¡Buenas tardes! Como verán las circunstancias son difíciles para nuestros héroes. ¡Gracias por sus comentarios, y por darle una oportunidad a la historia! Recalco que es un Anthonyfic, y que es una adaptación de mi autoría, hecha sin fines de lucro. Continuamos…
"UNA VISIÓN DE AMOR"
CAPÍTULO V
"Tenemos que hablar", dijo Anthony con seriedad a Candy cuando al fin la logró encontrar en uno de los pequeños apartados del jardín de la Mansión de las Rosas, sentada en una banca, observando pensativa a una fuente de mármol de dos cisnes elevándose juntos en vuelo, rodeada de la belleza de un incipiente jardín otoñal.
"No hay mucho qué discutir", dijo la joven rubia con la mirada triste y el rostro con señas visibles de haber llorado. Estaba ataviada en un hermoso vestido violeta, y con un bello chal blanco sobre sus hombros, por el fresco de la mañana. Sus primos le habían dicho a Anthony que la habían visto salir al jardín al nomás llegar con sus padres.
"Sabes del compromiso", afirmó Anthony con solo mirarla. Ella no dijo nada, siguió viendo hacia la fuente. Así que caminando lentamente hacia donde ella se encontraba, él se sentó a su lado en la banca, y extendiendo su mano, tomó la mano izquierda de la joven entre las suyas, en confort. La mirada de ambos se dirigió a sus manos unidas entre ellos, con tristeza.
"Anoche mi padre me lo dijo…", habló finalmente la rubia, "y me dijo que hoy… que ellos hoy…" la voz se le quebró y comenzó a llorar amargamente, haciendo que Anthony la cobijara en su abrazo, ocultando la joven su rostro en su fuerte pecho, al sentir la calidez de sus brazos.
"No importa lo que digan, Candy.", dijo el alto joven acariciando su espalda. "Esos planes los hicieron ellos a nuestras espaldas. Nosotros no somos marionetas que ellos puedan usar a su antojo para sentirse bien con sus vidas.", dijo con enfado y convicción. "Es de nuestro futuro del que hablan, y aunque mi tío te tenga aprecio, nada se compara con el amor que yo siento por ti, pecosa.", le dijo incorporándola y viéndola a los ojos. "Yo te amo, Candy", le dijo, colocando su mano en su mejilla, acariciándola.
"¡Oh!, Anthony!", exclamó entonces la triste pecosa, y bajando su mirada, negó con la cabeza. "¡No sé qué hacer!", le confesó angustiada, llorando calladamente de nuevo. Anthony viéndola, sacó el pañuelo de su sacó y se lo ofreció cortésmente, recibiéndolo ella con una leve sonrisa. "Gracias.", ella secó sus lágrimas, y su nariz suavemente. Luego tranquilizándose, continuó, "Sabes, mis padres esperan mucho de este compromiso… Me han dicho que es mi deber como su hija el obedecer, que ellos saben lo que es mejor para mí. Que como miembro de los Britter es mi obligación traer este honor a la familia." Ella miró a los ojos a un de pronto consternado Anthony. "Amor, debes comprender que ellos ¡me lo han dado todo! Su amor… un hogar… ¡un nombre!", le dijo con el corazón roto. "¿Cómo puedo traicionarlos ahora, Anthony?... ¡¿Cómo?! - ¡Papá quizás lo perdería todo! -. Mamá me dijo anoche, después de verme tan afectada, que papá no podría pagar la cláusula de penalización, de romper yo el compromiso con los Andley. Mi familia ha perdido muchos negocios en los últimos años por causa de la guerra."
"Candy…", dijo el joven comprendiendo más su punto de vista, y viendo lo complicado que parecía tornarse el asunto para ambos. Él la abrazo aún con más ternura contra sí, consolándola.
"Pecosa…", le dijo entonces, "¿Tú me amas?"
La rubia interrumpió su llanto y lo miró a los ojos sorprendida por su pregunta, "¡Por supuesto que sí, Anthony!", le dijo sin duda, mirándolo. "¿Por qué lo preguntas?"
Anthony sonrió entonces complacido, acariciando el adorado rostro de su amada. "Porque entonces todo estará bien, Candy.", le dijo con renovada esperanza. "Encontraremos la forma de convencerlos. Tú y yo. Ya lo verás.", le dijo. "Hablaré con mi tío William y con tus padres. Ellos entenderán, estoy seguro. Tus padres te quieren y cederán."
"¿Y si no?", preguntó la rubia sin poder ocultar su temor.
"Y si no…", repitió el joven Brower pensativo, "Y si no, espero no te moleste llevar una vida más sencilla de a la que ahora estamos acostumbrados. Trabajaré para ambos, y haremos nuestra vida juntos, lejos de aquí."
Candy lo miró indecisa. Esa reacción sorprendió y consternó de pronto al muchacho.
"¿Temes marcharte conmigo, pecosa? ¿Le temes a la pobreza?", le dijo sorprendido, sin poder evitar sentirse un poco contrariado por su inesperada renuencia a acompañarlo.
"No es eso, Anthony." Le dijo la rubia, tomando ahora ella su mano con confianza. "Es solo que, si los dos nos vamos lejos… - ¿qué será de mis padres? -", ella dijo con preocupación. "Ellos solo me tienen a mí, Anthony. Mi traición los destruiría. Ellos ya perdieron a una hija antes, no puedo hacerles eso otra vez", le dijo con dolor.
Anthony suspiró cansado, mirando entonces hacia el jardín, apartando su mano de las de ella. Candy se dolió por ello y se quedó callada, contemplando su bello perfil, mirando cómo el dolor se reflejaba en su mirada azul cielo y en esas facciones que tanto amaba. Lo peor de esa imagen para su corazón era que ella misma era la causa de ese sufrimiento.
"Candy." Le dijo él con suavidad después de un largo silencio, volviéndose hacia ella. "Tienes razón, yo sé que los quieres y que son tus padres y que les debes lealtad…", le dijo. "Pero me temo que tendrás que decidir qué es lo que quieres tú para tu vida. Yo te ofrezco mi corazón, pecosa, y todo lo que tengo," le dijo tomando sus manos nuevamente con fervor. "Sabes que siempre podrás contar conmigo. Y que, si tú lo decides así, siempre tendrás mi amistad. Pero… sé también que no podría soportar verte todos los días al lado de otro hombre."
"Anthony…"
"Será todo o nada, amor", le aclaró. "Sé que no puedo pedirte que tomes una decisión para la que no te sientes preparada", le dijo con comprensión. "Y no te obligaré a nada, Candy - a diferencia de ellos. -", le dijo, sorprendiéndola. "Pero espero que reconsideres tu posición. A veces, amor, nos toca decidir por nosotros mismos, sin importar la presión de la sociedad. Es correcto ser leal, Candy, pero no a costa de nuestros valores y de nuestros sentimientos." Le dijo. "Además… tú sabes que nos pertenecemos, pecosa", le dijo mirándola fijamente a los ojos con pasión y adoración.
La joven lo miró de vuelta confirmándoselo, contemplando conmovida en su mirada azul, la magnífica alma que tanto amaba, y al hombre que tanto adoraba. Como atraídos por un magnetismo invisible, nacido de sus propios corazones, sus labios se encontraron inevitablemente en un beso necesitado y hasta cierto punto tormentoso, haciendo que sus respiraciones se agitaran y sus cuerpos se desearan, abrazándose. Luego de unos momentos, Candy rompió el beso inesperadamente, quedándose viendo agitada a su amado y, sin decir palabra alguna, ambos simplemente se abrazaron nuevamente, conmovidos, sintiéndose más melancólicos y abatidos que nunca, a pesar de su cercanía. Así permanecieron en silencio durante varios minutos.
Con renuencia, considerando la hora, Anthony aflojó su abrazo, y poniéndose de pie, la convidó a hacer lo mismo, acercándola a sí otra vez por su delicada cintura. "No lo olvides, Candy," le dijo mirándola a los ojos con toda la convicción de su alma, "yo te amo, y pase lo que pase, sin importar la decisión que tomes, siempre te amaré", le dijo con certitud, e inclinándose hacia ella, el joven Brower la besó esta vez suavemente en los labios y dándole un último beso en la frente, tomando valor, se volvió, marchándose por la vereda, sin mirar hacia atrás.
Al verlo alejarse, la joven Britter sintió un terrible vacío en su corazón y sintió el impulso de correr tras él, y pedirle que se marcharan de Lakewood en ese mismo instante, pero el recuerdo de sus padres y su gentileza y cariño desde su niñez, la detuvo dolorosamente. Una lágrima corrió entonces por su gentil rostro, mientras el viento se llevaba sus esperanzas y sus lágrimas, al tiempo que los rosales de la mansión se deshojaban por el sendero, tras él, como si lloraran junto con ella la pérdida de su amor.
Al entrar Anthony de vuelta en la mansión Andley fue recibido por la algarabía de las conversaciones de todos los invitados departiendo felices antes de ser llamados a la mesa para desayunar.
Sintiéndose tan miserable como se sentía en aquel momento, Anthony se limitó a saludar como el buen anfitrión que su tía abuela le había enseñado a ser, y no fue sino hasta diez minutos después que vio a Candy regresar discreta, de vuelta al salón, y quedarse junto a sus padres conversando con ellos, sin mirar a nadie más. Al poco tiempo fueron abordados por su tío William, quien daba la bienvenida a la familia Britter con una gran sonrisa junto a su primo David Cunningham Andley, de Escocia - tío suyo y de sus primos también, ocho años mayor que el hermano de su madre-, no pudiendo Anthony evitar contemplar con un vuelco del corazón, cómo William Albert, caballerosamente, saludaba a la joven rubia, besando su mano, y luego le ofrecía su brazo para escoltarla hasta su asiento en el salón mayor, para que se sentara a su lado durante el desayuno. Anthony no pudo resistir la escena y con paso rápido, apartándose de todos, se dirigió hacia la escalinata, rumbo a su habitación, ante la sorpresa de sus primos Cornwell que no comprendían su inesperada actitud.
"Anthony...", dijo discreta la Matriarca Andley con preocupación al verlo marcharse desde un grupo de conversación en que estaba, y ver a Archie, un momento después, seguir a su primo al segundo piso para ver qué le había pasado. Su hermano Stear se había quedado en el salón atendiendo a la familia, pero se veía inquieto de no poder seguirlos para saber qué pasaba.
La elegante dama había seguido la escena desde el otro lado del salón, y no podía más que preocuparse por la delicada situación que atravesaban. Lo último que deseaba era un distanciamiento entre tío y sobrino, eso sería trágico. Tendría que hablar con William Albert lo antes posible.
Continuará...
¡Gracias por leer!
¡Muchas gracias por sus comentarios al capítulo anterior queridas Anguie, Sharick, Guest 1, Guest 2, Guest 3, Guest 4, Guest 5, Guest 6 y GeoMtzR! ¡Gracias a cada una! ¡Y a quienes leen en silencio! ¡Les deseo un feliz fin de semana!
Con cariño,
lemh2001
4 de noviembre de 2023
P.D. Actualizaré el próximo martes. ¡Hasta entonces! ¡Hgs!
