Funcionar juntos.


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El viaje de regreso a Konoha contó con unos escasos días de duración, contrastando totalmente con la odisea y mil vueltas en círculos que tomó forzar a la Serpiente a caer.

Y cayó. La organización fue infiltrada, investigada, atosigada y puesta bajo escombros y llamas desde el más ínfimo papel hasta el último hombre. Todo y todos en esa fortaleza no son nada más que cenizas ahora; unas cenizas que ya no contarán historias de terror sobre los monstruos que les atacaron.

No cabe ninguna duda de que este exterminio causará un eco en la nobleza del país del Fuego. En la semana siguiente será imposible no notar que un número nada despreciable de apellidos importantes ha desaparecido. Habrá investigaciones, y la seguridad alrededor de los señores feudales que aún viven se disparará por completo… pero eso no es algo que afecte al equipo. Ellos se preocuparon mucho por cubrir sus huellas, y no tienen deseos de volver a atacar a la nobleza en un futuro próximo.

Fuera de las repercusiones entre los nobles, su misión fue un éxito, y los tres finalizan su travesía con más que lo que la comenzaron. Sin lugar a dudas, la nueva red de espías y sirvientes de manos mutiladas les será de utilidad en algún momento.

Para Sasori y Sakura en particular, la experiencia los premió con algo mucho más significativo, y es gracias a esto que la brevedad del viaje de regreso les resulta agridulce.

Si bien siempre es agradecido un trabajo breve y carente de preocupaciones, sumado al hecho de que Sakura ya lleva suficiente tiempo lejos de Konoha como para extrañar su hogar y aquellos en él… eso no quita que separarse de Sasori, justo después de finalmente haberse permitido acercarse a él, es algo que en realidad no desea.

Por su parte, el pelirrojo posee en su interior un conflicto tan familiar que ya comienza a ser habitual en él. Sabe y siempre supo que no existe un futuro en el que pueda tener un contacto constante, o siquiera prolongado con Sakura. Al menos no puede imaginar eso a corto plazo… pero también sabe que él desea ese imposible, y que va a seguir deseándolo. No es un conflicto que vaya a modificar sus decisiones, ellas deben tomarse a favor de su raciocinio, pero es un conflicto que vino para quedarse.

A medida que comienzan a acercarse al área de dominio de la aldea oculta entre las Hojas, la tensión de la próxima separación entre los dos compañeros de Sai comienza a ser palpable. Cuando el ANBU de la Raíz empieza a percibir el deseo de ambos de reducir el ritmo de avance, opta por la alternativa que ya había previsto conveniente tomar.

—No creo que deba estar presente para lo que viene… así que me voy a adelantar para darles algo de espacio—propone Sai deteniendo sus pasos, en un gesto tan directo como honesto.

La pareja imita su accionar al quedarse quieta detrás de él. Acto seguido, comparten unas miradas de complicidad que no pasan desapercibidas ante el pálido.

—Contigo estaré comunicado por los medios que desarrollamos estas últimas semanas—continúa el muchacho refiriéndose primero al marionetista, apara luego cambiar su foco a la médica—. Voy a conseguir una reunión para reportarnos a Tsunade, mañana por la tarde. Aún así, quiero que nos veamos en el sitio de siempre una hora después del amanecer. Hoy ve a visitar a tus padres.

El ANBU concluye atando todos los cabos sueltos en los que puede pensar.

— ¿Algo más de lo que me este olvidando?

—No… creo que es todo. Gracias. Nos veremos en la aldea—lo despide Sakura entre azorada y halagada por su muestra de consideración.

—Gracias por tu asistencia. Seguiremos en contacto, y espero que la próxima vez que nos encontremos sea bajo condiciones más favorables—pronuncia el pelirrojo manteniendo la formal camaradería que ya formó con el otro artista.

Con un último vaivén en su mano derecha, el dibujante deja a sus compañeros de viaje atrás y se desvanece entre los árboles con una agilidad más que conveniente.

Dándole buen uso a la privacidad que les fue concedida, Sasori y Sakura se toman de la mano y reanudan su paso con una lentitud tal que les permita encontrar un modo adecuado y cómodo de decirse adiós.

— ¿Está mal que comience a extrañarte a modo preventivo?—pregunta el titiritero.

—No… de hecho es... algo bonito de oír. Yo tampoco quiero que nos separemos tan pronto—confiesa la joven apretando el agarre de su mano y acercándose un poco más a él—. Prometo que nos veremos en la primera ocasión en la que pueda liberarme.

Su juramento la lleva a mover sus pasos por delante del titiritero hasta quedar cara a cara con él, deteniendo la marcha ésta vez de un modo más íntimo.

—No veo la hora de recibir noticias de ti—sonríe él rodeando la cadera de su inspiración con su brazo libre—. Por favor, no me hagas esperar mucho.

Obedeciendo el significado inmediato de esas palabras, Sakura se apresura a tomar un prolongado beso de su pareja, quien, lejos de sorprenderse, retorna el gesto aprisionándola aún más cerca de sí mismo con cada instante de contacto.

—Vamos a funcionar—promete ella tras una bocanada de aire, exhibiendo convicción y deseo en sus ojos.

El artista no puede responder de otra manera que no sea volver a maravillarse por la voluntad que en un primer lugar le llamó la atención de ella.

—Sabes que no podremos continuar el camino hasta que me convenzas de ello ¿Verdad?— Bromea escondiendo tras el juego una innecesaria demanda de aprovechar un poco más la privacidad que ahora tiene con ella—. Sí, vamos a funcionar.

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El portón de Konoha recibe a Sakura idéntico a como lo había dejado, tan idéntico como la actividad cotidiana de los lugareños que hacen su vida detrás de él. Dar el paso final que separa la aldea del bosque se siente casi como un ritual para ella. Por fin ha vuelto a casa.

La kunoichi sonríe por la sensación de familiaridad que de a poco se anida en su pecho. Existe un pequeño alivio, un tipo de alegría especial en ella al notar que, a pesar de no ser la misma mujer que salió de la aldea hace meses, no cambió al punto de sentirse alienígena en su propio hogar.

Ahora es la morada de sus padres a donde sus pasos la llevan. A pesar de no pasarse por allí hace mucho, no cree equivocarse al suponer que ninguno de los dos estará en casa en este momento para recibirla, pero, lejos de desanimarse por ello, podría sorprenderlos con la cena lista para cuando regresasen esta noche.

Esa opción es la más natural y práctica que Sakura tiene a mano para disculparse ante ellos por su prolongada ausencia, así que, una vez que atraviesa la fachada de su hogar y corrobora que ella es la única presencia desde hace un rato en habitarla, se decide a llevarla a cabo.

Luego de una merecida ducha, la Haruno deja atrás la ropa sucia del viaje para ponerse una camiseta sin mangas de algodón más sus cómodos shorts de jean. Acto seguido, baja a la cocina y recorre las alacenas y el refrigerador buscando curry, arroz y alguna carne con la que acompañar este último. En lo que se enfoca en preparar el platillo, una hora más de la tarde se pasa antes de que su familia llegara a casa.

Lo siguiente que escucha a puerta abriéndose son unos pasos que caen en cuenta inmediatamente de su presencia en la cocina, y que atraviesan el recibidor y el living con una gran curiosidad y agitación.

— ¿Sakura? ¿Eres tú?—pregunta la voz de su madre con la alegría a flor de piel a cada instante que pasa.

El paso de Mebuki se detiene en seco cuando es interceptada por su hija en mitad del comedor, quien está utilizando nada más ni nada menos que su delantal de cocina.

Por su parte, Kizashi se adelanta a su esposa sin decir palabra y acorta la distancia que lo separa de su hija para tomarla de los hombros. Su primer instinto es hacerle las mil preguntas que nadie en Konoha podía responderle acerca de su paradero, pero la sensación de la mirada de Mebuki clavada en su nuca le hace recordar que lo primero es darle la bienvenida como corresponde. En lugar de hacer preguntas, la estrecha en un abrazo.

—No tenías por qué cocinar para nosotros, querida—ríe Mebuki uniéndose al emotivo abrazo—. De saber que regresarías hoy, nos hubiésemos tomado el día para celebrarlo.

—No es problema, mamá—se excusa la muchacha mientras se aparta de los brazos de su padre.

— ¿Cuándo llegaste a la aldea?—pregunta Kizashi, quién recién ahora se da cuenta que olvidó descalzarse antes de entrar al hogar.

—Hace un rato. No me hicieron esperar mucho, y después de tanto tiempo, unas horas de más no son la gran cosa.

— ¿Dónde estuviste todo este tiempo?—Pregunta la mujer adulta dejando escapar una porción de la preocupación que llevaba acumulando durante las últimas semanas— ¿Qué tipo de misión requiere más de dos meses? Nadie en la aldea nos traía noticias de ti. ¿Tienes idea de cuánto nos preocupamos?

—Sabes que no puedo responder esas preguntas, mamá… —contesta la muchacha agachando un poco la cabeza, sabiendo bien que jamás será posible contarle la total verdad de su última aventura—. Lo que puedo decirles es que estuve en muchos sitios, y no todos cercanos…. pero que siempre tuve cerca a los mejores compañeros de misión que existen, y que la misión en sí fue un éxito.

— ¿Es un asunto tan delicado como para que eso sea todo lo que puedes contarnos?—insiste el hombre del hogar uniéndose a las inquietudes de su mujer.

—Puedo contarles que me muero por cenar con mis padres después de tan largo viaje. ¿Es suficiente por ahora?—vuelve a evadir Sakura con un tono animado que pretende dejar atrás el tema de una vez por todas.

Esa noche, la primera noche de regreso en Konoha, la joven disfruta de volver a rodearse de su ambiente familiar. Es correcto decir que se estaba acostumbrando a dormir en distintos lugares cada noche, pero nada supera la sensación de tener un sitio, un hogar al que regresar. Más tarde, se permite también el agrado de su propia cama, cerrando los ojos con la comodidad y tranquilidad que sólo la seguridad de su aldea puede garantizarle.

Hace mucho que no se sentía caer en un sueño tan profundo.

En la tarde del día siguiente al regreso de Sakura y Sai a la aldea, una reunión privada se lleva a cabo en la torre Hokage. Dentro de la confidencialidad de los muros que comprenden su despacho, Tsunade decide entrevistarse a solas con su discípula y el ANBU de la Raíz.

Los dos ninjas convocados por la Hokage dan un paso al frente y depositan sobre el escritorio los informes escritos que prepararon esa mañana. La primera impresión de la mujer es que entre los dos suman pocas hojas para todo el tiempo que la misión consumió.

—Primero que nada, bienvenidos de regreso—se expresa al volver la mirada a los jóvenes—, y felicitaciones por lo que tengo entendido que fue una misión exitosa.

—Muchas gracias—asiente Sakura con formalidad, volviendo a retraerse junto a su compañero a su anterior posición.

—Entiendo que, dada la naturaleza de las redes de comunicación y espionaje, existen muchas cosas que no pueden decirme, y entiendo la importancia de la discreción en la línea de labor en la que ambos hacen su práctica, pero eso no quita que el tiempo de su regreso coincide con otros eventos importantes en el país del Fuego.

Las palabras serias de la Princesa de las Babosas crean en Sakura el inicio de un sudor frío.

Sai, por su parte, procede con la naturalidad que sus años en la Raíz le han provisto:

— ¿Podría ser más específica?

—No tienen que hacerse los ingenuos. Sé que son conscientes sobre lo que hablo, pero, por el fin de las apariencias, seré más clara—repone con el ceño ligeramente fruncido—: en las últimas semanas, se desató una conmoción en las familias nobles del país. Recibimos una cantidad anormalmente alta de contratos de protección. Existen rumores sobre desapariciones y asesinatos, y desde otras redes de espías fuimos informados acerca de grandes pérdidas económicas sufridas por la nobleza. ¿Cuánto tienen que ver ustedes en todo esto?

El dibujante junta sus manos tras su espalda y vuelve a dar un paso al frente, que lo deja posicionado frente a Sakura, para iniciar un reporte ligeramente más detallado:

—La situación en el país del Fuego fue el catalizador que motivó nuestra misión–entre sus palabras se escabullen unas gotas de tinta, que comienzan a escribir en sus dedos un mensaje para los ojos de su compañera: "Cuando cierre mis puños, dirás lo siguiente"—. Numerosos miembros de mi red de espionaje personal no trabajaban exclusivamente para mí, sino que también lo hacían para una red criminal de naturaleza civil, sin conexiones a otras aldeas shinobi.

La muchacha escucha el relato de su compañero mientras su vista periférica lee en sus manos una narrativa general de lo que hay que informar a su líder.

Por la mañana, ambos habían hablado sobre qué información compartir con Tsunade. La idea de que ella establezca un vínculo entre la misión que ambos realizaron y la situación del país del Fuego era algo que habían considerado como una posibilidad. Por suerte para ellos, ella no manifiesta tener más que una sospecha poco sustanciosa de una conexión entre ellos y la conmoción de los nobles.

Como el artista del movimiento tiene más práctica en componer historias frente a superiores según lo que estos aparentan saber, los dos decidieron que sería más sabio permitir que él controlase la narrativa cuando fuera necesario improvisar.

—Existió durante estos últimos dos meses un conflicto de intereses y territorios entre tres facciones de esta organización. Estas facciones buscaban formarse como organizaciones independientes y podría considerarse que por un buen tiempo funcionaron como tales. Mis contactos exigieron que los ayudase a protegerse, o, en ciertos casos, a huir de las consecuencias de estos conflictos. Muchos de ellos estaban atrapados en el fuego cruzado de estas facciones.

El discurso de Sai finaliza junto con una señal escrita en tinta, que le indica Sakura que alce la voz y recite la siguiente parte del plan.

—El proceso de proteger a nuestros contactos derivó en un aumento de las tensiones entre las organizaciones criminales, y durante nuestra misión fuimos obteniendo información que apunta al hecho de que existen múltiples conexiones entre estas redes ilegales y ciertos apellidos de la nobleza.

— ¿Nuestros contactos?—la interrumpe su maestra con una ceja alzada.

—La ayuda de Sakura la posicionó, desde el momento en que comenzó a contribuir, en un nivel de autoridad idéntico al mío entre aquellos que trabajan debajo de mí. Más bien, debajo de nosotros—interviene el ANBU asignando el debido crédito a su compañera.

—Vaya… veo que tuviste un ingreso más que eficiente al mundo del espionaje, Sakura. Buen trabajo—la mujer abandona la cautela por un momento para felicitar a su alumna—. Ahora, díganme si estuvieron involucrados en la desaparición de alguno de estos hombres con apellidos importantes.

La insinuación de la líder de la aldea es realizada en un tono profesional y calmado, casi casual en su tranquilidad, pero las implicaciones de esta pregunta se hacen sentir en la habitación.

—No hemos participado en ninguna actividad que altere la política del país de modo directo—miente la kunoichi con una repentina fluidez—. La demora en nuestra misión se debió a que tomamos todas las precauciones necesarias para navegar entre el conflicto de estas organizaciones, cubriendo nuestras huellas para que nuestras acciones no puedan vincularse a Konoha.

—Éramos conscientes de que si se da a entender que Konoha está involucrada en conflictos internos y disputas entre nobles de la misma nación, podría tener repercusiones graves para la aldea. Por ello, procedimos con la mayor de las delicadezas—completa Sai antes de ser interrumpido por la voz de su superior.

—Desde la información que ustedes poseen, ¿Existe un ganador en esta disputa? ¿Afectará esta situación al flujo de recursos y provisiones del país hacia la aldea? Lo que sepamos sobre este tema no afectará a sus contactos… así que espero una respuesta no evasiva.

Tsunade comanda esto último con una frialdad inusual. Le disgusta enterarse de esto por parte de sólo una de sus redes de espías, le disgusta enterarse luego de que este conflicto se haya expandido hasta este punto.

—Desde la información que nos proporcionaron nuestros hombres, el conflicto dañó de manera significativa a las tres facciones. Ahora existe un vacío de poder y no podemos prevenir la manera en que será llenado. Lo que podemos afirmar es que tendremos ojos y oídos dentro de la organización que emerja victoriosa de esta disputa—promete el pálido sin demostrar flaqueza a través de su porte.

A continuación, un pequeño silencio se crea en el ambiente ante la ausencia de respuesta de parte de Tsunade. La líder se toma un minuto para meditar sobre lo que escucha y decidir si la situación es verdaderamente tan controlada y satisfactoria como la pintan.

Al sopesar la complejidad del panorama, poco a poco va reduciendo su disgusto, o más bien lo redirige a mejor puerto porque no tiene motivos para desconfiar de Sakura. Quizá podría dudar de Sai, pero él tampoco le dio nunca un motivo concreto para considerarlo un peligro para la estabilidad de la aldea. Su decepción e ira deberían enfocarse en los demás espías que no pudieron proveerle información sobre esta situación antes que su discípula y el subordinado de Danzo. Por ahora, le alcanzará con verificar la información que le fue provista.

—En ese caso, les agradezco por la información le brindaron a la aldea, y también espero que la red de informantes que establecieron siga siéndonos de utilidad en el futuro —pronuncia una vez que ha evaluado las palabras del ANBU—. Felicidades por un trabajo bien hecho. Por ahora, no requiero de preguntarles nada más sobre esta misión. Me aseguraré de que lo dicho en este despacho no sea registrado por escrito para protegerlos a ustedes y a los hombres que los sirven. En caso de que alguna duda surja sobre los eventos reportados, serán llamados aquí, pero no es una situación que crea probable en su caso. Bienvenidos de regreso a la aldea y nuevamente, gracias por sus servicios.

—Con su permiso, señora—sonríe el artista del movimiento con una reverencia antes de retirarse.

Antes de que la muchacha pudiera imitar a su compañero, un nuevo llamado informal por parte de Tsunade la detiene en seco:

—Sakura. ¿Tienes un momento de más para conversar con tu maestra?

—Por supuesto—sonríe Haruno— ¿Hay algo que quiera decirme?

La Hokage se pone de pie al tiempo que ambas quedan solas en la oficina, y le proporciona un golpe amistoso, aunque nada débil, justo en el hombro.

— ¡Mira hasta dónde llegaste! Mientras te estaban extrañando como locos en el hospital, te estabas haciendo un puesto en una red de informantes. ¿Quién lo hubiera dicho? ¡Si sigues acumulando talentos, tendrás al mismísimo consejo pidiendo que ocupes mi asiento!—exclama la voluptuosa mujer con una mueca juguetona que recuerda a la de una hermana mayor, sintiéndose más que complacida con el crecimiento de su ya no tan pequeña protegida.

—No creo que jamás pueda ocupar su puesto—ríe la joven entre avergonzada y orgullosa de sí misma.

— ¿Estás segura...? Por favor, ayúdame… quítame algún trabajo de encima… No existe sake suficiente para recuperar el ánimo después de un día de papeleo—bromea la mentora aprovechando la ausencia de Shizune para quejarse abiertamente de los aspectos más tediosos de su trabajo.

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Con el paso de los días, la muchacha en Konoha recuperó de a poco una rutina de corte más cotidiano en la aldea en la que creció.

A diferencia de antes, ahora se ve a sí misma planeando sus días alrededor de su eventual reencuentro con el marionetista. La fecha que se propone termina siendo el segundo sábado desde su regreso a casa. Parte de ella considera que este momento sería el perfecto para hacer una salida discreta, ya que tendría la ventaja de haber pasado un tiempo razonable rodeada de su familia y trabajo sin llamar la atención de nadie. La excusa de las nuevas responsabilidades que su posición como espía le provee también la ayuda en ese aspecto. Es gracias a eso que recupera su puesto en el hospital con la facilidad de unos horarios un poco más flexibles, más un pequeño equipo de médicos que aprendieran de sus formas y se turnaran para suplirla lo mejor posible en sus momentos de ausencia.

Las horas que no pasa con sus pacientes, las pasa informándose sobre las misiones disponibles que se adecúen a sus talentos y necesidades. Por mucho que le agrade su trabajo allí, mantenerlo como empleo principal es algo que se volverá tarde o temprano un inconveniente. Lo ideal sería poder obtener sus principales ingresos en misiones cortas, de preferencia en solitario o fuera de la aldea, para así hacer que las reuniones con Sasori sean más frecuentes y menos predecibles… y al mismo tiempo menos arriesgadas para ambos. Por ahora, una situación ideal de esa índole se ve como una fantasía, pero al menos da la apariencia de que es posible construirla.

Por otra parte, y lejos de los límites de Konoha, el ex Akatsuki se mueve principalmente por el bosque y las encrucijadas en los caminos haciendo sus esfuerzos por mantenerse ocupado. Las tareas que ahora mantiene, aquellas pertinentes a la coordinación de la red de espías que comparte con el ANBU de la Raíz, ocupan un porcentaje suficiente de su tiempo como para que la espera no lo enloquezca.

Saber que esa espera vale la pena, no le hace mucho más sencillo el acto de aguardar incesantemente a que llegue el momento en que vuelva a ver a su amada. No obstante, al menos hace que el trabajo tenga todo el sentido del mundo.

Día de por medio, Sasori se mueve a buscar en un alijo oculto en la foresta los mensajes que la red de espías de Nueve Dedos, apodo que los propios miembros de la recientemente creada organización habían asumido, deja allí según las órdenes recibidas de Sai y él.

Tanto por la intimidación producida por el final de la Serpiente, como por los favores que Sai ofrece a aquellos que en su momento decidieron traicionar a la organización, la lealtad de los hombres de Nueve Dedos comenzó alta. Si no se los presiona demasiado y se los recompensa adecuadamente, esa adhesión se solidificará en ese estado.

Entre los mensajes que lee en esta ocasión, se encuentra una respuesta de Kiyoshi, su viejo aliado en la arena. Reconoce que el mensaje es de él por la codificación utilizada en su imprenta. Ahora que vuelve a estar en buenos términos con su viejo contacto, éste ha regresado a utilizar los códigos que antaño identificaban a las comunicaciones privadas que solían mantener de vez en cuando a la distancia.

"Me alegra enterarme de que no perdiste la confianza en la fidelidad que le tengo a nuestro vinculo. No puedo asegurar que hubiese hecho lo mismo en tu lugar.

Prometo compensar esta falta de fe de aquí en adelante, pero suficiente sobre el pasado, es hora de conversar sobre tu futuro. Aún no es posible hacerte ingresar a la Arena de una manera totalmente limpia y carente de riesgos. Las defensas en las fronteras aún son muy sólidas, y el control para la correspondencia que sale y entra de la aldea, peor aún.

Estoy en el proceso de probar cuán confiables y profesionales son una decena de candidatos a los que tengo en mira. Estos aspirantes trabajan en distintos puestos que facilitarían la capacidad de ingresarte ya sea bajo una identidad falsa, o haciéndote pasar por mercancía… o incluso quizá como contrabando. En el momento en que alguno de estos sujetos alcance mis estándares, le haré una sólida oferta para que se una a los hombres de Nueve dedos. Hasta entonces, debo pedirte que aguardes. Sé que no son las noticias ideales, ni las que te hubiese gustado recibir, pero también sé que entiendes mejor que nadie cuán importante es tomar las precauciones necesarias."

Sasori lee su carta mientras comienza a pensar en las posibilidades que se le abrirían una vez que pueda acceder al nada despreciable arsenal que tiene oculto en la Arena. Antes de escribirle una respuesta a Nadarame, opta por mirar el resto de la correspondencia para estar totalmente actualizado respecto a la información que tiene a su disposición.

Entre el montón de cartas formales y aburridas, encuentra un sobre igual de blanco que el resto, pero que está cerrado con un sello de color rosa. Los ojos del artista se iluminan ante aquel detalle. Es un mensaje de su musa.

El entusiasmo casi que logra afectar su pulso. Con prisa y sintiendo los latidos de su corazón acelerados y golpeando las paredes que lo encierran en su pecho, el renegado abre el sobre y saca la nota que hace ya un par de semanas espera.

"El lugar de siempre. Al segundo día desde recibido este mensaje."

El mensaje, que está firmado únicamente con un beso en labial rojo, se le hizo corto… parte de sí mismo hubiese querido más… pero no importa, dada la clandestinidad de su situación, el mensaje es profesional y cuida de no expresar nada que ponga en peligro los secretos que los mantienen a salvo.

Recordarse a sí mismo lo mucho que ella arriesga al querer tenerlo en su vida le arranca una pequeña sonrisa. Por otro lado, ver tan atractiva e informal manera de firmar su carta lo hace anhelar el sabor de sus labios. Dicho anhelo lo lleva a acercarse la nota al rostro hasta posar su boca sobre el beso inmortalizado en el papel. Imaginar que es a ella a quien está besando en lugar de la hoja apacigua un poco su impaciencia… pero no demasiado.

"Falta poco para poder volver a verla. Muy poco…" Piensa apartándose la carta de la cara.

Saber que su espera tendrá un fin tan cercano le genera un tipo especial de alivio, una calidez en el pecho, no en su núcleo, sino en aquellas porciones de sí mismo que ya no existen más que nivel simbólico. El fenómeno lo toma de sorpresa al punto que se lleva una mano al sitio que debería proteger su ausente corazón. Olvida activar el tacto de su mano y pecho, porque no percibe ninguna sensación física al contactar cerámica con cerámica.

El ex Akatsuki ríe entre dientes al caer en cuenta de su situación actual y de la manera en que está actuando.

"En realidad que esto me está volviendo un poco estúpido… tengo que tener más cuidado."Reflexiona al tiempo que recupera el tacto en su cuerpo artificial. Pese a que la sensación altera su percepción del mundo y de sí mismo de inmediato, no consigue alterar en nada la sensación de liviandad en su corazón.

"Más efectos secundarios de mi nuevo estado normal…"

Las cosas de los sentimientos resultan… totalmente carentes de sentido. Hubiese supuesto en el pasado que esta clase de sensaciones eran fruto de alguna reacción química específica en el cerebro. Si ese es el caso, es un nada despreciable bono a su ego el hecho de que haya podido replicar en su biología actual un aspecto de la humanidad que no había considerado en ese entonces…

De repente, un pensamiento sombrío comienza a recorrerle la mente. Al mutar de su cuerpo original a su estado actual, existió un verdadero riesgo de que haya perdido la capacidad de… pues, de amar… Si no mal recuerda, en algún momento lo sospechó… aunque nunca le dio importancia.

Es inútil alterar de forma negativa su estado de ánimo por algo que nunca pasó… pero aun así… la cantidad de riesgos que la versión más joven de sí mismo tomó le resulta hoy mucho mayor de lo que en aquel momento pudo ver.

"Suficiente del pasado" Se regaña sacudiendo la cabeza ante la pérdida de productividad. Aún hay correspondencia que atender y un viaje por realizar para poder estar en la orilla del río a tiempo.

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El viaje que la joven lleva a cabo desde el comienzo del día hacia el arroyo, es uno que ya tiene más que memorizado. A diferencia de las tantas otras veces que lo realizó, en esta oportunidad un nuevo tipo de ansia la acompaña, un entusiasmo adrenérgico que se expande en su pecho mientras más se acerca allí.

El correr entre las ramas de los árboles en dirección a su amado le produce mariposas en el estómago, a la vez que algún tipo extraño de nostalgia. Hoy puede decir que haberle perdonado la vida no fue un error, o si lo fue, no es uno del que se arrepienta. Todo lo contrario, de hecho.

En todo lo que dura el transcurso de la mañana, su mente sólo se entretiene en repetirse una y otra vez que no puede esperar para volver a verlo, sin importarle si sólo puede hacerlo un día cada tanto, o incluso si es necesario orquestar una pequeña operación encubierta en cada una de esas ocasiones.

Mientras tanto, allí, junto a la orilla que tantas veces los acogió en secreto, y sobre la roca en la que ya ha tomado el hábito de esperar, Sasori yace sentado y reposando su brazo sobre su rodilla derecha flexionada frente a él.

Aunque al principio del día sólo se limitaba a mirar su reflejo impreso en el agua que baña el suelo arcilloso bajo sus pies, desde hace ya un par de horas que apenas puede controlar su impaciencia, así que ya no se siente capaz de mirar otra cosa que el hueco entre dos árboles delgados y de pocas ramas que asoman en la orilla, por donde su musa solía hacerse presente en los últimos encuentros que tuvieron. El lento progreso del sol en el cielo tiene todo el efecto en su mente que no puede tener en su cuerpo. El saber que la mujer que ha cambiado su percepción de tanto no debe estar lejos de aquí, hace poco y nada para aplacar la sensación de que los segundos fluyen con la misma viscosidad que la miel en invierno.

Finalmente, la recompensa a tanta tortura se presenta a modo de un ruido crujiente que rompe con el natural fluido del arroyo a sus espaldas.

A continuación, el titiritero percibe la presencia del objeto de sus deseos entre los árboles lindantes. No pudiendo consigo mismo regresa a tierra firme de inmediato y comienza a caminar de regreso al bosque, conteniendo a duras penas el impulso de acelerar su paso y verse aún más desesperado de lo que se reconoce a mí mismo estar.

La muchacha, desde una rama ligeramente más alta que el resto, observa el que es su destino ahí adelante y, en medio de este, al hombre de pie y moviéndose hacia ella. Verlo nuevamente acelera su corazón un poco más de lo que la carrera ya lo ha hecho.

Desciende de su posición elevada al suelo y desde allí se topa con una imagen de Sasori mucho más nítida. El cambio de panorama ralentiza poco a poco su carrera hacia el final del bosque, como si la simple imagen de su pareja le ayudara a desvanecer esa sensación de urgencia. Finalmente, el ritmo de sus pasos se sincroniza con los de él en el exacto momento en que la distancia entre ellos por fin desaparece.

Como no podría ser de otra forma, es Sasori quien primero se deja llevar por el impulso, aunque ganándole por un sólo segundo a su musa. Empero, ese segundo es suficiente ventaja para rodearla con los brazos y presionarla contra su pecho.

La mujer reacciona igualmente guiada por el instinto, hundiendo su nariz en el hombro ajeno e inspirando de manera un poco más profunda que lo usual, sólo para absorber el aroma de su ropa y disfrutar del inmediato alivio que los envuelve en el momento que la espera por fin ha terminado.

El artista posa su mano derecha sobre la cabellera de Sakura y desciende con una caricia hacia su nuca, invitándola a subir la mirada. Ella aprovecha esa invitación para subir su rostro y tomar su boca con un ansia comparable al de él.

Después de degustar el sabor dulce del reencuentro, más sin palabras que arruinen la magia, ambos toman los segundos necesarios para reconocer la manera en la que están actuando… y se ríen de sí mismos.

—No me arrepiento de nada—se defiende Sasori sabiendo bien que la expresión de su dama transmite lo mismo.

—Yo me arrepiento de haber vaciado mi cantimplora en la primer mitad del viaje—bromea Sakura apartándose del abrazo para tomarlo de la mano e invitarlo a caminar junto a ella hacia el arroyo.

Una vez que ambos regresan a la orilla que los vio crecer, la muchacha toma la cantimplora de su mochila antes de dejar a su equipaje reposar bajo la sombra de un pedrusco anclado a los guijarros. Acto seguido, se adelanta hasta saltar sobre uno de los que están a medio sumergir en la corriente. Acomodándose para quedar recostada en parte de su superficie, e inclinada boca abajo sobre uno de sus bordes, ella extiende su mano desnuda para tomar un poco de agua fría; agua que luego utiliza para refrescarse y lavar el sudor de su rostro y cabello. A continuación, introduce el recipiente dentro del caudal y vuelve a llenarlo mientras el renegado sube como de costumbre a la roca, que tras todas sus reuniones puede llamar propia.

En lo que regresa a la firmeza de la orilla, Sakura disfruta de un buen trago del río que amortigua un poco su fatiga ante el calor veraniego. Es verdad que uno no percibe la extensión del esfuerzo realizado hasta no comenzar el descanso, aunque por supuesto que ese esfuerzo merecía la pena para llegar a su cita cuanto antes…

"Cita…" Se repite al tiempo que le vuelve a poner la tapa a su cantimplora.

"Esta es nuestra primera cita y estoy toda desarreglada y llena de sudor."

Sin que Sakura pudiera notarlo, la realización le hace aumentar un par de tonos de rojo a sus mejillas, haciéndolas parecer más quemadas por el sol de lo que realmente están.

— ¿Pasa algo?—pregunta el pelirrojo a sus espaldas, viéndola permanecer estática por una porción de tiempo atípica.

—N-no…

Sakura escucha su propia voz y al oír cuán poco convincente suena, puede sentir la ceja de él alzándose con disidencia…

—De acuerdo… Supongo que sí pasa algo—admite en una segunda oportunidad, dándose vuelta para enfrentarlo al tiempo que se sobrepone a la irracional vergüenza que irradia su aura—. Acabo de darme cuenta que esta es nuestra primera cita propiamente dicha, y estoy totalmente impresentable… Si estoy siendo infantil, te puedes reír de mí.

Esas palabras invitan al hombre a posar su mirada en ella de un modo más detenido. Nota como un par de gotas de agua aún juegan con el contorno de su rostro y cuello, dándole un brillo a su piel que se asemeja al del rocío, y también como su sonrojo le da un toque inocente y adorable a su expresión. La imagen le resulta especialmente encantadora. A decir verdad, podría apreciarla por mucho más tiempo de lo que perduró. La idea de describir a su dama como impresentable le resulta más que ridícula.

— ¿¡Impresentable!? ¿Tú?—exclama de inmediato atónito e incapaz de concebir esa relación.

A causa de su desacuerdo, Sasori tarda un momento en salir de su asombro y caer en cuenta que Sakura en realidad apreciaría si ambos se tomaran los protocolos usuales de las citas más a pecho. Antes de que ella pronunciase palabra, se apresura a excusarse:

—Primero, eres demasiado hermosa para que te vea de otra manera. Segundo… Si tú eres culpable de eso… no eres la única. Sería justo que yo te pidiera disculpas por esto también…

Sin levantarse de su sitio, el artista señala su propia ropa, la cual es la misma gabardina negra combinada con camisa de cuello de tortuga y pantalones remendados, y un poco manchados del verde del follaje, que Sakura ya vio numerosas veces en los viajes que compartió junto a él.

—Vamos, no es para tanto—lo defiende la ninja sin darle demasiada importancia, mas no puede evitar reparar en las diferencias entre sus biologías—. Al menos tú no necesitas una ducha y un cambio completo de ropa al final de cada viaje.

—Aun así… veo tu punto—continúa más conciliador que adulador—. No es infantil.

— ¿En serio? —se sorprende ella—. Esperaba que me digas que preocuparnos por esas cosas en nuestras circunstancias es imprudente, o algo parecido.

—En serio. Prometí que funcionaríamos como pareja. Tienes razón. Dentro de lo posible, deberíamos actuar como una. ¿No es verdad?

Sakura sonríe entusiasmada ante sus palabras, y ya sin rastro de más inseguridades en su porte. Con la prisa que tenía por volver a verlo, ella tampoco se había preocupado por esas minucias, pero es más que bueno ver que ambos están en la misma página para futuras reuniones.

— ¡Hazme un espacio!—chilla juguetona antes de pegar un salto que la lleve encima del pequeño peñasco en el que reposa él.

La travesura toma de improviso al renegado de la Arena, quien atina a deslizarse hacia atrás con cierta torpeza, pero el aterrizaje de su musa le hace perder el equilibrio y amenazar con caer sobre el depósito de sedimento blanquecino que recubre esa porción de la costa.

Es ella quien termina impidiendo que eso ocurra. Con un rápido movimiento, llega a tomarlo del brazo para detener su caída de la roca.

—O… mejor podemos volver a la orilla…—sugiere Sakura a modo de disculpa, aunque casi sin poderse aguantar la risa ante el rostro petrificado del criminal rango S al que tiene sostenido en su abrazo.

La idea es más que bien recibida por Sasori, quien rápidamente deja atrás el pequeño susto de casi haber ensuciado de por vida su muda de ropa más confortable, y guía a su amada lejos del río y la arcilla.

Allí, donde los guijarros del suelo son más pequeños y redondeados, y donde la sombra de los árboles de largas ramas de hoja ancha los protege del sol, el marionetista decide recostarse, y, gracias a un suave tirón de su mano, invita a su amada a dejarse caer sobre su pecho.

A continuación, las palabras ya no les son necesarias para sentirse conectados. Les basta con yacer abrazados bajo la sombra mientras oyen al río correr, simplemente disfrutando de sentir los latidos del otro a cada momento.

Después de que todas las ocasiones que compartieron a solas hayan sido en cierta forma marcadas por la presencia de la Serpiente, el hecho de poder recostarse, y estar verdaderamente tranquilos y sin nada que temer es algo que en realidad pueden disfrutar…

Por una hora…

Por no más que una hora.

—Oye, Sasori…—Sakura rompe el ameno silencio, levantando su cabeza para verlo un momento a los ojos— ¿Puedo decirte algo…?

—No tienes que preguntar eso—repone él con los ámbares entrecerrados y casi a modo de susurro, más sin dejar de sobarle la espalda con movimientos suaves—. Puedes decir lo que tengas en mente.

—No estoy diciendo que la esté pasando mal… es sólo… ¿Cómo decirlo?

— ¿Que apestamos en esto de las citas? —completa por ella con una mueca socarrona, atendiendo la raíz del problema con una necesitada falta de delicadeza.

—Gracias a los dioses que no soy la única que lo piensa—suspira con alivio— ¿Qué dices? ¿Culpamos a la inexperiencia?

Sasori responde levantándose repentinamente, dándole fin al ambiente aletargado que se estaba creando entre ellos. Se vuelve a contemplar a la figura que todavía permanece acostada, y le extiende la mano para invitarla a estar a su altura.

—Tú y yo. Al río. Ahora—ordena con una sonrisa pícara—. Está claro que necesitamos planear mejor nuestros encuentros, pero no tenemos que hacerlo aquí… ni tú tienes que hacerlo vestida.

Sakura acepta la mano del ex Akatsuki y se incorpora para apoyar el dedo índice sobre su pecho, presionando ligeramente su núcleo por sobre la ropa.

—Esa es una manera de pedirlo… —habla la musa denotándose excitada por la propuesta—. Creo que puedo darte el gusto.

Dicho esto, comienza a caminar en dirección al rio, dándole la espalda a su amado mientras comienza por deshacerse de la blusa celeste de tirantes que trae puesta.

—Te acompañaría en el gesto, salvo porque no me conviene tomar ese tipo de riesgos a menos que estemos entre paredes seguras—aclara el marionetista con medida malicia, despojándose únicamente de sus zapatos y abrigo negro, más cuidando de no perderse ni un solo momento del provocativo espectáculo.

—Lo entiendo, y vas a devolverme el favor de otra manera, muñeco—se burla guiñándole un ojo al tiempo que se agacha para quitarse la calza de sus pies ya desnudos, quedándose en una ropa interior que, para decepción de quien observa, en esta circunstancia no deja de asemejarse a un bikini—. De hecho… tienes que activar tu sentido del tacto. En todo el cuerpo. Quiero que pases frío conmigo.

El titiritero ríe ante la petición. La cita se está tornando entretenida para ambos.

—A sus órdenes—accede al alcanzarla en la orilla del rio—, y estoy listo. Cuando tú lo des…

Antes de que termine su frase, Sakura apoya su mano en su espalda y lo empuja con una pequeña demostración de su fuerza al centro del torrente de agua.

Sasori rompe el curso del arroyo a su paso y, una vez que arriba a destino, tarda un momento en recuperarse del impacto y asomar de regreso a la superficie. Su reacción inmediata es inspirar ante la sorpresa, a pesar de que el acto en sí no tenga sentido fisiológico. Una vez que termina de erguirse, el agua no le llega a cubrir el "ombligo", pero es demasiado tarde… todo su cuerpo ya se encuentra cubierto de agua fría, además de pesarle un par de gramos extra por la ropa que ahora se le pega a las articulaciones.

El renegado aplaude a la muchacha por haberlo tomado por sorpresa, mientras por debajo del agua comienza a ocultar varios de sus hilos de chakra.

—Ven conmigo antes de que te devuelva el favor—la amenaza en broma y con los dientes apretados por el frío, reconociendo su temporal derrota.

La médica entra al río entre carcajadas victoriosas, con cuidado de no resbalar o hacerse daño con las piedras del suelo. Pasando por un lado del artista, no detiene su avance hasta que la profundidad del agua es tal que le permita sumergirse horizontalmente y mojarse por completo.

—No voy a dejar que me tumbes por sorpresa. Ya sé que lo estás planeando—declara sintiéndose victoriosa de nuevo luego de tomar aire, mientras nada corriente abajo.

Sasori la ve alejarse al tiempo que levanta las manos a la altura de sus codos y adopta una mueca de caricaturesca decepción.

— ¿Y ahora qué voy a hacer con los hilos que dejé por aquí?

— ¡No dejes que me lleve la corriente! —ríe Sakura flotando boca arriba y dejándose arrastrar por el agua.

El caudal la desplaza unos cincuenta centímetros de trayecto antes de que sienta los hilos del ex Akatsuki adhiriéndose a sus extremidades y deteniendo su deriva. Con la cabeza río abajo y los pies apuntando hacia él, ella se incorpora hasta pegar su mentón a su cuello y ver a su captor a los ojos.

—Esta sí que es una posición única para conversar sobre la próxima reunión. ¿Pueblo pequeño e identidades falsas?

— ¿Las improvisamos por completo o se vale planificar nuestros papeles? —indaga Sasori mostrándose agradado por la propuesta. Por otro lado, se ve a sí mismo haciendo un esfuerzo mayor del esperado para tolerar el frío del agua.

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que se permitió sentir temperatura a esta escala, que su tolerancia al frío se desvaneció casi por completo. Aun así, no piensa desactivar su sentido del tacto. Por más que sea un inconveniente, sabe que no está sufriendo ningún daño real... Además... ¿Cuál es el punto de compartir una actividad con su musa, si no participa por completo en ella?

—Podemos planear… además, quiero dejarte con algo interesante en qué pensar para que no te aburras tanto durante la espera—se apiada la muchacha al tiempo que se percata de la forma en la que él le mira los pechos. Aquel detalle la hace adoptar una expresión provocativa—: ¿Disfrutando de la vista?

—Es… un recuerdo interesante para no aburrirme mientras espero.

En un nuevo arrebato travieso, ella hace una cuchara con su mano y levanta su brazo para salpicar a Sasori de improvisto, haciendo que tanto su núcleo, como pecho y rostro entren en contacto otra vez con el frío.

—Eres demasiado conflictiva para tu propio bien—la regaña al tiempo que le devuelve el favor a su manera: manipulándole la mano derecha con sus hilos para que salpique su rostro.

Luego de que la joven tose y se pasa el brazo por el rostro para quitarse el cabello mojado de los ojos, nota un pequeño estremecimiento en Sasori que sobre todo se nota en su mandíbula.

"Por supuesto… su cuerpo no produce calor." Razona ella volviendo a tocar el fondo con los pies antes de regresar junto a él para abrazarlo y transmitirle algo de calor a su cuerpo.

Sakura puede observar la "piel" del pelirrojo cuando le baja el cuello de tortuga en un gesto de curiosidad. Como ella había imaginado, su conexión táctil con el ambiente lo hizo desarrollar algún tipo de piel de gallina momentáneo.

—No tienes que fingir que no tienes frío. Además, no lo haces bien—lo sermonea teniendo su rostro a escasos centímetros, provocándolo tanto con la cercanía como con un tono de voz entre cariñoso y desafiante—. Quédate conmigo un poco más, luego volvemos a la orilla. No se vale desactivar el tacto.

Sasori sonríe a pesar de aún sentir el entumecimiento. Ahora existe un motivo más para mantener su percepción activa. Sentir el calor de su musa en cada porción de su cuerpo que entra en contacto con ella, le da al momento un tipo de intimidad que él no había experimentado antes. En anteriores ocasiones, percibió otros aspectos táctiles, peso, textura... pero este es mucho más humano. Además que si el frío es una excusa válida para abrazarla de este modo, es un intercambio más que aceptable.

—Me gusta distraerte… pero ahora estamos planeando nuestra próxima cita. Así que concéntrate—prosigue ella en un susurro nada inocente.

—No me lo estás haciendo fácil.

—Trabajas mejor bajo presión—insiste incrementando la presión entre sus senos y el núcleo del ex Akatsuki.

La ropa mojada ya no le supone un gran inconveniente a Sasori al momento de sentir su contacto como una caricia adictiva. La humedad se siente incómoda al helar y chocar contra su única porción propiamente viva, pero la calidez y la cercanía de esa piel de terciopelo es suficiente para elevar la experiencia a un punto en que las palabras se le derriten en la boca.

— ¿De cuánto tiempo… dispondremos la próxima vez?

—Suponiendo que el pueblo esté a unas seis horas de viaje a paso firme… hasta la medianoche, no muy distinto al tiempo que tenemos hoy—piensa Sakura en voz alta mientras siente al temblor ajeno disminuir—. Estoy haciendo preparativos en Konoha para poder extender mis tiempos libres sin que llame demasiado la atención. No te preocupes, volveremos a compartir noches más pronto que tarde.

—Y además de irresistible, manejas logística—halaga Sasori tan cerca de ella que sus labios se rozan de tanto en tanto—. Gracias por la información, tendré un par de sorpresas para ti…

—Tuve que aprender de esas cosas por tu culpa.

— ¿Logística o provocación?

—Las dos cosas. Eres tú el que jugó a ser difícil de conquistar—insiste la dama acercándose peligrosamente a su rostro, al punto que casi se precipita a sí misma hacia la derrota.

—Te divertiste intentando hacer caer mi acto, así que no esperes que me disculpe por eso. No ahora que ya no tengo que mantenerlo—repone Sasori llevando una de sus manos al níveo muslo desnudo que lo toca por debajo del agua. Puede sentir al instante como su muñeca también comienza a tener dificultades en mantener su límite auto impuesto. Eso lo incita a acariciarla allí con el objetivo de que sea ella la que ceda y le robe un beso.

—Y hablando de logística…—continúa la muchacha cada vez más distraída por la tensión que crece entre ambos—. Volveremos a pasar la noche… y no tengo que decirte que el sueño no será el atractivo principal de la noche... Mi oferta de asistirte en tu "situación" aún se mantiene en p…

Sasori se apresura a levantar su mano libre y acallarla apretando sus labios entre sus dedos índice y pulgar.

—Mi problema. Solo mío. Lo solucionaré por mi cuenta. Sin ayuda y sin que tengas permitido saber cómo, ni cuándo. De hecho, te prohíbo siquiera imaginarlo. No tengo mucho orgullo que conservar, pero prefiero hacerlo. Me aseguraré de corregir mi "problema" a tiempo.

Su tono es firme, aunque afectuoso y hasta de rogar. Al poco tiempo de que termina de declarar sus intenciones, reduce ligeramente la presión sobre los labios de su musa para permitirle finalmente responder.

—Hntendidho—accede ella en un balbuceo antes de ceder ante la provocación, hacer a un lado la mano del artista y tomar sus labios.

"Podemos seguir planeando después de esto." Admite para sus adentros antes de perderse a sí misma entre más besos que le siguen al primero.

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Saludos, lectores. Disculpen que nos hagamos presentes, pero imaginamos que algunos habrán notado la similitud entre el título de este capítulo con otro que publicamos hace ya un par de años. Tomen el título y esta nota como una invitación poco sutil a leer de nuevo el episodio 30. Creemos que disfrutarán del contraste.

Gracias por leernos.