V
Sailor Mars

Tokio, 27 de enero de 1992, 04:57p.m.

Serena había salido de clases, solamente para encontrarse con un grupo de gente que dialogaba sobre algo, en apariencia, interesante. Molly y Kelvin formaban parte del grupo y Serena se aproximó a ellos, gustosa de enterarse de los últimos chismes.

—… y dicen que el bus desaparece sin dejar rastro —decía Kelvin, justo cuando Serena llegó y le palmeó el hombro, lo que hizo que el pobre estudiante saltara con el corazón en la garganta.

—¡Vaya, eres tú, Serena!

—¿De qué hablan?

—¿No te has enterado del bus maléfico de las seis? —dijo Molly, quien ya estaba hasta la coronilla con Serena por estar pésimamente informada—. Dicen que cualquiera que sube a ese bus desaparece sin dejar rastro.

—¿Un bus maléfico? —repitió Serena, perdida.

—Sabes, Serena —dijo Amy, quien también formaba parte del grupo, pero era la única que mostraba cierto escepticismo sobre el tema—, si fueras más lenta irías hacia atrás.

Serena arrugó la cara. Últimamente Amy había estado practicando chistes después que Serena le prestó un cómic de humor, algo que no entraba para nada en su carácter. Tal vez era un esfuerzo por dejar atrás el chasco de hace unos días atrás con el incidente en el seminario Cristal. El flashdrive lo había conservado, puesto que podía almacenar información y lo había formateado para eliminar el código malicioso que contenía.

—¡No es gracioso, Amy! —protestó Serena con las venas de las sienes a punto de estallar. Amy soltó una carcajada.

—Debes admitir que lo es.

—¡Pues no lo fue! —Y Serena sabía de lo que estaba hablando. Su entendimiento de las matemáticas había mejorado un poco desde que Amy decidió ayudarle con sus tareas, claro que ella terminaba exhausta después de aquellas sesiones, pues Serena era una chica a la que le costaba mucho trabajo aprender lo que fuese.

—Está bien —concedió Amy con una sonrisa—, no lo haré más si te hace sentir mal. Por cierto, se me hace difícil de creer que un bus simplemente desaparezca. ¿No se les ha pasado por la cabeza que puede tratarse de un secuestro sistemático?

—¿Y quién haría tal cosa? —desafió Molly, quien, si ustedes recuerdan, no tenía a Amy en muy alta estima—. Los pasajeros simplemente no vuelven y no hay demandas de dinero o cosas por el estilo, así que no creo que sean secuestros.

—Tal vez —dijo Amy, considerando la posibilidad—, pero yo soy de la opinión que nada desaparece de esa forma en este mundo.

Sin embargo, daba igual lo que dijese Amy. Lo sobrenatural siempre iba a captar más atención que cualquier explicación racional, pero eso no la frustró en absoluto. Había planteado su punto de vista y aquello era suficiente para ella.

—¡Miren esa chica! —gritó uno de los estudiantes del grupo—. Estudia en un colegio cerca de donde pasa ese bus. Podría tener respuestas.

—¡La conozco! —chilló una chica, mirando fijamente a la muchacha—. Ella es una sacerdotisa en un templo cerca del último paradero del bus. No sabía que fuese a la secundaria.

Serena también se dio cuenta y, por alguna razón, decidió seguirla. Tal vez quería aclarar el asunto del bus maléfico, tal vez solamente aquella chica le había llamado la atención, pero era claro que debía conocer a esa muchacha. Con eso en mente, se apartó del grupo y caminó a una distancia prudente de la joven. Luna iba con ella (el grupo creía que ella era su mascota), también intrigada por la chica por las mismas razones que Serena.

Sus pasos la condujeron a un portal, más allá del cual había unas escaleras que lucían interminables. Serena y Luna llegaron a la parte más alta con la lengua afuera y vieron una placa de madera que rezaba "Templo Hikawa". Ambas se tomaron un descanso breve para luego entrar en el templo. Lo primero que vieron fue a esa muchacha barriendo el piso, rodeada de un par de cuervos. Pero, en cuanto Serena pisó el templo, la chica comenzó a actuar de manera muy extraña, como si hubiera visto una amenaza a la distancia. A continuación, extrajo un trozo de papel con caracteres kanji en éste y, aproximándose a Serena, pronunció lo que parecía un conjuro y estampó el papel en la cara de Serena, enviándola al suelo, mirando estrellas.

—¡Ay, perdón! ¡Me equivoqué! —exclamó la muchacha, inclinándose sobre Serena y ayudándola a ponerse de pie—. Pensé que eras una presencia maligna.

—¿Una presencia maligna, yo? —dijo Serena—. ¡Pero si soy más buena que un ángel!

—No lo dudo —dijo la chica con cierto escepticismo, cosa que Serena no captó—. Permíteme invitarte a mi casa para pagar mi indiscreción.

Serena aceptó de buen grado la invitación y, cinco minutos más tarde, estaba sentada a la turca frente a una mesa baja con té y panecillos dulces, a los que Serena miraba con avidez.

La joven había vuelto con otra bandeja y la depositó en la mesa, donde ella iba a sentarse. Mientras lo hacía, notó la presencia de la gata.

—¿Es tu mascota?

—Eh, sí —respondió Serena, quien por estar ocupada mirando los panecillos, saltó a causa de la sorpresa—. Se llama Luna y es muy inteligente.

—Es muy linda —observó la chica, tomando la cabeza de Luna con suavidad—. Se nota que la cuidas bien. Su pelaje es muy suave y brillante.

Serena mostró una sonrisa de compromiso y Luna gruñó en su cabeza. Esta chica no sabe ni cómo cuidar un protozoo.

—Luna es la regalona de la familia —dijo Serena, acariciando el lomo de Luna y ella ronroneó solamente para mantener las apariencias—. Siempre le damos la mejor comida y siempre hace ejercicio. Por cierto, no me has dicho tu nombre.

—¡Perdón! ¡Lo olvidé por completo! —se excusó la joven, haciendo una pequeña reverencia—.Me llamo Rei. Rei Hino.

—Serena.

—¿Por qué llegaste a este templo? ¿Necesitas guía espiritual?

Serena no podía explicar la razón que la había llevado al templo Hikawa en primer lugar y si trataba de hacerlo, solamente haría el ridículo. Al final, escogió responder con el asunto del bus.

—No, no es eso. No sé si te has enterado, pero hay un bus que pasa cerca de este templo y cualquiera que lo aborda, simplemente desaparece. Te quería preguntar si sabes algo sobre eso.

Rei compuso una leve mueca de exasperación, pero se contuvo de dar una respuesta que a su invitada no le iba a gustar.

—No eres la única que me ha preguntado eso —dijo, aunque no pudo evitar impregnar su voz con un poco de molestia, cosa que Serena notó de inmediato—. Hay mucha gente que me increpa y me pregunta por ese bus, y la mayor parte de esas personas son madres que han perdido a sus hijas. Es como si creyeran que yo soy responsable de las desapariciones, e incluso un hombre me dijo eso de manera textual.

—Pues yo no creo que seas la responsable —dijo Serena, percibiendo la frustración en Rei—. Simplemente no luces como alguien que podría hacer daño.

Rei mostró una pequeña sonrisa.

—Te lo agradezco, Serena. —Rei bebió un sorbo de su té mientras veía a Serena mirar los panecillos de manera atenta—. Los traje para te los comieras con la boca, no con la vista.

Serena, alegre con el voto de confianza de Rei, agarró dos panecillos al mismo tiempo y se los llevó a la boca. Rei arqueó una ceja, pero no hizo ningún comentario, asumiendo que tal vez Serena solamente tenía hambre.

—Te confieso que, antes de que los incidentes con el bus comenzaran a aparecer, mis predicciones eran los suficientemente buenas —continuó Rei, mirando a la mesa sin querer, luciendo apesadumbrada—, pero después, no veo más que sombras difusas—. Rei prefirió no contarle a Serena lo que había visto hace un mes atrás, algo que la tenía profundamente preocupada y que había afectado a su personalidad desde entonces—. Por más que lo intento, no consigo ver nada.

Luna, quien había estado escuchando la conversación desde un extremo de la mesa, arrugó el entrecejo al escuchar a Rei hablar sobre predicciones. Luego, se fijó en la apariencia de la muchacha. Cabello negro y largo, ojos púrpura, seria, noble y con poderes de percepción extrasensorial. Se preguntó si Rei era la princesa que estaba buscando.

—Es una pena —dijo Serena.

—Sí, lo es —dijo Rei con un suspiro—. Le he dicho hasta el cansancio a la gente que no tengo nada que ver con las desapariciones y que en lugar de hostigarme, que acudieran a la policía. Pero la gente puede ser muy testaruda, y no los puedo realmente culpar, después de todo lo que ha pasado.

El tiempo pasó y Serena juzgó que era tarde ya y se despidió de Rei, quien insistió en acompañarla hasta la salida del templo. Serena se dirigió a su casa, acompañada de Luna, quien ardía en ganas de exponer sus ideas a su compañera.

—Oye, Serena. ¿No notaste algo raro en Rei?

—¿El asunto de sus poderes?

—Exactamente —repuso Luna, perdida en pensamientos—. Tal vez… tal vez sea la princesa de la que te hablé.

—Pues a mí no me pareció principesca —acotó Serena, quien volvió a mirar su reloj—. ¡Rayos! ¡Mi mamá me va a degollar viva! ¡Apresurémonos, Luna!

Mientras tanto, en el templo Hikawa, Rei había tomado asiento nuevamente frente a su llama, extendiendo ambas manos y rogando a los dioses que le mostraran al responsable de las desapariciones que ocurrían en el bus maléfico.

En un diferente plano de la realidad.

—Bien, bien —decía Jadeite, complacido por el éxito de su nuevo plan—. Más energía para nuestra gran reina. Nadie se dará cuenta del paradero de este bus.

El lugar era una especie de palacio abandonado, rodeado de una nada plateada. Había requerido de cantidades absurdas de energía negativa (3) para romper las dimensiones que bloqueaban el acceso a aquel universo, pero para los agentes del Reino Oscuro, reunir energía negativa era pan comido, así como mantenerla estable. El palacio poseía una cantidad indeterminada de aposentos, en los cuales Jadeite iba encerrando a las víctimas para luego robarles la energía.

—Con esto llevamos la mitad de lo necesario para despertar a nuestra gran reina —continuó Jadeite, subiéndose al bus para regresar al mundo normal—. Pronto, ella volverá a la vida y, con el Cristal de Plata, ¡nadie nos detendrá!

Y entre risas malvadas, hizo andar el bus hacia la rasgadura que había hecho en el espacio-tiempo.

Templo Hikawa, una hora más tarde.

Rei sudaba como si hubiera trotado por horas. Yacía sobre el piso, respirando agitadamente, vislumbrando en su ojo mental la imagen que había visto en su llama. Estaba cansada porque había tratado de encontrar al responsable de las desapariciones por una hora ininterrumpida. Ni siquiera su abuelo se había atrevido a molestarla.

Quién será él. Pero… hay algo que se me hace familiar en él… como si ya lo hubiera visto antes, hace mucho tiempo.

Rei se puso de pie, respirando con más normalidad. Su único consuelo era que su cansancio le iba a permitir dormir bien esa noche.

Tokio, 28 de enero de 1992, 04:15p.m.

Se trataba de otra clase para el olvido de Serena. Inglés era una asignatura que representaba un soberano suplicio para ella y, por mucho que Amy le insistiera en que tratara de pensar en inglés, Serena simplemente no entendía que había querido decir ella con eso. Para sacarse el desánimo de encima, se encaminó al salón de juegos junto con Amy, quien tenía más tiempo de distraerse después del incidente en el seminario Cristal.

—¡Pasé al segundo nivel, por fin! —chilló Serena, haciendo aspavientos con sus brazos y olvidando volver al juego, lo que la hizo perder de forma instantánea—. ¡Maldita sea! ¡Y ya no me quedan más monedas! —se lamentó después, y, después de hacer pucheros, se puso a llorar nuevamente, levantándose del asiento y dándole el lugar a Amy.

—No seas llorona, Serena —dijo Amy con leve exasperación al ver que la gente se aglomeraba para mirar a su amiga—. Mira, mira lo que apareció en la bandeja.

Serena se limpió las lágrimas y vio un objeto rectangular bastante voluminoso, de color rosado y con una luna menguante dibujada en la parte posterior. Curiosa, tomó el objeto y vio que era un teléfono inteligente. No lucía como un tope de gama, sino más bien, uno básico.

—Qué raro —dijo, encendiendo el teléfono y la pantalla mostró una luna menguante con una canción de fondo (4), para luego mostrar la pantalla principal—. Ni sé cómo rayos se usan estas cosas.

Media hora después, Amy volvió a terminar el juego, con un puntaje aún mayor al que había obtenido la primera vez. Y, como pasó con Serena, un objeto similar apareció en la bandeja, solamente que era azul, con el símbolo astrológico de Mercurio dibujado en su parte posterior y se antojaba más grueso. Amy lo tomó, y se dio cuenta que también era un teléfono inteligente, con la diferencia que sí lucía como un tope de gama y poseía un teclado físico deslizable. Era una verdadera computadora de bolsillo.

—¡Vaya! —exclamó Serena al ver el nuevo dispositivo de Amy—. ¡Es genial!

Amy se guardó el teléfono en su bolsillo y vio a Luna afuera de la tienda. Lucía alarmada por alguna razón.

—¡Serena! ¡Luna nos necesita! —gritó y la aludida salió a la carrera del salón de videojuegos, resbalándose y cayéndose de espaldas. Luna se llevó una pata a la cabeza.

—¿Qué pasa, Luna? —quiso saber Amy, tendiéndole una mano a Serena para que pudiera ponerse de pie.

—La chica del templo Hikawa —dijo Luna con urgencia—. ¡Ha sido secuestrada!

Ambas chicas compusieron caras de horror.

—¿Quién?

—El conductor del bus maléfico —repuso Luna—. Temo que se la llevó a un universo paralelo.

—¿Y cómo vamos a saber dónde está?

Luna hizo aparecer, por arte de magia, una pluma similar a la que tenía Amy y se la tendió a ella.

—Esto nos ayudará a encontrar a Rei —dijo Luna, indicando al bolsillo de Amy—. Tu computadora de bolsillo hará el resto.

Amy asintió con la cabeza y siguió a Luna, acompañada de cerca por Serena.

—Creo que tendremos más oportunidades si subimos al bus maléfico —dijo, acercándose a un paradero. Eran las cinco y media de la tarde y el bus no iba a tardar en aparecer.

Amy tenía razón. El susodicho bus apareció como ella esperaba, pero si Luna tenía razón sobre el conductor, sería muy peligroso abordarlo así como así. Luna le sugirió a Serena que usara su pluma para transformarse. Y lo hizo, solamente que ahora tenía el aspecto de una azafata. Amy y Luna miraron a Serena con rostros confundidos.

—No estamos a bordo de un avión, Serena —le susurró Amy, pero Serena no le hizo caso. Amy se encogió de hombros y Luna le dirigió una mirada de desdén antes de retirarse a los asientos traseros del autobús.

—¿Qué diablos haces aquí? —inquirió el conductor bruscamente. Serena, por momentos, se vio invadida por el miedo, para luego tragar saliva y hablar en lo que esperaba fuese un tono profesional.

—Me sorprende que haga esa pregunta —dijo Serena con falsa indignación—. Estoy aquí para asegurar el bienestar de los pasajeros—. Serena miró hacia atrás y notó que el autobús estaba prácticamente vacío, salvo Amy, Luna y…

—No estamos en un avión, señorita —dijo un joven de cabello negro y traje formal. Serena sintió cómo se le enrojecían las orejas a causa de la rabia. Mientras tanto, el conductor dobló en una esquina y Serena pudo ver a la distancia la entrada al templo Hikawa, aunque todavía estaba molesta por la presencia de ese sujeto, quien, por cierto, la miraba fijamente por alguna razón. Serena, desde la seguridad de su disfraz, pudo ver con más detalle al joven y una desconcertante revelación ocurrió dentro de su cabeza.

Pero si es… no… no puede ser Tuxedo Mask. Se parece mucho a él. ¿Y por qué mi corazón se comporta de este modo? ¡Es un papanatas! Pero… se parece bastante… no, no puede ser él.

Serena se llevó una mano a su pecho de manera involuntaria a medida que el bus se aproximaba al lugar donde la gente decía que desaparecía sin dejar rastro. Mientras tanto, el joven arqueó ambas cejas, como si acabara de darse cuenta de algo importante, pero Serena no supo interpretar correctamente aquel gesto.

Amy, por otro lado, miraba la pantalla de su computadora, la cual había sincronizado con la pluma que le había entregado Luna para programar un sensor de proximidad. No obstante, las coordenadas que estaba mostrando la computadora no parecían tener sentido.

—Es como si el lugar donde está Rei no perteneciera a este mundo…

De pronto, Amy se quedó muda, consultando los sensores gravitacionales con ojos dilatados. Luna no entendía qué era lo que preocupaba a Amy, pues los datos que aparecían en la pantalla eran ininteligibles para ella.

—Estoy detectando picos muy altos de energía negativa.

—¿Energía maligna?

—No, no es eso —dijo Amy, y le explicó a Luna que la energía negativa era una fuerza capaz de repeler la curvatura espacio-tiempo, rasgándola y creando un puente a otro universo. Era el único tipo de energía que podía desenrollar las siete dimensiones restantes del espacio, predichas por la teoría de las cuerdas. Estaba de más decir que Luna no entendió ni jota de lo que había explicado Amy, pero por lo menos sabía que no se trataba de energía maligna.

—¿Y qué pasa con los sensores gravitacionales?

—Se han vuelto locos —dijo Amy, cerrando su computadora y guardándola—. Este bus está lleno de energía negativa, energía tan concentrada que puede abrir un agujero a otro universo, y es por eso que los sensores gravitacionales están comportándose así. El bus va a pasar a otro universo. ¡Por eso es que la gente desaparece sin dejar rastro! ¡Ellos deben estar en el universo al que vamos ahora!

Serena escuchó la explicación de Amy y una nueva oleada de pánico la invadió, aferrándose a los postes de aluminio, como si haciéndolo pudiera salvarse de lo que fuese que le esperaba al otro lado del agujero.

—Bueno, este es el final del recorrido —dijo el conductor y accionó una palanca. Inmediatamente, un gas de color verde inundó el interior del bus y, momentos después, todos los pasajeros, incluyendo Luna, se habían quedado dormidos. Serena, al estar más alerta, fue la última en cerrar los ojos.


Lo primero que vio Serena fue el interior de una habitación vacía. Después, vio a personas, hombres, mujeres y niños que estaban encadenados de pies y manos, mientras tubos adosados a sus bocas brillaban con energía. Había otras personas que no estaban atadas, pero que todavía yacían fuera de combate, tiradas en el suelo sin elegancia alguna. A continuación, el miedo la atenazó y estuvo tentada en llorar, pero se contuvo, sabiendo que despertaría a los demás.

Por fortuna, Luna también había despertado, pero Amy y el joven odioso no estaban por ningún lado.

—Serena, ¿estás bien? —quiso saber Luna.

—¿Bien? —dijo Serena sarcásticamente—. ¡Pues sí, estoy de maravillas, gracias por preguntar!

—Qué grosera —dijo Luna, rodando los ojos—. Ahora, no pierdas el tiempo y transfórmate.

Serena regañó a Luna, pero le hizo caso de todas formas. Después del acostumbrado grito de "por el poder del prisma lunar", la puerta se hizo añicos gracias a la tiara lunar de Sailor Moon.

—Tenemos que buscar a Amy —dijo Luna, pero suspiró de fastidio al ver que Sailor Moon lucía completamente extraviada en el asunto—. Por todos los cielos, Sailor Moon, usa el teléfono inteligente. Con él puedes encontrar a Amy.

Sailor Moon se encogió de hombros.

—¡Pero es que no sé cómo usarlo!

Gruñendo de exasperación, Luna le indicó paso a paso cómo activar el localizador que estaba instalado por defecto en los teléfonos de Serena y Amy. La gata se sorprendió que nadie hubiera salido a su encuentro y desfilaron por pasillos gigantescos y escaleras dobles, todas hechas de mármol y decoradas con cabezas de depredadores. Al final, Sailor Moon encontró a Amy en el sótano, pero ya estaba transformada en Sailor Mercury.

—Estaba buscando a Rei —dijo Sailor Mercury—, pero hay mucha interferencia en este lugar. Apenas funcionan los localizadores porque estamos cerca de la distorsión gravitacional.

—Entonces hay que seguir buscando —dijo Luna y las tres se pusieron a examinar el resto del sótano, sin saber lo que estaba ocurriendo en el tercer piso del palacio.


—Hay algo raro en esta chica —dijo Jadeite pensativamente, de cuclillas delante de Rei, examinándola detenidamente—. Es como… como si la hubiese visto antes, hace mucho tiempo. Es preciosa.

Jadeite había pasado más de diez minutos absorto en el cuerpo inerte de Rei, preguntándose por qué se sentía de ese modo frente a esa chica en particular. Las había más bellas, eso estaba claro, pero ese hecho carecía de importancia cada vez que miraba a aquella sacerdotisa. No podía explicar su naciente atracción por esa muchacha, pero, pensó después, no podía darse el lujo de cometer indulgencias. Tenía una misión, y la iba a cumplir.

Pero no le robaré la energía a esta joven. Total, ¿qué significa una persona cuando tengo muchas más a las que puedo robarles su fuerza vital? ¡Nada!

Rei se movió un poco, luego otro más y después despertó, alzando la cabeza. Lo primero que vio fue al conductor del autobús, recordando que había sido su cara la que había aparecido en su llama.

Es guapo se dijo Rei, ligeramente sonrojada, para luego sacudirse la cabeza. ¿Pero qué tonterías estás pensando, Rei? ¡Es el enemigo! Pero, pese a eso, el rubor no se le pasó, y Jadeite se dio cuenta de ello.

Aquel fue el momento en que Sailor Moon y Sailor Mercury hicieron acto de presencia. Jadeite gruñó. Era la tercera vez que aquellas guerreras venían a estropearle los planes. Decidió aplazar el robo de energía para asesinar a esas mocosas, y sabía que tenía actuar rápido.

En un movimiento fluido, Jadeite alzó a Rei y la atrapó entre sus brazos, usándola de escudo humano.

—¡No se acerquen, arpías, o mataré a su amiga en este instante!

Sailor Moon y Sailor Mercury no hicieron nada. Se quedaron paralizadas al saber que la vida de Rei estaba en peligro y bajaron los brazos en señal de rendición. Jadeite sonrió y apretó aún más el cuello de Rei, aspirando su aroma, lo cual estaba quebrantando lentamente su determinación.

Sorpresivamente, algo delgado y duro colisionó con la cabeza de Jadeite y lo arrojó al suelo, liberando a Rei. Sailor Mercury aprovechó la confusión y agarró a Rei de la mano y retirándose rápidamente para ponerla a salvo. Jadeite, gruñendo de rabia, giró su cabeza y se encontró con un hombre al que jamás había visto. Parecía alguien salido de una fiesta de disfraces.

—¡Tuxedo Mask! —chilló Sailor Moon, con ojos brillantes y sus mejillas furiosamente ruborizadas.

—Recuerda lo que te dije sobre aprovechar las oportunidades que se te dan, Sailor Moon —dijo Tuxedo Mask en ese mismo tono de voz que la tenía loca, y por poco no hizo caso a su consejo de no ser por el arañazo que recibió de parte de Luna.

—¿Podrías poner más atención a la batalla? —gruñó Luna y Sailor Moon bufó, pero arrojó nuevamente su tiara lunar, pero Jadeite no era un enemigo común y corriente. Fue capaz de sostener la tiara lunar sin ningún esfuerzo.

—¿Es esto lo mejor que puedes hacer, Sailor Moon? —desafió Jadeite entre carcajadas siniestras. Luna, que había visto cómo la tiara lunar no había tenido efecto alguno, se acercó a Sailor Moon y le dijo unas palabras que podrían inclinar la balanza a su favor. Sailor Moon asintió, sintiéndose como gelatina, y exclamó: "estás atrapado".

El efecto fue instantáneo.

La tiara lunar creció de tamaño y se convirtió en un cinturón de luz que envolvió a Jadeite y lo atrapó, inmovilizando sus manos, haciéndolo vulnerable. Por otro lado, a una distancia apreciable, Amy le entregaba una pluma roja a Rei, quien lucía perdida sobre lo que debía hacer con ese objeto. Fue Luna la que le dijo cómo usarlo y, en un destello de llamas ardientes, una nueva guerrera había nacido.

—¡Rápido, ataca al enemigo! —le indicó Luna frenéticamente, sabiendo que podía zafarse de la tiara lunar en cualquier minuto. La nueva guerrera, usando uno de sus conjuros en un trozo de papel, arrojó el mismo a la frente de Jadeite, quien inmediatamente comenzó a arder en llamas. Las tres guerreras vieron cómo el enemigo era reducido a cenizas y la tiara lunar volvía a su estado original.

—¡Bien hecho! —vitoreó Luna y la nueva guerrera se miró con curiosidad.

—¿Por qué estoy vestida así?

—Es tu uniforme de guerrera —le informó Luna mientras que Sailor Moon y Sailor Mercury la miraba con sendas sonrisas—. Eres la tercera Sailor Senshi, Sailor Mars, la ama y señora del fuego.

Sailor Mars no sabía cómo sentirse. Por supuesto, había derrotado al enemigo, pero no desconocía cómo se había sentido cuando despertó y vio su cara. No sabía por qué, pero ese hombre le causaba una nostalgia que no sabía de dónde venía. El asunto la siguió molestando mientras ayudaba a Sailor Moon, Sailor Mercury y Tuxedo Mask a que la gente regresara al universo que le pertenecía.


(3) Teóricamente hablando, la energía negativa puede usarse para abrir agujeros de gusano artificiales, pero se ha probado que tal energía es altamente inestable y que no soportaría un agujero de gusano el tiempo suficiente para que sea utilizable. Aquí me fui al extremo al decir que tal energía podía rasgar la curvatura espacio-tiempo y romper las siete dimensiones que nos separan de otros universos.

(4) El opening icónico de Sailor Moon.