Efímero.
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Días atrás.
El señor feudal del Fuego se encuentra a medio hundir en el cómodo sillón frente a su escritorio. El insomnio es algo que viene siendo habitual desde que estableció una línea de contacto con Akatsuki.
"Ellos me van a contactar."
Hanazono no se imagina lo enervante que sería ese concepto, hasta que los días comienzan a transcurrir, y, en el tiempo muerto a la espera de una respuesta, medita sobre las implicaciones.
Dicha espera lo tiene encerrado día y noche en su casa de veraneo. Sus secretarios y representantes diplomáticos se encargan de atender a sus invitados, o de gestionar sus responsabilidades en su nombre en las tierras del Sur. Mientras tanto, el señor sólo medita sobre el intercambio que acontecerá cuando el contador de Akatsuki, Kakuzu, venga a visitarlo. Es sólo un asunto de negocios, y la paga que ofrecerá por sus servicios es más que generosa, ¿Qué podría salir mal?
"El dinero es el idioma universal… Y el imbécil de Arena Roja lo comprenderá más pronto que tarde. Maldito demente..."
Ya es pasada la medianoche, y la botella de whisky se ve como una opción más que tentadora… pero sabe que no es una buena idea. No sabe cuando van a contactarlo, pero sabe que quiere estar sobrio en aquel momento. Aunque permanecer tanto tiempo despierto por las noches, poco a poco le está resultando como una aguja cruel que se clava en sus sienes y acaba con su paciencia. Desde hace un par de jornadas que luce unas pequeñas ojeras bajo sus ojos, y un mal genio que le impide incluso tener el buen ánimo para dormir junto a su amante.
Por otro lado, ya perdió la cuenta de cuántas cargas de tabaco consumió en su pipa. Es necesario tratar el estrés de alguna manera, y la nicotina es el mejor calmante que tiene ahora.
La mezcla de sueño, preocupación y frustración es tóxica para el hombre. Lo más probable es que esta sea otra noche en la que nada ocurriría. De hecho, el momento en que lo contacten no tiene por qué ser durante la noche.
En la pared del despacho cuelga un reloj. El rítmico sonido del segundero corta el humo del tabaco, irritando al señor por momentos.
Normalmente su mansión, y aún más esta habitación, serían los sitios en los que más seguro y cómodo se encontraría. Sus fuerzas de seguridad aún patrullan el área.
Al principio, Hanazono consideró reducirlas, o advertirles de que están esperando visitas que llegan sin anunciarse. Pero nada de eso tiene sentido. Akatsuki no tendría problema en superar a sus hombres, y cualquier otra acción que redujese la seguridad sólo lo dejaría expuesto a otras amenazas.
El cansancio y el aburrimiento convierten al segundero del reloj en un somnífero lo suficientemente eficiente como para robarle la consciencia. No obstante, despierta sobresaltado después por un sueño que no puede recordar. La lámpara de aceite, que alumbra con delicada luz naranja la habitación, ya consumió la mitad de su combustible, y el reloj le confirma que pasó dos horas dormido.
Intenta cargar la pipa una vez más, pero no tiene más tabaco. La idea de consumir un puro cruza por su cabeza, pero prefiere guardarlos para celebrar éxitos.
"Falta poco para celebrar. Esto es temporal."
De repente, el noble escucha tres breves golpes en la puerta de su despacho. Sus fuerzas de seguridad siempre utilizan dos. Sus sirvientes preguntan por su apellido, su amante no toca la puerta…
Su corazón se salta un latido.
Los golpes no vuelven a repetirse. El instante que demora en decidirse por atender la puerta de su despacho se le hace eterno.
"Soy el poder de la nación personificado… Soy el empleador de estas herramientas. No debo tenerles miedo."
Con recobrada compostura, Akira Hanazono se levanta de su sillón y rodea el escritorio para dirigirse hasta la puerta. La abre a medias, lo suficiente como para que la luz de la lámpara ilumine la figura frente a él.
Un sombrero de paja con detalles de papel ocultan el rostro del extraño, pero los detalles de la capa son suficientes para identificarlo como el contador que atendió su llamada.
A pesar de su buen estado físico, Hanazono se siente pequeño ante la esbelta, pero imponente figura silenciosa. Esta última no emite palabra, solo lleva su mano a la puerta y termina de abrirla. El intento de bravado le duró poco.
El señor feudal se pregunta por un momento como este Akatsuki llegó aquí sin ser detectado. Pero pronto abandona esa línea de pensamiento, es inútil.
"Por supuesto que ellos podrían llegar aquí, y el cómo es irrelevante."
Aún demasiado intimidado para pronunciarse, el hombre de mediana edad mantiene suficiente de su porte estoico para invitar al recién llegado a su despacho con un gesto de sus brazos.
Manteniendo el enervante silencio, su invitado se posiciona al frente de su escritorio, a un lado de la silla para invitados. Parece estar esperando a que su anfitrión tome asiento primero.
Los sonidos de la puerta cerrándose, y los de sus pasos de regreso a su sillón son lo único que resuena en la estancia.
"¿Es que ni siquiera respira?" Se pregunta ante la incómoda quietud.
—Kichiro—habla el extraño—. Fue él quien te puso en contacto con nosotros. ¿Correcto?
Hanazono toma asiento del otro lado del escritorio y tose para aclarar su garganta antes de responder:
—Por supuesto. Y asumo que no necesitas preguntarlo para saberlo.
—Asumes correctamente. Sólo quería confirmar si estabas intentando protegerlo de nosotros.
La respuesta del Akatsuki tiene implicaciones aterradoras, pero el haber superado su primera prueba le produce un ligero alivio.
—Sería inútil. Además, él me puso en contacto con usted, desobedeciendo sus órdenes. Entiendo que no pueden permitir que un traidor salga sin ser castigado.
El visitante aún no toma asiento, se limita a estudiarlo desde arriba, y detrás del sombrero que oculta sus facciones.
—Tus fuerzas de seguridad dejan mucho que desear. ¿Qué hubiese pasado si tuviese intenciones de llevarte con Kichiro? ¿Esta es la clase de seguridad que crees adecuada cuando tratas con nosotros?
"Entonces mi hombre puente ya está muerto." Piensa el noble tragando saliva.
—Sé lo suficiente sobre ustedes como para…
—Cuidado con tus palabras, Señor del Fuego—espeta el Akatsuki con mal carácter—. No me creo por un segundo de que sepas algo sobre nosotros, y, si en realidad supieses suficiente, entonces no vivirás por mucho tiempo.
Un escalofrío recorre la espalda del mandatario.
—Sé que no puedo evitar que ustedes me maten—admite sintiendo como su garganta amenaza con cerrarse—. Al menos no con fuerza, y quizá tampoco con dinero. Pero creo que tengo información valiosa para su organización. Sé que tengo influencia y poder en esta nación. Quiero usar lo primero para demostrar que puedo serles útil. Lo segundo es nada más que un extra.
—Hablas mucho—la voz del contador es desdeñosa y amenazante. El aura de este hombre es suficiente para que el aire dentro de la oficina casi pueda cortarse con un cuchillo—. Si no tienes con qué sustentar esas palabras, haremos un ejemplo de tí esta noche. Nuestro tiempo y atención tienen un precio alto.
—Sasori de la Arena Roja. Está vivo. Los traicionó y está trabajando con Konoha.
Esta vez, es el Akatsuki el que lo escucha con atención. Por primera vez desde que el extraño llegó a su hogar, Hanazono parece tener un semblante de control sobre la situación.
— ¿Cómo llegaste a esta información?
—Sasori trabajó para una organización bajo mi control antes de unirse a Akatsuki. Cuando el mundo lo dio por muerto, decidió atar cabos sueltos y atacar mi empresa.
— ¿Tu eras la figura detrás de la Serpiente? —la voz del ninja renegado suena entre incrédula y menospreciante—. Quizá si puedes sernos útil, entonces.
—Garantizo que puedo serles de utilidad— promete en un esfuerzo por preservar su vida.
—Entonces, ¿Lo que quieres es usarnos como mercenarios? Eliminar a quienes te atacan y luego devolvernos el favor… ¿Tienes idea de cuál sería el costo de lo que estás pidiendo?
—Estamos aquí para negociar. ¿No es así?
—Oh, no, no, no—lo corrige el Akatsuki, burlándose de la idea—. No sé qué es lo que tú estás haciendo aquí, más allá de contener el pánico y decidir apuñalar por la espalda a Konoha. Todos saben lo que tenías con Tsunade… Tienes agallas para intentar trabajar con nosotros ahora…. Como sea... yo estoy aquí para decidir qué hacer con tu vida. Hay dos opciones. En la primera, mueres. En la segunda, vas a ser nuestro títere y obedecerás cada pedido que te hagamos, cuando te lo hagamos, o sufrirás consecuencias mucho peores que la muerte.
—Tengo más información. Sé que Sasori estaba alterando su cuerpo cuando trabajaba para mi. Estaba cambiando partes de sí mismo por marionetas—el hombre frunce su ceño, y tartamudea un poco antes de componerse. Se recuerda a sí mismo que no gana nada perdiendo el control ahora. En realidad tiene información y valor que ofrecer—. Cuando traicionó a la organización era un hombre joven de unos veinticinco años. Además, sus extremidades eran de cerámica. Todas. Y respecto a su apariencia, nada lo destaca por sobre el resto de los nativos de la Arena, a excepción de su pelo rojo...
La aterradora presencia lo escucha una vez más. El noble demuestra estar inusualmente bien informado.
—Sabes más que muchos, y tiene sentido que sepas eso. Pero también mencionaste a Konoha...—la curiosidad en el terrorista suena tan peligrosa como cualquier amenaza.
—Sasori tiene una nueva red de espías. Logré encontrar a uno de ellos y extraer información: trabaja con la alumna de Tsunade y un ANBU. Lo hacen a beneficio de Konoha, pero sin autorización de los altos cargos. No creo que el consejo o la Hokage sepan sobre esta alianza. Yo no se los informé. Vine directo hacia ustedes.
—Vaya... sí que tienes un cerebro además de sólo agallas… Prometedor—lo elogia el hombre de sombrero de paja y túnica de nubes rojas— ¿Qué más puedes ofrecer?
"¿Aún más?"
—Este ANBU… es un joven que posee técnicas de control de tinta. La mujer… pues ustedes deben poder averiguar incluso más de lo que yo se. Sé que tiene el pelo de un color poco común, rosado… y que es una versión inferior de Tsunade. Se supone que es su aprendiz. Posee la formación de un ninja médico y puede mejorar las habilidades de su cuerpo igual que la Senju.
—Y eso ya lo sabemos. Por supuesto que tenemos información sobre los tres Sannin y sus allegados. No estoy hablando de eso. ¿Cómo puedes sernos útil?
—La Serpiente está reconstruyéndose. Puedo poner sus servicios en favor de Akatsuki. Tengo suficiente poder sobre mi dominio para permitir que su grupo realice sus operativos con impunidad en él. Puedo conseguir informacion sobre territorios vecinos…
—Suficiente. Creo ya decidí tu futuro. Definitivamente, tienes potencial y la información que me diste es valiosa—el Akatsuki da su veredicto y prosigue sin darle tiempo al señor del Sur a responder—: Ya que eres tan inteligente... Dime qué vas a responder cuando te contactemos.
Las palabras del terrorista no son suficientes para ofrecerle calma, pero saber que saldría vivo de esta reunión es un comienzo. El noble del Fuego se pone de pie y extiende su mano.
—Los dos lo sabemos. Ya te dije que seré útil. Es un trato.
—Llámalo trato si te hace sentir mejor. Síguenos siendo útil y seguirás con vida. De por cierto, no vuelvas a intentar contactarnos. Preferiría no tener que encargarme de más de nuestros intermediarios—la presencia criminal le da la espalda y abre la puerta de la oficina, saludándolo con una mano antes de cruzarla—. Adiós, Señor del Fuego.
Cuando vuelve a quedar solo allí adentro, el noble cae como un peso muerto en su asiento y comienza a respirar de manera acelerada, permitiéndole a su cuerpo liberar la tensión que se esforzó tanto en ocultar durante el intercambio.
Aún no termina de asimilar cuán lejos de su elemento se encuentra, cuán profundo se inmiscuye en el mundo de las empresas criminales. Lo que sí es más que claro para él, es que ya no se encuentra en la cima de la pirámide, eso y que no tiene un plan para volver a ella… Eventualmente encontraría de nuevo su camino al tope.
El corazón del noble late de manera desmedida, podría jurar que está intentando escapar de su pecho y de la habitación. Demora unos buenos minutos en normalizar su respiración.
Hanazono se gira para ver la caja de madera donde guarda el puro que tenía planeado fumar tras esta reunión. Ya no se siente como una ocasión para celebrar…
"Hay algo raro aquí. ¿Qué es …?"
Sobre la caja de madera, el mandatario observa una pequeña araña de arcilla, que, sin darle tiempo a reaccionar, salta hacia él y se pega a su cara.
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"El Señor del Fuego, Hanazono, está muerto. Sí, yo lo maté. Deberías haberlo visto. Fue una explosión hermosa. Dejando de lado el hecho de que matar un señor feudal siempre me alegra el día, me aseguré de que su muerte pasara a los recuerdos como una obra magnánima.
Ya me darás las gracias porque te salvé a ti y a tus dos amigos. Me debes un favor grande por esto. El imbécil este tampoco le dijo nada a Konoha pensando que si yo era el primero en enterarme, iba a creer que él era un contacto leal. ¡Deberías haber visto cómo temblaba!
Tienes suerte de que Kakuzu esté ocupado con otro asunto en este momento, porque quién sabe… a lo mejor, si Hanazono lograba contactar con él, tu nueva novia también sería una renegada como nosotros.
Esperaba más de ti… en serio, la edad te está afectando más que sólo a las articulaciones. No seas tan descuidado la próxima vez. No prometo poder volver a salvarte el trasero... Y recuerda:
El arte siempre fue y siempre será efímero.
Lamento no haber estado ahí para escucharte decirlo.
Post Data: También lo fueron tus problemas en esta ocasión. No vuelvas a tentar a la suerte así."
Lo informal y provocador de la carta de Deidara no puede más que arrancarle una carcajada contrariada al marionetista. Sakura, por su lado, tarda un instante más en asimilar lo que significan esas palabras.
— ¿Deidara evitó que la información llegara a Akatsuki? —articula contemplando a su amado llevándose una mano a la sien para detener su ataque de risa.
—Mejor aún… Se encargó de Hanazono por nosotros...—agrega Sasori de un excelente humor. Acto seguido, la estrecha entre sus brazos aún con el papel en mano sin dejar de sonreír—. No eres una renegada, muñeca. Nunca lo fuiste. ¡No llegó a decírselo a nadie!
Los ojos de la joven se llenan de lágrimas al oír esa realización... y una mueca de alegría se apodera de ella a medida que va correspondiendo el abrazo.
—No soy una renegada...—repite en voz baja antes de reír igual que él— ¡No soy una renegada! ¡No soy una renegada!
Sasori la alza en el aire por la cintura, y la hace girar abrazada a él a modo de festejo. Cualquier otro problema que pudiera llegar a existir en sus vidas es insignificante ahora mismo. Seguramente en Konoha están buscando a Sakura, pero no importa. Seguramente sus padres y amigos están preocupados, pero no importa. Deidara sabe que él trabaja con ella, pero no importa. Nada importa. Sasori de la Arena Roja sigue muerto a ojos del mundo… y ella… ella es libre.
Cuando el momento de celebración se termina, ambos permanecen estáticos, abrazados, tan cerca como podrían estarlo.
—Qué bueno que no tienes que seguir mis pasos como renegado, mi muñeca—habla el marionetista contra su oído—. Nunca querría esa vida para ti.
—Te amo...—susurra Sakura buscando sus labios por primera vez desde aquella noche... la primera en la que durmieron bajo techo desde que dejaron Konoha atrás.
El beso es dulce, reconfortante, una caricia al alma. Sasori había olvidado lo mucho que disfrutaba del sabor de su dama.
—Nunca más volveré a permitir que pasemos un dia juntos sin besarte—se asegura para sí mismo cuando vuelve a tenerla cara a cara, al tiempo que le seca las lágrimas con caricias de sus pulgares.
—Y te animas a actuar galante...—rie la joven desviando su mirada al suelo, sin poder contener la caída de más lágrimas—. Casi… casi que es un milagro que estés aquí conmigo para festejar…
—Eso no importa...—asevera tomándola del rostro con ambas manos para volver a conectar con sus ojos jade—. Estamos juntos… siempre estaremos juntos.
De repente, la kunoichi siente un pequeño nudo cobrando forma dentro de su garganta. Ahora más que nunca vuelve a tener presentes los eventos que casi convirtieron esta situación de alivio y alegría, en una tragedia irremediable.
—Prométeme...—musita poniendo una mano sobre la ropa que cubre al núcleo de su amado—. Prométeme que así será. Que sin importar lo que pase, nunca más vas a hacer algo así por protegerme. No lo soportaría otra vez…
—Lo prometí antes y vuelvo a prometerlo hoy… Sakura, estás limpia. Nadie sabe nada.
Sakura vuelve a estrecharse contra su pecho y a descansar su mejilla sobre su hombro. Deja que pase un poco de tiempo, hasta que la calma comienza a ganar terreno sobre su arrebato emocional.
— ¿Ahora qué hacemos? —pregunta una vez que se siente más en control de sí misma—. Tenemos que contactar a Sai para darle las buenas noticias...
—Cuando usemos el pergamino de Sai, él nos buscará en el exacto sitio en donde lo activamos—le recuerda el artista de lo eterno—. Tenemos que elegir el lugar con cuidado. No vamos a poder movernos de allí a partir de que usemos el mapa.
—¿Volvemos al pueblo?—sugiere ella apartándose del abrazo con suavidad—. Permanecimos allí bajo identidades falsas. Alcanza con que creemos otras... incluso bastaría con presentarnos sin dar muchas explicaciones. Después de todo, ya no nos estamos escondiendo.
Sakura no puede evitar sonreír tras vocalizar esa última oración.
"Ya no estamos siendo perseguidos… Nunca lo estuvimos..."
—Pues, creo que ya pasamos suficiente tiempo a la intemperie…—razona Sasori sin oponerse a la idea—. Además, Sai podría interpretar de manera positiva nuestro mensaje si lo activamos en la mitad de un área poblada.
La muchacha asiente con la cabeza. Sin embargo, al poco de reanudar la marcha dentro del bosque, otro tema se hace presente en sus pensamientos:
—Oye, cariño… discúlpame por haber juzgado de manera tan brusca a Deidara… Aún no puedo decir que confíe en él o pueda verlo con buenos ojos, pero… Es claro que tú haces bien en confiar en él. Literalmente le debemos...
—Soy yo quien le debe—intercepta el marionetista— … y no te preocupes, muñeca… cualquiera hubiera dudado en tu lugar. Yo lo habría hecho.
Mientras ambos regresan a la carretera de tierra que conduce al pueblo, Sakura rememora ciertas palabras del mensaje que recibieron.
—Así que… ahora no sólo sabe que trabajas conmigo…—comienza con un tono algo entretenido por lo peculiar de los sucesos—. Cosa que es más que obvia siendo que habló con Hanazono en persona, sino que… dedujo que yo soy tu novia.
Sasori ríe entre dientes, tomándola de la mano.
—No creo que lo haya dicho en serio. Apuesto a que es sarcasmo, una forma más de burlarse de mí— se detiene un segundo, indagando más a fondo—. O quién sabe… quizás era obvio para todo el mundo que caí por ti a primera vista, menos para mi.
El prospecto hace reír también a la de Konoha.
—Quizás… No niego que eso sería tierno.
—No quita que jamás lo traería como invitado a nuestra boda sin preguntarte primero—bromea Sasori—. Pero hablando en serio… no creo que él siquiera sospeche sobre nosotros. Debe pensar que es una alianza de conveniencia. Sólo Sai sería capaz de creerse otra cosa.
El viaje de regreso tiene otro clima. Por primera vez, las piernas de Sakura no se están esforzando en un intento de escapar, no se están moviendo con miedo a lo que exista a sus espaldas.
Sasori aún no termina de creer la situación en la que se encuentra. No es la primera vez en su vida que tuvo suerte, pero sí es la primera vez que asume un riesgo y lo paga con tantas creces.
"Deidara… tú... bendito bastardo... "
Considerando la deuda que tiene con él en este momento… permitirle escuchar esas palabras de su boca sería un precio aceptable. No es que jamás fuese a coincidir con su definición del arte… aún así… en estas circunstancias no puede hacer otra cosa que admitir la derrota ante el maestro del arte efímero. En esta ocasión, su ex compañero lo supera por completo.
"Ya van dos veces seguidas… considerando eso, mejor es no hacerlo. Al mocoso se le subirían los humos a la cabeza."
De todas formas, el hecho de que Sasori esté considerando esa opción, por descabellada que fuera, es la viva prueba del peso que ya no carga en sus hombros, y el aprecio que le tiene a Deidara por su participación en esto.
—Sakura… eres libre.
La sentencia toma a la joven por sorpresa. El tono de su amado es más que solo alegre, es más que solo relajado.
Ella lo ve esbozar una sonrisa, una genuina, no la máscara que estuvo vistiendo sobre su rostro todo este tiempo. Es quizás recién ahora que puede percibir de una manera efectiva cuán afectado estaba Sasori, cuánto estaba preocupándose por ella. Le gustaría ver esa sonrisa pura más seguido.
"Soy libre… Podré volver a casa… Y tengo que agradecer nada más ni nada menos que a Deidara por esto... " Las palabras están en su cabeza. Las implicaciones de estas sólo comienzan a tomar forma a medida que el paso de las horas los retorna a ambos a la civilización.
Su ingreso al pueblo es tan discreto como la primera vez. En esta nueva oportunidad, se mueven sin disfraces de por medio. Ya no necesitan esconderse más de la cuenta.
A diferencia de antes, ahora ocupan casi toda la tarde en realizar un recorrido más largo por el sitio. Así, poco antes de que comience a anochecer, terminan rentando una cabaña en un barrio algo apartado de la zona principal y más urbanizada. Dicho barrio se denota casi todo levantado en un gran tramo abierto del bosque. Casi no hay calles adoquinadas, sólo algunos senderos en hormigón que conectan grandes espacios verdes entre sí. Sobre estos espacios se erigen casas y cabañas hermosas cercadas con vallas de madera; y algún que otro mercado local, mucho menos vistoso que cualquiera de los que conocieron en el centro. La cabaña más pequeña que encuentran disponible como alojamiento, a la vez que la más accesible, está a un par de cuadras de un parque en donde los niños suelen divertirse. Esta cabaña es donde eligen quedarse.
Al ingresar en su alojamiento, notan que tiene un living-comedor un poco más grande que el departamento que alquilaron antes. Tiene muebles para guardar los platos y la loza de la cocina, en vez de estantes o alacenas flotantes sobre la encimera. La encimera en sí es más ancha y de un mármol color marfil, muy pulido. La heladera es más alta, y dentro del mueble de la encimera está el tarro de basura.
La mesa de comedor es en caoba, con cuatro sillas. El espacio es suficiente también para que quepa un sofá para dos personas, que yace contra la pared, al lado de una lámpara de pie. Junto a esta lámpara, está la puerta que conduce al baño y a las recámaras. A la izquierda, está la recámara de cama individual, y a la derecha, la matrimonial. El baño está frente a la recámara particular. Sin embargo, cuando Sakura entra a dejar parte de sus cosas en la habitación matrimonial, nota que ésta tiene su propio baño incorporado.
Por su parte, Sasori se quita la capa de los hombros y la cuelga en el perchero del recibidor. Luego, observa el reloj en la pared sobre el sofá, para corroborar que ya es hora de preparar la cena de su musa. Mientras recorrían en pueblo buscando un nuevo hospedaje, compró un libro de recetas en una librería, y planea usarlo para la tarea.
Además, el titiritero también se preocupó en hacer un par de compras extra, de ingredientes perecederos como lácteos, carne picada y pescado fresco, que ahora saca de sus bolsas y guarda en la nevera o el refrigerador. Muchas de estas cosas le servirán para practicar durante los próximos días.
—Entonces, ¿Permaneceremos aquí hasta volver a ver a Sai?—corrobora la muchacha al asomarse de regreso dentro del comedor-cocina.
—Eso depende de cuánto te guste este sitio—bromea el artista.
—Me encanta. Pero no deberíamos demorarnos más. Sai debe estar muerto de preocupación y debemos contarle lo que pasó cuanto antes.
La kunoichi no tarda en buscar dentro de su riñonera, colgada también en el perchero, los pergaminos que Sai les entregó cuando abandonaron su aldea de origen. El primero que encuentra es el rollo con el mapa en el que están indicadas las reservas ocultas del dibujante. Y el pergamino sellado está a su lado.
—Me pregunto cuánto tardará en encontrarnos...— piensa en voz alta mientras abre el pergamino sobre la mesa, que se extiende revelando un planisferio que marca los límites entre las naciones, algunas cuantas ciudades y pueblos clave, así como los caminos que los conectan.
—Depende de cuán lejos se encuentre, y de cuánto haya avanzado en la misión de rescatar a Hiromu… el punto es que va llegar aquí. De eso no hay dudas—acota el renegado de la Arena mientras pispea su libro de recetas abierto sobre la encimera, con la camiseta ya arremangada para comenzar a cocinar.
—¿Tienes un senbon a mano?—un segundo después de que la mujer concluye la pregunta, su compañero ya está haciendo levitar uno frente a ella— Es para extraer un poco de mi sangre. Asumo que está limpio.
—Por supuesto.
La médica toma la aguja con su mano diestra, y se pincha el dedo índice de la mano inhábil para volcar unas gotas carmesí sobre el lado derecho del mapa.
Durante los los primeros segundos, el papel no reacciona, pero, una vez que la séptima gota penetra el pergamino, la tinta reacciona. Las letras que formaban los nombres de las ciudades, ahora comienza a fluir en dirección a las gotas de sangre, y orbita alrededor de éstas unas cinco veces antes de regresar al mapa, más precisamente, al punto que representa el pueblo donde lo están esperando.
Con la tarea ya finalizada, Sakura limpia la punta del senbon con un trozo de algodón en alcohol, y lo deja a un lado para sanar el puntito abierto sobre su piel con un destello de chakra esmeralda.
—Y hablando de curaciones…—comenta al ver como la aguja ninja se levanta de la mesa por sí misma y vuelve a levitar de regreso a su dueño— ¿Cómo te encuentras?
Su "paciente" se voltea y se levanta la ropa, exponiendo su núcleo ante ella.
—El tratamiento dio resultados. Estoy sano.
Efectivamente y para sorpresa de la mujer, el tejido que compone la totalidad de su materia viva parece haberse regenerado por completo. Eso incluye el aspecto del kanji.
—Algún día le preguntaré al tal Kiyoshi si fue su trabajo el que hizo tan resistente a tu núcleo, o si tu resistencia física es algo nato….
—Estoy seguro de que podrá explicártelo en términos más propios de la medicina—sonríe Sasori al ver la mueca de preocupación abandonando las facciones de su amada. A continuación, se baja la camiseta y vuelve su atención a lo que está preparando para la cena—. Él tiene mejor trabajado el don de la comunicación.
—Respecto al mensaje para Sai, creo… que eso es todo—retoma Sakura—. Sólo nos queda ocultar este mapa en un lugar seguro de la cabaña. Eso y esperar por Sai.
—Y celebrar nuestra situación actual...
Ver a Sasori cocinar es un espectáculo en sí mismo. Mientras pierde un poco del tiempo de espera sentada en el sofá, sólo lo observa trabajar, yendo de aquí allá, picando zanahoria, huevos cocidos y cebollín. Luego, mezcla los ingredientes con una porción de carne picada y lo pone todo a hervir sobre una cacerola. En lo que unas hojas de col también se cuecen dentro de una olla en el fuego de al lado, el cocinero pelirrojo sazona y condimenta el relleno de la cacerola con cada ración milimétricamente medida.
Sakura pasa otro rato más dentro del baño, donde, entre otras necesidades naturales, comprueba que su período aún no baja, más lo haría alguno de estos días…
"Menos mal que recordé comprar compresas extra hace dos días." Se dice con alivio antes de tirar de la cadena y lavarse las manos en el lavabo.
Al arribar de regreso al comedor, un agradable aroma a especias proveniente de la cocina le recuerda que aún tiene el estómago vacío, y que se muere por probar el plato de la noche.
—Muñeca… ¿Te importaría servir nuestra bebida en la mesa? —pregunta Sasori girándose hacia ella.
—Ya me encargo. Me muero de ganas por ver qué me preparaste hoy—sonríe la muchacha, tomando su cantimplora del perchero y acercándose después al mueble donde está la botella sin abrir de vino tinto, llevándose también dos copas de allí.
Sasori prepara el resto de la mesa, colocando servilletas, un plato hondo con salsa de soya, un par de palillos, un plato normal para su amada, y la bandeja de porcelana con los rollos de col al vapor recién hechos, rociados con semillas de ajonjolí. Y por su parte, Sakura pone una copa para ella, y una copa en el asiento de al lado, destinado a su cocinero especial.
—Se ve delicioso—opina degustando todo sólo con la vista, al tiempo que llena su copa de vino, y la de él, de la fresca agua de su cantimplora.
—Espero que al probarlo no te decepcione—sonríe Sasori tomando asiento frente a su copa—. Seguí al pie de la letra la receta del libro.
La cena esta noche es especial, no sólo porque los rollitos mojados en salsa de soya no tienen nada que envidiarle a cualquier otra comida casera que Sakura haya probado en su vida, sino porque un brindis acompaña la velada a modo de victoria, de festejo.
—No me cansaré de decirlo, pero gracias por todo esto—sonríe la kunoichi de Konoha luego del cuarto bocado de sus palillos.
Sasori toma la bandeja con un rollo menos, como la señal perfecta para iniciar el brindis.
—Por el fin de una persecución que no fue—pronuncia alzando su copa con agua hacia su amada.
—Por nuestros aliados artistas—agrega ella, limpiándose la boca con su servilleta. A continuación, lleva su copa con vino a tocar la de él.
—Por nosotros.
—Por nosotros.
La muchacha vacía su trago de un solo sorbo, y el artesano se reclina sobre su asiento y vuelca un par de gotas sobre la fina prenda de algodón que cubre a su pecho, permitiendo que la humedad sea absorbida por su núcleo.
—Y de alguna manera me acostumbré a eso—menciona la joven, mostrando en su tono que parte de ella aún es capaz de reconocer lo anómalo de la situación.
—Y yo voy a acostumbrarme a cocinar. O al menos eso espero. Estoy abierto a críticas— dice al tiempo que vuelve a apoyar su copa sobre la mesa.
—Si esto es lo que puedes hacer sólo mirando una receta, no puedo esperar al momento en que la práctica te quede corta y empieces a inventar, mezclar, hacer las tuyas propias...—ríe Sakura sirviéndose más rollitos con sus palillos, para mojarlos en la salsa y llevarlos a su boca.
"Excepto que antes, cuando quería experimentar para crear algo propio, tenía la opción de hacerlo con alguien cuyo sufrimiento no me importaba..." Razona el renegado casi de modo inconsciente.
—El mayor riesgo de error existe cuando uno inventa. Aún no tengo confianza para eso. Pero algún día.
—Sé que es un día que espero con ansias. Hasta entonces… seguiré disfrutando de tus esfuerzos.
Al momento de lavar los trastes, es Sasori quien se encarga de la tarea mientras su amada se ducha en el baño de su recámara compartida.
El agua del chorro sale fría en un comienzo, dándole una sorpresa a la mujer cuando gira la canilla por primera vez.
Sakura contiene la risa debajo de esa lluvia artificial, que eleva su temperatura con el pasar de los segundos, hasta empañar por completo el ambiente de vapor. Esa nimiedad sería la peor sorpresa de la noche.
"Asustarme por un detalle así de tonto, era inimaginable esta mañana." Se dice mientras se lava el cabello con la calma de la que no pudo gozar al comenzar el día.
Aún es necesario contarle todo esto a Sai, y también es verdad que en Konoha van a hacerse preguntas por su ausencia, pero eso no es nada comparado con la situación de la que ella y su amado marionetista acaban de salvarse. Aún tiene un hogar al que regresar, y ya no hay nada que pueda arruinar esa fuente de alegría y alivio.
Haruno deja que el sonido de las gotas de agua chocando contra su piel, y contra la superficie de baldosas, consuma el ambiente, llevándose también al fantasma del terror que antes la acosaba.
Todo está bien. Todo estaría bien. Esta bendición no tiene precio.
Cuando sale del baño, con el cabello húmedo y ataviada con un sencillo camisón de seda negro de tirantes, se topa con el pelirrojo esperándola en la cama. Sasori está sentado en la plaza derecha sobre las sábanas tendidas, con su espalda recargada contra la almohada que tiene apoyada en el cabezal de la cama.
No hay demasiada luz en la escena, sólo la del velador en la mesita del lado de Sasori, y también la de la luna que se cuela entre las cortinas semi abiertas de la ventana.
El renegado viste una playera negra holgada, y sus pantalones siempre a juego. Casi es como un pijama que cubre su núcleo y articulaciones más marcadas. Ese es un grado de precaución que él siempre debe tener, aunque el hecho de poder disfrutar de un ventanal abierto sin persianas abajo, es un lujo del que se había despedido en los últimos días.
—No lo voy a negar, sienta muy bien el prospecto de dormir bajo techo, sin el factor de permanecer a la fuga para que se robe mi sueño—comenta Sakura agradada por el ambiente de calidez que la recibe en la habitación.
—Ven—le sonríe el marionetista, dando dos golpes con la palma de su mano izquierda en el espacio vacío a su lado—. Siéntate conmigo un momento.
La muchacha se sube al colchón de buena gana, y pasa a sentarse a la izquierda del artista con las piernas cruzadas de lado. Su amado se mueve hasta sentarse detrás de ella, y apoya sus manos sobre sus hombros tersos y desnudos.
—Hoy pasamos por cambios bastante drásticos. Y con los cambios drásticos...—los dedos del pelirrojo presionan los omóplatos de Sakura, causando un pequeño espasmo de dolor en el músculo aún caliente por la ducha de recién—. Suelen llegar los nudos.
—¡Auch, auch, auch! —se queja la kunoichi, mas no se retira de la posición— ¿Y cómo se supone que sabes eso?
—Porque vi la velocidad con la que moviste el cuello durante todo el día de hoy—responde con naturalidad—. Ahora, relájate y vamos a corregir estos nudos.
—¿Miras como...? ¡Auch! ¿Miras como muevo el cuello?—se burla la ninja, conteniendo una pequeña risa.
—Sabes que miro mucho más que eso—aclara con tono galante, sólo para hacerla sonrojar—. Ahora, en serio, deja de moverte o va a dolerte más. Relaja el cuello y deja caer tu cabeza hacia adelante.
Sakura acata a sus palabras, y un par de minutos transcurren en donde sólo se permite ser atendida por su tacto conocedor de anatomía. Es extraño, pero había olvidado lo bien que se sentía recibir este tipo de atención.
— ¿Sabes? No me molestaría si tus masajes también se vuelven una rutina...—comenta sonriente, comenzando a sentir la ligereza y flexibilidad retornando a su cuello.
—Pues, no tengo el corazón de negarme a lo que mi muñeca me pide—bromea presionando la base del cuello de su dama con la yema de sus dedos, buscando las pequeñas áreas aún entumecidas en él—. Además, si mal no recuerdo tus palabras… Mis manos serían perfectamente capaces de hacer feliz a una mujer…
Su última frase le recuerda a Sakura el que supo ser el juego que tuvieron ambos, antes de que su relación termine por consolidarse. Pasó mucho desde entonces… tiempo en el que, lastimosamente, el juego tuvo que quedar atrás por eventos que escaparon al control de ambos. Pero ahora… ahora el panorama es distinto...
—Así es...—asevera su amada recobrando el control de su cuello. Sin previo aviso, se gira hacia atrás para verlo a los ojos—Y lo decía en serio...
Sasori sonríe de modo enigmático, sin romper la conexión del momento.
—Es bueno saberlo...—susurra acercando sus labios a los de su dama, como si estos ejercieran una atracción magnética sobre él. En este nuevo ángulo, Sasori puede comprobar, gracias a su vista periférica, la inexistencia de sostén debajo de ese escote.
A continuación, la joven siente a la mano que permanece fuera de su rango de visión deslizando el tirante de su hombro hacia abajo, hasta dejarle un pecho al descubierto.
Unas placenteras cosquillas se apoderan de ella cuando siente a los dedos de su amado tomando su pezón y comenzar a jugar con él hasta endurecerlo.
— ¿Es esto parte del masaje? —sonríe inclinándose un poco hacia atrás, sin detener el siguiente avance sobre su otro pecho.
—Por supuesto que lo es—contesta jocoso, y sin un mínimo intento de mentir como sabe hacerlo—. No quita que también lo disfrute...
Con sus dos pezones al desnudo y siendo objeto de las caricias de su marionetista, Sakura no espera un segundo más y elimina la poca distancia entre sus rostros para besarlo... Y la pasión con la que es correspondida amenaza, a cada instante que pasa, con dejarla sin aliento. Las lenguas de ambos se encuentran, danzan y se acarician con el mismo deseo de la primera vez, pero con más experiencia, y más necesidad de unirse, de perderse la una en la otra.
En el proceso de degustar y dar placer a la mujer que ama, el artista logra de alguna manera mantener suficiente concentración como para extender hilos desde su meñique y anular derechos hasta las cortinas de la ventana a sus espaldas. Un simple tirón de ellos las cierra sin descontinuar su atención sobre la piel ajena.
Cuando la intimidad en la habitación es completa, el beso los lleva a caer en posición horizontal sobre las almohadas. Sakura deja caer su peso sobre su costado, y Sasori cae detrás de ella, con un codo apoyado sobre el colchón. Dicho codo lo mantiene elevado sobre su amada, mientras su otra mano continúa perdida entre esos tersos senos.
La íntima cercanía de esa figura femenina suave y cálida no tarda en acentuar el ánimo del pelirrojo, quien ya no se conforma con el nivel actual, todavía quiere y necesita sentir más de ella. Su tacto intenso de titiritero se desliza sobre el vientre de su amada para colarse debajo de los pliegues de su camisón. La posición en sí le permite abrazarla desde atrás, presionando aún más los cuerpos de ambos. La mujer puede sentir el calor de su nucleo tras ella, incluso bajo la ropa.
Cuando su mano la invade por debajo de la ropa interior mojada, sus dedos se guarecen entre sus piernas, y se empapan gustosos del jugo que allí los recibe.
—La reacción de tu cuerpo es encantadora...—susurra Sasori apartándose de su boca por simples milímetros.
—Tus manos también lo son...—responde Sakura en un tono febril, acariciando el brazo que Sasori guía hacia su sexo con su propia mano, sintiendo en cada fibra de su ser cómo su amado la acaricia allí, cómo dibuja formas deliciosas sobre su palpitante clítoris y cómo comienza a deslizarse dentro y fuera de ella a un ritmo cada vez más lento y torturador.
Sasori lanza una risita malévola cuando su trabajo comienza a sonsacar pequeños espasmos y gemidos contenidos en la mujer que lo derrotó. Pero no tarda en sentirse insatisfecho de nuevo, quiere aún más de ella, más de sus reacciones. Con intención de continuar y aumentar el nivel de su tortura, comienza también a depositar besos en su cuello, hombro y oreja.
— ¿Qué estás tramando? —emite Sakura estremeciéndose ante el trayecto que esos irresistibles labios marcan sobre su piel.
—Mi revancha…—susurra el marionetista con un tono tan ruin como seductor—. Ahora este es mi juego… pretendo ganarlo…
El camino de besos desciende al igual que lo hace la postura del amante pelirrojo. Besa el pezón que tiene al alcance, también el vientre por encima del camisón que aún lo cubre, y, por último, aparta su mano de la entrepierna femenina y, con un tirón hacia abajo, se deshace de la panti empapada que la cubre.
La postura de Sakura cambia cuando su amado le abre las piernas, quedando ubicado entre ellas. Ahora la excitada joven tiene la espalda contra el colchón, y permanece presa de los designios de quien la mira con malicia.
Sin romper el contacto visual, Sasori de la Arena Roja la toma del muslo izquierdo con su brazo, y se inclina para besar con suavidad la cara interna de éste. Poco a poco, con un ritmo lento que rebosa crueldad, va ascendiendo la caricia de sus labios hasta quedar frente a la expectante feminidad que lo espera.
Cuando le besa el clítoris y amaga con ejercer succión sobre él, la kunoichi se descubre a sí misma luchando por contener el reflejo de cerrar las piernas. La sensación de tener una boca allí abajo es extraña de por sí, y cada pequeño estímulo propinado amenaza con sacudir su cordura a cada momento.
—Parece ser que descubrí el punto débil de mi muñeca...—ríe su torturador ignorando por el momento que las piernas de su dama tienen la fuerza para dañarlo si se cerraran con esa intención.
Sakura vuelve a estremecerse al sentirlo recorriendo y explorando la sensibilidad de su botón con las yemas de los dedos.
—Eres… eres…. ah...—la espalda de Sakura se arquea y sus puños cerrados aprietan la ropa de cama debajo de ella cuando Sasori entierra su rostro entre sus piernas.
Su amado titiritero no le da cuartel. Su ausencia de pulmones es una ventaja más que enloquecedora ahora mismo. Con tanta pasión como expectativa, lame y succiona su húmedo centro del placer sin pausas, ni pérdida de ritmo alguna.
— Sasori… Sasori… Dioses... ¡Ah, Sasori! —balbucea con los párpados apretados.
La desdibujada mente de Sakura no puede más que rendirse a la necesidad de su carne, que sólo pide más, y más de esta tortura. Con sólo los deliciosos sonidos pegajosos y resbalosos de esa boca apasionada llenando sus oídos, la joven lleva su mano derecha a enredarse en el pelo rojo de su torturador, invitándolo a perderse dentro de ella hasta consumirla por completo.
En el momento que, entre todas sus caricias, la mujer siente a su lengua juguetona penetrándola, por fin la última barrera de su conciencia cede, y gemidos entrecortados y casi animalescos escapan de su garganta. Tan lejos se siente del mundo real, que no se dio cuenta en qué momento los brazos de su amado pasaron a rodear su pelvis, pegándose a ella, e impidiendo a sus piernas cerrarse en lo más mínimo durante el juego.
Todas estas reacciones nuevas y viscerales son música para los oídos del marionetista. A este punto, cada centímetro del cuerpo de su amada responde a sus caricias. Si la pellizca con los labios, da un saltito. Si lame su botón en círculos, el agarre sobre su cabeza se intensifica. Si lo succiona, ella gime, tiembla y vibra hasta la locura. Si hunde su lengua dentro de ella, sus caderas se levantan para recibirlo, mientras ella sólo contiene el aliento. En cierta manera, es como si la estuviera controlando sin necesidad de sus hilos. O más bien, como si estuviese descubriendo hilos dentro de ella.
Sin notarlo el artista de lo eterno, la reacción de las caderas de su dama ante su juego también amenazan con enloquecerlo a él. Ahora su propia excitación es tan palpable dentro de su pantalón, que es casi dolorosa. Mientras más saborea su secreto, mientras más tiempo pasa explorando su interior, más quiere tomarla, más quiere llenarla por completo, más quiere embestirla, más quiere apretar su núcleo contra sus pechos y ver el placer en su rostro desde su misma altura.
De un modo brusco, Sasori da por finalizada la sesión de tortura incorporándose sobre ella.
—Te quiero...—susurra Sakura abriendo sus ojos vidriosos luego del intenso juego que la dejó sin cordura—Te quiero…
Sasori responde robándole un beso, un beso dulce, húmedo, en el que la joven se saborea a sí misma.
— ¿Dónde me quieres? —dice contra su boca, al tiempo que se acomoda entre sus piernas para dar el siguiente paso. Su tono es provocador, el titiritero busca saber si puede ejercer este tipo de control sobre ella ahora—. Dímelo… Puedes decírmelo…
—Te quiero adentro de mí...—responde Sakura en un tono suplicante, a la vez que demandante. De igual modo, lo sujeta de su playera, queriendo sacársela de un tirón—Necesito tenerte dentro de mí.
Sasori no necesita más que eso para asistir a su musa en la tarea de desvestirle el torso. A continuación, ella le desabrocha el pantalón y toma su virilidad con la mano, para liberarla de su prisión de ropa y guiarla hasta su entrada por su cuenta.
La subsiguiente unión de sus cuerpos es acompañada por otro beso, y unas embestidas enérgicas, casi desesperadas. Sakura no tarda en querer más. Quiere sentirlo más adentro, por más tiempo...
El beso se rompe cuando ella le rodea la cintura con unas piernas fuertes como el acero, pegándolo más a ella, obligándolo a llegar más profundo en su vaivén.
—Muñeca...—gime Sasori propinándole embestidas cada vez más lentas, más espaciadas.
—Sí… sí… no pares… no… pares...—balbucea la mujer abrazándolo por el cuello, estando tan cerca de él como le es posible.
—Sakura...—pronuncia en una bocanada de aire antes del final—. Me vuelves loco…
Su última voz es sólo un suspiro en el oído de su amada kunoichi. Contrario a la naturaleza de su cuerpo, por lo que dura este momento de clímax, todo en él se siente vivo, todo en él está vivo.
El escenario posterior a la cúspide de su pasión deja a los amantes en un profundo silencio, de cansancio, de satisfacción, de magia. Sasori sólo yace recostado sobre los pechos desnudos y perlados en sudor de la mujer que ama. Sakura, por su parte, lo mantiene envuelto en sus brazos, acariciándole el pelo rojo y la mitad del rostro que no está apoyada sobre ella. Casualmente, esa es la mitad del rostro que ella rompió, y que ambos arreglaron hace dos noches.
Sasori se permite cerrar los ojos y sólo sentir el corazón ajeno latir. Es un corazón sano, joven, enamorado, que poco a poco va bajando el ritmo acelerado de sus palpitaciones.
—Definitivamente, necesito hacer esto más a menudo...—musita Sakura con un tono por demás risueño.
—Ten por seguro que quiero aprovechar todos y cada uno de estos días que tendremos a solas para jugar contigo—confiesa el pelirrojo con una sonrisa socarrona—. Quitarte el aliento es algo que disfruto demasiado.
—Y a mí me gustaría devolverte el favor… ya sabes… Yo también puedo usar la lengua para molestarte.
—Tú... perversa—ríe el renegado, sin esconder su entusiasmo ante la idea—. Tú nunca te quedas pequeña ante nada. Y ese juego no sería la excepción.
El siguiente tramo de la noche es ameno, significativamente más calmado. Con Sakura recostada bajo las sábanas de la cama y su camisón de nuevo acomodado sobre sus hombros, aunque sin más ropa interior. Sasori la acompaña en su momento previo al descanso, recostado a su lado con su ropa de regreso sobre su cuerpo mecánico y acariciándole la mejilla hasta que se duerme.
Los momentos se escurren del presente al pasado, cesando su existir justo después de que son disfrutados, y dejando a ambos en un estado de tranquilidad más prolongado que la pasión que le precedió.
A partir de allí, el hombre vuelve a quedar solo con su mente en la oscuridad de la habitación, y, al contemplar el apacible semblante de la mujer dormida, recuerda las ocasiones en las que ella fue acosada por pesadillas en su presencia. Por suerte, no fueron muchas…
Las noches para él son… extrañas. Si tiene un proyecto especifico al que dedicar su tiempo o su mente, no son distintas a las horas diurnas. Por otro lado, cuando nada ocupa su tiempo, cuando ninguna urgencia requiere de su atención aguda, sus pensamientos se tornan tan profundos como lentos, al menos hasta que algún estímulo le haga retornar a su funcionamiento habitual. Este particular estado lo domina ahora, mientras acompaña a su musa, mientras sólo ve como ella visita sus sueños.
"Pesadillas..."
De ese simple concepto, su mente vira en dirección a su tiempo del otro lado del velo. Sus recuerdos al respecto son caóticos, amargos… aterradores.
"Nada de eso se sintió como una pesadilla." Piensa para sí, aunque la verdad es que los años que pasó sin dormir hicieron borrosos conceptos tales como sueño o pesadilla. No sabe muy bien si en su situación actual podría distinguir uno del otro.
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La luz de la mañana recibe a la habitación aún en penumbras, ya que las gruesas cortinas impiden su paso. El insomne marionetista corrige esto cuando ve que Sakura comienza a abandonar su sueño. Sin levantarse de la cama, sólo lleva hilos de chakra a las cortinas y las separa unos veinte centímetros con el comando de sus dedos.
—Sasori...—susurra la dama al ser bañada por la luz del día, tallándose los ojos de modo perezoso.
—Hola, preciosa… Vaya que dormiste hoy...—la recibe él, inclinándose hacia ella para darle el beso de los buenos días.
—Sí… necesitaba el descanso extra luego de todos estos días—susurra con una sonrisa adormilada tras el beso, abrazándolo bajo las sábanas—. Gracias a Deidara que todo eso terminó.
Sasori suelta una carcajada contrariada ante la mención de su ex compañero, al tiempo que se gira boca arriba sobre el colchón y acomoda a Sakura sobre su pecho.
—Ese mocoso… Supongo que el recordatorio de que le debo tu vida, además de la mía, debería ser algo a tener presente más a menudo en mi mente—responde al cabo de un rato con una sonrisa discreta, acariciando la espalda de su amada por debajo del camisón—Aunque, por ahora, me es difícil pensar en otra cosa que mi banquete de anoche…y en cómo tú saltabas de gusto...
Sakura se sonroja por lo que implican esas palabras, pero lejos de cohibirse ante la vergüenza de recordar su propia reacción desbocada, se incorpora sobre su pecho hasta mirarlo a los ojos.
—Ahora que sé que puedo tenerte así de distraído, es algo muy difícil de ignorar… Si quieres más de mí, sólo tienes que pedirlo...—pronuncia ella con una sonrisa enigmática, viendo cómo él le mira los labios y la unión de los pechos bajo las sábanas.
La desea. Y ella también a él. La noche anterior no hizo más que volver a poner sobre la mesa algo que llevaba dormido y cajoneado dentro de sus mentes por más tiempo del que ellos hubiesen permitido.
Cuando su mano se cuela debajo de la ropa de Sasori, y comienza a delinear las ramificaciones de su núcleo con las yemas de sus dedos, un nuevo arrebato de pasión toma forma dentro de esa habitación.
—No hay prisa alguna en salir de la cama… ¿No lo crees? —susurra subiéndose encima de él, quedando las sábanas rezagadas debajo de ellos, y ella sentada sobre su regazo y peligrosamente cerca de robarle otro beso.
—Me lees la mente...—concede el renegado tomando su boca de inmediato, comenzando el primer beso apasionado del día. A continuación, la sujeta por el trasero, subiendo el camisón lo suficiente como para poder recorrer por completo la desnudez de la parte baja de su cuerpo.
Sakura le desabrocha y baja el pantalón como puede, y él la asiste al hacer lo mismo con sus bóxers.
Cuando ella lo lleva a su interior y comienza a cabalgar sobre él con una agresividad que nada tiene que envidiar al juego de anoche, el artista de lo eterno pierde por completo la noción del tiempo y la realidad. Por otro rato más, sólo existen ellos dos en el mundo.
La llegada del mediodía dentro de la cabaña se lleva a cabo en un escenario distinto. Sakura se da una refrescante ducha en el baño de su recámara matrimonial, mientras que Sasori está ya arreglado, con otro pantalón oscuro y su camiseta de mangas largas y cuello alto, preparando el almuerzo en la cocina.
Ya que su dama decidió saltarse el desayuno hoy para jugar un poco más con él…y no es algo que el marionetista no le agradezca… Ahora se toma como deber personal el prepararle algo sustancioso con lo que comenzar su día.
Con su libro de recetas abierto sobre la encimera, Sasori prepara un filete de pescado marinado, un puré de calabaza hervida, una sopa de miso y un poco de arroz blanco para acompañar.
Para cuando Sakura se aparece ya vestida en el comedor, con una blusa celeste y larga en algodón, que se pega en la zona del pecho, y unas calzas negras hasta media pierna, el pelirrojo se encuentra terminando de freír el pescado.
—Huele delicioso—expresa ella sentándose a la mesa ya servida, para luego beber un poco del vaso con agua que tiene junto al plato de puré.
El artista sonríe, aún concentrado en su trabajo. Una vez que el filete está listo, lo corta en el plato a modo de presentación, y lo rocía en salsa de soya antes de llevarlo a la mesa.
—Buen provecho, muñeca—pronuncia al depositar el último plato frente a ella.
Una vez que llegan las primeras horas de la tarde, pasar el dia entero adentro es tentador. Quizá demasiado. Quizá es por esta tendencia que, cuando la idea de pasar un rato en el pueblo aparece en la conversación, los dos aceptan sin pensarlo demasiado.
Al prepararse y calzarse para salir, consideran dejar una nota para Sai en caso de que llegue al sitio mientras ellos están afuera. En sí, la idea de que el ANBU pueda llegar allí en tan poco tiempo, a simple vista parece imposible… por lo que desisten de ella y abandonan la cabaña sin más.
Los senderos de hormigón del sitio tienen su encanto cuando ambos ninjas ya no tienen que mirar sobre sus hombros por miedo a quien los reconozca. Los dos terminan paseando por el barrio sin dirección, disfrutando de la compañía del otro. Sakura se permite actuar como turista, y el titiritero la acompaña de la mano en silencio.
Eventualmente, sus pasos los llevan al parque cerca de su hospedaje. Puesto que llegan alrededor de las seis y media de la tarde al lugar, lo encuentran relativamente vacío. Aún hay familias con niños, pero están sentadas en los bancos mientras los pequeños corren por el césped, o mirándolos jugar en el arenero y el tobogán.
Ver los columpios vacíos le hace fácil a Sakura el hacer su primera sugerencia:
—¿Nos sentamos en las hamacas?
Sasori no tiene por qué asentir, sólo sigue sus pasos hasta que la ve sentarse sobre un columpio, y la acompaña sentándose en el columpio de al lado.
El ruido de las risas de niños en el fondo de la nueva escena que los acoge, le despierta una suerte de familiaridad rara al marionetista. Lo relaja a la vez que lo ayuda a pensar. Desde el mediodía que su experiencia del otro lado del velo se vuelve algo que regresa a su mente de a períodos no más largos que una hora.
"No se sintió como si fuese una pesadilla, no puedo terminar de creer que haya sido una pesadilla." Piensa con la mirada perdida en el juego de armado de castillos que se da en el arenero.
La inocencia de la imagen no guarda ninguna relación con la imagen infernal que se dibuja de nuevo ante sus ojos. Sasori sabe que ese sitio está esperando por él y seguirá ahí para él... la próxima vez que su núcleo deje de latir.
"No. No puede existir una próxima vez. No existiría una próxima vez si tengo tan sólo algún grado de decisión al respecto…"
Pero ese es el punto. Quizá ahora no corra peligro inmediato, pero estas circunstancias no son estables para alguien con la fama e historial de Sasori de la Arena Roja. No puede ser que vuelva a encontrarse con la guardia baja.
—Cariño... ¿Pasa algo? Es raro verte distraído—la voz de Sakura lo regresa al presente.
—¿Me creerías si digo que me volvi a perder en tus caderas? —es la respuesta elocuente que le sale en el momento.
—Te creería si mis caderas estuvieran en algún punto del paisaje. Vamos. ¿Qué te parece si pasamos directamente a la parte en la que hablamos?
—Esta bien, pero te advierto que estaba pensando en algo ridículo y sin mucha importancia.
—Es lo suficientemente importante como para que te quedes mirando al vacío por media hora—contrarresta la ninja sin permitir que se le reste importancia a la situación.
"Treinta minutos… supongo que..."
—Tienes un punto—concede Sasori sonriendo con la cabeza gacha—. Me temo que no voy a decirte nada nuevo. De seguro ya lo escuchaste mil veces antes. Es decir… trabajas en un hospital cuando estás en la aldea.
La frase es lo suficientemente única en el marionetista como para llamar la atención de su amada. Ella comienza a mirarlo con sincera intriga.
—Es un cliché… los moribundos viendo su vida pasar ante sus ojos… pues… eso—explica de forma seca.
— ¿Eso?
—Pasé por esa experiencia. Y no estaba seguro de que eso fuera posible para mi.
—Una experiencia cercana a la muerte…—repite Sakura por lo bajo, pasando a sujetar las cadenas a cada lado de su hamaca con ambas manos— ¿Algo que quieras compartir conmigo?
La muchacha se toma la situación con respeto. Sasori tenía razón, no es la primera vez que ella escucha una conversación similar a esta. En todos los casos, la persona que vive una de esas circunstancias se ve afectada por ellas.
—Pues… preferiría no contarte los detalles por ahora—prosigue con una discreción que lo lleva a hablar al borde del susurro—. Sabes que mi pasado no es… agradable de comentar en voz alta. O agradable en cualquier aspecto.
—No te preocupes por eso—lo tranquiliza Sakura, más interesada en lo que dijo antes— ¿Por qué no te creías capaz de tener una experiencia así?
—Pues… no pasó la primera vez… No sé si se debió a que recibí menos atención médica de tu parte…—el renegado suspira—. El punto es que sí ocurrió esta última vez.
La joven nota una expresión extraña en su amado. Hay algo más que sólo curiosidad o preocupación en su mente. Conoce su rostro intrigado, y conoce aún más su rostro teñido de preocupación, considerando lo vivido estos últimos días.
—Quieres decirme algo más ¿Verdad?
—No sólo vi memorias—se desenvuelve con cierta dificultad. Tiene problemas para definir lo que sigue sin sonar demente— Vi… ¿Cómo decirlo? Quizá ver no es la palabra correcta. Solo puedo decir que entre memorias me sentía lastimado. Sentía dolor. No es el dolor del combate, no era el dolor que siento al dañar mi núcleo. Era como el dolor de tener que reparar mi cuerpo… sólo que no podía desactivarlo.
—Mi amor… —la mujer estira su brazo en dirección a él para sobarle el hombro.
—No sé cuánto tiempo pasé dormido, pero puedo decirte que sentí que ese dolor duró mucho más tiempo del que llevo vivo…—en medio de su relato, él alza la vista y ve el rostro preocupado de su amada—. No… lo que quiero decir… Sé que es un fenómeno natural. Probablemente, no sea más que el aspecto de mi cuerpo… ese que maneja mi conciencia, sanando más rápido que el aspecto que controla mi tacto, o algo similar.
Sasori demora en elegir las palabras que quiere manifestar. No quiere admitir ante Sakura que estuvo en el infierno. No quiere admitir que cree en tal cosa. No quiere preocuparla con la idea de que tal cosa exista, pero ya comenzó a hablar… y, a decir verdad, necesita expresar sus miedos de alguna manera. Intentar callar ahora se siente como intentar detener el flujo de un río. No se cree capaz de ello, pero sí cree que puede cambiar ligeramente su cauce.
—Ni siquiera yo lo entiendo por completo a decir verdad… Sólo… me preocupa la idea de que quizá pueda… ¿Sanar mal?... Sentir ese dolor constantemente… o peor… quizá se altere mi percepción y pierda noción de la realidad. Además, no sólo vi cosas de mi pasado… vi... más cosas extrañas… visiones de situaciones que jamás viví. Se veían reales. Tan reales como tú y yo ahora… Quizá no desperté aun… quizá no esté… tú sabes… vivo. Puede ser que aún esté soñando.
Las confesiones que oye quizá fueran descabelladas, y difíciles de explicar para la mayoría más que como simples alucinaciones… y quizá esta es la reafirmación que su amado necesita para dejar de pensar en esto, pero, al seguir la última parte del relato… a Sakura se le viene a la mente algo que escuchó hace mucho tiempo atrás.
—Sabes… Mi madre una vez me dijo… que a veces los sueños, por más sinsentido que parezcan, pueden ser premoniciones.
Sasori parpadea ciertamente perplejo ante la opción. Hace unos años se hubiera reído y hubiera desechado la idea al instante. Pero hace unos años también no hubiera considerado la existencia del infierno.
— ¿Premoniciones? —pregunta intentando comprender.
—Sí... Mi madre dice haber tenido una premonición en sueños. Que soñó con una niña como yo antes de siquiera concebir, que la abrazaba y le decía mamá… y que, en ese sueño, el escenario era como un campo repleto de cerezos en flor… y que por eso supo de inmediato que, si tenía una hija, la llamaría Sakura—la kunoichi detiene su narración por un momento para reírse de sus propias palabras, intentando quizás desdramatizar la situación—. Aunque, claro, yo nunca le creí. Ella insiste en que es cierto, pero son de esas cosas que jamás podré comprobar. Pero, por lo que tú me dices… de las cosas que viste y que no puedes explicar como parte de tus recuerdos, quizás las premoniciones sí existan después de todo… O eso, o simplemente tu cerebro te jugó una muy mala pasada, y no deberías darle la mayor importancia.
El planteo de su amada lo deja pensando por un segundo.
"¿Premoniciones? ¿Qué tipo de premoniciones? ¿Qué significaban?" Se pregunta intentando rememorar detalles sobre las imágenes que vio. Las ruinas de Konoha, unas figuras que combatían, un árbol con un ojo gigante en el cielo… y un hombre vendado y su amante marioneta…No quiere preocupar a Sakura con esas cosas.
Sus sienes comienzan a doler de un modo simbólico mientras más trata de interpretar esas imágenes.
—Quizá existan, muñeca—responde tras suspirar cansado del tema—. O quizá son sólo paranoias de alguien que pasa demasiado tiempo despierto, y ya no tiene una amenaza real en la que enfocar sus esfuerzos. No quería preocuparte con delirios.
—No eres estúpido por pensar esas cosas. No eres tan diferente. Estás pasando por lo que cualquiera que hubiese vivido tu situación estaría pasando.
El artista sonríe un poco ante el comentario. Quizá si está cometiendo el error de sentirse especial cuando no lo es.
—Es un buen punto… aunque no quita que preocuparme por alucinaciones es estúpido.
—Enfócate en sentir mi mano—contesta ella aparentemente de la nada. A continuación, se incorpora y se acerca hasta quedar frente al columpio de Sasori y le tiende la mano. Recibe sólo una mirada confusa en respuesta—. Enfocarte en el sentido del tacto ayuda a aliviar la sensación de distancia con la realidad.
El pelirrojo toma la mano de su amada con la suya y la estrecha contra su piel. Se siente bien. Se siente presente. Incluso si no es verdad que duda de su realidad… es cierto que ahora mismo se siente muy lejos del otro lado del velo.
Cuando ambos se alejan del parque para regresar a su hospedaje, una nueva conjetura de Sakura lo toma por sorpresa:
—Sobre las cosas de tu pasado…esas que sí reviviste... algún día… algún día estaré lista para escucharlas—resuelve tan decidida como confiada—. Y cuando ese día llegue, quiero que me lo cuentes todo.
La gran implicancia de su decisión no puede sino agitar la duda dentro de Sasori. Recuerda el relato breve que compartieron antes de que él cayera abatido por el abrazo de Madre de Padre… cómo lo golpeó inútilmente con su puño, cómo intentó defender a Chiyo de sus palabras de desdén y burla, y por sobretodo recuerda la indignación y el terror en su mirada cuando él le dijo que mató a miles sin sentir nada, y que su abuela era simplemente otra más. El principio de su relación estuvo marcado por este momento. Su forma de verlo al comienzo, como un monstruo… su reticencia a confiar en él, su actitud defensiva… todo eso remite a lo que ella no sabe de él.
—Sakura...—musita en un tono acorde a su momento de dubitación— ¿En serio crees que es una buena idea?
Sakura le aprieta la mano sin dejar de caminar tranquilamente a su lado.
—Amor...—susurra evitando a último momento pronunciar su nombre de pila en un sitio público como este—. ¿Te parece que hace bien a la relación que el fantasma de tu pasado se imponga siempre como un tabú entre nosotros? No se trata ni de evitarlo y pretender que no existe, ni de convertirlo en motivo de tortura psicológica, ni nada por el estilo… Es sólo hablar de eso, conversar al respecto, y escucharte. Tu pasado nos perseguirá siempre, lo queramos o no… Y luego de esa experiencia que me contaste ¿Qué daño hay en aceptarlo? Quizá no pueda darte una explicación a lo que viste, una respuesta… pero quiero estar para ti, entenderte, estar en tu misma página… y siento que no puedo hacerlo si desconozco ese gran capítulo de tu vida.
Sasori se detiene en seco en medio del sendero, en el que por suerte ahora están solos, y tira de ella con suavidad para atraerla hacia sí y envolverla entre sus brazos.
—Créeme que no necesitas saberlo para estar en mi misma página...—le asegura acariciándole el pelo con su mano, mientras con la otra le sujeta la cintura en un agarre firme, profundo—. Pero gracias…Tener la seguridad de que hablar de mi pasado no afectará el futuro de nuestra relación… es mucho para mi. Te prometo que pensaré al respecto. En el tiempo que tú te preparas para escuchar, yo pensaré en cómo podría decírtelo.
—Por supuesto que no afectará a nuestra relación. Tú ya no eres el mismo—agrega Sakura buscando el rostro de su amor, para tomarlo entre sus manos—. Además, no puedo arrepentirme de nada de lo que me haya llevado a conocerte. No sabía nada del amor hasta que te conocí.
—Me robaste las palabras de la boca—sonríe Sasori a milímetros de besarla— ¿Amar, yo? ¿Hace un año atrás? ¿En qué mundo?
— ¿Qué diría el "tú" de hace uno o dos años atrás sobre esta situación? —pregunta curiosa ante la mención.
—Seguiría diciendo que eres una chica impresionante… pero yo le diría… que aún no tiene idea de cuánto.
El beso que prosigue a estas palabras es el más dulce que jamás probaron hasta ahora.
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