La calma.
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El nuevo status quo que se asentó sobre la kunoichi y el artista de lo eterno, se volvió estable con relativa facilidad. Con el paso de las últimas siete semanas, ambos han refinado bastante el proceso de encontrarse y mantenerse comunicados durante el tiempo que aguardan por su siguiente cita.
Por su parte, Sakura pasó con moderado éxito a depender económicamente de las ganancias producidas por misiones externas al hospital.
El cambio en su tipo de trabajo, tuvo un efecto inesperado en su cotidianeidad el día en que su padre interpretó el tiempo invertido fuera de la clínica como una señal de que está ahorrando para mudarse de la casa familiar. Y por tanto que insistió con su paranoia, a pesar de negar constantemente que esa fuera su intención, Sakura termina por comenzar a considerar de tanto en tanto que quizá es tiempo de plantearse la idea con seriedad.
"Desde luego que no tengo prisa, ni motivo para independizarme por completo ahora, aunque es algo que en algún punto de la vida sería correcto hacer…"
Dejando a un lado su nuevo dilema, vivir un mes en Konoha, prácticamente sin interrupciones, la sumerge en un ambiente de familiaridad que le supone una gran ventaja anímica a su rutina. Por ejemplo, porque pudo volver a reunirse en un par de oportunidades con su compañero y colega Naruto. Si bien el muchacho nunca está del todo libre, ella aprovechó cada segundo disponible para ponerse al día sobre las novedades más relevantes.
A ojos de Sakura, salta a la vista de inmediato cómo la determinación de su compañero de superar los poderes del último Uchiha se va equilibrando con el peso de cargar con una bestia de inmenso poder, más la responsabilidad de evitar que ésta caiga en manos enemigas. Quizás sea porque ya hay rumores recurrentes de que Akatsuki volvió a moverse, quizás sea que la nueva disciplina que está desarrollando lo ha endurecido, o quizá que ella misma pasó demasiado tiempo lejos de la aldea, y vio más de lo que sería sano para sus habilidades sociales… pero se lo ve más centrado, en foco y hasta diría que un poco más maduro. Ni siquiera Naruto es inmune al paso del tiempo y las experiencias, después de todo.
La última de sus actividades es la que más desafío le supone cuando intenta armonizarla con el resto de su vida… aunque al mismo tiempo es la que más disfruta y la que más espacio ocupa en sus pensamientos. A pesar de la dificultad de su "agenda", sus reuniones con Sasori poco a poco se van haciendo más amenas gracias a que ambos ya tomaron la costumbre de continuar sus juegos y desafíos durante sus citas.
Si bien todavía no pudieron encontrar la chance perfecta para dormir juntos, la muchacha no tiene muchos conflictos al confiarle al tiempo la llegada de su noche.
"Empiezo a entender por qué es tan tortuoso esperar para ti… Pero sé que pronto… pronto llegará nuestro momento."
Se repite por las noches intentando apaciguar la urgencia, cada vez que se mete bajo las sábanas y su mente le obnubila el sueño al fantasear con tenerlo sobre ella... quitándole el aliento a base de besos fogosos, e embistiéndola hasta que sus cuerpos se fundieran en uno solo.
Sin embargo, noche de por medio, cuando añora demasiado la compañía del ex Akatsuki para poder dormir, se pone a imaginar cómo sería vivir sola. Se siente capaz de hacerlo, sólo que nunca antes se le había pasado por la cabeza. No sola en serio… y sí… casi siempre termina fantaseando con un mundo en que, en vez de vivir sola, quizá pueda vivir con él.
"Tenerlo día y noche… Sí, sería lo ideal para mí."
De todos modos, sabe que no es algo que pueda concebirse de modo serio… pero soñar es gratuito, además de que no daña a nadie.
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— ¡Por fin podemos reunirnos! —exclama la heredera de los Yamanaka cuando recibe en el negocio de su familia la visita de su amiga— ¿Tienes idea de cuánto tiempo perdí buscando tu frente en el hospital para que podamos pasar un tiempo juntas?
A continuación, Sakura se permite ser estrechada bajo un abrazo cálido y amistoso. Pese a que la había extrañado durante toda su estadía lejos de casa, no puede evitar sentir como si el tiempo no hubiese pasado en absoluto a cada vez que Ino se expresa con ese aire de confrontación que siempre caracterizó al trato que tuvo con ella.
El reencuentro entre ambas es lo suficientemente especial como para que Ino consiga que su madre la libere de sus tareas en la floristería por esta tarde. Aun así, Sakura se queda esperando por ella dentro del negocio por unos veinte minutos más de lo planeado. Su amiga siempre fue mucho más coqueta que ella al vestir.
Entre curiosear por las flores de las góndolas y platicar un poco con la madre de su amiga, Sakura recuerda que, de pequeña, a menudo quedaba fascinada por la facilidad con la que Ino era capaz de combinar su elegancia, y modales exquisitos, con su chispa de astucia y temperamento fiero. A ojos de alguien que provenía de un clan sin ningún renombre, sin ninguna técnica especial, ni nada más que las leyendas y cuentos de los mejores ninjas de épocas antiguas que su padre le leía antes de dormir, Ino fue el primer contacto con ese mundo que jamás se sintió tener. Su belleza, su amabilidad, su talento innato para las artes ninjas, su inteligencia, su valentía… todo en ella era perfecto, y la vívida imagen de lo que una kunoichi debía de ser.
"Bueno, no por nada ella fue mi modelo a seguir."
Veinte minutos después, su rival baja de nuevo a la floristería luciendo un aspecto mucho más arreglado y acorde, según ella misma, a lo especial de este evento: una falda de mezclilla más una camisa de lino blanca y sandalias de tacón.
Al pasar junto a ella, Sakura percibe un claro perfume floral emanando de su piel, y no puede evitar reírse del desnivel de elegancia y estilo que existe siempre entre ellas, sin importar cuál sea la situación. Porque, a simple vista, nada llama la atención sobre su overol de shorts negro, combinado con una playera rosa hasta el ombligo, comparado con la siempre radiante Ino Yamanaka y todo el despliegue de su ropero personal.
—Sí que era algo especial para ti… Hasta te pusiste perfume y todo. Solo espero que no se esparza hasta el punto de intoxicar a quienes nos rodean.
La arreglada joven guía el paso de ambas por la vía pública al tiempo que emite una carcajada por la broma de Sakura.
— ¿No serás tú la que está tan desacostumbrada al perfume, que ya lo ha comenzado a percibir como algo desagradable?
Entre risas y bromas, ambas se desplazan por un par de manzanas hasta que se detienen frente a una cafetería que posee una llamativa vidriera, repleta de góndolas con pastelitos y chocolates que sirven de tarjeta de presentación a la clientela.
Sakura no duda un segundo en tomarle la delantera a su rival, y comienza a moverse en los interiores del establecimiento buscando una mesa vacía para ambas. Una de las que están apartadas a un costado, y rodeadas por un sofá amueblado a la pared que reemplaza a las sillas comunes de las otras mesas del centro, termina siendo su elección.
Sobre la fina lámina de plástico que recubre al cuadriculado mantel, ambas muchachas se encuentran un menú simple y de tapa forrada en cuero, pero no necesitan estudiarlo demasiado hasta que sus ojos dan con el aperitivo más indicado para un día tan caluroso como el que hace hoy.
Cuando una camarera se acerca a su mesa para atenderlas, Ino termina pidiendo un licuado de plátano con hielo más una rebanada de pastel de queso, mientras Sakura un té helado con bizcochuelos rellenos de crema, y un pastelito de limón para acompañar.
—A decir verdad, estoy en proceso de cambiar mi rama laboral…—se explica Haruno retomando el hilo de una conversación anterior, una vez que ya está degustando de la repostería del lugar—. Creo que puedo ser más útil fuera del hospital.
Su rival alza la ceja, mas da un largo y refrescante sorbo a su exprimido antes de expresar sus reflexiones.
—Ya veo… Siempre creí que tendrías un futuro más que prometedor en la medicina. Al menos, se te veía como que habías encontrado tu vocación. ¿Qué otra tarea encontraste para que tu otro trabajo quedara relegado a un segundo lugar?
— Es verdad que en un principio me bastaba con quedarme aquí, sirviendo a la aldea dentro del hospital. Después de todo, recién estaba demostrando todo lo que había aprendido de mi maestra… —reconoce la aprendiza de Tsunade con templanza y entereza, siempre reconociendo el papel de sus mentores al considerar sus progresos—. Aún hoy en día sigo formándome y aprendiendo… Ese mismo aprendizaje me ha llevado por caminos extraños. En mis últimos viajes fuera de la aldea he visto mucho más del mundo, mucha más gente con sus necesidades, y muchas más cosas que puedo usar para seguir formándome… Siento que ya estoy en un punto crítico de…de mi vida, supongo. Si me quedo quieta y operando siempre en un mismo sitio, jamás podré seguir avanzando... ni jamás podré sobrepasar a mi maestra.
A este punto, Ino se ha convencido de que definitivamente existe un cambio en su amiga. Suena mucho más madura a comparación de la última vez que la vio... y de eso hace meses ya. Si bien ya había notado una mirada distinta en ella desde el mismísimo momento en que se apareció en la floristería, ahora todas sus dudas se confirmaron… casi.
—Te creo, pero te conozco lo suficiente como para saber que no cambiarías tu camino ninja sin un motivo claro tras esa frente. Puedes contarme qué tienes en mente si lo deseas. Lo sabes, ¿Verdad?
Lo único que no termina de encajar dentro de la mente de Yamanaka es la manera tan vaga en la que su rival expresa sus motivaciones. Por supuesto que quiere saber más de este cambio en ella, y sobre qué pudo haberle pasado durante su última misión como para que se replanteara su porvenir de esa manera, pero no va a dejar atrás una chance de presionarla un poco más como solía hacerlo.
— ¿Otra vez con mi frente? Podrías ser más original, puerquita—se anticipa la espía sin perder el sentido del humor— ¿En serio me dices que no tienes ni idea de lo que hablo?
—Yo también tengo una vida de qué ocuparme. Además de que, a diferencia de ti, yo no tengo una excusa para conversar con la Hokage en cualquier momento para preguntarle qué es lo que haces—se excusa la joven de brazos cruzados bajo la mesa, y con la espalda recargada contra el sofá en un parodiado gesto de enfado—. Lo único que sé es que desde que te fuiste a esa misión con Sai te nacieron ganas de dejar el hospital atrás. Ya cuéntame… Si estás esperando que lo ruegue, puedes ya empezar a morirte del aburrimiento…
—No puedo decir exactamente qué es lo que me ocupa, sólo que es importante y que me permite asistir a la aldea desde otro lugar mucho más estratégico.
La mirada de Ino se ilumina al tiempo que, sorprendida, se levanta de su posición recostada para escudriñar los ojos jade de su compañera.
—Escuché ese tipo de excusa varias veces de mi padre... ¿En serio? ¿Conseguiste un puesto en esa línea de trabajo? ¡Por el amor de los dioses, Sakura! ¿Quién lo hubiese dicho?
La kunoichi se sobresalta un poco por la reacción de su amiga, y tarda un segundo en reaccionar a su entusiasmo:
— ¿Qué te pasa? ¿Qué idea rara se te vino a la mente?
—Espía, ¿Verdad? —le susurra luego de desplazarse sobre el sofá hasta quedar junto a su oído—. Sai te pidió ayuda en alguna de sus misiones de las que nadie sabe nada y terminaste encontrándolo más cómodo de lo que esperabas. Dime cuán cerca de la verdad estoy.
A continuación, Ino se aparta para volver a centrar su atención sobre las facciones de su amiga, como intentando leer la respuesta en ellas de antemano. Y eso hace cuando la contempla sorprendida ante su sonrisa de complicidad. Encontrar en los gestos de la frentona una respuesta afirmativa a sus sospechas, le produce una súbita reacción que no puede evitar expresar.
— ¡Tú y tu frente no me dejan de sorprender! —Chilla tapándose la boca con los dedos tanto para agregarle dramatismo al asunto como para contener su entusiasmo—. Te juro que no me veía venir esto. No me digas nada, porque no creo que puedas hacerlo de todos modos.
— ¿Tu padre también? —Indaga Sakura al reponerse de la conmoción inicial—. Supongo que tiene sentido. La técnica de tu familia parece estar diseñada para esa línea de trabajo si lo piensas por un momento.
—¡Ahora todo tiene sentido!—Piensa en voz alta aun sin abandonar el casi infantil arranque de entusiasmo— La misión tan larga con Sai, el cambio en tu rutina, las salidas fuera de la aldea… No te pido detalles, pero al menos cuéntame cómo te resulta este primer tiempo en tu trabajo.
—Es… extraño. He visto tantas cosas, pasado tanto tiempo entre civiles… que me sorprendió ver cuánto esas personas afectan a la aldea, y viceversa también. Es algo que no puede verse muy bien sin salir de la Hoja. Y bueno… Sai me enseñó mucho. Casi todo lo que hago es hablar con gente y conocer con quién hablo. Sé que suena aburrido, pero honestamente no lo es. Podría construir parte de mi futuro de esta manera.
Durante todo el discurso de Sakura, Yamanaka no puede evitar focalizarse sobre un detalle en particular: esta es la primera vez que la escucha hablar del futuro. Al menos, la primera vez en la que no menciona el pasado, más precisamente a cierta persona de su pasado. La que siempre parecía ser un palo en la rueda o una cortina negra que le impedía avanzar a ritmo o pensar en perspectiva.
—En serio parece que encontraste algo que te llama, si ya estás considerando la opción de planear tus siguientes pasos alrededor de este trabajo—completa en una voz ya más calmada, pero cargada de sorpresa y agrado.
—Sí… supongo que de verdad conseguí algo…—sonríe Haruno perdiéndose en sus pensamientos por un instante— ¿Tienes tiempo para que caminemos un poco? No me provoca quedarme quieta.
La sobremesa de las kunoichis finaliza y ambas piden la cuenta. A continuación, tras dejar una correspondiente propina sobre la mesa, las dos se retiran de la cafetería.
En un primer momento, sólo caminan bajo el sol junto al resto de los transeúntes, sin un rumbo fijo en mente, pero eso cambia en el preciso momento que a Sakura se le antoja visitar los campos de entrenamiento, e Ino no tiene más opción que secundarla en su cometido.
A medida que se acercan a su objetivo, la chica se hace poco a poco a la idea de que no escuchará de Sakura un por qué preciso que explique este cambio en ella, pero en realidad no importa tanto. Mientras este cambio sea tan positivo como aparenta ser, le alcanza.
—Supongo que tendremos que encontrar otro tema de conversación ahora que no puedes responderme sobre tus misiones—ríe dando a conocer sus pensamientos—. Y ahora que lo pienso, hace bastante que no entrenamos juntas. ¿Te apetece un desafío?
Los ojos de su ex rival se iluminan ante la idea.
— ¿Segura de lo que propones? Puedo intentar no hacerte morder el polvo muy fuerte, pero no puedo prometerlo—la pica Sakura en un tono entre juguetón y competitivo—. Además de que te arruinarias el cabello, o te romperías una uña. Y eso sería una pena.
—Se te suben demasiado los humos a la cabeza—bufa Yamanaka en un humor similar, al tiempo que acelera el paso como intentando mostrarse más aventajada que ella—. El punto de competir es que sea entretenido, para eso están las reglas. La primera que quite a la otra la cinta que mantiene su peinado, gana. No se vale causar traumatismos para lograrlo. ¿Te parece justo?
La afirmativa hacia su propuesta no se hace esperar mucho más.
Una vez que el dúo se aventura más allá de las vallas que cercan uno de los varios campos destinados al entrenamiento que existen dentro de los confines de su aldea, la idea de su amiga de compartir tiempo a su manera comienza a tomar más forma dentro de la mente de Sakura.
El área que ahora tienen a su disposición es un claro a unos cien metros de la entrada al pequeño bosque. No obstante, antes de dar comienzo a su competencia, la kunoichi de técnicas mentales se aparta hacia uno de los árboles que rodean el prado, en cuyas ramas dejó descansando su bolso de mano. De su interior, saca unas calzas short de lycra que rápidamente intercambia por su poco elástica falda. Luego, se desata el lazo de la coleta para enrollarse el pelo y recogerlo como un gran rodete rubio detrás de la cabeza. En lo que ata su nuevo peinado con el lazo, contempla complacida cómo su contrincante se muerde el labio inferior ante el desafío que le supondrá despeinar su larga melena ahora. Por último, se arremanga ambas mangas de la camisa y regresa a la arena de combate.
Sakura no puede contener una sonrisa cuando se encuentra por fin cara a cara con Ino. Sonrisa que sólo se afianza cuando las dos asumen una posición defensiva con el estilo característico que cada una ha desarrollado durante estos últimos dos años.
Desde el momento cero, el combate se convierte en una competencia de motricidad fina. Es lógico considerando que bajo las reglas establecidas por Ino al principio, la fuerza bruta deja de ser un factor determinante. En su lugar, la velocidad, los reflejos y la capacidad de mantener el equilibrio son los pilares en los que las chicas deberán apoyarse para conseguir la victoria.
La aprendiza de Tsunade es la primera en tomar el control del juego por medio de sus movidas agresivas. No se encuentra en una situación en la que pueda combatir en sus propios términos, de ser ese el caso tendría una ventaja casi insalvable, así que opta por cambiar el objetivo de sus ataques. Cada uno de ellos se enfoca al completo en hacerla trastabillar, perder el equilibrio o quedar con la retaguardia expuesta.
Entre intentos de agarre, zancadillas, barridos de pierna, deslices furtivos hacia sus flancos y algún que otro manotazo directo que trata de remover el lazo de su peinado, se las arregla para mantener a su rival avasallada, y en un constante retroceso durante la primera tanda del combate.
Por su parte, la Yamanaka demuestra ser un oponente más que digno al presentar resistencia y esquivarlo todo con una flexibilidad y ligereza, que no tienen nada que envidiarle a la discípula de la Princesa de las Babosas. La competencia que tuvo, y aún tiene, con ella siempre es algo que saca a relucir los talentos como kunoichi que ha pulido en su ausencia.
En todo lo que dura el asalto, Ino no contraataca para forzar un momento vulnerable en Sakura. En parte porque toda su atención recae sobre la amenaza que se cierne sobre ella, pero también porque se propuso a sí misma no desperdiciar este juego. Porque, ante todo, quiere ganarle al primer intento, cuando menos se lo espere, y para esto tiene que esperar al momento justo en el que su rival se distraiga o se confíe.
La danza sin tregua las lleva a barrer con el terreno por unos minutos que, para ambas participantes, aparentan ser más largos de lo normal. A pesar de que la más escurridiza y astuta de ellas tiene cierta desventaja cuerpo a cuerpo, y más comparada con la sólida y ruda disciplina de combate que la otra esgrime, fue ella la que puso las reglas en este juego, y es por medio de ellas que se auto premió con una ventaja más que útil: la cinta que sostiene su pelo rubio se encuentra siempre tras su rostro, y, mientras no le dé la espalda a su rival, será quien se encontrará en mejor posición para esgrimir el golpe de gracia.
Para el momento en que Sakura finalmente comienza a repetir el patrón de sus ataques, su rival ya formuló su jugada: al tomar un paso al frente anticipándose a sus, ya usuales, escapes fortuitos, Ino decide ir contra sus expectativas y contestarle con otro paso hacia adelante al tiempo que extiende su mano al desordenado cabello rosa. Un segundo después, Sakura es apenas consciente de que su bandana ninja ya no está sirviendo de lazo sobre su cabeza, sino que está colgando entre los dedos de su contrincante.
— ¡Gané! —se burla Ino regodeándose de su victoria, sólo para quedar inclinada hacia adelante y apoyada sobre sus rodillas para recuperar el aliento.
De repente, siente todo el abrumador agotamiento arribar a su cuerpo. No sólo le falta el aire y siente a su corazón a punto de salirse por su garganta, sino que nota cómo su camisa está sucia y mojada de sudor; tanto que se desabrocha un par de botones sobre el escote para refrescarse la piel.
—Suerte de que no podía usar toda mi fuerza—contesta Sakura satisfecha con el encuentro, mas con un dejo de orgullo herido.
Ella, a diferencia de su amiga, casi no siente las consecuencias del ejercicio haciendo mella sobre su organismo, salvo, por supuesto, por las gotas sudor que recubren su piel y una pequeña molestia muscular que le punza en un costado… cosa que comienza a corregir ahora mismo al respirar lenta y profundamente.
—Permitiste que tu oponente decida las condiciones del combate. Eres responsable por eso también—repone Ino tomando asiento sobre el prado, para luego devolverle la banda a su rival—. La próxima vez que nos veamos, siéntete con libertad de pedir una revancha.
Sakura se acerca para recibir su cinta de regreso y se la vuelve a colocar sobre el pelo sin
responder con más que un suspiro. Acto seguido, decide acompañarla en el suelo al tiempo que se ocupa de estirar poco a poco los músculos de sus piernas.
—Está bien… ganaste de manera justa… Puedes burlarte por hoy—concede de buen humor.
—Derrotarte es suficiente. Además, te estoy viendo más animada que antes. Se disfruta casi tanto como ganarte. Si tu nuevo trabajo te pone así… Te recomiendo que busques tu futuro en eso—le confiesa aún jadeante, dejando a un lado la oportunidad de seguir presumiendo.
—Me gustan mis misiones actuales, pero no creo que sea eso lo que me esté haciendo bien—prosigue con el hilo de las confesiones, pecando quizá de demasiada sinceridad.
Yamanaka la observa intrigada, esperando por que revelase un poco el misterio de esa frase.
—No puedo decir mucho—se adelanta a las preguntas de Ino en un tono muy bajo, apenas superior al de un susurro—. Y lo que te diré es algo que queda entre nosotras... Existe alguien.
— ¿Alguien?
—Tú sabes… alguien. ¿Me vas a hacer explicarlo?
— ¿Alguien? ¿Ese tipo de alguien? ¿Estoy entendiendo bien?
Sakura cesa de estirar para reírse de cuán renovada se ve su amiga ahora que tiene una noticia así de jugosa al alcance de los labios.
—Sí. Alguien—admite con un ligero rubor en sus mejillas, sintiéndose demasiado observada en este momento—. Ese tipo de alguien. No puedo decirte más… sólo que ese alguien es el responsable de mi… ánimo.
La vencedora del encuentro hace un esfuerzo por conservar el silencio mientras una sonrisa leve se dibuja en su rostro. Inesperado, sin dudas… pero es algo mucho más que bienvenido.
—Sakura… eso es bueno. Muy bueno. Asumo, por el secreto, que es alguien cuya confidencialidad es necesaria, así que debe tratarse de alguien fuera de la aldea—deduce con una sensatez propia de ella— ¿Cuándo? ¿Cómo? No me importa que sólo puedas decirme generalidades. Cuéntame algo.
—Durante la misión que tuve con Sai. Ahí es cuando comenzó todo—ora esbozando una media verdad—. Y en cuanto al cómo, puedo resumirlo en que esta persona fue un compañero de misión… Es una persona… ¿Interesante? Es difícil describirlo cuando no puedo decir nada específico sobre él. Discúlpame que no pueda contar más detalles.
—El punto es que lo conociste lo suficiente durante la misión como para considerarlo un buen partido. ¿No es así? —Pregunta Yamanaka como para quitarse la obviedad de encima.
—Lo conozco. Me siento cómoda con él—reconoce con un ligero asentimiento de su cabeza—. Mejor de lo que creía posible, y creo que merece las inconveniencias de nuestras circunstancias.
La kunoichi de las flores escucha, sintiendo un profundo alivio por su vieja amiga.
Después de las experiencias que pueblan el pasado de Sakura Haruno, Ino había comenzado a pensar que quizá estas habían dejado una herida demasiado profunda en su psique… pero saber que su ex rival aún es capaz de formar ese tipo de vínculos, y que además es capaz de hacerlo sin ser consumida por los eventos de su pasado, es un motivo digno de celebración.
—Conservaré el secreto—promete guiñandole un ojo—. Y tienes que saber que envidio esa cara que tienes en este momento…
— ¿Frente incluida?
—Está bien… no toda la cara… Lo que quiero decir es que me alegra oír estas noticias de ti.
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Para su tan esperada cita, Sasori y Sakura se habían decidido por un pueblo de paso, localizado a unas diez horas al sur de la aldea de Konoha. Al menos, serían diez horas para ella si se mueve a un paso más o menos acelerado.
De este modo, la kunoichi se apega a la rutina a la que él ya la había acostumbrado, y parte de su hogar al alba para viajar a la reunión que tendría lugar en el bosque, a un costado de la carretera que conduce a su objetivo.
Parte del plan se basa en que ambos lleguen juntos al pueblo, para no levantar ninguna sospecha entre los locales y viajeros que posen sus ojos en ellos. Después de todo, es necesario considerar que asumen identidades civiles, y no es muy usual ver a una mujer civil transitando los caminos de la nación del Fuego sin ningún tipo de compañía...
Tras pasarse más de la mitad del día apostado en el mismo sitio, y cuando la espera ya estaba resultando demasiado tortuosa para su cordura, Sasori por fin la ve aparecerse entre el aburrido y monótono paisaje que lo rodea, resplandeciendo entre el verde, pardo y marrón de la naturaleza como la mismísima flor de primavera que le da nombre.
Sin palabra de por medio, se acerca a abrazar a su musa bajo el dosel de los árboles como si hubiera pasado una eternidad sin verla. Dicha ausencia de palabras sobrepasa de igual forma al saludo, extendiéndose de modo casi ininterrumpido durante el trayecto que realizan, cogidos de la mano, hasta la posada en la que planean pasar la noche.
Si bien la experiencia con las situaciones prácticas, basadas en improvisación, lo llama a mantener la calma y actuar con normalidad, al marionetista no le resulta tan sencillo como quisiera. Si tiene que ser honesto consigo mismo, la expectativa y el nerviosismo amenazan con escapar de su interior más a menudo de lo que está acostumbrado; y puede percibir una situación similar en el actuar de su otra mitad; aunque, en realidad, es más un deseo de que la turbulencia en ella se asemeje a la propia, dado que la diferencia de edad, y circunstancias entre ellos, hace que sea imposible a sus preocupaciones coincidir del todo.
Sea como sea, Sasori opta por dejar que el silencio persista mientras transcurre el paseo por las calles del pueblito. Mejor es de momento no preguntarle nada. Ya que es claro que ella, ya sea por su modo de andar o porque se muerde o lame cada tanto el labio inferior, está haciendo su esfuerzo por mantener a raya sus propios nervios.
"Y es mejor respetarlo, a menos, hasta que se vuelva algo a lo que sea necesario poner atención.."
Esta es la primera vez que compartirán una noche a solas como pareja, después de todo. Llevan hablando de este día, y planeando la logística que hoy le permite existir, desde hace ya un tiempo, y gracias a esto resulta imposible no desarrollar algún tipo de sensación de expectativa, o presión, ante esta ocasión tan especial.
Aprovechando que es quien goza de mayor libertad, movilidad y tiempo libre de los dos, fue el propio Sasori el que se ofreció para reservar una habitación en dicho hospedaje por medio de un mensaje escrito. Si bien es probable que ese detalle no haya sido necesario de su parte, puesto que el pueblo no suele recibir tantos visitantes como para llenar ninguno de sus albergues, no quiso correr ningún riesgo.
Siguiendo la buena costumbre que viene con la profesión de mezclarse entre la gente común, los dos tienen sus identidades falsas moderadamente planeadas; lo suficientemente sólidas como para atender a cualquier contratiempo, pero, al mismo tiempo, dejando cierto grado de flexibilidad como para permitir el juego de improvisación que tanto han aprendido a disfrutar.
Tal y como él lo advirtió, ambos alcanzan las puertas de la hostería en los albores del crepúsculo, cuando el cielo ya comienza a teñir el mundo con pinceladas anaranjadas y violáceas; y cuando las avenidas revestidas de piedra ya forman un sendero iluminado a su paso.
Este entretiempo previo al descenso del astro rey, es algo que la mujer decide aprovechar no bien se instala en su alojamiento para adelantarse y ocupar la ducha, relajándose con el agua caliente y recomponiendo su cuerpo de las consecuencias del viaje.
El ex Akatsuki , por su parte, se queda atrás en el dormitorio acomodando el poco equipaje que trajeron con ellos. Mientras oye el sonido de la lluvia del otro lado de la puerta del baño, no puede evitar quedarse con la idea de que a los dos les vendría bien un poco de tiempo muerto ahora, para así gestionar sus propias inquietudes, más la expectativa que la cercanía de la noche les causa.
Mientras Sakura se demora lo suyo en el baño, su compañero se retira de los aposentos y baja a la sala común del hospedaje para reservar una mesa en el comedor, dejando ya encargada una sencilla cena, acorde a los gustos de ella, para cuando se le una.
El ambiente de los hospedajes de paso varía mucho según el área geográfica, y según la clientela que los frecuenta, pero si con algo todos pueden contar es que el viajero siempre está hambriento, y el posadero siempre está dispuesto a saciar su necesidad por el precio adecuado.
La hostería que hoy los atañe es un rústico y hogareño vestigio de los tiempos en que los caminos eran pocos, y la tierra aún más despoblada que en el presente. Tiempos en los que el País del Fuego, más precisamente el abuelo del actual Hanazono, otorgaba préstamos y contactos con arquitectos a todo inversor que quisiese poner su dinero en el fomento del comercio y la expansión territorial. Muy buenos resultados dio esta política: por un lado, cimentó su poderío en la región, por otro… les otorga hoy a todo tipo de viajeros un sitio cálido y acogedor en donde encontrar refugio de los improperios del mundo.
En sintonía con el armonioso tic tac del gran reloj cucú colgado en medio de la estancia, el artista deja caer su espalda sobre su silla y se dedica a tamborilear los dedos de su mano derecha sobre el mantel cuadriculado, al compás del ritmo de las agujas.
En este momento de soledad, la rústica arquitectura de la habitación que lo rodea, y el sonido de los mecanismos del reloj, le sirve como un estímulo constante a sus sentidos al tiempo que permite a su mente tratar de procesar la situación en la que se encuentra.
Entre más lo piensa, más irreal le resulta... La verdad es que la confusión acerca de cómo terminó en esta situación se le presenta ahora como un escape más que válido a sus inseguridades e inexperiencias.
"Creo que jamás podré responderme a mí mismo esa pregunta... pero cualquier cosa que pueda ayudar es bienvenida en este momento."
Pese a sus esfuerzos, una preocupación particular se encarga de carcomer una porción de sus pensamientos. Teme a lo que Sakura calla...pero, al mismo tiempo, quiere creer que ella es perfectamente capaz de reconocer cuando un asunto propio excede los límites de lo que puede controlar por sí misma sin consecuencias negativas.
"Aunque yo no pueda decir lo mismo de mi persona un buen número de las veces… creo que mi preocupación no es gratuita."
Finalmente, los pasos de la mujer se hacen eco sobre los peldaños de la escalera de madera, poniéndole fin a sus meditaciones. A continuación, su radiante presencia se manifiesta en el comedor y, para su agradable sorpresa, su aspecto deja poco a la imaginación.
Su sencilla y acostumbrada ropa de viaje se vio depuesta por un vestido de verano a rayas que está pegado a su cuerpo, y que, para más remate, no tiene tirantes y sólo le cubre medio muslo. Luce el pelo tan suelto como siempre, aunque las facciones de su rostro se ven resaltadas por un labial bordó. Cuando le da la espalda al reloj para tomar asiento frente a él, un suave perfume floral llega hasta su activo sentido del olfato.
Sus esfuerzos por deslumbrarlo se hacen presentes de inmediato, al punto que consigue hacer que no note cuando el mesero se acerca para dejar la cena sobre la mesa. Aún así, más temprano que tarde, el renegado recuerda que debe guardar las apariencias ante terceros, y se pide un vaso de agua para él... que obviamente no planea beber.
A medida que el arroz con camarones en salsa de soya del plato de Sakura va reduciéndose, los temas de conversación que se distancian de la atracción principal de la velada también lo hacen.
El marionetista sacude su cabeza por un momento, tratando de dejar de lado lo que le preocupa. Es mejor en este caso atender los problemas sólo cuando surjan, porque algo le dice que tratar de planificar todo en una instancia como esta noche produciría más incomodidades que prevenciones.
Desde su simple perspectiva, es claro que su otra mitad no encuentra en sí misma el apetito como para forzarse a terminar el plato, ya que la ve jugar de cuando en cuando con su comida. Esto a su vez la hace reaccionar como si se sintiese demasiado observada, haciendo que desvíe su mirada hacia la ventana que tiene más cerca. Quizá el haber planeado por tanto tiempo este acontecimiento la está haciendo sentir el peso de una aparente formalidad en el ambiente, que choca de inmediato con su inexperiencia.
"Bueno, ya es un poco tarde para preocuparme por eso" Se critica el titiritero sin dejar que otro problema más turbe su concentración durante la velada.
Pese a que ahora sólo están hablando de lo que Sakura soñó el otro día, nada del otro mundo, la nota moviendo su pierna izquierda debajo de la mesa con cierta ansiedad.
—Entonces... ¿Supongo que no soy el único que está totalmente fuera de su elemento esta noche?—bromea cuando el tema se agota, intentando mostrarle a su musa que no es la única que se encuentra al borde de un pánico causado por la incomodidad.
—No... pero por favor no usemos las palabras "fuera de nuestro elemento". Sólo me hace sentir más rara y torpe ahora mismo—ríe ella cubriéndose los dientes con la mano, evitando casi por inercia el contacto visual prolongado—. Y detenerme a pensar cómo fue que termine en esta situación tampoco ayuda a mantenerme en foco.
—La experiencia me enseñó a no creer que estoy por encima de las situaciones comunes. Pensar que seríamos inmunes a los nervios en nuestra primera vez sería iluso. No hay vergüenza en nuestra situación. Y si la hubiera para ti... imagínate la que habría para mí—él la acompaña en su mueca nerviosa, más su sonrisa es totalmente honesta—. Somos el típico par de tontos.
—Creo que me resigné a sentirme tonta por gran parte de esta noche—acepta con el rostro ruborizado, aunque comienza poco a poco a hablar en un tono cada vez más bajo—No sé… al menos, quiero confiar en que esto funcionará y que eso no va a…tu sabes... romperse adentro mío.
El ridículo de su miedo basta para que Sakura se ría de sí misma luego de hacer la pregunta en voz alta. La situación es irremediablemente hilarante a primera vista, después de todo.
El artista, por otro lado, debe recuperarse primero del no intencional ataque a su hombría para poder unirse a la risa.
—Espero quitarte ese miedo de una vez por todas. Estoy basado en una técnica de clonación, con todas sus limitaciones y fortalezas. A menos que busques destruirme, no deberías preocuparte por ello—explica, al contrario que ella, sin mucho miedo a su propio tono de voz, considerando que ellos son los únicos huéspedes que están ocupando el comedor.
—Lo sé, lo sé—le sonríe agitando la mano junto a su rostro—. No tienes que repetirlo tanto. Además de que no quiero que esos detalles sean del conocimiento de cada sujeto dentro de esta posada.
La médica utiliza un tono casual para interactuar con él, mas Sasori puede reconocer en su voz un intento de regaño hacia sí misma, como si se intentase recordar que es tarde para fingir que no está acostumbrada a los aspectos más extraños de su biología.
—Te tomaste suficiente tiempo allá arriba como para asegurarte de que tendríamos la sala solo para nosotros—la acusa con un aire juguetón—. No digo que sea un problema… yo también necesitaba ese momento.
Pese a que lo que dijo es cierto, él aún se debate internamente sobre hasta qué punto debería vocalizar sus temores. Le es inevitable no reparar en que la muchacha ya tiene sus dificultades para remar la situación, y ante el panorama no se siente muy buena idea añadirle las propias.
Aún así, los temas de conversación escasean más rápido de lo esperado, y el espacio vacío que de tanto en tanto se crea en el ambiente sólo añade a la incomodidad.
—Te juro que no veo la hora de que recordemos esta cena riéndonos de nuestra estupidez—agrega el marionetista con cierta carga autocrítica.
Sakura se termina en un solo trago el poco que queda de su bebida, y luego se decide por darle cierre a esta primera parte de la cita:
—¿Te parece ir pidiendo la cuenta?
—Ya pagué al tiempo de hacer el pedido, también la propina. Podemos retirarnos cuando lo deseemos.
La muchacha sólo sonríe ante sus palabras y se levanta de su asiento. Ya podrían hablar con más tranquilidad arriba en su hospedaje, si aún hay algo que decir al respecto.
Tan discreta como al principio, la pareja de "turistas" se retira por las escaleras hasta la habitación que los espera en el primer piso. A pesar de mantener el ritmo de sus pasos en lo que no podría llamarse otra cosa que lento, el tiempo desde la perspectiva de Sasori parece desvanecerse en un parpadeo.
Una vez que ingresa en el recibidor del dormitorio y deja su calzado acomodado allí, junto al de la dama, el pelirrojo se decide por hacer honor a la intimidad que los envuelve para comenzar a desabrocharse las muñecas de su camisa; exponiendo las articulaciones de sus antebrazos. Luego, levanta y posa sus ojos sobre la escena que se da junto a la cama.
Sakura está quitándose el vestido de espaldas a él. Centímetro a centímetro, la prenda se desliza por el contorno de su cuerpo hasta que sale por encima de su cabeza y queda hecho un montoncillo sobre la alfombra.
La luz de la habitación pareciera reaccionar a su semi desnudez, al ser reemplazada por la tenue de la lámpara de mesa que está junto al extremo del lecho que corresponde a Sasori.
El especial cambio de ambiente hace que ella se voltee hacia el velador, y en el proceso vuelve a cruzar miradas con él. Deseando estar a su mismo nivel, el marionetista corresponde removiendo sus pantalones y camisa, para luego doblar las prendas sobre sus brazos. A continuación, rodea la cama hasta que puede dejar su exceso de ropa a un lado de la de ella.
Cuando se incorpora y sus ojos vuelven a clavarse sobre los de ella, ahora a pocos centímetros que los separen, su cuerpo parece adquirir un aliento artificial, sólo para que se le escape al segundo siguiente en una simple frase:
—Eres lo más precioso que jamás haya visto. Y merece la pena que lo repita un par de veces más.
Con casi la totalidad de su cuerpo artificial, así como todo su núcleo, expuesta ante su amada, Sasori da unos pasos adelante que expresan más confianza de la que en verdad posee. Dejando momentáneamente sus dificultades de lado, se toma unos instantes para recorrer con la mirada la figura de su musa de arriba abajo sin ningún tipo de disimulo.
—Tú lo que quieres es avergonzarme todavía más...—responde Sakura sintiendo al color arribar a su rostro, aunque afortunadamente la luz opaca y rojiza del velador puede mantenerlo discreto.
No obstante, su siguiente movimiento contradice el aparente recato casi infantil de su rubor, ya que su mano realiza un agarre furtivo y rápido sobre el elástico de sus boxers.
—Lo siento, no puedo resistir la curiosidad—ríe ella por lo bajo, con intenciones peligrosas y sus dos jades clavados en la entrepierna ajena, para evitar quizá sentirse abrumada por la incomodidad.
—No pienso esconderme toda la noche—expresa temerario, llevando una mano igual de furtiva al mentón de Sakura para ver la chispa de entusiasmo en su rostro por un momento antes de permitir que vuelva a esquivarlo—. Sólo quería ver esa cara antes.
Su simple tono la seduce e invita a terminar de desvestirlo, tal y como suele hacerlo en su ya viejo juego.
—Veamos si todo está en orden por aquí—musita su amada con un tono similar al que usa al tratar a sus pacientes. Es mucho más cómodo y se siente menos torpe al adoptar un personaje para su juego.
Acto seguido, tira su prenda hacia abajo con un solo movimiento.
El panorama posterior con el que se topa luce mucho mejor de lo que ella podría haber anticipado… ya que amplía su sonrisa al tiempo que se acerca aún más a su pecho, mas sin poder despegar su atención del miembro que termina siendo presa de su curioso tacto.
Su mano lo aprieta y estira con delicadeza, y la parte más instintiva de sí misma no puede evitar maravillarse al sentirlo reblandecerse, arrugarse, moverse y tensionarse como si estuviera compuesto de piel y músculo.
Mientras la palma de su mano va delineando su contorno, la yema de su dedo pulgar termina haciéndole cosquillas de vez en cuando sobre la punta. Poco a poco, la entretenida médica va experimentando y descubriendo nuevos patrones para trabajarlo, determinada a lograr una erección de su parte. Empero, su juego se ve interrumpido antes de poder conseguir un resultado óptimo, cuando siente un pequeño jadeo ahogarse cerca de su oído izquierdo.
En el instante en que Sakura se incorpora para contemplar su rostro con una expresión juguetona, Sasori por fin puede reunir fuerzas para regresar a la tierra. La mezcla de expectativa, temores infundados, vergüenza y tantos otros tipos de nervios casi amenaza con volver a paralizarlo, pero no tiene ninguna intención de perder contra sí mismo esta noche.
—Lo sé, lo sé... soy una obra de arte...—bromea aturdido, apenas conteniendo la risa al reconocer lo que acaba de responder.
Cuando su musa logra su cometido y comienza a enorgullecerse de su recién descubierta técnica, él siente como si parte de su cuerpo se hubiese liberado de sus cadenas... lo que le da el pie definitivo a abandonar la pasividad de su situación.
—No es justo que sea el único desnudo en la habitación— protesta mientras toma las manos de la mujer, apartándolas de su virilidad — ¿Necesitas ayuda con eso?
Ahora es Sakura quien se vuelve consciente de su posición, aunque aún presa de una mueca de satisfacción que se ha adueñado de sus facciones. Cerrando los ojos por un momento, se lleva las manos a la espalda para desabrocharse el sostén...
Su compostura casi se ve amenazada una vez que la prenda termina en el suelo, al sentir al principio el irracional instinto de cubrirse los pechos; y es durante el lapso que necesita para superar este impulso, que el pelirrojo le arrebata un beso y la atrae hacia sí, deslizando rápidamente sus manos espalda abajo hasta enredar sus dedos sobre la última ropa que aún persiste sobre su piel.
Imitando las acciones de la propia Sakura, el artista se agacha para remover sus bragas en un único tirón.
Una mezcla entre lo sorpresivo del avance de Sasori, más el cambio en el ritmo que se había establecido en los minutos anteriores, lleva a la pareja a permanecer, por más de lo deseado, estáticos, uno frente al otro. Congelados, y presas quizá de la novedad de la completa desnudez y los nervios, son conscientes sólo del pasar del tiempo y de la necesidad de proseguir, junto a la ilógica incapacidad de decidir cómo.
— ¿Para qué estamos fuera de la cama todavía? ¿Tienes algún otro juego en mente? —pregunta ella, decidiendose a ser quien rompa la incómoda tensión.
—Culpemos a la inexperiencia—se excusa recostando su frente sobre el hombro ajeno por un momento, pero sin lograr esconder de manera convincente lo embarazoso de la escena, al tiempo que acata la orden implícita de retirarse all lecho.
Sakura se recupera de la situación con los labios fruncidos, ligeramente frustrada por el poco... elocuente inicio de la noche.
A pesar de lo mucho que intentó convencerse de lo contrario durante la cena, es difícil para ella no entrar al cuarto con un cierto nivel de expectativas, luego de haber fantaseado durante tanto tiempo con la llegada de este día.
"Pero no puedo ser tan negativa… Después de todo, las primeras veces nunca pueden salir perfectas..."
Así que se recuesta sobre la cama dispuesta a comenzar de nuevo.
Sasori la secunda al recostarse junto a ella, intentando igualmente sobreponerse al pequeño contratiempo, así como a cualquier inquietud que entorpezca el fluir de los acontecimientos. Una vez a su lado, se posiciona inclinando su cuerpo hacia la figura retraída de su musa, y, apoyando la mano derecha sobre su rostro, se acerca a besarla. El gesto aislado en sí mismo no destaca en demasía de otros encuentros, y quizá esto es lo que en primer lugar juega la contra, dejándola inconforme con su desempeño y llevándola a responder a su avance con más cortesía que entusiasmo.
Si bien Sakura está agradecida con la ausencia de palabras que pudieran volver este segundo intento aún más incómodo, no está a gusto con el ritmo apagado que le marca su pareja. En un esfuerzo por corregir esto, intenta subir el tono enrollando una pierna alrededor de su cintura.
Sin embargo, la espontaneidad de su movimiento no estimula la situación de la manera en que esperaba. Al contrario, el nuevo nivel de cercanía física parece presionar y retraer aún más la seguridad de su novio.
Los movimientos de ambos son demasiado incómodos para ser reconocidos como naturales por ninguno de los dos.
Sin detener el beso, el titiritero suelta la mano que tenía en su rostro y la apoya en su cadera, haciéndola ascender suavemente hacia sus pechos. No obstante, antes de que su tacto llegase siquiera a rozar uno de ellos, logra quizá percibir aquello que sus paranoias tanto temían.
La reacción de la muchacha es pequeña, pero perceptible. Un ligero sobresalto algo convulso. Un detenerse… sin suficiente tiempo como para indicar que ella ha perdido el control, pero lo suficiente como para avivar las dudas hacia ella.
Él se aparta de su boca al instante y desvía el trayecto de su mano a su espalda, para abrazarla y pegarla a sí mismo. El cruce de miradas que se produce entre ellos a continuación es particularmente incómodo, y basta para que ambos decidan cortarlo de manera poco sutil al dejar reposar sus mentones en el hombro del otro.
—¿Cuál es el problema?— pregunta ella de repente, en medio de un suspiro de frustración que casi la deja sin aliento— ¿Por qué no me tocas?
El marionetista se aparta de ella por un instante, dejando caer su cabeza sobre la almohada ya sin huir del contacto visual. Con ambas manos ahora sujetando a la mujer por los costados, sacude su cabeza como intentando quitarse lo de idiota en un sentido literal.
—Discúlpame. Supongo que se me nota de más lo novato—se excusa auto convencido de abandonar la caución con el fin de dejar de decepcionar a su pareja.
Tomando un poco de aire, y no sin que una porción de sí mismo lo recrimine por hacerlo, apaga su mente para inclinarse sobre Sakura y abrazarla de una manera más agresiva. Ella le responde en un principio conteniendo el aliento ante la sorpresa de sentir su mano apretándole el trasero. Luego comienza a subirla por su columna vertebral al tiempo que esgrime una fuerza que otra vez la hace pegarse más y más a él.
El cambio parece ser bien recibido por Sakura, quien por fin recibe un trato más acorde a sus expectativas… No demora mucho más en tomar cierta ventaja de la cercanía física para volver a capturar el largo de la entrepierna ajena entre sus manos.
Con un destello de malicia en su semblante, Sakura ya no se conforma con simplemente acariciarlo, ahora también necesita sentirlo palpitar contra sus propias ingles, y comienza por frotarlo allí.
Correspondiendo a los avances de su amada y sin deseos de quedarse atrás, él inicia otro beso, tomándola de la nuca con su mano izquierda para evitar así su retirada. Mientras tanto, su mano libre continúa la firme caricia hasta volver a aterrizar de nuevo sobre el esponjoso pecho que aún permanece virgen a su tacto. A partir de ahí, es el cesar del movimiento de la lengua contraria lo que le confirma el temor que hasta recién estaba esforzándose por ahogar.
La reacción que obtiene de ella es evidente, apenas cruzando el límite para dejar de ser sutil, pero alcanza para alertar de que algo está mal…
Al principio, Sakura aparenta haberse mordido su propia lengua y contiene el aliento casi como si quisiera vomitar. Luego, lejos de limitar su reacción a ello, y como si fuese poseída por algo externo, se incorpora ligeramente y se tapa el pecho con las sábanas. Acto seguido, se encorva hacia adelante y comienza toser de forma algo frenética.
La reacción es lo suficientemente cortante y directa como para hundir el clima al punto del no retorno.
Sasori reacciona de inmediato incorporándose para acudir una vez más en su ayuda. A estas alturas, él ya es plenamente consciente de que su última acción invocó de regreso unas memorias de algo que los dos hubiesen deseado que muriera en el olvido.
Desde la realización, se encuentra con la dificultad de no saber si acercarse por completo a ella es una buena idea, o si simplemente servirá para exacerbar la reacción negativa en ella. Preso de la incertidumbre, pero incapaz de quedarse sin actuar, opta por mantenerse a centímetros de ella, a suficiente distancia como para respetar su espacio, pero no tan distante como para dar a la vulnerable mujer una impresión de soledad.
—Sakura… —vocaliza en un tono preocupado, cálido. Sin pedir explicaciones, ni demostrar otra cosa que no sea compasión. Acerca con suavidad su mano a un tembloroso hombro, dándole el tiempo para que la busque, la rechace o le permita completar su gesto.
Y Sakura lo aleja con brusquedad.
—No, no, no—repite levantándose de la cama con negación—. Esto es un desastre, no lo hagas peor.
Como sintiendo la necesidad de huir de la situación, se apresura a tapar su desnudez con una de las batas de dormir blancas que les proporcionaron los posaderos, y la ata en torno a su cintura con torpeza.
—Perdón. Perdón. Fue un error haber insistido en venir aquí… Perdón...
El hombre demora un instante en reaccionar al nuevo panorama; instante en el que su aún humanizado cuerpo inspira una bocanada de aire sin propósito. Es difícil escoger las palabras para un problema tan delicado como este… pero al final del día, es imposible progresar sin tomar un riesgo al abrir la boca.
—Primero... no tienes que pedir disculpas— comienza Sasori intentando disipar al menos uno de los pesares que inundan la mente de su amada—. Y segundo... piénsalo bien ahora... ¿Algo de lo que quieras que hablemos? ... porque creo que no podemos ser mucho más vulnerables de lo que ahora mismo somos..
—No quiero ser vulnerable, no quiero sentirme estúpida, y no quiero volver este encuentro algo más embarazoso de lo que ya es, gracias—rezonga en un intento de distanciarse del inescapable momento, sintiendo la necesidad de moverse más cerca de la ventana para no sofocarse con el encierro de la habitación.
Sasori se encuentra con la mente dividida. Sabe bien la clase de experiencia que Sakura ha vivido, y tiene bien claro que no es la clase de cosa que deba tratarse sin cuidado… pero ella se mostró intransigente desde el principio, evitando el tema incluso cuando decidió hace tanto tiempo comentárselo a él. No es que ella le permita tener suficiente información como para actuar de manera acorde. Ante tal ausencia de orientación, su primer instinto es el de respetar su decisión de evitar el tema, permitirle el silencio.
Sin embargo, es la imagen que llega a sus ojos lo que lo hace reconsiderar su decisión. La posición, el porte y el ligero temblar de la joven frente a él la hacen ver tan frágil... tan pequeña.
Súbitamente regresa a su mente el hecho de que considerar a la kunoichi como su igual no remueve la diferencia de edad, y menos aún la vasta diferencia de experiencia que ambos tienen con el manejo de... "situaciones".
No es momento para ser pasivo, no es momento para dejar que ella encuentre su propio camino...
"Es momento de guiar."
—Sakura... esto no puede ser peor de lo que ya es, y no vamos a superar este punto a menos que lo enfrentemos juntos—vuelve a comenzar, esta vez incluyéndose en la oración para alivianar la culpa mal asignada de su amor—. Ven a mi lado y enfrentemos a lo que se nos opone, como lo hicimos antes... y cómo queremos hacerlo siempre.
Su tono es firme, casi como una orden, ofreciéndose cual pilar en donde comenzar a sostener una conversación que no podría ser sencilla.
—¿Por qué hablas en plural? —se voltea a verlo con una ceja alzada en desdén— ¿Acaso tienes algo que compartir tú también? Porque de otra manera no entiendo a qué "tenemos" que enfrentarnos.
Como había imaginado, la reacción de su Sakura es casi antagonizadora, porque aún se resiste a incluirlo en este problema. La manera en que arruinó la noche todavía le genera demasiada vergüenza y bronca como para querer profundizar en ella.
—Ya no estás sola—repone en un tono tan firme que comienza a imponerse sobre el torbellino emocional de la dama—. Sí, te pasó a ti, pero si te afecta a ti, también me afecta a mí. Estamos juntos. Ya no existen luchas personales, no existen desafíos a los que debes enfrentarte sola. Prometimos funcionar, funcionar los dos, en plural ¿Lo recuerdas?
A continuación, Sasori se levanta para buscarla y se detiene a su lado, en el límite entre invadir su espacio personal y respetarlo. A diferencia de ella, él no se interesa en absoluto por cubrir la naturalidad de su cuerpo artificial; cuyas articulaciones son ahora delineadas y contorneadas por la luz de la Luna que se cuela a través del vidrio.
—No es tu culpa y no vas a tratar con esto sola. Por favor, confía en mí como lo vienes haciendo desde hace tiempo.
A diferencia de su abnegación inicial, Sakura se ve a sí misma tartamudeando un poco al momento de volver a rechazarlo:
—Ya te dije que no quiero sentirme estúpida, no ahora. Es estúpido volver a hablar de algo así de nuevo. Ya sabes todo lo que hay que saber al respecto, además. Quizá simplemente este no era el momento para que las cosas salieran bien...—insiste buscando excusas tanto para sí como para él.
—Estúpido es no atender un problema cuando es claro que existe uno. Deja que te ayude. Sentada. En la cama. Ahora—se impone en un tono un poco más serio e irritado que antes; lo suficiente como para que la mujer acceda obedecer sólo "para concederle el capricho".
Una vez que la aprendiza de Tsunade regresa a sentarse en la cama, el marionetista se posiciona de cuclillas frente a ella, agachándose para evitar que le esquive la mirada al apuntarla contra el suelo.
—De acuerdo. Supongamos que sé todo lo que pasó ese día...—se pronuncia cuando está seguro de que ella cooperará—. Ahora quiero saber que pasó hace unos minutos.
Sakura frunce el ceño, pero al menos se obstina lo suficiente como para aceptar el desafío de seguir mirándolo a los ojos.
—No sé qué pasó—farfulla irritada—. Solo que me sentí perder el control cuando me tocaste el pecho. Hace ya un tiempo que había dejado de sentirme así, y hoy mis propios nervios me traicionaron. Suena patético y bobo, lo sé.
—Antes que nada, deja de insultarte a ti misma. Si no permitiría que otros te desprecien, no te lo permitiré a ti. Nada de esto, ni de ti, es en ninguna manera patético o algo parecido. Vas a superar este obstáculo, pero para eso tenemos que conocerlo. Sígueme el juego por un momento. ¿Está bien?
La muchacha asiente con un dejo de timidez tras su duro semblante, conteniendo una autocrítica a regañadientes.
—Primero, dejemos en claro aquello que no es un problema—prosigue el renegado—. No tienes miedo a esos idiotas porque ya te encargaste de ellos. Tampoco tienes rechazo a la intimidad porque, al igual que yo, la deseas. ¿Estamos en lo correcto, por ahora?
—Sí—asiente contrariada—, pero, ¿A dónde vas con todo esto? ¿Acaso vas a darme una solución mágica como la de hace un rato?
Sakura puede apreciar su preocupación, pero se resiste a tomar esta situación en serio y continúa protestando. Cierta parte suya aún se aferra a lo que ella hubiera querido para esta noche y no fue.
—Para empezar, no sé si eres el más indicado para hablar conmigo de esto. Por más que lo intento, es difícil imaginarte en un escenario interviniendo para detener una situación de abuso sexual por motivos altruistas.
Esa última frase brota de sus labios de una manera casi automática. Para el instante en que Sakura se hace consciente de lo hostil que acaba de ser con quien sólo está intentando ayudarla, él se toma el trabajo de responderle de una manera mucho más calma de la que quizá se merecería:
—No voy a negar que en el pasado tenía tan poco interés por estos temas… al punto que ya no puedo recordar si algo como eso ocurrió alguna vez en mi presencia…—su tono suena ligeramente decaído a causa del directo ataque a su persona, pero no permite que persista demasiado en el tiempo. De inmediato, retorna a la calma por el bien de su amada—, pero sabes más que bien que ya no soy así. Nada de lo que pasó en el último año hubiese sido posible si no hubiese cambiado.
Antes de seguir con su defensa, Sasori nota lo que ella está haciendo, ya sea de modo consciente o inconsciente. Una vez que lo tiene en cuenta, es capaz de ver su última acusación bajo una nueva luz, y puede dejarla atrás.
—Y estás desviando la conversación. A propósito, o sin querer, todavía estás evitándola… —le señala de inmediato—. No dudas de mi, ni de la integridad de mi carácter, ni de tu criterio al juzgarlo. Considerar eso es ridículo a estas alturas, e intentar usar esa posibilidad como excusa para no tener esta conversación es igual de bajo. Sakura, sé que eres mejor que eso.
La regañada baja la cabeza, reconociendo que, aunque extremadamente poco cordial, la resolución de su amado da en el blanco. En parte, se siente aliviada por la reacción tan medida que obtuvo de él, pero aun frustrada a más no poder por lo que concibe como un error estúpido y garrafal de su propia parte.
—Lo siento—se disculpa con los dientes apretados—. No tienes la culpa de esto, pero ese es el maldito punto: es mi culpa ¡Arruiné la noche!
Su insistencia ante el tema la hace elevar su tono al borde del grito. No puede calmarse pensando que es a causa de ella que su primera noche solos como pareja fue desperdiciada.
—Y lo quieres solucionar…—completa por ella—, y no existe magia en esto, sólo introspección… e intentos. Y esfuerzo. Sé la mujer que admiro, así que reconoce que no vas a ganar esta batalla evitándola, ni esquivándome, ni culpándote. Déjame ayudar. Date cuenta que en este momento eres como el típico paciente civil estúpido que se niega a hacerte caso en el hospital.
—Hablas como si supieras desde el principio que esto iba a pasar—predice con una repentina mueca de tristeza— ¿Era eso por lo que estabas evitando tocarme todo este tiempo?
—Tenía mis sospechas. Soy culpable de ignorarlas. Y más culpable de no hablarte de ellas. En ese aspecto, me temo que no somos tan diferentes. Los dos fuimos unos idiotas en lo que a comunicación refiere… y ahora es cuando te hago la pregunta más importante de toda esta noche—el artista hace gala de un aire de seriedad y misticismo, que consume por completo a su pareja por los segundos previos a la realización del interrogante—: ¿Te parece si dejamos de ser estúpidos por lo que queda de esta noche?
La anticlimática, aunque honesta petición logra arrancarle una sonrisa a Sakura. En realidad no entiende cómo él puede encontrar una broma en momentos como este… pero al final de todo… lo agradece. No sabía cuánto necesitaba ese pequeño y breve descenso en la tensión; así que su respuesta se presenta de inmediato y sin dudarlo un segundo:
—De acuerdo… no más estupideces esta noche. Lo prometo.
—Muy bien… no va a ser bonito pero… Atendamos esta basura—vuelve a retomar Sasori, devolviéndole la seriedad a la plática al tiempo que se pone en pie con ímpetu renovado—.Todos los problemas de este tipo tienen un detonante físico, y luego está el verdadero problema. El detonante físico creo que es obvio…
—Mis condenadas tetas—completa aún frustrada consigo misma, pero ya esforzándose en darle una dirección más productiva a sus emociones negativas.
El ex Akatsuki sopesa el regañarla de nuevo por insultar parte de su cuerpo, pero tampoco quiere ponerse en papel de prohibir todas las opciones que tenga a mano para liberar tensión. Por esta vez, opta por dejarlo pasar.
—Exactamente. Y es algo que tenemos que considerar, pero, antes que nada, tenemos que entender qué es lo que te acosa de ese momento. Sabes qué es lo que te voy a pedir, ¿Verdad?
—Sé que no va a gustarme—adelanta con veta irónica, aunque mucho menos incómoda que al principio.
Sin desviarle la mirada, Sakura abre su bata por arriba, dejándola caer por sus hombros al tiempo que su pecho vuelve a quedar al descubierto. No logra interpretar las palabras del artista de otra manera. Suena lógico que tenga que enfrentarse de nuevo al estímulo físico que despierta su reacción negativa.
—No voy a tocarte allí aún—aclara Sasori para sorpresa de ella.
Acto seguido, el titiritero lleva sus manos a la seda del pálido atuendo para volver a acomodarlo sobre los hombros de la dama. Su gesto provoca de inmediato que ella expire en un gesto de alivio.
—Es tu detonante, y tenemos que respetarlo hasta que te sientas cómoda. Creo que primero deberíamos atender la raíz profunda…. me temo que tengo que pedirte que cierres los ojos. Recuerda. Recuerda lo que quieras recordar, ya sea el evento de esta noche o el evento inicial. Una vez que tu mente regrese allí, escucha mi voz, deja que te guíe, conversa conmigo.
La kunoichi asiente sin tener idea de qué resultado tendrá su experimento.
"¿Qué tiene en mente? ¿Es un ejercicio de meditación guiada?"
Pese a sus dudas y reparos inmediatos, deja de ponerle peros a su plan. Este no es el momento para ponerse arisca y obstinada. Además de que no parece que el pelirrojo fuese a dejarla escapar de esto pronto. Ahora, simplemente se limita a dejarse llevar por sus palabras.
—Respira lento y profundo. Permite que tu mente te lleve a donde tú creas que deberíamos poner el foco.
Sakura escucha la primera orden y la acata. Con el pasar de las respiraciones, se permite rememorar esta noche. Desde el momento en que vio por primera vez el cuerpo completo de Sasori hasta su primera cama compartida al desnudo.
Le desagrada recordar su reacción, y el sentirse responsable nuevamente por arruinarlo todo… pero no va a dejarse consumir por eso de nuevo. Ahora, está buscando la raíz del problema…. y dicha raíz no está en esta noche.
Con el pasar de los días desde aquel evento, su mente poco a poco fue bloqueando las imágenes de esa húmeda y fría mazmorra, hasta el punto de que no recuerda muchos detalles de lo que vio, pero sabe que debe regresar allí para poder continuar con este ejercicio. Se siente necesario… incómodo… repulsivo… incluso aterrador… pero necesario.
Una vez que está de regreso allí, sólo revive el dolor de perversos arañazos en su piel desnuda, y la sensación de sus pezones retorciéndose entre dedos callosos y sucios.
También la imagen desagradable de un grupo de torsos masculinos sin rostro, que exhiben sus partes privadas ante ella. Aunque sus recuerdos palidecen en detalles, alcanzan para revolverle el estómago.
Más rápido que tarde, el ex Akatsuki ve cómo una mueca de desagrado se forma en su faz. Viéndola de cerca, y atando cabos con la reacción que observó hace minutos, se decide por volver a hablar:
—Sakura. Estás conmigo, y estás segura. Estás volviendo a tus memorias sólo para buscar algo, pero no lo estás haciendo sola. Asiente con la cabeza si me entiendes.
La respuesta se demora en llegar, puesto que el profundo disgusto aún persiste y domina por sobre todo lo que recuerda.
—Estás conmigo—repite sentándose a su lado para afianzar mejor en ella la sensación de compañía—. Regresas al pasado como quien va a una misión. Una misión de búsqueda de datos e inteligencia. Asiente si me entiendes.
La alegoría de la misión activa la vena profesional en la muchacha, quien, retomando la compostura, endereza su postura para favorecer la comodidad durante la meditación.
—Estamos buscando un miedo. Lo que te acosa no es una vergüenza, no es una incomodidad, no es una decepción. Reconozco el miedo cuando lo veo, y es eso lo que vi en ti esta noche. Ahora tenemos que buscar la fuente de tu miedo. Comenzamos por lo que menos miedo te causa. ¿En dónde estás? ¿A qué te enfrentas?
La voz firme y cálida de Sasori en la proximidad de su oído derecho, se presenta para Sakura como una suerte de luz que la guía en la oscuridad de sus memorias.
—Estoy en una base subterránea de la Serpiente—responde apenas reprimiendo un gesto de asco de sus facciones—, en una mazmorra… y me enfrento a una técnica de control mental que me deja en un estado catatónico, que les permite a mis contrincantes hacer... lo que quieran.
—¿Le temes a la técnica? —pregunta a sabiendas de que lo que obtendría sería una negativa, pero es necesario comenzar por lo más sencillo.
—No, no le tengo miedo... aunque quien la ejecuta tiene la capacidad de provocar mucho dolor, además de navegar dentro de mi y crear ilusiones que me dificultan el escape… pero no es la técnica a lo que le temo. Sé que puedo liberarme de ella.
—Muy bien, Sakura… sigamos buscando tu miedo. Cuando lleguemos a él, sabremos que lo encontramos. ¿Le temes a las ilusiones? ¿A los enemigos que te rodean?
—No, no... Solo son un obstáculo más a lo que me enfrento.
—Enfócate...—vuelve a ordenar tras tomarse una pausa y recordarse a sí mismo que es necesario realizar esta experiencia. De por sí, la acción de someterla a recordar sus traumas a propósito le resulta antinatural.
—Enfócate en lo que sientes... empecemos por lo que sientes físicamente. ¿Qué es? ¿Le temes?
Sakura tiembla de inmediato ante sus palabras. Dicho temblor se ve como una especie de sacudón instintivo, como intentando librarse de un contacto imaginario que la acosa en medio de su turbulencia interna. Si bien ya siente a su voluntad totalmente rendida al ejercicio propuesto por su amado, tiene que apretar los párpados y vencer a sus propias barreras mentales de nuevo para poder seguir sumergiéndose en el caos.
—Me...me tocan, me arrancan la ropa, me lastiman... y no puedo hacer nada, no puedo moverme—revela con voz apagada y casi rasposa, tanto que puede sentirse el cerrar de su garganta.
—Es un recuerdo— reafirma con suavidad, intentando que la leyenda penetre en esos recuerdos que odia hacer surgir—. Estás segura, estás en una misión de inteligencia. Enfócate en el tacto. Solo en el tacto. ¿Le temes a la sensación? ¿Es el tacto lo que te persigue hasta hoy?
Sakura niega con un movimiento de su cabeza, sintiendo a la vez como unas lágrimas traicioneras se acumulan bajo sus pestañas.
—Estás segura. Estás conmigo. Lo haces bien… eres valiente por regresar alli. Y eres capaz de salir victoriosa de esto una vez más…—la alienta antes de proseguir con el análisis—. No es el tacto. Cosas como esas no pueden contigo.
Pese a que Sasori se vuelca con total aplomo a la tarea de guiar y alimentar la catarsis de su compañera, no puede contravenir al estímulo negativo que la experiencia provoca sobre sí mismo; sobretodo en lo que a su corazón respecta… el cual parece encogerse tanto de a ratos que deja la mitad de su compartimento sin ocupar, ocasionando a su vez un efecto de vacío que presiona y achicharra al resto de la materia que lo acompaña.
— ¿Puedes seguir? —pregunta cuando el peso de la preocupación comienza a abrumarlo.
—-Confío… es nuestra misión.
—Entonces, continuamos. ¿Te sientes... sucia? No en el sentido físico. ¿Sientes que eso te haya hecho menos? ¿Menos digna? ¿Menos fuerte? ¿Temes a que esto te haya reducido?
—No... No sé...—niega con su voz a punto de quebrarse, y se arrebuja en su túnica como si temiese que alguien se la arrancara del cuerpo de un momento a otro—. No sé... a veces tengo ganas de arrancarme la piel…
—El problema no es el tacto. No es tu piel. Vamos a descubrir dónde enfocarnos. ¿Quién es más fuerte? ¿Tú antes de eso, o tú ahora? ¿Quién es más digna? ¿Mejor ninja? ¿Más valiente? ¿Quizá igual? Mira en ti misma y dime quién eres, cuánto vales. Piensa en tus logros, piensa en tus defectos. Respira... y responde.
—Debí haber previsto ese ataque de antemano. Debí haber sido más cuidadosa... y debí haberlos hecho sufrir aún más—se culpa de nuevo, aunque ya no con la lastimera autocompasión de antes… sino con cada fibra de su cuerpo impregnada de ira ante la revisión del castigo que les dio a sus captores. Ira no solo contra ellos, sino contra la mujer que dejó que eso ocurriera en primer lugar.
No importa cuán viva sea la imagen de sus puños cubiertos de la sangre de esos asquerosos, nunca es suficiente represalia, ni nunca basta para opacar su furia consigo misma.
—¿Cometerías ese error otra vez? ¿Tienes miedo a que eso se repita?
—Sí... aún tengo sueños sobre lo que pasó. Sueños en los que unas sombras me atrapan, me… me acosan… me…—la mujer detiene su relato en seco, y rechina los dientes al tiempo que aprieta los puños sobre la arrugada seda que cubre su propio regazo.
Se siente demasiado vulnerable y magullada en este momento... y debe hacer uso de toda su fuerza de voluntad para recuperar la calma y no hacer alguna locura como botar la cama a través de la ventana.
—No estás sola. Estás segura. Estás conmigo.
Tras el mantra de Sasori, llega un momento de calma que les permite a ambos, sobretodo a Sakura, recomponerse y prepararse para el siguiente paso.
Ella está en contacto con su infierno de nuevo, sí, pero, tal y como él dijo, no está del todo sola esta vez.
—De acuerdo. Bien. Vamos bien. Ese es un miedo, pero ahora tenemos que encontrar su base... ¿Cometerías de nuevo los errores de aquel día?
La voz del marionetista regresa para asumir el papel de guía ante la situación… aunque, para Sakura, como no puede sentir su contacto ni ver su rostro, es como si funcionara en un plano totalmente separado al de su cuerpo… aún así, su simple tono le basta entender que existe un pesar en él al tener que seguir adelante con las preguntas.
—No—asegura férrea e intransigente, sobreponiéndose a todo lo que tiene encima—. Jamás. No seré así de nuevo. No soy así. Ya no más.
—No le temes a la insuficiencia de tus capacidades. Eso es bueno…
El hombre por fin comienza a cerrar cabos en su mente. Por fin tiene una imagen más clara de lo que está pasando dentro de la cabeza de Sakura, y por fin tiene una idea de qué es necesario hacer para solucionarlo.
"Perdóname por esto."
Mantiene esa disculpa para sí mismo al tiempo que se levanta de la cama, para así poder estar frente a ella durante todo lo que se viene a continuación.
—Déjame ver si comprendo... Estuviste cautiva por una técnica a la que no le temes. Rodeada por hombres a los que no les temes. Hombres frente a ti que hacen cosas repugnantes, pero cosas a las que no temes; y estás en esa posición por errores de los que aprendiste... errores que te hicieron una mejor versión de ti.
Su voz y el ritmo de sus palabras descienden a medida que hace un recuento de toda la información. Pintar esta imagen es algo que le duele. Mucho menos que lo que a ella al imaginarla, eso está claro, pero aun así...
—Y en esa situación... a pesar de todo eso, tienes miedo. No pudiste evitar que ellos actúen... No pudiste evitar llegar allí. No pudiste controlar la situación antes... no la puedes controlar ahora... ¿Puedes verlo?
Sakura se toma su interrogante final como un signo de que ya puede volver a utilizar su vista, y eso hace. Una vez que la imagen del marionetista vuelve a materializarse en torno a sus ojos jade, cristalinos por las lágrimas, se encoge un poco sobre sí misma, quizá desacostumbrada a sentirse tan observada, más aún luego de todas sus confesiones. Cuando por fin consigue poner orden a sus pensamientos y darle sentido a lo dicho por su amor... lo hace propio, lo relaciona a lo que siente, y, más importante aún, lo usa para llegar a la misma conclusión que él.
—Miedo a perder el control—se adelanta Sasori inmediatamente después de haber leído en sus facciones que las ideas de ambos ya están en sintonía.
Al principio, Sakura sólo repite la leyenda en un susurro tan bajo que sólo ella puede reconocerlo como existente, pero luego termina aceptando su nueva realidad en voz alta.
—Parece que eso es... ¿Qué…qué podemos hacer para…?
Debe detenerse en seco para atender la urgente necesidad de limpiarse las lágrimas con el antebrazo. Acto seguido, escudriña por vez primera los ámbares del marionetista... y nota que su rostro carga con una mueca de dolor y arrepentimiento, que a estas alturas se sobrepone a cualquier esfuerzo de enmascararla.
—Perdóname por llevarte de nuevo allí. Prometo que no dejaré que sea en vano—se compromete Sasori antes de refregar su rostro en un acto reflejo de la humanidad física que hace tiempo perdió—. Vamos a devolverte la sensación de control. Poco a poco... hasta que el miedo se desvanezca.
—Ya veo...—medita al tiempo que se debate por qué hacer con la propuesta ofrecida—. Entonces… supongo que comienzo volviendo a la cama.
Dicho y hecho, se escabulle de la situación buscando refugio entre las sábanas, y no tarda en sentir la presencia del marionetista haciendo lo mismo. Mientras lo ve apoyándose sobre el colchón a sus espaldas, vuelve a sentir sobre ella la culpa de haber arruinado la noche. Comprender su miedo no le hace sentirse menos responsable por eso… es SU miedo después de todo.
"¿Por devolverme el control se refiere a que volvamos a intentar? ¿No había dicho que dejemos de ser estúpidos? ¿Qué no causé suficientes problemas hoy? No puede estar refiriéndose a eso"
Al verla casi escondiéndose bajo la ropa de cama para huír su mirada, y sin necesidad de técnica mental alguna, Sasori puede intuir que el demonio de la inseguridad está volviendo a hacer mella sobre su ánimo. Además, sus propias palabras no fueron del todo claras.
"Tengo que ser más cuidadoso." Se critica dispuesto a revertir el problema de inmediato.
—¿Qué haces?—pregunta tapada casi al completo, más claramente consciente de que él la tiene bajo su vista en este preciso momento.
—Sakura… dijimos que no haríamos más tonterías esta noche—la regaña en un tono casi dulce.
—Eso estoy haciendo. Presionar más el asunto cuando ya arruine la noche antes, es la definición de hacer estupideces—se defiende con una voz que suena ahogada tras todas las sábanas que la separan del mundo.
—Tienes razón, apresurar las cosas sería poco prudente, pero pasar nuestra noche como si fuésemos extraños suena aún peor. ¿No lo crees? —insiste él en un tono relajado, a propósito para no sonar irritado—. Dije que tienes el control. No voy a hacer nada estúpido, ni ridículo. Y confío en que no lo harás tú tampoco.
—Toda esta situación se ve bastante cercana a lo estúpido, si quieres mi opinión—repone antes de destaparse la cabeza, más reconociendo implícitamente que él tiene razón.
Luego de un suspiro cargado de suspenso e incertidumbre, Sakura le abre las sábanas a su acompañante, invitándolo a acostarse con ella en cercanía e intimidad. El renegado accede sin palabras a su pedido, y se coloca del lado izquierdo de la cama. De este modo, ambos terminan reposando sobre sus costados, mirándose el uno al otro separados por una distancia que queda reducida a centímetros…
A pesar de la cercanía, la muchacha se mantiene cabizbaja, en una posición relajada, pero manteniendo sus propios brazos unidos a su pecho casi a modo de última barrera emocional.
—Lo siento. No sé qué esperas que haga en esta situación, pero es obvio que no estoy cumpliendo tus expectativas—se disculpa una vez que comienza a sentir un arrebato de torpeza adueñándose de ella.
—Te preocupas mucho—se limita a responder Sasori mientras lleva su mano izquierda hacia el frente de su rostro, apoyándola palma arriba sobre la almohada a modo de invitación— ¿Puedo?
Sakura asiente con la cabeza sin pensarlo mucho.
—No alcanzo.
Sasori miente de manera tan descarada, que la dama termina de comprender el mensaje por su propia cuenta.
Imponiéndose a su cobardía, ella se acerca un poco más a él y deja reposar su mejilla y cabeza sobre la mano que le ofrece; mano que de inmediato recompensa su paso adelante con una caricia.
— ¿Mejor así?
—Hoy tienes tanta paciencia que irrita—se queja Haruno retornando de a poco al tono de rivalidad que suele caracterizar sus conversaciones.
—La actitud de niña tímida te hace ver tierna. Sólo que no es algo que esperaba ver de ti— sonríe intentando molestarla a propósito, sabiendo bien que ahora nada es mejor para regresar a la mujer a su alter ego que siempre busca una chance de atacar.
El comentario consigue hacerla reír contra su voluntad.
—Claro, porque la idea de estar recostado desnudo junto a una niña es lo menos perturbador del mundo… Y más considerando tu edad ¿En serio no puedes decir algo más adecuado para este momento?
—Eso es más propio de la Sakura que conozco y quiero—la aclama con orgullo.
En un arranque de valentía, impulsado por lo espontáneo de esta nueva escena, Sakura mueve su mano izquierda para apoyarla sobre el núcleo ajeno.
—Técnicamente, ahora estoy tan cerca de ti cómo es posible—declara victoriosa.
— ¡Bravo! ¿Viste que no era tan difícil?—celebra su contraparte con la voz ligeramente alterada por el tacto que está sintiendo en este momento—. Y ya que técnicamente no puedes acercarte a mí, sería cobarde de tu parte que no te arrimaras a un montón de cerámica.
La joven sólo puede emitir un gruñido al notar que ella misma creó esta situación de mofa hacia su propio orgullo. Su vena competitiva la obliga a revertirla a su favor.
Por las ganas de no quedarse atrás, así como las de redimirse por su actuar más temprano en la noche, cesa de comportarse con esa dichosa cobardía que él acaba de señalar.
— ¿Sirve de algo si te prometo un beso a cambio?
Tras dejarlo un momento con la duda y perdido entre sus palabras, Sakura se mueve un poco más hacia su cuerpo mecánico, al punto de estar separada solamente por una delgada capa de aire que amenaza con desaparecer a la primera decisión de alguno de los dos.
Acto seguido, sube su mano desde el núcleo hacia la mejilla de su amado para acariciarla en silencio.
Cuando Sasori por fin sale de su estupefacción y reacciona a sus acciones, sólo se limita a devolverle el favor con la cautela de permanecer tan quieto en su sitio como pueda, permitiendo el paso de los segundos y minutos que comienzan a confundirse.
Solo el esporadico movimiento de pequeñas caricias sirve para romper la necesaria quietud del momento.
— ¿Ves que no está tan mal?—la anima en su cometido—. Es mejor que estar manteniendo una distancia ¿No lo crees?
—Podría estar mucho mejor… —repone con el ceño fruncido, obviando su resentimiento consigo misma para poder reunir el valor de dar otro paso adelante—. Tócame.
En el momento que la demanda arriba hasta sus propios oídos, la pupila de Tsunade comienza a arrepentirse de su impulsividad.
Por su parte, Sasori se detiene un segundo, dudando de si es una buena idea dar ese salto después de lo que pasó antes. Optando por tantear las aguas antes de cometer el error de frustrar el momento, mueve su mano derecha dentro del campo visual de Sakura, a una distancia sana de su cuerpo. De inmediato y confirmando sus sospechas, ella se encoge de hombros por reflejo.
—Tengo una idea—se apresura a formular, fingiendo que no notó su reacción esquiva—. Después de todo, esto se trata de que te sientas en control... alinea tu mano con la mía. Será interesante, lo prometo. Alinéate conmigo.
— ¿Así? —pregunta levantando su mano hasta dejarla frente a la de él, alineando uno a uno sus dedos al punto que la posición de uno es espejo del otro.
—Exactamente—reconoce mientras despliega finos hilos de chakra desde su interior, para así usarlos de conexión entre su brazo y el de su musa—. Y a partir de ahora, tienes total control de mi brazo y mano. Prueba qué te parece.
Sakura parece no comprenderlo en un primer momento.
— ¿Control de tu mano? ¿Te refieres a... como un marionetista?
—Sí, como un marionetista... De hecho, un poco mejor que un marionetista. Reflejare tus movimientos y sólo haré pequeños ajustes, si se vuelven necesarios, así que no necesitarías más que unos minutos de práctica para dominarlo. Literalmente, estoy siendo un juguete en tus manos, así que no desperdicies esta chance—explica jocoso y sin perder la oportunidad de pellizcarle la mejilla que tiene contra la almohada con su mano libre.
El concepto suena tan extraño, pero a la vez tan único, que la muchacha no puede evitar entusiasmarse ante el juego, y experimenta con él moviendo primero los dedos de su mano. Poco a poco, la médica ve cómo como la mano frente a ella comienza a reflejar cada detalle en su posición como si fuese un espejo.
Pasa unos minutos jugando con la situación, con su brazo y con el otro, entretenida por la manera en que sus acciones se reflejan en el cuerpo ajeno que yace a su lado. Explora la motricidad fina del control que ejerce sobre él haciendo que las yemas de sus dedos y las de los ajenos entren en contacto, manifestando una curiosidad de similar aspecto a aquella de un infante que recién descubre la existencia y el control de sus extremidades.
La manera en que Sakura experimenta con el manejo de sus hilos, recuerda a Sasori sus primeros pasos en su carrera de titiritero. El recuerdo le sonsaca una sonrisa nostálgica ante todo el viaje recorrido.
— ¿Qué pasa?—pregunta curiosa por su reacción.
—Sólo pienso que tienes más de marionetista que lo que uno sospecharía.
—No. No voy a cambiar mi línea de trabajo una vez más.
La médica le toma la nariz a modo de regaño, y al instante el brazo derecho de Sasori refleja su movimiento, mas con una alteración que evita el choque de los brazos de ambos...
Volviendo su atención al experimento, ella apoya su mano sobre el vientre ajeno, en donde debería estar el ombligo, en caso de tenerlo. En respuesta, la mano contraria, con un pequeño ajuste de ángulo realizado por él mismo, hace lo propio con el ombligo natural esculpido sobre su carne, por sobre la seda de su bata de dormir.
Al juguetear moviendo su dedo índice en círculos sobre él, Sakura lo siente acariciándola de igual manera, delineando la cicatriz de su nacimiento con una fluidez idéntica a la suya.
Al contraposición con su compañera, Sasori reacciona al mimo sobre su cuerpo desnudo con un pequeño espasmo de cosquillas, el cual indica que tiene más que activo su sentido del tacto.
Dejando cada vez más atrás su recato, la mujer desciende su mano acariciando el vientre bajo con la curiosa sensación de sentir el tacto de la mano ajena repitiendo idénticamente los movimientos propios, aunque amortiguados quizá por los pliegues de la tela.
Llevando su coraje un paso más adelante, continúa su descenso hasta dar con su miembro una vez más, como si fuese una revancha por la insatisfacción posterior al primer intento fallido de la noche.
Cuando encierra la intimidad de Sasori entre sus dedos, lo primero que percibe debajo de las sábanas es a la otra mano sujetando el aire, como buscando en el este el falo del que su feminidad carece.
Tanto él como ella, se ponen a reír un buen rato de este pequeño error de cálculos.
Por suerte para ambos, parece que todo este experimento logró por fin lograr cimentar la levedad e intimidad dentro de la habitación.
—Supongo que eso es algo que no podemos hacer moviéndonos como reflejo—se burla Sakura cuando ambos dejan de reír.
Sasori asiente deshaciendo el control de sus hilos, para luego sentir como su brazo es agarrado por ella, y su mano conducida por primera vez debajo de la bata para tocar su sexo.
El advenimiento del contacto la hace separar un poco las piernas, y luego girar sobre sí misma hasta dejar la mayor parte de su espalda reposando sobre el colchón.
Sin objetar en lo más mínimo, Sasori la acompaña quedándose a su lado, con su costado sostenido por el brazo que tiene desocupado, para así poder superarla en altura y contemplar su rostro desde un lugar único. A pesar de que la acción se lleva más que nada bajo las sábanas, el contacto que lo une a su amada es íntimo y cercano, en especial cuando ella incita a sus dedos a enredarse en el fino vello rizado que cubre su intimidad.
Al asegurarse de que Sasori se queda en su sitio, la dama mueve el brazo que todavía tiene reposando contra el artificial abdomen de su pareja, hasta que su mano se posa sobre el núcleo. Mientras que por encima de las sábanas lo siente palpitar expectante y ansioso bajo su tacto, por debajo de éstas se ocupa de acomodarlo más entre sus piernas, colocando los dedos índice y medio ajenos más cerca del umbral de su diseño.
Toma un instante en ocurrírsele una mejor idea: guiarlo hacia su clítoris e incentivarlo a hacer presión allí.
Una sonrisa juguetona se cala en sus labios cuando sube su mirada a la de él. Acto seguido, y sin previo aviso, comienza a dibujar pequeños círculos sobre su núcleo.
— ¿Puedes bailar a mi ritmo? —pregunta tanto suplicante como desafiante, a la vez que concentra toda su capacidad sensitiva entre sus piernas.
Sorprendido ante el intenso giro de los acontecimientos, el marionetista no puede sino sonreír embriagado por los pequeños progresos que Sakura está haciendo desde que obtuvo el control.
—Puedo... intentarlo—acepta ciertamente distraído por el estímulo sobre su núcleo.
Su amada comienza a acariciar su último resquicio de vida con movimientos que lo desafían a reflejarlos por debajo de las sábanas.
Superar el fuerte estímulo que sus dedos provocan en el centro de su ser es el primer gran desafío del artista de lo eterno que, con dificultades, pone toda la fluctuante atención de la que dispone en responder al reto de la mejor manera, llevando todas esas caricias entre las piernas ajenas.
En un principio, pareciera que Sakura logra arrebatarle la cordura y el control a su cuerpo antes de que pudiese siquiera comenzar a devolverle el gesto, pero, a base de un casi sobrenatural esfuerzo, el juego comienza a moverse en favor del placer de ambos.
A medida que él identifica y emula los patrones, puede permitirse explorar a ritmo ajeno un terreno que poco a poco comienza a sentirse tan familiar como lo son ya los labios que siempre besa.
Sakura cierra sus ojos, en parte para evitar un temido e indefinido algo que le arruine la magia, y en otra para poder rendirse por completo al placentero cosquilleo eléctrico que la sacude a cada pincelada propinada sobre su palpitante botón. Este palpitar de su sexo se ve potenciado y reforzado cuando su aprendiz comienza a memorizar las lecciones que fueron descritas previamente sobre su pecho, y a jugar con ellas de nuevas maneras para llevarla al borde de la excitación.
A este punto, su carne ya no se contenta con ese juego. Más temprano que tarde, las variaciones en las caricias se le antojan demasiado pausadas y repetidas, así que no se lo piensa dos veces al quejarse de la falta de ritmo por medio de latigazos y tamborileos de sus dedos sobre el corazón vivo de su novio.
Y lo que le sigue a eso es suficiente como para dejarla sin aliento ante la inminente hinchazón de su clítoris… Pese a haber deseado esta reacción de su cuerpo desde la primera vez que fantaseó con acostarse con él, su propio placer la toma por sorpresa… o, mejor dicho, Sasori la toma por sorpresa. Es su primera vez acariciándola allí, y ya ha conseguido más de lo que ella misma lo hizo en sesiones privadas. No cabe duda de que subestimó el alcance real de sus habilidades como marionetista… y, en medio de los gemidos que su boca ahoga de ahora en adelante, no puede decir que se arrepienta de ello.
Por su lado, pese a los resultados que obtiene, Sasori es un poco más exigente consigo mismo, y toma nota mental de cada pequeña variación en las reacciones de su musa para poder aprender con exactitud a complacerla al máximo. Cada gemido, cada pequeño arqueo de su espalda, cada vez que se muerde el labio inferior, cada vez que se revuelve entre las sábanas y cada vez que aprieta los párpados… todo queda grabado de una manera casi fotográfica en los ojos del artista. Tan absorto está en su trabajo, que no desea prestar atención a su propia excitación, a esa erección que desea probarla tanto o más que sus dedos.
A este punto, Sakura ya no tiene deseos, ni fuerzas para seguir usando su núcleo para comunicarse con él. A este punto, su brazo se encuentra sujetando el borde de la sábana que tapa su pecho sacudido por una respiración jadeante y agitada, y toda ella se siente volar en algún plano astral muy por fuera de esta habitación. Para cuando vuelve a demandar por más atención, opta por hacerlo de la única manera que sabe:
—Más rápido, más fuerte.
No pasa mucho luego del último cambio de ritmo hasta que su otra mano también desiste de su agarre, y deja a Sasori jugar a su gusto y placer… quiere presenciar de primera mano hasta donde puede llevarla.
Sus movimientos, en especial cuando son latigazos largos que amenazan con introducirse en ella, terminan dando sus húmedos frutos. A este punto, la dama comienza a sentir un par de gemidos reales atascandose en su garganta… y saldrían de no ser porque aún le dan vergüenza ese tipo de demostraciones, y la razón que aún le queda prefiere evitarlas.
El artista se empapa gustoso del jugoso fruto, notando de inmediato la abismal diferencia entre el nivel de lubricación que venía tanteando desde el principio con este… un alma más poética que la suya diría que recuerda al arroyo que vio su relación iniciar. Pese a esto, se sorprende de cuán bien se las arregla sin su ayuda... considerando que parte del juego se basó en "tomar prestados" los propios movimientos de ella, quizá no debería resultar tan extraño.
Eso no quita que por su inexperiencia, y confundido ante la posibilidad de que aún es posible propasarse de alguna manera, prefiere la seguridad de proseguir con aquella estimulación que ya conoce y probó efectiva. Después de todo, la está obedeciendo, y ella no le dijo que se detenga.
Su plan no tarda en verse saboteado cuando una insatisfecha Sakura se hace notar una vez más en forma de palabras:
— ¿Por qué no entras?
"Porque no me diste permiso para eso..."
Por poco y lo dice en voz alta. Por suerte para ambos, el control de su voz aún es inestable debido a lo intenso de su juego anterior.
Antes de siquiera pensar en algo ingenioso para responder, el ex Akatsuki acepta la invitación de buena gana, siguiendo el curso de la humedad hasta introducir su índice dentro de su inspiración. Desde allí, la parte más instintiva de sí mismo toma el control de la situación con movimientos de subida y bajada, que resbalan en ella como si de mantequilla se tratase.
Una vez que ya se ha instalado en este nivel tan profundo y oculto de su amada, el tacto en su mano le resulta particularmente cálido y acogedor, tanto que se quedaría allí resguardado hasta no olvidar jamás esta sensación… pero no quiere perderse en ese detalle ahora, aún quiere y necesita llevarla más allá de todo para poder sentirse bien consigo mismo.
Sakura lo recibe una y otra vez hasta que nota a un segundo dedo invadirla… y a partir de ahí, su mente hace un cortocircuito que le deja el cuerpo al punto de la parálisis.
En todas esas ocasiones que se había dado placer a sí misma en el pasado, nunca había sentido una estimulación grande, ni tampoco estuvo interesada por la idea de penetrarse con sus propios dedos… y ahora es el tacto de una mano ajena llenándola la que vuelve la experiencia algo que la enloquece por novedad y gusto.
—Sí, sí, sí, así...—masculla en voz baja alentando a su amante a no contenerse.
Luego de unos minutos más que intensos, y en los que el mundo parece detenerse y girar en torno a ellos dos, Sakura se incorpora de golpe y lo abraza enredando sus piernas torpemente alrededor de su cintura. Sasori la recibe entre sus brazos de inmediato y reacciona buscando su boca en un reflejo casi violento, como si la necesidad de ella lo tomase.
Danzar sobre la línea de lo que la muchacha permite, para mantenerla en control, al tiempo que ella misma aumenta el creciente deseo dentro de sí, se convierte en el juego principal para el titiritero. Ser exitoso en esto al tiempo que conserva un adecuado nivel de control, y de humana sensibilidad en toda la extensión su cuerpo, es en sí un desafío casi imposible y que se presenta como una recompensa en sí misma.
Pegados como si fueran un solo ser, los amantes se hunden en la experiencia de un beso demandante, y a juego con la intensidad que vienen manejando desde que convertir la noche en algo memorable se tornó un acto voluntario. Dicho gesto perdura hasta que Sakura comienza a sentir una erección palpitante y chocando contra la cara interna de su muslo.
La reacción se gana su atención de inmediato, ya que corre a tomarlo, envolverlo y presionarlo hasta sentirlo latir en torno a su piel. Mientras lo estimula con una energía que no tiene nada que envidiarle al fervor de sus besos, Sasori reacciona envolviendo instintivamente a su mujer pasando su brazo por debajo de su bata, para así acercarla aún más a su cuerpo.
El impulsivo movimiento tiene la consecuencia de estirar y soltar un poco la prenda, causando que se le abra a la altura del pecho.
En un brevísimo instante de lucidez que acontece a su acción, Sasori se da cuenta de que acaba de transitar un camino peligroso. Si bien su intención sólo fue favorecer el contacto entre sus partes bajas, no había reparado en que eso conllevaría la desnudez de ese otro sitio.
Para su alivio, ella no parece notarlo, al contrario, la bata ya le representaba más un obstáculo que otra cosa.
En medio de una pausa indeseada, Sakura toma un poco de distancia para terminar de desnudarse, y, presa de la inexperiencia, la prisa y la fricción de las sabanas, termina recibiendo una bienvenida ayuda para deshacerse de su último obstáculo.
En el instante en que la prenda queda regada por la alfombra junto al resto, ambos resumen como si nada la tarea de desvanecer la distancia entre sus cuerpos; aunque ahora el artista encorva más su espalda y la aprieta con ambos brazos contra sí, reconociendo que el contacto que existe entre ambos es tal que ya no queda más espacio para reducir.
El novato entusiasmo trae de regreso el inevitable roce de sus intimidades, ante el cual Sasori debe repetirse el mantra de mantenerla a ella en control de la situación.
Salvando sus esfuerzos, la frase llega a su quiebre cuando Sakura sucumbe a la tentación primero, y ajusta la postura de ambos sobre la cama para que sus caderas quedaran lo mejor posicionadas posible. Pasa una pierna a un lado de su cintura, obligándolo a girar sobre sí mismo hasta quedar boca arriba, con ella reclinada sobre su vientre. Teniendo una rodilla a cada uno de sus costados, cerrándole el escape a su cautivo y quedando ella misma peligrosamente cerca de su entrepierna… Sakura se desliza hacia atrás en un movimiento felino hasta que siente al objeto de sus deseos rozando su trasero.. A continuación, se humedece los labios expectante y toma a Sasori entre sus manos para guiarlo hasta su entrada.
Con la respiración cada vez más entrecortada, lo primero que hace es saciar la más básica necesidad de contacto y se frota sobre él al tiempo que las sábanas terminan abandonando la escena y cayendo hacia atrás luego de tanto movimiento; dejando sus cuerpos al natural y sin nada que los esconda de la mirada del otro.
Armonizado con el deseo en la mirada de ella, Sasori comienza a mover su cadera acariciando y pellizcando con las manos el hinchado clítoris que se deja ver entre los rizos húmedos y rosa opaco que se alzan sobre él. Ese inexperto vaivén de ambos se mantiene por el lapso en que este primer contacto se torna en una novicia familiaridad sobre la cual experimentar.
De ciclo en ciclo, el improvisado roce que se da sobre ella va aumentando de intensidad y fiereza, instándola a dejarse recaer más sobre él en búsqueda de sentir más de ese cosquilleo.
— ¿Y ahora qué? ¿Lo intentamos, o…? —jadea ella sin animarse a tratar de introducirlo por su cuenta, y armar otro papelón o hacerse daño a sí misma en el intento.
Una vez que la interrogante se hace presente, la inexperiencia en ambos salta a relucir en su máximo esplendor. El marionetista no puede evitar encontrarla entre molesta y graciosa. El miedo a pronunciarse de tal manera que arruine el momento, termina por ceder a la necesidad de comunicación.
— ¿Quieres intentarlo esta noche? —pregunta él haciendo lo posible por limpiar su tono de la embriaguez que lo consumió durante el vaivén; aunque termina siendo su selección de palabras, y no la tonada de su voz, lo que refuerza en su musa la idea de que todavía mantiene las riendas de la situación.
En medio del sudor, el rubor y la tenue luz de la única lámpara de noche que estuvo con ellos desde el principio, Sakura adopta una mueca contrariada al momento de responder.
—Yo... no sé... Supongo que tengo un poco de curiosidad... ¿Tú quieres?
Esa expresión le dice al agitado pelirrojo mucho más de lo que esperaba. El orgullo, deseo y el miedo al error le impiden a su amada decir lo que su rostro sí manifiesta:
"Dudar está bien. No tiene nada de malo que quedemos asi esta noche"
Por suerte, aún queda suficiente concentración en su mente como para reconocer que esta vez expresarlo en voz alta no es la mejor opción para transmitir la calma que ella necesita.
— ¿Me permites hacer una pequeña modificación a la pose? Sin sorpresas raras. Lo prometo—propone Sasori como evadiendo la pregunta, pero generando suficiente intriga en ella como para obtener una respuesta positiva.
Lleva sus manos a las caderas de la joven y las levanta por un segundo, segundo que le basta para modificar la alineación de sus cuerpos antes de permitirle el descenso. Tiene el cuidado de posicionar sus alturas a modo de tenerla cara a cara, con los pechos apoyados contra su núcleo, y, por último detalle, haciendo el contacto entre sus intimidades inevitable, pero la penetración imposible.
Mientras la muchacha siente la mano izquierda de Sasori comenzar a presionar su espalda baja, se decide por volver a insistir con el tema que está evitando aún:
— ¿Es que no quieres...?
La respuesta inmediata que recibe es una pequeña "embestida", con la que su erección proporciona una firme y larga caricia.
—Quiero todo contigo... y podemos tenerlo en el exacto momento en que estemos seguros de ello—susurra acariciando la mejilla de su amada con su mano derecha—. Hasta entonces... me da la impresión de que esto se hace muuy agradable.
Su afirmación finaliza con otro movimiento que logra arrancarle a la de Konoha una sonrisa involuntaria de placer... que falla en reprimir al morderse el labio inferior.
—Pero quiero que tu también sientas lo mismo—repone Sakura al borde del delirio, reproduciendo la acción de frote con su propio cuerpo cuanto antes, como si la necesitara para seguir subsistiendo.
—Entonces, no te detengas...—le desafía antes de tomar su boca como si quisiera robarle el aire por lo que queda de noche, provocando que el movimiento de ambos vuelva a dispararse…
La combinación de sensaciones y estímulos provenientes de su cuerpo creado serían suficiente para que él se pierda en ellas, pero es sentir la suavidad de su musa en su pecho, percibir sus latidos tan de cerca lo que amenaza de tanto en tanto con quitarle el control de sí mismo.
De a momentos, debe reducir el ritmo y entusiasmo de su danza, tanto como se lo permitan, para permanecer del todo en el presente.
Sin duda, una tortura más que bienvenida.
Al mismo tiempo que su cadera lo hace, los pechos de Sakura se enfrentan a la fricción constante contra la superficie plana del núcleo de su amor. Por más que su cuerpo esté funcionando como el de un humano, tanto en textura, como en flexibilidad, su parte viva nunca cambia su maciza consistencia.
A pesar de eso, ella siente el latir de su corazón más palpable que nunca, casi como si no existiese un contenedor que lo mantuviera aislado del resto de su existencia.
Afortunadamente, todo ese fluir de su sangre y chakra en su interior infunde de calor a su piel perlada en sudor, tornando el frotamiento entre sus torsos algo más que tolerable para ella. El placer que la situación le provoca es dulce, apremiante, tan envolvente como lo son los besos de su amado; tanto así que su mente no tiene tiempo de albergar nada más que pudiera atormentarla.
Al cabo de unos íntimos momentos de unión, su entrepierna mojada comienza a extrañar el tacto juguetón de esos dedos de titiritero, y eso es motivación suficiente como para incorporarse hasta quedar sentada sobre él.
Con una mano manteniendo cautiva su hombría, la mujer no hace más que sonreírle suplicante.
Sin necesidad de escuchar una orden verbal, el renegado acepta la invitación y levanta su torso también, quedando a su altura para ofrecer tanto una mirada desde cerca, como un punto de apoyo en sus hombros. Acto seguido, lleva su mano hábil a la intimidad que lo espera ansiosa, y se ocupa de hacer mímica de todo aquello que aprendió más temprano en la noche.
Al quedar de nuevo con las rodillas dobladas a cada lado de él, Sakura decide elevarse sobre ellas para superarlo en altura y otorgarle un mayor espacio para jugar con ella.
De este modo, no tarda en recibir sus dedos, que la embisten a placer, y luego le quitan el aliento con unas enérgicas caricias que no le dan tregua.
Toda la situación basta para que no resista las ganas de volver a besarlo.
Sasori recibe sus labios al tiempo que apoya su mano libre en la base de sus caderas para evitar que en medio de su flaqueo caiga sobre él. El placer de oír los gemidos ahogándose entre sus besos es un empoderamiento curioso… y que, a pesar de recién haberlo descubierto, comienza a hacérsele mas y mas adictivo con el correr del tiempo.
A medida que el ritmo de las caricias se vuelve mas y mas demandante, el porte de la torturada comienza a inclinarse más y más sobre su torturador. No tarda en necesitar apoyar su mano izquierda contra el respaldo de la cama para evitar caer de lleno sobre quién le impide mantener el más mínimo grado de equilibrio.
A este punto, ya son tres veces que el clímax tantea sus aguas sólo para escapar de ella al instante siguiente, y la tortura la está matando. Entre gemidos apagados, cabello húmedo y desordenado, y los ojos brillantes y nublados por semejante ejercicio, Sakura toma las riendas una última vez para ayudarlo en el último paso. Luego de su intervención, el final se presenta ante ella como una nebulosa de sensaciones que termina por sacudirla hasta los huesos.
Cuando lo que queda de su cuerpo cae inerte y envuelto en el abrazo de su amante, el tiempo parece borrarse junto con el mundo y todo lo que no sea él.
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Al amanecer del día siguiente, el insomne artista se anticipa como siempre a los primeros rayos del sol que entran por la ventana. A su lado, yace la mujer de su vida, transitando algún profundo y dulce sueño y permaneciendo ajena ante quien siempre gusta de verla dormir.
Por fortuna, no hubo indicios de pesadillas que él pudiera detectar, sólo un sereno y ameno descanso que borra cualquier resquicio de preocupación que hasta el momento pudiera existir en su cabeza. Además… las imágenes de los sucesos de la noche anterior se repiten de tanto en tanto en sus pensamientos. A pesar de sus tropiezos y naturales torpezas, cree que fueron capaces de darle una buena dirección y un más que satisfactorio final. El único sello de aprobación que necesita para afirmarlo, es el rostro apacible que su inspiración vistió a lo largo de la noche.
Además de velar por su sueño, el tiempo despierto lo invirtió, como no podría ser de otro modo, en hacer que las partes de sí mismo que prefieren enfocarse en aquellas situaciones embarazosas de la noche pasada pierdan la discusión. Está bien recriminarse por los errores de tanto en tanto, pero no ahora, y no al punto que le impida disfrutar de la primera vez que duermen juntos.
A eso de las diez de la mañana, Sakura inicia su rutina de despertar con un bostezo perezoso, seguido de una mueca somnolienta que rebusca a su alrededor por señales de vida.
—Buenos días, dormilona—le sonríe cuando ella por fin se percata de su presencia—. No me molestaría seguir viéndote dormir. No hay una verdadera prisa por salir de la cama.
Sakura no responde con palabras. En su lugar, simplemente se desliza hacia él para darle el primer beso del día. Una vez que el gesto se acaba, se queda mirándolo a los ojos al tiempo que le acaricia la mejilla con sus dedos.
—Ojalá pudiéramos quedarnos así más tiempo…—musita luego de un rato, sin querer que la cita llegase a su fin, sin querer tener que volver a Konoha y esperar quién sabe cuánto para poder estar así de nuevo.
Sasori toma la mano de Sakura con la propia, reforzando su agasajo para acompañarla en su negación.
—Creo que sabemos aprovechar nuestro tiempo... Y con un incentivo como el que tengo en frente... tengo motivos de sobra para encontrar un modo de que tengamos más de estas reuniones.
De repente, el arranque melancólico de la kunoichi cesa y es reemplazado por un silencio que más que lastimero, se antoja introspectivo.
—Lo que... hablamos ayer antes de ponernos a jugar...—rememora la dama con cierta vergüenza, más honesta curiosidad— ¿No te echa para atrás en ningún aspecto? ¿No te impidió disfrutar la noche? ¿No hace que pienses en mí de forma distinta?
El artista toma aire y suspira mientras selecciona sus palabras:
—Sakura... ¿A ti te incomoda el hecho de que este no sea mi cuerpo?... es decir... elegimos estar juntos, elegimos hacer esto juntos. Eso incluye nuestras particularidades. Nada que sea parte de ti va a ser algo que vea en luz negativa, y, en caso de que necesites escucharlo para comenzar a creerlo: fue una buena noche, no pienses lo contrario.
—Pero, ¿Sospechabas de antemano que no daríamos ese paso cuando aceptaste que durmamos juntos?
—Lo tomé como posibilidad... y lo consideré más que aceptable. Creo que el objetivo de la noche, como el de todo el tiempo que pasamos juntos, es disfrutar del momento. Al ritmo que sea necesario. No estábamos listos anoche, no hay nada que lamentar en eso. De hecho, que hayamos podido identificar eso es algo que deberíamos reconocernos como positivo.
Advirtiendo que dejar de lado cierta informacion seria deshonesto, Sasori se apresura a agregar algo más antes que dar pie a una interpretación equivocada:
—No voy a mentir, quisiera más, y tú de seguro te sientes similar, pero no me siento mal porque hagamos las cosas con calma.
—Sí quiero más—se sincera ella casi a modo de susurro, avergonzandose de sí misma al reconocerlo—. No me lamentaré más de que las cosas no hayan salido como lo había imaginado, porque aún con todo lo que pasó fue la mejor noche de mi vida... pero en verdad... en verdad me sigo sintiendo prisionera de mis propios miedos... como si mi cuerpo ya no fuese mío...
El tono de su confesión se tiñe de emoción, y pronto su voz empieza a sonar entre frustrada y suplicante.
—Quiero sentirme en control de una vez, quiero que eso acabe… y la única forma en que acabe es acostumbrarme a que me toques ahí…
Pese a que en ningún momento señala de ninguna manera a dónde se refiere, a estas alturas ya es una obviedad.
Para ella, estas palabras son en definitiva una forma de catarsis, sobretodo porque expresar lo que siente en torno a su pequeño reparo físico la hace de alguna manera creer que tiene una nueva chance de controlar sus sentidos.
Sasori sólo asiente con la cabeza sin interrumpirla, reservando sus dudas para sí mismo y entendiendo de entrada el peso y la importancia que este pedido tiene.
—Es sólo que... Me frustra. Me siento estúpida. Tú recuerdas anoche: estuvimos pegados por mucho tiempo, y no es como que haya evitado que me tocaras las condenadas tetas con tu núcleo. ¿Por qué demonios debería ser distinto porque lo hagas con las manos? —termina como protestando contra los dioses y contra sí misma.
Escucharse a sí misma en ese momento es lo que le hace comprender, de manera clara y concisa, que no estaría conforme con salir de esta habitación sin haber dado un verdadero paso en la dirección a su recuperación.
—Suficiente—se automodera en seco, frunciendo el ceño ante lo que está por inferir—. La única forma en que todo esto acabe es que me acostumbre a que me toques ahí.
Sus palabras se presentan ante él como una clara invitación, o más bien una orden, pero para ella no son más que la última expresión de libertad para lo que ahora comprende como una absurda reacción de su cuerpo y mente, a la que no ve la hora de superar. Necesita retomar control, sobre sus sentidos, sobre su cuerpo. Después de lo de anoche, esto no debería ser nada...
Por su lado, Sasori comprende tras sus dichos que no existe nada que pueda acotar… así que vuelve a dar su afirmativa en silencio. Si bien todavía está ligeramente preocupado por la posible reacción negativa que pueda arrancarle, confía más que nadie en el criterio de su musa. Esté o no lista para el tacto, es claro que es algo que necesita saber en este momento.
De este modo, el hombre pone sus manos sobre las caderas de Sakura por debajo de la ropa de cama, para así brindarle algún tipo de advertencia táctil antes de hacer cualquier cosa. Y desde allí, se desliza poco a poco hacia su pecho. La caricia, el movimiento, es simple aunque temeroso, pero a pesar de ello no se inmuta en su camino y avanza firme y predecible.
En un principio, la sensación toma por sorpresa a la muchacha. Quizá a causa de la expectativa, o quizá porque le da un peso especial en su mente, siente en una primera instancia el instinto de retraerse ante el riesgo... aunque luego lo supera sin mayores problemas. Momentos después, como si se diese una súbita transición de lo nublado a lo despejado, en lugar de esta extraña y desagradable incomodidad… quedan sólo sus sentidos.
Percibe únicamente el cosquilleo que le provoca el temblor de las manos de su pareja, pero ningún rastro de amenaza, ningún recuerdo molesto, ni ningún miedo irracional... nada más que una ligera bronca dirigida a esa sorpresa inicial.
La reacción en sí no es lo perfecta que ella hubiera deseado antes de volver a casa, pero ahora bien puede sonreír con la seguridad de que este inconveniente por fin tiene un pie en el pasado.
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Capítulo extra largo y especial para compensar la demora (?
Entre complicaciones de la vida y aprender a escribir con otras técnicas y herramientas, esto se tardó más de lo que nos hubiera gustado. Esperemos que estos hiatus no se vuelvan habituales.
Atentamente, lahonestidadenmi y Co-autor.
