Hola! Muy buenos días, espero que estén muy bien y ya listas para el fin de semana. Muchas gracias por estar pendientes de la actualización. Les recuerdo que la historia es completamente mía más no los personajes, es sin fines de lucro y NO es para menores de edad, muchas gracias por comprender.
LÍNEAS DEL TIEMPO
38
LÍNEA 1
Anthony entró a la mansión con paso decidido, estaba dispuesto a hablar de frente con la tía abuela y el mismo William, debía hablar con ellos lo antes posible, necesitaba revelar a la tía abuela que estaba comprometido con Candy.
-Buenas tardes tía abuela. – La saludó con su voz determinante.
-Buenas tardes Anthony. – Le respondió la tía abuela observándolo detenidamente, podía darse cuenta en su actitud que algo importante quería hablar con ella. – Tú padre llegará dentro de una semana. – Dijo Anthony sorprendido por lo dicho por la tía abuela.
-¿Mi padre? – Preguntó Anthony confundido.
-¿No es eso de lo que querías hablar conmigo? – Preguntó la matriarca mientras dejaba por un lado el telegrama que había recibido por parte de Vincent. Anthony negó aún confundido.
-No… digo… sí, también, pero tengo algo más importante que tratar contigo. – Dijo dispuesto a soltar la bomba que ahora sabía podía ser para esta matriarca. La vieja Elroy se enderezó esperando le diera la noticia que temía sabía cuál era.
-Te escucho. – Dijo mirándolo fijamente. Anthony tomó lugar frente a ella, sabía bien que todo podría salir mal.
-Tía abuela, sé que usted también puede recordar que en la otra línea del tiempo usted adoptó a Candy. – Dijo Anthony para comenzar a trazar el terreno. Elroy asintió sin despegar su mirada fría de él.
Anthony había aprendido a conocerla en el poco tiempo que llevaba con ella, por sus "memorias" sabía bien que sus problemas habían llegado el día que él decidido defender a la pecosa, sabía que sus enfrentamientos habían sido por su naciente amor por Candy, sin embargo sabía bien que aquella mujer tenía también los mismos "recuerdos" de la noble y bondadosa tía Elroy de la línea tres.
-Efectivamente, puedo recordar que Candy fue mi hija adoptiva, pero también tienes que comprender que tú perteneces ahora a esta línea del tiempo y que tu vida en ese lugar quedó ahí, quedó en otra línea del tiempo en un tiempo prácticamente que es pasado. – Dijo Elroy dispuesta a hacerle ver a Anthony que él ya no pertenecía a la línea tres.
-Entiendo que ahora pertenezco a este lugar, pero como en ese pasado mis sentimientos pertenecían a Candy, en este presente tengo que advertirle que mis sentimientos por ella han madurado, ya no son los sentimientos de un chiquillo enamorado, ahora soy un hombre en edad de elegir esposa. – Dijo ya sin miramientos, sabía que con esta Elroy lo mejor era ir directo al punto y lo que él intentaba informarle era que Candy era la elegida para ser su esposa.
-Comprendo lo que quieres decirme. – Dijo Elroy aún con la mirada fija en él, fría como siempre habíasido, falta de expresión en su rostro. – Pero creo que deberían tratarse un poco más de tiempo… - Dijo intentando dar más tiempo a su relación. Anthony negó a sus palabras.
-No importa el tiempo que pase tía abuela, Candy es mi prometida y vengo a decirle que he decidido casarme con ella dentro de tres meses. – Dijo Anthony para sorpresa de la matriarca, quien abrió los ojos sorprendida por la repentina decisión de su nieto.
-¿Tres meses? – Preguntó Elroy poniéndose de pie, hasta ese momento hubo una expresión en su rostro y no era una expresión de felicidad. - ¡Eso es demasiado pronto! – Dijo Elroy una vez más.
-El suficiente para que el sacerdote corra las amonestaciones. – Dijo Anthony en total conocimiento del tiempo mínimo para anunciar una boda, no en vano Elisa lo había correteado por mucho tiempo machacándole todo lo que necesitaba para casarse con él. – Tía abuela. – Dijo un poco más tranquilo, intentando no alterarse para no alterar a la vieja dama. – Sé que no estás de acuerdo con esta boda, pero solo te estoy informando mis planes, no es necesario que te opongas o me obligues a retrasarlo, mi decisión está tomada y no hay marcha atrás. – Dijo Anthony una vez más, su mirada era tierna, la vieja Elroy se sintió afectada, pero en ningún momento intentó disuadirla, el tierno rostro de Alexander apareció en su mente y sonrió asintiendo para dar su consentimiento.
-Muy bien Anthony, siempre has sido un joven decidido y consciente de tus decisiones, no me opondré a tus deseos y si piensas que Candy es lo mejor para ti yo lo respetaré, pero también quiero que estés enterado que siempre soñé con verte casado con Eliza. – Dijo de pronto la vieja Elroy. Anthony se puso a la defensiva al creer que intentaría hacerlo desistir en su decisión. – Ella no es como la Eliza de la otra línea del tiempo, me gustaría que la conocieras, que le dieras la oportunidad de saber que has regresado y tal vez…
-No puede pedirme eso. – Dijo Anthony levantándose de su lugar, intentando no faltarle al respeto a la mayor. – Eliza es tal y como yo la recuerdo en la otra línea del tiempo y en esta línea es la misma persona caprichosa y mal intencionada. – Dijo para sorpresa de la mayor, quien jamás había visto a Eliza en su línea del tiempo como la "recordaba" de la línea tres.
-Entonces no tengo más remedio que aceptar tu boda con Candice. – Dijo Elroy resignada, quería a Alexander no podía negarlo, pero le costaba trabajo creer que Candy era quien lo había traído al mundo.
-Me gustaría que más que remedio fuera una decisión voluntaria tía abuela... – Dijo de nuevo el rubio acercándose a ella para rodearla con sus manos y abrazarla con cariño. – Te quiero tía abuela y a pesar del amor que pueda tener por Candy, ese amor y respeto que tengo por ti jamás cambiará solo por estar casado con la mujer que siempre he amado. – Le dijo sin soltarla de su abrazo. Elroy sonrió de lado mirándolo a los ojos. Una lágrima se derramó de sus cansados ojos, se sentía tan feliz de tenerlo de vuelta que le era imposible negarle su deseo.
-Está bien hijo, te prometo que haré un esfuerzo por aceptarla como parte de la familia. – Dijo Elroy sin soltar a su nieto.
-Ya es parte de la familia tía abuela. – Le dijo Anthony seguro de que así era. Candy era su prometida y la noche anterior él había estado a punto de hacerla su mujer, así que lo más consciente que debía hacer era apresurar los planes de boda para evitar algún mal entendido, no quería exponerla al escarnio de la sociedad si por alguna u otra razón salía a la luz que él había estado en su habitación. – Ahora sí dime qué es lo que sucede con mi padre. – Dijo Anthony ya dispuesto a hablar de su padre, ahora sí quería saber acerca de lo que había provocado su repentina llegada.
-Edward envió un telegrama el día de ayer a tú padre. – Dijo Elroy deshaciendo el abrazo para caminar hacia la ventana del despacho. Anthony la escuchaba atento y podía darse cuenta que la preocupación en su voz era notoria.
-¿Sabes qué es lo que le dijo? – Preguntó Anthony hasta cierto punto preocupado por lo que decía la dama.
-Le informó que estás con vida y que yo lo oculté todo este tiempo. – Dijo sin voltear a verlo, con su vista puesta en la ventana, mirando el jardín que ya comenzaba a tornar sus colores rojizos.
-Yo no estuve de acuerdo con esa explicación tía abuela. – Dijo Anthony consciente de que ella se había hecho responsable de su regreso para evitar un rechazo por parte de Vincent. – Pero ahora comprendo que es más difícil que él o cualquiera crea lo que realmente sucedió. – Dijo dispuesto a enfrentar la situación, dispuesto a defender a la tía abuela de la misma manera que ella se había arriesgado por él.
-Era la única manera de que Stear y tú fueran reintegrados a la familia. – Dijo Elroy caminando de nuevo hacia el escritorio, donde sacó un sobre que le entregó al rubio para que lo examinara.
-¿Qué es esto? – Preguntó Anthony observando el sobre que tenía en sus manos.
-Son los papeles que les regresan su identidad. – Dijo Elroy satisfecha con la noticia que tenía para él. Anthony la miró sumamente agradecido. – Anthony Brower Andrew y Alistear Cornwell Andrew han vuelto a pertenecer a la familia Andrew, así como todas las posesiones que les corresponden y que habían sido repartidas entre los demás miembros. – Dijo la matriarca con una emoción muy especial en su pecho, haber realizado aquellos movimientos le hacía convencerse más que Anthony y Alistear habían realmente regresado a la vida.
-Tía abuela, sabe que no era necesario. – Dijo Anthony a la mayor, a pesar de estar feliz porque ahora sí podría ofrecer su apellido a Candy sin sentir que usurpaba una identidad que si bien le pertenecía era como si no existiera. – Tanto Stear como yo tenemos algo de nuestra fortuna, claro que solo es lo que pudimos traer de la otra línea del tiempo. – Explicó con tranquilidad.
-Es lo que les corresponde por ser miembros de la familia. – Le dijo Elroy con una sonrisa, la primera que mostraba desde que había entrado al despacho.
-Hablaré con mi padre y lo convenceré que lo que hiciste fue porque yo te lo exigí. – Dijo Anthony dispuesto a aceptar la responsabilidad que Elroy había querido cargar.
-¿Pero qué es lo que harás? – Preguntó Elroy sorprendida por las palabras de su nieto.
-No te preocupes. – Le dijo Anthony besando su frente. - ¿Albert ya lo sabe? – Preguntó de nuevo el rubio para saber si la cabeza mayor de la familia estaba informada de lo que sucedía.
-También está informado. – Dijo Elroy segura que ahora no podía tomar una decisión sin consultarlo antes. Anthony asintió, ahora debía hablar con él directamente para informarle que se casaría en tres meses con Candy, pero primero que nada debía comentarle primero a la rubia si estaba de acuerdo con él.
La tarde pasó rápidamente y por la mañana Anthony estaba listo para ir a buscar a la rubia, quien había terminado sus días de licencia en el hospital y quería acompañarla como solía hacerlo antes de la boda de su primo.
-Buenos días princesa. – Dijo Anthony saludando a la rubia, quien bajaba como siempre iluminando su camino a cada paso que daba.
-Buenos días mi príncipe. – Le dijo Candy con una bella sonrisa, sus mejillas estaban encendidas y sus ojos se iluminaban radiantes al verlo frente a ella.
Anthony besó su mano caballerosamente al tenerla frente a él, el Sr. Smith estaba detrás de ellos y prefirieron contener la emoción por volverse a ver. Se despidieron del casero y comenzaron a caminar como antes lo hacían rumbo al hospital.
-Candy necesito hablar contigo. – Dijo Anthony un tanto inquieto, se sentía inseguro de que la rubia aceptara casarse con él en tan poco tiempo, ahora creía que se había precipitado en hablar con la tía abuela sin hablar primero con ella de la fecha que estimaba.
-¿Qué sucede? – Preguntó Candy con cierta preocupación en su voz. Lo había notado nervioso cuando le pidió hablar con ella.
-Ayer hablé con la tía abuela. – Dijo el rubio para informarle a la joven enfermera acerca de lo que había tratado con la matriarca. Candy se tensó al escuchar el motivo de su plática.
-¿Acerca de...? – Preguntó Candy segura de que sabía bien de lo que había hablado con la vieja Elroy. Anthony asintió con una sonrisa soñadora y la rubia abrió los ojos contagiada por la alegría de su hermoso rostro.
-La tía abuela aceptó nuestro compromiso. – Dijo Anthony sin poder evitar abrazar a su novia y girar con ella feliz por haber obtenido el consentimiento de la mayor.
-¿De verdad? – Preguntaba Candy aún sorprendida, ya que a pesar de que no le había hecho una grosería o tratado mal como lo había hecho en el pasado, tampoco era como que había sido muy cordial en su trato con ella.
-Sí princesa... ¡Pronto podremos casarnos! – Dijo Anthony totalmente eufórico por la noticia que daba. – Pronto serás mi esposa y no habrá nada ni nadie que nos separe jamás. – Le dijo deteniendo sus giros, colocándola frente a él para admirar su rostro. Candy detuvo su respiración al tenerlo frente a ella. Anthony despejó su rostro y acarició sus mejillas para después besar sus labios lentamente. Aquel beso selló una vez más el amor que se tenían y que les era imposible de ocultar ante los ojos curiosos que los observaban al pasar.
-Pronto seré tu esposa. – Dijo Candy una vez que había sido liberada de la prisión de sus besos. Anthony sonrió asintiendo y pronto su semblante cambió. - ¿Qué sucede? – Preguntó Candy reaccionando al semblante que demostraba su príncipe.
-Lo que sucede es que también hablamos de la fecha de la boda. – Dijo Anthony seguro de que tal vez Candy al igual que la tía abuela pensaría que era demasiado apresurado. Candy pensó que tal vez le habían propuesto una fecha demasiado lejana.
-¿Cuánto tiempo? – Preguntó Candy con la mirada intentando no parecer decepcionada, buscando rápidamente en su mente la manera de animarse porque después de todo, sería la esposa de Anthony Brower, justo como una vez lo había soñado en su niñez.
-Tres meses. – Dijo Anthony esperando ver la reacción de Candy, temía que ella se negara y a pesar de que no la forzaría a aceptarlo deseaba tanto que estuviera de acuerdo con él.
-¿Tres meses? – Preguntó Candy con cierta emoción en su rostro, aquella noticia le alegraba el alma porque sentía que estaba lista para dar ese paso, sentía que su amor por Anthony era tan grande que cada día le costaba más trabajo separarse de él. Lo había sentido la noche anterior en Lakewood, lo pasaba cada día que se separaban y no quería seguir sintiendo esa soledad y ese vacío que sentía al llegar al departamento.
-¿No estás de acuerdo? – Preguntó Anthony un tanto angustiado.
-Es muy poco tiempo. – Dijo Candy para decepción del rubio. – Hay que apartar la iglesia, correr las amonestaciones, el vestido… - Decía Candy impaciente con todo lo que tenía que hacer para organizar su boda, había estado muy cerca de Annie y sabía que le había llevado más de un año organizar todo.
-Yo te ayudaré… - Le dijo Anthony tomando sus manos entre las suyas para esperar su respuesta. Candy lo miró maravillada.
-¿En tú cumpleaños? – Preguntó Candy emocionada al sacar cuentas que en aproximadamente tres meses Anthony cumpliría años.
-En mi cumpleaños. – Dijo Anthony con la misma emoción que demostraba la rubia, le causaba una gran felicidad saber que ella había aceptado casarse con él en tan poco tiempo y que no lo rechazara.
Candy se arrojó a los brazos de Anthony feliz, deseaba tanto formar una familia con él, lo había soñado cuando era una niña pequeña, lo había deseado cuando estaba al lado de Terry, sin embargo el saber que todo tomaba forma y saber de estar tan cerca de lograr aquel sueño que parecía imposible y del cual había desistido por su repentina muerte hacía que lograra que su corazón explotara de gusto.
-¡Te amo tanto Anthony! – Le dijo Candy con los ojos llenos de lágrimas, de pronto su corazón latía emocionado, pero al mismo tiempo nacía un temor en su interior.
-¿Qué sucede princesa? – Le preguntó Anthony al ver que la expresión de su rostro no era de completa dicha.
-Tengo miedo. – Dijo Candy sincera en sus sentimientos. Anthony la miró preguntándose el motivo de sus miedos.
-¿Miedo? ¿Miedo de qué mi amor? – Preguntó acariciando su rostro tiernamente, rosando con su mano su mejilla, para después limpiar la lágrima que la recorría.
-De separarme de ti. – Le dijo con la voz apenas audible, era notorio que el miedo que tenía era verdadero, intenso y era un miedo que ella misma no podía controlar.
-¿Separarnos? – Preguntó Anthony como si eso pudiera ser imposible. - ¿Por qué habríamos de separarnos? – Preguntó una vez más para saber por qué ella pensaba de esa manera.
-Cuando tú… - Decía la rubia con un nudo en la garganta, un nudo que le impedía hablar con naturalidad. – Yo acababa… - Decía con las lágrimas más abundantes en su rostro. Anthony la observaba sintiendo una infinita ternura por ella, sin embargo podía sentir su dolor y su repentina desesperación.
-Tranquila mi amor… - Le decía Anthony ya más preocupado por ella. Candy lo abrazó nuevamente pero esta vez su abrazo era diferente al anterior, era un abrazo necesitado, un abrazo con tal fuerza que parecía que no quería soltarse jamás de él. – Aquí estoy Candy. – Le decía Anthony acariciando su espalda para intentar consolarla.
-¡Yo acaba de confesarte mis sentimientos! – Dijo Candy por fin en medio de un grito. – ¡Yo te amaba y te perdí! – Le decía con dolor, el corazón de Anthony se encogió de dolor recordando también el dolor que él había sentido cuando la perdió a ella. - ¡No quiero volver a perderte! – Le decía Candy aferrada a su cuello. - ¡Te amo tanto Anthony! ¡Te amo y no soportaría una vez más que te fueras de mí! ¡Ya no podría soportarlo Anthony! - Decía sin pena por el llanto tan copioso que salía de sus ojos.
-No me vas a perder Candy. – Decía Anthony seguro que esta vez no sería así. – La vida no puede ser tan cruel nuevamente con nosotros. – Le dijo en su oído, con una voz suave y relajante, una voz que intentaba sanar de una vez por todas, los temores que la rubia llevaba en su interior. – Esta vez me aseguraré de que te quedes a mi lado y yo me quedaré a tu lado… te lo prometo… - Decía Anthony contagiado por el dolor de la pecosa. Candy dejó de llorar unos segundos después, escuchar su voz era reconfortante, realmente era hablar con aquel joven que había perdido en aquella cacería y para Anthony era lo mismo, era hablar con la pequeña que había aceptado ser su novia un día antes de la tragedia. Ambos estaban ahí, con el mismo dolor por su partida, con el mismo temor de lo que el futuro podría depararles, con el mismo temor de volver a perder al ser amado, pero con el amor más fuerte que en aquellos años.
-Lo siento tanto Anthony. – Dijo Candy apenada por haber perdido el control. – Te amo tanto que no estoy segura de poder soportar otra pérdida tuya. – Le dijo mirándolo a los ojos.
Anthony besó sus ojos lentamente, secando con sus labios las lágrimas que aún se desprendían de sus esmeraldas, acariciando con sus pulgares sus mejillas para limpiar por completo aquellas perlas saladas que habían salido de sus ojos.
-Yo también te amo tanto Candy, te amo mucho más de lo que hubiera podido imaginar, nunca pensé que se podría amar de esta manera. – Le decía besando su boca con sutileza.
-Tengo que trabajar. – Dijo Candy con pena por interrumpir el bello momento.
-Hoy no. – Le dijo Anthony dispuesto a no llevarla a trabajar ese día, no estaba en las condiciones adecuadas para atender a los enfermos. – Tengo una mejor idea. – Le dijo con travesura. Candy lo miró con sus ojos aún rojizos por las lágrimas.
-¿Me secuestrará usted joven Brower? – Preguntó Candy con travesura. Anthony la observó totalmente enamorado, sus pecas resaltaban más con la luz del sol. Su pequeña nariz enrojecida por el llanto no opacaba la belleza de su rostro. La sintió frágil, la sintió vulnerable en esos momentos y él era quien debía cuidarla y protegerla de todo ese sufrimiento.
-La secuestraré hoy señorita White. – Le dijo besando sus labios una vez más. – Y dentro de tres meses la secuestraré por toda una vida. – Le dijo nuevamente mientras comenzaba a caminar con ella con rumbo desconocido.
-¿A dónde vamos Anthony? – Preguntó Candy intrigada porque realmente la llevaba por un camino diferente al que habitualmente caminaban cuando iban al hospital.
-Ya lo verás. – Le dijo Anthony a la rubia. La joven caminaba a su lado sin objetar mucho, sin embargo en el fondo estaba inquieta porque no volvería a trabajar ese día.
Anthony caminó con ella de la mano sin detenerse por ningún momento y cuando la joven enfermera sintió que no podía caminar más él detuvo su paso.
-¿Qué hacemos aquí Anthony? – Preguntó Candy cuando advirtió que se habían detenido en la feria que había llegado a la ciudad.
-Hace unos días vi que estaban instalando la feria y pensé que sería buena idea traerte. – Dijo Anthony a su prometida, quien lo veía algo incrédula porque era demasiado temprano para que pudieran disfrutar de las atracciones.
-¿No crees que es demasiado temprano para venir? – Preguntó Candy con una sonrisa traviesa al ver que su prometido estaba entusiasmado por subirse a las atracciones.
-Tal vez, pero espérame aquí. – Le dijo de pronto para su sorpresa.
Anthony se adentró al lugar en donde estaba la feria y Candy lo observó de lejos hablar con el guardia del lugar, después de verlo hablar por varios minutos y señalar hacia donde ella estaba de pronto lo vio sonreír y acercarse de nuevo a ella con paso apresurado.
-¡Listo! – Dijo volviendo hacia la rubia quien lo miraba con travesura.
-¿Qué es lo que hiciste? – Preguntó Candy con una sonrisa traviesa. Anthony la miró con amor, prefería tanto verla sonreír y no verla llorar como lo había hecho minutos atrás.
-Lo convencí para que nos dejara pasar. – Dijo Anthony llevándola de la mano hasta la entrada de la feria.
-¿Cómo lo convenciste? – Preguntó Candy intrigada por saber.
-Con algo de dinero. – Dijo Anthony travieso a la rubia, quien abrió su boca sorprendida por el soborno que su príncipe le confesaba había hecho para que les permitieran la entrada antes de que abriera al público.
-¡Anthony! – Dijo Candy con cierto reclamo. – Tal vez el guardia puede perder su trabajo. – Dijo Candy sin dejar de caminar a su lado.
-No te preocupes. – Dijo Anthony con una gran sonrisa a su prometida. – Si lo despiden yo lo contrato. – Le dijo con travesura. Candy lo miró sorprendida y cuando menos lo pensó se acercaba a una de las atracciones que había en el lugar.
-¿Qué es esto Anthony? – Preguntó Candy al ver el artefacto tan grande que estaba frente a ella.
-Es una montaña rusa, una nueva atracción. – Dijo Anthony con emoción, le parecía interesante subir a una atracción como aquella, algo que jamás había hecho en su vida. Candy observó boquiabierta el tamaño de aquel juego mecánico. - ¿Tienes miedo? – Preguntó Anthony sin poder borrar la sonrisa de emoción de su rostro. Candy lo miró con travesura.
-¿Estás bromeando? – Preguntó segura que no temía subirse con él. Anthony la miró más feliz que nunca, su rostro aunque aún enrojecido por el llanto ya no mostraba la tristeza y la angustia de minutos atrás, había vuelto a ser la hermosa joven intrépida y valiente que siempre había sido.
Anthony asintió feliz de que ella por fin accediera a hacer esa locura con ella, era la primera vez para ambos en una atracción de esa magnitud, y a pesar de los nervios solo con ella sería capaz de hacer una locura como la que estaba a punto de hacer, lo mismo Candy, solo con Anthony se sentía con la locura necesaria para subirse a un juego tan intrépido como ese.
-Dos por favor. – Dijo Anthony al joven que estaba resguardando la atracción. El joven observó al guardia que estaba en la entrada principal y este hizo una seña a lo lejos para permitirles el paseo. Anthony extendió al joven un par de billetes de alta denominación, billetes que el joven tomó con gusto y de esa forma permitió que la joven pareja de enamorados se subiera a esa hora de la mañana.
El joven sonrió agradecido y guardó los billetes en el bolsillo interno del chaleco que usaba, era más de lo que podrían pagarle si llenaba por completo los carros que tenía la montaña.
-¿Listos? – Preguntó el chico una vez que los había asegurado correctamente.
-Listos. – Dijo Anthony con una sonrisa un tanto nerviosa. Candy estaba igual que él y antes de que comenzara la aventura se aferró de la mano de Anthony con fuerza.
El recorrido comenzó lento únicamente el viento que despejaba sus rostros era el que golpeaba repentinamente su cabellos, la emoción comenzó en la primera curva en donde el carro tomó una velocidad inesperada y los hacía sostenerse de la barra frente a ellos. Candy observó a Anthony y sonrió con emoción, el rubio sentía la misma emoción en su vientre y miraba a la joven feliz por aventurarse en esa nueva aventura. El carro comenzó a tomar altura y pronto los rubios pudieron ver hacia dónde se dirigían, ambos se volvieron a ver y se dieron ánimo simplemente con verse.
-¿Lista? – Preguntó Anthony al ver que llegaban hasta el punto más alto de la montaña y pronto volverían a caer.
-Lista. – Dijo Candy tomándose con fuerza de la barra frente a ella para esperar el descenso.
El aire los golpeó con más fuerza y un movimiento en sus estómagos los asaltó de pronto al sentirse caer a esa velocidad. Los labios de Candy se abrieron dispuestos a liberar la emoción y el nerviosismo que la asaltaba, pero estaba acostumbrada a sonreír y demostrar que todo estaba bien a pesar de lo complicado que se veía el camino. Anthony tomó su mano y la miró a los ojos. Candy lo miró de vuelta y le sonrió, él asintió animándola a sacar el dolor que tenía en su interior.
-Libéralo Candy. – Le dijo con aferrándose a su mano, ambos miraron que frente a ellos venía una nueva curva y al parecer era la más pronunciada de todas. Candy sentía que los nervios comenzaban a apoderarse de ella, sentía temor de liberar sus emociones, temía derrumbarse, temía ser frágil ante los demás, pero observó sus ojos y comprendió que estaba junto a Anthony, que él era al que había elegido como compañero de vida, comprendió que con él podía ser débil, podía ser frágil y que no importaba lo que hiciera él estaba ahí para ella, se lo acababa de demostrar momentos antes.
-¡Anthony! – Gritó Candy de pronto al momento de que tomaron la siguiente curva. - ¡Te amo Anthony! – Gritó Candy con más ganas, provocando que el corazón de Anthony diera un vuelco en su pecho y no era por la repentina caída que sufrían en el juego.
-¡Te amo Candy! – Gritó Anthony con la misma emoción que sentía Candy, liberando en ellos todas las emociones tensas que habían vivido los últimos meses, liberando el dolor que llevaban ambos, reconociendo que a partir de ese momento sus vidas darían un giro de ciento ochenta grados que los llevaría a construir un solo camino.
Llegó la siguiente vuelta y cuando una vez más subieron a lo más alto ambos liberaron sus manos de la barra protectora y las levantaron en señal de confianza, cerrando los ojos para abandonarse a la intensa caída que les provocaba una emoción indescriptible en su interior. Aquel movimiento los liberó de sus temores, de sus emociones negativas soltando por fin la dirección de sus vidas, una sonrisa apareció en sus rostros al sentir como su cuerpo se liberaba en aquella caída, al terminar de bajar se sentían completamente en paz con ellos mismos.
El viaje terminó y ambos salieron sintiéndose más liberados, más tranquilos y al mismo tiempo más emocionados, podían sentir la adrenalina recorrer su cuerpo y la necesidad de continuar con aquel improvisado paseo.
Caminaron como dos niños pequeños de la mano, recorriendo cada uno de los puestos que ofrecían diversión, había un tiro al blanco y a Candy se le iluminaron los ojos al ver a un oso gigante de felpa que representaba el premio mayor del puesto. Anthony sin preguntar se acercó hacia el joven que estaba cuidando el lugar.
-¿Qué se tiene que hacer para obtener ese oso? – Preguntó Anthony al joven.
-Esperar a que abra la feria. – Dijo el joven con cierto aburrimiento. Anthony sonrió por la respuesta.
-Tenemos permiso del Sr. Thompson. – Dijo Anthony señalando al hombre que les había permitido la entrada, este hizo un ademán desde su sitio para dar permiso de usar esa atracción. El joven de inmediato explicó a Anthony que debía tomar un rifle y derribar la estrella que estaba arriba y al centro del puesto. Anthony observó el objetivo y pensó que era pan comido.
-¿Cuántas oportunidades tengo? – Preguntó Anthony seguro de poder lograrlo. Candy lo miraba admirando su físico, era tan guapo pero verlo así tan feliz y relajado lo hacía verse aún más atractivo.
-Cinco. – Respondió el joven con tranquilidad. Anthony le sonrió y extendió un billete de la misma denominación que había extendido al joven en la montaña rusa. El Chico abrió los ojos sorprendido por tan generosa paga. – Pero usted puede tirar hasta que acierte. – Dijo guardando el dinero en su bolsillo mientras miraba a todos lados como cuidándose de no ser visto por el encargado.
Anthony sonrió y coloco su el rifle en posición recargándolo en su hombro para observar por la mirilla y enfocar su objetivo, sin embargo al disparar el primer tiro este golpeó en la esquina contraria a donde había apuntado. Observó el rifle con detenimiento y a pesar de no ser un hombre de armas, era muy inteligente y había advertido que la mirilla del rifle estaba arreglada. Miró al joven y este giró su rostro haciéndose el desentendido. Anthony sonrió y volvió a acomodar el rifle, el segundo intento tampoco salió muy bien, pero esta vez pudo ver el ángulo con el que salía el perdigón.
-Está bien Anthony. – Dijo Candy comprensiva al ver que su héroe esta vez no podría obtener su premio. Anthony le sonrió con una mueca sensual, una mueca que le avisaba que no se daría por vencido, esa palabra no era algo que lo había definido jamás en la vida.
-Paciencia princesa. – Le dijo el rubio con su sensual sonrisa, mirando una vez más el puesto fijamente, sus ojos azules enfocaban la posición del blanco y haciéndose a un lado volvió a tirar, esta vez atinando más cerca a su objetivo. Candy se sorprendió por lo que había logrado.
-¡Casi! – Dijo con emoción, sintiendo que su corazón latía emocionado por estar a punto de conseguir aquel oso que le había fascinado.
El cuarto intento fue el que acertó por fin en el blanco y fue más golpe de suerte que por la medición que había hecho el rubio para el ángulo de tiro, algo que podía haberle llevado horas poder descifrar pero que sabía que tarde o temprano lo lograría.
-¡Le diste! – Decía Candy emocionada, arrojándose a los brazos de su príncipe para celebrar su victoria.
-Jugó muy bien caballero. – Dijo el joven entregando el premio a la rubia, quien lo recibió con un fuerte abrazo para después darle un beso en los labios a su prometido.
-Gracias. – Le dijo Anthony al joven, sin mencionar nada acerca del trucado juego.
Continuaron caminando por la silenciosa y solitaria feria y llegaron hasta donde estaba un carrusel muy parecido al que Candy y Anthony habían paseado en su única salida a solas. Candy lo miró emocionada, trayendo a su mente recuerdos imborrables. Anthony pudo observar en su rostro la emoción y recreó en su mente aquel día.
-Dos por favor. – Le dijo al joven que estaba ahí. El chico los miró con curiosidad, aceptando el pago que Anthony le daba por dejarlos entrar a pasearse, esta vez no hubo necesidad de pedir autorización ya que el joven aceptó de inmediato la paga. – Gracias. – Dijo Anthony para después ayudar a Candy a subir a uno de los caballos de madera que comenzarían su recorrido.
Candy se estremeció al recordar que en el pasado ella había sido la que pidió dos vueltas para viajar en aquella infantil atracción y como en ese día su rostro volvió a colorearse de rojo una vez más. Anthony la observó enamorado, le gustaba ver el rostro de su dulce dama preso de la timidez, le daba un toque de inocencia y dulzura.
El paseo continúo por algunos minutos más y después con el oso a cuestas se dirigían de regreso hasta el departamento de Candy. Anthony había sido el encargado de cargar el gran oso de peluche que en varias ocasiones fue el motivo por el que casi cae al tropezarse en el camino, sin embargo Candy había servido de guía en la divertía travesía en la que se había convertido aquel improvisado paseo.
-Muchas gracias por todo Anthony. – Dijo Candy agradecida por la mañana tan maravillosa que había pasado con su príncipe. Anthony la observaba ya con su rostro más radiante, la tristeza había sido borrada de su semblante y ahora solo podía ver la belleza de su mirada y la ilusión de su sonrisa.
-Al contrario, gracias a ti por haberme aceptado, gracias por haber confiado en mí y por permitirme alegrar tú día. – Le dijo colocando por un momento al gran oso enseguida de sus pies. Candy lo observó enamorada, segura de que recibiría un tierno beso que tanto deseaba.
-Anthony… - Dijo Candy con apenas un murmullo, con la garganta emocionada por sus palabras, esta vez las lágrimas que salieron de sus ojos fueron de alegría.
Anthony besó sus labios con ternura, acariciando sus mejillas con delicadeza, fundiendo sus labios en un beso profundo y tan anhelado por parte de ambos.
-Te amo Candy… - Dijo Anthony muy cerca de sus labios, bebiendo su aliento, deseando repetir tan maravillosa experiencia. Cada beso, cada caricia era nueva para él, necesitaba estar con ella a su lado y creía que sería imposible esos tres meses de espera.
-Y yo te amo a ti Anthony… - Le dijo la rubia con una sonrisa radiante, una sonrisa que iluminaba su día y lo obligaba a sonreír sin motivos.
-Vendré por ti más tarde para llevarte a cenar a la mansión. – Dijo Anthony antes de despedirse. Candy lo observó algo sorprendida por lo que le había dicho. – Pronto serás mi esposa Candy y quiero que comiences a convivir con la familia como corresponde. – Dijo una vez más para animarla a acompañarlo.
-No creo que a la tía abuela le agrade. – Dijo Candy apenada, sintiéndose incómoda por ir con él.
-La tía abuela tendrá que acostumbrarse. – Dijo una vez más el rubio con decisión. – Tú serás mi esposa, por lo tanto eres la persona más importante en mi vida y todos tendrán que respetarte y respetar mí decisión. – Dijo acariciando su mentón.
Candy asintió aún sin estar muy convencida pero sabía bien que ella había aceptado ser la esposa de uno de los miembros más importantes del Clan Andrew y no era tan fácil ni para él, ni para ella evitar tener una relación cercana con los demás miembros.
-Hasta más tarde princesa. – Dijo una vez más besando sus labios para después ver como la joven enfermera entraba a su departamento con el oso en brazos.
La tarde llegó rápidamente y Candy con nerviosismo terminaba de cepillar sus cabellos frente al espejo, ya estaba lista para que Anthony pasara por ella, sin embargo la ansiedad que sentía en su pecho no se había alejado de ella ni por un segundo.
-¿Estás lista? – Preguntó Anthony antes de que la puerta terminara de abrirse, sin embargo cuando la silueta esbelta y delicada de su prometida apareció frente a su campo de visión su cuerpo quedó inmóvil y sus pulmones sin aire.
Candy vestía un vestido color rosa pálido, era sencillo, sin embargo estilizaba su delicada figura, mostrando con aquella elegancia nata que poseía su porte natural. Su rostro apenas maquillado no necesitaba de mayores logros para resaltar su belleza, su cabellos recogidos por completo dejaban al descubierto sus cuello y sus hombros, logrando con ello que Anthony se quedara sin aliento. Candy sonrió al ver la reacción de su novio.
-Estoy lista. – Dijo con timidez ante la penetrante mirada que recibía de su novio, quien buscaba controlar su nerviosismo y ansiedad por tomarla entre sus brazos y besarla apasionadamente.
Anthony extendió su mano para tomar la de su prometida y la besó con delicadeza, acariciando lentamente su dorso con sus labios deleitándose con aquella parte de su cuerpo para invitarla a salir del departamento y llevarla consigo. Candy salió del departamento caminando con gracia junto a él, su andar delicado y femenino provocaba las miradas de los demás inquilinos, quienes atentos a las atenciones que el joven rubio tenía por la joven enfermera los observaban hasta que abandonaron el Magnolia.
Continuará…
TeamColombia:
Hola hermosas ¿Cómo están? Espero que muy bien, como siempre les agradezco estar siempre al pendiente de cada actualización. Espero que este capítulo haya sido de su agrado. Creo que al igual que ustedes a Anthony ya le entró la prisa por casarse, ahora vamos a ver que sigue hasta la boda. Muchas gracias por leer hermosas, les mando un fuerte abrazo.
Mía Brower Graham de Andrew:
Hola hermosa ¿Cómo estás? Un gusto saber de ti, muchas gracias por tomarte un tiempo en la lectura y dejarme un comentario, en verdad lo aprecio mucho. Comprendo que estés estudiando y no puedas dejarme un comentario seguido, sé que leer y que primero son tus estudios. Me alegro que estés por terminar tú carrera te deseo mucha suerte. Te mando un fuerte abrazo amiga y todas las buenas vibras para que todo salga de maravilla.
Rose1404:
Hola hermosa, como siempre un placer leer tú comentario y saber que están muy bien, eso me pone alegre. Que emoción que tu bebé ya tiene diez meses, el tiempo pasa volando disfrútalo mucho porque ya vienen los terribles dos jajajaja. Por poquito Alexander hace su entrada triunfal, pero el rubio supo detenerse a tiempo, algo imposible para la mayoría de los jovencitos ahora. Todavía falta la boda de Candy, si se dieron el tiempo para ir a la de Annie... Muchas gracias por leer amiga y como siempre por comentar te lo agradezco infinitamente. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
Mayely León:
Hola hermosa, muchas gracias por comentar y por leer, sé que estás ocupada con tu familia por eso mi agradecimiento es mayor porque me das más tiempo para comentar. Me alegra que te haya gustado el capitulo espero este igual. Te mando un fuerte abrazo amiga.
lemh2001:
Hola hermosa, me alegra saber que tu mami está mejor y que sus exámenes hayan salido muy bien, siempre es una preocupación no saber los resultados y un gran alivio cuando todo está en orden. Creo que Anthony por eso está decidido a adelantar todo lo que pueda ser posible la boda con Candy, así que creo que deben aprovechar que Vincent viene en camino para así informarle de los adelantos que llevan jijijjiji. Siempre me ha gustado la manera en la que cuidaron a Candy en el orfanato, creo que a pesar de todo es la preferida de ellas y me alegra que la pecosa tampoco se olvide de ella y de los pequeños que llegan al hogar. Gracias por comentar hermosa, te mando un fuerte abrazo.
Muchas gracias a todas las personas que están pendientes de cada actualización, gracias por cederme un espacio en tú tiempo. Dios las bendiga.
GeoMtzR
03/11/2023.
