XV
La espada lunar

Tokio, 21 de febrero de 1992, 01:19a.m.

Había que tener un tipo especial de coraje para trabajar en una morgue, y Hideo Takato lo sabía muy bien. Sin embargo, no había escogido ese trabajo porque le gustara, sino porque nadie más quería hacerlo. Era entendible, pues, aunque la paga era buena, no era lo suficientemente buena para pasar las noches sin otra compañía que un montón de cadáveres. Hideo estaba agradecido de no haber estudiado medicina forense, de otro modo, no solamente tendría que convivir con personas muertas, sino que también tendría que abrirlas.

Esa noche, Hideo había sacado la pajilla más corta. Era esa razón, y no otra, la que le tenía custodiando la morgue a esas horas, con linterna en mano, inspeccionando cada centímetro cuadrado de la instalación. No era su primer turno nocturno, pero tampoco llevaba muchos de ellos a cuestas, por lo que los bostezos formaban parte de su rutina, así como los ruidos extraños que solían escucharse en recintos como aquel. Tenía un par de colegas que no se coartaban a la hora de montar teorías basadas en las supersticiones de moda y, según ellos, decían que las morgues eran los hogares habituales de los fantasmas que tuvieran asuntos pendientes en el mundo de los vivos. Hideo resumía tales creencias en una sola palabra.

Patrañas.

De acuerdo con él, no existían los fantasmas, los espíritus y, desde luego, ninguna persona muerta podía tener algún asunto pendiente en el mundo terrenal. Por eso saltó de la sorpresa cuando escuchó un sonido raro, como de metal arañando metal. Y no era el único. Otros sonidos similares se superponían entre sí para formar una cacofonía sepulcral. Hideo se tragó la basura supernatural y acudió a toda velocidad hacia la fuente del sonido, presumiblemente en el ala norte de la morgue.

Cuando llegó al lugar, no notó nada fuera de lo ordinario. Pero cuando Hideo encendió las luces, vio con horror que tres de los contenedores estaban fuera de sus respectivos receptáculos. Anticipando la tragedia griega que se le venía encima, Hideo se acercó con cautela a los contenedores, solamente para comprobar que estaban vacíos.

—Que me cuelguen —dijo Hideo con un hilo de voz—. ¿Y ahora qué le voy a decir al encargado?

Con el fin de, por lo menos, identificar los cadáveres que, según él, habían sido robados, examinó las etiquetas en las tapas de los contenedores, pero solamente rezaba N/N en cada una de ellos.

—Sin nombre —se dijo Hideo con resignación—. Estoy despedido.

En algún lugar del Océano Pacífico, 21 de febrero de 1992, 01:39a.m.

El avión se había nivelado, pero Saori apenas se había dado cuenta de ello. Pensaba en lo que había ocurrido en aquella extraña habitación que lucía como algún centro de control de lanzamiento de la NASA. Tenía la impresión de haber visto a ese grupo de chicas en otra parte, pero no podía recordar dónde y en qué circunstancias. También le desconcertaba que esas mismas chicas le hubiesen llamado "Sailor Silver Moon" o "Andrómeda" o "heroína de la batalla de la Atlántida". Por supuesto, había visto a las Sailor Senshi en televisión, pero de ahí a que ella fuese una…

Y estaba también la forma en que se había sentido con esa chica del cabello azul.

No sabía cómo se llamaba, pero no podía negar que había una conexión especial, pero al mismo tiempo, extraña. Había sido la única del grupo que no le había mirado feo o algo por el estilo e imaginó que debía sentirse del mismo modo. Pero jamás he visto a esa chica en mi vida. ¿Por qué me hace sentir estas cosas? Porque Saori se sentía como si alguna vez estuviera enamorada de esa chica.

¿Yo, enamorada?

Saori no recordaba nunca haber perdido la cabeza por un chico, más que nada porque prefería a las chicas, pero tampoco lo había hecho por una. Era muy difícil enamorar a Saori, y más que ella lo hiciera, porque ella no creía en el amor. Creía en la fuerza de sus brazos y piernas y en la solidez de su carácter, nada más, nada menos. Tal vez tuviera que ver con su ruda niñez. Sus padres habían muerto en un asalto a mano armada y ningún familiar quiso hacerse cargo de ella, por lo que ella había terminado en un orfanato. Fue allí cuando entendió que debía valerse por su cuenta y que el mundo no le iba a regalar nada.

Después de pedir un bocado nocturno, Saori extrajo su celular y abrió la aplicación de mapas. Cargó el archivo que la joven del cabello azul le había entregado y vio que ella no le había mentido. El punto seguía mostrando el mismo lugar, en las afueras de Washington. Saori cerró la aplicación, comió su bocado y se puso los audífonos para escuchar un poco de heavy metal, porque el pasajero que iba a su lado había comenzado a roncar.

Se fue quedando dormida lentamente, sumiéndose en sueños intranquilos sobre reinos en la luna y misiles asesinos.

El lado oculto de la luna, 21 de febrero de 1992, 01:57p.m, hora de Tokio

Las Sailor Senshi todavía no podían salir de su asombro al darse cuenta que estaban pisando las ruinas del Milenio de Plata, aunque ya nada pudiera reconocerse entre los capiteles rotos y las columnas derrumbadas. Había algo en aquel paraje que causaba una profunda tristeza en Sailor Moon, como si estuviera reviviendo cada momento de la caída de un reino en el que había crecido y fallecido a manos de personas sin corazón.

Había un camino hecho de columnas de las que alguna vez brotó agua, pero ese camino era una mera sombra del esplendor que alguna vez fue. Las Sailor Senshi caminaron por aquel sendero ruinoso, sintiendo a cada momento los fantasmas del pasado atormentarlas con recuerdos de gente feliz, bailes, romance y paz.

—Esto es… muy triste —dijo Sailor Moon, resistiendo las ganas de llorar—. Este era un reino hermoso, lleno de gente hermosa. No entiendo por qué alguien querría destruir un lugar así.

—Es sabido que cosas hermosas causan envidia en mucha gente —dijo Sailor Mercury, detectando un pico de energía con su visor—, y hay personas que actúan sobre su envidia.

—Eso no les da derecho a destruir todo un reino —dijo Sailor Jupiter, contemplando lo que alguna vez fue el domo de un gran palacio—. Por cierto, ¿por qué tienes esa expresión, Sailor Mercury?

—Es que hay una fuente de energía bajo las ruinas del palacio —respondió la aludida, acercándose a un recinto circular rodeado de columnas derruidas—. Y aquí está el sello lunar.

Las Sailor Senshi rodearon un pequeño pedestal que se asentaba sobre una plataforma circular con una luna menguante tallada en ésta. Pero, cuando ellas estuvieron lo suficientemente cerca, un brillo plateado las cegó, haciendo que retrocedieran un poco. El brillo solamente duró un par de segundos, pero a las Sailor Senshi les tomó mucho más tiempo recuperar la vista. Cuando lo hicieron, todas contuvieron el aliento al ver a una mujer en miniatura, ataviada con un vestido blanco con una corbata de moño en su pecho. Su cara era casi idéntica a la de Sailor Moon, solamente que se antojaba más madura, su cabello ostentaba unos moños bastante familiares, pero era de color plateado. La guinda de la torta la ponía la insignia en su frente, una luna menguante de color dorado. Por supuesto, las Sailor Senshi sabían quién era ella, a excepción de Sailor Moon, pues todos sus recuerdos tenían relación con Endimión y no había podido salir de aquellos.

—Hola, princesa Serena —dijo la mujer en miniatura con una sonrisa triste—. Te he estado esperando, y a ustedes también, Sailor Senshi.

—¿Quién eres tú?

—Busca en tus recuerdos, princesa. Allí encontrarás la respuesta.

Sin embargo, por mucho que se esforzó, Sailor Moon no pudo recordar nada que no tuviera relación con Endimión. Tal vez los demás recuerdos de su pasado estuvieran allí, pero no podía hacer que pasaran al frente de su cabeza.

—No… no puedo.

—No te preocupes, te diré quién soy. Soy la reina Serenity, la encarnación de la diosa de la luna, Selene… y además de eso, soy tu madre.

Sailor Moon y las demás contuvieron la respiración.

—¿Mi madre? Pero… pero eso no es posible.

—Es la verdad —dijo el eco de la reina Serenity, pues eso era, un eco de lo que alguna vez fue—. La madre que tienes en la Tierra es tu progenitora terrenal, pero yo fui quien te dio a luz aquí en la luna, en los tiempos que estas ruinas no eran ruinas. He estado observando lo que está ocurriendo allá abajo. He observado tu progreso como Sailor Senshi, cómo has logrado superar muchos obstáculos para llegar aquí.

—¿Y sabes dónde está Endimión?

—No deberías preocuparte por él —dijo la reina Serenity con un poco más de severidad—. De hecho, si quieres cumplir con tu rol como la princesa, deberás abandonar al príncipe de la Tierra.

Sailor Moon y las demás volvieron a contener la respiración, esta vez a causa de la indignación.

—¡No puedo dejarlo en manos del enemigo! Quién sabe qué están haciendo con él.

—Si quieres vencer a ese enemigo, tienes que hacerlo —insistió Serenity con un poco menos de dureza—. Él es un príncipe de la Tierra, tú eres la princesa de la luna. Ustedes no pueden estar juntos.

—¿Por qué no podemos estarlo?

—Porque somos de razas diferentes —repuso Serenity, volviendo a adoptar el tono amable con el que se había presentado—. Ellos son mortales y nosotros somos descendientes de los dioses. Tú, por ejemplo, eres hija de una diosa, la diosa de la luna. La última vez que tratamos de convivir con los mortales, hubo una guerra y, por esa razón, tuvimos que emigrar a la luna.

—Pero eso no debería ser impedimento para nuestro amor —dijo Sailor Moon en un tono casi implorante—. Está bien que quieras distanciarte de los humanos, pero se supone que peleamos por el amor, entre otras cosas. No deberías prohibir nuestra relación.

—Sailor Moon, te estoy diciendo esto porque yo cometí ese error una vez —dijo Serenity, quien lucía arrepentida—. Me involucré con un hombre de la Tierra más de lo que tenía permitido y eso desató una guerra que casi nos llevó a la ruina. Si no fuese por Sailor Silver Moon, no habría existido un Milenio de Plata.

—¿O sea, tú provocaste esa guerra porque tuviste un amorío?

—De lo único que no me arrepiento de esa relación fuiste tú —dijo Serenity, notando cómo Sailor Moon abría la boca a causa de la sorpresa—. Sí, Serena, tú fuiste el fruto de ese amor prohibido, y creo que es por eso que persigues ese amor con tanto ahínco. Pero te insisto: cosas malas siempre ocurren cuando existe un vínculo entre la Tierra y la luna.

Sailor Moon necesitaba tiempo para procesar todo aquello. Había estado tan obcecada pensando en el destino de Endimión que había olvidado todo lo demás, especialmente el misterio de los sujetos con los palos de madera. No podía creer que ella hubiera sido el producto de una relación que condujo a una guerra. De algún modo, se sentía sucia, manchada con la sangre de aquellos que perdieron la vida en aquella contienda de la que nada sabía, como si ella hubiese sido cómplice de la tragedia.

—¿Y qué hay de los sujetos que destruyeron el Milenio de Plata?

—Ellos… ellos son los descendientes de aquellos que libraron la batalla de la Atlántida —repuso la reina Serenity pesadamente, como si aquellas palabras supusieran una carga para ella—. Los humanos de ese tiempo miraban a la Atlántida con envidia por el poder y la majestad de nuestro reino, pero yo creía que la paz era posible y, para probarlo, escogí a un hombre entre los pueblos humanos para convertirlo en un ejemplo y que los demás pudieran ver que el reino de la Atlántida era benevolente. Pero este hombre consiguió seducirme y obtuvo conocimiento que no debió haber obtenido. Fui débil. Ese hombre contempló el Cristal de Plata, supo sobre su poder e informó al resto de los reinos humanos. Como era predecible, los mortales protestaron, demandando que el poder del Cristal de Plata fuese compartido con el resto de la humanidad, tildándome de egoísta. Yo repuse que ellos todavía eran demasiado inmaduros para tener acceso a esa clase de poder y la humanidad reaccionó con violencia. En poco tiempo, armaron un ejército y tomaron a la Atlántida por asalto. Nuestros soldados estaban siendo derrotados y un grupo se infiltró en el palacio y obtuvo el Cristal de Plata. Sabiendo que no tenía mucho tiempo, envié a mi guerrera más poderosa, Sailor Silver Moon, a recuperar el Cristal de Plata. No pasó mucho tiempo para que realizara su misión, pero los eruditos de ese tiempo consiguieron aprender algo de su poder. En mi desesperación, hice que Sailor Silver Moon liderara a lo que quedaba de mi ejército y arremetiera contra el ejército enemigo. Y, después de una sangrienta refriega, nuestros hombres vencieron, pero a un costo enorme. En ese momento me di cuenta que los reinos de la Tierra jamás dejarían de tratar de obtener el Cristal de Plata, por lo que decidí trasladar el nuestro fuera del alcance de la humanidad. Hundí la Atlántida para que nadie más supiera de su existencia y, a partir de ese momento, establecí el nuevo reino en la luna, bautizándolo el Milenio de Plata. Fue cuando el fruto de mi debilidad nació. Desde ese momento temí que en tu sangre corriera la misma debilidad mía y la de mi antepasado, la diosa Selene, y fue por eso que, desde muy joven, fuiste escoltada en todo momento por una guardia personal de guerreras, entrenadas por la misma Sailor Silver Moon, y fue así cómo nacieron las Sailor Senshi, las mismas que tienes a tu lado.

"Poco pude anticipar que el príncipe de la Tierra tuviera sus propios guardianes. Yo, en su momento, no sabía que estabas viendo a Endimión a expensas de mis advertencias, y que tus guardianas permitieran aquella relación. Luego me enteré que tus guardianas cayeron enamoradas de sus guardianes. Era natural, porque ambos grupos siempre estaban próximos y una interacción más profunda era inevitable. Pero, como dije, siempre hay problemas cuando hay un vínculo entre la Tierra y la luna".

"Resulta que había una joven reina que también deseaba al príncipe Endimión, pero cuando vio que él estaba enamorado de ti, se consumió en celos, hizo tratos con seres perversos y fue así como nació el Reino Oscuro. No olvides que hizo todo eso para obtener el corazón del joven príncipe, pero sus medios distaban mucho de ser los correctos. Su primer paso fue corromper a sus propios guardianes, lo cual consiguió y los convirtió en sus más poderosos sirvientes. Por supuesto, también intentó corromper a Endimión, pero él consiguió escapar y pedir asilo en la luna. Claro, no mencionó que había violado la sagrada ley que prohibía a los seres de la luna interactuar con los seres de la Tierra y yo le concedí el asilo, sin saber que estaba cortejándote. Pero eso no disuadió a Beryl y, con la ayuda de sus nuevos aliados, consiguió llegar a la luna y tomarla por asalto. Sin embargo, Beryl no contó con Sailor Silver Moon y ella la derrotó asesinándola de forma brutal. Tus guardianas, con gran dolor en sus corazones, hicieron lo mismo con los Generales Celestiales, los guardianes corrompidos del príncipe, pues todavía los amaban, pese a todo. Por fortuna, el Reino Oscuro no causó gran daño en el Milenio de Plata, pero aquella fue la última batalla de Sailor Silver Moon, pues había tomado demasiadas vidas y quería descansar de tanto conflicto. Así, perdimos a nuestra guerrera más fuerte, lo que solamente contribuyó a nuestro fin".

"Apenas nos habíamos recuperado del ataque del Reino Oscuro cuando esos sujetos vinieron a la luna. Tenían palos de madera y creíamos que no iban a ser una gran amenaza. Nos confiamos. Gracias a los conocimientos que los eruditos de la Tierra obtuvieron del Cristal de Plata, convirtieron esos palos de madera en armas mágicas. Fuimos masacrados sin compasión por ellos. Las Sailor Senshi no pudieron detenerlos y fueron asesinadas de manera salvaje. Todo estaba perdido, tú estabas muerta, al igual que Endimión… yo no tenía nada que perder. Usé el Cristal de Plata para derrotar a esos hombres, y todos ellos perecieron, pero a costa de mi propia vida. Llamamos a esos invasores "Desterrados", porque nosotros teníamos en nuestros planes compartir el poder del Cristal de Plata con las humanidad en el momento en que hubieran probado que eran dignos, y ellos renegaron de aquel derecho al atacarnos".

Cuando la reina Serenity concluyó su historia, Sailor Moon y las demás miraron a la imagen de la reina sin decir nada. No había palabras para describir la consternación, la rabia y la tristeza que había en aquel cuento. El silencio que reinaba en las ruinas del Milenio de Plata hablaba por sí solo, y las columnas, paredes y decoraciones destruidas solamente contribuían a que la tragedia se sintiera con más intensidad. Sailor Moon no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus ojos, apenas atreviéndose a creer que la responsable de la caída del Milenio de Plata estaba frente a ella. Había sido la reina Serenity, su propia madre, la que había sembrado la semilla de su propio final.

—¿Por qué creíste que los humanos no estaban listos para acceder al poder del Cristal de Plata? —preguntó Sailor Moon con un hilo de voz—. ¿Quién eres tú para decidir tal cosa?

—El ser humano es una especie inmadura —repuso Serenity con tristeza—. Todavía lo es, pese a sus avances tecnológicos. Toma por ejemplo a Herbert Dixon. Estuve observándolo todo. Trató de erradicar a toda la humanidad a través de una guerra nuclear, solamente porque creía que la raza humana ya no tenía salvación. Y no estuvo solo en ello. Varios hombres, cegados por el poder, apoyaron sus terribles ideas. Habría tenido éxito en su misión si no fuese por el sacrificio de Sailor Silver Moon. Gracias a ella tienes un mundo en el que vivir.

—¿Sailor Silver Moon? ¿Te refieres a Saori?

—Así se llama ahora, pero los tiempos del Milenio de Plata se llamaba Andrómeda. Ella es una amazona, por eso es tan alta y tan fuerte. Acudió a la Atlántida con fines diplomáticos, pero ella se quedó por razones que no me contó. Debo admitir que lucía más como una guerrera que como un diplomático, pero, de donde ella viene, hasta los políticos sabían pelear.

—Pues Andrómeda es mucho mejor que tú —dijo Sailor Moon con rabia—. Ella defendió tu reino en dos ocasiones y dio su vida por la humanidad. ¡Ella debió ser la reina del Milenio de Plata y no tú!

Se hizo otro silencio tenso en medio de las ruinas. Las demás Sailor Senshi miraban a Sailor Moon como si ella hubiera cometido un terrible sacrilegio.

—No deberías faltarle el respeto a tu madre —dijo Sailor Mercury con calma.

—¿Cómo se te ocurre decir esas cosas? —gruñó Sailor Mars, mirando a Sailor Moon con el ceño fruncido.

—Déjenla —dijo la reina Serenity, mirando con tristeza a Sailor Moon—. Ella tiene razón. En todo. Andrómeda, aunque no hubiese nacido en la Atlántida, la defendió como si lo hubiese hecho. Fue su sangre la que permitió que nuestro reino sobreviviera y, desde luego, fue quien salvó a la humanidad de la total extinción. Ha hecho más méritos de lo que jamás hice para reinar la Atlántida y el Milenio de Plata. Y también sé que tú serás mejor que yo. No cometerás los errores que llevaron a este hermoso reino a la ruina. Para ese fin, hay un tesoro escondido en la bóveda que se encuentra debajo del sello lunar. Con ese objeto puedes poner fin a los planes del Reino Oscuro y recuperar el Cristal de Plata.

—¿Y qué hay de Endimión?

La reina Serenity exhaló en señal de buscar paciencia.

—Como te dije, las relaciones entre la Tierra y la luna son peligrosas. Pero si tanto deseas rescatar a tu príncipe, hazlo, pero debes tener presente que habrá consecuencias, y tendrás que estar a la altura del desafío.

—Tomaré el riesgo.

—Está bien. Has tomado tu decisión. Ahora, para abrir el sello lunar, basta con que pongas tu mano sobre el pedestal y la plataforma descenderá hasta la bóveda. El objeto del que te he hablado es una espada. Sabrás cual es porque es la única que está de pie y sus ornamentos son… digamos… apropiados para ti.

La imagen de la reina Serenity desapareció. Sailor Moon se quedó de pie por unos cuantos segundos antes de poner su mano sobre el pedestal. Inmediatamente, todo tembló y la plataforma comenzó a descender lentamente. Las Sailor Senshi miraban en todas direcciones a medida que la oscuridad iba ganando terreno. Sailor Mercury consultaba su visor constantemente, notando que el pico de energía se estaba haciendo más intenso.

Para cuando la plataforma llegó a la bóveda, todas tuvieron que afirmarse del pedestal para no caerse. Apenas había luz en el lugar. Sailor Mars volvió a usar sus poderes para iluminar la bóveda y, a unos veinte metros de la plataforma, había una espada enterrada en el suelo. La hoja era plateada y la empuñadura ostentaba decoraciones familiares para quien hubiera visto la insignia en la frente de la reina Serenity.

—Esa es la fuente del pico de energía —dijo Sailor Mercury, acercándose de a poco a la espada—. Pero, ¿por qué emite esa energía? Es una energía similar a la que emite el Cristal de Plata.

—¿Tal vez estará hecha del mismo material? —aventuró Sailor Mars, tomando la espada y tratando de levantarla, sin éxito—. Sea lo que sea, está muy enterrada en el suelo. O tal vez es muy pesada.

—Déjame intentarlo —dijo Sailor Jupiter, tomando la empuñadura y jalando con todas sus fuerzas. La espada no se movió ni un milímetro.

—¡Rayos! —exclamó Sailor Jupiter, jadeando a causa del esfuerzo—. ¡Es muy pesada!

—¿Y entonces cómo podremos usarla? —preguntó Sailor Venus mientras Sailor Moon se acercaba a la espada con una expresión de incertidumbre—. Ni siquiera Sailor Jupiter pudo levantarla.

Sailor Moon tomó la empuñadura con cierto tiento y sus compañeras se dieron cuenta de lo que intentaba hacer.

—No podrás levantarla —dijo Sailor Jupiter mientras se sobaba las manos a causa del ardor que había provocado su fracasado intento por levantar la espada—. Es demasiado pesada…

Pero las palabras de Sailor Jupiter quedaron en nada cuando todas vieron, con asombro e incredulidad, cómo Sailor Moon levantaba la espada sin ninguna dificultad. Era como si ésta estuviera hecha de cartón en lugar de metal.

—Pero… pero…

—¿Cómo pudo levantarla?

Sailor Moon maniobró por un momento el arma antes de mirar a sus amigas.

—Soy la princesa —dijo, una extraña fuerza supurando de sus palabras—. Es natural que pueda empuñar esta espada. Seré mejor que mi madre. Rescataré a Endimión y recuperaré el Cristal de Plata, pero voy a necesitarlas, ahora más que nunca. ¿Puedo contar con ustedes?

—Siempre podrás contar con nosotras —dijo Sailor Venus con firmeza—. ¿No es cierto, chicas?

—¡Sí! —exclamaron las demás con entusiasmo.

—Entonces —dijo Sailor Moon, haciendo una pausa teatral antes de continuar—, ¡castigaremos al Reino Oscuro en el nombre de la luna!


Nota del Autor: Espero que nadie me crucifique por las variaciones que estoy introduciendo a la historia original de Sailor Moon. En todo caso, siempre fue mi intención hacer algo así, hacer una alternativa a lo narrado en el manga. Además, debo tener en cuenta todo lo que narré en las dos precuelas para que todo fuese coherente y tenga sentido.

Saludos lunares.