El día después.
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Cuando el suave beso se rompe, la recién formada pareja permanece en un cálido silencio.
Las palabras parecen sobrar durante los primeros minutos, y la pasión que los había dominado unas horas atrás se ve ahora reemplazada por una nubosa sensación de seguridad y calma que los envuelve a ambos. Aquella calma lleva a Sakura a recargarse sobre el costado de su novio, dejando la mejilla descansar en su hombro.
Casi de manera instintiva, Sasori la rodea con uno de sus brazos e inclina su cuello para hacer lo propio sobre ella.
Ahora son pareja. Esa realización es demasiado para ambos. Después de tanto tiempo de ocultar sus emociones para el marionetista, y de que Sakura de alguna manera evitara ver lo obvio... Después de tanto tiempo, ahora están así.
En retrospectiva, es difícil entender cómo llegaron a este punto. Sus emociones salieron tan rápido que les resulta complicado calmarse en este momento, pero poco a poco el silencio y la presencia del otro van haciendo su efecto. Sus respiraciones se apaciguan al compás de sus latidos, y las dudas de que todo esto pueda ser sólo un sueño comienzan a desvanecerse.
"Esto es real…" Piensa el pelirrojo totalmente sorprendido por la existencia de esta situación.
— ¿Puedo preguntar... desde cuándo te has sentido así, respecto a mí?—interroga Sakura disfrutando de la comodidad que le ofrece su actual posición.
—Eso es... difícil de contestar—musita el ex Akatsuki en un tono reflexivo—. Creo que no sé exactamente cuando comencé a verte como más que mi inspiración.
A continuación, el pelirrojo hace una pausa y un esfuerzo extra para enfocarse un poco más en su pasado. En retrospectiva, este se le antoja mucho más distante de lo que en realidad es, ya que su presente le resulta demasiado cómodo. Así que se demora un poco en buscar la respuesta más honesta dentro de sus memorias.
—Sé que me di cuenta de que te quiero cuando temí por tu vida en nuestra primera misión juntos.
Sakura ríe ante la revelación. Ahora puede ver aquel brote de irracionalidad que el marionetista tuvo frente a ella bajo una nueva luz. En sí mismo, el detalle parece ser algo obvio, pero ¿Cómo hubiera podido suponerlo en aquel entonces, cuando su vida se hallaba enfrascada dentro de su propia inmadurez emocional?
— ¿Por eso habías perdido los estribos cuando me dijiste que, de no ser por Sai, tú no hubieses conseguido la cura para el veneno de la Serpiente?
—Perder los estribos... —se ríe de sí mismo al volver a revivir ese momento—. Esa es una manera muy suave de describirlo… Mi arrebato de locura dañó más mi torso que el kunai que creó la primera grieta... y fue porque no había terminado de procesar qué tenía en la cabeza. Ahora lo sé, ahora lo sabes.
Cuando concluye su aclaración, el artista gira un poco su cuello para tener un mejor panorama del rostro de su musa. Ahora que el tema ha salido, siente que está en un escenario más que oportuno para sacarse la misma duda que ella:
— ¿Se vale que yo te pregunte lo mismo?
—Recuerdo que la primera vez en que pude creer que había nobleza y humanidad en ti fue cuando rescataste a Kyo Kimura y a su familia, sin esperar nada a cambio...—recita Sakura mientras le acaricia el núcleo por sobre la ropa con suavidad—. A partir de allí... las cosas se vuelven cada vez más confusas. Casi podría jurar que me arrastraste hasta este punto con tus hilos de chakra...
Aprovechando el espacio que le fue brindado para sincerarse, la kunoichi sonríe y levanta su cabeza para hacer que sus ojos se encontrasen de nuevo con los de su pareja.
—Y sea lo que sea que me haya traído aquí... No me arrepiento para nada... —profesa sintiéndose traspasar la mirada ámbar frente a ella—. Tanto que no existe otro lugar en el que me gustaría estar en este momento.
Sasori toma la mano de la dama con la propia, decidido a mantenerla estática en su posición sobre la parte más vulnerable de su cuerpo.
—Ya que estamos… tenemos que poner reglas sobe mi núcleo—retoma tras haber llamado la atención de la mujer con su último movimiento—. A menos que me quieras muerto, estés salvándome la vida o quieras que pierda control sobre mí mismo o mi cuerpo, tienes que tratarlo con mucho más cuidado.
Sakura parpadea confundida ante el repentino cambio de tema, arrepintiéndose al instante de su propio avance físico.
—Lo siento... No quería hacerte daño...—se disculpa con torpeza al tiempo que retira su mano de allí a pesar del agarre positivo de su novio.
Viendo la preocupación comenzando a nacer en su rostro, el renegado reacciona instintivamente besándole la frente.
—No hiciste nada malo.
— ¿Que no hice nada malo?—repite ella frunciendo el ceño con cierta desconfianza— ¿No acabas de decir que traería consecuencias negativas si te lo toco como si nada?
En reacción a la confusión generada por sus palabras, él vuelve a sujetarle la misma mano, esta vez con las dos propias.
—Es mi culpa por no hablar claramente—se excusa guiando de nuevo a la mujer hacia el punto de su ropa tras el cual se encuentra su cuerpo real—. Escúchame, me esforzaré por ser claro esta vez: Sí, te estoy dando permiso... pero a la vez quiero que entiendas que en este momento, a pesar de que no me estés tocando, estoy sintiendo como si tu calor estuviese invadiendo mi cuerpo desde adentro hacia afuera…
El hombre emite un suspiro, forzándose a contener un repentino estremecimiento que amenaza con adueñarse de su voz ante el contacto que yace sobre su carne.
—Cuando acaricias allí, es como si lo hicieses en todo mi cuerpo. No me dañas, pero podrías hacerlo muy fácilmente—prosigue al recobrar el aliento—. Literalmente siento como si la palma de tu mano estuviese en todos mis puntos vitales, pero aún confío en ti cuando lo haces.
Sasori no tarda en verse nuevamente en la necesidad de recuperar el control de sí mismo en medio de su habla. Aun así, no tiene intención de separar la palma de Sakura de su pecho tan pronto.
—Este tacto es simplemente mucho para mí, no estoy acostumbrado aún, pero no es la única manera en la que puedo sentirte…—remarca dedicándole una mirada intensa a la propietaria de esa mano—. Así que no quiero que lo trates como si así fuera.
—Ya veo... pero…—musita ella tomando en serio sus palabras— ¿Tú quieres que te toque ahí?
—Claro que sí—afirma sin tener ningún problema en resaltar aquella obviedad. Fue él el que la llevó allí, después de todo—. Es sólo que… ya sabes... temo que tu entusiasmo pueda dejarme en coma.
Como no podría ser de otro modo, Sasori finaliza su discurso con una broma para aliviar cualquier incomodidad ante la situación.
Esta vez, la reacción que sus palabras desencadenan es mucho más visceral. Inclinándose sobre su pecho en silencio, Sakura le da un fugaz beso al núcleo que se deja entrever entre sus propios dedos.
—No te preocupes... Nunca haría algo así de fuerte. Es sólo que... me da curiosidad hasta qué punto puedo utilizar tu núcleo para ponerte en "humor".
En lo que una sonrisa juguetona aflora en sus labios al momento de levantar su mirada al rostro del marionetista, la joven puede sentir flaquear a la motricidad fina que maneja sobre sus dedos. Nota también que dicha motricidad tarda un par de segundos en regresar a su amado.
—Y yo también tengo la duda... pero quisiera ir acostumbrándome de a poco, por favor—le ruega con una sonrisa de agrado, mientras sube una de sus manos hasta su mentón— ¿Por favor?
—Como tú digas...—acata ella tomando con ambas manos aquella que ahora la acaricia, para luego besarla.
—Te juro que no te merezco—confiesa de modo jocoso—. Y creo que sería mejor que hablemos un poco acerca de cómo funcionaremos. Primero, a corto plazo... ¿Qué hacemos con Sai? Como ya sabrás, no tengo discreción, ni sedante suficiente para lo que queda de misión.
—Creo que no tengo problemas en mantener la compostura frente a él—responde la dama con medida sobriedad, para luego besarlo en la mejilla con un aire mucho más meloso—. Siempre y cuando aprovechemos como es debido todo el tiempo que podamos tener a solas... Como ahora...
Resulta casi sorprendente cuán pronto la fisicalidad se ha vuelto parte de sus interacciones. El tabú que los mantenía separados parece haberse hecho añicos tras el primer beso, dejándolos ahora con una libertad tal que les es inevitable el querer explorar.
Sasori no tarda en devolverle el gesto, pero tomándose el atrevimiento de quedarse muy cerca de su rostro para inspirar un pequeño volumen del aroma homogéneo que emana de su cabello y piel.
—Entonces ¿Prefieres que lo mantengamos al margen? ¿En serio crees que no lo notaría?
— ¿Por qué debería importarnos si lo nota o no?—musita la mujer, dejando sus ojos cerrados durante todo el tiempo que siente al rostro de Sasori rozando el suyo—. Y, en caso de que lo preguntase, no tendría problemas en admitir que estamos juntos...
—Es un buen punto... supongo que estoy demasiado acostumbrado a ocultar lo que me importa...—reflexiona en voz alta antes de cambiar de tema, poniendo un tono más apto para generar intriga—. Lo que me lleva a una última pregunta que no tiene mucho que ver.
Sakura abre sus ojos en repentina curiosidad.
— ¿De qué se trata?
A continuación, el marionetista la toma del mentón y la atrae hacia sí para conseguir un contacto visual mucho más directo y elegante entre ambos.
— ¿Cuán incómodo será el momento en que inevitablemente se me escape llamarte "muñeca"? —la aparente seriedad en las artificiales facciones de Sasori se deshace a media pregunta, dando paso en su lugar a una cálida sonrisa socarrona.
Un agradable cosquilleo estremece a la kunoichi ante la implícita advertencia de su pareja.
—No me incomodaría en lo absoluto—pronuncia quizá hallándose demasiado encandilada y embelesada con su actuación—. Y supongo que decirte "cariño" sería muy poco original de mi parte…
En respuesta, el pelirrojo termina de borrar la distancia que lo separa de ella para besarla en los labios una vez más. De este modo, se da el lujo de quitarle unos preciosos segundos de aire antes de vocalizar su afirmativa, haciendo uso de las mismas palabras que ella:
—No me incomodaría en lo absoluto.
Por su parte, Sakura vuelve a dejar caer su mejilla sobre el hombro de su pareja. Y una sonrisa risueña vuelve a implantarse en ella cuando siente a su espalda ser rodeada y estrechada por un abrazo. Con cierta precaución, la mujer regresa la palma de su mano al núcleo ajeno, y la mantiene allí sin moverla, permitiéndose sentir el palpitar del titiritero sin ignorar el pedido que le hizo hace unos minutos.
Sasori se acopla al tacto acariciándole el pelo en silencio, perpetuando aquella atmósfera dulce que caracterizaría por siempre este momento en sus memorias.
—Supongo que estoy mal acostumbrado a buscar excusas para tenerte cerca—piensa en voz alta, casi sin tener noción del paso del tiempo—. Ahora que no tengo que hacerlo, se siente raro.
—Entonces... supongo que yo tampoco necesitaría ninguna excusa para pedirte que me cargues de regreso al hospedaje...—lo provoca la muchacha con un tono juguetón, al tiempo que sube su implorante mirada a la altura de sus ámbares— ¿Verdad?
—Ya no más—sonríe el renegado incorporándose con un humor similar al de ella. Acto seguido, la levanta del cordón de la acera con un solo tirar de sus hilos y la hace levitar por el aire hasta dejarla caer recostada sobre sus brazos.
Sakura amplía un poco su sonrisa al haber logrado su cometido. Luego, abraza a Sasori por el cuello y hunde el rostro en su hombro para sumirse más en la situación.
Al respirar el aroma de su ropa tan de cerca, nota que la fragancia capturada en ella se le hace algo difícil de describir, al punto que sólo las prendas que rodean su pecho le dan un débil indicio de que han sido vestidas. Esto le sienta a la médica como un delicado recordatorio de la cerámica que compone el "cuerpo" de su novio, así como de la peculiar situación de su verdadero cuerpo. Quizá en un pasado recordar este detalle hubiera hecho difícil ver al pelirrojo como un humano, pero ya no es así. Ella lo ayudó a reconstruir su torso, lo vio sentir dolor tal y como lo sentiría cualquier otro ser humano, y este cuerpo está cargando su peso ahora como lo haría cualquier otro. Si eso no lo hace real ¿Qué lo haría?
Rindiéndose ante el hecho de que esto es ya normal para ella, decide abandonar su pequeño trance y subir su mirada hacia aquel que ahora la carga.
— ¿Te quedarás conmigo esta noche? —rompe el silencio cuando Sasori ya se encuentra subiendo las escaleras que llevan al primer piso del hospedaje.
—Si mi dama me lo pide—susurra con un tono sugestivo, más una mirada por el rabillo del ojo—. No me imagino capaz de negarme.
Sakura ríe en voz baja una vez que los pasos de su novio la conducen hasta el pasillo aledaño a la puerta que hace un rato dejó atrás. Casi sin mover sus manos, el titiritero toma una llave de sus bolsillos y la hace flotar hasta la puerta del departamento, para luego introducirla en la cerradura. A continuación, la oscuridad del ambiente a su alrededor vuelve a modificarse, tornándose tan cálida y confortable como el nuevo entorno cerrado al cual él la introduce.
Deteniéndose justo ante el escalón que separa el recibidor del piso flotante, Sasori se deshace de su calzado aún con ella en brazos e ingresa finalmente en el living. En absoluto silencio, la termina dejando reposar sobre el sofá.
Allí, la mujer se acomoda un poco más hacia atrás y acaba asintiendo con una mueca de divertida complicidad al gesto que le hace su pareja para que mantenga el silencio. Acto seguido, contempla embelesada como se agacha frente a ella sin perder la elegancia, tomando sus piernas de a una para quitarle las botas con suma lentitud y cuidado.
Luego de finalizado el cuidado sobre ella, Sasori se aparta del sofá para llevarle las botas al recibidor. Su siguiente acción la desconcierta quizá un poco más, ya que lo ve dirigiéndose hacia la mampara que separa el dormitorio del pequeño vestíbulo que se desprende del living. Una vez de pie frente al delgado portal, el renegado lo desliza lo suficiente como para poder asomar su perfil discretamente dentro de la habitación y extender un brazo hacia adelante sin despertar a Sai. Su plan se denota exitoso al segundo siguiente, una vez que logra sacar con sus hilos las sábanas del futón que quedó vacío luego de la fuga nocturna.
Doblando la manta en sus brazos al tiempo que se retira del sitio de descanso de su otro compañero, el artista se encamina de regreso al living ante la mirada entusiasmada de su dama. Allí, una palmada en uno de los extremos del sofá la invita a recostarse.
Sakura lo obedece sin perder la sonrisa de expectativa, y comienza a acomodarse en el que será su nuevo lecho esta noche. Así, permite que Sasori la arrope finalmente con la manta "robada".
Negándose a dejarla sola allí, él decide acompañarla en su reposo de un modo más íntimo: arrodillándose en el suelo e inclinándose lo suficiente como para dejar su mentón recostado sobre el mismo almohadón del sillón que ahora sostiene la cabeza de su musa.
—Buena idea... —susurra Sakura cuando consigue tener el rostro del marionetista a centímetros del suyo—. Así podré estar contigo hasta que me duerma.
El pelirrojo no tarda en responderle con un suave y corto beso. Luego, toma una mano de la dama con la propia y le sonríe de un modo más discreto.
—Dije que no podría negarme.
Esta vez es el turno de la kunoichi para iniciar un beso.
—Mmm... Creo que esto se me terminará volviendo una adicción—musita tras finalizar el dulce contacto, teniendo su aliento aún muy cerca de Sasori.
El criminal le lleva un dedo a los labios, y con éste le recuerda de nuevo que cuide el volumen de su voz... antes de devolverle el gesto y asentir tácitamente a su comentario.
Sakura aprieta sus piernas una contra la otra como un reflejo nacido de la acumulación de expectativa en su vientre bajo. Acto seguido, no pide permiso para volver a sumar su lengua al beso.
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Cuando la luz del sol atraviesa las pequeñas aberturas de las persianas y se abre paso al interior de la habitación alquilada, el ninja de la Raíz comienza a despertarse de su usual aletargamiento nocturno carente de sueños.
Lo primero que Sai hace al percibir a sus sentidos regresar, es refregarse los ojos al tiempo que se sienta sobre su lecho. La primera imagen que sus ojos le muestran al registrar la habitación es el futón de Sakura vacío y sin sábanas.
Es demasiado temprano para deducir cosas, incluso si en el fondo sabe qué deducir de esto. Una vez que ya se encuentra de pie y ya ha estirando un poco los músculos de sus brazos y torso, decide abrir la mampara y dirigirse al baño para lavarse los dientes y terminar de espabilarse.
Mientras se lava el rostro con el agua fría del lavabo, el muchacho cae en cuenta de que cuando se dirigía al baño pudo vislumbrar una parte del sofá al final del vestíbulo que desemboca en el living; más precisamente, pudo reconocer las sabanas de Sakura dobladas con cuidado a un lado del sillón.
No puede sino sonreír ante la sospecha.
Luego de unos minutos de aseo, finalmente es hora de unirse a su equipo en el desayuno. Al arribar a la mesa de la pequeña cocina-comedor conectada con el living, el ninja se encuentra con que sus dos compañeros están activos desde lo que parece un buen tiempo previo a su propio despertar.
Por un lado, contempla al artista de lo eterno ocupando una mitad de la mesa, viéndoselo demasiado ocupado en pulir las impurezas de una pieza de cerámica reforzada. Por otro lado, ve a su compañera moverse frente a la encimera de la cocina. El agradable olor a pan tostado que impregna la estancia lo hace comprender de inmediato que Sakura no está haciendo más que preparar el desayuno. Sobre un fuego aledaño al que ocupa la tostadora, también hay una pava que ya comienza a romper en hervor.
—Buenos días—les sonríe el ANBU luego de intercambiar miradas entre el porte de ambos un par de veces, cerciorándose de que el buen humor que percibe en ellos no es algo que solamente se imagina.
— ¿Cómo amaneciste? —pregunta Sakura al tiempo que apaga el fuego bajo la tostadora y se gira hacia la mesa con un plato repleto de tostadas recién hechas. Sai nota en ella un tono mucho más alegre del que suele usar con él.
—Más que bien—sonríe mientras toma asiento frente al titiritero—. Siempre es mucho más fácil dormir cuando otro hace guardia.
—Me alegra ser de utilidad—devuelve Sasori levantando la vista, y deteniendo un momento su tarea para saludarlo.
Luego de que Sakura deja el pan tostado en la mesa, más un pequeño envase de miel y otro plato más pequeño con mantequilla, regresa a la cocina para tomar el agua hervida del fuego y preparar dos tazas de té.
A todo esto, el pálido del equipo no puede evitar notar cuánto ha transmutado la tensión que ayer existió dentro de estas paredes. Esto, sumado a lo ya visto en el sofá, le lleva a confirmar sus teorías. A estas alturas, no le cabe ninguna duda de que el ambiente entre ellos se presenta totalmente diferente hoy respecto al de anoche.
Una vez que recibe su correspondiente taza de té de manos de su compañera, Sai comienza a desayunar junto a ella.
Mientras su equipo y él comparten la mesa y el inicio del día, el ANBU no puede evitar seguir explorando con ojo crítico, tanto a la habitación como a la pareja.
A decir verdad, desde hace semanas que tiene sus sospechas. Después de todo, ellos dos nunca actuaron como si su relación fuese algo meramente profesional.
"Aún así, es bueno que el ambiente tan tenso de anoche haya desaparecido." Afirma para sí mismo en medio de un sorbo de su té.
Por supuesto que no se había olvidado de comprar la bebida para el brindis. El vino estaba, y aún está, guardado en la alacena que cuelga sobre la mesada. Aquello sólo fue la excusa más accesible que tuvo a la mano para darles tiempo y que por fin conversasen sobre lo que sea que no podían hablar en su presencia. La molestia de crear esa pequeña mentira merecía la pena para que ellos arreglasen aquello que los había hecho entrar en conflicto.
"Y parece que por fin lo arreglaron, pero…"
Si bien la tensión había desaparecido, ahora existe un cierto aire de secreto en el equipo. Es más que claro por la manera en la que Sakura juega con sus dedos cada vez que suelta la taza de té.
"Esto no es muy propicio para la misión..."
Sai reflexiona sobre esa realización por unos segundos, sin permitir que sus compañeros vean esto reflejado en su rostro. Empero, no tarda más de unos instantes en decidir que debe afrontar este asunto más pronto que tarde.
—Sé que tienen una relación desde hace semanas. Pueden admitirlo. No es que lo oculten muy bien, de todas maneras—les informa cortando el silencio de cuajo, como si estuviese haciendo un reporte de datos cualesquiera.
Sakura se sonroja un poco ante lo repentino de la oración, intercambiando un par de miradas entre Sasori y su té.
—Así que te diste cuenta... —ríe entre dientes al tiempo que suspira intentando recuperar el color de su rostro.
—Yo estoy más interesado en el detalle de que lo sabe hace semanas—interviene Sasori dejando de prestarle atención a la cerámica—. Cuando nosotros dos no lo sabíamos hasta anoche.
Ese comentario toma por sorpresa a Sai, ya que en realidad podría haber jurado que ellos estaban saliendo desde hace tiempo.
—Aún estoy aprendiendo a leer las emociones en otros... Creo que tengo permiso para cometer errores—se excusa mientras procesa la afirmativa que ha obtenido de ambos, y busca en su mente el protocolo social adecuado para las noticias que acaba de recibir— ¿Felicidades?
—Eh... ¿Gracias? —responde Sakura con una ceja alzada, sin saber bien cómo reaccionar ante el hecho de que Sai haya notado la química entre Sasori y ella incluso antes que ellos mismos—. Como sea... Creo que lo mejor sería comenzar a atender otros asuntos más importantes…
—No si tenemos en cuenta que esto será un secreto para todo el mundo. Creo que no me gustaría perder la chance de obtener la opinión del único que puede saberlo sin que eso implique su deceso—la interrumpe Sasori al tiempo que esboza una sonrisa de interés y vuelve a dirigirse a Sai—. Dime ¿Dónde está tu curiosidad?
— ¿Puedo opinar? —pregunta el ANBU a Sakura con suma formalidad, intentando obtener el permiso de ambos antes de hablar.
En respuesta al interés que comparten sus dos compañeros, la mujer del grupo bufa sin poder evitar volver a sonrojarse por la vergüenza. Empero, no tarda en hacer uso de un largo sorbo de su té para recuperar la suficiente compostura y responder con altura:
—Adelante.
—Lo que están haciendo es la decisión más estúpida que jamás vi a un ninja cometer. Y les recuerdo que conozco al portador del Kyubi—sentencia con su característica sonrisa vacía, más con una honestidad tan directa que hasta podría tener filo—. Pero ustedes dos tienen un historial de tomar riesgos estúpidos y salir ganando por ellos. Si el patrón es indicación de algo, quizá esta sea su mejor decisión hasta ahora... ¿Están confiados de lo que están haciendo?
— ¿Cómo se supone que responda a eso? —salta la kunoichi con una risa incrédula que casi la hace atragantarse con las migas de una tostada.
Como ya es casi costumbre para ella, los arrebatos de honestidad de su compañero de equipo la dejan sin palabras. Si bien se cree consciente de los riesgos que esto implica, y está más que dispuesta a aceptarlos, oír a Sai calificarlos de manera tan cruda le hace surgir un brote de temor ante lo que el futuro depara para su relación.
Por otro lado, a Sasori no le tiembla el pulso ni la seguridad en sí mismo al momento de reaccionar:
—Yo estoy seguro. Ya viví en riesgos toda mi vida, y ninguno jamás valió tanto la pena como este.
La elocuente respuesta de su pareja, más el tono de ésta, logran repuntar el ánimo de Sakura casi al instante, haciéndola suspirar y regañarse a sí misma de inmediato por su momentánea decaída.
—Estoy segura—se apresura a declarar a viva voz, al tiempo que acepta para sus adentros que lo que ocurra en el futuro es algo para ser enfrentado, pero jamás temido.
—Entonces, si están seguros de esto… sean felices. Lo digo en serio—continúa el de la Raíz en un tono que, aunque todavía honesto, suena demasiado serio para condecirse con sus palabras—. Si existen personas que pueden salir bien paradas de esto, esos son ustedes dos. Por mi parte, los apoyaré en todo lo que pueda. Creo que es lo menos que podría hacer por ambos.
—Debo admitir... que me sorprende bastante escucharte decir eso, Sai—le sonríe ella sintiéndose casi enternecida por sus palabras—. Pero gracias.
—Me aseguraré de no pedirte nada que te ponga en peligro a ti, o a tu aldea—promete el marionetista con intención de devolver la cortesía—. Gracias por la franqueza.
Sai recupera la sonrisa de etiqueta ante las palabras de su correligionario.
—No tienen nada por qué agradecer. Sé que son lo suficientemente profesionales para no permitir que esto altere la misión. Y ahora que no hay secretos, ya podremos evitar escenas como la de la cena de ayer—repone totalmente inconsciente de la incomodidad que pueden generar sus últimas palabras en sus dos compañeros de mesa—. Creo que es mejor así.
La conversación, así como el nuevo estado normal de las cosas, parece ser mucho más extraña para Sasori y Sakura que para el ANBU en sí. Desde su perspectiva, el vínculo que se formó entre el ex Akatsuki y su compatriota no alteró el panorama en absoluto. Si algo siquiera lo hizo, fue un simple acelerar de una conclusión inevitable: él todavía considera que esta relación implica un riesgo altísimo, tanto para ellos como para sí mismo y la aldea, pero no es mucho más arriesgada que lo que ya venía ocurriendo hasta ahora.
"Además, quizá de esta manera el vínculo que une a Sasori con Sakura lo mantenga firmemente del lado de Konoha." Especula mientras unta un poco de mantequilla sobre una tostada con un cuchillo.
"Eso y que los dos parecen más felices ahora. No sería correcto de mi parte el restarle importancia a ese último punto."
Luego del receso matutino, el trío de ninjas da comienzo a su principal objetivo de esta jornada: recolectar los nuevos mensajes de la red de espías. Considerando la recompensa que Sai puso a la información que revelase cualquier cosa sobre las cabezas que mueven la organización, esperan recibir un extra de correspondencia hoy.
Teniendo en cuenta dicho porcentaje de interés, el artista del movimiento había arreglado una reunión de antemano, para así poder recibir los mensajes personalmente en las afueras de este pueblo.
—Recuerden dejarme la conversación a mí y no reaccionar de manera brusca—indica Sai al hallarse ya en el recibidor junto a su equipo, todos listos para partir—. Mi contacto no los conoce y será cuidadoso al verme acompañado.
Ante la ausencia de objeción por parte de sus compañeros, el siguiente paso es salir y alejarse todo lo posible del alojamiento y sus inmediaciones, hasta dar con una carretera al norte del pueblo que los devolvería al bosque virgen más allá de los campos de arroz.
Dicho y hecho, el viaje a las afueras de la civilización les toma cerca de unos veinte minutos, mientras que el seguir de largo, hasta conseguir dejar atrás el asentamiento rural compuesto por hectáreas casi exclusivas de cultivos, les toma otros veinticinco. Poco a poco, la vegetación que se abre paso a los alrededores del camino de tierra que transitan pasa de ser granja arrocera a bosque puro.
No mucho más pasa antes de que una combinación de silencio casi absoluto, más la ausencia de fauna salvaje y cierta electricidad en el ambiente le adviertan a Sasori y Sakura que están siendo observados. Pese a esto, las instrucciones previas de Sai remanecen sobre ambos, absteniéndolos de reaccionar ante el cambio de panorama.
Por su parte, el de Raíz puede comprender lo que su contacto está viendo en este momento: a su empleador arribando al encuentro rodeado de desconocidos, desconocidos que pueden o no ser aliados, y aliados que quizá no sepan de la red de espías que él tiene. Puede entender por qué su subordinado ejerce una sana dosis de prudencia antes de decidir si aparecerse o no frente a su equipo. Aún así, es bueno saber que la persona encargada de transmitir mensajes en su red es así de cuidadosa.
—Vienen conmigo. Mientras no hagas preguntas, mis acompañantes no representan peligro—explica en voz alta, mirando al vacío, pero dirigiendo su mensaje a quien los observa oculto en la maleza.
Acto seguido, la presencia sale de entre los árboles y se revela como un hombre joven, fornido y de tez olivácea. Lo primero que salta a la vista de él, es la chaqueta blanca que viste, la cual tiene las mangas recortadas a la altura de los hombros. Dicha prenda porta además una capucha que cubre su cabeza del sol, y su cabellera de la vista de otros. Un pañuelo negro le sirve también como improvisado velo para ocultar parte de su identidad.
El espía lleva colgado al hombro un bolso de considerable tamaño. Tiene además una mano metida dentro del saco, sujetando una bomba de humo para emplear en caso de que sea necesario escapar de la escolta de su jefe.
Su ropaje ligero y discreto no demarca ninguna afiliación a nación ni aldea. El color blanco mármol tan estándar y las manchas de polvo en su pantalón holgado podrían tranquilamente haberlo hecho pasar por un recadero cualquiera, de esos que tanto abundan últimamente en los caminos entre ciudades.
—Tengo los reportes—anuncia el encapuchado, esperando por la respuesta correcta a su enunciado.
—Y yo prisa—devuelve el ANBU, indicándole con esa selección de palabras que las personas que lo acompañan no lo tienen como rehén.
El contacto de Sai abandona la bomba de humo dentro de su bolso ante el resultado favorable del intercambio. A continuación, toma una serie de pergaminos y papeles envueltos en seda y se los entrega en mano.
—Has seguido el protocolo en vez de entrar en pánico—felicita el ninja pálido—. Haré llegar el mensaje para que este mes recibas el doble por pago.
—Muchas gracias, señor... —se inclina con formalidad—. Pero sólo estoy haciendo mi trabajo.
—Y que lo hagas bien te hace valioso. Ve con cuidado, me aseguraré de que seas recompensado.
Sai despide al hombre, poniéndole fin a esta reunión. Su empleado, tan reservado como al principio, se retira del escenario perdiéndose entre los árboles que rodean al trío de shinobis.
—Veo que tu manera de tratar a tus contactos es también positiva para aquellos que no han traicionado a sus previas organizaciones—piensa Sasori en voz alta.
—Tú me trataste bien cuando éramos contactos… Considerando las circunstancias—acota Sakura luego de reflexionar por un momento en la manera en que el renegado se relaciona con el espionaje.
—Primero que nada, jamás te trataría de otra manera—se apresura a corregir el posible malentendido—. Y segundo, tampoco creo posible sostener una relación de espías que se sustente a largo plazo por medio de intimidaciones, pero es una herramienta a la que nunca me rehusé. Encontré que en muchos casos el miedo es mejor incentivo que la recompensa monetaria.
—No es la recompensa monetaria—señala Sai corrigiendo el error del ex Akatsuki— Se trata de que aquellos que trabajen para mí se sientan cómodos y deseen permanecer empleados en mi red. Mientras se sientan valorados por sus superiores, es menos probable que los traicionen.
—Eso tiene sentido. Supongo que en Akatsuki es algo que no se puede poner en práctica. No si queremos mantener la fama—razona Sasori con cierta ironía.
En medio de la conversación, el trío inicia su camino de regreso hacia la civilización, en donde los espera la segunda parte de su labor de contrainteligencia.
Ahora tienen a su disposición mucha información nueva, información que deberán estudiar a fondo antes de trazar su siguiente jugada. Considerando la cantidad de traidores ya que se unieron a la red de espías, es inevitable que alguno de ellos sepa algo que les indique la dirección correcta a seguir. Ante ese panorama, el trío sostiene la certeza de que alguno de todos estos papeles posee algo de la valiosa utilidad que les hace falta.
Una vez que están de vuelta en el hospedaje, los tres cierran todas las cortinas de las ventanas, y proceden a acomodarse sobre la mesa.
Sakura se decide por preparar un poco de té, previendo el tiempo que les tomará atender este asunto como corresponde.
Una vez puesta la tetera sobre el fuego, ella y sus compañeros proceden a la tarea de leer cada uno de estos pergaminos y cartas con la atención que la misión merece.
Como era de esperarse, la mayoría de la correspondencia no contiene la información que buscan, sólo partes muy fragmentadas de ella. El reporte que prevalece dentro de los escritos son las bases abandonadas, además de movimientos de víveres y de fondos dirigiéndose al sur-este del País del Fuego, pero no hay ninguna dirección específica que señale su destino final. En la imprenta tampoco se encuentra el nombre de algún otro líder de la organización, lo que se vuelve cada vez más decepcionante con el pasar del tiempo.
Es el quinto pergamino que la joven médica lee el que finalmente llama su atención. A diferencia de los otros, este carece de la prolija formalidad propia de un reporte, más bien parece correspondencia personal.
"En verdad fue difícil encontrar una manera de contactarte. De no ser por eso, lo hubiese hecho antes. Créeme que no son solo las circunstancias actuales las que me llevan a escribirte ahora.
Sé que no te gusta esperar, así que iré al grano: NO FUI YO. Los rumores de la marioneta viva nacieron lejos de mi puesto y no formé parte en su expansión."
La apertura de esta enigmática carta la intriga de inmediato.
"¿Es el remitente de esta carta el motivo por el que Sasori quiso deshacerse de la Serpiente en primer lugar? "Esa pregunta es lo primero que llega a su mente.
Es claro que esta carta tiene especial importancia, pero antes de compartirla no puede evitar seguir recorriéndola con la vista. La intriga la consume al punto que ignora la tetera detrás de ella, rompiendo ya en hervor, en favor de continuar la lectura.
"Entiendo cómo esto se ve desde tu perspectiva. Yo soy el único capaz de deducir que has sobrevivido y, meses después, la organización para la que trabajo comienza a hablar de marionetas andantes. Es lógico que pienses que te vendí. Y no te culpo por ello... solo estoy decepcionado. Y aterrado por saber que vienes por mí. No pienso disminuir el valor de ese factor en esta carta."
Absorta ante el evidente nerviosismo exhibido en el pulso del remitente, Sakura la sigue por pura inercia ignorando tanto a sus compañeros como al silbido proveniente de la cocina.
"No hablé de ti y nadie sabe de mi boca nada de lo que conozco sobre tu persona... pero sé que no voy a convencerte con palabras. Así que aquí te escribo para contarte el fruto de una investigación que hice para favorecerte: tengo hombres en la Serpiente que confían más en mí que en sus empleadores, y gracias a ellos tomé conocimiento de que la organización compró los derechos de construcción de un gran palacio en el sureste del País del Fuego. Hanazono planea crear una nueva ciudad allí. El edificio está construido, pero no decorado. Es un escondite perfecto para los líderes de la organización. En unas semanas se reunirán allí para tenderte una trampa. Tendré la puerta este abierta para ti en el momento que tú lo indiques, suponiendo que me creas y que respondas a mi mensaje.
Sé que no es suficiente para que pienses que soy inocente, por eso es que escribo esta carta sin encriptarla, y por eso es que la firmaré con mi nombre real. No importa si alguien me descubre. Si tú no crees en mis palabras, estaré muerto de todas formas cuando vuelva a verte.
Aún te respeto, Maestro. Hubiese deseado que las cosas no llegasen a este punto.
Kiyoshi Nadarame."
La mujer parpadea un par de veces al finalizar el contenido de la carta.
"Si las palabras de esta persona fuesen verídicas, esta es la información que estuvimos esperando todo este tiempo... pero ahora todo depende de cuán confiable sea el remitente de este mensaje." Razona al tiempo que vuelve a ser consciente del mundo que la rodea. Lo primero que observa al levantar la mirada hacia la cocina, es al pelirrojo apagando la hornalla que ella había olvidado encendida.
—Sasori... —lo llama interrumpiéndolo— ¿Conoces a un tal Kiyoshi Nadarame?
Ambos artistas dirigen su atención a ella de inmediato. Sai lo hace porque no es normal que alguien firme con su nombre de pila un mensaje de esta naturaleza. Mientras que Sasori reacciona casi instintivamente ante el nombre, irguiendo su postura y alzando sus cejas en señal de sorpresa.
—Sí, conozco a alguien llamado así—responde anonadado mientras regresa a la mesa con prisa, abandonando el agua hervida en su sitio, y llevando sus ojos al misterioso escrito—. Pero no lo contacto desde hace años.
—Pues, él encontró una manera de contactarte—afirma Sakura intrigada por la reacción de su pareja, al tiempo que pone la carta en medio de la mesa para que ambos puedan leerla.
Dicho proceso solo toma un minuto de silencio, minuto que es interrumpido por Sai no bien termina de procesar las letras.
— ¿Quién es? ¿Cómo consiguió infiltrarse en mi red de espías? ¿Cuán preocupados deberíamos estar? —suelta sus preguntas con una seriedad de muerte.
—Él es un aliado, y no es motivo para preocuparnos—repone Sasori intentando apaciguar las aguas sin ningún éxito.
— ¿Un aliado? —cuestiona el de la Raíz con un aire casi agresivo.
—Un aliado que se preocupa de que lo mates. Y uno que sabe que vives—completa Sakura con más preocupación que desconfianza, distinguiendo su tono del más serio, y casi iracundo, que su compatriota exhibe—. Creo que puedes contarnos un poco más.
—Confío en él y puedo explicar por qué. Solo déjenme hacerlo—se defiende el pelirrojo levantando las manos como si pidiese clemencia de sus interrogadores—. Es alguien a quien conocí en la Serpiente, antes de unirme a Akatsuki, un espía que trabajó para mí por años. Es un hombre de ciencia, que pone la curiosidad y el conocimiento por sobre casi todo. Él fue quien me ayudó en las últimas etapas de mi transformación. Confié mi vida en él, lo dejé vivo, y aún confío en él. Nunca sospeché que él fuese quien iniciase los rumores. Esto no es más que un malentendido de su parte.
Sasori hace una pausa para ver que su explicación comienza a surtir efecto en Sai, aunque no el suficiente para borrar la mirada severa en su pálido rostro.
—Sobre cómo se infiltró en tu red... Estoy seguro de que solamente se hizo pasar por otro traidor. No sabe que ustedes existen. De seguro cree que esta es mi nueva red de espías—al artesano le hubiese gustado seguir, pero llega al punto en que no puede seguir hablando más de Kiyoshi—. No puedo contarles nada más de él, no después de lo que él calla sobre mí. No sería propio… pero les pido que confíen en mi juicio. Él es alguien a quien le confío mi vida.
Reitera Sasori poniendo énfasis en la última oración en un intento, esta vez un poco más exitoso, de tranquilizar a sus compañeros.
—Está bien. Te creemos. Si tú confías en él, a nosotros nos alcanza con eso—interviene la kunoichi intentando diseminar la tensión con un tono más amable—. Suficiente sobre ese detalle. Ahora, ¿Qué piensan sobre lo que nos informa?
—Su información es creíble—comienza el ANBU haciendo un esfuerzo por dejar atrás su reciente brote de paranoia—. Yo suelo hacer que mi personal se haga pasar por albañiles en construcciones pequeñas para que creen alijos y refugios.
—Tenemos que comparar sus datos con todos los demás que recibimos hoy. Pero es una buena probabilidad de que nos esté diciendo la verdad—prosigue el artista de lo eterno manifestando una duda, que en realidad no tiene, sólo para tranquilidad del dibujante.
Sasori nunca lo había visto reaccionar de una manera tan fuerte. Es fácil para él olvidar que el ser tratados como traidores, es el peor destino que sus compañeros pueden concebir.
—Parece ser que la Serpiente tiene el dinero suficiente para tomar el lugar de la empresa encargada de construir un castillo para el señor feudal más poderoso en todo el sur del País del Fuego. Eso significa que también invertirán mucho en su seguridad… Nos espera el combate más duro hasta la fecha—deduce la mujer en voz alta, sin mostrar temor en su semblante—. Y esto sólo significa que tendremos que planear mejor ese combate.
—Antes tenemos que terminar de leer el resto de los reportes—objeta Sai resistiéndose a tomar ese informe como verdadero sin antes corroborarlo—. Mañana recibiremos otro cargamento de pergaminos. Eso será suficiente para confirmar la veracidad de esta carta. Por ahora, tratemos este mensaje como cualquier otro. Verifiquemos.
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Dado a que la idea de un enfrentamiento masivo ya se encuentra sobre la mesa, lo que queda del día está lejos de carecer de importancia.
Ambos artistas deciden volcarse a sus obras. Por una parte, el pelirrojo se enfoca en crear las últimas placas de la coraza que vestirá Sakura en batalla. Y por la suya, Sai ha trabaja sobre un gigantesco pergamino desenrollado, a medias, sobre cinco de sus atriles.
Sakura ocupa parte de la mesa para manufacturar nuevos antídotos. Algunos de los que carga consigo actualmente se echarán a perder pronto, así que esta tarde es la oportunidad perfecta para crear nuevos.
Al momento de abandonar la aldea, ella previó que sería necesario llevar consigo un pergamino que contuviese un modesto equipo de laboratorio, así como una pequeña cantidad de extractos de toxinas y agentes de destilación para la confección de esas sustancias. Claro que la confección del antídoto al veneno más letal de la Serpiente es la que más se preocupa por atender.
El marionetista confía por completo en la información que recibieron hoy. Por supuesto que comprende que sus compañeros necesiten confirmarla, pero eso ocurrirá el día de mañana, y le molesta un poco tener que esperar hasta entonces. En su opinión, el tiempo sería mejor invertido en planear el viaje a ese castillo, aunque no puede quejarse. Entiende que si estuviese en el lugar de Sai, él reaccionaría con un escepticismo similar.
Tomar un castillo no es tan sencillo como tomar una fortificación cualquiera. Estas estructuras están creadas para soportar asedios y ataques de ejércitos. Es por esto que se esmera en que sus creaciones sean perfectas. El equipo tendrá que separarse durante el ataque final por una cuestión de necesidad. Evitar que Sakura y Sai salgan heridos será de vital importancia para el éxito de la misión, y la correcta confección de sus armaduras es la manera más directa en la que él podrá asistirlos.
Por suerte para ellos, las cortinas cubren cada ventana del recinto para que nadie pueda ver lo que ocurre. La imagen en sí sería difícil de explicar. Si bien los dos artistas podrían haberse hecho pasar por simples excéntricos ante un ojo no entrenado, ese mismo ojo hubiera interpretado que la mujer está sintetizando narcóticos ilegales.
Dentro de lo que cabe, esta interpretación no estaría del todo equivocada.
A medida que la tarde va transcurriendo dentro del living del hospedaje, los cruces de miradas entre el renegado y la médica comienzan a hacerse cada vez más frecuentes y menos discretos. Aunque ambos ya llevaban a cuestas el hábito de desviar sus ojos para dar un vistazo al otro desde prácticamente el comienzo de la jornada, si es que no del mes, antes no era tan evidente como ahora.
Aún así, ambos prefieren no interrumpir el trabajo por ahora, no sería profesional de su parte… Además, una mirada no causa ningún daño a la concentración, o al menos no lo hace mientras no sea tan notoria.
Durante las últimas horas previas al anochecer, ya se ha instalado una suerte de juego implícito en el que ellos intentan no ser descubiertos infraganti cuando desvían la atención de sus tareas.
La presencia de Sai, a pesar de que el muchacho ahora exista más dentro de sus dibujos que en la realidad, es algo que los ayuda a mantenerse enfocados la mayor parte del tiempo, pero no desvanece el deseo cada vez más grande que sienten de pasar un rato a solas.
Para el marionetista, la dificultad de la situación radica en que él tiene el doble de tiempo que ellos para completar sus tareas. Después de todo, también tiene las horas de la noche para completar la coraza. Lo que no le falta en tiempo, si lo hace en cuanto a paciencia y autocontrol a cada vez que termina posando sus ojos en la dueña de sus pensamientos.
Quizá por esta ansiedad, Sasori es el primero en sonreír luego del último panorama compartido con su musa, admitiendo con la simple expresión de su rostro la derrota. Esta última vez, el contacto visual dura un poco más, lo suficiente para reconocerse a sí mismo que no posee la concentración necesaria para continuar el trabajo.
—Suficiente trabajo para mí—anuncia mientras se levanta para limpiar el área de la mesa que estaba ocupando—. Y te culpo por ello.
Ese último comentario lo dedica a su propia compañera de mesa, mientras busca un trapo con el cual limpiar el polvillo de cerámica que queda sobre el barniz de la madera.
—Aquí está lo que buscas—habla Sai desde la cocina, al tiempo que le arroja un paño que se encontraba oculto tras los atriles y el papel—. Me tomaré un descanso cuando termine esta sección.
—Por aquí ya estoy terminando—se integra Sakura sin mentir por completo, pero omitiendo una de las razones por las que pone fin a sus propias tareas—. No tenemos necesidad de manufacturar tantos antídotos, de todas maneras. Somos un grupo pequeño.
Mientras la muchacha toma los recipientes de vidrio que utilizó y se abre paso entre todas las cosas de Sai para poder llegar hasta el lavabo, se decide a tomar la iniciativa con total naturalidad:
—Necesito tomar algo de aire después de estar tantas horas encerrada.
Ni bien percibe al marionetista aproximarse al fregadero abierto para quitarse la cerámica de las manos, la kunoichi deja de prestarle atención a los recipientes que está lavando y se gira hacia él sin darle tiempo a tocar el agua.
—Y pienso llevarte conmigo—completa tomándolo de las mangas arremangadas de su camisa a modo de demanda.
—Ni siquiera contemplaría el negarme—sonríe el marionetista siguiéndole el juego.
Ya no tiene caso ocultar esta clase de interacciones frente a Sai, él no da ninguna señal de molestarse por esto de cualquier manera.
— ¿Volverán para la cena? —pregunta Sai sin despegar la mirada de su obra ni manifestar deseo alguno de salir del interior del hospedaje. Quizá eso explica el color de su tez.
—Cenaremos afuera.
—Apoyo la moción—admite Sasori, entretenido ante el prospecto de una cita con ella—. Sólo dame un segundo para lavarme las manos.
Sakura accede a dejarlo en la cocina con su momento de privacidad, mientras ella se retira al baño con el fin de arreglarse un poco y ponerse una muda de ropa más casual y apropiada para el calor de afuera. Un vestido liso y negro sin mangas, más un poco de rímel y delineador en los ojos termina siendo su elección.
Al finalizar su preparación, la ninja se calza un par de sandalias de tacón bajo y sale del apartamento para encontrarse con su pareja. Como no podría ser de otra manera, él ya está esperándola frente al pórtico del jardín delantero del hospedaje.
Por su parte, la vestimenta del artista se ve limitada, tal y como siempre, por su particular situación. Él viste un pantalón de vestir negro, de brillo opaco, con una camisa bordó de botones y cuello en 'V' no muy pronunciado. A diferencia de su usual gusto por el cuello de tortuga para cubrir la articulación de su cuello, ahora lleva atado un pañuelo alrededor de la garganta, en un detalle mucho más acorde al calor del verano.
Sasori nunca tuvo necesidad de ampliar o cambiar de vestuario a menudo. El hecho de que su cuerpo se comporte como un material estéril, incapaz de sudar, se le presenta como una ventaja bastante práctica en su día a día.
Cuando percibe a su musa arribar al cielo abierto, el hombre la recibe con una vista embelesada que se toma su buen par de segundos para recorrer su figura de arriba a abajo.
La recién llegada sonríe al ver la manera casual con la que él hace uso de la nueva libertad que hay en su relación, disfrutando cada momento de la atención recibida.
—Te ves maravillosa—vocaliza después de un instante de contemplación que no se guarda nada—¿Lista para empezar la velada?
Acto seguido, el renegado le ofrece su mano para comenzar con la cita.
—Estaba esperando un beso—ríe Sakura en ánimo de reproche—. Pensé que habíamos acordado aprovechar cada segundo que tuviésemos a solas.
El artista responde a la protesta con cierta elegancia, tomando la mano de la dama para tirar de ella con cuidado y acercarla a sí mismo. Una vez que la tiene cara a cara, la besa en los labios.
—Esperabas correctamente—se burla él al apartarse de la boca ajena—. Sólo tenías que esperar un segundo más.
Ella le devuelve el beso antes de siquiera pensar en otra respuesta.
—Mmm... Esto de ya no tener que guardar las apariencias sienta demasiado bien…—musita de cara a su rostro antes de tomarlo del mismo brazo que él usó para estrecharla.
—Coincido… y cuando esta misión ya no nos esté presionando, encontraré la manera de no tener que detenernos—promete generando expectativas en su musa, para luego volver a besarla una vez más.
—Ya quiero que esta maldita misión se termine, entonces...—se queja Haruno expresando su impaciencia ante la tortura mental que significará el no poder terminar lo que comenzaron anoche hasta después de finalizado este asunto.
—Créeme que acabará pronto. Mañana recibiremos la confirmación de que la carta de Kiyoshi decía la verdad, y sólo será cuestión de planear nuestra estocada final.
Dejando todo asunto relacionado a la misión atrás, la pareja comienza finalmente sale a la calle dando inicio a su primera cita.
Sin lugar a dudas, lo mejor que pudo ofrecerles esta situación es que ahora pueden gozar de su salida romántica apartados y lejos de Konoha y la Arena. Mezclarse entre la gente como simples turistas, tomados de la mano y sin ninguna preocupación, es un lujo que agradecen muchísimo.
Si bien es cierto que andar de la mano ya no es algo novedoso para ellos, ahora es distinto, ahora ya no es un juego.
—Oye, muñeca—la llama interrumpiendo el armónico silencio que envuelve su paseo por la vía pública, favoreciendo la vieja costumbre de intentar avergonzarla en público— ¿Puedo preguntarte algo?
—Dime, cariño—contesta la mujer sin permitir que el juego sea unilateral.
—Ahora que conoces la existencia de alguien de mi pasado, estuve pensando que yo no sé mucho de quienes te rodean. Es decir, sé sobre tu equipo, sobre tu maestro, sobre Sai, sobre el portador del Kyubi... pero no mucho más.
Sasori hace una pausa intentando encontrar las palabras adecuadas…
—Sé que suena estúpido… De hecho, es probable que no interactúe jamás con ellos… pero quiero saber un poco más de quienes te rodean—confiesa demostrando en su tono, en exceso precavido, la inexperiencia que tiene ante estos temas— ¿Es muy estúpido de mi parte?
Sakura ríe por lo tierno y extraño que se le antoja aquel giro de la conversación.
—No creo que sea estúpido. Y tienes razón, no sabes mucho de mi familia o mi entorno. Por supuesto que no voy a burlarme por eso. ¿Hay algo en particular que quieras preguntarme?
—Pues... ¿Comenzar por tus padres? ¿Tu clan? Nunca escuché ninguna historia que involucre algún personaje de apellido Haruno... Sin ofender—se apresura a excusarse—. Así que no sé nada de él.
La muchacha procesa con agrado la pregunta recibida. Sin duda, tiene su peculiaridad.
Para este momento, ya han arribado a la zona céntrica y de mayor movimiento turístico de la localidad, así que Sakura opta por ralentizar un poco el ritmo de la caminata para poder así recorrer con más calma los restaurantes que se va topando en el camino.
Como bien él dijo, esta es la clase de información que sólo puede considerarse inútil para la posición de alguien como Sasori de la Arena Roja, lo que significa que tiene una curiosidad genuina al respecto. Ella no puede negar que le resulta entretenido verlo haciendo esta clase de interrogantes.
—Mi familia nunca ha gozado de renombre, que yo sepa... —responde a su amado al tiempo que busca con los ojos su sitio ideal para cenar—. Mi padre es un chunin, y mi madre una genin. Ella se recibió de la academia a los quince años. Fue mientras se preparaba para poder superar el examen chunin que conoció a mi padre, y tres años después… bueno, quedó embarazada. Así que nunca se presentó al examen de promoción. En cambio, decidió postergar sus estudios para poder criarme. Desde que nací, mi padre abandonó las misiones de alto riesgo, y decidió cubrir el salario familiar con un mayor número de misiones menores. Ninguno de los dos la tuvo fácil debido a sus rangos... pero siempre hicieron lo que pudieron por mí, y siento que al haber sido acogida como alumna de Tsunade, le di un poco más de renombre a nuestra pequeña familia.
Contrario a la dama, el artista se mueve sin dejar de mirarla de manera intermitente, en especial a la sutil sonrisa que se forma en su boca al expresarse sobre su familia. Sólo desvía su atención lo suficiente como para no entorpecer el paso de los demás peatones.
Una vez que ella se lo permite, Sasori toma la chance de contestar:
—Puedo garantizarte que estas más que encaminada a dar orgullo a tu apellido. ¿Recuerdas que técnicamente estoy muerto? Eres responsable de eso. Sé que parece fácil de olvidar, pero más temprano que tarde alguien recurrirá a ti debido a la fama que estás ganándote. Imagino que deben estar orgullosos de ti.
—Espero que sí... Aún así, agradezco los sacrificios personales de mis padres… Al menos, no tuve que crecer huérfana como tantos otros niños. No puedo imaginar qué hubiera hecho yo en su lugar…—la joven sacude la cabeza de repente, intentando abandonar el tema en el que se está metiendo. Aún es demasiado temprano en su vida para siquiera pensar en eso—. Y ya sabes sobre mi equipo, así que... Supongo que puedo hablarte un poco sobre Ino.
—Por favor.
— ¿En serio te interesa? ¿No te estoy aburriendo al contarte cosas tan normales? —cuestiona incrédula, sin tomarse por completo en serio que su pareja en realidad quiera saber sobre asuntos tan mundanos de su vida.
—Me gustaría conocer un poco sobre quienes te rodean. ¿Es tan raro? —repone extrañado.
—No sé... quizá sólo un poco raro.
A continuación, la kunoichi se decide a romper con la linealidad del camino impidiendo a su pareja cruzar la calle. En su lugar, lo convence de doblar en la esquina que interseca las dos rutas de adoquines y seguir explorando por aquella dirección. Dicho rincón se le antoja particularmente llamativo por el farol decorativo que tiene anclado sobre la acera. Aquel cambio de planes no termina siendo en vano, ya que es en esa cara de la cuadra en donde dan con el que será su destino final.
—Ino pertenece al clan Yamanaka y es mi amistad más vieja. Tiene mi misma edad, pero, como siempre fue mejor que yo en todo, desde el prestigio de su clan hasta sus habilidades, la admiré desde la primera vez que la vi—prosigue Sakura dejándose empañar por la nostalgia.
Cabe resaltar que, a lo largo de toda la conversación, ambos toman la precaución de mantener su lenguaje lo suficientemente discreto para que los transeúntes que pasan junto a ellos no escuchen nada incriminatorio.
—Pero ya dejé de ponerla en un pedestal, así que podemos respetarnos como iguales a día de hoy...
Mientras conduce a su novio hacia el restorán de pastas que ha escogido, Sakura medita sobre cuánto detallar acerca de su historia con la heredera más joven de los Yamanaka.
Sin quererlo en absoluto, sus cavilaciones se ven interrumpidas de golpe cuando recuerda cuán importante fue en su momento el enfrentamiento que tuvo con su amiga durante los exámenes chunin… A continuación, su servicial predisposición para con Sasori se ve reemplazada por un violento impulso de estrellarse la frente contra la vidriera del comercio.
— ¡De niña era TAN estúpida!
El explosivo brote vocal de vergüenza por parte de su amada deja perplejo a Sasori. Empero, es sacado casi al instante de su parálisis cuando ella jala del agarre que ejerce sobre su mano, llevándolo con cierta prisa adentro del establecimiento comercial.
Dicho restaurante tiene cerca de la mitad de sus mesas al aire libre, siendo éstas las que, de acuerdo al clima caluroso que se siente esta noche, concentran la mayoría de la clientela. Un par de faroles decoran cada lado de las puertas, dándole la bienvenida a la pareja a un modesto, aunque elegante y pulcro, salón que permanece vacío exclusivamente por el calor del verano.
— ¿Por qué "TAN"? —se anima a preguntar el pelirrojo, mientras ambos toman asiento junto a una de las ventanas.
Debido a que ellos son una de las pocas mesas ocupadas dentro del salón, el personal no tarda más que unos instantes en traerles el menú para que decidiesen qué ordenar.
—Muchas gracias—sonríe Sakura al tercero en escena, quien no tarda en retirarse para regresarles la privacidad. Luego, retoma la conversación con su compañero de mesa—. Ahora me llevo bien con ella, pero hubo un tiempo en el que nos peleábamos por idioteces. Por culpa de esas peleas, llegamos al punto de llevarnos mal por años.
— ¿Por algo en particular? —interpela al captar la decepción en el tono de Sakura, pero sin tener idea de lo que esto puede desencadenar.
—Nada importante, sólo un estúpido enamoramiento infantil por Sasuke… —la declaración no altera demasiado a la mujer, ya que puede reconocer cuán exagerado fue el valor que en aquel momento dio a esos sucesos—. Teníamos una rivalidad estúpida. ¿Te molesta si no hablo mucho de eso? Pensar en cómo era de niña me quita el apetito.
—No se diga más, entonces—acepta Sasori de inmediato, poniéndole fin al tema.
"Para ella esto debe ser aún un punto sensible. Quizá debí haber previsto este riesgo de antemano." Razona al notar que la incomodidad en el ambiente ascendió desde el momento en que ella mencionó a Sasuke Uchiha. Asume, sin más, que el haber recordado a ese muchacho fue la causa de este declive.
Sasori se encuentra a sí mismo agradeciendo el pronto regreso del mozo, quien realiza su trabajo y se acerca a tomar sus pedidos, evitando en el proceso que el silencio entre ellos se vuelva tenso.
La dama conversa unos momentos con el empleado, preguntándole por el contenido de ciertas salsas locales, cuyo nombre no reconoció de inmediato. Al final, se decanta por pedir unos ravioli de ricota con pesto, más un vino tinto para acompañar.
— ¿Usted, señor? —pregunta el mozo al distraído marionetista.
—Compartiremos el plato. Los dos somos de tener poco apetito—se apresura Sakura a dar la excusa.
—Entendido. Ya les traigo el vino—asiente el mesero haciendo una última anotación sobre su libreta antes de volver a la cocina.
— ¿Por qué el silencio? —pregunta ella cuando ve al marionetista esquivando su mirada.
—Tengo que pedirte perdón. No quise traerte malas memorias hoy… debí haber previsto esto—se disculpa con la cabeza gacha y un tono acongojado.
— ¿Por la pelea que tuve con Ino? —indaga sin entender—. Es algo que ambas dejamos atrás hace mucho. Lo que me molesta es recordar que fui tan estúpida como para discutir con ella, pero no es una mala memoria en realidad.
—No es eso... me refería... al otro—repone él en un honesto, aunque fracasado, intento de tener tacto.
Por un momento, Sakura siente un leve decrecimiento sobre su ánimo. A ella también le sirve de ayuda el siguiente regreso del mozo, que viene a descorchar una botella en la mesa y les sirve una copa de tinto a cada uno de ellos.
Para cuando se quedan de nuevo solos, la mujer ya ha conseguido recomponerse gracias a un buen trago de su bebida herbal. Esta vez lo estuvo esperando, esta vez no lo va a dejar ganar. Ya tiene demasiada práctica en aprender a controlar sus propias emociones.
—Sasuke—completa por él, sin intención de echarse atrás—. Puedes decir su nombre, no pasa nada.
Algo en su modo de expresarse consigue tranquilizar al ex Akatsuki, al menos lo suficiente como para que no le rehúya de modo tan brusco al contacto visual.
—Sí, tengo un par de malas memorias sobre él y aún tengo el deber para con mis compañeros de regresarlo a casa, pero eso ya no es una prioridad para mí en este momento. Ahora, tengo otra misión mucho más importante que cumplir… y una vida que vivir. Él ya tendrá su turno.
Esta es la primera vez que Sakura expresa pensamientos así en voz alta, y se sorprende un poco al notar que su voz suena mucho más templada de lo que habría esperado. De hecho, suena casi adulta.
—Has crecido mucho—reconoce Sasori sin poder evitar que el alivio se filtre en su voz. En realidad temía haber metido la pata en su primera cita.
—Ahora es nuestro turno—asevera esbozando una sonrisa que borra las preocupaciones del artista—. Así que no te preocupes. Pero siendo más específica, es mi turno de que te pregunte algo.
—Sería lo justo.
—Sobre la carta que recibiste hoy... No puedo evitar preguntarme ¿Qué hizo falta para que alguien se gane tal confianza y fidelidad de tu parte?
—Pues... ¿Cómo decirlo de una manera... apta a este sitio…? —Sasori carraspea un momento antes de decidirse por qué palabras emplear. Termina demorándose unos segundos extra en comenzar a hablar en tono cómplice.
—Como sabes, cuando comencé a crear mi "muñeco favorito", primero que nada lo hice por sus extremidades. Las piernas no representaron un mayor problema. Sus manos fueron un poco más difíciles, pero eventualmente terminaron por salir bien—por obvias razones, el pelirrojo se encuentra con cierta dificultad para expresar los detalles más técnicos del proceso—. Pero cuando llegó la hora de crear el torso y la cabeza... Digamos que allí me fue más difícil.
La charla se ve interrumpida temporalmente cuando el encargado regresa desde la cocina, ahora para servirles el humeante tazón cuadrangular de ravioli. Luego de ofrecerles dos pares de cubiertos, más un pequeño cuenco de queso rallado, se despide de los comensales por un buen rato, deseándoles una buena cena.
—No puedo decirte exactamente qué es lo que mi amigo hizo porque revelaría sus capacidades y estudios—retoma el ex Akatsuki mientras la mujer da su primera degustación al ravioli—. No es que no confié en ti, pero tenemos un trato de silencio absoluto: ninguno de los dos puede decir nada del otro. Tú entiendes bien por qué. Lo que sí puedo comentarte es que él me ayudó a crear el torso y cabeza de mi "muñeco", asegurándose que no se rompa en el proceso.
Sakura da otro sorbo a su vino mientras lo oye hablar. Quizá, es por el efecto de éste que encuentra tan entretenida la manera en que Sasori se esfuerza para codificar el tema del que se expresa.
—Como tú sabes, esta clase de muñecos son sensibles, y si su torso o cabeza se rompen son casi imposibles de crear. Sin contar que puede resultar en una experiencia particularmente dolorosa para el muñeco en cuestión.
—Ya veo... —agrega ella con una mano sobre su rostro, al encontrarse respondiendo con la boca aún llena. Una vez que baja la comida con la ayuda de más vino, procede a continuar con más fineza—. En cierto modo, satisface la curiosidad que tuve siempre sobre... tú sabes... la creación de ese "muñeco" en particular...
—Algún día voy a presentarte a este amigo, entonces podré contarte más detalles. Además de que lo haremos en un sitio donde sea seguro revelarte más secretos del oficio. Después de todo, no queremos que sea de conocimiento público.
De repente y sin previo aviso, la kunoichi comienza a sonrojarse, sin poder evitar alejar los ojos de su novio por un instante.
De tanto hablar sobre la confección de las marionetas humanas, y más específicamente, sobre la creación del cuerpo que terminaría albergando al propio Sasori, su subconsciente la hace rememorar un pequeño detalle bastante importante acerca de su anatomía: el cuerpo que Sasori está usando en la actualidad es el mismo que tenía cuando ella le salvó la vida.
De repente, aquellas atractivas memorias de Sasori entre sus piernas adquieren un espectro mucho más bizarro y vergonzoso, aunque no es algo que se atreva a conversar con él en este sitio.
—Sí, supongo que hay varios detalles de los que deberíamos discutir... cuando haya menos público... —insinúa volviendo a taparse la boca con la mano, ya que tiene que contener la risa producto de la realización inapropiada que acaba de tener.
—Eh... ¿De acuerdo? —adhiere sin entender a qué se refiere su novia—. De todas formas, no pensaba permitir que regresemos al hospedaje tan temprano.
La comida resulta ser tan apetecible como amena. Para beneficio de la pareja, el resto de los comensales están demasiado enfrascados en su mundo como para notar el detalle de que Sasori no ha tocado un solo bocado.
Luego del tiempo invertido en la cena, los dos optan por dedicar los siguientes minutos de la noche en seguir paseando por el centro, sin reparar en nada más que en la luz de la Luna y la cercanía del otro.
Con ella agarrada al brazo de él, ambos se van perdiendo entre la multitud con intención de tomar cada vez más distancia de las luces artificiales de la civilización, hasta el punto de pasar de los campos de arroz de la periferia agrícola a los discretos senderos que el bosque les ofrece.
Quizá es por las circunstancias en la que su relación se originó en un primer momento, o quizá sea por el hecho de que no pueden dejar de sentirse unos extranjeros con identidades falsas, pero les resulta casi inconsciente el que sus pasos los alejen de las masas de gente y los lleven a la soledad de lo silvestre.
Una vez que ya se sienten a gusto con el cambio de escenario, cuando el crujir de los grillos y las luces de las luciérnagas pasan a dominar el ambiente, el marionetista se siente libre de quitarse el pañuelo del cuello.
La oscuridad de la noche, más la ocasional brisa veraniega que revuelve las hojas de los árboles vuelven la escena un poco más íntima, más adecuada para lo que ambos estuvieron buscando desde hace un buen tiempo.
Aprovechando que aún sujeta a su dama por el brazo, el titiritero sólo necesita dos movimientos para ponerse delante de ella y presionarla contra él.
—Esperé suficiente—declara a modo de broma, a pesar de la honestidad de sus palabras.
La respuesta de su novia es acercarse hasta respirarle directamente sobre el rostro, subiendo a su vez sus brazos para acariciarle los hombros.
—Me gusta cuando te impacientas... —se burla ella disfrutando de la honestidad que ahora puede existir en su relación.
Haciendo honor a su impaciencia, el marionetista cede borrando la distancia entre sus labios, decidido a robarse el aliento ajeno con el gesto. El efecto casi narcótico del tacto que lo invade es inmediato. Pensar que ahora puede simplemente besarla es hacerse consciente de cuánto lo bendijo la suerte hasta ahora.
La muchacha le corresponde la caricia de buena gana, aunque debe esforzarse internamente para no distraerse. No piensa cortar el ambiente ahora, pero es difícil ponerse en ello una vez que ya tiene presente ese detalle que estuvo escapando de ella desde hace tanto. Este no es el cuerpo de Sasori, es la marioneta en la que su núcleo se hallaba el día que lo rescató.
—Recordé algo—menciona en un susurro juguetón una vez que el beso se termina—. Y me imagino que podría suponer un problema en el futuro.
El artesano levanta la ceja sumamente intrigado, invitando a su musa a dejar atrás el misterio.
Sakura opta por abandonar el pudor de entrada y baja una de sus manos hasta entrepierna del pelirrojo, presionándolo ligeramente allí por sobre la ropa. Es en ese momento que sus recuerdos se ven reforzados por la cruel realidad: él está desarmado, su cuerpo no es anatómicamente perfecto.
Confirmar esta falta de un modo así de directo, hace que sea imposible para ella el contener una sonrisa de burla.
—Sabes que en algún momento vamos a tener que continuar donde nos quedamos, ¿Verdad?
Una mueca de vergüenza invade el rostro, usualmente sereno, del marionetista. Él hubiese preferido que esa data siga escapando a la memoria de Sakura por un tiempo más. Tarda un instante en recomponerse y retirar el tacto de la joven de su área más defectuosa.
—Existiendo mujeres como tú, aún hay quienes dirían que yo soy el monstruo—se queja sin lograr quitarle a su novia la sonrisa del rostro, recurriendo, a modo reflejo, a la burla como método de defensa—. No tienes que preocuparte por eso. Sabes bien por qué no atendí "eso" hasta ahora…
— ¿O sea que vas a crearte uno nuevo? ¿Necesitarás que…?—intenta seguir presionando el punto antes de ser interrumpida.
—Basta. Atenderé este asunto por mi cuenta. Aún tengo algo de orgullo que proteger.
—Sabes de que esas cosas que dicen del tamaño son sólo viles mentiras, ¿Verdad? —la dama expande su sonrisa, impregnada de picardía, viéndose con la verdadera dificultad de reprimir una carcajada.
En reacción a eso, Sasori se limita a alzar la otra ceja a favor de esconder su pudor detrás de la incredulidad. Por supuesto que Sakura bromea, ella sabe más que bien cuán importante para él es replicar con exactitud su propio cuerpo en la marioneta que contiene su existencia. Empero, eso evidentemente no le impide aprovechar esta oportunidad para ver si puede molestarlo.
—De todos modos, es un chiste. Sé que no me decepcionarías... —lo calma comenzando por fin a reírse de la situación, pero sin alejarse de él y sin permitirle esquivar su mirada.
—Estás abusando de cuánto te quiero—la interrumpe de nuevo, silenciando lo que sea que esté por decir ahora con un otro beso robado.
Cuando la médica se ve en la necesidad de tomar aire en medio del apasionado gesto, él aprovecha para retomar la palabra con una renovada confianza en sus capacidades, poniendo fin a este asunto de una vez por todas:
—La decisión aquí ya está tomada: atenderé ese problema por mi cuenta. Todavía tengo algún orgullo propio y pretendo defenderlo… y si sigues presionando el asunto, vas a forzarme a tomar medidas que te hagan desistir.
— ¿Y qué medidas son esas? —lo provoca con un aire malicioso, que nada tiene que ver con su jueguito anterior.
Sasori le regala otro beso más, que esta vez viene acompañado de una mano enredada en las hebras rosadas de su nuca, negándole así la retirada fácil. Manteniendo la otra mano firme sobre su cadera, el renegado comienza a dar zancadas hacia adelante hasta conseguir arrinconarla contra el árbol más cercano.
Sakura reacciona de un modo más que positivo a su "demostración de poder", volviendo el contacto entre sus bocas y cuerpos cada vez más intenso. Una vez que sus vientres quedan pegados por la presión que ejerce él contra el tronco, sus brazos envuelven a su novio por el cuello y lo jalan más cerca, como si de repente él fuese su único soporte en la vida.
Por fin solos... Solos y libres para acariciarse y mostrarse afecto sin nadie que los moleste o interrumpa.
—Creo que... empiezo... a entender... —balbucea embriagada entre beso y beso, sin tener ya ningún ánimo de detenerse.
El apasionado achuchón continua por un lapso que ninguno de los dos encuentra manera de medir. Entre bocanadas de aire y frotamientos corporales, la excitación sube más y más, al punto que el calor producido por Sakura es suficiente para imponerse por sobre la temperatura de la noche.
Escalando el nivel de su juego, el marionetista hace bajar su mano derecha por el largo de la espalda de su musa, y no tarda en dejar atrás la tela para tocar la piel que no se encuentra cubierta por el vestido. Habiendo encontrado ya la entrada de la prenda, comienza a subir su hambriento tacto por debajo de esta, acariciándole la cara interna del muslo sin permitirle el tiempo a respirar a causa de la sorpresa. Durante su brusco ascenso, sus dedos se topan también con la prenda que cubre su sexo, más la ignoran siguiendo su camino hacia arriba.
A medida que el pelirrojo se entromete más y más adentro del vestido, éste comienza a elevarse junto con su pulso, permitiendo que el aire cálido atrapado entre la tela y la piel escapase a lo silvestre, causándole un escalofrío a su amada.
Justo cuando siente a Sasori intentando desabrochar su sostén, Sakura hace cortocircuito y todo su cuerpo se paraliza por un instante. Ella puede prever en este momento lo próximo que ocurrirá.
Este es el momento previo a que sus memorias traumáticas regresen para arruinarle la noche.
"No ahora. No esta vez."
Con una practicidad casi instantánea, se las arregla para sacarse esa mano de encima sin dejar de besarlo. Luego, despega su espalda del tronco decidida a llevar a su amado hacia atrás.
Una vez que logra hacerlo retroceder lo suficiente, y una vez que está segura de haber retomado el control de la situación, le traba los pies forzándolo a caer boca arriba sobre césped.
Al quedar sentada sobre él tras el súbito aterrizaje, la muchacha se inclina considerablemente hacia abajo, con la intención de dejarle todo un camino de besos desde las clavículas hasta el mentón. Mientras tanto, toma el borde en V de su camisa y desabrocha los botones de arriba, dejándole el núcleo al descubierto.
Sin tela que protegiese su mayor vulnerabilidad del alcance de sus labios, Sakura desciende su boca hasta allí y deja varios besos más sobre las ramificaciones que lo unen a la cerámica del torso. El suceso ocurre más rápido de lo que la atontada mente del artista puede procesar.
Por un instante, él teme que ella se haya olvidado de la cautela, pero afortunadamente no es el caso. La mujer se limita simplemente a pasar sus labios sobre un área más bien pequeña de su zona más sensible.
De todos modos, la experiencia consigue paralizarlo casi por completo. Durante las fracciones de segundo que dura la caricia, el marionetista se siente perder el control de sus dedos. La tibieza y la humedad de la boca de Sakura hacen mella en él de inmediato. Pequeños impactos de tacto, que se expanden como vibraciones difusas por toda su percepción, son lo único que existe en el mundo mientras el efecto de los besos persiste en su núcleo.
Cuando el ex Akatsuki finalmente recupera el control de sí mismo, sólo atina a exhibir una mueca de agradable sorpresa y éxtasis.
A continuación, su dama se recuesta sobre su pecho desnudo, sin dejar de sonreír victoriosa por el efecto logrado que tuvo su última jugada. De este modo, sus dos senos terminan apoyándose sobre su núcleo. Aquella nueva sensación es directamente indescriptible para él, tanto que no puede poner en palabras el nivel de expectativa que le produce esa textura, esa imagen y ese latir tan ligero de su corazón.
Por su parte, Sakura puede reconocerse a sí misma que no está lista para ir más allá de este punto. No ahora, no por ahora… pero eventualmente será posible, así que se siente en verdad feliz y satisfecha de poder estar así con él.
—Hasta que no podamos continuar con esto como se debe, eres mío—declara hablándole al verdadero Sasori, aquel que ahora se encuentra atrapado bajo sus pechos, al tiempo que deja caer un poco más de su peso sobre él.
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¡Feliz año nuevo a todo el mundo!
No, no nos morimos. Como bien comprenderán los lectores que ya rebasan la mayoría de edad y trabajan o van a la universidad (o ambas), nuestro segundo cuatrimestre de facultad estuvo jodido y fue como una piedra enorme en el camino para el fic. Aquellos lectores que todavía estén terminando el secundario, disfruten del tiempo libre que les queda. Incluso si el colegio les parece peor que el séptimo infierno de La Divina Comedia y lo ven como una sanguijuela que les chupa la vida social... No es así para nada, en serio. Disfruten de esta etapa lo máximo posible antes de que se tengan que entrar a descoser con un estudio terciario (Consejo sincero de universitarios xD).
Enhorabuena, el 2016 ya se terminó y esperemos que la mala racha ligada a ese también. Muchos íconos del cine, la música y la cultura se nos fueron, la guerra y la hambruna en el mundo estuvieron lejos de apaciguarse, un populista asumió el poder en Estados Unidos y acá en Argentina terminamos el año con nuestro señor presidente ojoz de zielo escrachado en medio de sus vacaciones por un grupo de manifestantes (Bueno, eso último es más para cagarse de la risa que para lamentarlo).
En fin, con todo el humor negro del mundo podemos decir que no vamos a extrañar mucho este 2016 y que le abrimos las puertas al 2017 con la mejor de las ondas. Si bien la idea original era poder llegar a publicar este capítulo antes de fin de año, y pese a que movimos cielo y tierra para eso, al final con cuatro días de pura festividad se nos hizo imposible. Aunque, pensándolo mejor, nos agrada mucho más la idea de que esta publicación sea un modo de arrancar el nuevo año que de cerrar el anterior.
Saludos y que hayan pasado bien las fiestas. Atentamente, Lahonestidadenmi y Co-autor.
