Gui: Una pequeña referencia al Legado Maldito, que no nombraremos en este fic, aunque lo uso alegremente...
Disclaimer: Jotaká blablablá
It's a Kind of Magic
y no el tipo de magia habitual en Hogwarts
Capítulo 4 - El trabajo de Encantamientos
ROSE
Rose estaba sentada en la biblioteca, releyendo sus fichas de Pociones, cuando aparecieron Albus y sus amigos. Él y Scorpia se reían juntos en la parte delantera del grupo.
No le bastaba con ser guapa, inteligente y deportiva. Además tenía que ser simpática.
Albus se acercó a Rose.
–Rosie. Scorpia y yo –Albus se volvió a mirarla, sonriendo. Rose les lanzó una mirada de muerte– vamos a trabajar sobre el trabajo de Encantamientos. Entonces, Paul y tú podríais trabajar también.
Rose decidió guardarse su opinión mordaz sobre la cobardía de Paul. En una semana, no había ido a hablar con ella para organizar el trabajo. Si trabajaban hoy, y acababan, podría pasar el domingo con Ornella.
–Vale –dijo entonces, haciendo hueco en la mesa para Patil.
–Hola a ti también, Weasley.
Rose alzó la mirada, aunque no necesitaba mirar para saber quién le estaba hablando. Ese deje divertido en la voz era imposible de confundir.
–Malfoy –Rose forzó una mueca con intención de saludo. Scorpia Malfoy le sonrió de verdad, con alegría en los ojos. Rose se acordó del guiño y apartó la mirada.
–Bueno, hasta luego, ¿eh? Nos vemos en la cena –decretó Albus.
Rose y Paul Patil se pusieron a ello. O mejor cabría decir que Rose se puso a dirigir a Patil. Habían escogido trabajar sobre las varitas, algo clásico y simple, aunque Paul Patil se había quedado asombrado por "la inteligencia de Rose". Nunca se le habría ocurrido, le había dicho, y le encantaba. Rose no había sabido si sentirse bien o mal por ello.
Uno no podía equivocarse con un trabajo sobre varitas, o al menos eso había pensado Rose al escogerlo. Era un trabajo lleno de evidencias, como que una varita servía para canalizar la magia, o que estaba compuesta por un núcleo mágico rodeado de madera pulida.
Podían incluso hacer una parte sobre cómo las varitas escogían a los magos.
–¿De qué es tu varita, Weasley?
–Avellano y fibras de corazón de dragón.
Paul Patil estaba consultando los apuntes de Garrick Ollicander sobre las maderas de varita.
–Aquí dice que el avellano es sensible y refleja el estado ermon… emocional de su dueño. Funciona mejor… –Patil leía despacio y confundía las palabras– para un maestro que entiende… y que puede mania… ¡manejar! sus propios –una pausa– sentimientos.
Rose se acordó de repente de su madre, que la había llevado a su despacho a leer las propiedades de una varita como la suya. Le había dicho que era inusual. Manejar los sentimientos… Rose manejaba perfectamente sus sentimientos. Los tenía todos bajo control.
–Pues debes de manejar super bien tus sentimientos porque eres la mejor de la clase –comentó Patil como si estuviese pensando en voz alta.
Por suerte Paul Patil nunca la había visto en Transformaciones.
Siguieron trabajando – Rose organizaba la presentación y Patil le leía curiosidades en voz alta, con esa lentitud que parecía característica – una hora más, hasta que Rose vio a Albus dirigirse hacia su mesa.
Pero no habían acabado. Tenían que acabar para que Rose tuviese libre el domingo.
–Entonces, ¿quién empieza? –le preguntó a su compañero.
Decidió hacerle hablar. Si hablaba Paul cuando llegase Albus a la mesa, igual decidía acabar con Rose antes de irse.
Paul sonrió de lado, satisfecho de que Rose le preguntase algo al fin.
–Creo que deberíamos empezar haciendo alguna demonstración. Tú me hechizas y luego me salvas, algo así, y cuando me levanto de mi trance, digo: "¿qué haríamos sin las varitas?".
Rose puso cara de espanto. Se moriría de la vergüenza antes de hacer algo así. Aunque seguro que funcionaba con la clase.
–¿Estás seguro? –insistió. Albus estaba a menos de tres metros.
–¡Sí! Sería genial, seguro que nos ponen puntos de creativid…
–Hey –saludó Albus, interrumpiendo a Paul.
–Ah, Albus –sonrió Paul. Por una vez tenía cara de estar divirtiéndose.
–¿Habéis acabado? Scorpia y yo queríamos ir a cenar.
Rose miró a Paul esperando que contestase él.
–Eh, bueno, podemos dejarlo aquí, ¿no Rose? Y retomamos mañana.
Rose mantuvo cara de póker. Ahí morían sus intentos de acabar el trabajo hoy.
Decidió alzar los hombros y asentir a medias, para no tener que contestar. Con un poco de suerte, Patil no madrugaba los domingos.
–¿Vas a venir a cenar tú también? –ofreció Patil.
Rose se le quedó mirando.
–Eso, Rose, vente –añadió Albus–. Podemos cenar juntos.
–¿En Slytherin? –preguntó Rose, dubitativa, pero ya estaba guardando sus cosas. Albus quería que fuese a comer con ella. Como cuando él venía a comer en Gryffindor, aquellas dos primeras semanas de primero.
–No te vamos a comer. No creo que una serpiente se atreviese con un león –insistió Paul.
–¿Quién dice eso? –Scorpia apareció entre las estanterías.
–Estoy intentando convencer a Weasley de que se venga a cenar con nosotros –explicó Paul.
–Oh.
Las dos chicas se miraron. Así que Scorpia no la quería cerca, ¿eh? Entonces iría.
–¿Te parece mal? –la desafió.
Scorpia puso cara divertida.
–Qué va.
Anduvieron hasta el Gran Comedor mientras los amigos de Albus charlaban. Rose no entendía de qué hablaban.
–Luego llegará la parejita –comentaba Paul.
–¿Y tú cómo…? –contestó Scorpia.
–¡Ja! –saltó Paul–. Te he pillado. Sabía que había algo. Te he tendido una trampa y has caído en ella.
–Slytherin hasta la médula –comentó Scorpia.
Albus se inclinó hacia Rose.
–¿Qué tal el trabajo?
–Bien. ¿Y tú?
–Va a ser genial. Ya verás.
Se sentaron, y para alivio de Rose, su primo la invitó a sentarse a su lado. Rose notó el brazo de Albus contra el suyo y se quedó pegada a él más tiempo del necesario. Albus acabaría por separarse para comer, y Rose quería aprovechar.
–Qué bien –añadió, por si Albus se quedaba más tiempo. Quizá le preguntase algo nuevo.
–Weasley, ¿te gustó el partido? –preguntó entonces Scorpia. Estaba sentada en frente de Albus y miraba a Rose con una sonrisita de suficiencia. El guiño. Rose sintió el calor invadir su cara entera. No se dejaría intimidar.
–Fue entretenido. Casi pierdes contra Lily.
Scorpia enseñó los dientes de alegría.
–O sea que sí que estabas mirando. Pensé que no te sacaríamos de ese libro.
El libro de Runas. Rose se había olvidado por un instante que había estado pretendidamente leyéndolo sin prestar atención al partido. El corazón le empezó a latir con fuerza.
–Bueno, es el año de los TIMOS –argumentó de forma patética. Scorpia sabía que Rose había estado atenta a ella. Quiso triturar su pastel de melaza, pero estaba rodeada de serpientes.
–Por Merlín, ni un solo día pasa sin que oiga esa palabra –se quejó Paul.
Rose sintió un escalofrío. Ni un solo día pasaba sin que ella soñase con esa palabra.
SCORPIA
–El giratiempo es un objeto mágico que permite retroceder en el tiempo –anunció Albus delante de toda la clase de Encantamientos, la mañana siguiente a la vuelta a clase después de Navidad.
Scorpia, con una reproducción a gran escala del giratiempo, mimó el gesto de girar el reloj de arena una vuelta. Albus repitió:
–El giratiempo es un objeto mágico que permite retroceder en el tiempo.
Los labios de Rose Weasley casi formaron una sonrisa. Scorpia intentó que no le importase y mimó el gesto de girar el reloj de arena de nuevo.
–El giratiempo es un objeto mágico que permite retroceder en el tiempo –pero no acabó la frase, porque le pudo la risa. La clase, que estaba confusa, entendió al fin la broma.
Sobreactuando un sentimiento de satisfacción, Scorpia guardó su falso giratiempo gigante y empezó a explicar su parte.
–Como habéis visto, los giratiempos tienen la apariencia de un reloj de arena pequeño y retrocede una hora por cada vuelta que le den. Seguro que pensáis: "¡yo quiero uno!", pero eso es porque no habéis tenido en cuenta todas las consecuencias negativas de usarlo.
–¡Primera! –saltó Albus– ¿Qué pasa si te encuentras contigo mismo en el pasado?
–¡Horror! –exclamó Scorpia, mirando a Rose. La pelirroja negó con la cabeza.
–¡Segunda! –prosiguió Albus, intentado poner cara seria– ¿Qué pasa si cambias el futuro de una persona?
–¡Espanto! –Scorpia cada vez sobreactuaba más y Rose cada vez metía más la cabeza entre los brazos.
–¡Tercera! –Albus soltó una risita pero Scorpia mantuvo cara de póker– ¿Qué pasa si el mundo como lo conocemos… desaparece?
Pausa dramática.
Albus y Scorpia habían estado carteándose durante las vacaciones de Navidad para escribir el guion de su representación y lo habían ensayado cada uno por su lado. La noche anterior habían usado el baño de prefectos para hacerlo juntos una vez antes de clase.
Los compañeros les estaban haciendo caso, un logro consecuente. Las presentaciones de algunos grupos, las dos semanas anteriores a las vacaciones, habían sido mortalmente aburridas.
–En el año 1996, durante la batalla del Departamento de Misterios, la reserva de giratiempos del Ministerio fue destruida –dijo Scorpia. Albus alzó las cejas como pidiendo perdón, puesto que era conocimiento público que sus dos padres habían participado en dicha batalla (así como los padres de algunos de los presentes en la sala, como por ejemplo Rose Weasley. Scorpia se atrevió a mirarla de nuevo y vio que le devolvía la mirada).
–Qué pena –dijo Albus.
–Una gran tristeza –repitió Scorpia, pero lo que sentía era pura euforia. Rose estaba pendiente–. Desde entonces, algunos individuos han intentado reconstruir los giratiempos, sin demasiado éxito.
–El prototipo Nott, que intentaba mandar a la gente más atrás en el tiempo y traerla de vuelta resultó ser un fracaso total.
–La magia no nos permitirá, nos tememos, vivir escenarios de ciencia ficción –Scorpia miró a Albus mientras se dibujaba una lágrima cayéndole por la mejilla. Albus le dedicó una sonrisa encantada.
–El prototipo Bones, que intentaba reconstruir los giratiempos tal y como habían sido construidos en un inicio, también fue un fracaso total –recitó Albus. Scorpia repitió el gesto, antes de añadir, cómplice con la clase (pero sobre todo con Rose):
–Nos preguntamos cómo es que consiguieron hacerlos en un inicio.
Más risas. Rose puso los ojos en blanco pero las comisuras de su boca señalaban hacia arriba. Scorpia y Albus intercambiaron una fugaz mirada de alegría.
–Los encantamientos más parecidos a la magia del giratiempo son los encantamientos de reparación, Reparo siendo el más cercano, aunque elimina el problema del individuo doble, cosa que el giratiempo no consigue.
Soltaron un par de datos más. Al final, Albus y Scorpia se dieron la mano y miraron hacia lo lejos, como si el futuro estuviese allí.
–¿Y qué importa no tener giratiempos…? –empezó Albus.
–¿… cuando el pasado es aburrido y el futuro – Scorpia clavó la mirada en Rose– está lleno de posibilidades? –terminó. Rose enrojeció ligeramente, o eso interpretó Scorpia. A esas alturas, nada podía quitarle la alegría.
Albus y Scorpia saludaron.
Los aplausos no tardaron en sonar. Se soltaron de la mano y se rieron, nerviosos, volviendo a sus personalidades respectivas. La profesora les mandó sentar y les dijo lo que habían hecho bien y lo que podían mejorar. Además, añadió datos sobre giratiempos.
Cuando acabaron la clase, Scorpia echó un vistazo a Rose. La pelirroja estaba mirando al grupo como esperando algo. Scorpia pensó que tenía que invitarla de nuevo, pero Rick interrumpió su pensamiento.
–¡Ha sido genial! Vaya par. Menos mal que Rowena y yo pasamos antes que vosotros porque habéis dejado el listón altísimo.
–No se pueden hacer tantas cosas divertidas para presentar la pluma a vuelapluma, no te preocupes. –Scorpia le pegó un codazo–. ¿Y tú, Paul, tenéis planeado ya algo Weasley y tú?
Paul se llevó los dedos a la boca e hizo como que la cerraba con llave y candado.
–Estoy deseando verlo.
Scorpia buscó a Rose detrás de ella pero se había alejado por el pasillo. Vaya.
–Ahora ya se ha acabado la diversión –le comentó Scorpia a Albus mientras se sentaban a la mesa del Gran Comedor. Rose y su amiga Ornella cenaban juntas en la mesa de Ravenclaw–, nadie nos salva ahora de clavar los codos en la mesa y estudiar para los TIMOS.
Todos los chicos gritaron de frustración, quejándose a la vez:
–¡Scorpia!
–¿Otra vez?
La última vez los había mencionado Rose. Quizá Scorpia quería que estuviese presente.
–¿Sabéis lo que deberíamos hacer? –comentó Rowena, cambiando de perspectiva–. Deberíamos quedar en hacer algo después de los TIMOS. Para darnos motivación de la buena.
"Buena esa" le dijo Scorpia con los labios a Rowena. Por fin se sentaban mezclados, como si fuesen un grupo completo.
Albus dio un golpe en la mesa con la mano.
–¡Idea genial! Yo me paso los veranos aburrido la mayor parte del tiempo en la casa familiar vacía. ¡Os podría invitar una semanita!
–¿En serio? –dijo Rick–. ¿Conoceríamos a Harry Potter?
Paul le dio un capón como respuesta.
–Albus… –Rowena lo miró sorprendida–. Eso es mejor que lo que estaba imaginando. ¿Podríamos?
–Le tengo que preguntar a mi padre… –miró a Scorpia–. Y ahora que lo pienso, quizá hay un veto familiar sobre dejar entrar a sangres limpias en casa de mis abuelos…
Scorpia puso los ojos en blanco.
–Pero seguro que algo se puede hacer.
–¡Genial!
–¡Qué gran idea!
Bueno bueno, igual hasta se hacen todos amigos, ¿qué opináis? Nada como unos exámenes para afianzar las conexiones entre humanitos.
Gui
SdlN
