Buenos días lectores!
Estaba decidida a esperar que los problemas de fanfiction se solucionaran antes de subir el epilogo, pero asi como pinta la cosa la verdad es que si sigo esperando esto se hará eterno xd.
Agradezco el apoyo que me han brindado en mi nueva página de facebook! Me ha sorprendido gratamente el cariño que he encontrado allí. Les recomiendo que si aún no me siguen corran a hacerlo, porque encontrarán adelantos de nuevas historias y avisos de cuando actualice. Me llamo franimoonlight, tal y como aqui jeje.
así que finalmente, "El extraño lazo que nos une" llega a su fin, pero también es la oportunidad para un nuevo comienzo y nuevas historias que se vienen pronto
Muchas gracias por seguirme hasta el final:
- Kayla Lynnet: Ha sido intenso terminar de escribir esta historia, me encantaría tener mas tiempo para haber actualizado mas seguido, pero bueno, agradezco que hayas llegado a mis historias y lo hayas disfrutado! Agradezco que me apoyes tanto y que esperes con ansias lo que se viene! Un abrazo.
- joiscar: Muchas gracias! Finalmenteeeee estan juntos, después de tanto drama y sufrimiento dios mio, si que ha estado intenso. Gracias por acompañarme capitulo a capitulo, ha sido un camino largo, pero pronto comenzamos uno nuevo! Y te prometo que disfrutaras la historia que vieje tanto como esta. Un abrazo enorme!
- Rosa Taisho: Ñiiiii me encanta leerte por aqui! Ahora que he abierto una pagina finalmente me siento aún mas cercana a todos ustedes, asi que estas ultimas semanas me he sentido muy muy contenta. Inuyasha finalmente se ha dado cuenta de que estaba siendo un idiota y se ha rendido a amar a Kag, amo los finales felices jiji. Nos vemos en la proxima historia!
- kcar: De vez en cuando también vuelvo a releer tu eres el objetivo, la verdad es que hasta ahora sigue siendo mi creación favorita jaja. Este epilogo viene cargado de emociones también, lo que me parece justo y necesario para culminar. Nos volveremos a encontrar muy pronto! Hay un proyecto que ya esta en marcha juju. Un abrazote!
- XideVill: Me encanta que te encante! La verdad es que adoro esto de escribir esa conexión que describes entre ambos protagonistas, es algo que me he esforzado por lograr y amo que lo notes. Nos leeremos en un próximo proyecto! Espero no perderte de vista.
-
- Marlenis Samudio: muchas gracias por todo! Fue complejo crear el ultimo cap antes del epilogo, idear una escena perfecta donde ambos se dieran cuenta de que en realidad estaban hechos el uno para el otro... Se ha logrado! Pero en realidad ha sido gracias a todo el apoyo de ustedes. Espero que este epilogo te encante tanto como el resto de la historia!
- Angela Inukag: Si, efectivamente están juntos, quedará mas claro con el epilogo. La verdad es que la faceta de mejores amigos entre ambos siempre será muy importante para los dos, a mi parecer esa es la mejor conexión que puedes esperar tener con la persona que amas, una conexión de amor y amistad entremezclada, donde conozcas todo del otro, puedas reir y llorar sin miedo a ser juzgada y que tengas el apoyo incondicional. Ajajaja y por otro lado tranquila, la verdad es que yo amo hacerlas sufrir, porque se que valdrá la pena mientras esperan una reconciliación épica, me encanta como reaccionan a cada cap en sus comentarios, me hace saber que al menos estoy haciendo un buen trabajo si logro hacerles sentir tanto con mis palabras. Con respecto a si me he planteado en algún momento hacer un final no feliz, la verdad es que si lo he hecho. Siempre recordaré particularmente un fic donde Kagome mataba a Inuyasha en un impulso de rabia luego de ser decepcionada por este y abandonada por Kikyo, era un one shot que hasta ahora no he vuelto a encontrar. La verdad es que en un principio fue como QUE ACABO DE LEER, pero luego de leerlo una vez más comprendí que quizas no podría generar un desenlace extremo donde uno de los dos muera, pero si uno donde las cosas se tornaran tan complejas que en realidad no pudieran acabar juntos. Asi es la vida y siento que le daría un toque de realismo adicional. De todas formas si lo creara, probablemente sería un one shot o en su defecto crearía una secuela de un long fic, casi como ir lanzando libros de a poco, donde ambos se reencontraran en algún punto. Aun lo estoy meditando, asique veremos jeje. Espero leerte aqui mismo con mi proxima historia! Un abrazote enorme Angela, gracias por estar siempre aquí.
- Geanery Sandoval Castaneda: Sobre crear historias donde Inu y Kag no queden juntos, la verdad es que si lo he pensado a veces, asi como me encanta el drama se que la vida es asi, y a veces por mas que amamos a una persona la vida nos tiene preparadas cosas diferentes. Si en algún momento lo hago créeme que será un fic corto o en su defecto daré una advertencia al comenzar, asi cada uno de ustedes podrá escoger si leer o no y nos ahorramos corazones rotos y decepcionados :c jaja. Por ahora solo fics felices! Asique tranquila.
- Karii Taisho: Naraku y Kagura no fueron mas desarrollados porque como personajes secundarios creo que no afectaban mucho en la trama, en mi mente ambos siguieron sus caminos por separado de Tomura (obvio porque murió), quizás en el mismo camino de la maldad o quizás reivindicados, al menos con la certeza de que no molestarán mas a Kag jaja. Me alegro que hayas disfrutado la historia! Espero este epilogo te guste de igual manera. Nos leemos pronto!
- Rocio K Echeverria: Creeme que yo también he llorado un poco al releer lo que he escrito. Es que me encanta esto de crear Inuyashas y Kagomes que se aman en distintos universos :c ajajajaj. Me alegra que disfrutaras tanto la historia, todos nos hemos enamorado de esta versión nueva de Sesshomaru, una mucho mas cercana y que definitivamente volveré a crear en algun fic futuro. Inuyasha también ha logrado encantarme mas que en otras de mis creaciones, en parte porque tal y como dices hemos visto que maduró con creces (y en el epílogo se nota mucho más jaja) y porque fue mucho mas cercano a Kag desde el principio. Se vienen nuevas historias, con drama y sensualidad multiplicada, tu solo espera un poquito más jajaja. un abrazo Rocio! Muchas gracias por tu apoyo aqui y en mi página, no nos conocemos en persona, pero yo ya te siento como una amiga.
- Guest: Bienvenida! Que alegria leerte, muchas gracias por valorar mis historias, estaré publicando una nueva muy pronto. Un abrazo!
- Susanisa: Muchas gracias hermosa! Me encanta tenerlos aqui a todos, leyendo cada locura que se me ocurre. Sesshomaru se ha ganado el cariño de todos en este fic XD la verdad es que me encanta. Muchas gracias de nuevo y nos seguiremos encontrando! Es una promesa.
- Karisho LeMar: Ñaaaaaa que bueno que te encantó! Muchas gracias por leerme. No te preocupes que se vienen muchas mas historias para que sigas leyendo. Mucho amorcito para ti!
- Cindy Osorio: AJAJAJA ufff, los lemon son una cosa complicada de crear, amo escribirlos, pero creo que de todos los fragmentos de mis historias, son las únicas escenas que no vuelvo a releer, porque en verdad me da un poco de vergüenza después. Confirmo en que la vida de adulto esta dificilisima, apenas hay tiempo y hay que cumplir con obligaciones aburridas, pero weno, lo importante es seguir encontrándonos, aunque sea cada cierto tiempo. Te dejo el epilogo para dar cierre definitivo y seguimos avanzando! Un abrazo.
Como advertencia este cap esta escrito en primera persona dirigido a un "tú", pero en tiempo presente, algo distinto a lo que he hecho en todas mis otras historias, en parte porque quería probar nuevos rumbos y en parte porque fue la única manera que encontré de lograr el objetivo que quería: donde se notara que ambos le hablan a la Kagome y al Inuyasha del pasado, de una manera mucho mas intima.
Ambos siguen recordando los tiempos donde eran mejores amigos y este epílogo es como si le hablaran a ellos en primera persona, "sus mejores amigos del pasado", mientras viven las vivencias del presente.
Está dividido en dos partes:
- Epilogo parte l: A ti, mi mejor amiga del pasado.
- Epílogo parte ll: A ti, mi mejor amigo del pasado.
Muchas gracias por acompañarme, muchas gracias por estar siempre aquí.
Un abrazo enorme
Frani.
Epílogo.- A ti, mi mejor amiga del pasado.
Inuyasha
La luna apenas ha alcanzado lo más alto en el cielo, la noche es oscura y está llena de misterios, sin embargo incluso así, tu piel logra destacar con brillo propio y me siento en el lugar correcto. Te veo reír frente a mi, y me pregunto si seré tan afortunado de disfrutar ese regalo el resto de mis días.
– Esta es la Kag que buscaba de vuelta, he ganado. - De inmediato frunces tu ceño y me miras molesta. - ¿O es que prefieres seguir llorando por ese idiota?
– No, en realidad detesto llorar… gracias por distraerme.
Me sonríes con la mirada, el chocolate es apenas visible entre tus ojos entrecerrados y entonces de pronto en el silencio hay una pequeña conexión distinta entre los dos, algo que saca chispas en mi interior. Luego de unos segundos despiertas del hechizo, sacudes tu cabeza y vuelves a mirarme, aunque un poco más nerviosa de lo habitual.
– ¿En qué estábamos? - Preguntas.
– Me estabas mencionando lo buen amigo que soy y como me amas por eso. - Me sonríes y asientes.
– Cierto. - Un llanto suena a la lejanía y tu sonrisa se amplía aún más. - Oh oh… El deber llama, creo que tu cachorra te necesita.
¿Cachorra?
Intentas decirme algo, sin embargo ya no logro escucharte.
'
Despierto en la penumbra de la habitación, con el ruido de un llanto suave a lo lejos, un sonido característico que mis oídos reconocen demasiado bien, los párpados me pesan y los abro con dificultad, sabiendo que tengo el deber de levantarme lo antes posible. Lo primero que veo es tu hermosa silueta al estirarse lentamente, delineada a contraluz de la luna.
– ¿Otra vez? - Mi voz somnolienta suena ronca.
– Duerme, yo me encargo. - Exclamas y cuando intentas ponerte de pie, yo tomo tu mano para arrastrarte a la cama una vez más. Doy un beso en tu frente y me miras sin comprender.
– Voy yo, tranquila. - Me pongo rápidamente de pie y camino hacia la habitación contigua.
– ¡Avísame si me necesitas! - Exclamas antes de volver a caer rendida.
No puedo culparte por ello, entre los dos tú eres la que menos ha podido descansar. La causa de ello llora con intensidad en su cuna, sorprendiéndome una vez más con la capacidad ilimitada de sus pulmones, sin embargo se detiene en el instante en que me apoyo en el borde y la miro con atención.
Sus ojos atentos e idénticos a los míos me miran fijamente, un poco vidriosos por sus lágrimas.
– Buenos días para tí también, Moroha. - Una pequeña sonrisa aparece en su rostro, aún mojado por las lágrimas.
Sus pequeñas manos se estiran hacia mí, mientras me ruega con la mirada.
– Sabes que no puedo tenerte en brazos todo el tiempo cachorra, tu abuela dice que no debo malcriarte. - Me mira sin comprender y su labio inferior se contrae en un indicio de que volverá a llorar. - Okey, que importa lo que diga tu abuela, ven aquí.
La tomo entre mis brazos con la extrema delicadeza de que mis garras no alcancen a tocar su piel, siento el peso ligero de su cuerpo y la calidez que emana, junto con ese aroma característico a bebé, una mezcla entre dulce y leche. Se aferra con sus diminutos dedos a mi camiseta de dormir y se queda allí, tranquila y serena, mientras los latidos de su corazón se calman poco a poco y yo me sumerjo en un vaivén tranquilo mientras la abrazo.
Si alguien me hubiera dicho hace algunos años que mi vida daría un giro en 360 grados, para lanzarme de golpe a una realidad donde mis noches consistirían en mecer a un bebé para dormirlo, probablemente no lo habría creído. Nadie lo habría creído. Incluso tú te habrías burlado de mí.
– Necesito que duermas y dejes descansar a mamá, ¿Puedes hacer eso por mí? - Me mira fijamente, sus ojos dorados brillan cálidos, con toda la atención que un ser de apenas seis meses puede darme.
Sé que no me contestará, pero le doy su tiempo para hacerlo, mientras sólo balbucea sonidos poco comprensibles como justificación. Poso mi dedo sobre su pequeña nariz, donde ya han comenzado a aparecer unas cuantas pecas heredadas de su madre. No puedo evitar soltar una risa ronca cuando sus ojos intentan mirar mi dedo y fallan miserablemente en el intento.
Permanezco allí por unos minutos hasta que finalmente veo sus ojos cansados y somnolientos una vez más, cerrándose contra su voluntad. La dejo en su cuna nuevamente con extrema lentitud y la arropo con su manta, me quedo allí por unos minutos, mirándole fijamente hasta que su respiración se vuelve acompasada.
Cierro la puerta tras de mi y camino de vuelta a nuestra habitación intentando levitar para no hacer ruido, allí estás tú, sentada con los ojos cerrados en tu lado de la cama, obligándote a permanecer despierta aún cuando dije que yo me encargaría, sonrío ante tu habilidad maternal innata, porque sé que podrías estar muriendo y aún así tu prioridad número uno seguiría siendo Moroha.
– Pensé que dormías. - Exclamo.
– No puedo si no estás a mi lado. - Sonrío al darme cuenta de que madre e hija se parecen cada vez más.
Me recuesto a tu lado y te subes a horcajadas sobre mí, abrazándome con tus brazos y piernas mientras reposas tu mentón en mi pecho.
– ¿Moroha está bien?
– Solo necesitaba un poco de atención adicional. - Y ahí nuevamente tu risa me hace sonreír como un idiota.
– Supongo que por eso tu madre nos ha dicho que no debemos tomarla tanto en brazos.
– No me arrepiento de nada. - Subes hasta alcanzar mi rostro y lo enmarcas entre tus manos. La calidez de tu piel me hace cerrar los ojos, mientras subes lentamente hasta alcanzar la raíz de mis cabellos y peinarlos con suavidad.
Ahí es cuando me doy cuenta de lo cansado que estoy, pues comienzo a quedarme dormido contra mi voluntad.
– He soñado contigo. - Susurro contra tus labios, mientras das besos cortos sobre los míos.
– ¿Qué soñaste?
– La Kag del pasado ha venido a visitarme. - Sonríes.
– ¿Debería ponerme celosa? - Preguntas.
– Definitivamente deberías, no has visto como me coquetea, es una descarada. - Tu risa me hace reír a la par.
– La Kag del pasado fue un poco lenta.
– ¿Lenta?
– Debió conquistarte y atraparte desde el principio. - Bajo mi rostro a tu cuello e inhalo profundamente tu aroma. Cuando exhalo contra tu piel tu cuerpo se estremece sutilmente contra el mío.
– En realidad me tuvo desde el principio. - Susurro y deposito un beso casto sobre tu yugular.
Tu corazón late a la misma velocidad, pero su sonido se torna más potente, como si de manera inconsciente te prepararas para mí, aumentando la presión sanguínea en tus venas. Comienzo a salivar y rozo apenas tu piel con mis colmillos. Cuando finalmente muerdo y perforo, un suspiro abandona tus labios en el momento exacto en el que el sabor ferroso de tu sangre explota en las papilas de mi lengua. Un gemido rebelde muere en mi garganta, mientras te aprieto entre mis brazos y mis dedos se enredan en tu cabello, jalando tu cabeza hacia atrás para darme más espacio.
Probablemente no tenga energías para cualquier otra labor, pero mi cuerpo reacciona al tuyo por cuenta propia. Deslizo mis garras por tu espalda en un camino descendente sin dejar de saborearte, disfrutando del aroma metálico mezclado con el aroma dulce de tu excitación incipiente.
Te separas abruptamente, la sangre corre en hilillos desde tu herida hacia tu escote. Mis manos se mueven de forma inconsciente a tus pechos, envolviéndolos con mis manos por sobre la tela. En efecto inmediato tu espalda se curva y un gemido bajito abandona tu garganta, justo antes de pegar tu boca a la mía con desesperación. Y así, sin mayor esfuerzo la pasión explota entre los dos, jadeo al sentir tu lengua rozar la mía y tus muslos ajustar su agarre a mis caderas. Mi miembro da un tirón y roza contra tu entrada, aumentando nuestros latidos erráticos al instante.
Podría pasar toda mi vida en esto y en realidad lo disfrutaría cada vez de la misma forma. Ha sido difícil encontrar tiempo para los dos y sé que eso nos hace extrañarnos incluso cuando estamos uno al lado del otro. Siento la desesperación de tu cuerpo por el mío, siento la humedad crecer entre tus piernas y tu respiración entrecortada entre nuestros besos impacientes.
– Siempre tan mojada por mí, Kagome... - Susurro y el rojo invade en trazas tu iris color chocolate. - ¿Me extrañas un poco?
Enderezas tu postura sobre mí, apoyando tus manos sobre mi pecho para darte estabilidad. Un pequeño vaivén de tus caderas contra las mías y el roce sensual me hace cerrar los ojos con fuerza mientras gruño y mi cabeza cae hacia atrás.
– ¿Me extrañas tú? - Preguntas y no puedo evitar sonreír.
Me incorporo para abrazarte a mi cuerpo.
– Todo el tiempo… - Me muevo hacia tu oído izquierdo y muerdo el lóbulo con suavidad. - Incluso cuando ya estoy dentro de ti.
Nos separamos un poco para mirarnos fijamente en la oscuridad, sin tocarnos más de lo necesario, sólo compartiendo aquel momento íntimo entre los dos.
– Te amo mucho. - Susurras.
– Yo te amo más.
Mis labios buscan los tuyos, en roces suaves y esquivos, aumentando la tensión sexual y las ganas de devorarnos de una sola vez. El único ruido en nuestra habitación es el de nuestras respiraciones agitadas. Mis manos se mueven por tu cabello, desenredando hebras azabaches y liberando ese aroma a vainilla que me encanta. Bajo por tu espalda y tu cuerpo se estremece una vez más contra el mío, tu respiración se vuelve más pesada mientras avanzo hasta tus caderas, desde donde te tomo con fuerza, disfrutando del quejido ahogado cuando mis garras rompen tu piel. Aumento la presión de tu entrada contra mi miembro y entonces ya no puedo detenerme. Nos movemos en un vaivén sincronizado, un jugueteo que a ambos nos encanta. Tus manos se mueven desesperadas por el cuello de mi camiseta, jalándola a tirones hasta romperla en dos trozos de tela inservibles. Suspiras cuando tus palmas se posan sobre mi corazón y entonces me empujas contra la cama.
Bajas en besos cálidos por el ángulo de mi mandíbula hasta llegar a mis pectorales, donde sigues besando y avanzando con cariño. Muevo tus bragas hacia un lado cuando la desesperación de cogerte se me hace un poco difícil de llevar. Mis dedos rozan tus pliegues justo antes de adentrarse en ti en movimientos rítmicos. Tus gemidos se mantienen bajos, probablemente por miedo a despertar a la criatura en la habitación contigua.
Giro sobre mi propio eje para dejarte bajo mi cuerpo y me doy el tiempo de admirarte; tu cabello desordenado se desparrama sobre la cama, creando un contraste atractivo contra las sábanas claras. Tus ojos chocolate se roban toda mi atención, cuando trazas de rojo oscuro los invaden poco a poco hasta tornarse completamente rojizos. Caigo hipnotizado en la imagen encantadora de tu boca entreabierta para respirar y tu pecho subiendo y bajando de forma superficial.
Me cuesta creer que un ser tan perfecto y único me ame tanto, me cuesta creer que alguien como yo sea merecedor de alguien como tú.
– Cásate conmigo. - Las palabras abandonan mis labios en un susurro impulsivo e inconsciente, como una sinfonía que ha resonando de forma constante en mi cabeza, probablemente desde el momento en el que nos conocimos.
El rojo desaparece y el chocolate regresa, me miras sorprendida y un poco confundida. Tiene sentido, no es la mejor elección de momento para pedirte algo así de importante.
Estiro mi mano para acariciar tu mejilla y tú te apoyas buscando el calor en mi toque por unos segundos, justo antes de abrazarme por el cuello y atraerme hacia ti para besarme una vez más. Tu lengua se entrelaza con la mía y nos arranca a ambos suspiros suaves. Tu frente se pega a la mía y tu corazón late con fuerza.
Sé la magnitud de mis palabras y comienzo a sentirme nervioso, cuando sé que es una realidad y que no hay vuelta atrás, que mi alma te añora y necesita como compañera eterna.
– ¿Eso es un sí? - Pregunto. - No tengo un anillo para ofrecerte, la verdad es que no lo tenía tan planeado. - Tu risa suave me relaja mientras acaricias mi rostro.
– ¿Estás seguro Taisho? Casarse es algo bastante importante. - Me río con tu comentario.
– ¿Bromeas no? Nuestra hija está en el cuarto de al lado, eso ya es bastante importante. - Me sonríes.
– Inuyasha Taisho no se enamora ni se compromete… - Me encojo de hombros.
– Me parece que quien ha logrado todo eso se ha ganado el derecho de reclamarme como esposo. - Me miras fijamente.
– Sin arrepentimientos.
– Jamás los he tenido, no cuando se trata de ti.
Me respondes con un beso adicional, aunque este es más hambriento y desesperado. Buscas mi miembro entre nuestros cuerpos abrazados y lo sujetas con una de tus manos, en un movimiento constante, preparándome una vez más para ti.
Te he sentido mil veces, he sentido la calidez y la estrechez de tu interior, sin embargo cuando me hundo en ti de una sola estocada esta vez es distinto, se siente distinto. Se siente distinto el roce desesperado y profundo entre los dos, se siente distinto el placer al recorrer mi cuerpo. Tus ojos me miran diferente mientras nos movemos en un vaivén lento y es como si todo el amor que ya sentía por ti se hubiera hecho aún más grande, más intenso.
Bajo a tu cuello y recorro el trayecto de tu yugular con mi lengua, dejando un trazo húmedo sobre tu piel. Los gemidos y gruñidos se mezclan en la oscuridad e intento controlarme, sin embargo el calor se acumula en mi vientre bajo y la situación se me escapa de las manos.
Como si lo hubiéramos planeado ambos mordemos al mismo tiempo el hombro del otro y entonces sin previo aviso explotamos en un orgasmo coordinado y tan potente que nubla mi visión por un instante y me hace arrugar las sábanas entre mis puños. Un hormigueo placentero recorre mi espalda mientras me libero en tu interior y bebo un poco más de ti. Lamo los cortes y permanezco allí, escondido en mi lugar favorito, mientras siento los pequeños espasmos de tu cuerpo bajo el mío y tu respiración entrecortada al superar poco a poco la explosión intensa del clímax. Me separo un poco para observarte y entonces noto tus ojos rojizos y demoníacos una vez más. La nueva marca que nos une arde en mi hombro por unos instantes y me recuesto a tu lado, atrayéndote a mi cuerpo en un abrazo posesivo.
Porque eres mía… sólo mía
y yo mi querida enana… yo soy tuyo para siempre.
'
A ti, mi querida Kagome del pasado, mi mejor amiga, mi compañera de locuras. A ti que siempre invades mis sueños para recordarme todo lo que fuimos y todo lo que seremos juntos. Si alguna vez te preguntaste en un arranque de locura si seriamos buenos padres, te confieso que no ha sido fácil, pero puedo decir con orgullo que lo hemos logrado. Que probablemente asesinar gente por dinero siempre será más sencillo que criar un hijo y que ahora apenas podemos dormir un par de horas al día. Sin embargo seguimos de pie, porque Moroha es aquel trocito de vida que jamás esperamos concebir y que sin embargo se ha robado nuestro corazón desde el primer día.
Verla crecer y ser una mezcla perfecta de ambos es una experiencia que ha añadido capas de color y significado a mi existencia, llenándome de un amor incondicional e irracional, algo distinto a todo lo que sentí antes, la sensación constante y permanente de que quemaría y mataría hasta el último indicio de vida en el planeta por ella, por ti… Por nosotros.
Quiero que sepas que hemos perdurado ante la adversidad y que nuestro amor sigue inquebrantable. Que cada lágrima que corrió por tu mejilla en el pasado valió la pena y que cada pelea y frase hiriente entre los dos tuvo un motivo de ser. Quiero que sepas que te amaré el resto de mis días y que incluso en otra vida volveré a encontrarte...
Porque el lazo que nos une es increíblemente extraño, pero a la vez inquebrantable.
'
Epílogo parte II.- A ti, mi mejor amigo del pasado.
3 años después.
Kagome
Si buscara una descripción rápida para aquella bodega abandonada a las afueras de la ciudad, probablemente escogería las palabras "laberinto" y "oscuro" como principales adjetivos. Mis pasos resuenan demasiado intensos en la penumbra al avanzar, mientras mi mano derecha se aferra a mi daga de plata favorita. A mi lado, tu caminas con determinación silenciosa, la confianza en ti mismo reluce como siempre en tu postura, asi como tambien la determinación absoluta, preparado para defenderme a muerte o arrancar el corazón del primer idiota que decida aparecer, lo que suceda primero.
El aire se torna cada vez más pesado, a nuestro alrededor las cajas apiladas y barriles limitan demasiado la visión. Aún así sé perfectamente que no estamos solos, porque puedo sentir el aroma de nuestros enemigos entremezclado con el de la humedad y el encierro.
– No hay nadie aquí. - La voz de Sota a mis espaldas me sobresalta por un instante.
– Shh.
– Pero…
– Eres mi cuñado Sota, pero te juro que reventaré tu cabeza contra el suelo si sigues hablando. - Amenazas en un susurro bajo. - Es mejor si nos dividimos, iré con Kag por el ala izquierda, tu ve con Miyo hacia la derecha.
Mi hermano asiente y toma de la mano a su mejor amiga, dirigiéndose en pasos silenciosos hacia el otro extremo del lugar.
– ¿Crees que es buena idea dejarlos solos? - Pregunto.
– Creo que es necesario para que comprendan que esto no es un juego.
No alcanzamos a avanzar mucho más cuando el aire cambia de dirección y distingo dos sombras que emergen de la nada frente a nosotros, más oscuras que el resto del lugar. No necesitamos palabras para coordinarnos, el cruce de nuestras miradas siempre es suficiente. El sonido de mi daga al cortar el aire rompe el silencio de forma abrupta hasta alcanzar su objetivo, y para entonces tú ya estás en acción, avanzando directamente hacia el peligro.
– Inuyasha…
– Lo sé. - Me interrumpes. - Si me muero me matas, ¿Eso es lo que siempre dices, no? - Tu sonrisa torcida destaca en la penumbra al mirarme por sobre tu hombro hacia atrás y sonrío.
Llevo más de diez años trabajando a tu lado, y aún así tu agilidad es algo que no termina de sorprenderme. Avanzas con rapidez sobrehumana a través de los obstáculos, en movimientos tan coordinados que te hacen lucir como una sombra letal danzando entre las cajas. Abundantes disparos resuenan en una respuesta tardía de nuestros objetivos, interrumpiendo la penumbra con pequeños destellos esporádicos provenientes de los cañones de sus armas; el olor a pólvora se hace protagonista y puedo volver a respirar con tranquilidad cuando tu risa burlesca hace eco a nuestro alrededor.
– Siempre tan lentos, siempre tan predecibles… - Tus garras se adentran con facilidad en el pecho de tu primera víctima, arrancando su corazón como si fuera un estorbo y lanzándolo al suelo en el acto. El aroma a mi alrededor se llena de miedo cuando el resto de nuestros objetivos comprenden finalmente a que se están enfrentando.
Te veo esquivar cada una de las balas que viajan en tu dirección con destreza, nuestros sentidos agudizados por la adrenalina, aquella emoción que nos encanta a ambos. Me muevo entre las sombras para ayudarte, sintiéndome como el depredador que caza a su presa, anticipando cada movimiento de mis objetivos y cada latido rápido del corazón que se aloja en tu pecho, amor de mi vida.
Preocupada de que siga latiendo, siempre latiendo.
Luego de un par de patadas, golpes de puño y cuellos rotos tomo la pistola de la funda que se pega a mi muslo izquierdo. Mis dedos aprietan el gatillo una y otra vez, disfrutando de los quejidos ahogados de cada uno de nuestros enemigos. Tú y yo funcionamos perfecto porque lo disfrutamos en una complicidad única, como dos piezas de un rompecabezas mortal que encajan a la perfección.
Al terminar con tu lado pegas tu espalda cálida a la mía y el silencio a nuestro alrededor me permite escuchar nuestras respiraciones agitadas. Tu mano enguantada en cuero negro se enreda con la mía.
– Unos minutos más y nos vamos a casa. - Musitas agitado. - ¿Qué quieres cenar hoy?
Disparo en un par de oportunidades más antes de responder.
– ¿Ramen?
– Suena perfecto para mí.
Un grito femenino de dolor se escucha del otro lado del lugar y ambos nos miramos con preocupación, de inmediato un suspiro de preocupación escapa de tus labios.
– Ve, yo estaré bien aquí. - Exclamas y yo asiento. - Te advierto que si algo te sucede, si hay un mísero rasguño en tu piel no habrá ramen para tí, señora Taisho. - Sonrío.
– Quiero postre también.
– Hmm, espero que tengas la misma idea de postre que yo. - Exclamas en un tono sugerente y continuas en lo tuyo.
Corro hacia el ala contraria y me permito mirarte por sobre mi hombro una última vez. Soy testigo de tus movimientos perfectos, una mezcla de gracia y ferocidad, el caos forjado en un solo ser, ejecutando golpes y patadas con precisión mortal. Puedo escuchar un par de mandíbulas crujir y los golpes secos de los cuerpos de sus dueños contra el suelo antes de perderme entre las sombras.
Al llegar al otro extremo veo a Sota pelear con todas sus energías a unos cuantos metros, su mirada inyectada en rojo mientras Miyo esta sentada en un costado, lejos del caos y apoyando su espalda contra la pared. Corro hasta ella y me agacho a su lado, el aroma ferroso de su sangre me molesta en la nariz.
– ¿Dónde? - Pregunto mirando su cuerpo.
– Mi pierna. - Asiento y veo el corte profundo y sangrante.
Hago presión con una de mis manos y muerdo la muñeca de la otra, la que extiendo hacia ella mientras me mantengo alerta, después de todo ambas somos blancos fáciles si me distraigo por un segundo. Siento sus colmillos clavarse en mi piel y succionar con fuerza. Tomo eso como una buena señal.
– ¿Mejor? - Asiente con los ojos cerrados. - Quédate aquí, yo ayudaré a Sota. - Sólo entonces su mirada se relaja y sé que al igual que yo, ella pone la vida de su mejor amigo por sobre la suya.
Reviso el cargador de mi arma, tiene apenas dos balas y eso no es suficiente. La dejo sobre su regazo y ella me mira con el ceño fruncido.
– ¿Me dejas tu única arma? Inuyasha va a matarme si te dejo así de indefensa. - Suspiro.
– Puedo defenderme mejor con mis garras. - Sonrío. - Todo estará bien, confía en mí.
La verdad es que no estoy tan segura de lo que afirmo, además de los nuestros aún puedo sentir al menos tres corazones evocando latidos descoordinados a nuestro alrededor, tres respiraciones agitadas, tres cabezas por cortar.
En un giro inesperado de las cosas, uno de ellos se abalanza contra mí y utilizo su propio impulso a mi favor, enviándonos a ambos al suelo en un ruido seco. Aprieto su cuerpo bajo el mío con mis muslos y doy un par de golpes de puño directos a su rostro.
– ¡Hermana! - Al verme en apuros Sota me lanza uno de sus cuchillos. Levanto la mano para atraparlo y lo entierro de una sola vez en el pecho de mi contrincante, sonriendo cuando veo sus ojos apagarse poco a poco.
Siento una presencia a mis espaldas, pero es demasiado tarde para esquivar lo que sé que viene. Una mano toma mi cabello en un manojo y me jala con violencia hacia arriba, a la vez que su antebrazo libre me aprieta el cuello con fuerza. El aire comienza a escasear rápidamente en mis pulmones. Miro a mi alrededor buscando ayuda, sin embargo Sota esta en su propia batalla y Miyo ni siquiera es capaz de incorporarse.
– Suéltala. - Tu gruñido ronco hace eco a nuestro alrededor y sólo entonces miro hacia mi costado, desde donde te veo apuntar a mi atacante con tu propia arma de fuego. El ruido del seguro al ser quitado me provoca escalofríos.
Tal y como espero el sujeto se esconde tras mi cuerpo para utilizarme como escudo. A la vez aprieta más su agarre contra mi cuello y mis garras se clavan en reflejo sobre sus antebrazos, intentando ganar el derecho de respirar una vez más.
– ¡No, tu baja el arma, puedo quebrarle el cuello en un solo movimiento! - Tus ojos arden en rojo sin despegarse de los míos, pones atención a sus palabras, pero no lo miras en ningún momento.
– Okey. - Levantas tus manos. - Sin armas… - La pistola resbala de tus dedos y suena en eco contra el suelo. - Pero devuélvemela, ahora. - Ordenas mientras extiendes una de tus manos hacia mí.
Intento valerme por mí misma, sin embargo la falta de oxígeno me debilita a pasos agigantados, para entonces incluso mi visión se torna un poco borrosa. El agarre se hace más fuerte y una risa tosca del sujeto a mis espaldas me hace comprender que no tiene intención de dejarme ir.
– Tú y tus amigos hicieron una masacre con mis colegas… Yo creo que voy a disfrutar acabar con tu vida. - Musita contra mi oído.
El ruido de un disparo sordo me hace cerrar los ojos a la vez que aprieto mis dientes por un dolor agudo en mi hombro izquierdo, sin embargo la fuerza que presiona mi cuello cede y el sujeto emite un quejido ahogado.
La garganta me arde y toso compulsivamente al recuperar el aliento. Dentro de todo el caos distingo a Miyo, apuntando hacia mí con el arma que yo le he dejado y sonrío. Todos sabíamos que disparar al sujeto mientras me utilizaba como escudo era una decisión arriesgada y estoy completamente segura que entre mi hermano, tú y ella, ella es la única con la valentía suficiente para ejecutarla.
– ¡Lo siento Kag! - Grita y su voz se escucha en un eco lejano.
En un abrir y cerrar de ojos tus garras rasgan la garganta del sujeto, creando un espectáculo sangriento y a la vez satisfactorio. Intento dar un paso hacia ti, sin embargo mis pies fallan y pierdo el equilibrio. No alcanzo a tocar el suelo, porque tal y como espero tus manos se aferran con fuerza a mi cintura antes de que suceda. Me acunas contra tu pecho como sueles acunar a Moroha y muerdes la palma de tu mano para luego pegarla a mi boca.
– No no no. - Das un par de palmaditas suaves sobre mis mejillas. - Sin dormirse, te lo prohíbo. - Exclamas.
Me atoro con tu sangre y escupo un poco sobre tu perfecta camisa blanca.
– ¡Kag! - Puedo sentir la voz de Sota y sus pasos al correr hacia mí.
– Va a estar bien, sólo salgamos de aquí. - Exclamas. - ¿Todo bien Miyo?
– Si, yo estoy bien gracias a Kag, lo siento… - Continua ella en sollozos.
– En realidad te lo agradezco, fue la única decisión correcta, una que yo no fui capaz de tomar. Estoy orgulloso de ti. - Respondes.
En un abrir y cerrar de ojos la oscuridad y el encierro cambian por el aire fresco y la luz sutil de la luna. Me cargas en tus brazos hasta tu auto, donde me apoyas en el capó. Me esfuerzo por respirar a un ritmo pausado, sintiendo mis pulmones arder mientras vuelven a acostumbrarse al oxígeno.
– Sin rendirse o te juro que te mato. - Exclamas y yo sonrío apenas. Intento hablar, sin embargo mi voz es un desastre. - No es necesario enana, no necesitas responder.
Me abrazas a tu cuerpo y escondo mi rostro en tu cuello, disfrutando de tu aroma a perfume varonil. Hundo por instinto mis colmillos en la marca permanente que nos une y me obligo a juntar fuerzas suficientes para succionar y dejar de preocuparte. Tus dedos peinan mis cabellos sin decir nada, llenándome de besos en las raíces mientras tu mano libre sube y baja por mi espalda. Me separo luego de unos minutos, cuando me siento un poco menos destruida.
– Te preocupas demasiado. - Susurro contra tu pecho.
– O quizás no lo suficiente. - Respondes. - Agradezco que salvaras a Miyo, pero no te perdono por lo demás. No hay ramen para ti. - Me rio.
– Deberías estar con ella.
– Ella tiene a su propio cuidador. - Exclamas
Tu teléfono suena de pronto y lo sacas rápidamente de su bolsillo, contestando luego de mirar la pantalla.
– Hola, ya terminamos aquí, yo creo que estaremos por allá en unos... - Interrumpes tus palabras y tu expresión cambia. - ¡¿Qué hizo qué?! - Mis sentidos se ponen en alerta al instante, cuando noto que probablemente hablas de Moroha, sabiendo que es difícil sorprenderte con algo más. - ¿Pero ella está bien? ¿Y Koji?
Rápidamente comienzo a entrar en pánico, los latidos de mi corazón se tornan erráticos y tú lo notas, pues aprietas mis manos con una de las tuyas para calmarme mientras me miras fijo.
– Vamos en camino. - Cortas y suspiras.
– ¿Moroha? - Pregunto de inmediato.
– Nuestra hermosa y curiosa hija ha decidido que hoy era el momento perfecto para jugar con las perillas de la cocina a gas en la mansión. - Mis ojos se abren. - Todos están bien, sólo ha sido una pequeña explosión… nada que yo no haya hecho en mi infancia.
– ¡¿"Pequeña explosión"?! - Grito.
Me aferro a tu camisa para ponerme de pie, sin embargo tus manos fuertes me detienen al instante.
– Amor, todo está bien. - Continuas. Me miras fijamente y la calidez de tus ojos dorados logra calmarme poco a poco. - Necesito que te relajes.
– ¿Y Koji?
– Durmiendo en su cuna, mi padre dice que ni siquiera se ha despertado con el ruido.
Siempre he escuchado que el instinto sobreprotector de una madre puede mover montañas y lo compruebo en ese mismo instante, cuando te empujo suavemente para ponerme de pie y camino hacia mi puesto de copiloto ignorando todos mis dolores. Sota y Miyo se sientan en la parte trasera, en completo silencio.
– ¿Sigues viva MIyo? - Preguntas antes de partir, mientras miras por el espejo retrovisor.
– Lo suficiente para seguir preocupándote. - Sonríes.
– Por supuesto que sí.
Tardamos cerca de 30 minutos en llegar, sin embargo para mi son horas eternas en las que muevo mis piernas inquieta sin parar. Miro mi hombro disimuladamente cuando apagas el motor al estacionar frente a la mansión. Para entonces la herida perforante se ha reducido a un pequeño hematoma gracias a tu sangre y a mi regeneración acelerada.
– De verdad lo siento Kag… - La voz de Miyo llama mi atención desde la parte posterior. Me giro a mirarla, sus ojos están rojos e hinchados de tanto llorar, sin embargo la imagen de su cabeza recargada sobre el hombro de Sota es tan adorable que me hace sonreír.
Un deja vu de lo que habíamos sido tú y yo.
– No pasa nada, me salvaste la vida, una herida en el hombro es insignificante comparada con lo que has logrado. Muchas gracias.
– Pero…
– Sólo preocúpate de sanar pronto, recuerda que tu también tienes a alguien que se preocupa mucho por ti. - Miro a Sota y este finge no escucharme, aunque sus mejillas se tornan más rosadas por un instante.
– La llevaré a casa. - Exclama y de inmediato le extiendes las llaves del auto. - Necesita descansar y lidiar con sus pensamientos.
– Quédate con ella. - Musito y él asiente.
En una situación diferente probablemente me quedaría a su lado, intentando convencerla de que no tiene la culpa de nada, sin embargo tengo asuntos importantes por resolver. Desabrocho mi cinturón de seguridad, abro la puerta del auto y corro hacia la mansión. Visualizo un par de carros de bomberos y una ambulancia estacionada. Mientras más me acerco, más intenso se hace el aroma a gas y a quemado, mientras más me acerco más se estruja mi pecho.
Touga Taisho me intercepta a mitad de pasillo con una pequeña Moroha en sus brazos. Mi hija de tres años, que yo había dejado en casa de sus abuelos con un vestido blanco nieve, ahora lleva el mismo vestido en un tono gris, y su cabello azabache que había peinado en una coleta, va ahora desordenado, con algunas otras manchas grises adicionales en su rostro.
– Touga… - Mi suegro me mira sonriente.
– Todo está bien Kag. - Exclama y yo asiento.
Los hermosos ojos dorados de mi pequeña se encuentran con los míos y una sonrisa adorable invade su rostro.
– ¡Mami! - Estira sus brazos hacia mí y mi suegro la deja en el suelo. En el mismo instante corre en mi dirección para colgarse a mi cuello.
La abrazo con fuerza y la levanto en mis brazos, su aroma está completamente cubierto por el aroma a humo.
– ¿Estás bien? - Asiente escondida en mi pecho y yo suspiro, soltando todo el estrés que guardo en mi interior.
– Lo siento, quería galletas. - Musita.
Su peso se hace poco soportable cuando la adrenalina abandona mi cuerpo. Sin embargo de inmediato apareces a mi lado, quitándola de mis brazos para liberarme.
– Deja descansar a mamá, cachorra. - Exclamas mientras intentas peinar los mechones rebeldes de nuestra hija y quitar los restos de hollín de sus mejillas.
Me recargo en la pared y cierro los ojos cansada, aguantando las ganas de llorar de felicidad para no asustarla.
– ¿Mami está bien? - Pregunta mirándome con preocupación mientras se aferra a ti.
– Por supuesto que sí, pero la has preocupado un montón, eso no está bien. - Exclamas severo. - ¿Hemos aprendido la lección sobre jugar con cosas de adultos?
– No lo haré más.
– Perfecto. - Besas con ternura la raíz de sus cabellos. - Vamos a darte un baño y a dormir, es tarde y ya casi has matado a una familia completa.
Mientras cargas a Moroha con uno de tus brazos, extiendes tu mano libre hacia mí. Me miras en silencio, con la preocupación y una sola pregunta en tus ojos: "¿Estás bien?". Asiento y enredo mis dedos con los tuyos. Te acercas para dar un beso cálido en mi frente y caminamos juntos hacia las escaleras que llevan al segundo piso.
En la habitación que han designado para nuestra familia esta Izayoi, meciendo la cuna de Koji con suavidad. Se gira hacia nosotros y sonríe como siempre.
– ¡Oh! Mi pequeña cocinera. - Hago una mueca de culpa.
– Lo siento Izayoi, no he visto la magnitud de los daños, pero quiero que sepas que pagaremos todo lo q…
– Kagome querida, tranquila, los accidentes pasan y ya viví esto con Inuyasha, cuando decidió hacer lo mismo de pequeño no sólo una vez, sino en tres oportunidades. - Te miro a mi lado, me sonríes al instante.
– Te lo dije.
– ...Lo importante es que todos estamos bien. - Continua mi suegra. Suspiro y asiento. Me acerco a la cuna. Allí Koji duerme tan adorable como siempre en posición fetal, con uno de sus pequeños dedos pulgares siendo utilizado como chupete. - Koji ni siquiera se ha enterado. - Me río.
Acaricio su cabello plateado e idéntico al tuyo y lo arropo en sus mantas.
– Bueno madre ¿Recuerdas cuando me pediste que te diera nietos?, te di dos, no puedes quejarte, las risas no han faltado. - Los tres nos reímos ante tu comentario mientras buscas ropa limpia para Moroha en su bolso y caminas hacia el baño.
– Los niños siempre son una bendición, hijo mío. - Nos abraza a ambos y camina hacia la puerta. - Los dejo descansar, creo que deberían pasar la noche aquí, es tarde.
Asiento y ella cierra la puerta tras salir.
Me quedo allí junto a la cuna en silencio absoluto, mientras mi mente se llena de pensamientos culpables y autodestructivos. Si yo hubiera decidido quedarme junto a ellos, probablemente nada de esto habría ocurrido y nadie se habría visto en peligro. Si hubiera tardado un poco menos en acabar con mis objetivos, habríamos llegado a tiempo para evitarlo. Si yo no estuviera tan obsesionada con asegurarme de que estés siempre a salvo, probablemente habría podido mantener a salvo a nuestros hijos. Mi vista se nubla cuando lágrimas de culpa llenan mis ojos.
– Kagome. - Tu voz ronca me sobresalta. Me giro a mirarte y te veo salir del baño con una Moroha en brazos, envuelta en toallas y semi dormida. - No te tortures.
La dejas sobre su cama a un costado de la nuestra, la vistes rápidamente con su pijama y la arropas con la experiencia de un padre entrenado. La pequeña cierra sus ojos por completo y no vuelve a moverse de su lugar.
Caminas hacia mí, siento tu mano sobre mi hombro y un sollozo silencioso escapa de mis labios, mientras intento concentrarme en Koji para evitar mirarte a mi lado.
– No es tu culpa, estas cosas suceden. - Musitas. - No te castigues por ello.
– Debí estar aquí.
– Debimos. - Corriges. - Y si, quizás las cosas habrían resultado distintas, o quizás habrían ocurrido de la misma manera. Lo importante es que todos están bien.
Me recuesto en la cama y cierro los ojos. Te siento recostarte a mi lado y atraerme a tu cuerpo en un abrazo protector. Me giro para quedar de frente y me escondo en tu pecho, soltando toda la angustia que me asfixia. Tú sólo te limitas a abrazarme, mientras acaricias mis cabellos con suavidad. Luego de unos minutos dejo de hipar.
– ¿Más tranquila? - Preguntas y yo asiento. - ¿Enana?
– ¿Hmm?
– ¿No puedes simplemente quedarte en casa mientras yo sigo trabajando? - Salgo de mi escondite y te miro hacia arriba.
– Quiero estar a tu lado. - Me sonríes y acaricias una de mis mejillas.
– Lo comprendo, pero sabes que puedo cuidarme solo.
– No tiene nada que ver con eso.
Guardas silencio y siento tus dedos acariciar mi piel.
– Amor… - Me miras fijamente mientras tomas mi rostro entre tus manos. - Sé que eres una excelente asesina y amo trabajar contigo…
– Si hay un "pero" luego de esa frase voy a matarte.
– Sin embargo… - Me miras con una sonrisa traviesa al esquivar la palabra exacta. - Amo más la idea de que estés a salvo con Moroha y Koji en casa.
Me acerco para besar tus labios en una caricia corta.
– No voy a dejar que te expongas al peligro solo, jamás. Tú y yo somos una familia, Taisho, asúmelo como tal.
Suspiras y recargas tu frente sobre la mía.
– ¿Y si yo también me quedo con ustedes? - Guardo silencio. - Lo he pensado de camino a casa… Cada herida que recibes me duele el doble y sé que a ti te sucede lo mismo conmigo. Tengo tanto dinero en distintas inversiones que en realidad el trabajo es un hobby para mí. Puedo renunciar a ese estilo de vida sangriento de forma temporal, puedo quedarme en casa contigo para criar a nuestros hijos, juntos.
– Pero tú lo disfrutas… - Sonríes.
– Si, pero también disfruto la idea de verte tranquila. Debemos admitir que la vida que llevamos ha cambiado bastante luego de tu primer embarazo y hemos intentado seguir el ritmo de antes, sin embargo es imposible con dos cachorros desastrosos rondando por allí. Confío en la labor de cuidadores de mis padres, pero también me siento un poco culpable si no soy yo quien la está ejerciendo. Mi único deber de vida es protegerlos, a ti y a ellos, si no logro eso nada tiene sentido para mí.
Tomo tu rostro entre mis manos y asiento.
– Tan solo serían unos cuantos años…
– Luego podemos volver a lo nuestro, en horarios decentes. - Me río.
– Tu padre va a querer matarse, ya perdió a Miroku por lo mismo y Sesshomaru no creo que esté muy lejos de ser papá junto a Rin. - Suspiras y asientes.
– También he pensado en eso, pero creo que podemos ayudarle a entrenar a su gente, crear agentes tan buenos como nosotros. Eso es más aceptable ¿no? Además sólo será por un tiempo, nos tendrá de vuelta más temprano que tarde.
– ¿Qué pasará cuando Moroha y Koji quieran imitar nuestros pasos? - Te encoges de hombros.
– Ese es un problema para el Inuyasha y la Kagome del futuro, en al menos quince años más, mientras tanto los mantendremos lo más lejos posible de todo lo que incluya las palabras "asesinatos" y "armas" - Sonrío.
– Entonces me parece una excelente idea. Si tú estás conmigo.
– No hay universo donde eso cambie, enana.
– ¿Te he dicho lo feliz que me hace que tú seas el padre de mis hijos?
– Todos los días. - Me abrazas con fuerza. - ¿Te he dicho lo mucho que te amo?
– Nunca dejes de hacerlo. - Susurro.
– Jamás. - Y entonces me sumerjo a voluntad en el sueño que invade mi cuerpo poco a poco
De pronto aparezco en la sala de estar de nuestro departamento, en un pasado lejano al que mi subconsciente me lleva de vez en cuando.
– Buenas noches señora Taisho, que alegría verla por aquí ¿ha logrado mantener con vida a sus cachorros el día de hoy? - Tu voz ronca me hace girar de inmediato.
Tu versión del pasado me sonríe, recargado en la pared en una posición arrogante. Nada ha cambiado con respecto al aspecto físico del presente, salvo por tu mirada más juguetona y un aura más juvenil y despreocupada.
– Ha sido un poco más difícil esta vez. - Ambos nos reímos. - Resulta que eres un muy buen padre en el futuro, ¿Puedes creerlo? Alguien tan inmaduro como tú… - Te encoges de hombros.
– Sólo había que confiar en el proceso, siempre te lo dije.
Nos sentamos en aquel sofá y bebemos un poco de gin, como lo hemos hecho tantas veces en el pasado. Me recargo en tu hombro y permanezco allí, sintiéndome afortunada de tenerte.
'
A ti, mi querido Inuyasha del pasado, mi mejor amigo en ese entonces y esposo y amor de mi vida en la actualidad, el peliplata insoportable y encantador que sigue iluminando mis días.
Desde hace tres años las cosas efectivamente han cambiado. Las noches se han llenado de llantos intermitentes de bebés, nuestro departamento se ha convertido en un fuerte contra accidentes y las salidas con amigos se han hecho casi inexistentes. Sin embargo a pesar de las dificultades lo hemos logrado, primero con Moroha y luego con Koji, quien afortunadamente ha recibido una versión de padres mucho más aptos que los que Moroha tuvo.
Pese al cansancio y lo estresante que puede ser llevar una vida paternal, también hemos logrado disfrutar del proceso con creces, sonriendo y celebrando cada pequeño triunfo, cada palabra nueva en el diccionario de nuestra hija o cada balbuceo inentendible del más pequeño. Nuestro corazón late con más fuerza y abrazamos la belleza de su inocencia, amamos cada trocito de vida y alegría que brilla en sus ojos y sabemos perfectamente que somos afortunados y que hemos creado dos seres con nuestro amor.
Observarte en esta nueva faceta de padre me llena de admiración y orgullo. Me has sorprendido con tu paciencia y esfuerzo. Has sido el mejor compañero que podría pedir para esta difícil aventura, y aprecio de sobremanera las noches de insomnio compartidas, las decisiones difíciles tomadas en complicidad y la alegría que encontramos en cada paso que damos juntos.
Gracias por ser el padre increíble que eres, sé sin lugar a dudas que incluso si la vida me permitiera escoger distinto, volvería a escoger a mi familia, volvería a escogerte a ti en una y mil vidas más.
Mi corazón te pertenece, probablemente desde el instante en el que te conocí, guárdalo bajo llave, sé que jamás lo romperás.
Porque el lazo que nos une es increíblemente extraño, pero a la vez inquebrantable.
Fin.
