Caminos separados.
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Una vez que la ausencia de Sakura se vuelve un hecho imposible de ignorar para el marionetista, éste abandona la habitación sin molestarse en despertar a Sai. En completo silencio, desciende las escaleras al final del oscuro pasillo con una vela en mano, hasta que finalmente se encuentra amparado por la luz que rezuma la lámpara de pie de la recepción.
La idea de lo que realmente ocurrió es solo una sospecha fuerte en él, al menos, hasta que el sereno posadero le pide una suma de dinero para así poder entregarle el 'mensaje'.
Recién cuando Sasori recibe finalmente la carta dejada por su compañera, consigue admitirse a sí mismo que la partida de la kunoichi es un hecho definitivo.
"Continúen con la misión. Sé muy bien que son perfectamente capaces de hacerlo por su cuenta. No voy a fingir que coincido con ustedes en su decisión, así como tampoco voy a fingir que estamos en los mejores términos. Después de todo, ni siquiera lo hice en las últimas horas.
El punto es que no puedo ignorar a esta gente captiva, no puedo olvidarme de ellos y dejarlos a su suerte. Pero ustedes sí. Por eso, decidí que voy a encontrar esa base y encargarme de ella por mi cuenta. Por favor, no me sigan. Ustedes saben tan bien como yo que puedo con esto por mí misma. Les sugiero que prosigan con los planes que teníamos para las siguientes tres semanas, yo me aseguraré de terminar con este asunto lo más rápido que pueda para ir a encontrarme con ustedes en el punto en el que pasarán la última noche de este mes.
Si los planes cambian, envíen un ave a este sitio. Dentro de dos semanas, estaré allí para poder recibir cualquier noticia.
Sakura."
Ni bien Sasori termina de leer la imprenta de la rosada, la irracionalidad es lo primero que se manifiesta en sus pensamientos mientras mantiene la vista fija sobre el papel en sus manos. Preocupación, decepción, molestia, un dejo de tristeza, frustración... sólo por mencionar aquellas emociones que puede identificar.
Aparta los ojos de la carta, en un intento un poco más directo de forzarse a pensar lógicamente mientras su mente procesa lo que acaba de ocurrir.
"Es una mujer que decidió su camino… oponerse hubiese sido inútil incluso si hubiera comprendido el porqué de su decisión. Debo respetarla. Ella es una ninja capaz. Esa base no tiene chances contra ella… no debería comenzar a preocuparme tan fácilmente." Racionaliza para sus adentros, tratando, sin éxito, de sobreponerse a su reacción inicial.
—Así que… ella se fue—Dice una voz ya conocida desde el último peldaño de la escalera, al tiempo que se acerca con sigilo a la recepción.
—Ahora ¿Qué?—Pregunta Sasori en medio de un resoplido, buscando con su mirada ámbar al propietario de la otrora voz.
Sai, sin perder su porte de tranquilidad, pese a su cabello despeinado por las horas de sueño, da un súbito vistazo al papel cuando arriba a un lado del artista, sólo para poder tener un mejor panorama de la situación antes de emitir un juicio:
—Continuaremos… Admito que no me gusta la idea, pero, ella ya escogió su camino. ¿Hay algún motivo de peso para no hacer caso a la decisión de Sakura?
Sasori frunce el ceño ante el planteo de su compañero.
"No uno que pueda decirte… No uno que tenga lógica."
—No… sólo… que esto es inesperado—Contesta el marionetista en voz alta, guardándose la anterior respuesta para sus adentros.
Dicho esto, ambos artistas regresan a sus aposentos, sin poder ignorar por completo el estrepitoso sonido que hace la lluvia afuera del humilde hospedaje.
Una vez allí dentro, Sasori enciende la única luz disponible en el recinto, y Sai saca un mapa de su mochila y lo extiende sobre su cama. Allí, el ANBU espera a tener la atención del renegado para comenzar a señalar la ruta planeada para las siguientes semanas.
—Tardaremos más durante el combate… Así que tenemos que compensar las horas perdidas, recuperándolas durante el tiempo de viaje. Eso si es que queremos llegar a tiempo para encontrarnos con Sakura.
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La mujer ya lleva dos días de monótono viaje en solitario, aunque todavía le faltan otros dos para poder llegar a su destino.
Al menos, el tiempo y el silencio que ha experimentado desde su partida, durante aquella noche lluviosa, le han ayudado a pensar, a reflexionar sobre lo acontecido.
Si bien aquella noche había escapado del hospedaje con impotencia y desazón en su pecho, la ninja debe admitir que, durante estos días, su inicial disgusto hacia sus dos compañeros se ha aplacado en cierta forma. De modo que, ahora, esta sensación aflora a la superficie nada más en aquellas ocasiones en que Sakura contempla la realidad que enfrentan los cautivos de la Serpiente.
Y este es otro de esos momentos.
Mientras que hace una pausa en su viaje para tomar un baño a las orillas de un manantial, que se nutre del agua cristalina que cae por una ladera a modo de cascada, la ninja permite que varios pensamientos y sensaciones alimenten su voluntad.
En lo que se enjuaga el pelo con la cubeta, nota que, por momentos, el enojo que tiene con el pelirrojo simplemente se agota y muta en decepción. Decepción hacia él por pensar así, y hacia ella misma por sorprenderse de algo que debería de serle evidente a estas alturas.
Aun así, se siente mejor que al principio de esta misión… Porque está por corregir una situación que le importa, está por salvar a tanta gente inocente como pueda.
A pesar de lo agridulce de la situación, una extraña satisfacción se alberga en ella, una que va más allá de complacer una necesidad moral. Esta suerte de satisfacción es como si estuviese reclamando del mundo una parte de sí misma.
Con una sonrisa en sus labios ante esta determinación, Sakura pasa a sumergirse dentro de la fría fuente de agua, sintiéndose un poco más limpia tanto en cuerpo como en espíritu.
Es verdad que en estos días se ha vuelto capaz de justificar muchas acciones, pero en el momento que decidió ponerse de pie y alejarse de sus compañeros fue cuando puso en una acción concreta un principio, un principio que ahora puede poner en palabras.
No puede justificar el no actuar, no puede justificar el no ayudar en estas circunstancias. No hay excusa que le valga para no corregir esta situación.
Una vez que la hora del baño termina, la kunoichi nota que el sol está poco a poco comenzando a ponerse sobre el horizonte, por lo que decide montar su campamento en la orilla del naciente.
De este modo, apegándose a la rutina de las dos últimas noches, prepara una pequeña fogata y tira su bolsa de dormir sobre el césped.
Al momento de irse del hospedaje, tuvo que dejar atrás el pergamino para invocar la tienda de campaña, ya que éste estaba dentro del equipaje de Sai, y no podía sacarlo sin que resultase sospechoso. E incluso si la tuviese a mano ahora mismo, no se atrevería a usarla. Después de todo, ahora no está Sasori montando guardia en el campamento durante las noches. Ahora es ella quien debe cubrirse las espaldas.
No obstante, su bolsa de dormir es lo suficientemente grande como para que pueda taparse hasta la cabeza y así evitar que los mosquitos la atosiguen mientras duerme.
Mientras deja una olla, con agua y arroz, hirviendo encima de las piedras amontonadas sobre el fuego, la muchacha aprovecha la luz del sol que aún queda en el bosque y revisa el mapa que carga consigo. En él localiza la ruta en la que los artistas deberían estar para este momento.
Si no hubo ningún contratiempo, deberían haber acabado con una nueva base hace unas horas.
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Los días siguientes a la partida de Sakura son extraños para el marionetista. Aún así, puede decirse que tuvo bastante tiempo para procesar sus emociones, y para teorizar adecuadamente algo que se asemeje a una causa lógica, una causa lógica que explique la constante sensación de inquietud que se ha venido gestando en él desde que Sakura se fue.
Al menos, cree entenderse mejor que antes, y el problema esta vez no parece ser la distancia. Después de todo, él ha pasado tiempo lejos de ella antes, y las sensaciones que tuvo en ese entonces no eran parecidas a esto.
Estas sensaciones se acentúan cuando piensa en aquellas horas previas a la retirada de la mujer, cuando recuerda su rostro durante esos momentos plagados de incómodo silencio.
Aún insiste en que es inútil resistirse al cambio, ya que no ve nada útil en añorar aquellos tiempos en los que su ánimo era calmo y predecible… pero en verdad detesta esta parte de su nuevo status quo. Una parte de él aún no se acostumbra a sentir de este modo tan intenso.
Sasori tardó un poco más de lo que le hubiese gustado en identificar que su inquietud nace del tácito conflicto en el que se encuentra con ella, nace de esa discusión que no tuvieron simplemente porque Sai estaba presente. El renegado cree conocer lo suficiente al objeto de sus afectos como para saber que ella lo hubiese insultado en demasía por su decisión de ignorar a los prisioneros de la Serpiente.
Quiere solucionar esto, pero sabe que para eso debe entenderla primero. Entender la naturaleza de este conflicto, y entender los motivos de su decisión. Empero, teorizar por sí mismo no parece ser ya una estrategia eficiente. Puede mantenerse pensando por períodos largos de tiempo, pero, tarde o temprano, termina frustrándose.
Para suerte de Sasori, y para desgracia de otros, el combate le suele servir como una adecuada distracción. Cada hora en la que tiene otro asunto como prioridad, le ayuda para recuperar la calma que necesita para pasar las noches de insomnio en las que sólo puede ahondar en este tema.
Y es este preciso método el que está ocupando en este momento para desentenderse por un rato de sus problemas emocionales. Con ayuda del ANBU de la Raíz, más un cada vez mayor número de marionetas cadavéricas en su control, el ninja renegado se encarga de liquidar otra base más escondida entre las montañas y los bosques.
Paso a paso, y movimiento tras movimiento de sus hilos, los cuerpos sin respiración ni pulso se unen a las creaciones de tinta del joven de Konoha para limpiar de vida cada rincón de aquella fortaleza.
De este modo, como era ya de esperarse, el dúo de artistas termina con su trabajo sin mayores dificultades, y unas horas después de la masacre del día, ya se encuentran apostados alrededor de una fogata, mientras esperan a que la noche termine de caer sobre ellos.
Como era su costumbre desde antes de que Sakura se fuese, Sasori se queda apoyado en algún árbol bañado por la luz de la hoguera, mientras que Sai cena sentado frente al calor de las brasas.
Un rato pasa en el campamento, en el que sólo se puede escuchar el crepitar del fuego y el canto de los grillos.
De alguna u otra manera, la ausencia de Sakura se nota hasta en la apatía que impregna los momentos de silencio entre los dos artistas.
"Hasta el silencio era más animado en su presencia."Piensa Sasori, sonriendo hacia la nada misma.
Y ahí está de nuevo comenzando a pensar en ella y en aquella mirada de disgusto que portó en su faz durante la noche de su fuga.
No obstante, esta vez se le ocurre una alternativa nueva para intentar comprenderla, una alternativa que se le presenta con sólo levantar su mirada hacia el fogón delante de él.
—Hay un asunto que está complicando mis reflexiones. Necesito una opinión—Habla el pelirrojo acercándose al ANBU de la Raíz, deteniéndolo justo cuando va a ingresar en la tienda de campaña.
—Por supuesto. ¿Sobre qué tema?— Se gira el pálido, bastante intrigado como para oponerse a una posible charla casual con el taciturno renegado.
—Arte—Comienza Sasori con una media verdad que logra expresar bajo su usual fachada de apatía—Tengo entendido que el hecho de que encuentro inspiración en tu compañera de equipo es algo que ya sabes.
Sai parpadea, más no emite ninguna mueca en particular ante lo curioso del tema tocado por el titiritero.
—Sí, eso lo sé. Pero me temo que no comprendo de manera adecuada la manera en que tú encuentras belleza. Sakura intentó explicármelo en su día, pero, honestamente, no me fío de su palabra en lo que al arte respecta.
El tono formal, y lo directo de la respuesta, toman por sorpresa al ex Akatsuki. No puede evitar sonreír ante el comentario de su compañero más joven… Después de haber intentado hablar con Sakura sobre ese tema en múltiples ocasiones, puede entender por qué el dibujante piensa así.
—Buen punto—Le responde antes de articular, ahora con más confianza y simpleza, el mantra central de su vida—Encuentro belleza en la permanencia, en aquello que sea capaz de perdurar. Ya sea algo físico, como una marioneta, o algo intangible, como la voluntad. Mientras sea algo que soporte la prueba del tiempo, me inspira. Y, si algo es particularmente llamativo, merece ser eterno.
—Veo… creo que entiendo. ¿Cuál es tu duda, entonces?—Interroga el ANBU, mientras recarga un brazo sobre la curvatura sólida que sostiene la entrada de la carpa.
—Encuentro inspiración en Sakura porque he visto en ella un raro ímpetu que no sucumbe ante la agonía, y desde hace tiempo que estoy intentando comprenderla. En un principio, creí que tenía algún tipo de entendimiento sobre la motivación de esta voluntad. Pero estaba equivocado.
El marionetista hace una pausa, esperando ser interrumpido con una pregunta. No obstante, para su agrado y sorpresa, esta vez está conversando con otro artista. El muchacho frente a él puede solidarizarse con esta clase de situaciones.
—Creía que…—Continua el titiritero—Creía que la voluntad de Sakura se basaba en el afecto que le tiene a sus seres queridos, en el deseo de protegerlos. De hecho, veo en ella una expresión particular cuando siente que defender a alguien es su deber. Puedo entender ese concepto, puedo ver como alguien sería capaz de sentir ese deseo de protección, y puedo imaginarme como este deseo puede alimentar una voluntad eterna. Pero… Ahora que vi esa expresión en ella cuando aquellos en riesgo eran extraños… Me temo que mis ideas previas no eran correctas.
— ¿Puedes ser más específico? ¿Qué es lo que te cuesta visualizar?—Pregunta Sai con tranquilidad, luego de haber contemplado la situación por un momento.
Sasori frunce el ceño, llevando su índice y pulgar izquierdos a apretar el puente de su nariz por un instante.
—No entiendo cómo puede darle valor a la vida de un extraño. Al menos, cómo puede darle tanto valor como para alterar sus planes, y complicar su situación personal. Ya sé que no existe un verdadero riesgo en su decisión, pero podría haberlo, y no entiendo por qué se arriesgaría sólo por un puñado de rostros sin nombre.
—Quizá sea una diferencia cultural—Comienza a pensar en voz alta el artista del movimiento, mientras lleva su mano libre a rascar su nariz—La Arena es una aldea pequeña en un ambiente hostil, en el que la muerte no es algo extraño. Además, es un poblado aislado y bastante arisco a los extranjeros. Es lógico que esa cultura cree cierta sensación de costumbre hacia la muerte, y cierta distancia emocional a los desconocidos. Pero Konoha no es así. En mi aldea natal, la muerte no es algo común fuera de las misiones, y el país del Fuego mantiene comercio con la aldea, más allá de los contratos para las misiones. Los señores feudales más apoyados por el pueblo de nuestro país no son necesariamente los fuertes, sino los caritativos. La abundancia de recursos favorece que veamos el ayudar a otros como algo común, casi un deber.
—Tú no pareces ser afectado por eso—Cuestiona el pelirrojo con una ceja ligeramente alzada.
—Mi entrenamiento fue… extraño, comparado a mis compatriotas de aldea—Contra argumenta el pálido ninja sin profundizar demasiado su respuesta—Además, Sakura es una médica, y una bastante empática. Ella tiene bastante experiencia, no sólo curando dolencias y salvando vidas, sino viendo las consecuencias de esas acciones. Ella, como muchos, sino todos en mi aldea, encuentra algo valioso en la vida. Y ese algo merece protegerse.
Sasori abre los ojos más de lo normal ante las nuevas palabras de Sai, encontrándose tan sorprendido ante ellas que no es capaz de interrumpirlo.
—Te aconsejo enfocarte en ese detalle, piénsalo dos veces: Sakura toma vidas, así que no es la vida de un extraño lo que valora, es algo EN la vida de ese extraño. No sé exactamente qué, sólo puedo adivinar o deducir. Pero, si quieres entenderla, deberías adaptar esa lógica a algo que te sea más cercano. Y considera también que sus decisiones siempre han sido extremas. Tú has sido una de ellas. Quizá se debe simplemente a que todavía es joven, después de todo, en sólo cincuenta días cumplirá los dieciséis años.
—Había olvidado lo que es hablar con un artista—Es lo único que responde Sasori, repitiéndose a si mismo lo oído recientemente.
—Ahora que lo pienso, creo que es la primera vez que converso así con uno—Vuelve a pensar en voz alta el dibujante, esbozando una de sus características sonrisas de etiqueta—Y no me molestaría continuar, pero necesito algo de descanso para viajar mañana. ¿Continuamos luego?
El ex Akatsuki no tarda en recuperar la compostura.
—Sí… disculpa por tomar tu tiempo. Y gracias, me has dado bastante en qué pensar—Recita antes de tomar distancia de la tienda para regresar a su puesto de vigía.
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Después de otro par de jornadas extra de viaje, Sakura finalmente llega a la ciudad de Khanzen unas horas antes de que el atardecer se haga presente. Con su llegada, la parte más fácil de su misión personal finalmente se acaba.
A continuación, viene su tarea más complicada: encontrar la posición exacta de la base en la que se encuentran los prisioneros.
De inmediato, es claro que esto no será una tarea fácil en lo absoluto. Esta ciudad es enorme, y la cantidad de edificios y de civiles es exorbitante para realizar una búsqueda. Por otro lado, no pasa más de veinte minutos andando por las aceras hasta que nota, al fondo de una larga calle, que el este de la ciudad limita con un río. Eso es algo bueno, pero en todos los demás puntos cardinales, el terreno posee una transición más o menos brusca, transición en la que el terreno urbanizado da lugar a la espesura silvestre, en la que los pobladores pueden dedicarse a la caza de animales pequeños, ya sea por deporte o necesidad.
Teóricamente, la base está localizada en las afueras de la ciudad, pero ella no dispone de ningún dato extra que pudiese guiarla hacia dónde iniciar su búsqueda, bien podría estar dentro de la urbe. De lo único que está segura, es que la ubicación de la instalación cambiará drásticamente la manera en la que tendrá que deshacerse de sus protectores, y en este momento no puede planear eso siquiera.
Aún así, una cosa se presenta ante la kunoichi como una verdad clara e inalterable, y es que su estadía en este sitio no será precisamente corta.
Siguiendo un protocolo de turista estándar, la joven se desplaza un par de cuadras, sin un rumbo muy definido, hasta que se topa con el primer hotel en su camino. La apariencia de éste es pulcra, con unos cuatro pisos de alto, una red de cables que conectan su techo al de otros tejados aledaños, paredes erigidas en mármol y laja, al igual que la gran mayoría de los edificios que lo rodean. No obstante, lo poco llamativo de su cartel y las pequeñas, y espaciadas, ventanas que pueblan cada piso terminan proporcionándole cierta confianza a alguien como ella, que no busca otra cosa que pasar desapercibida durante su estadía en este pueblo.
Ingresando al interior de su futuro hospedaje, la ninja comienza a construir la identidad bajo la que planea resguardarse a partir de ahora. Al llegar a la recepción, se decide por una historia vaga: fingir ser una simple viajera que utiliza el poco dinero que tiene para conocer el mundo antes de que la edad la fuerce a asentarse. Es una máscara sencilla, pero perfecta para justificar sus investigaciones, siempre y cuando mantenga una actitud que soporte esta mentira.
Una vez que consigue entrar en la habitación destinada a ella, el color salmón de las paredes, más el cobrizo de las cortinas y el somier con colchón de resortes hacen que Sakura se rinda ante la necesidad de descansar. Estos días los había pasado todos durmiendo en la intemperie para acortar el viaje, y, si se piensa que estuvo subyugada a la necesidad de realizar guardias activas durante las noches, sólo consiguió conciliar unas pocas horas. Al menos, en un lugar tan plagado de testigos es mucho menos probable que sea emboscada o atacada por sorpresa.
De este modo, consumida por el agotamiento acumulado por el viaje, no puede evitar caer tumbada boca abajo sobre el cómodo colchón y quedarse dormida durante las horas siguientes al crepúsculo.
Tanto fue el cansancio acumulado durante todo el viaje, que el no haber cenado no le resulta un impedimento en lo absoluto a su cerebro en el plan de desconectarse del mundo real.
Sakura termina despertándose a la mañana siguiente, hambrienta, con las extremidades un poco adoloridas y con cierto grado de remordimiento al notar que ha desperdiciado la totalidad de la noche.
Por lo pronto, decide no comenzar mal el día desmoralizándose, así que, decidida a aprovechar sus renovadas energías, toma la determinación de comenzar a investigar la ciudad hoy.
Acto seguido, la joven se pone en pie y aprovecha su soledad, más la privacidad de las cortinas y de estar en el segundo piso, para comenzar a quitarse la ropa antes de ingresar al cuarto de baño. Cuando ya se encuentra desnuda, se encierra en el aseo y procede a darse una ducha para borrar de su cuerpo cualquier rastro de suciedad dejado por el viaje.
Después de terminada la primer tarea del día, se lava los dientes y se viste de una manera casual, para así mantener una imagen que le permita estar en la ciudad sin llamar la atención de nadie. Por último, toma sus llaves desde la mesa de luz y se dispone a abandonar su alojamiento, sin intenciones de volver allí hasta entrada la noche.
En lo que comienza a transitar las calles en búsqueda de una cafetería en la cual desayunar, Sakura se propone a memorizar el área que rodea a su hospedaje, para mantenerse atenta ante cualquier anomalía que se suscitase a su alrededor.
Durante las horas de la mañana que le siguen al desayuno, la joven se dedica a investigar el centro de la ciudad, buscando algún edificio que exhibiese similitudes con la primera base que ella y sus compañeros atacaron.
No es difícil imaginarse que la Serpiente decida esconder a plena vista la entrada a su escondite. De hecho, quizá hasta puedan mover a las personas cautivas por pasajes subterráneos.
Al principio, varios edificios se ven prometedores por su aspecto, pero la facilidad con la que la gente ingresa a ellos descarta rápidamente la opción de que sea la fachada de una prisión ilegal.
Con la llegada del mediodía, la kunoichi apenas y se compra un emparedado y una botella de agua mineral como fugaz distracción para su estómago, ya que está demasiado ocupada en recorrer los bordes de la ciudad, comenzando desde el norte, y rodeándola hacia el oeste, hasta finalmente llegar al extremo sur.
Dicho recorrido le consume la tarde casi en su totalidad, y eso considerando que lo realiza todo trotando, ya que el saltar por los tejados cableados sería demasiado sospechoso, a la vez que peligroso.
Su viaje la lleva por distintos barrios, desde aquellos con casas lujosas esculpidas en mármol, con patios amplios y aceras adornadas con ciruelos en flor, hasta terrenos de tierra y maleza pura, con construcciones recientes y precarias, o demolidas y roídas por conflictos o tragedias de todo tipo.
Cada sitio que ve durante sus trotes podría llegar a ser utilizado para ocultar una prisión por distintos motivos. Las casas de patios amplios rejados ofrecen grandes terrenos en los que las voces de los prisioneros pueden perderse. Mientras tanto, en los barrios carenciados ha visto abundantes signos de violencia y pobreza. Al menos, la suficiente para que posibles pedidos de ayuda sean confundidos con disputas domésticas que los vecinos, o las clases altas, ignorarían.
Los alrededores de la ciudad que limitan con el bosque, aunque poblados por cazadores durante el día, son lo suficientemente oscuros como para que un número significativo de personas se muevan por la noche sin ser detectados.
Y eso no toma en cuenta todo el interior de la ciudad que ella no tuvo tiempo de visitar hoy.
En lo que se apoya contra un poste de luz, y bebe agua con la intención de volver a hidratarse la garganta luego de otra sesión más de ejercicio, Sakura comienza a sentir esta tarea como un perverso juego de encontrar la aguja dentro del pajar.
Sabiendo que el anochecer no está lejos, la jadeante y sudorosa joven retoma su marcha, esta vez hacia su hospedaje. Ya sin energía para seguir corriendo, simplemente se limita a observar en mayor detalle cada porción de la ciudad que se encuentre a su paso durante todo su trayecto hasta el hotel.
Una idea empieza poco a poco a pesar sobre su mente. La última base que ella atacó con su equipo fue un pueblo entero haciéndose pasar por civiles. ¿Qué pasaría si un barrio entero de esta ciudad fuese algo similar? La idea no parece del todo imposible.
¿Cómo podría identificar algo así?
Aquella idea le aterra. Si ese es el caso, es más que probable que ella tarde demasiado en encontrar la instalación, y eso si la encuentra…
El simple concepto de cada vida que se desperdicia y pierde a causa de su inhabilidad de localizar el sitio… se siente como una gran espina en su frente.
Necesita encontrar otra perspectiva, una manera distinta de pensar en esto. La información que recopiló hoy no debería ser por completo inútil.
Intenta convencerse a sí misma de que no desperdició el día, reafirmarse de que es capaz de solucionar este rompecabezas minimizando la cantidad de vidas que se perderán. Pero cada vez le es más difícil.
A medida que se acerca al centro de la ciudad, siente como las cada vez más altas construcciones la atrapan, como el gentío cada vez más numeroso la abruma. Necesita calmarse, necesita pasar un tiempo en su habitación. Necesita encontrar un sitio donde comenzar a investigar, y lo necesita pronto.
"Maldigo esta ciudad por ser tan grande, y a la Serpiente por experimentar sus drogas inmundas con seres humanos." Piensa cuando vuelve a estar desnuda y resguardada dentro del baño de su alojamiento, mientras siente como el agua caliente cae intermitentemente sobre su piel, llevándose el sudor de su cuerpo, pero sin poder hacer lo mismo con su impotencia.
Sin apetito como para volver a salir del hotel para cenar algo, la desmotivada kunoichi no hace más que ponerse su pijama y apagar todas las luces del recinto, para luego echarse sobre la cama con la cara sobre la almohada.
Esta noche hace demasiado calor como para taparse con las sábanas, así que sólo permanece allí, inmóvil, mientras su humor se deteriora cada vez más producto del infructuoso día que acaba de tener.
El tiempo afuera del hospedaje sigue pasando, y las luces nocturnas de la ciudad consiguen colarse sutilmente a través de las cortinas. Aunado a esto, el sutil y casi imperceptible eco de unas voces se escucha de vez en cuando, por toda la cantidad de movimiento que comienza a impregnar las calles. El mundo allá afuera no parece tener intenciones de dormirse pronto, y la kunoichi tampoco.
A más tiempo pasa, más inquieta comienza a sentirse ante la idea de que ha perdido un día entero sin averiguar nada. Peor aún, el sólo imaginar cuántos prisioneros pudieron haber sido sacrificados el día de hoy, sin nadie que los ayudase, hace que se le revuelvan las entrañas del coraje.
"Quizás, si Sasori estuviese aquí, él podría haber dado ya con esa maldita base… Sasori… Sasori…" Se castiga pensando en su momento más bajo, comenzando a sentir como los ojos se le humedecen durante un instante al notar que, ahora mismo, tenerlo cerca mejoraría por mucho la situación.
No obstante, no tarda en cambiar su tono, insultándose internamente por haber pronunciado un pensamiento así de patético. El no está aquí por su propia decisión. Él no quiere ayudar a los prisioneros, no le interesan.
"Sasori y Sai no están aquí. No están aquí porque no quisieron estar, y tampoco los necesito." Se espeta a sí misma mientras se lleva su equipaje hasta el cuarto de baño y saca un pergamino dentro de él.
Acto seguido, desenrolla el papel e invoca allí una bolsa de plástico, con una nueva muda de ropa limpia en su interior.
Siguiendo su improvisada idea, la joven se deshace de su pijama, para ponerse en su lugar el vestido morado sin mangas, y escote delicado, que extrae del interior de la bolsa. La prenda se amolda a su figura, y cae grácilmente hasta la mitad de sus muslos. Luego, se calza unas sandalias negras de modesto tacón, también oriundas de la bolsa invocada, y se cepilla el flequillo hacia atrás, manteniéndolo recogido sobre su cabeza por una pequeña hebilla.
Se arregla un poco el resto del pelo para que caiga de modo prolijo sobre sus hombros, y se maquilla un poco los ojos y los labios, con un rímel y lápiz labial que hacen juego con su vestido.
Una vez termina su transformación, se queda estática un momento extra, con la mirada fija en el espejo sobre el lavabo.
"Vaya… Recién ahora noto lo mucho que me han crecido las puntas." Señala contemplando cómo su rosado cabello ahora le llega por debajo de los hombros. Este detalle también la hace caer en cuenta de todo el tiempo que ha pasado desde que abandonó Konoha en compañía de Sai.
En el pasado, no quería creer que llegaría el día en el que recurriese a lo que tantos de sus colegas en la medicina sucumben, cuando deben enfrentarse a la realidad de que no son enteramente capaces de tratar a sus pacientes. Había tenido muchos, y había sentido impotencia. Pero nunca como esta vez.
Por esa razón, sólo por esta noche, sólo para ver si funciona, sólo para recuperar la calma y volver a ser la mujer que sabe que es: la alumna de la Hokage, aquella que derrotó a Sasori, la ninja dejará de huirle a aquella alternativa.
Después de todo, como tantas veces escuchó en el hospital, la única medicina para la impotencia del médico… se vende en una botella.
El paso y abarrotamiento de personas jóvenes a su alrededor, que no tienen otro destino más que la juerga y los bares de las cuadras aledañas, no tarda en conseguir que la presencia de la kunoichi sólo se vuelva una más del montón.
La arreglada mujer camina por las ajetreadas calles en busca de un sitio donde poder dejar sus penas, dando cada paso con la mera intención de vaciar su mente, pero su misión se niega a dejarla en paz.
En medio de su andar, no puede evitar notar que la vida nocturna de Khanzen es demasiado activa. Esto acrecienta el problema que la Serpiente tiene a la hora de transportar a la gente sin que los habitantes de la ciudad interfieran. No pueden hacerlo a la luz del día, durante esas horas hay demasiados civiles presentes, el transporte debe darse por la noche… Pero, con tanta gente activa ¿Cómo es eso posible?
Luego de media hora, en la que recorre las adoquinadas y luminosas calles, sus pasos la terminan llevando a un bar de considerable tamaño, que también parece ser el destino de mucha más gente aparte de ella. El lugar es un poco colorido para su gusto, además de que, al pasar la cola y la seguridad en la puerta, nota que el ambiente de adentro está impregnado en cada rincón por el humo a cigarrillo. Empero, este sitio se ve de lo más correcto para seguir manteniendo su coartada de turista, aún más correcto para cumplir con el verdadero objetivo de esta noche, un objetivo menos noble.
La cantidad de gente que está ocupando el bar es como un nuevo recordatorio de que la ciudad sigue siendo enorme, y que descubrir exactamente la locación de esta base es un desafío que le tomará un buen tiempo, tiempo en que esta gente sufre, es vendida, o muere. Cada día que demore en dar con ellos, es un día que quizá esta gente no tenga.
"¿Qué haría Sasori en mi situación?" Piensa con un nuevo dejo de pesimismo, al tiempo que se sienta en una de las sillas frente a la barra del local, y del lado más alejado del gentío.
Un hombre corpulento, con la cabeza afeitada y un bigote negro, pero de rostro amable, se le acerca para atenderla.
— ¿Algo para aliviar las penas? ¿O prefieres algo para olvidarlas? —Le ofrece el barman a la decaída clienta.
—Lo primero—Contesta la mujer sin demasiado interés en la conversación.
—Creo que tengo lo que necesitas—Señala el dueño del local, dándose vuelta a buscar una botella en particular sobre las repisas de madera—El primer vaso es por la casa, las damas atraen clientes.
"Al menos es honesto." Piensa Sakura mientras le sirven un pequeño vaso de whisky con hielo, y le permiten el espacio que cualquier cliente en su situación busca.
Ella consume su bebida de a sorbos, alternando la mano en la que apoya su mentón a cada vez que toma.
Ahora que lo nota, el ambiente de este sitio es perfecto para pensar. La iluminación es escasa, y a la vez la suficiente para ver lo que está frente a ella. Los tonos violáceos y azulados de las luces del bar están en el punto correcto para que las personas a su alrededor se mezclasen en una masa negra, de la que una multitud de conversaciones, más o menos coherentes, brotan y se pierden entre sí mismas.
En este momento, todas las teorías que Sakura se propone para explicar el modo en que transportan a los prisioneros suenan demasiado poco prácticas para ser reales.
"Y ponerse a pensar en si otros serían más eficientes que yo en esta situación no está ayudando ahora." Se regaña con el ceño fruncido, mirando fijamente su disgustado reflejo en el whisky sobre la barra.
Quizá se está frustrando demasiado, esta es sólo su primera noche aquí. No debería dejarse consumir por la impotencia. En lugar de eso, lo mejor es que se tome el tiempo que necesita para hacer este trabajo con calma.
—Te dije que las damas son buenas para el negocio—Interrumpe sus pensamientos el encargado del bar, mientras le entrega un segundo vaso—Este lo paga un admirador anónimo.
La joven ninja observa a su alrededor en un esfuerzo por identificar a quien le compró la bebida. No tarda en ver a un tambaleante anciano que camina hacia a ella, apoyándose en la barra para mantener el equilibrio.
—Y yo que intentaba proteger tu imagen… —Habla el tabernero al hombre mayor, al tiempo que pasa del otro lado de la barra para sujetarlo de un lánguido brazo—Suficiente por esta noche, Kenta. Ya sé cómo termina esto, y prefiero que no pase hoy.
—Pero la jovencita quiere hablar conmigo—Balbucea el ebrio sonrojado.
—La señorita estará más cómoda si te enjuagas el olor a alcohol de la boca. ¿Por qué no pasas al baño un momento? —Le sugiere empujándolo sutilmente lejos de la chica con una mano en su hombro—Le diré que te espere.
El borracho acepta la propuesta del gigantón, y torpemente se dirige a una puerta al fondo de un pasillo aledaño a la barra del local.
—Perdón por el inconveniente—Se disculpa el barman—Dentro de nada se dormirá en el baño como lo hizo durante todo este mes.
— ¿Pasa por un momento muy grave? —Pregunta la rosada sin levantarse, ni descruzar sus piernas sobre su asiento.
— ¿No los pasamos todos? –Le contesta el grandulón en tono cordial—Sí… hace poco lo descendieron de puesto en su trabajo en el puerto. El representante de nuestro señor feudal dice que es tiempo de darles mayor responsabilidad a los jóvenes. Y viejos como él tienen que lidiar con la frustración.
—Y hombres como tú les ayudan a que no hagan nada estúpido durante sus borracheras—Completa Sakura con una mueca casi alegre.
—Ese es el verdadero trabajo de nosotros, los taberneros: guardianes nocturnos, que cuidan que las noches no sean un desastre, para que así los días sean más tolerables—Prosigue el hombre en medio de una risa.
—Haces un gran trabajo—Sonríe Sakura con cordialidad, mientras se levanta y deja unos Ryus en la mesa—Eso es por el primer trago, y por haberme ayudado con mi problema.
— ¿Te ayudé? —Le pregunta él, incrédulo.
—Sí. Eres bueno. Gracias por la ayuda—Reafirma la muchacha con el buen humor recobrado, a la vez que se despide con un gesto de su mano y se encamina hacia la entrada del bar.
"Por supuesto, el puerto. La mejor manera de transportar esa clase de carga, y mantenerla oculta, es no hacerlo por tierra."
Necesita comenzar su investigación allí.
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El dúo de artistas ya lleva moviéndose por su cuenta poco más de una semana. Desde que se separaron de la médica, no han hecho más que desplazarse durante el día en línea recta, entre punto y punto, e ignorando todo camino o ruta para limitarse siempre a pasar la noche en el bosque con el objetivo de compensar el tiempo extra que les demoran los combates.
A estas alturas, el artista de lo eterno ha tenido tiempo de sobra para pensar en sus inquietudes, y para tratar sus intermitentes ataques de irracionalidad. Ya aceptó como parte de su vida diaria el hecho de que preocuparse por la mujer de Konoha les es algo inevitable. Sin embargo, la tarea de comprender a la rosada es todavía algo que consume su tiempo. Al menos, ahora le es más fácil el conversar con su pálido compañero de equipo. Esto último le permite, a su vez, tener otras cosas en mente además de todo aquello relacionado a Sakura.
La situación actual del dúo de artistas es anormalmente tranquila. Ambos han pasado las últimas horas de la nueva jornada quietos en lo que esperan por un ave, y permanecerían en el sitio, como estimación máxima, unas seis horas más.
Hoy será cuando el cúmulo mayor de información actualizada llegará a ellos, y, hasta entonces, deberán permanecer estáticos en una franja de terreno en donde la espesura del bosque se disuelve lentamente en un pantano.
—Es mi turno de pedirte una opinión—Habla el ANBU sentado sobre una gran roca, rompiendo un silencio que lleva durando cerca de una hora—Quisiera saber qué opina otro artista acerca de mis creaciones. Quiero preguntarte si crees que hay algo en lo que debería mejorar.
El marionetista, con los brazos cruzados, y la espalda apoyada en un tronco a un costado del otro artista, presta atención a la petición de su compañero. Esa es una cuestión inusual, más que nada considerando el tiempo que pasó desde que él mismo le había hecho una similar. Aún así, es un planteo más que bienvenido para él.
El ex Akatsuki se toma un instante para rememorar las creaciones del dibujante mientras reflexiona más a fondo su pregunta. El espía de Konoha se caracteriza por capturar el movimiento en sus creaciones, y la idea de que algo tan fugaz, y momentáneo, como un movimiento pudiese inmortalizarse en arte es un concepto que él aprecia.
—Eres capaz de capturar el movimiento de insectos, mamíferos y aves con una exactitud envidiable. Si sólo viese las siluetas móviles de tus dibujos y del original, no podría reconocer uno del otro. Sin duda, eres un artista talentoso… pero, si un área en la que expandirte es lo que buscas… ¿Consideraste capturar el movimiento que se produce por la interacción de los elementos? Capturar el movimiento de una flama, o el de un espejo de agua sometido al viento, francamente me parece una tarea imposible, pero quizá sea el desafío que necesitas para llevar tus habilidades a nuevas alturas.
—Eso… suena en extremo difícil… pero valdría la pena—Contesta Sai con un sutil entusiasmo.
—Y esto me recuerda a una pregunta que aún no te hice—Cambia de tema el titiritero, dotando la conversación con un aire de seriedad— ¿Cuánto te molesta que mis creaciones pierdan los movimientos biológicos inconscientes que caracterizan al movimiento humano?
La pregunta toma por sorpresa a Sai, pero, aún así, la respuesta le nace con rapidez:
—Sólo he visto una de tus creaciones, y esa es tu cuerpo actual. Y la respuesta es simple: tus creaciones no han perdido esos movimientos. Quizá no respiras ahora, quizá tu tórax no se expanda al inhalar. Pero tu cuerpo aún posee la capacidad de producir esos movimientos. De hecho, los he capturado.
— ¿Tienes un dibujo de mis movimientos? ¿Cómo podré devolverte el honor? – Bromea Sasori riendo entre dientes.
—No de la misma manera que honraste al Kazekage, por favor—Lo interrumpe el dibujante con una broma y una sonrisa.
—Claro que quiero ver ese dibujo. Por favor, dime que lo tienes a mano—Reclama el renegado de la Arena sin poder ocultar su reciente brote de curiosidad.
El pálido shinobi se incorpora y comienza a buscar entre los pergaminos que guarda en su mochila, para, luego de unos instantes, extender uno de ellos frente a la vista del titiritero. El lienzo de Sai acaba exhibiendo una escena que el marionetista reconoce de inmediato como un momento que aún no puede eliminar de su memoria.
En el papel, se encuentra inmortalizado el instante en que el renegado estaba convencido de la muerte de su amada a manos del veneno de la Serpiente, el instante previo a que un torrente de filos descendiese sobre Hiromu, sólo para ser detenido por quizá la misma tinta que compone este dibujo.
La marioneta de tinta plasmada en el lienzo mueve continuamente su torso, como si mantuviese una respiración agitada. Además, sus manos tiemblan en un tic nervioso, y sus expresiones faciales cambian al ritmo de un sinfín de inspiraciones y expiraciones inexistentes.
—Es… la primera vez que me veo en tanto detalle—Tarda en expresar el pelirrojo, manteniendo sus ojos, más abiertos de lo normal, clavados en la obra.
—Para ese momento, ustedes dos ya eran cercanos. ¿Verdad? —Pregunta el pálido como si la pregunta fuese nada.
— ¿Qué? —Es lo único que atina a contestar el artista de lo eterno, siendo tomado por sospresa, y afilando su mirada hacia el ANBU de un modo casi inconsciente.
—Sakura toma decisiones arriesgadas. Una de ellas fue acercarse a su contacto y establecer una amistad—Aclara Sai con seriedad antes de guardar la ilustración—No es algo que sea difícil de deducir, y tampoco es difícil hacerse a la idea de que tu técnica le otorga un cierto grado de realismo a tu cuerpo. Este realismo parece variar según tu intención y tu ánimo. Honestamente, lo encuentro fascinante. Quizá algún día mis técnicas y creaciones se acerquen a lo que las tuyas logran. Tomaré tu consejo en serio.
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Los últimos días son particularmente ocupados para la kunoichi. En estos, es capaz de informarse sobre el funcionamiento e historia del puerto en un detalle considerable.
En los muelles de la ciudad se ancla un gran número de embarcaciones mercantes ya desde hace años, muchas más de las que pueden ser inspeccionadas por las autoridades portuarias. Por este motivo, a lo largo de cada día, se seleccionan barcos al azar para que sean inspeccionados y correctamente multados en caso de infracciones.
Es obvio que alguien en el puerto es cómplice de la Serpiente, ya sea haciéndoles pasar sus barcos sin ser inspeccionados, o haciendo la vista gorda ante el cargamento que estos traen desde el río.
Investigar al personal de seguridad portuaria, en búsqueda de esta persona, es otra tarea lenta y meticulosa. Luego de colarse en los muelles durante las noches, y observar en secreto sus rutinas de trabajo, tanto diurnas como nocturnas, Sakura limita su lista de sospechosos a tan solo cinco. Desde allí, es cuestión de ir a investigar sus hogares, y puestos de trabajo, en búsqueda de cualquier cosa que los incriminase.
Al décimo día desde que se separó de sus compañeros, Sakura investiga al tercer hombre en su lista. Esta es una persona de alto rango en la guardia portuaria. La mitad de su jornada, la pasa en su oficina, dentro de una caseta en el puerto, y la otra la ocupa en deambular por los vastos muelles, guiando a los empleados que están a su cargo. Es este segundo lapso de tiempo el que la kunoichi aprovecha para forzar la puerta trasera de la débil estructura, la cual abre con uso de su fuerza y comienza a husmear dentro de la oficina.
En uno de los cajones del pulcro despacho, algo llama su atención: una carta en la que sólo se detallan fechas, horarios y letras. Los horarios corresponden al momento en que ciertas embarcaciones tocarán tierra, mientras que las letras indican en qué muelle del puerto echarán ancla. La ninja no puede simplemente tomar la lista, esa sería una jugada por demás comprometedora, así que opta por tomar un papel y un bolígrafo del escritorio y hacer una copia rápida de ésta. Luego, devuelve la carta original a su sitio, y toma varias otras cosas de valor que la oficina posee, sólo para enmascarar la puerta rota bajo la apariencia de un robo común.
En el día once, confirma que todas estas embarcaciones detalladas en la carta son "casualmente" omitidas a la hora de las inspecciones.
Por otro lado, la médica ya ha identificado a su hombre, pero no hay forma de saber si este es consciente de donde se encuentra la base. Quizá, ni siquiera sabe lo que está ayudando a transportar. Bien posible es el que sólo esté recibiendo dinero a cambio de no observar. Si lo ataca y no obtiene nada de él, probablemente sea el fin de los prisioneros y de sus chances de descubrir la base.
Por el momento, opta por seguir a las embarcaciones río abajo por la ribera, cuando estas se alejan del puerto bajo la luz de las estrellas. Como si el cielo conspirase en su contra, su plan es frustrado de un momento a otro cuando, luego de seguirlas por unos kilómetros, toda la tripulación de cada uno de los barcos se posiciona en la borda de éstos, e ilumina todo lo que los rodea con potentes linternas.
Esta noche no cuenta con la ayuda de sus compañeros, no puede atacar las naves por sí sola sin que alguien escape para informar a la Serpiente de su presencia. Esa noche, se ve obligada a huir hacia el refugio de los árboles para así regresar a la ciudad con las manos vacías.
Aun así no se permite desesperanzarse otra vez, mientras tenga la lista que transcribió de la oficina en el puerto, es capaz de identificar las naves que portan prisioneros. Sólo es cuestión de hacer algo con esta información.
Al parecer, el único momento en el que puede acercarse a estos navíos es durante el día, cuando están anclados en el puerto.
"Tendré que hacer valer ese tiempo."
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Un ave de tinta interrumpe los pensamientos de Sasori. Finalmente, a eso de las tres de la madrugada, la información ha llegado a sus destinatarios.
Acercándose al ANBU, que se había dormido sentado, y con la espalda recargada contra un árbol, lo mece una sola vez por el hombro para conseguir despertarlo.
Sai se despabila de inmediato y, apartando de su rostro la capucha de su túnica negra, se incorpora sobre la hierba y llama al ave de tinta hacia su brazo. Su pequeña bestia de tinta obedece, y deposita una carta en sus manos antes de desintegrarse por completo.
Acto seguido, Sasori apunta su linterna hacia el papel y ambos comienzan a leer la información que su red de espías les provee en esta nueva ocasión.
Las recientes actividades han tenido el efecto esperado, la Serpiente está reagrupando sus fuerzas y recursos dentro del país del Fuego.
La principal señal de que la organización está desmoronándose es el hecho de que abandonaron sus intentos de producción de venenos complejos. La economía de la Serpiente está basándose ahora en el contrabando de armas, la venta de las toxinas ya producidas, y por último, en el tráfico humano para todo tipo de compradores.
Este último detalle es algo inquietante. Si esta clase de actividades son ahora la principal fuente de ingresos de la organización, es de esperar que las protejan con mayor esfuerzo y tropas.
La inquietud de los dos artistas no demora en convertirse en preocupación en el momento en que leen sobre las nuevas bases reportadas, y los datos recopilados sobre estas.
La base al sur de Khanzen, aquella tras la que Sakura se fue, ya no es lo que fue en el pasado. Ahora, es uno de los tres núcleos más grandes de la organización. Además, los reportes indican que los prisioneros son resguardados, no sólo por un número anormalmente alto de mercenarios entrenados, sino por decenas de guardias con buena formación shinobi…
La mujer está caminando hacia la boca del lobo y sin refuerzos.
Ambos alzan la vista, y, sin tener que vocalizar sus pensamientos, se preparan para viajar en su búsqueda.
No tienen tiempo que perder.
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