Continuación De Pista de Patinaje

Sorpresa de Aniversario

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Harry había curado con una poción el dolor que su hijo tenía en la espalda, desde que sabía sobre el compromiso de Albus con la Señorita Elwes no había cruzado palabra con ella, dejó a su hijo dormir en su habitación, debía descansar lo máximo posible mientras la poción hacía efecto.

Bajó las escaleras y en el sillón estaba Lottie sentada, se podía notar que estaba preocupada, eran ellos las únicas dos personas que tenían lentes en la habitación, acomodaron los mencionados al mismo tiempo.

–Es un gusto saludarla, Señorita Elwes.

–El gusto es mío, Señor Potter. – Lottie aún pensaba si podía esconderse en Irlanda, ya que a pesar de todo ella era 10 años mayor a Albus. Una generación diferente, aunque fingía no darse cuenta ya había notado que la mayoría que sabían sobre la diferencia de edad los veían raro.

–¿Qué fue exactamente lo que pasó?

–Tropezamos y caí sobre Albus, se lastimó por protegerme.

–Fue algo leve, deben tener cuidado los dos, aunque Albus es joven una lesión en su espalda puede ser fatal. –Reprochó con dureza, quizás estaba siendo irracional pero no quería ver herido a su hijo mediano.

–Lo siento, no fue mi intención lastimarlo.

–Eres su prometida, debes cuidarlo. Aunque es un mago sigue siendo un humano, se supone que eres fuerte, debiste tener mayor cautela con el hielo, no es posible que permitieras que se lastimara.

–Lo sé, Señor Potter. No volverá a pasar.

–Claro que no volverá a pasar ¡Te exijo que te alejes de mi hijo! Lo mejor para el es que no te le acerques porque solo lo expones al peligro. Deberías permitirle que conozca a alguien de su edad. – Dejó de regañarla al ver que sus ojos marrones se llenaban de lágrimas que rápidamente enjuagó para que no fueran visibles.

–¡Señor Potter! ¡Ya basta! ¡Esto no es necesario! – Scorpius no iba a permitir que la situación fuera siendo cada vez más grave.

– Tal vez tenga razón Señor Potter.– Susurró débilmente se estaba conteniendo.

–Señorita Elwes. ¡No diga eso! ¡Eso no es lo mejor para ustedes! – Scorpius siendo el único testigo del amor que Albus le profesaba a Lottie se sintió decepcionado de lo que había provocado Harry.

–Será mejor que me retire, con su permiso. –Lottie se marchó sin decir más, a penas podía contener el llanto. Se había contenido porque estaba en casa ajena, agredir físicamente al Señor Potter no era una solución.

O quizás si pero no tenía ánimos de averiguarlo, se sentía herida, por su culpa Albus estaba herido, lo único bueno que habia hecho era llevarlo a su casa.

Y con ese sentimiento de culpa, llegó hasta su casa, Matt notó que algo había pasado, su hermana no sonreía, la vio subir las escaleras, entró en su habitación, escuchó que le ponía seguro a la puerta.

–¿Lottie? ¡Lottie! ¿Qué pasó? ¡Hermana! – Preguntó queriendo saber a quién debía torturar.– ¡Respóndeme por favor!

El silencio fue el único testigo entre ambos hermanos, el menor golpeaba con dureza la puerta mientras la mayor lo ignoraba acostada en su cama, abrazando un peluche que hacia años no apretaba contra su corazón.

Dejó salir las lágrimas que había retenido.

Dolía, era inevitable.

Porque hasta ese momento se había dado cuenta de lo que realmente sentía.

Se había enamorado de Albus, por eso le había afectado tanto la petición del señor Potter. No podía precisar cuando había pasado pero solo era consciente del sentimiento.

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Harry sintió que por primera vez en muchos años se había equivocado, Lily y Scorpius le observaban con reproche, se había excedido al decir todas aquellas cosas. Y que aunque Albus fuera su hijo, no iba a perdonarle si aquella mujer se alejaba de él.

Su hijo amaba a la vecina, él había prometido respetar lo que él había escogido.

No lo había cumplido.

No sabía cómo iba a arreglar el desastre que causó.

–¡Papá! Debes resolver esto, ahora.– Lily gritó sin importarle despertar a su adolorido hermano.

–Lily tiene razón. Te excediste con tu reacción. Discúlpate con la señorita Elwes. – James reconoció que todo esto solo le provocaría dolor a su hermano Albus.

–¿Qué sucedió? ¿Porqué gritan?– La voz de Albus se escuchó soñolienta acababa de despertar, la poción lo había curado muy rápido.

–Yo… Yo, me enojé por tu estado y…

–¿Qué hiciste papá? – Su semblante cambió se podía notar que estaba empezando a enojarse.

–Una estupidez, eso hizo. – Respondió Scorpius de mal humor, sabía que no era el indicado para decirle que había pasado.

–Yo, le pedí a la Señorita Elwes que se alejara de ti. Y que te permitiera conocer a alguien de tu edad.

–¿Qué hiciste que? ¿Cómo te atreves? ¡Primero fue ese mesero que la hizo sentir mal, luego fue James quien dijo que ella no era lo ideal para mí por no ser pelirroja! ¡Ahora tú diciéndole que se alejara de mi! ¿Por qué no pueden entender que yo amo a Lottie! ¡Que la espere por muchos años! Ella por fin me corresponde, ella me quiere. Y no estoy dispuesto a perderla. – Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas, no le importaba que lo vieran vulnerable, corrió tratando de llegar a la casa de Lottie.

Harry se arrepintió de lo que había provocado.

Matt no podía entender que había pasado, seguía golpeando la puerta con desesperación, su hermana no había respondido a sus preguntas, ella lo estaba ignorando.

Esa era una mala señal.

Si Albus era el culpable lo haría pagar, los golpes en la puerta seguidos de los gritos desesperados del Potter le hizo saber que estaba abajo. Matt bajó con rapidez, hoy sí lo iba a escuchar el mocoso. Pero los reclamos que iba a hacer murieron en su garganta al ver el estado del chico de ojos verdes, se podía notar que había estado llorando.

¿Qué había pasado?

–Matt, ¿Dónde está Lottie?

–Arriba. Ve a su habitación. Resuelve en este momento lo que esté pasando.

Albus Severus corrió de nuevo hasta que llegó frente a la puerta de Lottie, golpeó la puerta esperando que ella hablara.

–Lottie, mi amor. Soy yo. – Solo el silencio le recibió en aquel momento, Albus tembló del dolor al saberse ignorado.

Era imposible.

¿Acaso era demasiado tarde?

¿Su espera había sido en vano?

La distancia que había entre los dos no era normal. Ella nunca lo había tratado de esa forma, las lágrimas descendieron de su rostro, estaba perdiendo la esperanza.

La puerta se abrió permitiéndoles verse frente a frente.

–¿Albus? – La pelinegra se sorprendió al ver que su aún prometido lloraba tal y como le estaba pasando a ella.

–¡Lottie! No se qué pasó mientras estuve dormido, yo no pienso como mi papá.

–El tiene razón yo te puse en peligro. Lo mejor sería terminar nuestro compromiso.

–¡No! ¡Yo te amo!– Era la primera vez que se lo decía en voz alta– No pienso perderte, menos ahora, que finalmente se que tu también me amas. – La abrazó con fuerza, ella le correspondió sin dejar de llorar.

En ese momento de la mano de Albus brotó una flor mágica, similar a las que le daba Albus cuando él era un niño y ella una adolescente. Ambos sin dejarse de abrazar.

–Hoy hace 17 años te regalé la primera flor. Cronológicamente hoy es nuestro aniversario. – Dijo Albus limpiando las lágrimas del rostro de Lottie. – Feliz aniversario, mi amor. No dejaré que nadie vuelva a lastimarte.

–Perdóname Albus por todo. – Lottie se acercó besando la mejilla del pelinegro, el se movió para que el beso fuera sobre sus labios.

Era correspondido.

Su Lottie lo amaba aunque no se lo dijera directamente.

El protegería su amor porque durante muchas noches soñaba que ella le correspondía, y ese día era hoy. Después de tanto esperar, su amor había florecido.

Mañana era la boda de Matt.

Iría junto a ella como su prometido que era.

De ahora en adelante no iba a permitir que nadie lastimara a su futura esposa.