XXV
Las compañeras de Nicole
Londres, 23 de enero de 2000, 11:17p.m.
Al principio, no sabía por dónde diablos comenzar mi cruzada por limpiar mi nombre. En ese momento, era un hombre buscado por la ley, y no habría llegado lejos de no ser por Nicole. Hablando de ella, aún tenía muchas preguntas al respecto, porque tenía esta incierta impresión que había más en Nicole de lo que mostraba, y con esto no me refiero a lo despampanante que era, sino a cómo había neutralizado a cuatro policías sin siquiera usar un arma. Me estaba preguntando qué clase de entrenamiento había recibido cuando ella me instó a que subiera al sedán.
Por supuesto, no había olvidado el asunto del acelerador de partículas, pero juzgué que esa investigación sería más fácil de llevar a cabo sin la policía tras mi rastro. Por esa razón necesitaba hacerle saber al mundo, especialmente a las autoridades, que yo no asesiné a James Harrington. Por lo menos Nicole no dudaba de mi palabra, y lo que era mejor, se había mostrado dispuesta a ayudarme. Y más encima, dijo que conocía a unas amigas que podrían allanarme el camino.
Después que me subí al sedán y Nicole puso en marcha el motor, ella me platicó más sobre sus amigas, a las que ella, por alguna razón, le gustaba denominar "compañeras". Esto es lo que recuerdo de aquella conversación.
Violet Taylor es una inventora reconocida. Después de todo, ella fue quien diseñó el equipo que había usado Nicole en nuestra pasada incursión al recinto que ocultaba el reactor nuclear. Violet es, también, muy inteligente —sería extraño que no lo fuese—, pero muy reservada, aunque Nicole la había calificado como introvertida y tímida. Su vida social era la misma que la de un ermitaño; rara vez salía de su taller, y las veces en que lo hacía, se limitaba a comprar partes que necesitaba para sus nuevos inventos y, claro, desarrollar su mejor pasatiempo: el ballet. Recuerdo que Nicole me había platicado sobre su academia; era un sitio pequeño, pero con una clientela muy leal, y el dinero que ganaba usualmente lo invertía en su taller o en partes que necesitaba. Ah, se me olvidó mencionar que Violet es lesbiana, pero la forma en que se había percatado de ello era un misterio, dado que apenas salía de su casa o de su academia.
Scarlett Reddington es, quizás, la mujer más romántica del universo. También es una excelente artista, aunque su especialidad son las pinturas. Recuerdo que Nicole me dijo que su afición por el arte nació debido a una suerte de experimento sexual o algo parecido. Por supuesto, Scarlett es muy desvergonzada cuando se trata de sexualidad o erotismo, y, por lo que Nicole me ha dicho, eso se refleja de forma obvia en sus pinturas. Ha estado muchas veces en la controversia por sus obras, pero a ella no parece importarle. No obstante, según Nicole, puede llegar a ser irritante su compulsión por ver romance en todas partes, aunque es debatible si se debe a que ve muchas teleseries o si tuvo una muy buena primera vez en el sexo, qué sabré yo.
Sophie Ocean es una chica interesante. Es alguien que emplea la lógica por encima de todas las cosas y es desdeñosa con cualquier persona que no actúa de forma ortodoxa. Es también inteligente, aunque, a diferencia de Violet, quien usa su poderío intelectual para cosas prácticas, Sophie es una chica que emplea su inteligencia para propósitos abstractos, como matemáticas, física y demás. Es, también, una notable escritora, y ha publicado unos cuantos libros, pero como escribe sobre cosas abstractas y existenciales, no vende muchas copias, pero, por lo que me dijo Nicole, a ella le da lo mismo. Según Sophie, si alguien quiere ser escritor, no debe esperar que sus libros vendan millones de copias, sino que debe hacerlo para sacarse ideas de la cabeza y hacer hueco para nuevas ideas. Sin embargo, debido a que es una chica lógica, siempre anda confrontando a Scarlett por sus ideas románticas. Mientras Scarlett parece vivir en las nubles, Sophie tiene los pies bien puestos sobre la tierra, criticando las fantasías románticas, precisamente porque carecen de lógica.
Cuando Nicole terminó de platicarme sobre sus… no digamos amigas, sino compañeras, ya estábamos en Londres, pero, por alguna razón, no nos detuvimos en alguna estación del subterráneo o en alguna casa u hotel. Seguimos al oeste, mientras yo miraba las luminarias nocturnas discurrir a velocidad de vértigo, dándome cuenta que Nicole no me había proporcionado descripciones físicas de sus compañeras, ya saben, para poder reconocerlas cuando las conozca. Sin embargo, cuando di voz a mis pensamientos, Nicole me dijo que no podía dar descripciones por razones que ella sabrá mejor. Tal vez se dio cuenta de cómo yo la miraba y no quería que mis ojos acosaran a sus compañeras. Quién sabe. Puede que ellas también sean lindas, tal como esas chicas de faldas cortas sobre las que escuché en la radio mientras nos dirigíamos a Kent. Creo que las llamaban "Sailor Senshi", pero ese difícilmente era el punto en ese momento. La razón era simple: cuando miré los letreros de la autopista, me di cuenta que muy pronto íbamos a dejar Londres, aunque el cómo lo íbamos a hacer era un misterio aún. Recuerden que la policía iba tras nosotros, o mejor dicho, tras de mí, y lo primero que hace la policía cuando uno está a punto de hacer lo que Nicole y yo íbamos a hacer, es llamar a la Interpol.
Mi estómago se retorcía cada vez que escuchaba las sirenas de los coches patrulla, pensando en que pronto nos iban a encontrar, poniendo punto final a mis esfuerzos por limpiar mi nombre. Sin embargo, no nos encontramos con ningún policía en nuestro camino a uno de los aeropuertos más atestados del mundo. Mientras Nicole seguía conduciendo de forma casual, me pregunté cómo burlaríamos los controles de identidad. Si la Interpol estaba buscándonos, habría fotografías de nosotros dos en todas partes. Reconocernos sería tan fácil como pedirnos nuestra identificación, cosa que no era algo opcional. Era la ley.
Cuando llegamos a Heathrow, Nicole buscó un espacio para estacionar el vehículo y entramos en el terminal, el cual era gigante. Jamás había estado en Heathrow antes. Solamente había abordado vuelos locales en aeródromos menores, pero Heathrow era una aeropuerto internacional. ¿Adónde demonios quería llevarme Nicole? No obstante, pensé que era mejor no preguntar. Era obvio que Nicole sabía lo que estaba haciendo, porque no titubeó en ningún momento.
Nos aproximamos al cubículo de una aerolínea conocida y ella compró dos boletos. Fue ahí cuando me asaltaron las ganas de protestar, porque Nicole había entregado libremente nuestras identidades y, cuando nos alejamos, iba a decirle que nos habíamos puesto una soga al cuello, cuando nos dimos cuenta que no nos dirigíamos hacia los counters para registrarnos, sino que íbamos derecho a embarcarnos.
—¿Qué estamos haciendo? —pregunté, mientras nos acercábamos a la garita de seguridad del aeropuerto, ya saben, donde normalmente pasamos nuestro equipaje de mano por las máquinas de rayos x y nos examinan en busca de objetos metálicos… y donde tenemos que presentar nuestras tarjetas de embarque a los oficiales de seguridad.
—Embarcándonos —repuso Nicole lacónicamente—. Sigue caminando. Confía en mí.
Cuando entramos en la garita de seguridad, un recinto amplio lleno de cintas transportadoras, máquinas de rayos x y detectores de metales, Nicole tomó mi mano e ignoró la cola de pasajeros esperando por su turno para ser cacheados, circundando los detectores de metales y pasando directamente hacia las puertas de embarque. Cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta que ningún guardia u oficial de seguridad nos interceptó.
—¿Pero qué diablos…?
—Luego te explico —dijo Nicole escuetamente, conduciéndome hacia una de las puertas de embarque en el primer nivel. Fue cuando entendí que no íbamos a abordar ningún avión comercial. Las puertas de embarque del primer nivel no eran exactamente puertas de embarque, sino que vías exclusivas para pasajeros importantes que quisieran abordar jets privados o cosas por el estilo.
—¿Tienes un jet? —pregunté, tratando de no elevar tanto la voz.
Nicole sonrió por toda respuesta.
La puerta de embarque a la que Nicole se dirigía estaba cerrada, pero, por alguna razón, ambos pudimos atravesarla sin problemas. Afuera nos esperaba un vehículo de color blanco con una bandera a cuadros blancos y rojos. Si ustedes se están preguntando por qué una bandera a cuadros blancos y rojos, entonces les voy a decir que todos los vehículos que circulan por el área de movimiento del aeropuerto deben llevar esas banderas por regulaciones internacionales de aviación civil. El rojo es un color fuerte, que contrasta con el blanco, por lo que es más visible, tanto para el personal como para los pilotos de las aeronaves. Terminada la explicación, retomaré la historia.
La cuestión es que me subí al vehículo y noté que era conducido por una mujer de cabello largo, ondulado y de un exótico color azul marino. Sus ojos también eran azules y tenía la cara ancha (13), al igual que su boca. Arqueé una ceja.
—¿Es una de tus compañeras?
—Ella es Sophie, y sí, es una de mis compañeras —dijo Nicole, también subiendo al vehículo—. La que está atrás, la del cabello castaño corto, es Violet.
Honestamente, si Nicole no hubiera mencionado a la chica que iba sentada atrás de mí, la habría pasado por alto. Recordé lo que ella me había platicado sobre Violet y todo tuvo sentido. Su aspecto era tan promedio que podría fácilmente mezclarse con la multitud y nadie la distinguiría. También noté que no hablaba. Miraba al frente, como fascinada por el camino que llevaba al hangar privado desde donde íbamos a despegar.
—Ella fue la responsable que nadie nos viera en la garita de seguridad —continuó Nicole con una pequeña sonrisa—. Tiene… digamos… habilidades especiales. No le gusta hablar mucho, como me imagino que ya sabrás, aunque siempre puedes intentar tener una conversación con ella.
—Hola —saludé a Violet, pero ella rehuyó mi mirada.
—Hola —respondió ella en voz baja, como si no quisiera que yo la escuchara—. ¿Es usted el señor Jeremy Burns?
Solté una carcajada. Nicole me había dicho que era tímida, pero no que fuese tan educada.
—Sí, y no tienes que llamarme "señor" —le dije en un tono que esperaba sonase tranquilizador—. No soy mucho mayor que tú, de todos modos. Tampoco te haré daño, si es eso lo que estás pensando.
—Lo sé, señor Burns, pero en mi familia me enseñaron a tener buenos modales con la gente que conozco.
—Eso es bueno —dije, tratando de ser alguien familiar para ella, pero parecía ser que tenía una especie de compulsión por ser cortés—. Si te molesto, sólo dilo.
Pero Violet no dijo nada.
El vehículo se puso en marcha. No íbamos muy rápido, de nuevo, por regulaciones de aeronáutica civil, pero el hangar privado no se encontraba muy lejos. En menos de dos minutos ya lo teníamos a la vista, y en él, había un jet de dos motores, con capacidad para diez pasajeros, excluyendo al piloto y al copiloto.
Nos bajamos del vehículo y Sophie lo dejó en el estacionamiento junto al hangar. La brisa fría me indicó cuán tarde era, o mejor dicho, cuán temprano era. Esperando hallar un poco de calor dentro del jet, subí por las escalerillas y vi que una mujer cuyo cabello pelirrojo era muy largo, manejaba los controles, preparando al jet para el despegue.
—Supongo que ella es Scarlett —dije, esperando que alguien me respondiera.
—Así es —repuso Nicole, quien ya había tomado asiento, y yo hice lo mismo junto a ella—. Procura no hablarle mucho de amor o sexo, porque ella puede darte una cátedra de una hora, explicándote por qué deberías hallar pareja.
—Lo tendré en mente —dije, al tiempo que Violet y Sophie entraban en la cabina. Sophie tomó su lugar en el asiento del copiloto y Violet hizo lo mismo frente a mí. Noté que tenía sus manos juntas y miraba hacia sus piernas.
—Bueno —dijo Nicole mientras los motores a reacción se encendían y Sophie, quien conocía mejor el alfabeto radiofónico, usado internacionalmente en las comunicaciones en los aeropuertos, se comunicaba con la torre de control—, ahora conoces a mis compañeras. Las llamaría amigas, pero no llevamos mucho tiempo desde que nos encontramos.
No dije nada. Todavía me quedaba comprobar si ellas eran como Nicole me las había descrito, aunque ese difícilmente era el asunto más importante.
—Sierra Hotel—decía la voz de Sophie a través de la radio. Hubo un momento de silencio antes que ella volviera a hablar—. Solicito permiso para despegue de aeronave menor por calle de rodaje Foxtrot a pista de despegue Charlie. Identificación: Tango, seis, Delta, dos, uno, Whiskey, November.
Escuchando hablar a Sophie, me costaba trabajo creer que las chicas que me acompañaban tuvieran veinte años. Era como si todas ellas hubieran tenido mucha experiencia previa en… bueno… todo. Nicole me miraba fijamente a los ojos, y entendí que ella había notado mi confusión.
—Bueno, digamos que tenemos una enciclopedia andante con nosotras —dijo ella, mirando a Violet, quien se puso colorada—. No permitas que su aspecto de chica modosa te engañe. Violet te puede calcular el número pi con noventa y cinco decimales y tiene memoria de elefante. Jamás le hagas daño, porque ella lo va a recordar hasta el día de su muerte, y se ve a asegurar que tú tampoco lo hagas.
Yo, instintivamente, tragué saliva. Me daba pavor pensar que hasta las chicas como Violet podían ser vengativas. Hice una nota mental de nunca hacerle daño a una mujer, por muy amable y bienintencionada que fuese.
Al parecer, la torre de control dio autorización para el despegue, porque el jet comenzó a rodar fuera del hangar y hacia la pista de rodaje más cercana. Luego, el avión comenzó a ganar velocidad, y discurrimos por Foxtrot más rápido. Noté que el aeropuerto tenía varias pistas de despegue: una para los aviones más grandes, otra para los de mediana envergadura y una última para aeronaves pequeñas, como el jet en el que yo iba sentado. A veces teníamos que detenernos, porque algunas pistas de rodaje se cruzaban entre sí, pero todo era coordinado por la torre de control. Me pregunté cuál era el régimen laboral de los controladores de tráfico aéreo, porque esos tipos tenían que poner atención a mil detalles sin incidentes, o peor, accidentes.
Cuando al fin llegamos a la pista Charlie, tuvimos que esperar unos dos minutos, pues había una fila de avionetas y jets delante de nosotros. Para cuando fue nuestro turno, los motores del jet rugieron e hicieron que mis tripas se revolvieran dentro de mí. Sentí que mi espalda se aplanaba contra el asiento a medida que el jet ganaba velocidad, hasta que se inclinó hacia atrás y, segundos después, estábamos en el aire. Sin embargo, no me sentí tranquilo hasta que estuvimos a más de mil metros sobre la superficie, porque el maldito jet se zarandeaba de un lado a otro a causa del viento.
—Yo puedo sola desde aquí —oí decir a Scarlett y Sophie apareció en la cabina, tomando asiento junto a Violet.
—Bueno —dijo Nicole, mirándome fijamente a los ojos—, es momento que sepas por qué estamos haciendo esto, abordando un avión y saliendo del país.
—La verdad —dije, en tono de broma, claro estaba—, estaba preguntándome cuándo me lo dirían, si ahora o en cien años más.
Para mi vergüenza, ninguna rio.
—Nosotras hemos estado ocupadas últimamente con los eventos que están ocurriendo en Inglaterra —dijo Nicole con seriedad—. De hecho, fue Sophie quien supo que tú estabas investigando algo sobre un acelerador de partículas, y que habías hecho importantes avances. Por eso yo decidí que podrías sernos de mucha ayuda en nuestra propia investigación.
—Pues no veo qué rol puedo cumplir —dije, mirando a Sophie y a Violet—. Tienes a dos cerebros mejor entrenados que el mío para eso.
—Bueno, por mucho que te cueste creerlo, ellas dos son muy inteligentes, pero les falta algo crucial, algo que te hace un muy buen reportero. —Nicole se inclinó hacia delante, mirándome con más atención—. Intuición. Violet y Sophie son muy cartesianas para pensar, pero tú eres intuitivo y piensas de forma poco convencional. Por eso queremos que nos ayudes a desvelar qué hay detrás del acelerador de partículas. A cambio, te ayudaremos a limpiar tu nombre. Por eso es que estamos a bordo de este avión.
—¿Estoy aquí para limpiar mi nombre?
—Por supuesto —dijo Nicole con una sonrisa—. ¿Para qué otra cosa estás aquí?
—¿Y para hacer eso, debo salir del país y convertirme en un prófugo de la justicia? Interpol estará detrás de mi trasero hasta que me capturen.
—No lo harán, no mientras estés con nosotras.
—Te protegeremos mientras hacemos nuestra parte —añadió Sophie.
—¿Y por qué debemos salir del país?
Nicole se acomodó en su asiento, reclinándose hacia atrás.
—Porque la clave para limpiar tu nombre se encuentra al otro lado del charco, en Estados Unidos.
(13) Imaginen a Michiru con el color de cabello de Amy y tendrán a Sophie.
