Asedio final.


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La información provista por Kiyoshi es confirmada como verídica al día siguiente al que la recibieron. Si bien el informe es demasiado detallado como para que se pudiese corroborar de manera directa, todos los demás detalles recibidos de otros espías encajan alrededor de los datos más importantes.

Contratos de transporte, compras de víveres y relaciones establecidas con matones de reputación indican que la Serpiente se está preparando para soportar algún tipo de asedio. No es que se estén dejando perseguir hasta la base revelada por Kiyoshi, pero tampoco es posible esconder todas las huellas de tamaño movimiento logístico en sus fuerzas. A cualquier espía le alcanza con que se vea partir una caravana de alguna de sus bases secundarias para hacer sus respectivas deducciones.

Una vez que el mismo proceso se repite las suficientes veces, ya es claro que se están acumulando demasiados recursos en algún punto al sureste del País del Fuego. La explicación más sencilla y lógica a ese fenómeno es simple: el hombre no miente. Sasori ya esperaba que fuera así, nunca tuvo motivo suficiente para desconfiar de él. Aún así, se toma la molestia de fingir escepticismo al respecto hasta que Sai no tenga otra opción más que creer en la evidencia.

Con las averiguaciones correspondientes hechas, el trío no pierde más tiempo y da comienzo a su viaje hacia el palacio en construcción. Los ninjas saben que esto es una trampa, que los líderes de la organización se harán presentes allí sólo como cebo para atraerlos a su campo, pero eso no importa porque no tienen idea de cuán infectada de traidores se encuentra su lista de empleados. A pesar de ser una organización poderosa, extensa y de tener unas arcas que fácilmente podrían abastecer una aldea ninja por media década, los criminales que la dirigen no supieron crear un sistema sólido de lealtades y espionaje… eso o nunca le dieron importancia al asunto, cosa que indicaría un grado de incompetencia aún mayor.

Su viaje al sureste les lleva unas siete jornadas de planes y pernoctes a la intemperie, prácticamente ausentes de momentos de distensión. Dicha semana termina cuando los tres deciden montar el que será su último campamento previo al asalto final a la Serpiente, a tan sólo unos cincuenta kilómetros de distancia de su fortaleza. Con la idea de mantenerse en este asentamiento por unos días, el equipo levanta la tienda de campaña y se hace de una ostentosa cantidad de leña.

Un poco de esta leña es utilizada para el fuego sobre el que Sai pone a cocer la cena, consistente en un caldo espeso de avena y verduras. Ahora sólo deberán aguardar hasta que los hombres al servicio de Kiyoshi les dieran a conocer la fecha en que los líderes de la Serpiente se harán presentes y tomarán refugio tras los muros del palacio.

No es que este tiempo sea un desperdicio. Los espías infiltrados dentro del castillo hicieron llegar al equipo los planos del edificio y de la instalación escondida bajo sus cimientos. Pronto, estos serán confirmados por la técnica de las arañas de tinta del ANBU, pero por el momento pueden ser utilizados para idear un provisorio plan de ataque.

La fortificación con la que lidiarán dentro de poco es un palacio de madera descolorida, más una base labrada en roca madre que sostiene sus pisos y lo alza unos treinta metros sobre el suelo. Su estructura consiste en una gran torre terminada que resalta en el medio de varias empalizadas interconectadas de menor altura. Contrario a la gran torre, dichas empalizadas exhiben un estado de construcción bastante desigual la una de la otra.

Como no podría ser de otra forma, una gran muralla recubierta de yeso cierra el paso a los extraños, al tiempo que encierra un modesto perímetro de pradera y árboles alrededor de la base rocosa. Por otro lado, de la base subterránea se desprende un largo túnel que desemboca en una salida oculta dentro de las fronteras del bosque lindante.

—Considerando el área del edificio y la base, además de los reportes de llegadas de víveres que ya recibimos, podemos esperar una fuerza opositora de, al menos, unos doscientos cincuenta hombres—estima Sai sentado frente al fogón, al tiempo que sopla el cuenco de sopa caliente entre sus manos.

—Y considerando que ya me enfrenté a otros ninjas en Khanzen, no tendría sentido que no haya otros más presentes en una trampa diseñada para ponernos fin—agrega la kunoichi sentada a su lado.

— ¿Qué hay de la opción de incendiar el edificio?—pregunta el renegado de pie al otro lado de la fogata, manteniendo el foco de su visión perdido en la luz emitida por las brasas.

—Los palacios están construidos sobre napas de agua subterránea. Incluso si no estuvieran esperando un ataque, estarían preparados para detener el fuego—repone el ANBU luego de darle la primera probada al resultado de su propio desempeño culinario—. Tengo preparados suficientes dibujos como para llenar el terreno con mis creaciones durante unas dos horas, pero me temo que no podré mantenerlas activas por mucho más tiempo. Tendremos que terminar con el combate en ese periodo de tiempo.

—Kiyoshi y sus hombres abrirán para mí la puerta del pasadizo secreto dentro del bosque—completa Sasori—. Yo puedo ingresar desde ahí y moverme en dirección al castillo. No sólo bloquearía su ruta de escape, sino que forzaría a una porción de las fuerzas enemigas a enfocarse en mí mientras ustedes atacan el frente.

—No vamos a lograr terminar con todas las fuerzas enemigas en dos horas si tratamos de eliminarlos uno a uno... pero creo que tengo un par de ideas—esboza Sakura sonriendo de un modo que intriga a sus compañeros. A continuación, ella alza su mirada para dirigirse al marionetista—: puedo sintetizar humo venenoso. No será de utilidad para combatir a campo abierto porque sería disperso por cualquier usuario de jutsus de viento, pero si te entrego ese arma a ti, podrás usarla en la base subterránea para eliminar a todos los oponentes que no hayan previsto una jugada así.

—Esa sería una asistencia más que bienvenida—agradece él complacido ante la idea de volver a tener en sus manos un recurso letal que le fue bastante útil en el pasado.

A continuación, la muchacha deja de sorber de su propio cuenco para pensar en voz alta:

—Tiene que haber alguna manera de eliminar a un mayor número de enemigos antes de que salgan a enfrentarnos a campo abierto ¿Qué piensan de usar el edificio?

—¿Como protección? —pregunta Sai—. No suena como una buena idea. El enemigo de seguro ya está fortificado en su interior. Tendríamos que expulsarlos de sus puestos y luego establecer una defensa en territorio enemigo. Además, uno de nosotros siempre debe permanecer afuera para asegurarse de que nadie escape.

—No como protección, como arma.— Se apresura ella a corregirlo—. Tenemos los planos, después de todo. Podemos encontrar las columnas vitales del edificio y hacerlo caer. Tanto los líderes como las fuerzas que permanezcan adentro estarán atrapados entre escombros, y desde ese momento el fuego es una buena opción.

Los dos artistas se miran entre ellos por un instante, y luego regresan su atención hacia ella.

— ¿No que eras médica?—pregunta Sasori.

—Médica de combate—aclara guiñándole un ojo a su novio.

—Espía—agrega el ANBU al tiempo que termina su plato y se levanta para servirse un poco más de la cacerola, que ahora levita fuera del alcance de las llamas para no recocinarse—, y ese plan suena como la mejor opción para terminar con esto en las dos horas que tendremos disponibles. Creo que comenzaré a enviar arañas de tinta al palacio mañana con tal de tener un mapa más detallado y actualizado del sitio.

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Desde que su equipo asentó su campamento en los alrededores del castillo, Sasori toma la rutina de alejarse a primera hora de la mañana a solas. Recolectando siempre las bayas silvestres y los champiñones comestibles que se encuentra a lo largo de su camino, sus pasos lo llevan hasta un árbol añejo y de pocas ramas, cuya posición es de vital importancia para su misión.

Según lo acordado por correspondencia en momentos previos al viaje hacia allí, uno de los hombres que traicionó a la Serpiente se escabulliría dentro del bosque llegado el momento, y dejaría un tajo en la corteza de este árbol a modo de confirmación de que los líderes de la organización ya están refugiados en la fortaleza.

Los tres disponen de un buen tiempo para prepararse y revisar el plan de ataque hasta que, durante el desayuno del cuarto día, el titiritero regresa de su recorrido con las noticias que estaban esperando: sus objetivos ya están reunidos ahí adentro.

—Alcánzame los antídotos—pide el ANBU a su compañera una vez que vuelca agua sobre la fogata que les calentó el té mientras esperaban el regreso de Sasori.

— ¿Las bombas de humo las dejaste en tu mochila?—pregunta el renegado de la Arena, guardándose un par de filos cuidadosamente embebidos en veneno dentro del espacio hueco que se encuentra en sus extremidades y torso.

—Sí, están en la mochila—asiente Sakura, para luego girarse y proferirle una advertencia al joven que solicitó sus viales—: Sai, recuerda que no sabemos si aún tienen el mismo veneno que casi me mató en su arsenal, así que, sólo por prevenir, si algo te hiere te clavas de inmediato uno de esos antídotos. Incluso si no están usando ese veneno, las incomodidades que te generará el antídoto son un precio más que razonable para no asumir el riesgo.

Sai asiente con la cabeza al tiempo que recibe su ración de antídotos. En lo que le echa un poco de tierra por encima a los humeantes leños calcinados que quedaron del fogón, se encarga también de acomodar los viales de Sakura en su cinturón para el fácil acceso, dejándolos dentro de los pequeños estuches que acompañan al que guarda sus pergaminos y tinta.

A continuación, el muchacho regresa a la tienda de campaña para sacar de allí la chaqueta reforzada que el marionetista confeccionó especialmente para él. Dicha armadura le recuerda a la propia Sakura que por fin ha llegado el momento de estrenar la suya.

—Oye, Sasori. ¿Me ayudas con mi armadura mientras le doy un último vistazo al mapa?—pregunta apartándose del fogón en dirección al montón de placas de cerámica y cuero que reposa sobre un tocón al lado de la tienda, en medio de varios pergaminos de armamento a medio desenrollar.

—Permíteme un instante—augura él intentando ordenar una decena de senbons, de manera que no perjudicasen la movilidad de su codo derecho.

Un instante después, Sakura está de pie con el mapa del palacio entre manos. Afortunadamente, la versión que tiene ahora está un poco más completa que aquella que los traidores les enviaron hace unos días. Las arañas de Sai son mucho más detallistas de lo que un espía promedio puede ser.

En su mente, la kunoichi busca trazar las posibles rutas que deberá tomar para debilitar la estructura, y también cómo adaptar su camino en base a la resistencia que se encuentre dentro del a poco. La adrenalina comienza a subir en su sangre a medida que la realización de que esta es la conclusión de meses de trabajo comienza a afirmarse dentro de ella.

—Levanta las manos y deja que yo sostenga esto—la llama Sasori con cuidado de no interrumpir su concentración.

Con la asistencia de sus hilos de chakra, el artista mantiene el mapa a la altura de los ojos de su musa mientras rodea su cuerpo con las piezas de cerámica, teniendo cuidado de que éstas se amoldasen a su figura al momento de encajar.

Luego de unos segundos, el sonido seco del material encastrándose es la señal de que la pieza central de la armadura esta lista. A continuación, asegura también las cadenas de placas sobre los brazos de Sakura, y ajusta con cuidado el cuero que las une a las hombreras.

—Ya estás lista.

Como reacción a su anuncio, ella mueve los brazos y gira su torso de un lado a otro, tratando de volver a acostumbrarse al peso de su protección.

—Recuérdame que te lo agradezca como se debe cuando todo esto termine—le sonríe sintiéndose satisfecha con los resultados del trabajo.

Pasada media hora desde que se decidieron por levantar el campamento, Sasori y Sakura regresan junto al ANBU; quien decidió apartarse de la tarea para quedarse sentado en el césped dibujando sobre su atril.

Al llegar hacia él, la pareja ve grandes pergaminos enrollados a ambos lados del artista, más uno que aún yace sobre su soporte de madera, y que tiene una gran figura de tinta negra ilustrada a lo largo de su lienzo.

—Esta es la fuerza principal—les explica Sai señalando la obra que tiene frente a los ojos—. Durará una hora y nadie escapará del castillo en ese tiempo. Esperaremos un minuto desde su activación antes de movernos. El segundo es tu transporte y la distracción principal. Te llevará a la entrada trasera.

Sasori asiente al comprender que dicho transporte y distracción es para él.

—Subiré a tu obra—acata ahora en voz alta—, y luego me encargo de la parte subterránea del complejo. Cuando mi parte esté terminada, me reuniré con ustedes afuera, en las inmediaciones del castillo.

—Y el tercer pergamino es el que utilizaré para mi entrada—concluye la mujer, arrebatándole las palabras de la boca a su compatriota.

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En medio del bosque que protege al equipo de ninjas, se erige imponente y estoico el palacio que espera por su llegada desde mucho antes que ellos lo supieran.

Entre los muros del complejo, detrás de cada ventana y circulando en cada pasillo, un ejército de mercenarios de distintos precios y talentos ya está al tanto de que afuera hay algo que los acecha. Después de todo, los rumores de la fuerza que asedia a la Serpiente son muchos, desde el monstruo de Khanzen hasta historias de terror que aparentan ser sacadas de viejos relatos de la aldea de la Arena.

De un momento a otro, el ambiente se ve perturbado por la campana de alerta de una de las torres vigías del castillo cuando cierto movimiento en los arboles es percibido al norte de la fortaleza.

En respuesta a la alarma, las primeras defensas de la Serpiente se despliegan por el emplazamiento. Los centinelas que resguardan las empalizadas preparan sus flechas con sellos explosivos y el veneno de sus empleadores, mientras que una guarnición extra de soldados desciende a la planta baja y sale a las inmediaciones del castillo, apostándose en los huecos de los muros reforzados para monitorear el perímetro de llanura que antecede su zona.

Si bien el movimiento dentro del bosque es perfectamente visible desde los puntos vigía de la fortaleza, la intriga y el temor a un asedio sólo se acrecientan cuando un temblor leve, pero constante, se hace sentir bajo los pies de todos los allí presentes. Ese terremoto suave acrece a medida que un rugido distante se va tornando cada vez más nítido.

El dueño del rugido no se hace esperar mucho más y hace acto de aparición en el campo abierto en la forma de un enorme león blanco, y con bordes negros que delinean cada rasgo de su anatomía, como si se tratase de un dibujo animado. Tras la criatura, unas cinco panteras negras de menor tamaño se suman a su asalto y le siguen el paso hacia los muros que protegen el patio interno. La guarnición de defensa en las murallas y las empalizadas no tarda en arrojar sus proyectiles, tanto ordinarios como explosivos, a los sobrenaturales seres que comienzan a separarse en grupos para flanquear los costados del castillo.

La lluvia de municiones que explotan en la hierba, o se clavan sobre sus lomos, pronto hace tropezar a las bestias; quienes ruedan malheridas en la hierba dejándola manchada de negro. Empero, ellas vuelven a alzarse tras los impactos como si nada y reanudan su asalto con la misma fiereza de antes.

A continuación, el centro del temblor se rebela por fin a los defensores cuando más y más figuras de animales en blanco y negro salen de la espesura a modo de estampida frenética, derrumbando todo árbol que se interponga en su camino al tiempo que espantan a los pájaros de los alrededores.

Lo que sigue a la aparición del mar de tinta animada es la inutilidad de las flechas envenenadas y de los explosivos de mediano alcance, ya que una oleada feroz de linces se adelanta al resto de la estampida y carga contra el flanco derecho de las murallas como un tsunami, haciendo estremecer a la estructura y peligrar a quienes la resguardan desde el otro lado.

— ¡DISIPEN ESA COSA! ¡LANCEN EXPLOSIVOS FUERTES, AHORA!—ordena un shinobi con la bandana cruzada de la Roca desde una cornisa, al ver que la estampida no deja de crecer y que amenaza cada vez más con saltar la primera línea de defensa.

Su orden es acatada de inmediato, y una seguidilla de bolas de fuego y proyectiles explosivos de mayor potencia es disparada al asedio de tinta. Mientras que esta nueva jugada consigue meterse entre las filas enemigas, y mantener más a raya a la oleada de animales que los sitian desde ambos extremos norte y oeste, el shinobi de la Roca hace unos sellos de mano e invoca una inmensa y espesa nube de polvo desde su puesto. En vez de seguir la acción de la gravedad y caer al suelo, la película de pequeñas piedras sigue los deseos de quien la maniobra y comienza a dispersarse alrededor de toda la fortaleza, gravitando sobre sus paredes y ventanas sin rozarla en lo más mínimo.

Pedazos innumerables de tinta salen volando por los aires a medida que el terreno se ve revestido de flechas que explotan llevándose la "vida" de docenas y docenas de bestias. Si bien otros animales continúan bajando desde el bosque para reemplazar a los que van cayendo en combate, cada pequeña victoria le gana un instante valioso al experimentado usuario de tierra para terminar de posicionar su película de polvo alrededor de cada piso del castillo. Una vez que la tarea está completa, el hombre cierra su mano derecha en un puño al tiempo que una porción de la armadura de polvo se acumula hasta formar un macizo peñasco que resembla la forma de su mano cerrada.

El puño pétreo termina saliendo disparado por orden del ninja como un proyectil más, e impacta sobre el campo de batalla llevándose una hilera completa de animales.

La situación cobra un giro a favor de la resistencia del castillo cuando una centena más de rocas son creadas a partir de la técnica del experimentado hombre de la Roca, y proyectadas sin piedad hacia las hordas de tinta que se acercan al castillo.

Esta aparente ventaja del batallón de defensa de las murallas hubiese servido para reforzar la moral, de no ser por una gigantesca y aterradora figura que aparece de improvisto en el fuego cruzado, irrumpiendo en el campo de batalla con la fiereza de un rápido. Contrario a las demás bestias, esta se asemeja a un dragón de aspecto serpentino, y aparentemente infinito en su longitud, que pronto se sobrepone al asedio para volar majestuoso alrededor del castillo con movimientos zigzagueantes, como si buscase una vulnerabilidad en su diseño antes de atacarlo.

El monstruo intimida a los hombres de la Serpiente, quienes observan con una mezcla de sorpresa y terror el grosor de la bestia escamada cuando comienza a desenvolverse en espiral alrededor de la estructura, ignorando cualquier técnica que impacte en su largo estómago...

Más flechas, bolas de fuego y rocas son arrojadas desde las ventanas y balcones hacia el monstruo volador. Poco importa esto a la creación del ANBU. Al ser una bestia con la capacidad de volar, no se le hace difícil esquivar aquellos ataques que quizá puedan representarle una mayor amenaza. El pánico y la confusión que comienza a crecer en el alma de los defensores les impiden siquiera sospechar que la verdadera amenaza no es el reptil, sino el hombre que se esconde sobre su gigantesco lomo; esperando que el extremo trasero de la criatura se posicione en el sitio correcto sobre el que descender sin ser observado.

En medio de la estampida de animales que continúa sumándose a la batalla, y oculta entre creaciones que resemblan rinocerontes, un arma de asedio en forma humana se hace presente y decide correr hasta la muralla con intención de marcar la diferencia a favor de las bestias.

A estas alturas, ya hay demasiada tinta animada rodeando el castillo para que la mujer de pelo rosa resaltase entre la multitud. Así que la advertencia de que los muros no serían suficientes para contener el ataque llega en el mismo momento en que la posibilidad se vuelve real.

El monstruo de Khanzen golpea a puño limpio el muro creando una enorme grieta en él. Todo ocurre demasiado rápido como para que las defensas reaccionen, y varios soldados cercanos al impacto salen volando junto con los escombros.

Los supervivientes a la caída del muro no tienen el tiempo de pensar en qué fue lo que se abrió paso por sus defensas, porque ahora las figuras de tinta comienzan a ingresar por la apertura recién hecha y amenazan con acabar con el ejército de mercenarios en cuestión de minutos.

— ¡ASEGUREN ESA ENTRADA! —se escucha el alarido de las defensas que ignoran la segunda amenaza que se cierne sobre ellos desde atrás.

Ajeno de la batalla a campo abierto, Sasori aguarda hasta que el dragón de tinta lo acerque a la entrada trasera del complejo de la Serpiente. Una vez que lo considera adecuado, se permite caer desde las alturas para no hacer esperar más a sus contactos.

Tal y como le fue prometido, no tarda en toparse con dos hombres que "resguardan" la puerta al pasadizo secreto. Ni bien ellos posan sus ojos sobre las nubes rojas de su túnica, se arrodillan ante él para recibirlo.

—Lo estábamos esperando—habla uno de ellos intentando sonar solemne a pesar del miedo.

—Están actuando bajo las instrucciones de un hombre en la Arena ¿Es esto verdad?—habla el recién llegado con severidad.

Ambos asienten sin pronunciar palabra.

—Irán a su encuentro y le dirán que haga los preparativos para mi regreso. Luego, trabajarán para él, tal y como él trabaja para mí. Si a fin de este mes no recibo confirmación de que ustedes me obedecieron, van a encontrarse una vez más conmigo—el hombre de las nubes rojas sonríe con una sutil muestra de arrogancia—. Y será una reunión mucho más sucinta que esta. ¿Está claro?

—Sí, señor—contestan ambos tras el segundo que les toma recuperarse de la amenaza.

—Ahora, váyanse y agradezcan que no escogieron el lado incorrecto—ordena una última vez, pasando entre los aterrados hombres para pararse sobre la puerta trampa al ras del suelo que sirve de acceso al complejo.

El subsiguiente sonido de unos pasos inesperados bajando las escaleras altera al encargado de la vigilancia del pasillo más próximo a la puerta secreta.

"¿Por qué están saliendo de su puesto otra vez?" Se pregunta molesto por la falta de profesionalidad de sus compañeros.

— ¿¡Qué no pueden quedarse veinte minutos en su maldito p…!?

La vista de quien se asoma a través de los peldaños, en lugar de sus aliados, es suficiente para causarle un nudo en la garganta.

—Grita. Me conviene que llames la atención—sonríe la figura pelirroja tras la túnica, mas sin obtener reacción de su oportuna primera víctima.

Un instante después, un rápido movimiento expulsa el kunai que toma la vida del vigía, clavándosele en la garganta. El marionetista no pensaba esperar a que este sujeto alarme a los demás, de todos modos. Ya habrá otros más competentes al final de ese largo pasillo.

Con la infiltración de la marioneta humana, el infierno ya se desata por completo en el complejo y sus alrededores.

Tan rápido como la constante evasión de proyectiles y bloqueo de ataques le permite, la kunoichi de Konoha gana terreno dentro del ala este del castillo. Al haber pasado del cielo abierto a un espacio cerrado lleno de hostiles, de tanto en tanto es necesario eliminar algún oponente especialmente molesto durante su avance. A pesar de esto, se mantiene consciente de que no está allí para acabar con los mercenarios de uno en uno, sino para poner fin a esta batalla cuanto antes; así que siempre que pueda evitar el conflicto prolongado, ella opta por esa opción.

Su tarea no es tan sencilla como ser una maza de demolición indiscriminada. Su parte en el asedio consiste en debilitar la estructura de manera calculada, y para eso es necesario controlar la manera en la que la estructura colapsará, para así maximizar las casualidades de su caída.

No bien Sakura consigue romper las filas enemigas hasta acercarse a la gran columna que tiene por objetivo, y hacerla trizas con una contundente patada, una serie de chasquidos antinaturales la distraen de la siguiente parte de su plan. En lo que le lleva reconocer ese ruido como el que se hace presente sólo en una tormenta… o en una técnica de rayo, una figura tan veloz como la luz que identifica tal elemento irrumpe en el pasillo y se abalanza sobre ella.

A consecuencia del ataque sorpresa, ella evade a duras penas un impacto directo en su retaguardia. Esto le permite a su agresor seguir de largo hasta materializarse a un par de metros por delante de ella.

En el simple instante en que ambos quedan cara a cara, la muchacha identifica a un traidor de la aldea de la Nube de su misma estatura, mas con una estructura corporal demasiado madura y tonificada en comparación a cualquier joven de su edad. Su cabeza rubio platino rapada y las patas de gallo en sus ojos sólo acentúan su porte maduro. Viste la bandana tachada de su aldea de origen en su brazo izquierdo con un perverso orgullo, y encima de su barbilla cuadrada y de barba incipiente, una sonrisa retorcida la amenaza y advierte de su próximo ataque.

Ya finalizada la austera "presentación", el pequeño hombre vuelve a invocar la electricidad a sus extremidades y arremete de inmediato contra ella.

Lejos de amedrentarse ante su contrincante, Sakura le hace frente con su puño derecho listo para terminar con él de un solo golpe. Poco importa que su cuerpo esté cubierto de electricidad, no deja de ser frágil.

Para su desdicha, el hombre reconoce que su reacción contraría al sentido común.

Al observar tal ausencia de temor en ella, más el daño que causó previamente para ingresar al palacio, el renegado de la Nube desvía su curso para esquivar el mortífero golpe de su oponente. Haciendo uso de la poca maniobrabilidad que posee al moverse a tales velocidades, logra fluir a un lado de ella apenas rozándola por un costado antes de seguir de largo en su trayectoria, ileso, pero consciente de que acaba de escapar a la muerte.

Cuando el ninja se gira atrás, suda frío al ver al monstruo de Khanzen temblar bajo su armadura por su reciente fricción con la electricidad. Un subsiguiente suspiro de alivio escapa de sus labios cuando vuelve a sentir sobre su piel al aire que se había cortado ante el advenimiento del puño enemigo sobre él… Definitivamente, no puede arriesgarse a recibir ni uno solo de sus golpes, o ya no vivirá para contarlo. De ahora en más deberá reducir su velocidad en favor de su esquiva.

Sakura se sacude un poco recuperándose sin mayores inconvenientes de la acción del choque eléctrico. El hecho de que este sujeto haya podido eludir el impacto moviéndose a tal velocidad, incluso en un pasillo tan angosto como en el que se encuentran, le indica que está muy lejos de ser un novato. Si se distrae enfrentándose a él en vez de continuar su misión, es más que seguro que no logrará derrumbar el castillo en la ventana de tiempo que el ANBU le está brindando con sus bestias de tinta.

Decidiéndose por priorizar la misión, la guerrera recuerda tras un parpadeo los planos de la fortaleza, y luego la locación de la siguiente columna a destruir. Apresurándose por dejar atrás al usuario del rayo, y cuidándose de no ser acorralada por otros mercenarios que se le aparezcan en el piso de arriba, la ninja comienza a correr por los espacios de la planta buscando las escaleras.

Fuera de las paredes del palacio, en el jardín y detrás de los muros externos, los guardias del palacio retoman el control de la situación, aun cuando las bestias de tinta ya se han cobrado la vida de un buen número de ellos. De no ser porque el ninja de la Roca logró parchar el hueco en el paredón, aquellas criaturas que acompañan al monstruo de Khanzen ya hubiesen hecho caer la fortaleza desde adentro.

Mientras tanto, de los muros para afuera, otro espectáculo de técnicas destructivas se lleva a cabo: el feroz mar de tinta que rodea toda su fortaleza pronto va agotando los suministros de flechas y saetas explosivas. A este punto, sólo las explosiones de fuego y trueno generadas por los ninjas mercenarios, así como las protuberancias artificiales levantadas en la tierra, son eficientes para contener el asedio. Cada técnica compra unos segundos de paz antes de que el torrente de arte cubra el temporal vacío creado en el campo de batalla.

A cuarenta minutos de iniciada la batalla, no pasan más de otros diez antes de que los mercenarios más capaces de la Serpiente se aventurasen a nadar contra la corriente de tinta en búsqueda del creador de este sitiado sin fin.

De acuerdo al plan, Sai ya había previsto que esto ocurriría, así que se ha mantenido refugiado en el bosque, y en constante movimiento desde el comienzo de la guerrilla.

El patrón de su desplazamiento durante el asedio consiste en un círculo alrededor del palacio en construcción, el cual le sirve para activar de tanto en tanto los pergaminos que se trajo preparados de antemano. Dicha estrategia le sirvió para organizar un ataque desde todos los flancos del enemigo, a la vez que para mantener el ritmo del asedio el tiempo suficiente para que sus compañeros cumpliesen sus respectivas misiones. Él sabe que esta táctica no es perfecta, que sólo le comprará unos minutos antes de que alguna fuerza de la Serpiente logre detectarlo y comience a atacarlo. Sólo espera que cuando llegue el caso, la misión esté más cerca de su final que de su inicio.

En el escenario bajo tierra, el invasor ya ha alertado a la guarnición de defensa allí presente, cuando los gritos de su primera decena de victimas motiva al resto a retroceder y organizar un puesto de avanzada en unos centenares de metros ya dentro del complejo de túneles.

Abandonando a los guardias de los pasillos inferiores a su propia suerte, los mercenarios corren a los irregulares túneles superiores, los cuales son clave para ascender a las mazmorras del castillo, y aseguran una barricada para enfrentarse al monstruo en el vestíbulo donde todos convergen.
No ocurrirá lo mismo otra vez. Esta vez ellos lo están esperando. Esta vez lo enfrentan tropas entrenadas, tropas advertidas de cuán peligrosa es esta amenaza. Incluso lo esperan supervivientes de otras bases caídas, bases que ya presenciaron los horrores de un ataque sorpresa.

Del mismo modo, son estos los que se llevan la sorpresa de sus vidas al ver que las figuras que se acercan con intención asesina desde el otro lado del corredor no son reconocibles como nada que hayan visto antes.

En vez de ver el rostro pálido de ojos brillantes de aquella cosa que tomo las demás bases, ven los cuerpos reanimados de sus propios camaradas caídos. Y para completar la macabra escena, en medio de ellos hay una figura distinta a la que esperaban, una figura baja, masculina y de pelo rojo. Nada intimidante de no ser por la túnica que porta.

— ¡FUEGO!

Tras la orden, una pared ígnea cubre el pasillo y continúa carbonizándolo por los siguientes segundos.

Los hombres, aterrados ante la idea de que los de las nubes rojas han venido por sus vidas, ponen todo de sí mismos para calcinar todo y a todos los que estén presentes del otro lado del corredor. Cuando las llamas finalmente se despejan, se observa en el ennegrecido túnel un montículo de carne quemada y de esqueletos cubiertos de hollín, aún humeando por el ataque.

La defensa observa el macabro objeto con temor, más aún notando que las cosas han de estar igual de peliagudas en la superficie como para que nadie respondiese a su anterior pedido de refuerzos.

No debería haber humano capaz de sobrevivir a una cocción de esta envergadura… pero de repente, el montículo de restos carbonizados comienza a crujir. Por un momento, casi se puede sospechar que es a causa del súbito cambio de temperatura, pero cuando un filo atraviesa el negro material para impactar en uno de los defensores, esta hipótesis es desechada de inmediato.

En lo que dura un parpadeo, un enjambre de filos brota de la masa ennegrecida para incapacitar a los atónitos hombres, y de este enjambre explota un espeso humo negro que comienza a adherirse a los pulmones de todos los presentes.

Nadie viviría para contar la historia esta vez.

En el interior del castillo, Sakura logra a duras penas mantener el rendimiento requerido para ella. Debilitar los puntos clave de la estructura no es en sí misma una tarea complicada, pero hacerlo al mismo tiempo que huye del perseguidor que conoció en la segunda planta del castillo, y que esquiva los ataques de los demás guardias, es algo que se hace cada vez más molesto.

El tenaz usuario del rayo ya probó ser un oponente más que digno. A lo largo de la persecución no pudo asestar un solo golpe en él. Si bien es verdad que ella ha tenido su buen tiempo de entrenamiento en taijutsu, no puede decirse que sea una verdadera especialista en el combate cuerpo a cuerpo. Sí, es verdad que sus técnicas médicas le dan una resistencia sobrehumana, y también es verdad que su fuerza hace que no necesite más de un golpe para terminar un enfrentamiento, pero esto no es de mucha utilidad contra un oponente tan escurridizo y que no puede alcanzar con facilidad.

Tampoco ayuda que la diferencia numérica no esté de su lado. Cada vez que la mujer dedica momentos valiosos de tiempo para eliminar a las fuerzas que se interponen en su camino, el ninja tras ella logra dañarla en los sitios que no están protegidos por la armadura, y si no es él, son los proyectiles o técnicas de los incontables hombres que todavía defienden el castillo.

Hace tiempo ya que el cuerpo de la mujer se ha encendido de verde, y la visión de las heridas o quemaduras cerrándose sirve para aterrar a los mercenarios de menor valía, pero solo enciende en su perseguidor la llama de la competencia.

— ¡No puedes huir por siempre, perra!—se burla el hombre cuando logra adelantarse a ella una vez más y cortarle el camino.

Acto seguido, ambos comienzan la danza que se produce por el intercambio de ataques, esquivas y fintas. Tras unos segundos de aparente empate, una técnica de agua que apunta al medio de ambos los fuerza a tomar distancia uno del otro.

Aprovechando esta pequeña distracción, Sakura retoma la carrera hacia la columna. No puede perder tiempo en él ahora.

Ya en el bosque lindante, el ANBU por fin se ve rodeado de un equipo de cinco shinobis que logró salir del mar de tinta.

"Debe de haber un sensor entre ellos, eso explica que me hayan encontrado con tal exactitud."Piensa el artista mientras se posiciona para esquivar y contraatacar.

De inmediato, el muchacho desenrolla un pergamino con una obra a medio culminar, consiguiendo que los hostiles se pongan en guardia.

La principal ventaja que tiene sobre ellos es la sorpresa y la intimidación. Ellos acaban de ver de lo que es capaz, y ya tienen un cierto grado de temor a sus técnicas.

Lo primero que el equipo enemigo intenta es atacarlo con proyectiles, para medir su tiempo de reacción. Es allí cuando la mitad ya ilustrada del pergamino entra en acción.

Una bandada de aves de tinta emerge del papel para proteger a su creador, interponiéndose entre éste y aquellos objetos que procuran dañarlo. Lo primero que el ANBU dejó previamente ilustrado en su pergamino fue una defensa. El ataque tendría que dibujarlo de modo que se adapte de manera precisa a este momento, por lo que requiere de un mayor grado de fineza.

La desventaja numérica hace que Sai no pueda darse el lujo de medir a sus oponentes con sus propios ataques. Cada ofensiva debe incapacitar al objetivo, o si no correrá el riesgo de ser abatido por ellos.

—No estás llamando a tu ejército para defenderte de nosotros. Eso significa que no puedes controlarlos después de que los creas. ¿Verdad?—Escupe un gigantesco hombre que aparenta ser el líder del grupo—. Y, por lo que veo, te disgusta el cuerpo a cuerpo tanto como hablar…

Tras esas palabras cargadas de cólera, la montaña humana saca dos sables de las fundas que trae atadas a la cintura y arremete contra el pálido shinobi.

A continuación, un rinoceronte de tinta surge a la defensa del artista, así que las hojas del hombre sólo llegan a clavarse en la piel blanca de la criatura. En el proceso de ser destruido por el enemigo de su amo, el animal le compra el tiempo suficiente a Sai para retroceder y maniobrar para esquivar al resto de los hostiles.

Luego de una serie de evasiones de armas presumiblemente envenenadas y ataques cuerpo a cuerpo, el ANBU observa que es su chance perfecta para contraatacar. Uno de los enemigos está ahora mismo fuera de su campo de visión, y esto lo ubica inmediatamente a sus espaldas. Sin temblor en el pulso, traza su nueva creación y le da vida en lo que parece un solo trazo continuo.

Esta vez, una serpiente nace del papel en sus manos y de inmediato embiste al oponente que se encuentra tras su creador, enroscándose alrededor de las dos piernas del sujeto y haciéndolo caer.

Lo único que Sai hace a continuación es saltar sobre el cuerpo inmóvil del ninja en la hierba, y darle un fuerte pisotón a su cráneo. El crujir del hueso al romperse su cuello anuncia el deceso de su primer atacante, al tiempo que el reptil se desintegra en un charco de tinta.

"Uno menos."Se jacta el aprendiz de Danzo sin emitir palabra, mientras da un salto hacia atrás sin perder de vista al resto del pelotón para continuar con el enfrentamiento.

Los cuatro restantes ignoran de momento a la muerte de su compañero, acelerando sus ataques en un intento de darle el mismo final al ANBU; y cada creación que surge a la defensa de su objetivo es rápidamente extinguida por proyectiles o combinaciones de ofensiva cuerpo a cuerpo.

Durante los siguientes minutos, el equipo de la Serpiente enfoca su estrategia en restringir los movimientos de su objetivo, evitando que su pincel pueda hacer contacto con el papel.

La constante seguidilla de proyectiles desde múltiples ángulos mantiene al joven en un constante estado de retirada en el que la creación de una bestia de ataque le resulta imposible.

Sai no tarda en notar que la principal desventaja que tiene es que el número de sus oponentes le permite observarlo desde varias perspectivas y cubrir sus puntos ciegos…. Es hora de correr un riesgo.

Tomada la decisión, deja que el hombre de mayor musculatura se acerque un poco más que lo usual, y espera a que impacte contra el nuevo animal que surge del pergamino a cubrir el impacto.

Cuando la ilustración se torna una masa morfa de tinta que comienza a descender al suelo, el hombre de Konoha hace su jugada: aprovechando el punto ciego generado por la cortina decadente de tinta, se desprende de su pincel arrojándolo a modo de proyectil a través de su deshecha creación, y directo al ojo de su oponente. En el tiempo que le toma a este último llevar su mano al rostro de modo reflejo, Sai lleva un Kunai a su garganta y se lo deja clavado para recuperar el pincel con esa misma mano.

"Faltan tres."Piensa intentando recuperar el foco después de haber tomado tamaño riesgo como haberse separado de su principal arma en medio de la batalla. El problema se hace evidente de inmediato, pero aun así, demasiado tarde. Ahora sólo tiene dos enemigos a su alrededor.

Acto seguido, el torso del tercero brota frente a él desde la tierra bajo sus pies, y en un movimiento nada ceremonioso, pero cargado de la ira de alguien que vio a dos de sus camaradas morir, clava una daga entre sus costillas.

El sonido de la cerámica de su armadura resquebrajándose, seguido del agudo dolor del acero frío penetrando su piel lo alertan antes que su vista. Sai, sorprendido y temiendo por el fin de su historia, se apresura a darle un puñetazo en la quijada a su verdugo. Luego, rompe un tintero contra el suelo y utiliza el control sobre su tinta para que esta lo impulse por los aires cual torpedo en dirección al campo abierto.

"¡Maldición, maldición! ¡MALDICIÓN!" Piensa llevando una mano al puñal aún clavado en sus entrañas, quitándoselo de un solo movimiento antes de que más veneno pudiese entrar en su organismo. Un chorro de sangre brota de su estómago a continuación, y un ardor intenso lo hace apretar los dientes y entrecerrar los ojos, rogando que la armadura de Sasori haya reducido el impacto lo suficiente para que pueda recurrir a Sakura. Él es un espía, en todo caso un combatiente a larga distancia. Enfrentarse en tal desventaja numérica probó ser un grave error.

A continuación, el vuelo de Sai es interrumpido por una de sus creaciones. Un oso surge automáticamente del pergamino que aún trae con él para defenderlo de una roca arrojada desde el muro asediado. El moribundo joven posa su mirada un momento sobre el usuario de tierra que había sido el mayor obstáculo para el asedio, decidiendo que deshacerse de él será su mayor y último aporte a esta batalla.

Haciendo uso de las ultimas fuerzas de las que puede disponer antes de atender su salud, Sai desenrolla otro pergamino preparado con antelación. De él surge un enjambre de insectos que se arremolina debajo suyo para apaciguar la velocidad desenfrenada de su descenso.

Mientras tanto, para el renegado de la Roca es preparado un último ataque, una obra única: un águila teñida con el rojo de su autor que, moviéndose con la elegancia y agilidad propia de la naturaleza, se lanza contra el usuario de tierra y tira de sus ropajes hasta forzarlo a caer en el mar de tinta que lo espera con fauces abiertas.

Una vez que el artista termina su suave descenso sin morir en el proceso, toma refugio en medio de su creación máxima, en medio de las fuerzas que asedian la fortaleza desde hace poco más de una hora, y que ahora se mueven a su alrededor sin hacerle ningún daño.

La vorágine de tinta le sirve como precaria cobertura mientras se clava un vial de antídoto en el brazo, antes de tomar asiento con un pergamino en blanco a su lado.

"Date prisa, Sakura." Piensa para sus adentros el ANBU, reconociendo que si la muchacha demora demasiado en su tarea, él no se encontrará en la posición de comprarle más tiempo.

Haciendo sus preocupaciones a un lado, lleva su temblorosa mano izquierda a la herida y pone presión en ella. Con la mano derecha, más toda la concentración que puede conjurar, comienza a dibujar todas las defensas y ataques que su creatividad y muñeca pueden hacer nacer.

Ahora todo el castillo sabe dónde está, pero en estas circunstancias es más seguro estar en medio de la batalla que aislado en los límites de esta.

Con el objetivo de que las fuerzas de la Serpiente no sospechen de sus intenciones, y a modo de deshacerse de algunos mercenarios, Sakura rompe las paredes y mueblería que van entorpeciéndole el paso en cada ocasión en la que su avance y el combate le permiten hacerlo.

Después de haber sentido un mínimo dejo de somnolencia al haber sido impactada por un kunai enemigo, ella se niega a tomar riesgo alguno y opta por consumir su arsenal médico antes que lamentar el no haberlo hecho. Como resultado de su decisión, el cóctel de antídotos que recorre ahora sus venas le aporta un extra de vigor para superar la resistencia que le impide avanzar a la habitación que contiene su sexto objetivo a destrozar.

Por otro lado, el renegado que la persigue tampoco parece percatarse del motivo real de sus acciones, al menos hasta que un nuevo temblor asola el edificio hasta los cimientos. Dicho estremecimiento activa en él un sentido de alerta en contraposición al momento de confusión que sacude a sus compañeros de menor experiencia. Sin darle tiempo al suelo para recobrar la estabilidad tras el golpe, el hombre de la Nube cambia el enfoco de sus esfuerzos y se apresura a aprender los movimientos de la demoledora humana para encontrar una manera de inhabilitarla lo más rápido posible.

Durante el siguiente trayecto recorrido por la kunoichi, el traidor del trueno la obliga a bloquear sus técnicas con brazos y piernas sin darle oportunidad de sacarle ventaja. Sólo la armadura y una constante regeneración la mantienen competente con el ritmo al que la someten sus ataques.

Luego de una tanda de impactos eléctricos que la acuchillan y ponen a prueba su velocidad de regeneración muscular, la mujer ya no tiene más paciencia para lidiar con distracciones en su camino y sólo se limita a correr, primero por el suelo, luego por la pared del pasillo y finamente por el techo; logrando así evitar de primera mano a la mayoría de los oponentes que secundan a su perseguidor. Una vez que el panorama vuelve a estar lo suficientemente despejado, cruza sus brazos frente a su rostro para protegerse de un posible daño colateral y se impulsa de regreso al suelo con la fuerza de un proyectil.

La madera flotante se abre en un hueco limpio ante el impacto y la lleva a caer sobre la planta inferior, directamente frente al último punto débil de la estructura. Acto seguido, una última patada comienza la cuenta regresiva.

"Once temblores."Cuenta Sai sentado en su propia sangre al tiempo que eleva su mirada para ver al dragón en las alturas, envolviendo al castillo con su cuerpo viperino y sosteniéndolo en su lugar para darle a Sakura los segundos necesarios para escapar de allí.

Sin embargo, la ruta de escape de Sakura hacia una ventana dentro del ala norte se ve bloqueada por el condenado ninja que la ha atosigado durante toda la misión. No tiene tiempo para combatir con él antes de que el edificio se venga abajo, e incluso si lo tuviese no sería una buena idea prolongar el enfrentamiento.

Viendo sus opciones acabándose, y en un acto de confianza hacia el ninja que la cuidó de manera indirecta durante todo el día, la muchacha pone en marcha el único plan que viene en mente: abalanzarse sobre su oponente para removerle el torso de un solo golpe.

Al igual que en todas las ocasiones anteriores, el hábil usuario de taijutsu sólo requiere de una maniobra para evadirla.

Su acción evasiva no hace más que dejar a la kunoichi a una distancia aún más escasa de la salida, y es ahí cuando ella toma el riesgo. Tan solo por un instante, deja abierta una vulnerabilidad en su guardia, una vía para que un ataque llegue a su pecho.

El despiadado enemigo no desaprovecha la oportunidad y, con un movimiento tan veloz como el rayo que envuelve sus brazos, se mueve en un parpadeo para golpearla en las costillas y ponerle fin a tan larga persecución.

La técnica consigue resquebrajar la armadura de Sakura con un estruendo producto del trueno y la cerámica, y solo porque ella se apresura a sujetar el brazo del shinobi para intentar detener su ataque, el impacto no la daña seriamente… pero ahora lo tiene donde quiere. Aprovechando el envión de su perseguidor, y añadiendo el propio, la chica sale despedida por la ventana del palacio, llevándose consigo al hombre firmemente sujeto con sus dos manos.

Sin tener tiempo para soltarse de la presión del agarre que le corta la circulación del brazo, una mirada de sorpresa y pánico se dibuja en el rostro del ninja cuando su oponente lo arroja, aún en caída libre, a la vorágine de bestias de tinta que los esperan en el suelo. Allí, un pobre intento de huida eléctrica no impide que los animales se le echen encima y lo reduzcan a simples girones de carne y órganos.

Por otro lado, Sakura aprovecha lo que resta de su estadía en el aire para analizar el estado de la batalla a campo abierto. Un cúmulo especialmente grande y variado de dibujos vivos se encuentra en el lado este del castillo, y eso sólo puede indicar que el ANBU sufrió algún tipo de lesión.

El gran dragón de tinta sólo tenía la orden de sostener el edificio por unos segundos, y no bien el periodo preestablecido termina, el serpentino reptil deja que el palacio colapse sobre su línea vertical de una manera estruendosa, poniéndole fin a las posibilidades de sobrevivir de todo aquel que aún respirase entre los escombros.

En cuestión de un instante tras el colapso de la fortaleza, y el casi seguro deceso de los líderes, las fuerzas de mercenarios cuyas responsabilidades les mantuvieron fuera del edificio tienen unos instantes para asumir su nueva realidad. La Serpiente está extinta, y, a menos que los atacantes que causaron su deceso sean asesinados, ellos tendrán el mismo destino.

Ese sonido del colapso da al ninja de Raíz un dejo de esperanza, pese a que cada vez le cuesta más y más respirar. El número de ataques en su dirección se ve inmediatamente reducido. Y justo a tiempo, porque poco a poco el jutsu que forma el cuerpo principal de la estampida está deshaciéndose. En cuestión de minutos, sólo sus obras más recientes existirán para aliviar la desventaja numérica.

Afortunadamente para su deplorable estado físico, sus pensamientos son interrumpidos por la llegada de la ayuda. Ve emerger a Sakura de entre la tinta, cubierta de polvo y con arañazos en el cuerpo producto de su impacto contra el vidrio de la ventana. Además, la coraza en el frente y costado derecho de su pecho se ve gravemente dañada, pero aún conserva su forma.

La médica reacciona de inmediato al ver el rojo que mancha el lado izquierdo de su compañero, ahora más pálido que nunca, y corre a arrodillarse a su lado.

— ¡Mantén la defensa! ¡No puedes morirte sin mi permiso! —le ordena Sakura actuando a base de instinto, palmeándole una mejilla para transmitirle la calma que nace de poder apoyarse en quien uno confía.

Parte de la tinta, que en el campo de batalla aún conserva chakra del ANBU, se arremolina alrededor de ambos, aislándolos de las presencias que, por haber estado en el patio interno y las murallas, han sobrevivido a la caída del castillo.

Aún así, el calor de una llamarada no tarda en filtrarse desde el otro lado de la barrera de líquido negro. A medida que la intensidad de este asciende y va dañando la protección de tinta, la herida en el torso de Sai se cierra gracias a la técnica de quien lo mantiene recostado sobre sus piernas.

—Esto detendrá la hemorragia. Voy a encargarme de quienes están afuera. No estaré lejos—informa ella manteniendo la mente en el momento, antes de dejarlo yacer sobre el césped y atravesar la defensa que le impide ver en detalle las fuerzas a las que todavía se enfrentan.

Conociendo esta desventaja, la kunoichi vuelve a cubrirse el rostro con los antebrazos y carga su cuerpo de chakra en anticipación al impacto de lo que sea que la aguarda del otro lado de la tinta.

Al salir de la barrera, Sakura es impactada de inmediato por proyectiles y técnicas de fuego de larga distancia. Durante los abrumadores segundos en los que sufre del shock por el impacto inicial, agradece al marionetista por la calidad de la pieza que cubre su torso y brazos, que soporta el calor mucho mejor de lo que ella hubiera imaginado. Sobreponiéndose al dolor y guiándose exclusivamente por este, ella logra detectar un súbito descenso en los impactos que provienen desde su flanco izquierdo. Encontrando allí el camino de menor resistencia, salta a ciegas en esa dirección, dispuesta a abrirse paso por encima de su atacante.

Para su alegría, no bien el movimiento la aleja del foco de fuego, la muchacha escucha el armónico sonido de una nube de acero. Al aterrizar de nuevo sobre la hierba y despejar su vista de los brazos que la cubrían de los ataques, contempla a uno de sus atacantes siendo atravesado por una decena de filos.

El corazón le palpita de emoción al saber que Sasori ha arribado al campo de batalla. No puede verlo, pero sí puede ver las consecuencias de su técnica. Puede ver el cadáver frente a ella alzarse para luego embestir a los mercenarios más cercanos.

— ¡Vigila el perímetro! ¡La tinta no durará mucho!—grita a todo pulmón, sabiendo que su mensaje arribará a destino; y luego se vuelve a lanzar al combate confiada en remover a aquellos que aún representan un peligro para el ANBU.

El movimiento de cadáveres y filos responde organizándose acorde a los comandos de la kunoichi, quien, sabiendo ahora que nadie escapará de la batalla, prosigue en los últimos enfrentamientos de la masacre.

Para cuando los ataques por fin dejan de enfocarse en la coraza negra, el ninja de la Raíz ya ha recuperado un porte más saludable, y ya está listo para sumarse al combate. Con un sello de manos, le ordena al torbellino de tinta disiparse, permitiéndose así una mejor vista desde la que colaborar con sus últimas creaciones.

Ya en el momento en que la actividad del enfrentamiento se reduce a sus últimas acciones, el dragón de tinta desciende sobre la llanura para desintegrarse y perder su forma sobre los cuerpos de los defensores caídos. Al lomo del reptil desciende el ex Akatsuki, quien había tomado la ventajosa posición que la altura le proporcionaba para ser más efectivo en el combate. Su primera reacción al estar de regreso en tierra es el alivio interno de ver a Sakura de pie tras el final del combate. Sabe que a estas alturas dudar de ello es quizá irracional, pero qué más da. Ya reconoce que esta preocupación es algo inevitable en él.

Luego de una última patrulla por el perímetro, para así asegurarse de que nadie haya escapado del área de combate, los tres ninjas se reúnen de nuevo al norte del castillo derruido. La última hora fue sin duda la más intensa de toda la misión, y esto es visible en el aspecto de todos ellos en mayor o menor medida.
El dibujante se mantiene de pie, pero el pinchazo que persiste en su abdomen aún le requiere esfuerzo al mantener el equilibrio; y su costado manchado de sangre es lo único que se necesita para ver cuánto el combate ha hecho mella en él.
Mientras tanto, la médica se ha regenerado con facilidad de toda herida sobre su cuerpo, y sólo jadea exhausta y sintiéndose mugrienta entre sudor y sangre. La armadura agrietada que viste da indicios del tipo de oposición a la que se enfrentó.
Contrastando a los dos de la Hoja, el traidor de la Arena es el único que no muestra señales de cansancio. Su túnica se ve gastada y cubierta de hollín, sí, pero si existe algún daño a su cuerpo de porcelana, o si la batalla ha alterado en alguna manera su espíritu, son cosas que no se reflejan en su imagen.

Sasori sonríe cuando se acerca a sus compañeros y comprueba el relativo buen estado en el que se encuentran.

—Te besaría de no ser porque este definitivamente no es el momento, ni lugar…—rompe el silencio entre él y Sakura con humor negro, arrebatándoles una risa tanto a ella como a Sai—. Descansen, atiendan sus heridas. Yo comenzaré con la "limpieza".

— ¿De qué heridas hablas? —presume la muchacha sin desaprovechar la oportunidad de devolver el chiste—, pero ¿A quién engaño?... Me vendrían bien unos minutos.

Sasori está por preguntar si necesitan asistencia para moverse fuera del campo de batalla, pero antes de que lo pudiese vocalizar, la médica se acerca a Sai y le ofrece apoyar su peso sobre su hombro para ayudarlo a caminar.

"Por supuesto."Sonríe Sasori dejando sus preocupaciones de lado, y comenzando a levantar los cuerpos de los caídos con sus hilos para que ardan junto con la fortaleza en ruinas.

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