Exilio.


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El artista de lo eterno espera escondido el bosque por sus compañeros, no menos inundado de preocupaciones y dudas que ellos antes de emprender el viaje. Dudas enfocadas no en su futuro o su seguridad, sino en lo que los tiempos venideros le deparan a Sakura.

No es que Sasori no tenga motivos para temer por su propia cabeza. De hecho, ahora se encuentra en el más grave peligro de su vida, al menos desde su primer asesinato a un Kazekage… pero ya está acostumbrado a esta existencia.

"Opté por esto… pero, en su caso… ella fue obligada a vivir en estas circunstancias. Sakura ya debe tener demasiada turbulencia en su mente como para pensar con claridad en la manera más adecuada de sobrevivir. Recae en mí la responsabilidad de guiar el camino durante la huida."

Huir una vez más de las aldeas ya es un problema logístico alrededor del cual pensar. Ya lo fue la primera vez que él abandonó la Arena, aunque claro que, gracias a Akatsuki, esta tarea se le volvió un poco más sencilla tras tomar la vida de su tercer líder.

Ahora, después de haber participado en el atentado contra la vida del quinto, y encima después de que la alianza entre la Arena y la Hoja se volviera sólida… el escenario amerita abandonar los países del Fuego y el Viento, y de preferencia también a sus pequeños vecinos.

Por si todo esto no fuese suficiente, tras añadir a Akatsuki a la ecuación el mapa del mundo se ve como un campo minado casi en su totalidad.

No es hasta que el alba comienza a teñir el mundo que el taciturno marionetista percibe vestigios de actividad humana a su alrededor; más precisamente, por detrás de la oscuridad violácea proyectada por unos arbustos de bayas bastante crecidos. Penumbra desde la que, de un modo casi espectral, la pareja de ninjas de la Hoja se hace presente.

Aunque la luz matinal no está ni de cerca en su punto más álgido, como para poder penetrar bien entre el dósel de los árboles, es suficiente para que el primer avistamiento de la jadeante y recién llegada mujer cause un impacto en su ánimo. Porque mientras que Sai luce tan en control de sí mismo como siempre, la crisis plasmada en la mirada y palidez del rostro de su compañera tiene el instantáneo efecto de alterar su voluntad, y llamarlo a su lado en un grito mudo.

A continuación, y sin romper el silencio trágico de la escena, sus pasos lo llevan casi volando por el césped hasta poder envolver a la dama en sus brazos. Si bien su abrazo es recibido de buena manera, el ex Akatsuki no puede siquiera concebir palabra que alivie el ánimo de la joven que ahora comienza a contener sollozos contra su hombro.

"Decir en estos momentos que todo estará bien es más cercano a un insulto que a una buena acción." Piensa con amargura, intentando conservar un rostro tranquilo y casi solemne, decidido a no transmitir a Sakura más incertidumbre y temor de los que ya trajo consigo.

Quizá como fruto de este deseo, Sasori pasa su mano derecha por detrás de la cabeza de la chica para acariciarle el pelo y atraerla aún más hacia él.

— ¿Ahora… qué? —pregunta ella a sus dos compañeros, con el rostro escondido en el hombro de su amado.

—Ahora nos separamos—anuncia Sai en un apenas forzado tono de profesionalidad, aún capaz de atenerse a sus planes—. No nos conviene viajar los tres juntos. Ustedes dos tienen más chances si se mueven por su cuenta.

Sasori percibe en la mujer el desagrado y tristeza que le causa el escuchar esta sentencia. Ya era bastante dejar atrás toda su aldea, pero separarse de, quizá, el único ninja de Konoha capaz de entender la complejidad de su situación... es demasiado.

—Entiendo… —responde Haruno intentando mostrarse a la altura de la situación— pero, ¿En serio es la única opción?

Por su parte, Sasori puede ver tras las palabras del otro artista el hecho de que no lo está sugiriendo sin motivos.

—Veo que ya lo tienes pensado ¿Cuál es tu plan?—indaga para no separarse del pálido sin conocer sus intenciones.

—Tengo que rescatar a Hiromu y su familia. Él fue el que nos advirtió de Hanazono y del peligro que corremos. Si no pongo bajo mi protección al hombre que arriesga su familia por mi sin esperanza de obtener beneficio... perderemos la confianza de toda nuestra red de contactos. Si logro salvarlo, nos ganaremos la fidelidad de muchos. Los hombres de nueve dedos podrían volverse la única fuente de información y ventaja que tendremos contra quienes nos darán caza.

Como es ya costumbre, la respuesta de Sai es concreta y fundamentada. Ninguno de los dos puede oponerse a ella.

—Aún así, no pienso dejarlos solos por completo. Tengo dos cosas para ustedes—continúa el muchacho sacando dos pergaminos de los estuches de su cinturón, y quedando frente a su amiga para dárselos en mano—: Sakura, quiero que las conserves.

Ella se aparta de Sasori y se voltea hacia él con unos ojos tan curiosos, como humedecidos por las lágrimas.

— ¿Qué son? ¿Aves para comunicarnos? —pregunta tomando las piezas de papel entre sus manos y estudiándolas con detenimiento.

—No… las aves serían inútiles. No sé exactamente dónde estaré, así que no puedo programar de antemano el recorrido de las aves para que lleguen a mí—explica el ex ANBU de la Raíz—. El pergamino sin sellar es un mapa. En él están marcados los depósitos secretos en los que escondí algunos víveres conservados, así como también ropa, armas, herramientas. Úsenlos en caso de emergencias. Además, en uno de ellos hay cerámica de marionetista en caso de que se acabe el último paquete que le dimos a Sasori. En lo que respecta al pergamino sellado, es una técnica experimental mía, y está conectado a un mapa que yo llevaré siempre conmigo a partir de ahora. Vuelca un poco de tu sangre en ese pergamino si necesitas de mí, Sakura. Eso me revelará tu posición de manera instantánea. Una vez que eso pase, encontraré mi manera de reunirme contigo en el lugar en el que la técnica haya sido activada, sin importar cuán lejos esté, o cuánto tiempo me tome. Así que, ya sabes, resérvalo sólo para la situación más adecuada.

Sakura esboza una débil sonrisa por primera vez en el día. Inundada de gratitud hacia el pálido ninja.

—Siempre es un alivio que pienses en todo… aún así… volveremos a vernos… ¿Verdad?

—En unos meses…—asiente Sai, intercambiando miradas entre ella y el renegado—. Cuando las cosas se calmen un poco, podríamos comunicarnos por medio de nuestros contactos… Por ahora… enfoquémonos en lo más inmediato… y Sakura… te has convertido en una verdadera amiga para mi. Sasori… eres mucho más que lo que se dice de ti. Cuida de ella.

—Volveremos a vernos—afirma el titiritero con una mueca de sutil aprobación, en un esfuerzo por transmitir seguridad. Esfuerzo que no puede evitar pensar como infructuoso.

—Así será—sonríe el shinobi de Konoha, antes de volver a fijar su mirada en la médica—. Viajen con velocidad, y con cuidado.

Ante el miedo de no volver a tener otra oportunidad como esta, Sakura se acerca para despedir a Sai con un abrazo, gesto que se ve correspondido de la misma manera.

—Cuídate, mi amigo… y gracias por todo—susurra contra su hombro antes de dejarlo atrás y comenzar con la ruta de su exilio.

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Ya con el sol en su posición más alta señalando su camino, la kunoichi exiliada y el ex Akatsuki continúan con la huída que comenzó hace ya tantas horas atrás.

Pese a su determinación y su vuelo sobre toda rama que toca sus pies, Sakura ya comienza a paliar y tratar de bloquear activamente los síntomas de su falta de sueño durante la noche anterior, aunque nada puede hacer con las ojeras y enrojecimiento que se han apoderado de sus ojos.

Si bien Sasori la convence de parar cada dos horas para que descanse un poco, sobretodo al principio del trayecto, su agotamiento siempre se desvanece ni bien se recuesta sobre su bolsa de dormir y cierra los ojos. Quizá sea la sensación de ser presa fácil que le produce estar bajo cielo abierto ahora mismo, o quizá que la adrenalina que recorre su cuerpo es demasiada como para dejarla caer dormida en dos simples horas, pero no hay caso. No puede dejar de pensar, de temer y de querer seguir moviéndose hasta sentirse segura en algún sitio con paredes y privacidad. Así que, ya llegado el mediodía, él también se hace a la idea de le será imposible dormir en la intemperie por ahora.

Una vez que el mensaje de Hanazono llegue a las aldeas y a Akatsuki, dormir en sitios poblados dejará de ser una opción por años... quizá es una de la que no deberían privarse desde el día uno.

—Me conformo con que por lo menos comas algo para recuperar energías—es lo único que Sasori le pide cuando la hace parar para que tome un pequeño almuerzo.

Ella asiente sin poder evitar un bostezo, formando una tregua entre ambos antes de reanudar lo que les queda de viaje.

Al ahondar cada vez más en territorio salvaje, la flora del bosque se hace más y más variada e impredecible. Tan sólo dos horas después de resumida la marcha, las ramitas de los árboles y los arbustos espinos, que se van topando en su camino, ya se convierten en los principales inconvenientes de los viajeros.

Sasori nota que esta área del bosque parece joven en comparación al resto, tratándose probablemente de un crecimiento posterior a un incendio. A diferencia del primer tramo de su viaje, estos árboles que los rodean no son lo suficientemente viejos como para que las ramas de sus copas soporten el peso de un humano adulto, así que se ven obligados a viajar pisando el suelo.

El follaje se abre tras el impacto con el cuerpo del marionetista, y Sakura, como siempre, sigue sus pasos recibiendo golpes y arañazos menores, aunque infinitamente más capaz que él de sentir el contacto de la maleza contra su piel.

No es que le moleste tan insignificante dolor. De hecho, la ayuda a no alejarse por completo del presente. Aún así, a causa del activo ritmo mantenido por ya demasiado tiempo, el entumecimiento y las agujetas que poco a poco comienzan a hacerse presente en sus piernas, se tornan un recordatorio sólido de la realidad de la situación…

Ahora ella es sólo una ninja renegada más. Es cuestión de tiempo para que su nombre e imagen sean otra página del libro bingo, y su persona poco más que un número de Ryus a ser reclamado por quien logre capturarla.

Naruto intentaría defenderla. Seguramente la perseguiría hasta el final de la tierra para preguntarle qué rayos tenía en mente...

Parte de sí misma se alegra todavía por ello, pero otra parte ruega a los dioses por que alguien lo detenga llegado el caso. Un jinchuuriki como él no puede arriesgarse en búsquedas sin sentido. Además, sus posturas ya son difíciles de aceptar para el consejo de Konoha…

"No van a tolerar que le tenga piedad a otros dos desertores más."

Por otro lado, también le preocupan sus padres. No es que tema que les lastimen, porque ellos no saben nada, y la verdad es que no tienen los talentos, ni el historial para que se sospeche que fueron cómplices en el crimen del que acusarán a su hija.

En el crimen que ella cometió.

Eso es quizá lo que le preocupa más de la situación: la vida con la que sus padres tendrán que cargar sabiendo lo que ella hizo, y el futuro que les espera si Konoha logra capturarla. ¿Qué pensarán de ella? ¿Qué pensará la aldea de sus padres? ¿Los marginarán? ¿Los juzgarán? ¿Culparán las decisiones de la hija en la crianza que recibió de ellos?

Intenta no entrar en detalles. Teme a lo que su imaginación pueda responderle. Teme que la realidad pueda ser aún peor de lo que figura en sus pesadillas.

Mientras tanto, el hombre frente a ella prosigue la marcha en completo silencio, aparentemente habituado a su nueva situación.

"Por supuesto que está acostumbrado a la situación. Él vivió en exilio por más tiempo del que puedo llamarme ninja."

El sujeto siempre pareció inhumano en su relación con sus propias aldea y familia… y resulta imposible creer que puede comprender lo que ella está pasando.

A eso de las cinco de la tarde, su guía hace que vuelvan a detenerse en un pequeño valle escondido entre la arboleda, a las orillas de un arroyo que cae por una ladera pedregosa y empinada, tan delgado que apenas puede llamarse tal. Se quedan allí el tiempo suficiente como para que ella descanse sus piernas sobre una roca en la orilla de la corriente y volviese a probar bocado.

Sin interrumpir el triste silencio, y totalmente incapaz de atender la turbulencia en su amada, quizá incluso ignorándola, el pelirrojo se arremanga y pone de cuclillas frente a su roca, mientras ella está mordisqueando unos onigiri rellenos de mayonesa y pollo.

Sin interrumpir su aperitivo, Sasori toma una de sus piernas entre sus manos y comienza a masajearla. Estas se notan sobre esforzadas, con pequeños hematomas y cortes rojizos, además de ligeramente hinchadas por el paso acelerado, así que las atiende a ambas de arriba abajo ante la mirada desinteresada de su dueña. Por último, rodea sus pantorrillas y muslos con un paño, que previamente había humedecido en el agua fría, aliviando un poco su hinchazón.

Pese a que le permite la atención sin oponerse a ella, Sakura no puede mantener el foco sobre él por demasiado tiempo. Verlo tan ausente y apático siempre la termina irritando al cabo de pocos minutos.

Envidia la supuesta calma que muestran sus facciones de cerámica; y su malestar también se expresa físicamente, dejándole un nudo en el estómago que la hace mirar con asco la bola de arroz en su mano.

Reconoce que ella no está en condiciones de decidir. Reconoce que no puede pasar más de unos minutos sin contemplar ideas estúpidas, y por sobretodo reconoce que él es ajeno a todo esto. El resentimiento que comienza a acumular para consigo misma amenaza de a momentos con desbordarse, y salpicar a la figura que la acompaña.

Por otro lado, se sorprende preguntándose a sí misma, quizá a modo de escapismo, qué hubiese pasado si hubiese tomado una decisión diferente en tantas oportunidades que tuvo para variar el rumbo de su vida.

"Quizá nunca hubiera llegado a este escenario."

—El ritmo que llevamos es muy bueno, pero no podremos mantenerlo si descansamos mal. Lo mejor es que hoy pasemos la noche en un hospedaje. Podemos esconder nuestros rostros con un genjustsu menor—el artista rompe el silencio luego de lo que parece haber sido una eternidad.

Sakura asiente con la cabeza. Su garganta está tan cerrada que duda poder emitir otra cosa que un sollozo ronco si se atreviera a intentar hablar.

"No debo pensar mal, él solo… solo intenta ayudar." Recobra la lucidez, defendiendo a su hombre del aspecto más irracional de sí misma.

En lo que demoran en llegar al pueblo más cercano, la joven exiliada no puede evitar querer más de él… no puede sino desear futilmente encontrar en él algún tipo de alivio a todo esto. Porque a estas alturas, sus pensamientos se resisten a dejarle un respiro. Hace horas ya que su mente perturbada no conoce la paz.

Cada paso que da la aleja mas y mas de Konoha. Nunca podrá volver al sitio que la vio nacer y crecer. Nunca volverá a ver a sus compatriotas… si tiene suerte. Volverlos a ver implicaría…

"No quiero pensar en eso… no necesito pensar en eso… sé que ese día será peor aún que este…"

Sasori no puede ayudarla con esto. Ni siquiera es capaz de comenzar a comprender esto… y eso es por demás irritante. El hombre simplemente continúa huyendo, escondiéndose y prosiguiendo su vida como si nada hubiese pasado.

Y ahí están de nuevo... esa clase de maquinaciones desesperadas que consiguen colarse y hacer eco en su cabeza de tanto en tanto, aunque nunca tardan en ser interrumpidas por otros dolores y miedos.

"Ino… Ino sabe… suficiente para deducir algo… ¿Que pensará de mí? ¿Diría lo que sabe a los ANBU? ¿Sería capaz de confiar aún en mí tras enterarse de mi traición?"

La situación la supera… tantas cosas han cambiado, su relación con todo lo que conoce, con todos los que la conocen, ha cambiado al punto de ser irreconocible…

"¿Como puede Sasori aun actuar como si nada? ¿Es en serio que no puede comprender...?"

Con las ojeras aún más marcadas y el ceño fruncido desde hace ya un buen rato, más la pesadumbre del viaje actuando sobre sus músculos, la cansada kunoichi pisa fuerte el suelo bajo sus pies, como si esto le sirviese para descargar… lo que sea que tenga ahora en la mente. No es que pueda ponerle nombre a eso, incluso si quisiera. En su lugar, se limita a morderse el labio inferior, y luego a suspirar para recobrar la compostura antes de montar una escena.

"Demasiada pérdida en muy poco tiempo."

Pasadas las ocho de la noche, el dúo por fin deja atrás la naturaleza para mezclarse con la gente de una pequeña comunidad en la encrucijada de dos carreteras. Es un sitio humilde, discreto, de no más de tres manzanas de largo y con la infraestructura suficiente para vivir de los viajeros que lo visitan cotidianamente.

Tal como lo habían planeado, se acercan hasta la primera posada que ven, y ocultan sus identidades reales antes de ingresar al lobby para pedir una habitación.

Como ya es frecuente en sus viajes, su alojamiento los espera en el primer piso, a la derecha del final del pasillo.

Dicho apartamento es tan sencillo como el resto del pueblo: un baño con espejo y ducha de mampara de vidrio, una alfombra color roble viejo, una cama matrimonial con almohadas de pluma, un armario y dos mesitas de noche de aspecto rústico.

Cuando Sakura deja sus botas en el recibidor del cuarto, y se acerca a encender el velador de su lado de la cama, nota que la luz está opaca y titilante de a ratos.

"Al menos, aquí dentro ya no me siento como un conejo arrancado de su madriguera. Sienta bien volver a pisar una alfombra limpia con los pies descalzos, en vez del césped húmedo y polvoriento del bosque. Luego de un baño, ya estaré como nueva."

—Aquí podrás dormir un poco más tranquila. Unas diez horas. Lo suficiente para recuperar las fuerzas para el trayecto de mañana—piensa Sasori en voz alta luego de hacer lo propio con su calzado, sin romper la imagen de impasible practicidad.

—Lo sé… tenemos que alejarnos de Konoha tanto como nos sea posible—acepta apenada antes de ir a encerrarse un rato en la ducha.

Para el momento en que Sakura sale del baño, con el pelo mojado y cubriendo su ropa interior solamente con una playera negra de talla grande, que le cae hasta por debajo de los glúteos, se encuentra con la visión del pelirrojo sentado al borde del otro lado de la cama con su lámpara aún apagada... y con su cabeza apoyada entre las palmas de sus manos. De repente, su porte ya no luce estoico y firme, sino agotado, casi derrotado, suspirante y mostrando por primera vez un instante de vulnerabilidad.

Haruno se queda en una pieza ante la crudeza de la imagen. Por fin se da cuenta de que no es la única que está sufriendo aquí y ahora.

Por su parte, Sasori no tarda en notar que está siendo observado, y sacude su cabeza con la idea de desviar el tema de sí mismo:

—Todo estará bien. Tengo demasiada práctica como para dejarnos caer. Estaremos bien.

Sin hacer caso a sus palabras, Sakura vuela hacia él y se arrodilla frente a sus piernas, recostando la cabeza sobre su regazo.

—No mientas—lo regaña casi ofendida.

—No existe otra opción. Tú no estás acostumbrada a esto. Yo sí. Vamos a huir. Todavía tenemos un poco de tiempo. Tenemos que perdernos. Está sobre mis hombros.

"Está sobre mis hombros." Esa frase resuena en su mente como un mantra. Es verdad... ella perdió su aldea, pero él también. Quizá no debería preguntarse por qué no siente la perdida, quizá sería más correcto preguntar cómo lidia con ella.

"A mí me perseguirá mi aldea, a él lo persigue el mundo. Yo estoy afectada por el panorama, pero mientras tanto él está pensando en cómo sacarnos vivos a los dos."

La realización es tan obvia que le causa un poco de vergüenza el no haberlo considerado antes. Ahora, Sakura por fin puede ver detrás del rostro impasible de su amado... que no encontró el modo. Y que no se rindió.

— ¿Cómo lo hiciste? —roga al levantar su rostro de su escondite para mirarlo. Sus macilentos jades brillan por la nueva humedad que se acumula en ellos, mostrándose desamparados y suplicantes— ¿Cómo soportaste este dolor todos estos años?

—No tengo tiempo para el dolor. Nunca tuve tiempo para el dolor. Nunca me di tiempo para el dolor. El tiempo es para seguir vivo. El tiempo es para mantenerte viva. Para huir. Para planear. Para vivir. No tengo tiempo para el dolor.

Ella casi que puede ver el peso sobre su amado a través del profundo de sus ámbares, casi que puede escuchar a su cabeza intentando encontrar una salida. Y todo eso sin dejar de responder a sus palabras.

—¿Cómo? ¿Cómo no pensar en todo lo que perdiste? ¿Cómo?—Sakura rompe a llorar de nuevo, incapaz de cortar el contacto visual con quien la contempla desde arriba.

—Ya lo perdí. No puedo hacer nada. A ti no te perdí—insiste Sasori manteniendo una practicidad que, al menos ahora, ya no oculta la humanidad que implica el instinto de protección latente en su interior—. A ti no quiero perderte. Cada momento que pienso en el pasado, cada momento que pienso en el dolor, es tiempo en el que una idea pudo salvarnos. No sé el cómo, solo sé el por qué. Y no, no es fácil. No es necesario que tú intentes hacerlo. Para eso estoy yo.

—Yo… yo… lo siento por todo—pronuncia antes de que su voz termine de quebrar, para luego estirar los brazos y abrazarlo por el torso, aún arrodillada frente a él.

De un modo casi reaccionario, el artista la acomoda entre sus piernas para tenerla lo más cerca posible en su momento de desahogo. La ve temblar y desvanecerse de a momentos, y le nace el gesto de acariciar su cabeza y nuca mientras le susurra para calmarla:

—Descansa. Desahógate. Déjamelo a mi. Yo tengo practica. Saldremos de esto.

—Estoy... en verdad estoy agradecida contigo, no me abandonaste en ningún momento, no me dejaste sola, incluso ahora… —habla contra su ropa, humedeciendo la tela bordó oscuro de su camisa de algodón con sus lágrimas—. En cambio, yo...

—Dije que no te dejaría. Y que no te dejaría morir. Planeo cumplirlo—vuelve a afirmar el hombre fingiendo más seguridad de la que tiene—. Acuéstate. Descansa. Te prometo que seguiré aquí cuando despiertes. Cada vez que despiertes. Hasta que tengas la paz que mereces.

—Nunca te separes de mi lado—implora antes de permitir que las fuerzas abandonen su cuerpo por lo que resta de la noche.

—Nunca. Estoy para ti.

Las últimas palabras de Sasori tienen un efecto somnífero en la mermada muchacha. Puesto que al minuto siguiente el escenario cambia a uno mucho más ameno, mucho más pacífico, en donde lo único que se interpone entre ella y un dulce sueño es la luz titilante y moribunda de la lámpara de noche.

— ¿Apagas la luz, por favor? —pide con los ojos plácidamente cerrados y una sonrisa adormilada, perdida por completo bajo las sábanas.

Sasori se levanta automáticamente y le concede su deseo. Acto seguido, retoma sus cavilaciones en el borde del lecho, a pocos centímetros de los pies de Sakura. Lo suficientemente cerca de ella para que incluso en sus sueños sienta su peso cerca de sí.

De este modo, Sakura duerme, quizá tres horas, quizá cinco. El tiempo para el marionetista es distinto, ni siquiera está en el presente. Está en el futuro, en tantos futuros posibles: escapando, batallando a Akatsuki, intentando salvar a Sakura de quienes la persigan y de sus propias imperfecciones.

El país del Fuego será inhabitable, la Arena también. El pueblo que salvaron del veneno será vigilado también. Y eventualmente Akatsuki visitará todos y cada uno de los sitios en los que jamás han estado…

Sus opciones son pocas, y recurrir a Sai no es una de ellas. Él tiene sus propios problemas. Pronto estarían enfrentando a sus ex compañeros de Akatsuki. Eso lo aterra. Incluso con un ejército de marionetas seria una pelea difícil. En su estado actual... los dos están muertos.

No puede permitirse la idea.

Con el paso del tiempo, sus pensamientos una vez ordenados se acumulan en una nube de desesperaciones.

Por primera vez en años, su mente ha trabajado hasta el punto de necesitar sueño, y, a decir verdad, no puede decir que recuerda lo que es.

Por mucho que analiza cada escenario, todos terminan con muerte. La mejor opción es separarse. El atraer la atención de Akatsuki y dejar que Sakura escape de las naciones, pero no tolera la idea de separarse de ella, de romper su palabra. Le aterra la idea de que ella pierda la poca voluntad de vivir que tiene. Esa que le llamó la atención en un inicio.

Quizá por primera vez desde que murieron sus padres, Sasori de la Arena Roja hunde la cabeza entre sus manos y se jala el cabello sin tener idea de qué hacer. Sólo intentar. Intentar sin garantía de que algo sirva.

El sueño de Sakura llega a su fin cuando regresa al mundo sobresaltada, sintiendo un temblor intermitente a sus pies. Reconoce de inmediato que se trata de Sasori, aunque en un principio creyó que se trataba de un simple tic involuntario, de que movía su pierna en nerviosismo...

Sin embargo, al girarse bajo las sábanas, la mujer distingue la espalda masculina encorvada en medio de la oscuridad del cuarto; y una vez que se incorpora, ya no necesita ver más para terminar de atar cabos: todo en él tiembla. El marionetista está totalmente quebrado.

Jamás lo vio así, ni siquiera en su primer batalla. Aquella vez, él aceptó la muerte, casi que la abrazó… pero ahora, lo ve convulsionar en crisis mientras combate una situación que lo sobrepasa, sin tener suficiente poca voluntad para aceptar el final.

El sólo pensar que no estaba afectado por esto fue...

—Sasori… —susurra preocupada, pero no obtiene respuesta alguna de su parte.

Ante la ausencia de reacción, la joven se ve obligada a llamarlo en un susurro más audible que el primero, al tiempo que aparta las sábanas de su cuerpo y gatea sobre el colchón. Empero, como si sus propios pensamientos lo hubieran ensordecido, nada lo inmuta hasta que no logra estar justo detrás de él.

— ¡Sasori! —exclama una tercera vez, tocándole el hombro con la mano.

Aunque sigue clavado en la misma posición, el tacto tiene el efecto casi mágico de hacerlo dejar de temblar al instante. La poca entereza que aún le queda todavía se niega a permitir que su musa lo vea así.

—Basta… por favor, basta… —implora Sakura conmovida ante la escena, siendo ella la que asume el papel ahora de ser la que contenga y consuele a su amado.

A continuación, Sasori siente al calor de un abrazo envolverlo por la espalda, a una tersa mejilla llenando su hombro, y a una mano suave y muy familiar colocándose sobre su núcleo.

Cuando él toma la mano que ella tiene sobre su pecho con la suya propia, y la presiona aún más contra sí, la mujer siente cómo se le humedecen de nuevo los ojos, pero esta vez logra resistirse contra el impulso de llorar.

En su lugar, cierra los ojos y se permite sentir ese calor tan único y distinto al de la piel humana. Más puro, más encerrado, más uniforme, y casi artificial de no ser por las demás sensaciones que despierta su tacto. Siente el latir angustiado y desbocado de su "corazón", y al flujo de chakra formando redes palpables y en constante movimiento dentro de su contenedor. De alguna manera, puede percibir cómo la tensión de su mente está reflejada en esa pequeña porción de espacio.

Sasori ya no tiene que seguir negando lo que la parte viva de su núcleo está expresando a gritos: que él no está bien.

—Todo estará bien… yo también quiero hacer que lo creamos—lo apacigua con ese palpitar cada vez más cerca de sí misma, como si fuera propio, permitiendo que la sensación la llene por completo—. No quiero verte mal, cariño, deja ya de hacer esto, por favor… ahora somos un equipo ¿Lo recuerdas?

La otra mano de Sakura también corre a posarse sobre la que el pelirrojo tiene encima de su propio núcleo, terminando de cerrar el abrazo a su alrededor.

—¿Eso está bien?—pregunta el titiritero logrando controlar su voz—. Es peligroso ¿Sabes?

—Lo sé, pero ya no me importa... —insiste con el ceño fruncido—. Voy a quedarme contigo, y voy a protegerte. Decidí este riesgo por mi cuenta.

El ex Akatsuki se muestra entre incrédulo y jocoso ante sus palabras.

—Eres la primera persona que me dice eso… ¿Tú quieres protegerme?

— ¿Por qué te lo diría si no fuera así?

Ante la claridad del mensaje, el rostro de cerámica vuelve a ensombrecer.

—Lo sabes. Tengo... tengo miedo. Por ti. Por los dos.

— ¡Yo tambien tengo ese miedo! —protesta Sakura al tiempo que un par de gotas traicioneras consiguen resbalar por sus mejillas—, pero aún así, aquí estamos, vivos, juntos… Tú eres lo único que tengo ahora... no puedo perderte a ti también...

A continuación, ella lo mueve por el hombro para buscar su rostro... y lo besa. Quizá en un intento de callarlo, o quizá de callarse a sí misma.

Quiere olvidar que esta situación existe, olvidar la incertidumbre, olvidar los problemas, olvidar todo lo que no sea hoy o ahora, y, más que nada en el mundo, quiere hacer olvidar al hombre que casi muere de preocupación frente a ella. Un solo pensamiento que se vuelve acción bajo el mismo impulso.

Quizá eso… ¿Una distracción? Ninguno de los dos quiere en realidad seguir pensando en el futuro. Ya es lo suficientemente difícil intentarlo ambos por separado. Este gesto... este gesto se presenta ante ellos como una puerta abierta a otro tipo de momento. Porque, por más que este no sea el adecuado en lo absoluto… la situación ya es un desastre por donde se la mire… En cambio, un último intento de quitar la mente de lo inevitable, ¿Por qué no?

A pesar de la sorpresa, y de un inicio algo torpe, el apesadumbrado artista devuelve el beso como si se le fuera la cordura en ello, abriéndose paso con su lengua a la boca de su dama. Podría decir que sus labios están más salados de lo usual, pero no quiere enfocarse en ese detalle, ni en ningún otro que lo retenga en este plano de la realidad.

Al ver que ella recibe sus avances sin detenerlo, Sasori termina de girarse hacia atrás para rodearla de nuevo con sus brazos, y dejarse caer sobre ella encima del colchón.

Por su parte, Sakura decide invertir los roles no mucho después de quedar atrapada entre el lecho y el cuerpo de su amado, y, de un momento a otro, es él quien termina con la espalda contra la cama, y ella sentada sobre su regazo.

La muchacha no se lo piensa demasiado a la hora de seguir escalando la situación a partir de allí, deshaciéndose de la playera negra que usó para dormir y quedándose sólo con un juego de sostén y pantaletas color rosa crema.

En respuesta a sus movimientos, el artista se ayuda con los brazos para incorporarse y quedar a escasos centímetros de su "carcelera". Aún cargando cierta dificultad en dejar sus temores atrás, sacude su cabeza otra vez, como intentando despejar su mente de cualquier cosa que signifique un obstáculo entre ella y él. A continuación, toma una de las manos de su musa y la lleva debajo de su camisa bordó, para así permitir que su torso sea desnudado por ella.

La dama acata la petición en silencio, tomando la prenda por ambos lados de su cintura para deslizarla por sobre su cabeza.

La posibilidad que existe ahora de un roce más directo entre sus cuerpos, le provoca a Sasori el hacerla prisionera de nuevo de sus brazos y sus besos. Y así lo hace... al menos hasta que el constante el calor, y la suavidad de la piel ajena contra su núcleo, se torna tan embriagador como insuficiente para ambos.

Con el ansia de más y más íntimo contacto turbando sus mentes, los amantes no tardan en tener la motivación necesaria para terminar de desnudarse el uno al otro.

No hay motivo ni recompensa con seguir pensando en el futuro. No merece la pena.

Una vez que él la ayuda a quitarle los boxers, quedando éstos últimos regados sobre la alfombra junto a la lencería femenina, la escena se desdibuja hasta congelarse dentro de la mente de Sakura.

A pesar de no ser la primera vez que se reconoce a sí misma desnuda en un escenario similar, se siente más ajena al mismo que antes, como si fuese una versión suya en sueños la que está protagonizando este momento en su lugar. Una versión suya a la que poco le importan los protocolos y falsos recatos. Una versión con menos problemas.

—Tócame—le susurra de un modo casi agresivo, sintiendo a sus propios pezones endurecerse al mero contacto con el pecho templado de su amado.

El artista no necesita una segunda invitación. Un mínimo instante después de que la orden fuera emitida, él besa su cuello al tiempo que comienza a disponer de su cuerpo con sus manos. Su dedos recorren toda la curvatura de su cintura, acariciando en el camino su ombligo, su vientre, sus clavículas, la unión de sus pechos y, por último, los dos botones rosados y erectos que yacen en la punta de éstos.

El placer que sus caricias despiertan en ella lo incita más temprano que tarde a dejar de lado la piel tierna bajo su mentón, para así poder llevarse uno de sus pezones a la boca.

Tan entusiasmado como cauteloso, el renegado lo saborea, lo pellizca con los labios, lo recorre en círculos con la lengua una y mil veces, y lo succiona hasta que ella comienza a gemir.

Mientras tanto, su mano hábil se pierde en el descenso por su vientre bajo, encontrándola ya húmeda al final de su trayecto.

—Sí… sí… tócame ahí… —suplica Sakura en un hilo de voz, tomándole el rostro con ambas manos para traerlo de regreso a su altura y robarle más besos.

Tan perdido en su boca como en su entrepierna, el marionetista siente a su propia hombría reaccionando también a la pasión de su juego. En un último esfuerzo consciente por enfocarse sólo en el ahora y en ella, se desliza por dentro y fuera de su feminidad, replicando por pura memoria táctil el ritmo que le fue enseñado hace lo que parece ahora una eternidad.

—Sakura... —susurra de modo febril, pero, para su agradable sorpresa, ella ya está un paso adelante.

Las manos tersas y siempre juguetonas de la dama le recorren el pecho y espalda. Sus finos dedos delinean cada una de las articulaciones del torso, cuello y hombros, a la vez que también juegan con las ramificaciones de su pecho. Por último, su tacto masajea y aprieta el largo de la erección que espera palpitante debajo de ella.

A este punto del juego, la cercanía y presión del cuerpo de su musa contra él es lo único en lo que el ex Akatsuki puede pensar.

De este modo, los amantes permanecen atrapados en una danza de estímulos, esforzándose en mantener tanto el equilibrio, como la posición y el constante fluir del tacto. Para temporal alivio de ambos, el mantener el vaivén se antoja más que embriagador.

Inevitablemente, la muchacha se va acercando mas y mas al punto del no retorno, con sus caderas cada vez más directamente encima de las de su amado. Era solo cuestión de tiempo para que hiciese contacto con su hombría, y, para cuando esto finalmente ocurre, la decisión ya está tomada.

En un acto tan rebelde como esperado, Sakura se deja caer sobre él, pero inmediatamente después se encuentra con la asistencia de unas manos masculinas que la sujetan de las caderas y la ayudan a mitad del descenso.

Duele, duelen sus carnes al abrirle paso en su interior, y duele todavía más cuando su pelvis vuelve a alzarse con ayuda de Sasori.

La ninja se muerde el labio inferior por un segundo, empeñada en ignorar la aguda molestia física, quizás gracias a la parte más testaruda de sí misma, aquella que le hizo prometer hace tiempo que jamás se dejaría abrumar por el dolor para no ser una carga para sus compañeros. No quiere echarse atrás, ni ahora ni nunca. Sólo quiere seguir. Sólo puede seguir.

No le importa nada más que seguir.

Por su parte, el ex-Akatsuki mantiene para sus adentros la preocupación de que el dolor natural de Sakura en su primer experiencia sea suficiente como para arruinarla. Aún así, sus intentos aparentan ser infructuosos desde el principio. Porque al ayudarla a elevarse una tercera vez, ella parece haberle leído la mente, puesto que le responde haciendo un esfuerzo extra en esconder la mueca de dolor.

La terquedad y obstinación de su amada, aún en estas circunstancias, casi logra quitarle una sonrisa. No puede detenerse… no ahora. Ella no se lo permitiría de todas formas.

Aún así, durante los primeros minutos del encuentro, no puede evitar mostrarse demasiado reticente y pasivo para gusto de su musa, conteniendo sus propios gemidos y participando poco o nada en sus movimientos, preso de la cautela y su deseo de no herirla.

Con el pasar del tiempo y sin que el hombre lo note, toda ella se dilata hasta el punto que las punzadas no son más que un recuerdo fantasma y sólo queda el deseo, la curiosidad y la necesidad cada vez más urgente de llegar más y más profundo en esta experiencia.

Así que es la mujer quien termina por estrechar su espalda contra él al tiempo que le da un suave mordisco sobre la base del cuello.

—Ayúdame un poco— se queja al notar que no logra dar con el ritmo que lo lleve a terminar.

Ante el llamado de atención, los temores de lastimarla por dentro se reducen. Aún en esta situación, Sasori puede decir que la conoce lo suficiente como para notar cuando un pedido es fingido u honesto.

Haciendo uso del permiso otorgado, un agitado Sasori la deja caer sobre su regazo al tiempo que le propina una ligera embestida. Al ver que la reacción a más reciente jugada carece mueca de dolor alguna, el artista puede ya satisfacer sus expectativas tomando un papel más activo en el control del inexperto vaivén.

Ahora que la fricción entre sus intimidades comienza a ser cada vez más acentuada, más salvaje y más desinhibida, la respiración de Sakura se acelera al punto de inundar el ambiente.

Una vez que ambos comienzan a familiarizarse con tan íntima coreografía, sus labios vuelven a encontrarse y a consumirse en el fuego de su pasión. La experiencia de estar el uno tan cerca del otro se torna intoxicante a este punto. Cerca. Más cerca. Cada vez más cerca. Lo suficientemente cerca para que, durante la duración de la recta final, el resto del mundo deje de existir para ambos.

Un instante después, Sakura yace recostada con la cabeza sobre la almohada, mirando al techo y recuperando el aliento, con el rostro, cuello y pecho perlados en sudor.

Cuando la subida de adrenalina por fin empieza a bajar, un escozor comienza a despertar entre sus muslos, a la vez que una sensación pegajosa y cálida. No hubo orgasmo para ella esta vez, pero el placer de los últimos diez minutos valió por completo esta experiencia.

"No me molestaría repetirlo." Piensa cuando su mente consigue volver a juntar las palabras.

Mientras tanto, su amante le dedica una mirada profunda, y cargada de emociones, antes de darle un pequeño beso en la frente.

—Muchas gracias por esto, mi muñeca. Te prometo que encontraré la solución a todo esto. Tengo en ti toda la motivación que un hombre puede necesitar—le asegura antes ir a ocupar el lado izquierdo de la cama, sin quitarle la vista de encima en ningún momento.

En lo que Sasori se recuesta a su lado y los cubre a ambos con las sábanas, Sakura suspira con emociones encontradas.

—Es un poco tarde para preocuparse por esto, pero… ¿El riesgo sigue siendo nulo, verdad?

Él niega con la cabeza. Tuvieron esta conversación antes, pero es imposible no tener esa preocupación, más aún dadas las circunstancias actuales. No quiere agregar otra fuente de confusión o preocupación a la noche.

—Mi cuerpo está hecho de cerámica, ni siquiera contiene parte del original para poder animar con mi chakra. No deberíamos preocuparnos por lo imposible.

—Bueno.. .—musita riendo entre dientes—. En todo caso, siempre existe la píldora de emergencia.

—Vamos, muñeca, tú lo estudiaste ¿Alguna vez alguien se quedó embarazada por una técnica de clonación?

—Lo sé, lo sé, sólo bromeaba…—se excusa, pero el intento jovialidad de su tono se torna en una media sonrisa agridulce—. Supongo que no es el mejor momento para bromas…

—No. Tienes razón. Discúlpame por no haberme dado cuenta. Quizá debería aprender a dormir de nuevo—contesta con un chiste propio.

Sakura se revuelve un poco bajo la ropa de cama, poniéndose de espaldas al artista en un esfuerzo de enmascarar su incertidumbre.

El momento… el momento terminó… y la realidad sigue allí.

—Buenas noches, Sasori…

Él se acerca hasta abrazarla por la espalda, buscando tanto el alivio de su amada como el propio.

—Buenas noches...

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