Maquinaciones.


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El artista de lo eterno siente que el aire le falta. Por un leve momento es como si se estuviera ahogando. Por un instante nota que perdió todos sus sentidos, como capturado por una prision negra. En un movimiento instintivo, lo primero que hace ante su situación es extender su chakra y volver en sí mismo.

Siente a su cuerpo artificial de regreso, e inmediatamente después vuelve a recordar su posición y el escenario en el que se encuentra. En este momento, agradece que durante su pequeño episodio no haya podido moverse y despertar a la muchacha que duerme a su lado.

Observa por instinto la ventana del cuarto, y ve que el mundo exterior sigue a oscuras y repleto de estrellas, pero su posición indica un considerable transcurrir del tiempo desde la última vez que vio la bóveda azul. Eso es una verdadera sorpresa.

"Perdí al menos dos horas de tiempo sin darme cuenta… ¿Acabo de … dormir?"

De inmediato, Sasori se siente invadido por un miedo irracional ante la idea de que el proceso que lo mantiene vivo tenga una falla que se esté manifestando justo en el peor momento.

Sólo para calmarse, decide ejercitar el flujo de su chakra expandiendo los hilos al interior de su cuerpo. Su miedo demuestra ser una falsa alarma al comprobar que su núcleo y sus capacidades se muestran sanos… literalmente, sólo se quedó dormido…

No puede decir que tenga sentimientos fuertes respecto al acto de dormir. La verdad es que no recuerda la experiencia de hacerlo cuando era un humano, y en esta nueva existencia tampoco tiene nada con qué compararlo… a excepción, por supuesto, de cuando la jovencita que duerme junto a él lo salvó de morir.

Ahora… lo que fue para él el despertar, y más aún el hacerlo olvidando el hecho de que su cuerpo ya no responde a la lógica que pertenece al resto del mundo... es una experiencia que no quiere repetir. La idea de que el tiempo que pasa dormido es tiempo que no pasa en guardia ni planificación… termina por ser motivo suficiente para decidir desde ya que este desliz no puede repetirse.

No puede dormir ahora, no puede permitirse esa clase de pérdidas de tiempo. Sakura necesita a alguien más digno a su lado.

Sin embargo, permanece estático por lo que resta de la madrugada, enfocándose en la respiración de Sakura y las posibles maneras de mantenerla a salvo en los tiempos venideros.

No se permite despertarla todavía. La pobre muchacha necesita todo el sueño que pueda conseguir, si ambos quieren lograr algún progreso significativo el día de hoy.

Ya con la primera luz de la mañana, el taciturno ex Akatsuki opta por salir de la cama con cuidado y recoger su ropa del suelo. Luego de vestirse, hace levitar el equipaje y armamento de ambos con sus hilos y procede a hacer inventario de todo lo que disponen, así como también se ocupa de guardarlo todo de manera que se mantenga en fácil acceso.

También es necesario volver a organizar el interior de su cuerpo. La posición de las pocas armas que puede guardar dentro de su actual marioneta es de vital importancia a la hora del combate, y su pequeño encuentro con la inconsciencia se las cambió de sitio.

De nuevo se siente culpable por haber dormido, incluso si no fueron más que unas escasas horas. De tanto en tanto, se gira para ver a la joven de Konoha, especialmente cuando comienza a balbucear entre sueños.

Llegado el mediodía, casi que le resulta doloroso ser el responsable de tener que arrebatarla de su tranquilidad, pero alguien tiene que velar por su seguridad ahora que todos en su hogar se tornaron en su contra.

—Sakura… es hora de que sigamos camino.

Las palabras y la firme mano apoyada en su hombro se sienten igual de frías para la kunoichi. Las escenas de la noche anterior aún siguen frescas en su mente, tanto que aún no tiene deseos de despegarse de ellas.

— ¿No podemos estar un tiempo más en la cama? ¿Juntos? —es lo primero que articula al despertarse, molesta por no poder prolongar la fantasía por un rato más.

—No es seguro—contesta Sasori rompiendo por completo la ya débil ilusión de que nada grave está pasando.

Sakura no puede evitar sentirse frustrada ante la falta de tacto en su respuesta, pero no puede reprochárselo, no ahora… porque él tiene razón. La situación en la que están es la peor posible… tan sólo… deseaba más de él.

"No ahora, Sakura. No seas tonta." Se regaña a sí misma por su comportamiento, pero, a pesar de ello, no puede reunir la fuerza para enfrentar su mirada cuando se incorpora.

—Estaré lista en unos minutos—avisa antes de dirigirse al baño.

La figura que la espera en el espejo es la de una chiquilla desnuda, apagada y derrotada. Sólo la frustración consigo misma y el deseo de conservar algún tipo de decencia la ayudan a evitar el llanto. Bien sabe que esta no será suficiente a largo plazo.

Al menos, en la ducha las lágrimas no pueden verse.

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El noble del Sur avanza en el camino a su mansión. La carreta que lo carga y la procesión que viaja con él no pueden moverse al ritmo que lo haría un jinete solitario, y es por eso que envía a uno en busca de un recurso de suma utilidad. Se asegura, además, de darle el mejor corcel que tiene disponible en la caravana para asegurar que su viaje sea breve.

Una de las ventajas de su posición en la nobleza, sino la principal, es que se le permite conocer a todo tipo de gente: desde Kages y figuras de influencia hasta posaderos, pasando por médicos, músicos y todo el espectro de humanos que se encuentra entre ambos extremos.

Es inevitable para todo aquel que se informa, y usa su posición con cuidado, el cruzarse con personas que sirven de "puente". Un puente que quizá no tenga mucho valor en sí mismo, pero que sirve para contactar a personas que, de otra forma, no serían de sencillo acceso.

Es uno de estos puentes a quien mandó a buscar.

Unas siete horas después de que su jinete emisario se separase de la caravana, éste regresa ya entrada a la noche, trayendo consigo a un segundo jinete ajeno al peregrinaje nobiliario. Dicho jinete, el "puente" molesto y ojeroso por las dificultades que implica una cabalgata improvisada, toca la puerta de su carruaje sin mayor dilación.

El recién llegado afuera del vehículo es de apariencia en general olvidable, vestido con prendas holgadas de franela y guantes de cuero; con un rostro austero, nada llamativo salvo por un ceño tupido y un pelo ralo y cobrizo. Lo único que puede dar pista de su profesión es la túnica de lana verde opaco que ciñe sobre los hombros, apta para un viaje discreto y nocturno. Poco remarcable, un sujeto perfecto para ocultar los secretos de todo tipo de hombre.

— ¿Era necesario que te vea hoy? ¿Tienes idea de cómo te queda el trasero después de galopar por horas para alcanzarte? —le espeta el hombre de mediana calvicie, mientras el silencioso mensajero que lo guió hasta allí se adelanta hacia el conductor del carruaje y le pide que detenga el paso de los corceles.

Por supuesto, para el noble del Fuego este hombre es solo un puente más. Uno de especial importancia, pero un puente al fin y al cabo.

—Sí. Es necesario—contesta Hanazono en tono apremiante, haciendo caso omiso a la queja—. Ahora ven adentro, prefiero mis conversaciones en privado.

El jinete obedece al instante, ingresando al refinado cajón de madera tras delegar el cuidado de su montura en su acompañante de cabalgata. De no ser porque este pedante hombre, que nació en cuna de oro, está dispuesto a pagar con dicho oro por sus servicios, lo más seguro es que nunca hubiera aceptado tratar con él.

—Espero que lo que sea que esté pasando valga la pena el viaje.

—Valdrá la pena, Kichiro… —promete Akira Hanazono con una sonrisa enigmática—. Eso si aún puedes ponerme en contacto con el tesorero.

El súbito pedido toma por sorpresa al hombre puente, y lo hace palidecer hasta el punto en que casi parece un cadáver. No esperaba ese nivel de osadía de parte del "honorable" señor. Esperaba que le pida ponerse en contacto con algún químico, quizá con otro equipo de mercenarios… pero en vez de un favor común, este es un asunto mucho más delicado... de esos que no pueden tomarse a la ligera.

— ¿Ese tesorero? … ¿El tesorero?

— ¿Te haría partir con tanta prisa si quisiera contactar con otro tesorero? —espeta el señor con el ceño fruncido—. Por supuesto que con él. ¿Puedes hacerlo? Porque necesito hablar con él y aún puedo pagarte.

"Maldito megalómano con los humos subidos." Se queja Kichiro para sus adentros.

—Pues… por supuesto que puedo… sólo… no es tan sencillo—balbucea buscando una forma de explicarle al señor Hanazono que no puede tomarse semejante petición a la ligera—. Primero que nada, el que puede contactar con ellos soy yo. No verán con buenos ojos que yo intente relacionarlos con un noble como tú de una manera así de precipitada. Mucho menos aceptarán que tú sepas de mi relación con ellos. No quiero hacer que se molesten conmigo. Tú no quieres que se molesten contigo tampoco.

—Kichiro…—suspira el anfitrión pellizcando el puente de su nariz con su dedo pulgar e índice—. Piénsalo por un segundo antes de entrar en pánico por nada: soy el noble más importante del País del Fuego. Seguro que puedo ofrecerles recursos y beneficios a cambio de sus servicios. No van a tomarse a mal que les brindes un aliado con mis conexiones. Y yo no voy a dejar sin una justa recompensa al hombre que me ponga en contacto con ellos. La pregunta es si tú eres ese hombre, o si mandé a buscar al sujeto equivocado.

El señor del sur habla con una confianza casi antinatural, pero a pesar de eso su determinación aparenta ser bien fundada.

—Supongamos que tienes razón. ¿Estás realmente seguro de que tienes algo que les interesa? Porque, hasta donde yo se, ellos ya se las arreglan bastante bien sin ayuda de ningún noble ajeno al país de la Lluvia y la Tierra. No les gusta perder el tiempo—insiste Kichiro más serio que nunca—. Si los contactamos y no tenemos nada de valor que ofrecer, ten muy en claro que van a matarnos a los dos.

El señor feudal se muestra impasible ante las advertencias. Tanta cháchara redundante le provoca fumar un cigarrillo. Y lo haría, de no ser porque tener las ventanas del carruaje cerradas es vital ahora mismo para que el mundo de afuera permanezca alejado de tamaña conversación.

—Tengo información única que les importa y los involucra directamente. Nadie más que yo la posee. No temo por eso, y tú tampoco deberías.

Kichiro mantiene el silencio mientras medita sobre lo que escucha, calculando los riesgos que puede o no tomar antes de responderle.

"Un último trabajo… con lo que puedo pedirle por esto, podría retirarme de una vez y para siempre"

—Si estás dispuesto a arriesgar la vida… es porque en serio sabes algo. No te preguntaré qué. No me lo dirías. Solamente te diré que tienes que mantener esa información exclusiva. Si alguien mas se entera, si ellos se enteran de esta información antes de que tu se las cuentes… habremos perdido su tiempo, y pagaremos caro ese error. Te pondré en contacto con el tesorero, pero no puedo hacerlo de inmediato. Existen fechas específicas en las que puedo, y métodos específicos a seguir para que nadie note la conexión. Tendrás que confiar en mí con eso.

El hombre de menor estatus pone énfasis en las últimas oraciones. No puede permitirse que la prisa del noble altere los protocolos.

—De acuerdo… confiaré en ti. Y también retrasaré mis planes de informar a Konoha por unos dias. No tengo manera de saber si tienen espías allí, pero seria mejor trabajar como si así fuera. Espero que la carreta y la compañía te parezcan cómodas porque, hasta que lleguemos a destino, lo pasaremos aquí dentro.

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Al tercer amanecer luego de haber dejado atrás la última cama en la que pudo dormir, Sakura encuentra cada vez más insoportable el casi constante estado de silencio del ambiente.

Pareciese que no hacen más que viajar, viajar y dormir bajo las estrellas. Quizá la huida no es más que una palabra más adecuada para referirse a esas actividades cuando las haces porque no tienes a donde ir. La pena que la inunda hace eco con las escasas interacciones que tiene con el artista, arremolinándose en su interior y corroyendo rápidamente su ánimo.

A diferencia de cuando empezó su exilio, el tiempo a la intemperie ahora es al mismo tiempo una bendición y un perjuicio para su psique. Por un lado, la idea de tener que mantener una máscara de normalidad en un área poblada y urbanizada le resulta ya de por sí agotadora, y no sabe si sería capaz de hacerlo. Por el otro, Sasori está lejos de ser un buen compañero en lo que a diálogo respecta. Su romanticismo se había esfumado una vez que pusieron un pie fuera de la posada, y desde entonces había decidido que, por alguna razón, es mejor discutir el plan de acción y el rumbo de su huida consigo mismo. Lo que la deja fuera de la ecuación desde entonces, y sin esperanza de encontrar en él ningún tipo de apoyo más allá del "Tenemos que seguir adelante", o "Come algo, estás muy pálida y no podemos correr el riesgo de que enfermes".

El hecho de que ella pueda pensar tanto sin que nada la interrumpa amenaza con volverla loca.

La vida que conocía quedó atrás, y que el resto de sus años deban pasarse en este constante estado de huida, en esta semi ley del hielo que se impuso sin su consentimiento, le resulta un prospecto igual de deprimente.

Nada suma a la situación que las respuestas del marionetista a cada una de sus dudas, y su predisposición a interactuar en general, sean cada vez más cortas. Las últimas pasan a ser de una sola sílaba. Sakura entiende que ella no es la única afectada por la situación, es por esto que por estos primeros días contiene sus momentáneas ganas de descargar su frustración y descontento. Quizá él necesita el silencio más de lo que ella necesita gritar en voz alta. Entre ese motivo y el hecho de que su orgullo aún se mantiene lo suficientemente vivo como para exigirle que "actúe como una adulta", junta suficiente voluntad para mantener a raya sus emociones.

Aún así, a medida que más se desplazan, más necesita un tiempo para detenerse. Ya al cuarto día, todo su disgusto anterior pasa a un segundo plano, y lo único que pesa en su mente es la necesidad imperiosa de descansar, de dejar de pensar aunque sea por unas horas, pero cada vez que se detienen, el pelirrojo pareciera encerrarse aún más en sí mismo. Como si todo lo que existiese a su alrededor dejase de existir. Ella incluida.

Lo único que la mantiene en carrera es que no puede tolerar la idea de tener que enfrentarse sus compatriotas de Konoha en un combate a muerte. Sabe que si tuviera que hacerlo pronto, sería incapaz de actuar. A la vez, teme a lo que Sasori pudiera hacer para protegerla, teme a lo que pueda ser del vínculo entre ellos en caso de que él hiriese a uno de sus seres queridos. Quizá más que a todo, le teme a la posibilidad de que es solo cuestión de tiempo para que llegue el dia en que cuando se pregunte si estaría dispuesta a tomar la vida de uno de sus compatriotas para defenderse, la respuesta sea "sí".

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Tras un tiempo de viaje, la caravana del noble finalmente llega a la estancia de su propiedad en el oeste del país del Fuego. Contenido por un parque de quince frondosas hectáreas de eucaliptos, ciruelos, cedros azules y nogales, el chalé ha servido a su clan más como hogar vacacional que como vivienda.

La casa principal es grande, de madera y base de arenisca. Consta de tres plantas y es más vieja que su propia existencia. Acompañando el chalé, además, hay una caballeriza, una torre de agua, un aljibe y un torreón circular, revestido en piedra, que sirve tanto de mirador como de palomar y correo. Con el tiempo, también fueron agregados a la parcela una gran casa de huéspedes, una de custodia o otra del casero. Su padre siempre tuvo un gusto por las arquitecturas y cortes extranjeros, decantándose por dichos estilos por sobre los tradicionales castillos y templetes locales. Antes de quedar senil, demente y postrado en la cama de un hospital, claro está. Originalmente, esta hacienda estaba destinada a ser el centro de una ciudad que su padre había planeado erigir a su alrededor, pero la inevitable llegada de su incapacidad mental forzó un cambio de planes, y el proyecto de urbanización terminó por convertirse en una gran quinta de veraneo. Un refugio en el que escapar de su familia, una lujosa oficina en la que hacer los verdaderos negocios. Aquellos negocios que muchos consideran indignos de su posición.

Cabe resaltar que el hecho de que el poblado más cercano se encuentre a unos días de viaje a caballo, más que todo el personal que habita y mantiene la estructura sea selecto personalmente por él, convierte este sitio en un lugar pacífico y perfecto donde nadie hace preguntas.

Nada como el hogar y la familia… excepto el segundo hogar y la compañía de selectas damas. Su padre… su padre ocultaba sus relaciones extramatrimoniales, pero él también entendía esto. Quizá eso es lo único que comparte con el viejo.

Si tiene que esperar hasta el momento en que poder contactar con Akatsuki, prefiere hacerlo en comodidad y lujo. No hay punto en tener un título de nobleza de otro modo. Kichiro también puede tener un vistazo de la clase de vida que podría costearse después de que le pague… más bien podría costearse una versión de esta vida, una que se dé en un sitio más económico, pero es una vida más que envidiable para la mayoría.

En unos días contactará con ellos… la más peligrosa organización criminal del mundo... puede admitir que el prospecto le pone nervioso… sería estúpido si no temiese. De no ser porque sus recursos personales ya se han demostrado insuficientes para lidiar con esta piedra en su zapato, hubiera preferido evitar recurrir a ellos.

Ante semejante panorama, no puede negar que espera algún tipo de sensación de seguridad y resguardo al rodearse de su gran escolta nobiliaria ahora mismo, más que nada de los muchos ojos que podrían atestiguar, e incluso evitar, un posible ataque a su persona, en caso de que su plan sufriera alguna contingencia.

Haciendo uso del tiempo que dispone en su refugio, el noble se hace con una rutina. Durante la noche, preside banquetes en el gran comedor de la casa de huéspedes, en donde se mantiene alojada su corte. Durante el día, pasa varias horas dentro de la gran oficina que dispone en la casa principal reunido con un grupo selecto de señores, en donde se discute asuntos de estado. En sus ratos libres, cabalga junto a ellos.

De tanto en tanto, incluso organiza partidas de caza, las cuales comparte con los hijos de sus criados más cercanos. Nada es tan práctico para mantenerlos en línea como hacerles saber que recuerda el nombre y rostro de sus seres queridos. Por último, y no menos importante, se toma un momento para retirarse a solas al torreón para meditar, revisar correspondencia y analizar cómo sería su siguiente jugada.

Con el pasar de las jornadas, y a pesar de sus esfuerzos por mantenerse ocupado y con sus prioridades en orden, la idea de contactar con un hombre de tal reputación comienza a ser cada vez más intimidante…

"No importa cuanta gente haya matado, no importa cuántas técnicas tenga bajo las mangas. El tesorero de Akatsuki es un hombre de negocios como cualquier otro. No debería rechazar un buen trato, más aún si viene de uno de los señores más poderosos del País del Fuego." Se dice al quinto día de su "receso".

Esa noche se había negado a acompañar a su comitiva durante la cena, optando por permanecer recluido en sus estancias dentro del chalé principal. En su lugar, envía a su secretario a representarlo junto a Kichiro ante sus comensales, alegando una pequeña indigestión de su señor.

Al fin y al cabo, la excusa es una media verdad. Su indisposición no es fisiológica, sino psíquica. El sólo pensar en lo que deberá hacer para poner en marcha sus planes de deshacerse de sus enemigos, le hace doler las sienes.

—Mi señor está agotado de tanto trabajo, tanto vasallo y sus intrigas...—musita su dama de compañía, una de sus favoritas, mientras le hace masajes sobre los hombros, con sólo la silla de su escritorio interponiéndose entre ambos, sobre la que él está sentado.

—A los señores los puedo manejar… no es a ellos a quienes temo—responde Hanazono con los ojos cerrados, y una mueca de sus labios que expulsa el humo de su cigarrillo al exterior—. Sino a las sombras en las paredes, en los pasillos, bajo mi cama y sobre mi espalda.

La joven y curvilínea muchacha, de largo y espeso cabello rubio cenizo, con suaves bucles, deja escapar una risita infantil ante sus palabras, y se deja caer ligeramente sobre él, con sus manos suaves y pálidas como la leche encerrandolo en un abrazo.

—Ninguna de esas sombras tocará a mi señor esta noche. No mientras yo esté aquí.

En un primer momento, Hanazono permanece impasible ante su contacto, pero luego sube su mano libre a la cabeza de su dama, para darle una caricia superficial.

—Sólo aquí, lejos de todos esos carroñeros de afuera. Yo puedo plantarme ante ellos y parecer fuerte, pero a tí… a tí te picotearían como una bandada de cuervos hasta devorarte—le susurra girando su rostro hasta toparse con su mirada del color del oro fundido—. Por eso te necesito aquí adentro, donde estás a salvo, donde puedo protegerte.. y tú a mí.

Sus palabras tienen un efecto narcótico sobre la mujer.

—Lo sé, por eso esperé… Esperé demasiado para poder volver a tenerlo así, entre mis brazos…

El hombre apaga el cigarrillo sobre el cenicero del escritorio, y a continuación se pone en pie para girarse y tomar a su amante del rostro. El beso que le da es suficiente para terminar con las palabras y al mismo tiempo dejarla con ganas de más.

—Espérame arriba—susurra contra su boca antes de despacharla indirectamente de su oficina.

Aquella escena no era nada nuevo para él. Él tomaba una dama a su servicio, con el contrato casi explícito de verse en secreto y fuera de la vista pública a cambio de diversos favores económicos para ella, y todo iba bien por un tiempo… hasta que la dama se comenzaba a creer especial y, ya sea estupidez o ambición, lo presionaba de distintas maneras para que la tomara como esposa. Siempre era igual, y esta no sería la excepción.

"Mujeres básicas que no entienden que ya tengo una esposa, y una imagen pública que cuidar." Se queja sin darle mayor importancia al tema, dirigiéndose a la ventana para mirar el mundo nocturno a través de las cortinas cerradas.

"Bueno, si esta no entiende por las buenas, le pasará lo mismo que a las otras."

Al quedarse solo nuevamente con sus pensamientos, Akira Hanazono vuelve su mente al que es su mayor problema ahora mismo.

Pensar que Sasori, uno de sus viejos empleados volvería para ser tan grave dolor en su costado…

"Cuando lo acogí dentro de la Serpiente era tan…" Por un momento estuvo a punto de caracterizarlo como un chiquillo mañoso, voluble, manipulable o poco llamativo… pero, en retrospectiva, había mucho más en el joven, incluso a una década de su salida de la organización.

Negarlo no es la clase de actitud de un hombre en su posición. No llegó tan alto sin aprender de sus errores. Haberlo subestimado, haberle permitido tanta libertad, no haber podido ofrecerle suficiente para que siga de su lado… tantos errores… tantas maneras de haber podido evitar esta situación tan precaria...

El Escorpión de la Arena Roja se presentó en un inicio como tan solo un niño que escapó de casa. Si, era un chiquillo extraño, bajito y flacucho, que provenía de un hogar más que particular, pero los niños no dejan de ser niños tan fácilmente… Y él era sólo uno más... o al menos eso fue lo que creyó cuando toda esta historia empezó.

La gente de su empresa que había trabajado con este niño dentro de su aldea natal le habló muy bien de sus capacidades, "un niño prodigio" le decían, "una gran adquisición para los laboratorios de la Serpiente". Sumado a esto, el mocoso no tenía a dónde ir, ni conexión con nadie fuera del ala de su abuela y la Brigada de las Marionetas. Fue ahí, cuando él, un joven señor del sur de veintidós años en aquel entonces, lo adquirió bajo su protección.

Nunca lo trató en persona, pero los hombres de su confianza se encargaron de supervisarlo de cerca desde el primer día, e incluso uno de ellos, Kiyoshi Nadarame, llegó a trabar amistad con el mocoso.

Los reportes siempre decían que el pelirrojo cumplía bien su trabajo, demasiado bien. Para su edad, quince o dieciséis años, aprendía de toxinas a un ritmo alarmante y daba la talla perfectamente con los encargos. Eso lo hacía un recurso valioso. En aquel momento, Hanazono tuvo la sabiduría de reconocer su valor, pero no la suficiente para poder controlarlo. Alguien con su talento limitándose a cumplir sus tareas como un autómata, sin buscar la gloria ni la autosuperación en el área en que destaca… debió llamarle la atención en su momento.

Hoy en día reconoce su error, y se lamenta de haberlo subestimado, de haber confundido la inexperiencia del muchacho enclenque y obsesivo con el que fuera tonto y manipulable.

"Alguien que está sobrecalificado en su posición, y que no exige ascender en la jerarquía lo hace porque está ascendiendo en otro camino… y vaya si el mocoso no estaba haciendo eso mismo bajo mis narices." Recita con una sabiduría que sólo los años pudieron darle.

No haberlo notado a tiempo fue un craso error de su parte. No el más grave de ellos, pero definitivamente uno de tantos.

Akira siempre supo que no se puede crecer a buen ritmo siguiendo las normas. No se puede aumentar el poderío militar y económico dependiendo de las aldeas ninja. Esto lo aprendió muy bien de su señor abuelo.

Las aldeas, como cualquier organización que se precie de serlo, busca poder para sí misma y es recelosa de compartir ese poder con cualquier otro ente.

Los renegados ofrecen los mismos beneficios que aquellos shinobis oficiales, pero, a diferencia de los últimos, no tienen esa molesta lealtad a los Kages. Ellos en realidad entienden que el verdadero líder es el dinero y aquellos que lo distribuyen en pagos. En ese sentido, son mucho más leales que los esclavos lobotomizados que los países alquilan a sus aldeas ocultas. Flexibles y prácticos en sus métodos, los ninjas renegados no tienen tabúes ni blancos prohibidos, y tampoco reportan a otro superior que no sea quien los contrata. Pese a la mala prensa, son en realidad los empleados que más conviene tener en la nómina…

"Por supuesto… eso es así siempre y cuando los puedas controlar."

Contratar renegados implica necesariamente el riesgo de cruzarse con un sujeto que piensa demasiado raro, de esos que no siguen la lógica del resto de los mortales... Bajo este prospecto, quizá fuera inevitable tarde o temprano para él cruzarse con un hombre como Sasori.

El muy desquiciado no parece perseguir fama, dinero ni honores, y lo que sea que está buscando le importa lo suficiente como para abandonar a la Serpiente, a Akatsuki, a toda chance de ser recompensado por sus talentos…

Dejando al margen el rencor y la situación a la que este sujeto le llevó, en realidad el tipo es un ejemplar remarcable, un verdadero hombre con una voluntad y dirección tan férreas que comienzan a confundirse con la simple locura… casi da lástima el final que le espera a una mente así de brillante...

Por gran parte del tiempo que Sasori perteneció a su organización, el noble no tuvo la chance de verlo más que como un ayudante de laboratorio, y eventualmente un químico talentoso. Fue con él que se inició el negocio de traficar toxinas...

La ironía es palpable.

Por supuesto que, pasados los primeros años de actividad, el renegado de la Arena comenzó a desenvolverse en su otro talento remarcable: el marionetismo, que no tardó en impulsarlo desde las sombras hasta las primeras filas de la Serpiente.

La creciente leyenda dice que fue Sasori de la Arena Roja el único presente en la caída del País de la Luna, y que lo hizo sólo para probar sus habilidades…

Lo cierto es que el País de la Luna era muchas cosas menos grande en territorio, y además, era un país fracturado, bajo golpe militar, que se había convertido en un gran deudor de la Serpiente... uno que se negó a pagar por más tiempo del que es posible ignorarse. Si a esto se le suma que el Tsuchikage y el Señor Supremo de la Tierra estaban interesados en derrocar ese gobierno corrupto y anexar las tierras fértiles de la Luna a sus propias arcas… Bueno, los vientos de la guerra ya se habían alzado, y ni siquiera la diosa a la que tanto le rezaban iba a salvarlos de la extinción.

Sasori jugó un papel importante en aplastar a las fuerzas militares del país, esa parte del mito es verdad. No obstante, no existe shinobi capaz de controlar a toda una población militar y civil sin asistencia. La asistencia eran hombres de la Serpiente, y tropas de la Roca. Hombres que se cobraron de mil maneras la deuda que el país se negó a pagar.

Es posible que gracias al saqueo de la capital Sasori haya ganado su apodo "de la Arena Roja". Aunque claro, él no puede confirmar esto, nunca prestó atención a esos detalles, pero no le sorprendería que fuera el caso.

A pesar de sus múltiples desaciertos, Akira considera que fue inteligente en sus acciones, ya que la Serpiente y su conexión a él mismo podrían más bien no existir ante el resto del mundo. Es eso lo que mantuvo esa operación como un éxito por tantos años.

Los sangrientos eventos transcurridos en la nación de la Luna, y la leyenda de la conquista de éste a las manos de Sasori, fueron los que eventualmente llevaron a su inclusión en una misión de alto riesgo: él y un grupo de renegados tenían la tarea de eliminar al Kazekage, el tercero en aquel momento.

Hanazono nunca esperó que su escuadrón fuera a lograrlo. La idea era transmitir un mensaje: indicar a la Arena que sus decisiones estaban irritando a los poderes que sostenían, y aún sostienen, a la región en pie. Nada más que eso.

"Pero salió mal. Ninguno de ellos regresó jamás de esa misión."

En un principio, Hanazono supuso que todos los enviados murieron en el intento, sin lograr dañar al poderoso líder de la aldea, pero la falta de noticias y apariciones de éste tras los eventos, comenzó a hacerle sospechar que algo no encajaba.

Cuando finalmente llegó a sus oídos la noticia de que el Kazekage sí que había muerto, restó importancia al hecho de que su perro de ataque hubiera desertado de la Serpiente… Después de todo, Sasori aún era un novato de no más de veinticuatro o veinticinco años. Sin la protección de él no era nadie. Además, estaba en territorio enemigo, en donde el asesinato del Kage lo había colocado en la cima del bingo, quizás como el criminal más buscado de su era… El que su aldea natal, u otra de las aledañas lo capturara, era simple cuestión de tiempo...

Allí comenzó el primer gran problema que le causó el titiritero de los mil demonios. Nunca fue capturado, sino que se le atribuyó a él solo la muerte del Kazekage… y, quién sabe, quizá esa parte fuese verdad… El punto es que ascendió a rango S en el libro bingo, corrió a unirse a los Akatsuki, y todos en el mundo criminal supieron que la Serpiente había perdido su principal carta y la consideraron débil por ello… A partir de allí, vinieron tiempos duros para su empresa. Menos renombre, menos contratos, menos acciones, menos presupuesto… La era dorada de la Serpiente había caído en picada, y todo gracias a un mocoso, un sólo mocoso volátil y medio loco.

En aquel momento, su contraparte más jóven intentó interrogar a Kiyoshi para saber si tomó parte en la traición de Sasori, pero cuando sus guardias fueron a buscarlo, el muchacho se había evaporado en el aire, tal y como el otro mocoso pelirrojo. Frustrado, consideró la opción de intentar rastrear a Sasori para entregarlo al ex país de la Luna, después de todo, su gente odia al joven carnicero quizá más que la Arena, pero el hecho de que ya no fuese más que una provincia agrícola subyugada por el país de la Tierra no ayudó a su causa. La Arena lo detesta también, pero eso lo lleva a una verdad… si las aldeas no pudieron encontrarlo, él en ese momento también sería incapaz de ello.

En el presente, consideró también contactar con su aldea natal, pero la verdad es que, considerando los rumores de rebelión y guerra civil avecinandose ante el gobierno débil del Kazekage Gaara, es probable que allí estén demasiado ocupados para dedicar demasiadas fuerzas a encontrar y pasar por la espada a Sasori ahora mismo.

"Perdieron el control de una bestia de chakra, los muy incompetentes. Y yo que me quejaba de la furcia de Tsunade y su patética derrota ante Orochimaru y el mocoso Uchiha."

Seguramente, los vejestorios de la Arena colapsarán por el peso de sus propias divisiones entre grupos de influencias, antes que caer ante un poder externo.

No… sólo queda recurrir a Akatsuki. Es la única opción actual para detener a tiempos duros que requieren de decisiones difíciles, y estas deben ser tomadas por hombres con experiencia.

Es solo cuestión de tiempo. Sasori fue un cabo suelto en su vida por más tiempo del que es posible ignorarse. Pronto tendrá un destino similar al del país que lo consagró como leyenda.

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¡Buenas a todo el mundo!

Como siempre, este par de zombies se disculpa por haber tardado tanto en recuperar el ritmo de publicación. No es que terminar esta historia no sea una prioridad para nosotros, es que la universidad demanda mucho últimamente, más considerando que a lahonestidadenmi le queda nada para recibirse (plot-twist (?)

En fin, ahora que estamos en sintonía de nuevo y que ya tenemos por lo menos tres años de conocernos (excepto los lectores que recién en la recta final se están uniendo a esta aventura, en cuyo caso, ¡bienvenidos al antro de la perdición!), hay algo de lo que nos urge hablar.

Ya van tres veces que nos llega un comentario anónimo a la caja de reviews, ya sea para hablar mal de otros autores o fics, o para propagandear/recomendar las historias que les gustan de esta plataforma. Sin ánimo de ponernos sargentos ni déspotas, los dos coincidimos en que esto es un tipo de spam y que es un comportamiento que ya no queremos seguir tolerando.

Sabemos que la mayoría de nuestros lectores son sumamente respetuosos de por sí con este tipo de cosas, ya sea porque prefieren leer sin comentar o porque cuando escriben un review cuidan de no mencionar o poner a parir a otros autores o historias, incluso si es para hablar bien de la nuestra o compararla con otras, así que este llamado de atención no va para ustedes, va para esa minoría que todavía no se dio cuenta que hacer esto es de mal gusto. De verdad, a no ser que conozcan al autor o autora en cuestión y sepan que hacerlo en su caja de reviews no le molesta, cae mal que vayan a hacerle propaganda a otro fic o autor en el espacio de otros, más si es el primer comentario que le dejan a un autor desconocido. Por favor, no malgasten nuestro espacio promocionando otros fics, no tiene nada que ver con nuestra historia, es incómodo para nosotros y no es para lo que está la caja de reviews.

Lo mismo si les cae mal la autora fulanita y vienen a destilar su odio acá a nuestro espacio. No. A nosotros no nos importa ni quién es fulanita ni lo que hace. Nuestro consejo ante esta situación es que vayan y solucionen sus problemas con el autor que les cae mal en privado y no traten de meternos a los demás en sus disputas personales.

Atentamente, Co-autor.