Capítulo 13: No habrá nadie más.
Ogawa observa con preocupación a su señorita porque no se ha levantado de la cama desde que entraron al vagón e incluso le había prohibido abrirle la puerta al heredero a duque. Estaba dándole la espalda pero igual sabía que lloraba por la forma en cómo le tiembla el cuerpo. ¿Acaso su excelencia le ha hecho daño? ¿Ha jugado con sus puros sentimientos? Si es así, ella misma lo mataría a puñaladas, con mucho gusto iría a la horca si con eso hace justicia al débil corazón de la lady.
—Lady Orihime, tiene que comer.
—No tengo hambre. — Otra evidencia de estar llorando: apenas se le entiende la voz por hablar entrecortado. — Por favor Ogawa, déjame sola.
Pero no lo hace, en vez de eso se sienta en la orilla de la cama y apoya una mano sobre la pierna de Orihime.
—¿Su excelencia la lastimo?
—No. Su excelencia es muy bueno conmigo, no sería capaz de lastimarme a propósito.
—¿Entonces? Por favor, dígame y así podre entenderla y ayudarla.
No hubo respuesta al comienzo, parecía que Orihime quería meditar si decirlo o no.
—Su Excelencia me ha dicho que le gusto. — Ogawa expresa el mismo asombro que la lady horas antes. — Me ha expresado su deseo en cortejarme e incluso me quería entregar el anillo de su familia.
—Él... su excelencia... ¡Eso es fantástico señorita!— Se inclina más cerca de ella, queriendo verle la cara pero su señorita se cohíbe más. — ¡Un duque! Bueno, futuro duque, pero es prácticamente lo mismo.
—¡No lo es! ¡No es fantástico!— La negativa sorprende más a su doncella que la buena noticia.
—No lo entiendo... Lord Ichigo ha rebelado sus sentimientos y usted siente lo mismo. ¿Cuál es el problema?
—¿Cómo que cual? Ogawa, soy estéril, ¿O lo has olvidado?— Se le escapa un sollozo, de ahí que lleva su puño a los labios. — Ichigo debe casarse con alguien que le dé hijos y yo no puedo hacerlo. Soy un fracaso.
Ya no pudo contenerlo más y se larga a llorar otra vez, su lloriqueo le rompe el corazón a Ogawa como si el dolor fuese propio. Se inclina más, apoyándose sobre el cuerpo de Orihime y le acaricia la espalda y murmura palabras de aliento.
—Mi señorita se merece ser feliz, no lo olvide jamás.
—Pero yo sé que un día Ichigo se aburrirá y se decepcionara en cuando sepa que los comentarios de mí son ciertos. — Por fin se digna en darse la vuelta y se sienta en la cama; se puede ver su cara roja, mojada de lágrimas y mocos, y sus ojos hinchados. — Prefiero que sea mi amigo a un amor traicionero como lo fue con Stark.
—Háblelo entonces mi lady... dele el beneficio de la duda.
—¿Qué quieres decir?
—Dele la oportunidad de decidir si quiere seguir con sus intenciones de casarse con usted. — La sostiene de las manos y se las presiona con cuidado, queriendo transmitirle seguridad y fuerza. — Cuéntele todo, incluso... su problema. — Dice sin convicción lo último. — Si él la ama lo suficiente no le importara, y si no… habremos al menos impedido una desgracia.
Decaída y mirando el suelo sin ánimos ni para vivir, se muerde el labio inferior que le temblaba con ganas de seguir llorando, y asiente.
—Lo... lo intentare... pero no hoy, no puedo... no puede verme así...
Ogawa solo puede asentir, es mejor darle esa pequeña victoria tras hacerla hablar.
El paje abre la puerta del carruaje y ayuda a la condesa Stark bajar del carruaje. Bambietta solo hace un gesto con la cabeza en agradecimiento y se adentra al club de damas ignorando el saludo del guardia. Camina con el abanico tapándole el rostro con el fin de ocultar su enojo hacía su esposo por haberle quitado el acceso al dinero y sus mejores compras; aunque le había explicado el conde y Tesla de la crisis económica que ha provocado sigue en negación, en su cabeza ellos son los injustos, debieron dejarla conservar al mínimo sus cosas y mantener las apariencias. Ahora ella debe pagar las burlas de las señoras que andaban susurrando a sus espaldas lo inútil que es cómo esposa y cuidadora del hogar y que el pobre Wolf terminara siendo conde sin una moneda en el bolsillo.
Entra al recibidor principal, hay algunas damas comentando de la fiesta de una condesa que no fue porque le cancelaron la invitación (aun le hierbe la sangre recordar cómo le negaron el acceso por temor a estar en la lista negra de la duquesa Kuchiki) y se sienta cerca de ellas para poner oreja en caso de una información que le sea útil sin que se den cuenta que está oyendo. Una criada se acerca a preguntarle lo que desea y sólo pide un té con aroma a rosas.
—¿Alguien sabe si ha pasado algo más entre lord Ichigo y lady Orihime?
Bambietta rechina los dientes. No saben hablar de otra cosa.
Maldita perra embustera, lanzándote como una zorra desesperada solo para ganarme.
—Solo lo último, que compartieron un penthouse.
—¿Qué?
—Al parecer ha sido el lord quien le dio la invitación, dicen que quería seguir teniéndola a su lado un momento más.
—Pues yo se algo que me contó una tía que anduvo por ahí… su excelencia le dio fiebre.
—¿Y?
—Pues la mismísima lady Tenjiro ha sido quien lo ha cuidado… ¡Compartiendo habitación! — Exclama en susurros, emocionada.
—¡No! — Dijeron las demás.
—Cuanta envidia.
La condesa Stark casi rompe su abanico por la fuerza que ejerce. Como desearía poder darle mejor uso como golpear a Orihime en la cara. Llega la criada con el té y nerviosa le pregunta si desea algo más, Bambietta le gruñe bien bajo que no y la pobre mujer se va asustada.
—¿Pero está bien que la lady siga relacionándose tanto con él?— Una jovencita trata de llamar al sentido común. — Quiero decir, si es cierto los rumores de Lady Tenjiro y conociendo la reputación del Lord Kurosaki... ¿No estaría el duque usándola?
—Entiendo tu punto. El lord puede que la esté usando, aprovechándose de su débil condición sentimental por ser estéril.
—Pero también es probable que sea al revés, que la lady lo ande acosando... quiero decir, lo del crucero ha sido una coincidencia, ¿Pero el hotel? ¿El penthouse? ¿O que se haya enfermado el lord de casualidad?
—¿Sugieres que lady Tenjiro lo enfermó?
—Es hija de un médico. — Sonríe maliciosa — Y es muy lista, a diferencia de la condesa Stark.
La vena de rabia crece en Bambietta mientras esas damas se ríen bajito pero bien maliciosas.
—Es tan tonta que el pobre conde ha vuelto a la pobreza.
—¿Quién iba a pensar que la condesa no supiera ni algo básico?
—Eso es porque la anterior condesa la cuidaba para no quedar en ridículo. — Bufa y se ríe de nuevo — ¿No la oyeron en la fiesta de la vizcondesa Laia? No se dio cuenta que ha quedado en ridículo y más encima culpaba a las hormonas del embarazo.
—Mi modista estaba reclamando que haya perdido ganancia. Es decir, le regresaron los vestidos impecables pero tuvo que devolver el dinero y el conde canceló el pedido de la condesa sobre hacer cien más.
—¿Cien más? ¿Acaso se cree Emperatriz?
—No me sorprende que la duquesa Kuchiki la haya vetado.
Más risas.
Bambietta ha tenido suficiente.
Abruptamente se ha puesto de pie, el ruido que ha provocado tal acción asusta a las jóvenes y se quedan mirándola sorprendidas (no la habían visto llegar) y algo alarmadas (porque de seguro las oyó). Como les estaba dando la espalda no podían ver la expresión de la condesa hasta que voltea y la descubren derramar un par de lágrimas con mirada dolida.
—Co... ¿Condesa?
—Oh dios — Bambietta se limpia la cara con un pañuelo. — ¿Cuánto más debo aguantar por culpa de Rukia?
—¿Disculpe?
—¿Habla de la duquesa Kuchiki?
—Yo... yo solo hice todo lo que ella me dijo... ella dijo que me estaba guiando con buena fé... y ahora mi esposo está enojado conmigo... todos me ven como una inepta... yo en verdad creía que me estaba ayudando... — Se cubre con su pañuelo — Discúlpenme, no debí desmoronarme así ni decir esas cosas... ahora la duquesa me va a matar...
En un ataque de pánico sale corriendo del recibidor.
Y apenas sabe que ha quedado sola, sonríe con malicia entre las actuadas lágrimas.
Ahora tendrá no solo diversión a costa de la reputación de Orihime, también de la perra chillona de Rukia.
En la mañana se quedó aun encerrada en su habitación y en el almuerzo también, sin embargo a la hora de la cena se anima a salir sabiendo que no le haría bien tanto encierro y que debe tomar al toro por los cuernos.
Ogawa busca algo elegante y a la vez sencillo, optando por un vestido que es blanco en la parte de arriba y holgado de mangas con los hombros descubiertos y flores rosadas rodeando un broche de rubí; la falda es rosa pastel, mismo color de los zapatos con tacón de aguja alto; guantes transparentes y de encaje, aros que son nada menos que diamantes rosados que tienen la forma de cerezos y adornan todo el lóbulo de la oreja y cuelgan como pendientes al final. Su cabello queda libre en esa ocasión por la migraña de tanto llorar y se pone un perfume con aroma a flores de cerezo. Satisfecha con lo que ve le deja dinero a su doncella para que coma en la zona de clase media y, con cuadernillo y lápices, toma el valor de ir al comedor de clase alta.
En la entrada se queda mirando los muebles bonitos (sillones rojos y las mesas cubiertas por elegantes manteles blancos) y algunas personas ya comiendo y conversando animadamente.
—Disculpe. — Le habla al del recibidor. — ¿Queda alguna mesa disponible?
—Claro mi lady, por aquí. — Amable el caballero con el clásico bigote negro la guía directo a una mesa para dos personas pegada a la ventana, por lo que se puede ver el cielo nocturno con sus estrellas. — De inmediato vendrá un mesero a atenderla.
—Gracias. — Le sonríe y deja sus cosas de dibujo sobre la mesa, luego toma la carta del menú y le echa un vistazo.
En un par de minutos la saluda el mesero y espera paciente a que se decida que pedir; ya lista con lo que quiere, el joven adulto le promete estar listo en treinta minutos y se marcha. Orihime aprovecha en tomar su cuadernillo de dibujo y se queda mirando la obra que anda a medias, causando un rubor en sus mejillas.
Un par de ojos.
Los ojos de su excelencia.
Pasa la página, quedando frente a una hoja en blanco y suspira, agarra uno de los lápices y empieza a dibujar bocetos de los edificios bonitos que vio en Valencia en miniatura, con ella al lado en un estilo también pequeño y característico que le saca una sonrisa. Al acabar de llenar la hoja pasa a la siguiente… y sin darse cuenta estaba dibujando de nuevo los ojos de Ichigo, pero esta vez completando la cara al completo. Sus mejillas se tiñen de rojo otra vez al percatarse de lo que hizo y cierra el cuaderno sintiéndose patética.
—¿Así es como me ves? — La hija del barón da un brinco y ve con pánico a Ichigo, quien le sonreía divertido. — Creo que es el mejor retrato de mi cara que he visto hasta ahora. Y eso que es a papel y no a lienzo.
Ella agacha la mirada más roja y patética que antes, tanto que ni al mesero se atreve a hablarle en cuando le deja su pedido en la mesa.
—¿Tomara asiento con la señorita o le busco una mesa señor?
—¿Puedo comer contigo Orihime o prefieres estar sola?
—Yo… — Asiente. Tiene que ser valiente. — Claro, puede sentarse. — Enseña el asiento disponible.
—Gracias — Toma asiento y le comenta al mesero lo que desea comer. Él la mira aun con la cabeza gacha mientras corta la carne. Aun sonrojada. — Te eche de menos ayer… y hoy…
La ex condesa presiona los labios y luego respira hondo, alza la vista lo suficiente para verlo a los ojos.
—Lamento mi… comportamiento, yo…
—Orihime, no tienes que disculparte por-…
—Por favor, déjeme continuar… — Lo interrumpe con cuidado, no quería sonar grosera en el tono de voz. — Como decía, la manera en que lo rechace quizás no ha sido educada, y me disculpo por ello porque en verdad lo tengo en gran estima y quisiera que mantuviésemos la amistad. — Toma una gran bocanada de aire e inclina la cabeza. — Me siento honrada que el futuro duque de la dinastía Kurosaki se haya fijado en mí, pero debo rechazarlo, yo… no tengo la capacidad que se requiere para ser su esposa.
Hay un silencio que angustia los nervios de Orihime, ya pensando que de seguro se sintió doblemente insultado y se ira de la mesa con el fin de no dirigirle más la palabra.
—Lady Tenjiro. — El peso doloroso en el pecho crece al oírlo por fin. — ¿Puedo preguntar por qué me rechaza dos veces? — Pregunta en un tono bromista que alivia la tensión un poco. Ella se sorprende que de la nada la tome del mentón con gentileza y así alzarle la cabeza y verse a los ojos. — Quisiera saber más que nada porque sé que sientes lo mismo que yo por ti.
La cara de Orihime nuevamente se pone roja mientras abre los ojos y labios de asombro.
¿Tan obvio es?
La vergüenza la obliga en apartarse de su toque y agachar la mirada.
Debe seguir el consejo de Ogawa.
Esta es la oportunidad de acabar esto.
—Sobre los comentarios que ha oído de mi divorcio y de mi persona… hay algo de verdad que no le dije. Aparte de haberle pegado a Bambietta.
—Lo que sea a mí no me molesta. Solo son exageraciones o habladurías.
La hija del barón lo mira en parte esperanzada y en parte con dolor, sabiendo de antemano que se va a arrepentir de sus palabras y eso, lo admite, le asusta.
—Soy estéril. No puedo tener hijos.
Como una bendición o maldición, justo regresa el mesero, cortando el silencio tras revelación; le habla cordial a Ichigo mientras le entrega la cena y la botella de vino que había pedido por la pareja, sin embargo Ichigo no puede apartar los ojos, la mirada sorprendida, de la pobre Orihime que había vuelto a agachar la mirada, como si fuera a llorar, pero se concentra en su comida con tal de no provocar un escándalo.
—No puedo tener hijos… — Susurra apenas el mesero se marcha, la vista clavada en su plato de comida. — Stark y yo lo hemos intentado en los últimos cuatro años de nuestro matrimonio y nunca ocurrió… con Lord Wolf Stark queda bastante claro que yo soy el problema. — Las manos le tiemblan que debe dejar los cubiertos. — Por eso debo rechazar su petición de matrimonio, porque el futuro duque de la casa Kurosaki debe tener una esposa que le dé herederos y esa no soy yo.
De nuevo hay tanto silencio que se atreve a mirarlo y queda en pánico al verlo tenso, horrorizado. Ya está, con esto dejara de insistir y será todo un caballero para que olvidemos todo esto.
Entonces él se pone en pie y por un segundo a Orihime le invade el horror, pensando que se iba a ir y que ya no le dirigiría la palabra, fingiría que nunca se habían llevado bien y de seguro dirá pestes de ella en Karakura; lo ve sujetar la silla y acercarla a ella, confundiéndose por verlo sentarse a su lado en vez de irse… ¿O le iba a susurrar palabras horribles?
Pero entonces él la abraza, rodeándole el cuello con sus anchos brazos y la atrae a su pecho, sintiendo el mentón del hombre descansar en su cabeza.
—¿Su-su exc-…?
—Orihime, lo siento… — ¿Acaso es una despedida gentil? Pues es mucho mejor de lo que había pensado antes. — Lamento que hayas tenido que soportar todo ese dolor tú sola… lamento que hayas estado rodeado de un hombre estúpido por no valorar lo que eres, que te hizo creer que no vales nada solo por algo insignificante.
... ¿Qué?
¿Algo insignificante?
—¿Ichigo?
—Escúchame bien Orihime — Le susurra porque sabe que están llamando la atención y no quiere a nadie oyendo. — Eres una mujer maravillosa; inteligente, astuta, valiente, fuerte, hermosa, divertida y talentosa en el dibujo... y déjame decirte que buen gusto en la literatura por ser mi fan — Sonríe triunfal al verla presionar los labios, de seguro queriendo aguantar la risa. — Eres todo eso y más. No dejes que algo sin importancia te quite valor de mujer. Porque lo eres, des a luz o no sigues siendo una mujer. Una mujer perfecta.
Aunque aquel abrazo es totalmente indecoroso y atrae a la gente a susurrar, Orihime debe dar gracias porque el cuerpo del hombre la esconde de la multitud y así nadie ve que se ha puesto a derramar lágrimas y que se mordía el labio con el fin que no la oiga llorar.
No sabe cómo terminó caminando por los pasillos del tren, ni sabe que excusa habrá dado Ichigo pero termina en su camarote y el heredero a duque le estaba dando un vaso de agua que con gusto se toma hasta el fondo. También puede sentir su espalda siendo acariciada (sobre el vestido) por la mano del hombre.
Ya son tres vasos de agua que ha necesitado ingerir para sentirse mejor. De seguro debe verse horrible con el maquillaje arruinado pero Ichigo no hace comentario alguno ni un gesto que lo delate, sigue viéndola igual que siempre de cariñoso, aunque si le ofrece su pañuelo que con gusto ella usa para limpiarse las mejillas, los ojos y se suena la nariz con ganas.
—Lo siento. — Dándose cuenta que está sucio de maquillaje, lágrimas y mocos.
—Puedes quedártelo, tengo cientos.
Apenada del pañuelo, lo guarda en un bolso de mano y va al pequeño baño del camarote a lavarse la cara aprovechando el agua helada de la jarra gracias a que Ogawa pidió ponerle unos hielos (le había dado la noche libre, por lo que la doncella le dejo todo listo cuando volviese y preparase a dormir). Nota en el espejo que sigue algo hinchada por el llanto y lo rojo que están los ojos.
Pero a pesar de su aspecto se siente... ligera.
¿Por qué, con todo lo que ha llorado, es la primera vez que siente que por fin salió todo de la válvula y ésta se ha cerrado?
Pero hay pocos hombres buenos como padre.
Pero eso no quiere decir que no los haya.
Ya ha pasado casi dos años desde que su madre le dijo eso y regresa a su mente abruptamente, preguntándose si es por el gentil comportamiento de Ichigo por su situación.
—Haces eso mucho — Da un brinco de susto y ve a Ichigo señalando algo. Agacha la mirada y nota su mano acariciar el dedo anular. — Lo he notado desde el crucero. Es un tic que se tiene cuando uno usa anillo la mayoría de las veces.
—Ah sí... — Deja de hacerlo y, al no saber qué hacer, se quita los enormes y costosos aros que ya siente las orejas adoloridas. — Es un tic que adquirí estando casada, jugaba con el anillo de la familia Stark cuando me ponía a pensar o estaba alterada de mis emociones.
—Entonces debemos tomar algo para que dejes de estar nerviosa — Y enseña una botella de vino.
—¿De dónde lo saco?
—Me lo traje del comedor, el mesero que nos acompañaba lo traía junto a su cuaderno.
Oh, que mensa, se había olvidado de su posesión.
El par se sienta en la cama, usando cada extremo por una distancia respetuosa, y se tomaron dos vasos de vino (cada uno) en silencio. Al tercero Orihime lo deja por la mitad ya que sentía los efectos por no haberse alimentado bien en la cena.
—Orihime — Ichigo toma una de sus manos y la presiona con cuidado. — Necesito que me creas, que cada palabra que dije es cierta. Eres una mujer hecha y derecha sin importar que no puedas quedar embarazada.
De nuevo quieren salir las lágrimas pero tiene mejor dominio esta vez y se mantiene serena.
—Te lo agradezco Ichigo. — Se le sale una sonrisa aunque cansada. — Pero siempre quise hijos... una familia, y...
—No importa. — La interrumpe, mirándola con determinación. — Aún quedan Karin y Yuzu, amaremos y malcriaremos a sus hijos o podeos adoptar, te traeré todos los bebés que quieras.
Ella se queda anonadada, sin creerse lo que está oyendo. Ichigo actúa como si...
—¿Podemos?— Murmura.
—Sí, cuando nos casemos, adoptaremos a todo un orfanato si lo deseas.
Aun... ¿Aun quiere casarse con ella? Creía que sus honestas y bonitas palabras salieron para darle aliento como una despedida a este fracaso de compromiso.
—Pero... no puedes casarte conmigo.
—¿Por qué? Ya dijiste que no podías por ser infértil y yo ya te deje en claro que no me importa.
Eso suena demasiado bueno.
—Eres el futuro duque de la familia Kurosaki, parte de tu deber es tener herederos.
—Tengo hermanas, ellas se casaran y uno de sus hijos puede ser mi heredero. Y siempre podemos adoptar, ya te lo dije.
Demasiado bueno.
—Ichigo, piensa bien en lo que estás diciendo. — Se lleva una mano a la frente. — No puedes estar hablando en serio.
—¿Por qué? Deseo pasar el resto de mi vida contigo. — Le toma las manos. Y le besa ambos nudillos. — Te amo Orihime... y sé que sientes lo mismo por mí.
La amaba.
Él la amaba y no le importaba que no pudiera darle hijos.
De nuevo lágrimas le invaden la cara y debe buscar su propio pañuelo, pero Ichigo la inmoviliza tomándola de las mejillas y, para asombro de la joven, la besa.
Un beso dulce, despacio; un beso en que se toma tiempo para conocerse desde otra perspectiva.
Se corta el beso, tan rápido como llego, rápido se fue, y la ex condesa queda más perdida que antes, con las mejillas sonrojadas y los labios entreabiertos.
—Te amo Orihime — Repite él, pegando su frente al de ella. — Te amo, te amo, te amo. Por favor acepta una vida conmigo.
—E-eso... eso suena... demasiado bueno... demasiado bueno para ser verdad...
—Orihime...
—Ichigo, eres de las familias más distinguidas de nuestro imperio, eres el futuro duque de los Kurosaki... ¡Estas actualmente en el quinto lugar de sucesión para ocupar la Corona! Un hombre de tu posición debe casarse con una mujer de alta cuna y fértil como Rukia, no una mujer con un matrimonio fracasado, seca y de baja categoría social.
Debe hacerlo recapacitar, tarde o temprano se dará cuenta de su error y se querrá divorciar y Orihime no podrá soportar otro golpe.
—Por favor, recapacita. — Llorando. — Por favor, no seas terco en esto.
La mano de Ichigo se posa en su mejilla otra vez y le acaricia con el pulgar la piel mojada. Ella lo mira y sufre al verlo sonreír tan tranquilo, porque sabe que no le hará caso.
—No podría casarme con ninguna otra mujer, aun si es una reina, porque ya tengo dueña y eres tú.
Y sella su palabra con otro beso.
Un calor familiar pero distinto al mismo tiempo recorre el cuerpo de Orihime y se concentra más en su pecho y entre las piernas, avergonzándola. Se aparta jadeando, temerosa de estarse excitando tan rápido, tan fácil, y eso debe ser por culpa de la falta de cariño.
Cruza miradas con Ichigo y ninguno de los dos hablan, solo contemplan el color de ojos del otro; de nuevo el heredero le acaricia la mejilla, luego pasa los dedos por el pelo, quedando en la nuca. Dios, como deseaba tener este momento con ella, acariciarle el pelo y la piel, probar esos labios suaves que lo incitan a pecar.
—Orihime. — Murmura en su oído y la piel de ella se eriza. — He deseado e imaginado tantas veces tocar tu pelo de esta manera... besarte...
—Tú... ¿Qué...?
—Sueño contigo gran parte del tiempo, despierto y dormido — Admite y le besa el cuello.
—¿Qué... qué clase de sueños...?
—Algunos bonitos... otros indecorosos como para que una dama los oiga.
—Yo... — Más roja aun — Leo erótica, ¿recuerdas?
Ichigo se ríe ronco y bajo.
—Cómo olvidarlo. — La besa otra vez, uno corto. — Quiero que lo entiendas Orihime, no me importa que no puedas tener hijos, quiero una vida contigo y me importa una mierda lo que el resto piense.
—Ichigo...
—Ya sabes que soy terco. — Otro beso. — Y no voy a parar hasta que me digas que sí. — Otro más. — Hasta que admitas tus sentimientos por mí.
Y al besarla una vez más, Orihime se rinde rodeándole el cuello con sus brazos y se vuelve receptiva a su toque y labios.
Las flores que adornan el vestido han terminado arrugadas, algunas tiradas ya en el suelo por las manos de Ichigo al ir conociendo los senos de la ex condesa, quien respondía solo con gemidos o leves caricias en la espalda bajo el cuello de la camisa. Luego el heredero se concentró en los lazos que hay detrás del vestido con el fin de bajárselo sin quitarle importancia a los labios femeninos.
Orihime siente la suavidad del colchón en la espalda y recupera algo de sentido común, dándose cuenta que está en la cama de cintura para arriba, las piernas torpemente colgando en el borde e Ichigo sobre ella, evitando aplastarla con un antebrazo y una rodilla; su vestido enrollado en la cintura y el corpiño blanco expuesto. Se pone más roja aun pero en vez de cohibirse y dar un paso atrás, agarra la camisa del heredero y lo jala queriendo deshacerse de la prenda por arriba del cuello.
Después de todo fue una mujer casada, por lo que ya sabe lo que se espera en la cama (tanto por las explicaciones de su madre como su propia experiencia).
Sin embargo, ni toda la experiencia le preparo para ver (otra vez pero más cerquita) los músculos anchos y bien trabajados de Ichigo. Le recuerda mucho las estatuas en el palacio, todo perfectamente cincelado, incluso las cicatrices; quizás se lo ha ganado con el entrenamiento militar o en algunas de las batallas en las que ha estado. Como artista le dan ganas de agarrar su cuaderno y pasar horas dibujando aquel cuerpo masculino... y como mujer tiene ganar de tocar todo con dedos y uñas.
—¿Estas segura que quieres seguir?— La pregunta de Ichigo la sorprende y conmueve en partes iguales.
—Creo que fui clara quitándote la camisa.
—Quiero que te sientas cómoda en todo momento, incluso en las decisiones que quieras tomar.
Ella le sonríe agradecida y otra vez lo abraza del cuello, atrayéndolo a otro beso.
El vestido al fin termina en el piso, aunque aún le queda el corpiño y la corta enagua que es una falda de seda que Ichigo se lo baja y encuentra un calzón color blanco que se va junto al corpiño. El heredero se queda contemplando la obra de arte que encontró bajo toda esa ropa muy embelesado que pone nerviosa a la divorciada.
Hace mucho que no la ven con tanto anhelo.
—Eres hermosa — Con una mano acaricia la cadera y va subiendo despacio hasta sus senos, acariciando un pezón. — Perdóname por haberte imaginado mucha veces desnuda...
—Tú... ¿Qué...?
—... y debo decir que la realidad supero mi imaginación.
Ella se sonroja mucho más, por la vergüenza de haberle oído decir eso y porque había hecho lo mismo un par de veces desde que le vio el pecho desnudo.
Entonces se da cuenta que el heredero se está desabrochando el pantalón y los calores van creciendo; y al pillar el pene erecto abre la boca en asombro a pesar que no tiene nada que envidiarle a su ex marido, no se esperaba que hubiese otro con la misma medida y grosor más o menos ya que su padre le ha dicho que los penes son distintos como los culos (sí, esas fueron sus palabras textuales).
Ichigo la sujeta de la espalda baja y la alza un poco con el fin de acomodarla mejor en la cama, dejando una pierna rodeándole la cadera.
—Sospecho que ha sido mucho tiempo en que se ha encontrado en esta posición. — Murmura apenas, conteniendo sus propios impulsos de reclamarla con lujuria. Debe ser calmado y paciente con ella, al menos la primera vez. La ve asentir con el labio mordido, conteniendo el gemido que quiere salir porque la punta del pene le acaricia el clítoris. — Le prometo que intentare que le duela lo menos posible.
Ella asiente de nuevo y él se inclina a besarla otra vez, con las lenguas participando ahora. Se apoya del colchón de nuevo con un antebrazo, mientras su mano libre le frota el clítoris y el interior de su coño, oyéndola gemir apenas porque los besos amortiguan el sonido.
Le concedió un orgasmo, Orihime abre los ojos sorprendida mientras arquea su espalda y suelta un gritito, apegándose más a Ichigo y tratando de asimilar aquello que la sacude por completo como una placentera carga eléctrica. Jadeando ya con la consciencia de vuelta dirige su vista a su enamorado, quedando bajo el hechizo de sus ojos color chocolate y de esa sonrisa ladina que le provoca otra descarga en la columna.
—¿Se ha sentido bien?— Bromea él y Orihime por la pena le da un palmazo en el brazo. Lejos de molestarle se echa a reír, bajo, y le besa la mejilla.
La oye gemir, de seguro porque había metido la punta. Las uñas de Orihime se le clavan en el cuello pero no le reprocha, el dolor no es nada comparado a lo que está sintiendo por su pene cada vez más adentro de la vagina. Se le escapa un chillido por el último trecho que la invade de una estocada y se aferra más a él.
Definitivamente ha pasado tiempo.
Ichigo se mueve despacio, tanteando el terreno por no querer lastimarla más de lo necesario, pensando otra vez que la realidad ha superado su imaginación, especialmente esas noches que ha buscado calor con una de burdel y su mente recreaba a la hija del barón. El tono de los gemidos le ayuda a decidir en qué momento aumentar la velocidad, sin embargo no ha ido todo lo rápido que quisiera sus instintos al oírla llegar a otro orgasmo por respeto a ella.
Le besa el cuello mientras Orihime se recupera y le da luego más amor hasta que cayó dormida por agotamiento.
