Cuenta regresiva.


.

.

.

Una tarde como cualquier otra, cuando el cielo se torna de un color entre lila y cobalto, y las primeras estrellas de la noche comienzan a centellear sobre la aldea de la Hoja, unos golpes estoicos y calmos, más que familiares, tocan la puerta de la residencia Haruno.

Como Sai esperaba, es la cabeza de la familia, Kizashi Haruno, quien se asoma tras ella para recibirlo:

—Oh, buenas noches, joven Sai. Tiempo de no verte.

El muchacho esboza una sonrisa falsa, manteniendo la educación antes de ir al punto con el motivo de su visita:

—Tengo un mensaje para Sakura de parte de la Hokage. Es un asunto que debe ser tratado a la brevedad...

— ¿Cómo?¿Un mensaje?

—Así es ¿Está ella en casa?

—Sí. Justo se iba para lo de los Yamanaka, si es que no se fue ya—asiente el hombre saliendo de su estupefacción—. Pasa, por favor.

Kizashi lo invita a esperar en el recibidor. A continuación, Sai lo ve alejarse por el pasillo que conduce a la sala de estar mientras llama a su hija a todo pulmón.

— ¡Papá, te dije que ya voy! ¿Es necesario que entres así a mi cuarto? ¡Ya no soy una niña!

Sai conserva una seriedad mortuoria al escuchar el inconfundible grito indignado de su amiga, pese a que hay una escalera y varios metros y paredes que la separan de él.

—Perdóname, cariño, es que tu compañero, Sai, te busca.

— ¡Que ya voy! —le espeta de nuevo. Acto seguido, unos pasos acelerados y airados vaticinan la aparición de su presencia al final de las escaleras.

Cuando sus miradas se cruzan a través del pasillo, Sai sólo se limita a lanzarle una mirada.

—Qué molestia...—susurra Sakura en su camino al recibidor, con el ceño fruncido al principio. No obstante, a cada paso que da, su expresión se va aflojando y transmutando a medida que consigue descifrar el mensaje de los profundos ojos negros del visitante.

Para cuando ambos consiguen quedar cara a cara, un silencio gélido se adueña del ambiente, al mismo tiempo que el horror hace lo propio con el semblante de Sakura.

"No.. no… esto no puede ser bueno…" Se adelanta a lo peor con un nudo en la garganta, mientras no hace más que ver su propio pánico interno reflejado en el azabache frío e impasible de los ojos ajenos.

—Acompáñame. Tenemos trabajo que hacer—es la orden que brota de los labios del ANBU, anteponiendose y opacando cualquier reacción de parte de su compañera.

Afortunadamente, su tono consigue mantenerla en foco lo suficiente como para sentarse en el escalón y calzarse las botas.

— ¿Quieres que le de un mensaje a Ino? —pregunta Kizashi ajeno a la situación, apareciéndose a las espaldas de su hija.

La muchacha traga saliva y reúne toda su fuerza interior para ponerse en pie y dedicarle una sonrisa a su padre antes de partir junto a Sai:

—Dile que recibí un mensaje de la Hokage. Que será para la próxima.

— ¿Volverás esta noche?

—No lo sé..—responde con voz ausente, volviendo la vista a la puerta—. Eso depende...

"Algo le pasó a Sasori."

Es la única conclusión que se arma en su mente cuando sale a la calle en compañía del ANBU de Raíz. Sin dudar, ni perder un momento de su tiempo, ambos se echan a correr aparentando dirigirse a la torre Hokage, pero más pronto que tarde Sai cambia de rumbo, obligando a Sakura a hacer lo mismo.

Mientras trota a su ritmo para seguirle el paso a través de cada calle y recoveco de la aldea, no cesa en insistirle por detalles y respuestas al sinfín de dudas que la atormentan. Empero, el silencio y la seriedad de su amigo se empeñan en dejar inútiles a sus esfuerzos.

—No podemos hablar ahora, lo discutiremos todo cuando lleguemos—es la tajante y única oración que obtiene de Sai, pero le basta para, por lo menos, deducir por sí misma a qué sitio se dirigen.

De este modo, ambos terminan dentro del aparentemente inocente, y del todo usual callejón. Como siempre, el artista del movimiento es quien toma la iniciativa a partir de ahí y auspicia el acceso al escondrijo que se oculta tras las paredes.

A diferencia de las veces anteriores, lo que Sakura se encuentra allí dentro es tan insólito que la sola imagen le resulta inaudita. La habitación secreta de Sai se halla en un total desorden, donde todos los compartimentos secretos del cuarto están abiertos de par en par. Un millar de papeles se encuentran desperdigados por el suelo, y una serie de lámparas de aceite alumbran la totalidad del lugar. Por otro lado, unas dos enormes mochilas de campamento, cargadas a tope con quién sabe qué, llenan una de las esquinas del recinto.

El único espacio vacío que queda, en el centro de toda la escena, es ocupado por el shinobi pálido, quien de inmediato procede ignorar a su invitada mientras se acuclilla para buscar un papel entre el desorden.

— ¿Sai? ¿¡Qué está pasando!? ¿¡Le pasó algo!?—demanda alarmada por el desesperante panorama.

—Tenemos que abandonar Konoha. Ya contacté a Sasori, y ya tengo nuestro equipaje listo— explica sin pausas, ni miradas de por medio, compenetrado en la tarea de dar con el documento que busca.

—No es suficiente. Dime qué está pasando. Ahora—le ordena en un tono más firme y severo que antes.

Sai levanta su mirada hacia ella, y es en ese momento que Sakura contempla la expresión más seria que jamás había visto en él.

El de la Raíz se pone de pie y la mira directo a los ojos antes de pronunciarse. Corto de palabras, directo al punto y devastador como un ataque conectando en los pulmones:

—Fuimos descubiertos. Todas nuestras actividades y con quien las realizamos. Todo. El mensaje que revelará nuestros crímenes está en camino a Konoha. En el momento que llegue, seremos traidores. Tenemos que escapar cuanto antes y crear distancia entre nosotros y los ANBU. Ahora.

Las palabras se sienten tan falsas en un primer momento que Sakura no puede creerlas, pero se escuchan claras. El rostro del pálido no miente, y su voz tampoco.

Toda esta realización se siente como un súbito balde de agua helada cayéndole encima y empapándola hasta los huesos.

A continuación, la descolocada mujer se lleva las manos a la sien como si eso le pudiese ayudar a contenerse. Por ahora, la noticia aún no termina de explotar sobre su cordura, pero no tardaría en hacerlo en sus facciones.

—No tenemos tiempo que perder, Sakura. Tienes que buscar los víveres médicos o personales que necesites llevar contigo—indica al tiempo que se gira para señalar el equipaje que reposa contra la pared—.Como puedes ver, ya preparé para ti una mochila con alimento, mudas de ropa, dinero, elementos de campamento y supervivencia, y otros esenciales. Sé rapida, sé concisa, sé sigilosa y regresa aquí.

—Tú… ¿Qué harás….?

—Vengo planeando este día desde que comencé mi carrera de espía. No quería que llegase, pero… El punto es que ya lo hizo. Ahora, necesito seleccionar qué inteligencia llevaré conmigo antes de retirarme. Tú debes hacer lo mismo: busca lo que necesites y regresa aquí. No puedes tomarte más de una hora y media. Saldremos a encontrarnos con Sasori en dos horas.

El tono contenido de Sai se corta de repente, siendo reemplazado por un comando airado e impaciente:

— ¿¡Qué haces aquí aún!? ¡Date prisa!

Haruno se pone en marcha, aferrándose al mandado como si fuese la única cosa clara y segura que tiene a mano para no venirse abajo… y en este caso, lo es.

"Es el final del camino. Realmente está pasando. Este es el final. Es el final. Es el fin. Tenemos que escapar." Se repite durante todo lo que se tarda en subirse a los tejados y moverse sobre ellos a los saltos en dirección a su hogar.

Una vez que entra a su habitación a través de la ventana, un sentimiento amargo de añoranza y tristeza se apodera de su pecho. Sintiendo como si de repente el aire allí dentro pesara diez veces más que el de afuera, Sakura se queda junto a su cama, de pie, inmóvil y perdida dentro de su propio mundo.

Poco a poco, cae en cuenta de que esta podría ser la última vez que pise el hogar que la vio crecer, y las lágrimas responden a su dolor acumulándose bajo sus párpados… pero esta vez se niega a derramarlas allí.

Luego de un largo y hondo suspiro que vuelve a abrirle las vías respiratorias, la kunoichi toma la llave de la farmacia del hospital del primer cajón de la mesita de noche; y se desvanece de allí como si nunca hubiera estado.

"¿Esa fue la última vez que pise mi hogar?... ¿Voy a irme sin despedirme de mis padres?"

Ahora que vuelve a quedar amparada bajo el techo de estrellas y la luz de la luna, la humedad de sus ojos consigue abrirse paso y brotar como saladas perlas hacia sus mejillas.

Entre que intenta en vano secarlas a todas con el dorso de sus dos manos, Sakura no hace más que frustrarse y sentirse contrariada consigo misma… ¿Cómo puede ser capaz de continuar en esta situación?

Por fortuna para ella, todo su llanto es contenido poco antes de entrar al hospital para robar un par de suministros. La máscara de normalidad que esconde el tumulto en su interior se sostiene por metafóricos hilos, más delgados que sus cabellos… pero se sostiene.

"¿Voy a ser una página en el libro bingo? No puede ser."

El proceso de reunir y tomar todo lo que considera importante le lleva más tiempo del que normalmente le costaría.

El concepto de ser una traidora para su aldea, así como sus implicancias, comienza a hacerse presente en ella como un aura que la rodea, oprime, y amenaza con perseguirla aunque no sea capaz de siquiera comenzar a concebir la naturaleza de aquello que será su futuro.

A este punto, el cielo sobre la aldea ya no es más que un mar negruzco repleto de astros brillantes. El tiempo pasa al mismo y constante ritmo que siempre lo ha hecho, ignorando por completo a civiles y shinobis, y, entre estos últimos, a la mujer a la cual los instantes que le quedan en Konoha se le escapan de entre los dedos como si fuesen gotas de lluvia.

—Quizá no, pero… ¿Seguro que huir es la mejor opción? —pregunta al artista del movimiento, una vez que ha regresado al cuarto oculto entre los callejones.

Ambos jóvenes son acogidos una última vez por el cuarto oscuro y cuadrado que siempre ocultó sus secretos del resto del mundo.

—La única opción… —contesta el muchacho ocultando eficientemente sus inquietudes tras una sólida máscara de profesionalidad.

—Sai, por favor… no puede ser que nuestra vida en Konoha se termine así como así. Todos nos conocen aquí… Tenemos contacto con Tsunade. Tú tienes contacto con Danzo ¿No crees que nos defenderán? —el balbuceo en negación de la mujer se extiende en el tiempo, y cada vez las sílabas se pronuncian más rápido y en una voz más baja.

Ella recorre las posibilidades en las que su esperanza se esconde, como rogándole a los dioses, al hombre que tiene a su lado, a la voluntad del Fuego, o a quien sea una posible salida a la realidad que se asienta como inevitable.

—Sakura… ten la frente en alto.

Su orden pronto demuestra ser en vano. Ella sigue insistiendo con las posibilidades más inverosímiles; cada vez más rápido, cada vez con menos aliento.

—Por favor tiene que haber otra forma, no puede ser que esto esté pasando, Sai. No está pasando.

De repente y sin previo aviso, el sonido del impacto de palma contra mejilla llega a la mente de Sakura antes que el dolor se anunciase sobre su propia piel.

—No tenemos tiempo para esto aquí y ahora. Despierta—el joven la trae de regreso a la realidad luego de haberle dejado la mejilla derecha roja y ardiendo—. Konoha tiene un departamento de interrogación y torturas. ¿Cuán a menudo capturamos enemigos vivos? ¿A quienes interroga Konoha entonces? Tsunade ya tiene problemas con el Señor Supremo del Fuego por no haber ordenado la cacería de Sasuke, y no puede tomar más chances. Mucho menos va a tomarlas cuando se entere de que trabajamos con el hombre que mató al tercer Kazekage. Danzo es demasiado inteligente y precavido como para arriesgar su puesto en la aldea por mi. Estamos solos ahora, y cualquiera que intente ayudarnos, o nos asista, va a ser puesto bajo la mira también, eso incluye a Kakashi, Naruto, tus padres y la chica Yamanaka. Por eso es que conservamos secretos, no para protegernos a nosotros, sino para proteger a quienes nos importan. No pueden ayudarnos, y no quieres que nos ayuden. No quieres eso en tu consciencia.

— ¿Y se supone que tengo que abandonar la aldea como si nada? ¿¡Después de todo lo que hicimos por protegerla!?

— ¡Seguiremos ayudando a la aldea! Nos esconderemos y huiremos hasta que eventualmente nos convirtamos en contactos de otros espías que, como nosotros, pondrán en riesgo sus cuellos trabajando con quienes no deberían… y lo harán hasta que sean descubiertos y tengan que huir…—la aplaca fallando cada vez más en mostrarse impasible, hasta que deja ver una porción de su humanidad en una última oración cargada de frustración y pena—: ...Y la historia se repetirá una y mil veces.

Es esta señal de dolor en su amigo la que invita a Sakura a controlar su pánico aunque sea un poco.

Pese a todo, la señal de dolor ya no deja rastro en las facciones y el tono del ninja cuando vuelve a pronunciarse:

—Así que dejemos las etapas del duelo para cuando estemos seguros de que no vamos a ser capturados… Un espía muerto no puede ayudar a nadie…

La mujer asiente guardando su pesar muy dentro de su pecho, y se ajusta a los hombros la mochila que él le preparó, y que ella también cargó con las medicinas tomadas del hospital.

Al girarse hacia él de nuevo, lo encuentra ya vistiendo una capa impermeable con capucha que cubre y ennegrece casi por completo su figura. Ve que tiene un encendedor en la mano, con la llama iluminando su rostro serio y apagado. Cuando la luz anaranjada baña la banda metálica que aún viste sobre su pálida frente, Sakura percibe al símbolo de la aldea que están por abandonar como una cruel broma en medio del metal.

Como si fuese un ritual religioso, el artista del movimiento deja caer el fuego sobre los papeles desperdigados en el suelo, y se quita la banda de la cabeza mientras las llamas comienzan a consumir la evidencia de que alguna vez existió un par de espías entre los muros de este callejón.

—Vámonos…—se vuelve hacia ella tomándola de la mano—. Tenemos que asumir que el mensaje que nos condena está llegando a Konoha...

.


.

El carruaje que transporta a Hanazono a su casa de veraneo es lujoso como pocos en el país del Fuego, pero eso no hace mucho para reducir el temblor producido por un camino sinuoso, pedregoso y de poco mantenimiento en general.

Se culpa a sí mismo por no haber hecho caso antes a los pedidos de atender la infraestructura en esta región.

El mandatario había hecho una escala en Ryosh, la primer ciudad en la que existe un punto de contacto con Konoha, para retirar un listado de ninjas dispuestos a ser contratados. Con algo de suerte, allí podrá encontrar algún dato sobre aquellos que conspiraron junto con Sasori en su contra. Si bien no es seguro que este método sea exitoso, pasar tiempo observando rostros y asociandolos con la utilidad que tienen es básicamente la tarea de un noble.

Además, por un instante considera enviar desde allí mismo el pergamino para iniciar la cacería, pero ya no va a cometer nuevamente el error de actuar a ciegas. Ahora que ellos creen que están a salvo, él corre con ventaja, así que puede tomarse un poco de tiempo para averiguar todo lo posible acerca de sus enemigos antes de darles caza.

"Además… tratar con Akatsuki es algo distinto a trabajar con aldeas ninja… Quién sabe dónde tienen ojos y oídos."

Hanazono teme que si muestra tener comunicación activa con las aldeas, esto lo convierta en una figura menos confiable con la cual negociar. Si el tesorero de Akatsuki decide no reunirse con él solo porque tuvo prisa innecesaria al ejecutar su plan, sería una verdadera pérdida.

Toda la tarde la pasa en su litera, junto a la ventana que permite a la luz del sol entrar al carruaje, buscando de tanto en tanto, y solo cuando la estabilidad del carruaje se lo permite, las fotos de los dos shinobis descritos por el químico. En teoría, todo sobre ellos debería estar en las páginas de este libro contable, el cual siempre es reeditado y repartido por Konoha a los nobles para que seleccionaran sus contratos según sus necesidades y límites económicos.

Ya hay un atado de cigarros achicharrado en el cenicero de cobre del pasamanos para cuando comprueba decepcionado que, de los ninjas en la lista, ninguno declara poseer técnicas de tinta…Además, es casi imposible encontrar shinobis médicos trabajando fuera de sus aldeas de origen. De hecho, en la última edición de este libro de contratos no recuerda haber visto ningún sujeto de esta profesión.

A medida que el sol de verano desaparece por el horizonte, y a medida que los carros se van acercando al destino que cobijará a la comitiva durante la noche, el noble señor comienza a considerar la posibilidad de que su búsqueda sea una pérdida de tiempo.

"Si el imbécil de Hiromu me mintió… bueno, en Khanzen y en Ryosh hay burdeles que estarían más que dispuestos a recibir dos mujerzuelas más sin identidad, ni sitio a donde ir a cambio de un puñado de ryus..." Piensa furioso ante la posibilidad de que la información dada haya sido falsa, y no esté haciendo más que perseguir sombras.

De todos modos… no es que tenga otra cosa útil que hacer hasta que lleguen a su quinta de veraneo y pueda comenzar los preparativos para comunicarse con Akatsuki y Konoha por los medios adecuados.

"Sean falsas o ciertas las supuestas descripciones que me dio ese imbécil, tendré un par de días y noches para averiguarlo."

Pese a todo, sus cavilaciones son interrumpidas cuando la caravana deja atrás la tierra y comienza a desplazarse por el sendero adoquinado que conduce a la ciudad de Koizoi, tierras de su colega, el señor feudal del oeste: Satoshi Kitano.

Cuando por fin llegan hasta las murallas de la ciudad, y pasan a través de las puertas que los reciben abiertas de par en par, los lugareños se congregan en ambos extremos de la calle y lanzan ovaciones y confeti al verlos pasar, tal y como en el resto de las ciudades que van visitado antes. No mucho después del recibimiento del populacho, el propio hermano menor de Kitano, Shigeru, se acerca a su carroza en contramano, y montado sobre la silla ribeteada en plata de su corcel bayo, para darle el recibimiento de la nobleza.

A continuación, el ilustre señor menor lidera y escolta personalmente el camino de sus visitantes hasta la quinta de Ko. Donde los espera una gran cena de bienvenida y un baño caliente.

Tras alojarse en el comedor de la casa de baños, Hanazono y su corte, incluidos criados, mozos, choferes y cocineros, cenan capón asado, setas en mantequilla, calabaza horneada y especiada rellena de queso, pan casero, aceitunas en vinagre y salmón ahumado con cebolleta y tomates dulces.

Toda su compañía, más el propio Shigeru que asiste al banquete en representación de su hermano mayor, se da el gusto de dar buena cuenta tanto de la cena como del postre, mientras que él mismo, inapetente, sólo se limita a probar un poco del capón, aceitunas, tomate y calabaza, y luego de los pudines y las manzanas asadas que sirven de aperitivo dulce.

En lo que dura la reunión de los comensales, Hanazono siempre cuida de que su copa esté llena del dulce vino artesanal de los viñedos de la quinta.

—Espero sepa disculpar la ausencia de Satoshi, mi señor—se excusa Shigeru mientras degusta una pata de capón en el asiento a su derecha—. Me temo que mi hermano está lidiando con una revuelta obrera en las aduanas del norte. Llevamos varios días intentando negociar la rendición de los huelguistas que tomaron el Paso de la Princesa, pero parece que correrá la sangre antes de que se nos terminen las reservas de avena y arroz.

"Ya quisiera que lidiar con el pueblo fuese tan sencillo como reducir su número a base de palizas..."

—Si me permites un consejo… creo que aplicar la mano dura debe ser una medida de último recurso. De preferencia, reservada sólo para la rebelión contra el país o la nobleza—responde Hanazono con cortesía—. El corazón blando de tu hermano es noble, pero su falta de capacidades de negociación arriesga con manchar el prestigio de tu casa. En lo personal, siempre vi más potencial en ti.

El noble invitado esboza una sonrisa luego de emitir el cumplido, sin jamás dejar perder una oportunidad de hacer crecer su influencia entre los nobles del país.

—Mi abuelo siempre decía que un líder debía de ser generoso a la hora de negociar con los rebeldes de sus tierras, ofreciendo condiciones que no pudieran ser rechazadas—prosigue fingiendo respeto ante su antepasado—. Con el tiempo, y en cómodas cuotas, los hombres recibirán la parte del acuerdo que compre su trabajo de regreso, con el recordatorio en mente, tanto de ellos como de sus hijos, de que los nobles siempre rinden sus cuentas al pueblo. No coincido por completo con él… El punto no es ser generoso. Eso pone en peligro los cofres del país. El punto es escuchar entre líneas. Detrás de una revuelta suele existir más que hambre, más que necesidades físicas. De seguro, los hombres en revuelta se sienten ofendidos en su honor por tu hermano de alguna manera. Si aconsejas a tu hermano que atienda esto… o si lo atiendes por tu cuenta… podrías resolver este asunto ganándote el favor de tus oponentes.

El hombre, de unos treinta años, cabello ralo azabache y ojos azules, reacciona con una sonrisa ante sus consejos. Estaba acostumbrado a existir a la sombra de su hermano… El que el heredero de la casa Hanazono hable bien de su rama de la familia, y le ofrezca consejo, es una situación que no puede tomarse a la ligera..

—Mi señor hermano ya intentó deshacerse de los líderes de la revuelta por la fuerza, pero son escurridizos y burlan a los guardias y al hacha del verdugo escondiéndose en las alcantarillas. Incluso escuché que intentó contratar un equipo de shinobis para que los rastreen.

"Satoshi es un imbécil en materia de negociaciones, pero claramente tiene un par de huevos bien puestos... y eso no es bueno para la nación, puesto que los nobles con huevos suelen considerar el entrometerse en mis planes cuando persiguen sus propias ambiciones."

—No es una estrategia que recomendaría en este momento del conflicto…—repone simulando estar estupefacto ante las palabras de su anfitrión—, pero sería efectiva, ¿Por qué falló?

—La propia Tsunade declinó nuestra solicitud un millar de veces. Dice que no aceptará que sus ninjas sean usados en la matanza de civiles.

"Tendría que habérmelo imaginado de parte de esa furcia testaruda." Piensa con ironía; aunque, de alguna manera, el recuerdo de Tsunade Senju convierte el dulzor alcohólico de la bebida en ceniza dentro de su boca. ¿Qué acaso no reconoce que ella y toda su aldea no son más que mercenarios sobrepagados con una máscara barata de honor?

—Entonces, tu intervención es definitivamente algo necesario.

Una vez finalizado el banquete de bienvenida, el mandatario se retira a los baños, donde goza de un onsen privado, apartado del resto de sus acompañantes masculinos de alta alcurnia.

Cuando termina de asearse, se viste con un yukata blanco y se lleva una botella de vino consigo al subir al cuarto piso del albergue, en donde lo esperan sus aposentos. Sitio en el cual planea reanudar su investigación.

Durante las horas que pasa en vela sentado frente al escritorio de ébano del elegante dormitorio, su esfuerzo finalmente parece rendir sus frutos. En medio del libro, y alumbrada por la luz tenue de la lámpara de mesa, se topa con la foto de una joven mujer de pelo rosado. Debajo de su rostro, en la lista de especialidades, reza la siguiente leyenda: "médica de combate"

"Bingo." Sonríe premiándose a sí mismo con otro cigarrillo, que se retira a fumar junto a la ventana abierta de su alojamiento.

Mientras que el humo que expele de los labios se pierde en la vista panorámica de la ciudad más allá de los muros de la quinta, y mientras que la cálida brisa nocturna se le cuela dentro del pecho del yukata, el noble comienza a leer más sobre la joven Sakura Haruno en el libro que todavía sostiene con su mano libre…

"¿Otra discípula de Tsunade Senju?"

Ahora sí que le llama la atención.

"Por supuesto que esa zorra sin clase, ni vergüenza, tomaría por discipula a una mujer sin apellido."

Todo esto era tan propio de ella que no pudo más que reír.

Hanazono nunca se llevó precisamente bien con la furcia de las babosas. A decir verdad, sólo mantiene los tratos cordiales mínimos porque tener un contacto sano con las aldeas ninjas es necesario para cualquier noble. Aunque la muy vulgar y babosa se lo puso difícil desde el comienzo.

Recuerda la primera vez que la vio, al poco de asumir el puesto, en la reunión de los catorce en la sala de las lámparas. Dicha sala, como su nombre lo indica, consiste y consistió siempre en una cámara con una gran mesa redonda de madera caoba en su centro, añejada gracias a varias capas de barniz. Sus paredes, forradas en terciopelo rojo, están decoradas con catorce lámparas, trece blancas y una grande y roja con el símbolo del fuego tallado en su luminaria. Todas ellas ordenadas de un modo acorde a quienes siempre ocupan las catorce sillas de la mesa: Kitano, de las tierras del oeste, la señora Oboro del este, Saito, el señor del norte, él mismo, Hanazono del sur, más tres funcionarios de cada uno de los cuatro señores: el ministro de economía, el de salud y el secretario de obras públicas, y, por último y no menos importante, el representante del Señor supremo del Fuego y el señor Hokage de Konoha.

Uno de los temas a tratar en la reunión era la planificación de los próximos exámenes chunin, y Senju había llegado tarde y medio borracha, con un desagradable olor a sake manando de su aliento a cada vez que abría la boca para quejarse de que los fondos destinados a la ceremonia eran insuficientes.

"—Se dice que la nueva Hokage es en realidad una vieja desdentada, encorvada, llena de verrugas y con las tetas flácidas y caídas, pero que siempre oculta su apariencia detrás de una técnica de rejuvenecimiento que la hace aparentar cincuenta años menos."

Le había susurrado Kitano al oído mientras se dirigían a la sala, haciendo gala como siempre de su sentido del humor entre irreverente y perverso. La simple idea de una anciana escondiendo su verdadera edad le pareció tan repulsiva que al principio no se lo creyó.

Pese a todo, su disgusto hacia ella sólo se afianzó cuando la vio aparecerse en la cámara con esa sonrisa altanera, ese escote vulgar y el rombo sobre su frente que se rumoreaba era lo que le otorgaba el aspecto juvenil.

En realidad, Hanazono hubiese preferido que, tras la muerte de Hiruzen Sarutobi, fuera Danzo Shimura el que tomase las riendas de la aldea.

Por las pocas veces que lo trató en persona en ceremonias políticas, siempre le pareció un caballero con total aplomo, con ideas claras, y medidas aún más claras para poner orden a la crisis y a la nueva ola de deserciones y traidores que dejaban Konoha, llevándose sus secretos con ellos. Además de que el hombre siempre compartió su filosofía de que la fuerza de la aldea recae en la fuerza de sus patrones, los señores feudales.

"—Tsunade es sin duda una de las mejores kunoichis de su generación, pero carece de la capacidad de liderazgo para conducir a la aldea en estos tiempos revueltos. No tiene el entendimiento de la política que tenía su abuelo, confunde la precaución con cobardía y a sus consejeros con conspiradores. Además de que su naturaleza como médica hace que su temperamento sea blando y débil ante la traición."

Le había confiado el líder de la Raíz un año atrás, durante la única vez que Hanazono lo recibió como invitado en su mansión.

"—Mis espías no dejan de enviarme noticias de que los vientos de la guerra se alzan en las tierras occidentales, en donde el Tsuchikage presenta cada vez más dificultades a la hora de mantener el dominio sobre las tierras de la Luna. Además, el país del Sonido se disolvió y sus habitantes se convirtieron en bandidos a sueldo, esparciéndose por el país del Fuego como cucarachas. Su acción en nuestros territorios está haciendo que la bolsa de trabajo de Konoha descienda. Por otro lado, está Akatsuki, reuniendo las bestias de poder para quién sabe qué motivo… Algunos de mis contactos aseguran de que la aldea de la Lluvia está apoyando y financiando sus ataques terroristas—la voz del anciano, aunque estoica, denotaba un profundo disgusto ante la realidad que estaba describiendo—. Lo que Konoha necesita ante todo esto es un líder apto, implacable y que reúna de su lado el apoyo de usted, y del resto de los señores."

"—Estoy de acuerdo—había expresado el mandatario—. Todo este panorama apunta a que nuestra nación verá de regreso los Días Oscuros, salvo que ya no hay ningún mesías de los Seis Caminos que nos salve si Akatsuki consigue reunir a las bestias. El país está dividido, la aldea está debilitada, y no podemos permitir a nuestros enemigos que nos derriben."

"Sólo hay que ver lo desastrosos que fueron estos tres primeros años de gestión de la Reina Babosa como para comprobar que Danzo tenía razón."

Cada vez es mayor la tasa de genin que se reciben de la academia pasados los trece años, y muchos de ellos con una formación tan mediocre que ni siquiera sobreviven al examen chunin. Por otra parte, la infraestructura es la misma desde hace sesenta años, con edificios que caen a pedazos y calles sin adoquinar, seguida de un consejo incompetente a cargo del filtro de las misiones, que no hace más que terminar enfrentando a los poderosos entre sí y dividir el poder de la nación más de lo que ya está. Por último, está lo más injuriante de todo: miembros de clanes importantes en extinción que abandonan la aldea sin represalia alguna.

"— ¿Que el último de los Uchiha se escapó? ¿Es que tanto sake te ha reblandecido el seso o estás tan senil que no ves la gravedad del asunto?"

La había criticado en una cena nobiliaria a la que había asistido como invitada, unos diez meses después de que el dichoso plan de enviar un grupo de genin a recuperar al Uchiha desertor de trece años fracasara. El resto de los comensales lo miraron fijamente cuando la desafiaba del otro lado de la mesa, unos con reserva, otros asustados.

El recurrente dicho de que esa mujer tiene una fuerza de los mil demonios, y un carácter mucho peor, siempre consiguió intimidar a un puñado nada despreciable de hombres poderosos, pero no a él. Esa furcia incompetente podría presumir el título de sannin dado por Salamandra Hanzo todo lo que quisiera, pero nunca tuvo dotes de líder, autoridad, ni tampoco la habilidad para impartir disciplina sobre los suyos, más allá de encabronarse y repartir puños a quienes la desafían abiertamente. Siempre fue pura fuerza bruta y nada de cerebro. Y se lo había demostrado en esa misma velada al atreverse a decir de frente lo que todo el mundo murmuraba a sus espaldas.

"—Más respeto hacia los niños que casi perdieron la vida en esa misión, mi señor—le había respondido la mujer con el ceño fruncido—. Nada de lo que ocurrió allí fue algo que yo pudiera haber previsto de antemano. Orochimaru estuvo detrás de esto. Meses antes de la deserción de Sasuke, la víbora se había infiltrado en los exámenes chunin para tomar nota de las habilidades de todos mis ninjas. Gracias a lo que aprendió allí, fabricó experimentos de cacería para que atacaran y mataran especialmente a cada uno de los shinobis que envié tras Uchiha."

"—Eres doblemente estúpida, entonces—prosiguió aún más furioso—. Si sabías que Orochimaru conocía las capacidades de tus genin de pacotilla, hubieras mandado gente más capaz y de mayor rango en su búsqueda, para que tomaran por sorpresa a la víbora y sabotearan sus planes. Además, ¿Qué clase de ninjas son tan incompetentes como para fallar en un equipo de seis? En los tiempos de Hiruzen, los niños de ocho años ya se unían a los ANBU y eran mil veces más eficientes cazando a sus presas que tu debilucha camada de borregos."

Mientras la discusión se llevaba a cabo, la acompañante flacucha y de cabello corto y negro que Tsunade tenía siempre por acompañante, estaba sentada a un lado de su maestra en silencio de muerte, y con el rostro más blanco que el plato de gachas de avena en leche que estaba sobre el mantel de la mesa.

"—Eran unos genin recién graduados de la academia. Los mejores de su clase y, además, todos ellos se ofrecieron voluntarios para la tarea. A uno de ellos lo tuve que operar yo misma para que pudiera sumarse a la batalla a último momento. ¿Que por qué no envié jounin? La razón es simple, mi estimado Hanazono: esa gente más capaz estaba ocupada patrullando tus tierras y la de todos estos señores, tanto para buscar a la víbora como para proteger a tu gente de ella—repuso Tsunade con un tono venenoso y severo que nada tenía que envidiarle al viperino porte de su ex compañero de equipo— ¿Es que las putas y los corruptos fétidos que tienes por aduladores te reblandecieron tanto la verga y el culo, que ya olvidaste las cartas que me mandaste chillando por protección para tus posesiones?"

La osadía de la mujer había puesto roja de vergüenza a su discípula, y al mismo tiempo había acarreado una ola de risas y cuchicheos mal disimulados de parte del resto de comensales de alta cuna.

Él, por su parte, se había quedado en una pieza y con el color rojo tiñendo sus mejillas, aunque, a diferencia de la mano derecha de la Hokage, el suyo era de pura ira.

"—De hecho, mi señor, debo admitir que es un poco raro y peculiar para mí que usted tenga tanto miedo de las serpientes—agregó con una sonrisa burlona—. Tantos aires que se da en cuanto a ser un digno sucesor de su abuelo, y se retrae como un niño ante la idea de que una víbora de otro nido venga a comerse sus huevos."

"—Eres una furcia menopáusica y maleducada—la insultó al ponerse de pie con violencia, con las fosas nasales dilatadas por la ira—. Si tuvieras al menos la mitad del peso de tus tetas en seso, te darías cuenta de que un buen Hokage está para entrenar las fuerzas militares de una nación, no para desafiar a quienes la dirigen. "

Luego de esas palabras, el señor había dejado el comedor con el orgullo herido y un mal humor tal que parecía echar vapor a través de sus poros.

"De no ser porque sería contrario a la máscara que construí para mi beneficio, habría contactado al Señor Supremo del Fuego para que la castigara apropiadamente. Pero no… La mujer será desagradable, pero no lo suficiente como para someterse a deberle un favor a otro noble… Si ella no quiere doblegarse por las buenas, terminaría siendo removida del camino a su modo. Paciencia, planes y tiempo. Y su tiempo se acerca." Piensa volviendo su mente al alojamiento que ahora lo atañe, mas sintiendo sobre sí mismo la ofensa de esa noche como si hubiese ocurrido ayer.

"En su día, moví mucho dinero e influencias para conseguir votos en el consejo de Konoha a favor de Danzo... ¿Por qué demonios se decantaron por esa cosa?"

Perder la chance de tener a un hombre competente y fiable al mando de la aldea, en vez de una anciana ebria que rehuye de su edad tanto como lo hace del trabajo es quizá el golpe más bajo de la década para la nación.

"Y, por si fuera poco, toma por protegida a una mujer que trabaja con Sasori a sus espal…."

Sus pensamientos se detienen cuando lee la sección de logros en el perfil de la kunoichi de pelo rosa: "Responsable del asesinato de Sasori de las Arenas Rojas."

No puede evitar soltar una carcajada triunfal ante la incompetencia final de Tsunade…

"Este será el último clavo en su ataúd. Perderá su puesto como Kage y su reputación de mierda caerá en desgracia. Con un poco de suerte, hasta tendrá que tomar en sus manos la tarea de quitarle la vida a su pupila... quizá interrogada por su propia gente, acusada de encubrir y fomentar la traición…"

La idea de que en esta jugada pueda cargarse a Sasori, sus co conspiradores y a la vieja ebria que se burló de él y le arrebató la influencia sobre Konoha es demasiado atractiva como para no llevarla a cabo.

Esta es la clase de situaciones que ilustran por qué él llegó a ser quien es.

No existe el fracaso si se utiliza como plataforma para impulsar el triunfo. Reconstruir su influencia y volver a solidificar el poder de la nación del Fuego será mucho más sencillo con la asistencia de una aldea de la Hoja controlada por Danzo.

.


.

El viaje por el bosque que emprenden los recién renegados de Konoha se realiza a la luz de las linternas y en medio de un silencio de muerte, de una forma tan improvisada y repentina como lo fue el modo en que se enteraron de cuál sería su destino.

Hace ya horas que el enorme portal de ébano, pintado en verde y blanco, de la aldea fue dejado atrás, pero su imagen y su presencia se quedan marcados en su memoria como una entidad imposible de ignorar.

"No volveré a ver Konoha… ni a mis padres… ni a Ino… Naruto… maestra Tsunade..."

El latir agitado de su corazón, el sudor frío de su cuerpo, y la sensación de cansancio que se acumula en los músculos de su rostro a causa del esfuerzo por no quebrarse de nuevo, son para Sakura la evidencia definitiva de que esto que está viviendo no es una pesadilla más.

A simple vista, la magnitud de las noticias se dejan ver más en ella que en Sai. Él tiene siempre tuvo mucho más éxito que sus compañeros en lo que respecta a ocultar y mantener a raya su bajo rango de emociones, y el grado de estrés que se arremolina en su interior ante esta nueva situación no sería la excepción a esa regla. Él sabe bien que si no se mantiene ocupado y en foco, esta huida nocturna sólo terminará sirviendo para retrasar lo inevitable.

—Sai…—lo llama una vez que están lo suficientemente lejos como para cesar la estampida frenética, comenzando a caminar bajo el dosel de los árboles para recuperar el aliento— ¿Cómo lo haces?

—Sólo tengo una mejor máscara y mucho en qué pensar. Estamos por encontrarnos con el verdadero experto en este tipo de vida… haríamos bien en tomar su consejo.

—Todavía no pediste su consejo…—señala ella—, y no pareces necesitarlo, porque ya lo estás haciendo por tu cuenta. ¿Cómo puedes? ¿Cómo podría yo?

—No sé cómo lo hago… ni cómo lo haremos. Sólo sé que, después de todo lo que pasamos, los dos somos lo suficientemente fuertes para seguir adelante… El modo lo encontraremos por el camino—explica el muchacho tomando un poco de agua de su cantimplora para paliar la sequedad pastosa que la huída le dejó en la garganta—. Como todo… creo que se hará más fácil con el tiempo…

Pese a su práctica en mantenerse en foco, su tono se antoja apagado, casi dudoso, pero nunca le mintió a su amiga, al menos, nunca desde que ambos comenzaron a trabajar juntos en el espionaje.

No es que exista alivio para esta situación… pero es lo más parecido que hay a la esperanza.

.

.

.