Sanar.


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Los siguientes momentos son como un extraño limbo para la mujer de Konoha.

En un principio, nada existe excepto el arcón de medicinas y su propio cuerpo. No tiene miedo ni preocupación alguna, sólo el tipo de concentración que puede encontrarse en una sala de cirugía, ya que, ahora que la batalla ha terminado, no existe un verdadero riesgo a su vida.

Luego, toma real consciencia de su situación, y de sus capacidades.

Lo peor ha pasado ya, pero eso no borra la dificultad del panorama.

A pesar de que su vida ya no peligre, es necesario admitir que en estos momentos se mantiene lúcida gracias a la reciente inyección. Debido a esto, no existe actualmente en su cuerpo la fuerza necesaria para volver a usar sus técnicas curativas.

Sakura vierte una botella de agua, y otra de alcohol etílico sobre toda la superficie llagosa de sus dos brazos. Al instante, el ardor la invade, la corroe y le hace lagrimear los ojos, pero acalla cualquier pensamiento que pudiese alimentar a sus reacciones físicas al recordarse que esto es necesario.

Luego de que la oleada de dolor en sus músculos se atenúa, la muchacha envuelve sus extremidades en vendas. La acción le demora más de la cuenta debido al temblor que domina su pulso.

Es claro que no podrá tratarse a sí misma con total efectividad. Ya sería complicado en situaciones normales, y ahora, con el cansancio y el dolor que carga consigo, le es imposible ajustar las vendas como debería hacerlo.

Siente como las suaves tiras se adhieren a su cuerpo, y la falta de piel causa el desagradable efecto de acentuar su tacto. Desde la palpitación de sus arterias, hasta el flujo de la sangre en sus brazos, todo puede sentirse en un constante y visceral detalle.

Antes de que terminase de cubrirse de apósitos, aquellos que ya están en contacto con la carne viva de sus extremidades comienzan a teñirse lentamente de humanidad.

La mujer sabe que tiene que salir de este sitio, permanecer aquí es más riesgoso mientras más avanza el reloj. Necesita descansar, recuperar sus fuerzas hasta poder así curarse con sus técnicas ninja.

Después de todo lo que pasó desde que se separó de su equipo, después de mostrarse capaz de descubrir la ubicación, de combatir con sus habitantes, de haber liberado a los prisioneros, y después de haber hecho tanto por sí sola, la opción de caer aquí ni siquiera se le cruza por la mente.

Una vez que finalmente consigue terminar su tarea, levanta su mirada hacia la oscuridad que recubre el cielo raso de piedra, y recuerda el infierno en el que todavía está inmersa.

En un nuevo impulso, vuelve a ponerse en pie y camina lentamente sobre el océano de cadáveres, para así evitar todos los objetos filosos que pueblan el piso. Una vez que llega a la salida que ella misma había abierto en la pared de la cueva, Sakura dedica un último vistazo a la masacre, al fruto de sus recientes acciones. Casi le sorprende pensar que ella es la responsable de este escenario, un escenario digno de aquellos que habían acontecido a manos de la tercera fuerza.

Como ya no sabe en dónde quedó su linterna, toma una de las antorchas, aún colgadas en el pasillo que se despliega tras el derrumbe de la entrada, y, manteniéndola en alto, inicia el largo ascenso a la superficie dándole la espalda a la imagen de pesadillas.

Sus acciones causaron eso, y sus acciones también fueron las que llevaron a la libertad de un centenar de personas. La de Konoha está conforme con saber eso, y con pensar que por eso merece la pena sobreponerse a cada uno de los dolores que ahora la plagan.

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Luego de treinta minutos de haber deambulado entre pasadizos, humedad y oscuridad, Sakura detiene sus débiles pasos y se deja caer contra la fría pared de piedra.

Necesita un instante para recuperar sus fuerzas. Saldría por si sola de esta situación. Después de todo, se estuvo valiendo de sí misma por un buen tiempo ya. Después de lo vivido durante los últimos días, estos túneles no le parecen un obstáculo mayor. Sólo necesita respirar un poco.

En medio de jadeos y punzantes ardores que la hacen reacomodar su postura, para que así sus brazos y hombros no puedan rozar la aspereza de la roca, la joven se topa con el rostro del marionetista. Él viene por el pasillo en dirección contraria a la de ella, y alumbrando el sendero a su paso con su propia fuente de luz.

Si bien la primer reacción del renegado al verla allí tirada es el impulso de asistirla, se esfuerza en no actuar otra vez como lo hizo hace tan poco tiempo. De este modo, con su taciturna silueta tenuemente definida por la luz roja y anaranjada de la antorcha ajena, el criminal sólo se limita a apartar su linterna del rostro de la dama, para luego acercarse a ella en silencio, y con pasos suaves.

—Los prisioneros ¿Cómo están?—es lo primero que quiere saber Sakura, sin demostrar en su semblante que no tiene fuerzas aún para volver a levantarse.

—Todos han llegado a Khanzen. Me encargué de los barcos y sus tripulaciones—le responde Sasori sin lograr detener a sus dos ámbares, que escudriñan los enrojecidos vendajes que recubren a la mujer.

Sonríe aliviada. Ahora sí que puede decirse a sí misma que su misión terminó con éxito. Había pasado los últimos días tan enfocados en su misión, tan enfocados en realizarla sin que ninguna otra presencia influyese en sus acciones, que ahora que los prisioneros están a salvo,ahora que no está sola, no sabe identificar qué hacer.

—Está bien… Y ahora, ¿Qué?—pregunta ella luego de un incómodo silencio.

—Sé dónde nos reencontraremos con Sai, lo hablamos antes de llegar a la base—tomando la pregunta como un permiso para tomar el control de la situación, el ex Akatsuki decide por sí mismo los siguientes pasos que tomarán—. Iremos allí. Atenderemos tus heridas allí. Y esta vez no te permitiré que te niegues a ser ayudada.

Sakura no altera su expresión ante la nueva información. Teniendo la opción frente a ella, su cuerpo le exige que sea honesta consigo misma y con el pelirrojo.

—No es como que tenga la fuerza siquiera para levantarme… La adrenalina tiene sus límites—acota intentando esconder tras el humor la verdadera extensión de su agotamiento.

No obstante, no llega ni a terminar la última oración para cuando Sasori se agacha para recogerla.

—Amanecerá pronto. No podemos permanecer aquí por mucho más tiempo—aclara él forzándose a no perder la calma, al tiempo que se incorpora con la kunoichi en sus brazos—. Atenderé tus heridas cuando lleguemos. Y una vez que puedas moverte sin esfuerzo, serás libre de resistirte, enojarte conmigo u odiarme si así lo deseas.

La joven de Konoha aprieta los dientes por el dolor que invade su brazo izquierdo, el cual termina apretándose contra el pecho de Sasori, pero no emite objeción alguna ante sus palabras.

No está segura de cómo contestarle, ya que la última vez que recibió su ayuda en una circunstancia similar, ella ni siquiera estuvo despierta.

El hombre que ahora la carga hacia la salida de la cueva sigue siendo aquel que optó por ignorar el destino de todos los cautivos hace tan solo dos semanas. Todavía no lo perdona por eso. Empero, algo en sus palabras, algo en su tono, quizá ese claro intento de ocultar su preocupación, la reconforta. Por ahora, la mujer opta por acatar su orden, y decide permitirse sanar.

Sobre la opción de volver a resistirse, a enojarse con él; puede hacer eso una vez que haya recuperado sus fuerzas.

"Y sobre odiarlo…"

Alza su mirada un momento para verlo, con sentimientos contradictorios albergados en su corazón. Está a punto de decirle algo, aunque ni ella está segura de que es lo que terminará saliendo de su boca.

—Por favor, no ahora—se le anticipa el hombre, frunciendo el ceño al sentir la mirada jade sobre su mandíbula—, ¿Es mucho pedir que tengamos nuestra discusión cuando estés en un mejor estado?

Sakura se sorprende por sus palabras, pero accede tácitamente a conservar el silencio durante todo lo que resta de trayecto.

Finalmente, al cabo de unos minutos, el aire fresco, el olor a naturaleza y los últimos vestigios de la luz de la luna chocan contra una cada vez más adormilada ninja. Y, como si de un bálsamo mágico se tratase, el cambio de ambiente es tan bien recibido por su cuerpo que consigue volver a despertar sus sentidos.

Sin romper la armonía de este último lapso, Sasori sigue caminando con ella a cuestas por el bosque, hasta que llega al claro en el que deben esperar por la llegada del ANBU de la Raíz. Allí es donde la hace reposar contra la corteza de un árbol, utilizando la túnica de nubes rojas como almohada para hacer un poco más cómoda su postura.

Ambos mantienen un silencio solemne, mientras el amanecer poco a poco va paleando la oscuridad del mundo y el agua del río sigue escuchándose fluir no muy lejos de allí, ajena a todos los disturbios recientemente acontecidos.

El pelirrojo se acuclilla a un lado de ella, y saca un par de pergaminos desde el interior de su riñonera.

Él reconoce que es necesario que conversen sobre lo que ocurrió el día de su partida. Quiere que hablen sobre las diferencias que los separaron aquella noche. Después de todo, pasó las últimas semanas pensando en que decir cuando finalmente la volviese a ver.

Aun así, sabe que no puede tener esa conversación viéndola así de herida y malograda, quiere estar más cuerdo para cuando ese momento llegue. Así que sólo se limita a atenderla poniendo todo de sí en la labor.

Por su parte, Sakura sigue absteniéndose de pronunciar palabra. Normalmente, Sasori siempre se muestra frente a ella como si estuviese ligeramente ausente, como si estuviese pensando en otra cosa, como si en todo momento tuviera un pensamiento que aún no logra expresar, y como si sus emociones estuvieran resguardadas junto a esa idea, dejando que atienda la situación frente a él con una anormal calma.

Esta ocasión es la primera vez en la que lo ve así de concentrado. Al menos, desde aquella noche en la que lo ayudó a reparar su cuerpo.

Pese a todo, la mujer no comenta sobre sus observaciones.

"De seguro estoy pensando de más." Se dice restándole importancia a su descubrimiento, limitándose a mantener el silencio hasta que irremediablemente fracasa, y emite un pequeño gemido justo cuando el hombre comienza a remover los ya pegados vendajes.

Reaccionando a la señal de dolor, Sasori decide humedecer la tela enrojecida con una cantimplora para facilitar su remoción.

Mientras él cambia las vendas de cada uno de sus brazos, la médica vuelve a rendirse poco a poco ante el cansancio. Por más que quiere seguir manteniéndose despierta, su agotado organismo, ya alejado del combate, abandona el frenético instinto de supervivencia y comienza una segunda vez a aletargarse. Quiere recomponerse por sí misma, pero está cansada de sanar. Quiere seguir enojada con él, pero está cansada de la ira, de la culpa, de la duda. Quiere hablar con él, decirle lo que tiene en mente, pero está tan cansada que puede coincidir con él en una cosa:

"Podemos conversar luego."

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Varias horas después, la mujer despierta entre desorientada y adolorida por la rigidez del tronco en que está apoyada. Cuando abre sus ojos una vez más, encuentra su cuerpo cubierto por una manta de lana, y delante de ella ve la espalda de Sasori. Él se encuentra inclinado sobre una fogata. Además, nota que ya es de día, aunque el sol poco a poco está comenzando a ponerse. Por otro lado, el aroma a comida resuelve sus interrogantes acerca del marionetista: está cocinando.

Sakura, aún con cierta pesadez en sus entumecidas extremidades, aparta la manta de su cuerpo y despega su espalda del tronco. Dándole un vistazo más de cerca a sus brazos, nota que las vendas que los cubren no muestran demasiados rastros de su sangre. De hecho, se ven bastante recientes. Debieron haber sido cambiadas en más de una ocasión.

Por su parte, Sasori no tarda en girarse al escuchar el sutil movimiento detrás de él. Cuando comprueba que ella está despierta, se voltea una vez más hacia el caldero que ha dejado levitando sobre las brasas, gracias a sus hilos de chakra, para verter el caldo de soja con gluten, arroz y nabos dentro de un cuenco de cerámica.

—No sé el estado de tu tracto digestivo y garganta. Así que pensé que un alimento blando sería lo más fácil de digerir—se excusa acercándole el recipiente a la muchacha.

Sakura lo recibe haciendo uso de sus brazos, que, aunque todavía le pican un poco al flexionarlos, ya le permiten sujetar objetos con relativa firmeza. Si bien puede sentir que aún falta para que sanen, definitivamente se sienten mejor que antes.

—Gracias… —responde ante el gesto, tomando la cuchara sumergida en la sopa para llevarse un poco del humeante alimento a los labios—. Usaste un analgésico externo en mis brazos. ¿Me equivoco?

—Sí, usé uno—asiente Sasori con tranquilidad—. Quería facilitar tu descanso.

—Eso explica por qué me pican…—piensa en voz alta antes de tomar un sorbo de su cuenco. La energía que el alimento le proveerá es exactamente lo que necesita para que su flujo de chakra se reactive con mayor velocidad— ¿Cuánto tiempo dormí? ¿Dónde está Sai?

—Dormiste cerca de diez horas, y hace dos recibimos un ave con un mensaje de Sai—explica el titiritero mientras saca un papel en sus bolsillos y se lo enseña a la dama—. Dice estar buscando al cliente del que nos informaste. Pide que nos encontremos con él mañana en la ciudad, no dijo un horario específico, solo después del mediodía. Pide que te tomes este tiempo para recuperarte.

Sakura no acota nada, ya que está demasiado ocupada con el contenido del cuenco en sus manos. La verdad es que el esfuerzo de ayer, más el ayuno de las últimas horas, ha creado en ella un hambre casi famélica.

—Gracias por cuidarme—pronuncia cuando por fin ha terminado de devorar el brebaje, al tiempo que se pasa el dorso de la mano por la boca, manchando de restos de sopa las vendas que cubren su muñeca—. No era necesario todo esto… pero lo agradezco.

En realidad, la mujer aprecia la ayuda que está recibiendo, pero, tras haber estado tan cerca de superar toda la situación por sí misma, a una parte de ella le hubiese gustado hacerlo sola.

—Sé que no es necesario—sonríe—. Al menos, ahora lo sé. Podrías haberte recuperado por ti misma, pero, ya sabes… Quería ayudarte.

El renegado termina su frase sólo para abrir paso a un nuevo silencio incómodo, que acaba por durar más de lo que sería deseable para ambos.

Ex informante y ex contacto se miran a los ojos por un instante, comprendiendo, aunque sea de manera superficial, lo que ambos tienen en mente.

—No creo que debamos postergar aún más la conversación—propone el artista de lo eterno, apartando el caldero vacío del fuego para pasar a sentarse sobre el césped, a un lado de Sakura.

Por su parte, ella está cansada de estar sentada. Así que, ayudada por los hilos de su acompañante, estira la manta de lana sobre el césped.

—Supongo que en eso coincido—afirma en medio de un resoplido, al tiempo que se recuesta boca arriba sobre el improvisado colchón.

La médica suspira relajando los músculos de su espalda y cuello, y luego gira su cabeza a la izquierda para dirigirle una mirada al renegado junto a ella.

Es necesario que discutan sobre esto. El conflicto lleva ya sus buenos días esperando por esta chance.

— ¿Quién comienza? ¿Tú?—comienza la joven mujer, sintiendo desde hace un rato aplacado su enojo hacia el marionetista.

Es extraño para ella, esperaba estar todavía más enojada con él al volver a verlo. Pero su enojo existe solo como un sonido de fondo, presente, pero incapaz de tomar las riendas de su ánimo. Quizá sea un efecto secundario de haber sufrido aquel genjutsu, quizá se encuentra momentáneamente insensible a sus propias emociones ¿Quién sabe?

De todos modos, no importa lo que pase en su cabeza en este momento. Pasó mucho tiempo pensando en esto, así que sabe su postura, incluso si sus emociones no la acompañan como es debido. Sasori ignoró por completo la situación de los prisioneros, y ella no puede actuar como si nada ante esa decisión. Enojada o no, tiene que ser firme.

—Comienza tú—sugiere él con un tono sereno, pero claramente temeroso—. De seguro sientes con mayor intensidad sobre esto.

Sakura intenta buscar en sí misma la emoción necesaria para esbozar un tono de cólera, pero no consigue encontrarla.

—Ignoraste a vidas inocentes. Si fuese por ti, quién sabe a qué clase de horrores hubieran sido sometidos—pronuncia con más decepción que ira o reproche en su voz—. No puedo ignorar eso y actuar como si no me importase. Eres libre de pensar o hacer lo que quieras, y no puedo, ni pienso forzarte a hacer nada… Después de todo, es tu decisión, tu actitud hacia la vida. Pero yo la encuentro inaceptable, equivocada, imperdonable.

Aunque no pretende usar su discurso como un sermón más, Sasori se limita a escucharla con la cabeza gacha.

—No voy a ignorarla, y no voy a cambiar mi opinión—prosigue la kunoichi, llevando su mirada hacia el firmamento— ¿Qué tienes que decir al respecto?

—Pues… En gran parte, tienes razón…—comienza a responder el criminal con una lentitud tal en su voz, que tarda en ser interrumpido.

— ¡¿Qué?!—exclama confundida, volviendo su cabeza hacia él y casi atragantándose con su propia saliva en el proceso— ¿Ninguna basura sobre que la moral es relativa? ¿No vas a intentar cambiar mi opinión?

Le pregunta sin reconocer la actitud del marionetista como algo propio de su repertorio.

—No terminé de responderte—esta vez es él quien la silencia con una mueca de reproche—. Tuve tiempo para pensar en esa decisión, tuve tiempo para pensar en tu reacción, y tiempo para intentar comprenderla. No voy a decir que te entiendo, tampoco voy a decir que coincidimos por completo… Pero puedo decirte que no tomaría la misma decisión hoy.

Sus palabras suenan crípticas para la joven, quien sólo puede pensar que el renegado está intentando esquivar un conflicto que él mismo insistió en tener. Casi suena como el mismo sujeto que dejó atrás hace semanas, así que se limita a concluir que él está cediendo el punto para no discutir con ella.

—Si vas a comenzar a coincidir conmigo sólo para evitar que me moleste, nada más vas a conseguir que pierda todo respeto hacia ti—espeta, ahora sí, en un tono más agresivo para con su ex informante.

—No es eso—se apresura a corregirla—. Lo que quiero decir es que no entendía porqué ves valor en la vida de los desconocidos. Y todavía no sé exactamente cómo lo haces, pero tuve tiempo para pensarlo y creo que encontré el valor en ella.

— ¡Por amor a los dioses! ¡No es tan difícil! ¡Son inocentes!—recrimina con mucha menos tolerancia ante su falta de empatía—. Son padres, madres, hijos. Si puedo ayudarlos, y no lo hago, entonces también soy responsable de todo lo malo que les pase.

—Pues, encontré mis propios motivos para coincidir con el resultado final—expresa el ex–Akatsuki—. Cada persona tiene la chance de despertar en algún momento una voluntad inquebrantable. Cada persona puede albergar en ella una belleza que admiro y aprecio sinceramente. Si permito la extinción de una vida que no opone ningún riesgo a mi persona, soy responsable de que el mundo sea menos bello y no tengo excusas para considerarlo aceptable.

La frase es resumida por el shinobi con un tono alto y firme, y mucho más fácil de reconocer para la mujer que lo escucha, literalmente, desde el suelo.

"Por supuesto que el arte tendría algo que ver con esto." Piensa ella poniendo sus ojos en blanco, para luego echar nuevamente su mirada jade al cielo. Al menos, la obsesión con el arte se mantiene. Quizá, la marioneta humana a su lado sigue siendo Sasori después de todo.

— ¿Así como así? ¿Tan fácil es para ti cambiar de opinión? ¿Por qué ahora?—le cuestiona sospechando de la veracidad de la súbita diferencia entre el marionetista que le habla ahora, y aquel que dejó atrás hace dos semanas.

—No fue fácil—vuelve a aclarar el renegado de la Arena—. Necesité que tu decisión haga nacer en mí la duda. Necesité conversar del asunto con Sai. Tuve semanas para intentar entenderte, y, como te dije, todavía no te comprendo. Al menos, no en la parte de la inocencia. Pero si entiendo que no puedo dejar a alguien morir sin motivos y estar cómodo conmigo mismo.

El enojo no termina de aplacarse dentro de su pecho, pero esta vez Sakura no deja que éste escape de su boca. Sasori siempre fue "excéntrico" en sus razonamientos. Empero, por más extraño que sea el pensamiento que lo lleve a ser de ese modo, si en realidad mejora su actuar, sólo puede salir algo bueno de éste ¿No es así?

"No puede ser tan fácil. Después de toda la vida e historia que existen tras él, no suena creíble que un cambio tan fuerte ocurriese así de repente." Razona la mujer en un justo escepticismo al tiempo que se muerde el labio inferior.

—Eso no quita las decisiones que ya has tomado. ¿Cuánta gente ha caído ya en lo que tardaste en aprender lo obvio? ¿No te pesa?— indaga todavía intentando creer en lo que escucha.

—Un poco—la respuesta de Sasori, tan inmediata y transparente, la toma por sorpresa y le quita las palabras de la boca—. Pero la edad no pone un límite al tiempo que me queda para enmendar el daño que le causé a la belleza en este mundo. Tengo todo el tiempo que existe para actuar distinto.

"Un poco." Repite Sakura en medio de su asombro, mientras se queda observando a su compañero con los ojos abiertos de par en par.

No esperaba esa respuesta de él. De hecho, esperaba el mismo nivel de apatía al que ya se había acostumbrado a cada vez que estos temas de conversación aparecían entre ellos.

—De hecho, comencé recientemente…—continúa Sasori sin ceremonia alguna—. Existen más bases de la Serpiente que sirven como prisión. Le diré a Sai que deseo atacarlas primero. Imagino que coincidirás conmigo. Así que la ruta del equipo cambiará acorde a nuestra decisión.

Ella lo escucha aún más sorprendida que antes, comenzando a comprarse la idea de que su cambio no pretende conformarse con ser sólo un principio.

—Suena… bien—asiente la ninja, aunque sin dejar de esperar el "pero" de la situación. Las cosas nunca fueron sencillas antes, y no tienen por qué serlas ahora.

—Eso no quita que vamos a seguir discutiendo acerca de cómo,cuándo y por qué una vida merece o no ser rescatada—prosigue el titiritero confirmando en parte las dudas de su compañera—. Y espero que esas discusiones sean particularmente desagradables. Pero, al menos, puedo comprender un poco tu situación. No me puse en tu camino esa noche, y no me pondré frente a este en el futuro. Entiendo si nuestras diferencias hacen que nuestra relación se vea perjudicada, y entiendo si no me respetas. Pero yo continúo aprendiendo de ti. Al menos, puedo agradecerte por este pequeño progreso.

La kunoichi gruñe y levanta uno de sus brazos de su cómodo lugar sobre la manta, llevándose la mano al rostro.

— ¿Por qué tienes que hacer tan difícil que me enoje contigo por completo? —se queja antes de aceptar que el cambio en él parece ser legítimo—. Estamos bien. No voy a perderte el respeto porque seas menos imbécil que antes. ¿Qué clase de persona sería si lo hiciese?

Se sincera tanto para que Sasori la escuche, como para encontrar apoyo en su propia voz.

—Cuando tengamos esas discusiones, ahí veremos si puedo terminar de enojarme contigo. Y créeme que si vuelves a actuar como un idiota…

—Mereceré las consecuencias—completa el hombre sentado a un lado de su cabeza, y casi a modo de broma.

Sakura no puede evitar sonreír ante el hecho de que ella ha llegado a un punto de transparencia tal, que Sasori se ve capaz de terminar una frase por ella.

— Oye... ¿Me prestas alguna muda de ropa? Ya sabes... Necesito limpiarme un poco, y ponerme algo que oculte mejor mis heridas—pide cambiando de tema a la conversación, mientras baja con cieta pena su mirada hacia su propia indumentaria, que está cubierta de sangre seca y suciedad—. Así podemos ir a la ciudad y alquilar una habitación donde pueda atenderme como es debido.

—Por supuesto—accede el pelirrojo sin tener demasiados problemas con la petición.

Acto seguido, el criminal saca otro pergamino desde su riñonera y lo desenrolla allí mismo. Del papel de la herramienta, primero sale una pequeña hilera de humo, que se difumina rápidamente en el aire, y después aparece una bolsa de plástico con una muda de ropa limpia dentro.

La mujer se incorpora con lentitud tomando la bolsa consigo.

—Me iré al río por unos minutos. Necesito limpiarme aunque sea un poco. Estaré aquí pronto—se excusa alejándose del campamento para seguir el sonido del agua.

Minutos después, el marionetista la ve regresar hacia las cenizas de la fogata en un aspecto mucho más arreglado y prolijo. Ahora, ella viste sus pantalones y camisa gruesa de mangas largas, y sobre ésta última lleva puesta su gabardina negra.

Por otro lado, la muda sucia de la kunoichi está dentro de la bolsa plástica que todavía carga en su mano.

La ropa del marionetista, al ser de una o dos tallas más grandes, le queda algo holgada a Sakura, pero es mucho más preferible a su anterior aspecto ensangrentado. Aún así, le molesta un poco tener que pasar las siguientes horas sin sostén, pero es un precio ínfimo a pagar a cambio de dejar atrás la vestimenta que usó para el combate.

— ¿Estás lista para que partamos de aquí?— le pregunta el marionetista, quien aprovechó el tiempo de espera para levantar el sencillo campamento.

—Sí. Vayamos a Khanzen—responde Sakura con una pequeña sonrisa—. Pero a medio camino deberemos desviarnos un poco. Dejé buena parte de mi equipo en un escondite improvisado cerca de la entrada de la caverna.

Sasori asiente con la cabeza al tiempo que termina de tapar con tierra los restos carbonizados de las brasas del fogón. Acto seguido, comienza a internarse en el bosque circundante al pequeño claro.

—Entonces… ¿Conversaste con Sai? ¿Sobre el valor de la vida?—reanuda la mujer volviendo a arribar a su lado.

Luego de su conversación anterior, ella tiene interés en aprovechar el trayecto de regreso a la ciudad para comenzar a reconstruir aquella familiaridad que existió entre ellos hasta antes de los sucesos de hace dos semanas.

Por su parte, el pelirrojo se sorprende un poco ante su nueva estrategia, pero no se resiste de ningún modo a ella.

—Sí. Terminó siendo un mejor compañero de conversación de lo que esperaba. ¿Te sorprende?—contesta sin dejar de moverse hacia adelante.

—Un poco—le confiesa Sakura—. Supongo que contigo tiene más cosas en común, pero él también decidió ignorar a los prisioneros.

Su tono se tiñe de dudas por un momento, pero consigue completar su diálogo inicial de la mejor manera posible:

— ¿Tienes idea de por qué?

—Creo que él es quien puede aclararte mejor sus intenciones. En lo que a mí respecta, puedo decirte que no me dio la impresión de que él no apreciase la vida—prosigue Sasori intentando aliviar un poco sus dudas, pero sin mucho resultado.

—Lo hablaré con él… y discúlpame si me cuesta adaptarme a lo que me has dicho. Pasé varias semanas pensando al respecto, y es difícil acostumbrarme—pronuncia ella con un tono serio antes de sacudir su cabeza para intentar que su buen ánimo volviese a repuntar.

"No, ya fue suficiente por ahora. Ya lidiaré con Sai más tarde. Y respecto a Sasori… Él está intentando cambiar… no quiero seguir hundiéndome en negatividad cuando la situación a mi alrededor no lo amerita." Resume la dama para sus adentros, con un ceño levemente fruncido en señal de determinación.

—Es mi culpa—expresa el ex Akatsuki asumiendo responsabilidad ante el hecho, y tomando por sorpresa su acompañante—. Probaré que digo la verdad. Hasta entonces, está bien que dudes de mí. Mi reputación me precede.

—Te creo…—aclara tras recuperarse de la conmoción—. Sólo estoy desacostumbrada…

Unas horas más tarde, cuando la oscuridad ha vuelto a imponerse sobre el ambiente, los dos ninjas finalmente consiguen dejar la intemperie atrás e ingresar en las calles adoquinadas de Khanzen, en búsqueda de un hospedaje.

Por la noche, las avenidas de esta ciudad aún poseen su bullicio, y entre las conversaciones de los ciudadanos noctámbulos, que ambos logran captar, se puede detectar claramente el tema más popular del día: el arribo de cientos de pordioseros desde la frontera sur, y el total misterio de su origen. Ante la noticia, los diarios de la ciudad no ofrecieron respuestas a la comunidad, ya que la famélica muchedumbre apareció al mismo tiempo que la prensa distribuía sus encabezados, por lo que no dieron tiempo a nadie para entender que es lo que estaba ocurriendo.

Sakura desea, y casi que necesita averiguar qué fue de los hombres y mujeres que liberó, pero reconoce que primero debe cambiar sus vendajes y terminar de recomponerse. Después de todo, aunque no tiene demasiados problemas para moverse ni caminar, puede sentir, a cada paso que da, la fragilidad general que existe en su cuerpo, el cual no sería capaz de volver a soportar un nuevo combate.

Cuando el equipo consigue hacerse con un alojamiento, Sasori asume el papel de ser el encargado de hacer guardia dentro de la estancia, mientras ella ocupa el baño para higienizarse y tratar en más detalle sus heridas.

Dentro del cuarto de aseo, Sakura se desviste y se remueve las vendas de los brazos, para finalmente quedar desnuda frente al espejo del lavabo. De inmediato, nota que sus quemaduras están mejorando a buen ritmo: la piel se recupera de a poco, a medida que el aspecto de sus brazos deja de ser una gran llaga profunda y purulenta para asemejarse más a una herida costrosa y con islotes de piel renovada, la cual se encuentra en proceso de cicatrización. Empero, no es ese aspecto de sí misma lo que le llama la atención.

La piel que estuvo expuesta al aire está limpia, gracias a que pudo lavarse el rostro, el cuello, las axilas y las piernas en el río. Por otro lado, las porciones de su cuerpo que estuvieron cubiertas por la ropa que llevó durante el combate están sucias, en distintos grados de dilución, de sangre difuminada por su propio sudor. Además, tiene el pelo grasoso y plagado de pequeños nudos.

Desagradada con su estado, la mujer deja a la bañera llenarse de agua. Se daría una ducha, de no ser porque el constante golpeteo del agua tibia sobre sus heridas no se sentiría nada placentero. Así que, luego de que la tina estuviese preparada, ella cierra los grifos de agua y se mete con cuidado dentro de ésta.

El suave contacto del agua la hace suspirar de alivio y cerrar los ojos. Luego, deja sus brazos recostados sobre cada borde de la bañera, y se sumerge hasta que toda su espalda hace contacto con la porcelana.

Se queda un rato así, simplemente disfrutando de la calidez del baño de inmersión abrazando su cuerpo, hasta que por fin se decide por comenzar a asearse.

Haciendo uso de una esponja húmeda y más jabón del necesario, Sakura opta por comenzar a limpiar sus axilas y entrepierna, seguido por su cuero cabelludo, pecho, caderas y pies.

Mientras tanto, el leve brillo verdoso que emiten sus brazos a lo largo del recreativo masaje ayuda a que, poco a poco, la superficie de estos se siga regenerando.

El fluir del agua sobre su piel, y el entretenido espectro verde brillante que alcanza el contenido de la tina cuando uno de sus brazos se sumerge en ella, le sirven como una relajante melodía que acompaña sus cavilaciones actuales.

Las últimas treinta y seis horas han sido un vaivén acentuado de sentimientos. Ya desde antes del combate que su estado de ánimo no es el usual… y el genjutsu que sufrió durante la batalla sólo sirvió para volver a sus emociones un poco más borrosas. Le cuesta identificar cuáles de todas las sensaciones que viene experimentando desde la tortura son verdaderamente propias, y cuáles aún se ven afectadas por esa técnica. Por ahora, sólo quiere dejar al tiempo transcurrir, deseando que el paso de las lunas le ayudase a sentirse bien una vez más.

Sakura permanece horas en la tina, no solo aseándose, sino prestando particular atención y concentración al delicado control de chakra requerido para terminar de sanar su piel quemada. Cuando finalmente el proceso llega a su fin, la ninja sale del agua y se observa a sí misma en el espejo, buscando con su vista, y sentido del tacto, cualquier vestigio de herida.

Afortunadamente, no encuentra incomodidad alguna en sus extremidades, pero sí un dolor ligero y constante que proviene de sus pezones. El calor del agua y su propio énfasis en los brazos le había ayudado a enmascararlo. Sin estos dos factores, esto se traduce en la única señal de lo que ha ocurrido en la caverna, y de lo que todavía está presente en Sakura.

En un fugaz instante, recuerda el estado en el que se encontró a sí misma ni bien logró escapar de la tortura mental. Temiendo lo peor, lleva las manos a cubrir su entrepierna por simple reflejo.

"No… No llegó a ese extremo… No tengo dolor ahí abajo…" Piensa agradeciendo a su suerte, mientras respira hondo y lleva sus manos relucientes de chakra a cubrir sus senos.

"No les diste tiempo a más… y les diste lo que merecían." Se habla a sí misma aplacando su vergüenza con el recuerdo de la venganza. Por un momento, se siente sucia, ultrajada. Después de todo, a pesar de que su técnica pueda borrar el dolor, el hecho seguirá allí en su memoria.

"Ya mandé a esas escorias al otro mundo." Se recuerda la mujer al tiempo que observa el pergamino en el que está almacenada su nueva muda de ropa.

"Ya tuvieron su chance de dañarme mientras estaban vivos. No les permitiré tener poder sobre mi ahora que no lo están."

Cuando el umbral del 'spa' se abre, el marionetista primero ve salir de él una nube de vapor de agua, y luego a una Sakura vestida con una calza negra larga, que se le pega al cuerpo resaltando su figura, más una playera fucsia sin mangas que no llega a cubrir su ombligo. Por otra parte, la superficie de sus brazos ha recuperado el color, tersura y salud que siempre la caracterizaron.

La visión hace que el renegado no pueda evitar apreciar las curvas de su cuerpo, más los pliegues que 'casualmente' describen la unión de sus muslos y glúteos sin ninguna falda que los cubra de su vista. Y, al mismo tiempo, se siente contento de ver que sus heridas han sanado por completo, desplazando así aquella deplorable imagen de ella de cuando la encontró inconsciente dentro de la cueva-prisión.

Por suerte para él, la toalla con la que Sakura está secándose el pelo cumple la conveniente función de obstruir la vista de la kunoichi, evitando así que reaccione a la expresión de su rostro.

— ¿T-Te encuentras mejor?—le pregunta forzándose a volver a actuar como es debido, y a dejar de mirarle el bajo vientre.

—Mucho mejor…—responde apartando la toalla de su pelo rosado. Luego, hace una pausa antes de comenzar otra conversación con tal de abandonar los desagradables recuerdos que antes la atosigaban—. Lo estaba pensando recién, y quiero preguntarte una cosa: ¿Por qué intentaste ayudarme a mí en vez de asistir a los prisioneros? ¿No era que planeabas dejar de ignorar la clase de situación que tenías en frente?

La mujer expresa su inquietud, aprovechando también para despejar el último reproche que puede todavía guardar contra el marionetista tras los sucesos posteriores a su reencuentro.

—Te dije que tendríamos esta clase de conflictos. Aunque esperaba que entendieras mi reacción—comienza el renegado, consiguiendo disimular con bastante éxito cualquier tipo de expresión rara en su rostro—. No tengo vergüenza en admitir que me importas más que ellos. Además, verte en ese estado me preocupó. Sabes bien que una persona preocupada tiende a ser irracional.

Otra sorpresa que ella no vio venir. Por un instante, se siente un poco culpable por olvidar cuán distinto es Sasori al monstruo que es tan fácil ver en él cuando está enojada.

— ¿Tú? ¿Irracional?—señala sorprendida, pero sin quejarse realmente de la evolución de su compañero.

—A mí también me hubiera sorprendido hace unos meses—indica él con una sonrisa irónica—. Que no se corra la voz, tengo una reputación que mantener.

Sakura devuelve la sonrisa de un modo más genuino. Retornar a esta clase de humor es algo que en realidad agradece.

—La verdad es que las últimas cosas que me has dicho no coinciden con el perfil de un miembro de Akatsuki. Pero puedo guardar el secreto—accede con un tono de buen humor mientras se gira para dejar la toalla colgada sobre la percha del baño—. Mañana nos encontramos con Sai… pero hoy… Todavía me siento cansada. Así que creo que un poco más de sueño no me vendrá mal.

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Al día siguiente, Sasori sale a comprar algo para el almuerzo de la joven, mientras ella se queda preparándose para cuando ambos tuviesen que partir a su encuentro con su tercer compañero de equipo.

El renegado de la Arena se había ofrecido a lavar su ropa ensangrentada la noche anterior, y, como ella ya se había encargado de lavar sus bragas y su sostén en la tina cuando se bañó, no tuvo ningún problema con la petición de su ex informante. Ahora, sólo le queda recoger su muda seca de la tira que acomodó anoche sobre la estufa de la habitación, para estirarla y guardarla dentro de un pergamino.

"Ya la plancharé luego." Piensa sin darle mayor importancia.

Después de haberse ocupado de esta tarea, decide cambiarse de nuevo para el viaje. Se quita la calza y en su lugar se coloca unos pantalones cortos deportivos, negros y con franjas rosadas a cada lado, que le cubren hasta la mitad de los muslos. Y decide por quedarse con la misma playera puesta, manteniendo parte de su vientre a la vista.

Para cuando Sakura sube su mirada para ver la hora por última vez, Sasori ya está de regreso con la comida.

El pelirrojo vuelve a evitar mirar de más a propósito, y deposita sobre la mesa tradicional del hospedaje su buena ración de rámen de cerdo.

La dama le sonríe con buen humor por su ya acostumbrado gesto, y se sienta a la mesa para recibir adecuadamente el plato antes de que se enfriase.

— ¿Recuerdas exactamente en dónde nos encontraríamos con Sai?—pregunta entre bocado y bocado, mirando el reloj una vez más.

El titiritero mete una mano en el bolsillo de su pantalón y saca un pedazo de papel de su interior, papel que entrega a su compañera de mesa.

—Imagino que tú estás más familiarizada con la zona. ¿Conoces este cruce de calles?—le consulta a su ex contacto.

Haruno asiente, y, luego de acabado el almuerzo, invita a Sasori a salir con ella hacia el punto designado por el ANBU de la Raíz.

Los primeros momentos de la tarde se hacen presentes en la ciudad, mientras que los dos permanecen sentados en el banco de una plaza, y resguardados del sol bajo la sombra de uno de los muchos árboles allí plantados.

A simple vista, Sasori y Sakura parecen una pareja común y corriente. Nadie allí sospecharía que son dos ninjas que están esperando por recibir noticias de su compañero de misión.

A eso de las tres y media de la tarde, y apenas a una media cuadra de la plaza, se puede observar un gentío inusualmente numeroso.

El dúo no tarda en notar que entre los locales se ven mezclados los prisioneros que fueron liberados la noche anterior.

Una improvisada campaña de caridad había ganado popularidad a lo largo del día. Los recién llegados fueron guiados desde su llegada a los edificios de gobierno de la ciudad, y la población reaccionó a ellos donando alimentos y ropa, así como exigiendo a las autoridades que se les preste la ayuda que necesitan.

La escena de tamaña muestra de empatía colectiva contrasta por completo con el mundo en el que la tragedia, que esta gente vivió, fue posible.

De repente, el bullicio de la muchedumbre se silencia y una voz firme, que clama por la atención del público, se vuelve el centro de la escena.

Sai logra escurrirse entre la gente que se acerca para escuchar el inminente anuncio, y, dado que sus compañeros de equipo lo reconocen al instante y se levantan disimuladamente de su posición para acudir a su encuentro, el equipo original finalmente se reúne en la esquina de la plaza.

—Parece que llego justo a tiempo—les susurra el pálido tras cruzar la calle, sin dejar de prestar atención al evento que todavía acontece en la cuadra de al lado.

Antes de que Sasori o Sakura pudiesen responderle, el portavoz del gobierno de la ciudad comienza un discurso que consume la atención de todos los presentes.

— ¡Atención a todos los presentes!—comienza a anunciar con voz estridente—. A continuación, se informará a nuestra ciudad sobre las medidas que se adoptarán para con aquellos que han llegado a nuestras puertas, y que con brazos abiertos han sido recibidos por nuestra gente. Comunicamos a nuestro señor feudal de la situación que se ha presentado en nuestra comunidad, y de la reacción de nuestro pueblo ante ella. En un mensaje que nos ha llegado por caballo, nuestro señor Hanazono ha expresado su orgullo por las acciones de la gente de Khanzen. Ha declarado que un tercio de las aulas de las escuelas de la ciudad serán adecuadas para albergar temporariamente a nuestros refugiados. La ciudad proveerá sus necesidades por la siguiente semana. Tras este tiempo, llegarán fondos para ayudar a guiar a cada uno de ellos en un viaje de regreso a sus tierras de origen. Agradecemos a la población por la hospitalidad y caridad que han mostrado en este día, así como toda la ayuda que esta gente seguirá recibiendo de nosotros en su tiempo de necesidad. Mostremos al mundo la clase de ciudad que somos. ¡Mostremos a nuestros huéspedes que siempre serán bienvenidos en Khanzen!

El público estalla en aplausos al tiempo que un grupo de personas, que anteriormente se encontraba detrás del vocero, comienza su tarea de guiar a los refugiados a los sitios donde pasarían las siguientes noches.

Sakura reacciona con alivio a las palabras que escucha. Después de haber visto el estado en que estas pobres personas han vivido por quién sabe cuánto tiempo, saber que ahora cuentan con la asistencia de no sólo tanta gente, sino de un señor feudal, debe de ser un verdadero alivio.

Además, recuerda una conversación que hace ya mucho tiempo tuvo con Sasori en la mansión de los Kimura. Sabe que es la sociedad, la gente común, aquella que los ayudará en su tiempo de necesidad. Es la gente de Khanzen la que puede de ayudarlos a recuperar la confianza en el mundo mucho más de lo que ella pudo haberlo hecho con sus acciones. La kunoichi no puede evitar sonreír ante las buenas noticias.

—Encontré al cliente del que nos informaste. Está hospedándose cerca de aquí—informa el ANBU a Sakura a modo de un susurro en su oído—. Te llevaré con él, pero tengo que pedirte que me dejes hablar con él, y contigo, antes de que decidas cuál debe ser su destino.

Ella lo escucha con el ceño fruncido, y duda de inmediato sobre sus intenciones.

—No merece vivir. ¿Lo sabes, verdad?—le pregunta a Sai, dándole sentencia temprana al hombre que pronto recibiría su visita.

La mujer tiene la memoria, de lo que vio en aquella caverna, todavía muy fresca en su mente. No puede perdonar a los implicados así como si nada.

—Lo sé. Sólo permíteme unos minutos—insiste el de Raíz—. Síganme. Logré alquilar la habitación contigua a la de nuestro perseguido. Podremos llegar a él sin llamar la atención.

El pálido espía los guía por las calles de la ciudad hasta un hotel de varios pisos de alto, que no esconde en absoluto su estatus de lujo. Sai le enseña un llavero al recepcionista vestido con traje, anunciando que sus acompañantes vienen con él.

El hombre les da la bienvenida y les desea una buena estadía, no sin antes sugerirles que mantengan el ruido en un nivel razonable.

El trío sube por las escaleras hasta el tercer piso. D inmediato, notan que el interior del hotel tiene una muy buena instalación de aire acondicionado. No puede esperarse otra cosa del hospedaje de alguien que tiene el dinero suficiente para comprar humanos.

Finalmente, se detienen frente a la puerta del cuarto "4C". Aprovechando que en ese momento el pasillo está libre de testigos, el ANBU se apresura a introducir una ganzúa en la puerta. A continuación, abre la misma y su equipo se topa con un hombre aterrado y hecho un ovillo en una esquina de la recámara.

Con gran velocidad, el dibujante arroja un ave de tinta a la boca de su víctima, silenciándola de manera no letal.

Sasori se apresura a alcanzar al hombre, y, con una serie de movimientos rápidos, lo empuja sobre la cama de la habitación, dejando en claro que intentar escapar no sería una opción viable.

Sakura cierra la puerta detrás de ella con una expresión sombría en el rostro, y luego se acerca para levantar al hombre por la camisa con uno de sus brazos. Una vez que lo tiene cara a cara, utiliza el otro brazo para golpearlo en la boca del estómago y arrojarlo al suelo con desprecio.

—Todavía no está muerto—informa la mujer con un tono más que serio—. Si quieres decir algo, más te vale hacerlo ahora.

El artista del movimiento se agacha para observar al hombre esbozando una sonrisa antinatural, que desentona por completo con la situación. Sin perder más tiempo, se dirige a su cautivo de manera concisa:

—Responderás sí o no con la cabeza, y no intentarás nada estúpido. ¿Queda claro?

El pobre diablo asiente con lágrimas en sus ojos.

—Voy a sacarte eso de la boca. Sólo vas a hablar para responder a las preguntas que se te hagan. Cualquier otro sonido que salga de tu boca será el último. ¿Me entiendes?

El aterrado sujeto asiente enfáticamente. Reaccionando a su respuesta, el profesional espía de la Raíz le quita la tinta de la boca.

— ¿Qué sabes de los refugiados?—interroga Sai con un semblante más acorde a la seriedad de la situación.

—Sólo lo que ellos dicen: que estaban atrapados, y que los liberó un monstruo... Rumores sobre marionetas y masacres sobran estos días ¿Qué tengo que ver con es..?

El ANBU golpea su rostro con la palma de su mano abierta, interrumpiendo así a su prisionero.

—No hables si no estás respondiendo a mis preguntas. El próximo golpe no será tan débil—le ordena con un tono amenazante, que acompaña con otra sonrisa—. Ahora, te explicaré tu situación: ella es el monstruo del que oíste hablar.

El cautivo sólo atina por un momento a poner su mirada acuosa sobre la mujer de pelo rosado ahí presente, ya que su interrogador lo agarra con brusquedad de las mejillas para hacer que lo mire únicamente a él.

—Nosotros sabemos quién eres, y tú estás haciéndonos perder el tiempo con mentiras—continúa Sai—. Ahora vamos a discutir acerca de cuál será tu destino mientras tú te portas bien. Y, sólo para que esta conversación no sea otra pérdida de tiempo, respóndeme la siguiente pregunta: ¿Vas a hacer lo que te pidamos, a cambio de seguir con vida? ¿O deberíamos ahorrarnos la conversación y matarte en este momento?

El hombre traga saliva y se esfuerza en controlar su respiración antes de responderle:

—Obedeceré.

— ¿Entonces? ¿Qué motivo tengo para no asfixiarlo?—espeta Sakura a su compañero más joven, acercándose a la escena con los brazos cruzados bajo el pecho—. Tú viste el infierno del que él forma parte. ¿Por qué merecería otra cosa que la muerte?

—Creo que es mejor mantenerlo vivo por el mismo motivo que decidí no acompañarte en tu decisión hace dos semanas—comienza a argumentar el dibujante a favor del hombre aterrado, que con dificultad controla el impulso de escapar—. Porque creo que de esta manera causaré más beneficio.

— ¿Qué bien puedes causar ignorando a prisioneros inocentes?—rebate sumamente molesta ante la idea de que su compañero de aldea quiera perdonarle la vida a la excusa de humano que los escucha desde el suelo.

—Hacer caer a la Serpiente. Cortar la fuente del daño de raíz—responde él con convicción—. Por eso consideré que seguir caminos separados era la mejor opción. Los prisioneros serían rescatados por tus manos y la Serpiente seguiría debilitándose a ritmo veloz. No es necesario que coincidas, pero quiero que sepas que no estoy ignorando el daño que la Serpiente causa. Sólo lo estoy viendo a escala general, no personal.

Sakura aprieta los dientes, poco complacida con esa explicación.

—Aún no me estás diciendo qué podría darnos este imbécil que no podamos conseguir sin su ayuda—repone exigiendo un motivo tangible para no matar a la escoria presente en la habitación.

—La Serpiente está derrumbándose. Su principal fuente de ingresos ahora es la venta de humanos vivos—argumenta Sai sin perder la calma—. Este imbécil puede ayudarnos a conseguir los datos que necesitamos para destruir esa organización de una vez por todas. Pero no va a ayudarnos si no podemos ofrecerle su vida a cambio. Puedo mantenerlo vigilado y hacer que se vuelva un informante valioso. La Serpiente no está en una situación en la que pueda negarse a atender a sus clientes.

La kunoichi lo piensa por un instante antes de pedirle al artista del movimiento que se haga a un lado.

Acto seguido, Sakura vuelve a levantar al sujeto por el cuello, y lo mira a los ojos con rabia, conteniéndose de no presionar su tráquea más de la cuenta. La idea de Sai, en teoría, es correcta. El espía de la Raíz está entrenado para contemplar la situación desde una perspectiva diferente. Pero ella no confía en el hombre suspendido frente a sus ojos jades, no cree que merezca vivir, ni que jamás pueda ser otra cosa que basura. Empero, el criterio de Sai ya se ha probado como correcto ante ella en más ocasiones de las que le gustaría admitir.

—Liberarás a todas las personas que hayas comprado—comanda Haruno al sujeto que sostiene sobre el suelo—. Pagarás con tu dinero lo que sea que necesiten para regresar con sus familias y ciudad de origen. Vivirás cada día obedeciendo nuestras ordenes, sin importar cuales sean, y reza porque no tengas que volver a verme. Si tan siquiera osas caminar de una manera que no me agrade, voy a terminar lo que empecé anteanoche.

Dicho esto, lo arroja al suelo como si fuese un trapo, y se gira para mirar a Sai.

—Que coincida con tus métodos, no significa que tengan que agradarme. Tú te encargas de vigilarlo esta noche, yo no lo quiero cerca de mí. De todas formas, alquilamos ya un sitio antes de saber que tú habías hecho lo mismo.

A continuación, la iracunda mujer se encamina a la puerta de la habitación, y cuando está a punto de despedirse de ambos, Sai opta por acceder a su petición de forma no tácita:

—Está bien. Ustedes regresen al sitio que ya alquilaron—pide el dibujante a sus dos compañeros—. Yo me quedaré negociando los detalles con nuestro nuevo informante...

De repente, el ninja de Konoha hace un corte en su tono para dirigirse de un modo más personal a su compañera de equipo y amiga:

—Y Sakura, yo no dudé por un segundo de tu capacidad para superar tus heridas, pero verte en este estado tan pronto… Eso es otra cosa. Creo que algún día vivirás para tener una leyenda similar a la de tu maestra.

La recién nombrada, por su parte, no se gira a verlo a los ojos. Simplemente, procede a retirarse por la puerta cuando ya ha oído todo lo que tenía que escuchar.

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El renegado sale casi al instante tras la dama, y termina alcanzándola a una cuadra del hotel en el cual quedaron Sai y su nuevo informante. La joven no puede evitar balbucear maldiciones en voz baja por las primeras cuadras del trayecto, ignorando indefectiblemente al marionetista que va junto a ella.

Dejar viva a esa sabandija le ha dejado un pésimo sabor de boca. Lo único que la convence de haber tomado la decisión correcta es el prospecto de que ese idiota haga algo útil con su vida, y los guíe a salvar a otras víctimas de la Serpiente. Si con esto logra salvar a otros de la situación que ella y los demás prisioneros vivieron es su deber hacerlo.

De un momento a otro, ambos desvían su camino en silencio hacia un callejón casi vacío de la ciudad, que justo queda en dirección al sitio en el cual pasarán la noche.

— Sé honesto conmigo ¿Coincides con Sai?—rompe el hielo la médica al tiempo que detiene sus pasos al llegar al callejón.

A continuación, obtiene de inmediato la respuesta afirmativa que ya se esperaba de él:

— ¿Tú no? —interroga con genuina confusión, aun manteniendo cierto cuidado al tratar con ella—. Porque estoy seguro de que tenías la opción de encargarte de ese sujeto ahí mismo sin que ninguno de nosotros opusiera resistencia.

—No me lo recuerdes… —se queja en voz alta mientras vuelve a caminar a un lado de su ex informante—. No es que no comprenda por qué merece la pena tenerlo de nuestro lado… Es sólo que no merece salir bien parado después de todo de lo que es responsable. ¿Entiendes a lo que me refiero?

La joven le pregunta esto a Sasori casi como pidiéndole que le recuerde que el mundo no es justo, y que es necesario acostumbrarse para poder vivir en él.

Para su sorpresa, el ex Akatsuki le responde con algo que no se había detenido a pensar:

—Si de algo te sirve, creo que este es un peor destino que ponerle fin a su historia. A partir de ahora, vivirá esclavo de nuestras órdenes y temiéndole a tu regreso.

La respuesta la toma desprevenida, y aún mas sorpresiva resulta ser su reacción ante la misma. Cuán lejos en el tiempo ha quedado la niña que encontraría ese comentario despreciable.

—Y yo que pensaba que no podías mejorar mi ánimo—responde Sakura con una ligera, pero genuina sonrisa— ¡Que así sea! ¡Se lo merece! ¡Que viva buscándome detrás de sus hombros!

Exclama expresando más desprecio en su voz que jovialidad.

—Si a eso se refería Sai… Puedo ver las similitudes con la Princesa de las Babosas—piensa en voz alta Sasori, refiriéndose a los rumores que llegaron hace mucho a su aldea sobre los legendarios ninjas de Konoha.

La frase desconcierta a Sakura, quien contempla a su acompañante con una ceja alzada.

— ¿Así ven a mi sensei en la Arena? —pregunta con curiosidad, dejando así el enojo de su voz atrás—. Supongo que tiene sentido que sus enemigos la vean como una mujer despiadada, pero en mi aldea tiene una fama distinta.

— ¿Y cuál es esa reputación?—repregunta el hombre.

—La de una médica tan capaz, que la muerte toma órdenes de ella.

Sasori sonríe ante lo que oye.

—Encuentro esas similitudes aún mayores. Parece que eres una buena aprendiza.

La dama también sonríe, pero esta vez con orgullo. Aún no cree llegar ni a los talones a su maestra, pero quizá algún día pueda seguir adecuadamente sus pasos.

—Mejor… Vayamos a buscar víveres para el siguiente viaje…—sugiere cambiando de tema, sintiéndose un poco más tranquila luego de tan curioso intercambio de palabras—. Tienes que ponerme al día con la nueva información que tengamos.

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Nota de autores: Disculpen la demora en la publicación de este capítulo. Asuntos de la vida impidieron que seamos capaces de publicar a tiempo.

Aprovechamos también para aclarar por este medio una situación de la que algunos de nuestros lectores nos han informado. Aparentemente, este fic no aparece en los resultados si se hace una búsqueda de fics de Naruto. Les aclaramos que probablemente esto se debe a que nuestra historia tiene clasificación M, por lo que es omitida en la búsqueda de fanfiction a menos que se configure de manera tal que los fics de esta categoría no sean filtrados por la búsqueda.

Gracias por leernos, y esperamos que hayan disfrutado de este episodio.