que el viaje extra merece la pena. Pero, a diferencia de otros viajes, en este no hay chistes, ni hay planes. Sólo silencio.

Sakura aún se siente incapaz de comprender cómo sus compañeros demuestran tanta facilidad para ignorar una prisión repleta de vidas inocentes.

No se siente cómoda acompañándolos, ya que no puede encontrar nada en su mente que sirva para justificar la idea de ignorar tamaña atrocidad. A partir de este momento de la misión, una distancia, aparentemente insalvable, se abre entre ella y sus compañeros. Es verdad que ellos no son directamente responsables por el destino de estas personas captivas, pero, el no ayudarles teniendo la chance de hacerlo… Eso tampoco es inocencia.

Es mucho más fácil para ella entender que el dibujante piense de esta manera. A pesar de haber vivido en Konoha, nunca demostró ser demasiado empático por otros humanos a causa de su entrenamiento con la Raíz. Pero… ¿Por qué le sorprendió y dolió tanto esta actitud por parte del marionetista? Debería habérselo esperado, y en parte se siente estúpida por no haberlo hecho.

El sitio en el que ella y su equipo pasarían la noche, esta vez es una posada rústica al costado del camino. La habitación en la que permanecerían ni siquiera tiene un baño. Para acceder al sanitario común, es necesario salir del edificio y caminar unos pocos metros dentro del bosque.

No obstante, ese detalle en particular no parece molestar a ninguno de los tres.

Sakura no se atreve a dirigirles la mirada a ninguno de los dos. No quiere que vean en sus ojos el conflicto sin trincheras que se está dando dentro de ella.

"Conflicto no. Resolución." Se corrige a sí misma mientras prepara su cama y deja su mochila a un lado de ésta. Las palabras que Sasori le había dicho hace poco más de un mes aún significan algo para la muchacha.

"En la vida de cualquier ninja llega el momento en que es necesario decidirse por una acción, justificarla y vivir con sus consecuencias."

Quizá, el renegado de la Arena no tomaría en su lugar la misma decisión. Quizá, él puede dejar morir y sufrir a inocentes sin que su pulso tiemble… pero ella no.

Una vez que la habitación compartida cae en absoluta obscuridad y silencio, Sakura espera dentro de su cama un lapso de tiempo razonable hasta estar segura de que el artista del movimiento esté dormido. El segundo artista, por su parte, se mantiene sentado en una silla, frente al único ventanal de la habitación, mientras observa cómo, poco a poco, las gotas de lluvia empiezan a bañar el cristal.

Por su parte, ella no quiere dormir. No puede descansar en buena consciencia sin hacer nada.

Sin hacer casi ruido, la mujer aparta las sábanas de su cuerpo y se levanta del lecho. Sin la necesidad de cambiarse, ya que se acostó con la ropa puesta, toma su mochila, se echa su túnica negra sobre los hombros y se acerca a la puerta de la habitación.

—Voy al baño—Miente al marionetista—Necesito algo de tiempo. Vuelvo en un rato.

El pelirrojo asiente sin mirarla. El ya había notado la distancia entre ellos durante las últimas horas, y había aprovechado el silencio para intentar comprender el motivo detrás de su disgusto. Hasta ahora, ese intento aún no presenta resultados prometedores.

En realidad, el hombre no sospecha nada de sus verdaderos planes.

"Mejor así." Piensa ella, cerrando la puerta tras sí sin voltear a verlo en ningún momento.

Cuando Sakura sale de la habitación, se dirige a la recepción para dejar una carta a sus compañeros de equipo. Le indica al posadero que sus compañeros pagarían una buena cantidad de Ryus si la carta llega a ellos sin signos de ser abierta. Por supuesto, tiene que pagar parte del precio por adelantado.

Eso no importa ya. Ellos pueden continuar con la misión sin desviarse si es lo que tanto desean. Honestamente, no hay nada que el equipo entero pueda hacer, que ellos dos solos no puedan realizar con unas horas más de preparación y planes.

Pero la gente prisionera en esa base… Ellos no tienen chance sin ayuda externa. No puede dejar pasar más tiempo, quién sabe cuántas vidas se perderían si ella decide seguir dándoles la espalda sólo para complacer a su equipo.

No quiere conversar este tema con Sai, aún menos con Sasori. Lo que menos quiere es que el pelirrojo intente detenerla o convencerla de lo contrario. No quiere darle la chance de que cambie su opinión. Ya bastante había cambiado gracias a él.

Aquí es donde ella traza su línea.

Y aquí es donde sus caminos se separan.

Las horas pasan, y la kunoichi, firme en su determinación, se aleja a paso constante ignorando la torrencial lluvia que cae sobre ella. Ya se ha desplazado varios kilómetros del hospedaje para el momento en el que Sasori llega a la realización de que ella ya no volvería.

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Nota de autor (lahonestidadenmi): Les anuncio por este medio que he perdido acceso a mi cuenta de tumblr, por lo que, lógicamente, no puedo seguir utilizándola. Para aquellos que quieran contactar conmigo fuera de fanfiction, pueden dirigirse a la página "lahonestidadenmifanfiction(punto)tumblr(punto)com" Lógicamente, remuevan los paréntesis y las comillas.

De antemano, gracias a todos los que prestan atención a estas notas.

Saludos, y gracias por leer.