Fin del camino.
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El pueblo de Hyogo no es demasiado remarcable. Definitivamente es más grande en su tamaño que aquellos asentamientos cuya economía depende de los viajeros, pero la ganadería de cabras de montaña nunca fue una actividad que pudiera sostener por sí sola una población de más de doscientas personas.
Este pueblo es el sitio que Kichiro indica al noble del Fuego como el lugar donde podrán enviar un mensaje al tesorero de Akatsuki.
Por supuesto que Hanazono debe moverse de incógnito por esos lares, ya que llamaría demasiado la atención si lo hace acompañado, lo mismo si no disimula su status económico ante los lugareños.
Dicho esto, al señor le cuesta un poco encontrar un atuendo acorde, y el que Kichiro tomase las prendas y las arruinara a base de pisotones antes de devolverlas le molesta más de lo que está dispuesto a admitir.
Una vez arreglado el asunto de su vestimenta, sólo le queda ponerse una capa ocre de abrigo y cubrirse el pelo rubio desarreglado con la capucha. Por lo visto, su camuflaje prueba tener éxito nada más arriba junto a Kichiro a lomos de sus caballos.
La gente de las posadas, tabernas y mercados lo tratan como un extranjero más, y el resto… está tan enfocado en sus problemas rutinarios y en la temporada de cosecha que sólo pasan a su lado sin siquiera mirarlo.
Pasar tiempo tan cerca de la gente común, comiendo con ellos, bebiendo con ellos y durmiendo en los albergues frecuentados por ellos, le resulta extremadamente repulsivo. La sopa es muy poco especiada, su pan es muy duro, el asado de cabra se le antoja muy seco y con gusto a césped, y todos los postres habidos y por haber le saben a leche cortada… salvo que se trate de tortas de avena, en cuyo caso, son imposibles de masticar.
—No vayas a decir que no te gusta la comida—le dice Kichiro en voz baja durante la primera cena que ambos tienen en el comedor de la posada—. Recuerda que somos unos simples don nadie que estamos de paso por aquí. Tenemos que pasar desapercibidos, y para eso es mejor no ofenderlos. Nada de muecas de asco ante lo que nos sirvan.
El noble asiente a regañadientes, sintiéndose estúpido durante un momento, como si de repente aún tuviera diez años y su padre lo estuviera regañando.
Con el pasar de la semana, y cuando empieza a dejar de prestarle atención a la rigidez de su colchón, o a los dientes torcidos y desagradables de la muchacha que les asea el cuarto una vez por día, Akira Hanazono no puede evitar recordar con mayor detalle cuán hediondos pudieron ser de aquellos años en los que su padre lo forzaba a acompañarlo en sus viajes para mantener la imagen ante el pueblo, al menos quiere creer que lo hacía para mantener la imagen. Porque si llegase tan sólo a enterarse de que su padre en realidad disfrutaba de eso, de comer porquería, bañarse en agua casi fría y dormir en un sitio que apesta a humedad todo los días... le perdería el poco respeto que aún tiene por él. A lo mejor fue una empanada de sesos de cabra lo que lo enfermó de muerte y lo dejó en coma antes de los cincuenta años, así que en verdad prefiere no creerlo.
Las instrucciones, según su "hombre puente", son pasar una semana en el pueblo, y luego toda la tarde del sábado guarecidos dentro de un bar de mala muerte antes de proceder al siguiente paso. Si bien todo esto ya lo sabía desde antes de partir de su casa de veraneo, la sonrisa mal contenida de Kichiro cuando se lo recuerda dentro del motel le da la sospecha de que al final sólo le está jugando una broma de mal gusto.
Fuera verdad o mentira, su estadía en el bar del pueblo se le hace eterna. Más allá de que el compartir tiempo con esta chusma lo hace sentirse sucio y con miedo de que se pegue la peste, la idea de que estén siendo observados minuto a minuto por un hombre de Akatsuki lo hace mantenerse en su sitio, al borde del arrepentimiento, casi humilde. Con el pasar de las horas, pasa a intentar llevar la cuenta de quienes entran y salen del establecimiento, intentando detectar al espía de la organización terrorista entre los borrachos y medio sobrios.
Muy a su pesar, el hombre termina por sentirse de nuevo infantil. Sus intentos deben de resultar irrisorios a hombres entrenados en ninjutsu. Estar tan lejos de sus fuerzas de seguridad y tan dentro de la boca del lobo hace que comience a darse cuenta de la vulnerabilidad de su posición.
—Ahora ¿Qué? —pregunta el noble cuando los primeros rayos del atardecer tocan la mesa en la que permanece postrado junto a su guía.
—Ahora vamos a pedir una habitación en la Yegua Moteada… —contesta Kichiro antes de suspirar al darse cuenta de que Hanazono no lo está comprendiendo—, en la posada de enfrente.
— ¡Lo que necesitaba! ¡Más hedor a vómito y excusado! —se queja el señor en voz baja.
— ¿Es demasiado agotador hacer el trabajo sucio por uno mismo, mi señor? —comenta su acompañante con una sonrisa irónica, pero no tarda en retractarse tras sentir una mirada de exasperado rencor caer sobre sí.
El dúo cruza la calle para dirigirse al nuevo alojamiento, donde Kichiro hace una señal a su señor para que mantenga silencio y le permita controlar la situación a partir de allí.
—Reservé la quinta habitación del segundo piso—habla el hombre puente al posadero que se topan, el cual es gordo, calvo y con un bigote tupido que le cubre todo el labio superior.
—Que encuentren en el sueño la solución a sus problemas, y que sus pesadillas se desvanezcan antes de que despierten—es la respuesta cordial, aunque extrañamente poética que obtienen del dependiente—. Permítanme que los guíe a sus aposentos.
En el segundo piso del albergue, el dúo se encuentra con que sólo existe un pasillo angosto con tres puertas. A decir verdad, el noble del Fuego estaba esperando que el posadero abriese un pasadizo secreto como aquellos que existen en sus fortalezas, pero en vez de esto simplemente les abre la última puerta del vestíbulo y les desea buenas noches.
—Espero verlos de nuevo mañana—se despide con una sonrisa cómplice.
Los visitantes se quedan a solas en la habitación. Kichiro no pierde el tiempo y se sienta en una de las dos camas para buscar con más comodidad una pequeña botella dentro de sus ropajes harapientos, la cual termina ofreciendo a su acompañante.
—Ahora, ¿Qué sigue? ¿Qué es esto? —pregunta Hanazono con una ceja alzada, sintiendo como la confusión aumenta al punto de hacer contacto con el miedo.
—Ahora tenemos que dormirnos—contesta su escolta comenzando a irritarse con él.
— ¿Y la botella?
—Repito: tenemos que dormir—recita Kichiro con gesto sombrío, ignorando a su superior y poniendo énfasis en el deber de ambos—. No confío en que tus nervios te permitan conciliar el sueño, así que traje un sedante. Si no dormimos, no saldremos de esta habitación.
Los ojos cristalinos y rapaces de Hanazono lo escudriñan con tanta desconfianza como resolución.
— ¿Va a ser suficiente?
—El contenido de esta botella sería suficiente para adormilar a un caballo—explica con una súbita mueca divertida que el noble encuentra de lo más inapropiado y vulgar—. Despertarás al mediodía, pero al menos tendrás mejores chances de vivir que si intentas dormir por tu cuenta.
—Y también puedo amanecer prisionero—resalta con el ceño fruncido.
—Ya es tarde para retirarte, mi buen señor—comenta Kichiro de modo burlesco—. O duermes en esta cama, o, si eres tan estúpido como para salir de esta habitación, vivirás temiendole a cada sombra hasta que eventualmente una de ellas esconda a aquel que tome tu vida.
Harto de la situación y de compartir aquella pocilga con aquel gañán irrespetuoso, Akira deja de resistirse y le arrebata el vial de las manos.
—Ya era hora—se queja en voz alta su plebeyo guía mientras saca una bolsa de Ryus desde sus bolsillos y los esconde debajo de la cama—. Tómate toda la botella, te aconsejo que te acuestes de inmediato, no tienes más que unos segundos antes de que haga efecto.
Pese a saber desde el principio que no habría vuelta atrás, cuando destapa la botella, el noble del Fuego cae en cuenta de cuán dentro en la boca del lobo está en este momento.
"Al menos si me matan en mis sueños, no estaré consciente para preocuparme por ello."
—Cuando despiertes con vida, significa que ellos se pondrán en contacto contigo… buenas noches…
Las últimas palabras de Kichiro le entran por los oídos al poco de quedarse tumbado boca arriba sobre la cama de al lado. Con la droga haciendo mella sobre sus sentidos, el noble apenas consigue procesar su último momento de consciencia antes de quedar a merced de un bien mayor.
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A ojos de Sasori, el silencio de Sakura en estos últimos días no es tanto una evidencia de fuerza, sino una señal de que la presión que se acumula dentro de ella está por explotar.
Quizá este prospecto, y la poca confianza que tiene en su capacidad para manejarlo le hace cada vez más difícil el entablar una conversación.
"Necesita tiempo, necesita espacio para asimilarlo todo…" Es lo que se repite cada vez que se siente abrumado por la distancia entre ambos y la falta de orientación, quizá intentando convencerse a sí mismo de que está haciendo lo correcto.
"Debería dejar que ella venga a mí cuando esté lista."
Sasori estaría allí para darle consuelo, para tomarla en sus brazos y devolverle el aliento… pero no podría hacerla olvidar su situación de renegada. Sería iluso y poco realista tener esas expectativas cuando él es un recordatorio constante de lo peligroso que se volvió su camino y de cuán lejos de casa este va a llevarla.
Él no puede evitar sentir, pensar… saber que tiene sobre sí una porción más que sustancial de culpa por el destino de Sakura, y esa culpa se acrecienta cuando la oye sollozar durante las noches. Esos momentos son los peores. Parte de sí quiere romper el silencio, darle calor, ánimo, placer... pero… luego de eso, luego de que la pasión se esfumase y sus jades vidriosos lo contemplaran suplicantes, demandantes por una explicación, por una solución a todo esto… ¿Qué podría decir...? ¿Qué podría responderle? ¿Qué podría maquinar más allá de palabras vacías, que serían más un insulto que un buen gesto?
La presión que el marionetista siente sobre sí mismo es demasiada… para colmo… existe la posibilidad de que Sakura esté manteniendo la distancia con él en respeto a su posición… Ella es inteligente, él lo sabe, y es posible que ella esté manteniendo el silencio solo para no ser una carga…
Ese pensamiento le resulta… demasiado positivo… quizá hasta infantil… de seguro que Sakura simplemente está odiando su vida y su futuro.
"¿Como podría ser de otra manera? Ahora mismo seguro que me desprecia aún más que cuando insulté a la abuela Chiyo y a su técnica de resurrección en esa cueva donde nos conocimos."
A este punto, luego de por lo menos una semana de sobrellevar este triste y tenso escenario que se resiste a cambiar, Sasori sólo consigue mantener sus pensamientos a raya gracias a recordarse a sí mismo que está manteniéndola a salvo, que está tomando las riendas de la situación para aliviar aunque sea un poco la carga sobre sus jóvenes hombros.
No obstante, el llanto distante y el frío del silencio siempre vuelven como cuchillos en la oscuridad para rebanar poco a poco su cordura y a torcerlo hasta la desesperación ¿Cómo pueden las acciones de un terrorista como él comenzar siquiera a compensar la pérdida de la familia y aldea que Sakura conoció por tantos años antes de cruzarse con su desdichada persona?
Cada vez es más difícil no sucumbir al sentirse culpable por la situación de la mujer que viaja a sus espaldas. Intenta cubrir cada posibilidad, cada posible acción a tomar, si dejar rastros falsos, a qué país escapar primero...
Sin lugar a dudas, lo que más empieza a tomar forma y a resonar dentro de la mente del artista es que existe quizá… no… No quizá. En realidad existe una solución que permitiría una chance sólida para que Sakura recupere su honor y hogar... Una solución definitiva, una salida sin margen de error y que pondría la culpa de todo sobre quien corresponde.
Sería una decisión sin vuelta atrás, y por lo tanto no una que ella pueda tomar. Él tampoco sería capaz de ponerla sobre sus hombros, ni en este momento ni en ningún otro.
No.
Llevar esa solución a cabo es un asunto del que él debe ocuparse, él y nadie más.
"Inaudito. No quiero pensar en eso… no debería estar pensando en eso."
Por su lado, Sakura hace lo mejor que puede para cargar con sus penas con algún símil de dignidad.
Si bien es verdad que la partida y la oscuridad e incertidumbre del futuro la aterran, el silencio de su compañero de exilio no tarda en volver la experiencia algo mucho más doloroso.
Por supuesto que comprende la responsabilidad que Sasori carga, y existe una profunda gratitud hacia él dentro suyo en medio de todas las emociones encontradas… pero esa pasividad, esa indiferencia y esa barrera invisible entre ambos comienza a carcomer sus nervios más pronto de lo que puede siquiera notar.
Durante las dos primeras noches que tuvieron que pernoctar a la intemperie, la muchacha no despreció un tiempo a solas para lidiar con su propio duelo… Si bien fue difícil para ella espabilar luego de aquella noche, fue necesario para poder dar el siguiente paso. Empero, con el pasar de los días y al verse forzada a convivir con alguien más todo el tiempo… es muy frustrante y decepcionante la manera en la que el pelirrojo parece estar tomando las cosas. Esa… naturalidad… esa facilidad para afrontarse al exilio la desconcierta y confunde. Quizá debería envidiar esa cualidad, pero la encuentra tan distinta, tan desapegada… tan… inhumana incluso. Extraña al Sasori de aquella noche. Lo extraña tanto como a todo el resto.
Sakura no puede pretender que él entienda lo que ella está sintiendo, pero al menos podría molestarse en fingir, al menos podría dar una señal de que es capaz de ver su sufrimiento como algo más que un evento lógico y esperable. De hecho, a más se adapta a su presencia, más se siente como si el momento íntimo que compartieron no hubiera existido.
Esta sensación de rechazo vinculada a su falta de ternura se refuerza a la mañana del séptimo día, cuando se despierta sola de nuevo, sin haber recibido ninguna visita sorpresa la noche anterior…Porque no es como si alguien fuese a atacarlos en este lugar del bosque, tan lejos de todo lo que podría llamarse civilización.
"Si fue precisamente para ganar esta noche de ventaja que partimos a tanta prisa desde tan temprano…" Piensa molesta, sintiendo las secuelas de haber pasado de la cercanía de esa noche a la soledad de estas últimas. La distancia que siente con su hogar y con él pasa a ser físicamente como unas profundas punzadas sobre su pecho, que de tanto en tanto amenazan con hacerle perder el aliento.
El viaje entre bosques y pequeños pueblos de paso, sobretodo en los primeros, continúa tan desesperado como monótono, pero los días se vuelven tan pesados, largos y agotadores que sólo es cuestión de tiempo antes que alguno de los dos ninjas termine por explotar.
Pese a su gélida máscara de solemnidad, la mente de Sasori hace lo imposible por mantener su integridad y el fantasma de la calma para no sucumbir ante su propio estrés. Llegado un punto de extrema fragilidad, opta por dejar de darle atención al cuerpo artificial que lo carga con tal de olvidarse de sí mismo y todas sus distracciones inútiles, enfocándose en el futuro, nada más que en futuro y en las posibilidades… En evitar aún más tragedias. No tarda en llegar el momento en que no pueda evitar darle atención, aún si desea no hacerlo.
Lo difícil de la situación, y la responsabilidad de mantener a Sakura físicamente a salvo, mientras ella siente su mundo caer sin que él pueda asistir se vuelve demasiado para soportar. Poco a poco, la situación amenaza con engullirlo, hasta el punto de hacer que sus extremidades y rostro se endurezcan y entumezcan tal y como lo hace el músculo.
Por ciertos períodos del día llega incluso a "apagar" partes de sí mismo, haciendo que sus manos, su torso y su rostro volvieran a ser sólo cerámica. Por supuesto que no llega al extremo de dejar de moverse, pero ya no sentir la preocupación de su alma reflejada en la tensión de su "carne" es una forma de mantenerse enfocado… Sí… hacerlo sin duda lo aleja de esa humanidad casi "normal" que estuvo cultivando junto a ella, pero ahora no puede darse esos lujos. Ya no se trata de si mismo, su humanidad amenaza con hacer peligrar a Sakura. Al menos apagando su cuerpo, Sasori todavía puede pensar.
Afortunadamente, puede decirse que ya recorrieron suficiente trayecto como para evitar la persecución inicial de las aldeas. En el panorama actual del mundo, ninguna de ellas puede disponer de demasiados shinobis para dedicarse a cazarlos; después de todo, si lo hicieran, se debilitarían ante posibles ataques de aldeas opositoras, o incluso de Akatsuki. Ahora que la alianza de la Hoja y la Arena va a debilitarse por la noticia de la traición de la discípula de la mismísima Hokage, este temor mutuo de ambas potencias al poder de la aldea contraria es más que justificado. No hay modo de que dediquen fuerzas numerosas sólo a buscarlos. Sí, mandarán fuerzas de elite, pero no pueden vigilar todo el mundo, nadie puede.
El problema es Akatsuki… aun habiendo pertenecido a esa organización, a Sasori le fue imposible conocer suficiente sobre su red de espías. La organización pareciera ser omnipresente…
"Pero eso no es posible. Esa clase de mitos son sólo eso… mitos. Es imposible estar en todos lados, no hay organización lo suficientemente grande."
En algún lugar del mundo ninja hay un punto ciego para Akatsuki… encontrarlo y llegar a él… ese es el verdadero desafío. Ese es el acertijo al que intenta escapar, ese es el ejercicio mental al que dedica todo su esfuerzo y sacrificio.
Más pronto que tarde, si aún quiere superar a Akatsuki, tendrá que recurrir a…
"La idea es arriesgada… pero parece que es el único camino que me queda…"
Tras más días de silencio y noches de insomnio que ya no se molesta en contar, tras batallar con la culpa que tiene y merece tener, tras "apagar" más y más partes de su cuerpo para dejar de sentir al malestar repercutiendo en su tacto… es innegable que… quizá el renegado de la Arena finalmente encuentra el límite de sus capacidades…
"Una cosa era vivir en el exilio y esconderme cuando sólo tenía que preocuparme por mi mismo… cuando estaba solo… pero no es el tipo de vida que Sakura merece… y sigue siendo mi culpa."
Lo único que evita que el odio que tiene por sí mismo se forme en su rostro es que lo tiene inactivo desde hace horas.
—Suficiente. Estoy harta de vivir prácticamente en el bosque—es la queja que brota de Sakura al anochecer de ese día, o quizá del siguiente—. Estoy harta de comer carne seca y pan duro y de pasar días sin poder bañarme. Estoy harta de los mosquitos y estoy harta de que no me hables ni para desearme las putas buenas noches. Quiero regresar al pueblo por el que pasamos hace una hora y quedarme ahí unos días, tan siquiera para comer comida de verdad y dormir en una cama. No hay posibilidad de que nos encuentren a estas alturas, y si la hay, me importa un bledo.
Finalmente la mujer explota. La combinación de todo es demasiado. Nada sería imposible de llevar si al menos él estuviese acompañándola, pero en vez de eso parece estar más lejos que ella de su propia aldea. No piensa ni siquiera un poco en sus palabras. Todo finalmente logra superarla. Sólo quiere una reacción. Alguna señal de que no está tan sola como se siente.
Sasori la mira como si le estuviera hablando en un idioma desconocido. Parece que hubiera podido seguir con su camino hacia las profundidades de la naturaleza de no ser porque la muchacha se le planta enfrente como una estaca y se rehúsa a seguirle el paso.
El artista, llegado este momento, lleva ya mucho encerrado en un espiral de dudas y temores, así que el rostro y la mirada que la contempla despotricar son inertes, inexpresivos. Hace tiempo que el semblante de Sasori dejó de funcionar como uno humano. A fin de cuentas, esta medida es la única forma que tiene ahora de mantener la calma, la única forma de no mostrarle a su musa cuán profundo es el pozo en el que están, cuán profundo es el miedo que siente.
En respuesta, Haruno se pone las manos en las caderas y se enfada ante su falta de respuesta.
— ¿Te comió la lengua el gato? ¿O es que no soy digna ni siquiera de acceder al trato humano más básico? ¿Es que ya decidiste que no vas a volver a prestarme atención nunca más? ¡Dije que estoy harta de este lugar y harta de ti! ¡Y estoy hablando en serio!
Pese a lo obvio del panorama, el artista es tomado por sorpresa. Sí… la reacción de Sakura es esperable. No le queda del todo claro como no pudo ver su error antes.
"Otro error más… otra culpa con la que cargar" Se autoflagela en un momento de lucidez, pero nada de lo que ocurre en su interior es capaz de arribar hasta su rostro.
Intenta responderle, pero en el momento que comienza a darle vida a su garganta, siente un nudo cerrándose en torno a su cuello, como si todo el pesar acumulado lo castigara de inmediato quitándole el aire. Su rostro, su cuerpo, él… al final solo puede permanecer allí, impasible e inexpresivo como la cerámica que compone su existencia.
— ¡IMBÉCIL! —chilla Sakura con los dientes apretados, y un impulso irrefrenable de dejar salir toda su rabia, toda su frustración y toda su tristeza en un puñetazo. Un sólo puñetazo que impacta de lleno sobre la mejilla izquierda del pelirrojo y se la rompe en mil pedazos.
Ella misma se sorprende del resultado de su ataque… no era su intención romperlo… el golpe en sí no sería capaz de destruir su cuerpo en circunstancias normales… eso no debería haber pasado.
Ahora es ella la que se queda paralizada al ver a Sasori llevando una de sus manos al agujero que se esparce hasta agrietar la comisura de sus labios, y parte de su ojo izquierdo. Un rápido aleteo de sus párpados hace que pedazos de éstos caigan al suelo, dejando al globo ocular casi totalmente expuesto y en peligro de ser desprendido también de su cuerpo.
El artista ve, con el ojo que aún permanece firme en el lado derecho de su rostro, a las piezas de sí mismo esparciéndose sobre la tierra. Luego, levanta su dispar mirada para ver el semblante sollozante de Sakura… esto también es su culpa. Todo es su culpa. Cae en él la responsabilidad de solucionar esto. Es lo mínimo que puede hacer por ella.
De modo inesperado, Sasori retorna la vida a su faz. Acto seguido, una mueca en la que se contienen todos los tipos de dolor deforma la mitad sana de su rostro, y fuerza al hueco en la otra mitad a crecer aún más. Siente como si la mitad de su cráneo estuviera prendida fuego. Por unos segundos, el dolor es tal que cree que perder el conocimiento, pero logra a duras penas imponerse a ello.
"Merecía el golpe… merezco el dolor… lo merezco" Piensa con una risa en voz alta que no logra distinguirse demasiado de los sollozos de su musa, recordando que todo esto comenzó con él... y también debe terminar con él…
—Vuelve… vuelve a Konoha…—habla el hombre con dificultad—. Esto fue todo parte de tu plan… llévame contigo… seré toda la evidencia que necesitas… Vuelve a casa y… recupera… ten la vida que mereces.
Antes de que Sakura tuviera tiempo para intentar descifrar sus palabras, antes que pudiese procesar siquiera lo que está pasando, una cuchilla oculta emerge de una de las articulaciones en la mano derecha del marionetista.
—Vive—le pide con su última palabra antes de clavar un puñal en el centro de su núcleo.
El mundo se torna rojo opaco, rojo brillante y luego negro. Es la segunda vez que se encuentra aquí, la segunda vez que se ve en esta posición. La segunda vez que siente ese dolor cegador y punzante desgarrando su carne en un abrazo filoso.
Al menos esta vez puede decir que lo hace por un buen motivo. Ella se merece una mejor vida. Él fue lo suficientemente egoísta para quitarsela, debería ser lo suficientemente honrado como para devolvérsela… No es que vaya a ganarse su perdón… pero es lo que debe hacerse. Es lo que conlleva el hecho de amarla.
Los pensamientos de Sasori comienzan a ralentizarse junto con los últimos intentos de su corazón por seguir latiendo. Ya nada parece existir fuera de su núcleo moribundo y los atisbos de conciencia que todavía le quedan… y el primero sólo puede sentir el dolor más abrasador que jamás ha experimentado… y frío, mucho, mucho, mucho frío.
"Un último pensamiento, Sasori… Hazlo valer… La verdad es que… hubiese querido otro final… otra chance… otro camino… Me gustaria tener mas tiempo con ella..."
Si no fuese tan patético, se reiría de sí mismo. Ni siquiera con los motivos más nobles que tuvo en su vida es capaz de esquivar el arrepentimiento ante la agonía…
"En realidad eres especial, Sakura"
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