XXXII
Abandono
Órbita cercana a la Tierra, a 750km de la superficie, 06:58p.m, hora de Tokio
Mientras las Sailor Senshi descansaban del esfuerzo anterior, Fiore se acercaba a Tuxedo Mask, sosteniendo algo invisible en sus manos. Tuxedo Mask miró a su amigo, sin entender.
—¿Qué haces?
—Es que… esa flor que tenía en mi pecho… no era la que deseaba regalarte. —Fiore alzó las manos, todavía juntas, pero Tuxedo Mask seguía sin comprender lo que su amigo estaba tratando de mostrar—. Había encontrado la flor perfecta, e iba en camino cuando me topé con la que me… me lavó el cerebro.
—Pero ahí no veo nada —dijo Tuxedo Mask con cara de pregunta.
—Ese es el punto —dijo Fiore tristemente—. Me la robaron… o mejor dicho, la flor maligna me dijo que me deshiciera de ella. Se la di a una mujer de cabello largo y dorado. No recuerdo su nombre en este momento.
—Aurora —dijo Tuxedo Mask en un tono tan bajo que Fiore no le escuchó.
—¿Perdón?
—Aurora —reiteró Tuxedo Mask con una voz más clara—. Así se llama la mujer de la que hablas. ¿Te la pidió?
—Sí. Dijo que era para algo importante, pero nada más.
Tuxedo Mask se llevó una mano al mentón y Fiore bajó la cabeza, justo en el momento en que las Sailor Senshi comenzaban a ponerse de pie. Sailor Jupiter fue la primera en incorporarse y ayudó a las demás a que hicieran lo mismo. Solamente Sailor Moon permanecía inconsciente.
—Debemos regresar —dijo Sailor Venus, dando una buena mirada al planeta Tierra—, pero no podemos hacerlo sin Sailor Moon.
—Pobre —dijo Sailor Mars, mirando a su compañera con lástima—. Dio todo lo que tenía para salvarnos.
—Tenemos que darnos prisa en hacer algo —acotó Sailor Mercury, analizando el cuerpo de Sailor Moon con el visor—. Está perdiendo energía rápido. No tiene mucho tiempo.
—Pero no podemos transportarnos sin ella, no si estamos tan débiles.
—Yo puedo ayudarlas —dijo Fiore, alzando la cabeza y mirando a las Sailor Senshi con decisión—. ¡Rápido! ¡Tómense de las manos y que dos de ustedes tomen las mías! Tú también, Darien.
Las Sailor Senshi habrían tenido varias razones para desconfiar del ofrecimiento de Fiore, pero se hallaban en un apuro, y no tenían ninguna otra opción. Tuxedo Mask tomó en brazos a Sailor Moon, y se le hizo un poco complicado tomar la mano de Sailor Mars y Sailor Mercury. Sin embargo, después de un rato, todo estuvo listo y Fiore comenzó a juntar la energía necesaria para la teletransportación.
—Por nada del mundo se suelten —advirtió Fiore, mirando a todas y cada una de las Sailor Senshi—. Si lo hacen, podrían acabar en cualquier parte del universo.
—Así que… no se presionen, chicas —bromeó Sailor Jupiter, mientras sentía que su cuerpo se llenaba de una energía que jamás había sentido antes. Lo mismo iba para las demás y, claro, Tuxedo Mask.
Hubo un breve destello de luz multicolor y, segundos más tarde, las Sailor Senshi, junto con Tuxedo Mask y Fiore, desaparecieron del asteroide.
Tokio, 02 de marzo de 1992, 07:03p.m.
Fiore y los demás aparecieron en el templo Hikawa, lejos de ojos ajenos. Apenas pudieron moverse, Tuxedo Mask se llevó a Sailor Moon a su departamento, donde asumió que también iba a encontrar a Rini. En cuanto a las demás, ninguna de ellas se estaba sintiendo muy bien que digamos.
Sailor Mars notó que en su abdomen habían aparecido un par de líneas carmesí, las cuales comenzaron a sangrar levemente. Sailor Jupiter comenzó a sentir un ligero dolor agudo en su interior y Sailor Venus vio que su piel se estaba poniendo un poco más colorada de lo usual. Sailor Mercury no sufría de ningún síntoma y prendió su confiable visor para hacer una examen más cuidadoso del estado de salud de sus amigas. Claro, la acción habría sido más útil si tuviera en sus manos la computadora, pero el visor le permitía obtener datos crudos que ella podía interpretar con relativa facilidad.
—Chicas —dijo Sailor Mercury, mirando con mucha preocupación a sus amigas—, deberían regresar al hospital. Las heridas que Kamikaze les hizo están regresando.
—Pero eso no es posible —dijo Sailor Mars en un tono tranquilizador—. Seguramente sufrimos algunas heridas mientras tratábamos de detener el asteroide. No fue algo exactamente fácil.
—No te preocupes tanto, Sailor Mercury —añadió Sailor Jupiter en un tono ligero que a Sailor Mercury no le agradó mucho—. Nos recuperaremos.
—¿Qué les parece si nos tomamos una ducha y salimos al centro con nuestros chicos? —dijo Sailor Venus, y Sailor Mars y Sailor Jupiter accedieron de forma rotunda. Las tres, bajo la mirada de resignación de Sailor Mercury, se dirigieron a la casa de Rei, hablando animadamente. Era la segunda vez que sus amigas la ignoraban con algo de importancia pero, como en aquella ocasión, no iba a estar sola en ello.
—Supe que llegaron aquí —dijo una voz que provenía de las botas de Sailor Mercury y vio que se trataba de Luna—. Artemis está en la base, haciendo algunas mejoras a las computadoras.
—Mis amigas no quieren entender —dijo Sailor Mercury, suspirando en señal de frustración—. No puedo creer que Aurora tenga razón sobre lo que nos dijo.
—Lo sé —dijo Luna, imitando el gesto de Sailor Mercury—. Tenemos que convencerlas de que están en peligro. También debemos ponernos manos a la obra si quieres recuperar tu computadora.
—No podemos hacer nada por el momento —dijo Sailor Mercury, quien alzó brevemente su cetro para volver a transformarse—. Esperemos a que las chicas terminen de ducharse y trataremos de convencerlas de que pueden morir.
—Hay algo que no entiendo —dijo Luna al cabo de un rato, trepándose al hombro de Amy, quien también se dirigió a la casa de Rei, pero no a tomar una ducha, sino que a esperar a sus amigas—. ¿Por qué esa tal Aurora las está chantajeando? ¿Para qué quiere a los Generales muertos? Porque no creo que sea solamente por venganza. Siento que Aurora está ocultando algo.
—Tienes razón —dijo Amy, tomando asiento en un sillón y mirando distraídamente hacia la pared—. Aurora se está tomando muchas molestias para matar a los Generales, aunque recuerdo que dijo que nosotros debíamos abandonarlos. Podría simplemente matarlos cuando estén vulnerables. Algo trama, pero no sé qué es.
Después de eso, ninguna de las dos aportó algo más y se quedaron en silencio hasta que las chicas se hubieron duchado. Cuando Amy las vio, se dio cuenta que eso de la salida iba muy en serio. El perfume que usaba Mina se podía oler en un radio de diez metros. Lo mismo iba para Rei. Lita había sido más sobria con ello, pero había usado un perfume con un olor penetrante. Muy penetrante.
—¿Cómo me veo? —preguntaron las tres al mismo tiempo. Amy se cruzó de brazos, mirando a sus amigas con el ceño fruncido.
—Chicas, no estoy bromeando. Las heridas de Kamikaze van a regresar. Lo que dijo Aurora es cierto. ¿Por qué no quieren entender?
—¿Y le crees a ella? —dijo Rei de mal humor—. Recuerda que ella nos propuso que abandonáramos a nuestros novios. No estarás pensando en hacerlo con el tuyo, ¿verdad?
—¿Y qué otra alternativa tenemos? —dijo Amy, tratando de mantener la calma—. Alguien en Estados Unidos tiene mi computadora de bolsillo y ustedes van a morir dentro de poco. Hay veces en las que debemos hacer algunas concesiones por el bien común.
—¿Bien común? —repitió Rei como si no pudiera creer lo que Amy acababa de decir—. Aurora quiere matar a los Generales, incluyendo a tu novio. ¿Vas a permitir que lo haga? ¿Así como así?
—No así como así, Rei —dijo Amy, tratando de sostener la mirada de Rei, pero era como si ésta le quemara—. Créeme, lo he estado pensando por un tiempo ya. Es la mejor solución, aunque no nos guste.
—Serena no estaría de acuerdo contigo —increpó Rei, ahora con un poco de violencia—. Ella diría que siempre hay otra solución, pero tú no eres capaz de verla, y te crees muy inteligente.
Mina y Lita miraron a Rei en señal de advertencia. Al parecer, ella había ido demasiado lejos. Sin embargo, Amy no se enojó. Simplemente bajó la cabeza, luciendo apenada.
—Rei —dijo, poniéndose de pie y mirando hacia la pared—, yo te propuse una alternativa mejor: ir al hospital. Pero no me hiciste caso. Crees que esas heridas te las hiciste en el asteroide, pero no es así. Las heridas de Kamikaze están regresando. Si no me quieres creer, entonces tendré que aceptar el trato de Aurora.
—¿Y cómo sabes que fue Aurora quien nos curó? —dijo Lita razonablemente—. Quizás fueron los mismos médicos los que nos salvaron la vida.
—Yo estaba allí, Lita —insistió Amy, quien seguía mirando a la pared, como temerosa de encontrarse con los ojos de sus amigas—. Los médicos se habían rendido. La enfermera a cargo de mi observación me dijo que fuese pensando en unas palabras finales para ustedes.
Lita se quedó callada, sabiendo que Amy tenía un punto. Pero Rei no iba a dar su brazo a torcer.
—Parece que no quieres entender. Aurora está tratando de jugar con nosotras para conseguir lo que quiere. Yo soy de la idea que no debemos permitirlo por nada del mundo. ¿Mina, estás de acuerdo?
—Amy, lamento tener que decirte esto, pero estoy de acuerdo con Rei. No hay evidencia que nos diga si estamos volviendo a enfermar por culpa de Aurora. Hasta que hayamos encontrado algo, no vamos a darle en el gusto a alguien que quiere asesinar a nuestros novios.
Hubo un prolongado silencio en la sala de estar, durante el cual Amy parecía pensar largo y tendido sobre el asunto. Rei y Mina la taladraban con la mirada, mientras que Lita observaba a su amiga con un poco de pena. Sabía que Amy rara vez hacía algo sin propósito y nunca haría algo que perjudicara al grupo. Sí, perder a sus novios era terrible, después de todo lo que había ocurrido con el Reino Oscuro, pero, tal vez, Amy no solamente pensaba en el futuro inmediato, sino que también a largo plazo. La conocía lo suficiente para darse cuenta que a Amy le gustaba planificar las cosas, de modo que no hubiera contratiempos inesperados. Por otro lado, estaban sus sentimientos. La idea de perder a Nephrite cuando acababa de recuperarlo…
—Está bien —dijo Amy al final, posando su mirada en la de Rei—. Hagan lo que quieran. No seguiré intentando convencerlas de que piensen como yo. Tampoco les recriminaré nada.
Rei ablandó su expresión al instante.
—No te preocupes mucho, Amy. Pronto verás que no hay nada de qué temer.
—Rei tiene razón —secundó Mina con una pequeña sonrisa—. ¡Vamos, arriba ese ánimo! ¡Vayamos a pasarla bien! Y harta falta que nos hace.
Lita no dijo nada. Temía hacerle algún daño a Amy si abría lo boca. En lugar de eso, escogió seguir a sus amigas.
—No creí que fuesen tan irresponsables —dijo una voz que tomó a las tres por sorpresa. Giraron sus cabezas y supieron que había sido Luna quien había hablado—. Amy les está tratando de dar una solución al problema, ¿y ustedes escogieron no creerle? ¿De verdad creen que ella no le ha dado mil vueltas a la situación? Lo que pasa es que ustedes no quieren quedarse sin novio. Son Sailor Senshi, por el amor de la luna. Lo que deben hacer es combatir el mal, no tener pareja.
Mina arrugó la cara. Aquellas palabras le dolieron mucho.
—Pues yo creo que eres una solterona avinagrada —gruñó ella, haciendo que Luna compusiera una cara de incredulidad—. Solamente alguien así nos diría que no vale la pena tener novio solamente porque somos guerreras. Tenemos catorce años. No podemos estar siempre peleando. Somos adolescentes también. ¿Nos quieres quitar eso también?
—Pues yo creo que piensas como Serena —dijo Luna en un tono peyorativo que no agradó ni a Mina ni a Rei—. Todo te lo tomas a la ligera, cuando es claro que tenemos muchas amenazas de las que preocuparnos. Una vez que hayamos derrotado a nuestros enemigos, podrías recién pensar en divertirte.
—Se nota que jamás fuiste adolescente —dijo Mina con exasperación.
—Claro que no. Soy una gata.
—Ahí lo tienes —dijo Mina en un tono perentorio—. Vamos chicas. No sigamos discutiendo o vamos a terminar con arrugas.
Al final, las tres dejaron a Amy y Luna solas. La gata se trepó a la mesa ratona frente al sillón y encaró a Amy con una mirada severa.
—Deberías ser más firme con lo que crees.
—Pero Luna, no puedo estar imponiendo mis puntos de vista a las demás. Solamente puedo entregarles información. Lo que hagan con esa información es cosa de ellas.
—Se supone que ustedes son un equipo —dijo Luna, mirando a Amy con seriedad, y ella inmediatamente bajó la cabeza, avergonzada—. Tienes que hacerte respetar, o las demás te van a pasar por encima como si nada. Da igual que sean tus amigas. Tú también tienes voz en el grupo. Se supone que eres la más inteligente de nosotras, por eso, eres la que planifica y la que nos proporciona información. Pero si no confías en ti misma, ¿cómo esperas que lo hagan las demás?
—Como dije, Luna, no puedo influir en las opiniones de mis amigas. Sería invasivo de mi parte y a ellas no les gustaría.
Luna suspiró en señal de frustración.
—Darse a respetar no es lo mismo que ser invasivo. Por supuesto que no puedes influir en las opiniones de tus amigas, pero sí puedes exponer tus puntos de vista con más firmeza. Habla como si realmente creyeras que lo que estás diciendo es correcto. Ya verás que, si haces eso, las demás te tomarán más en serio y valorarán tus palabras.
Amy se quedó mirando a Luna, como si hubiera algo en todo lo que había dicho que le hubiese llegado a lo más hondo de su persona. Se dio cuenta que la gata tenía razón. No sabía por qué hacía todo con tiento, como si temiera exponerse al presentar sus ideas o planes.
—Intentaré seguir tu consejo.
Luna asintió en señal de aprobación.
—¿Sabes lo que debes hacer, verdad?
Amy tragó saliva. La tarea que venía a continuación no era ni remotamente fácil, pero era necesario. Había demasiado en juego para vacilar en ese momento.
Tokio, una hora más tarde
Rei, Lita y Mina habían acordado tener una cita triple con sus respectivos novios, y ellos habían accedido, juzgando que era un buen momento para socializar mejor y sacarse los nervios de encima.
El local lo había elegido Kunzite, pues era el General con los mejores gustos en temas culinarios, o al menos así había sido en los tiempos del Milenio de Plata. Lo único que lamentaban los Generales era la ausencia de Zoisite, quien se había excusado porque debía discutir un asunto con Amy.
—¿Recuerdan cuando nos conocimos? —preguntó Rei a todos los presentes. Al parecer, la pregunta desató un aire de nostalgia entre todos los presentes—. Yo recuerdo que vi a Jadeite entreteniendo a unos niños haciendo piruetas con antorchas.
—Eso es bastante arriesgado —comentó Kunzite con una pequeña carcajada—. Jadeite siempre ha sido un poco fanfarrón, aunque hacía excelentes piruetas.
—¿Cómo que fanfarrón? —dijo Jadeite, luciendo indignado—. A los niños de ese tiempo les gustaban las piruetas con antorchas. Además, estaba practicando para un evento que iba a tener lugar esa noche en el palacio del rey. Nunca pensé que iba a impresionar a la Sailor Senshi del fuego.
—¿Qué hay de ti, Nephrite? —preguntó Kunzite, quien parecía un moderador en un programa de debate—. ¿Cómo llamaste la atención de la diosa del rayo?
—En realidad, fue ella la que me impresionó —repuso Nephrite, haciendo que Lita se pusiera colorada—. Fue cuando se organizó un concurso de patinaje sobre hielo. Sailor Jupiter dejó a todas las concursantes atónitas. Eso fue antes de saber que el patinaje sobre hielo era bastante común en el Milenio de Plata.
—Pues yo pienso que Nephrite es muy guapo —dijo Lita, con las mejillas tan rojas como la luz de un semáforo—, además que sabe cuidar plantas bastante bien. Había un jardín en su casa. Recuerdo que me llevó allá de noche y… bueno… hicimos… cosas…
—Qué romántico —dijo Mina, suspirando, pero Rei dedicó una mirada mordaz a Lita.
—No eras nada inocente, qué quieres que te diga.
—Todas hicimos eso —se defendió Lita, mirando a Rei de la misma forma en que ella le había mirado—, o dime que no recuerdas esa vez en que acompañaste a Jadeite a su habitación y lo hicieron a la luz de la chimenea.
—¿Cómo diablos sabes eso? —dijo Rei, sintiendo que las mejillas le ardían, cuando el dolor en su abdomen se hizo más pronunciado que antes. Mirándose en la zona afectada, Rei notó con espanto que había una enorme mancha de sangre en su camiseta. Fue cuando percibió que su cabeza comenzaba a dar vueltas. Jadeite la miró con preocupación. Su cara se iba tornando cada vez más pálida, y los demás también se dieron cuenta de ello.
—Ay, me duele el estómago —se quejó Lita, llevándose una mano al vientre, mientras que Mina sentía que su cuerpo comenzaba a arder.
—¿Qué rayos está pasando? —preguntó Rei con una voz cada vez más débil. Lita comenzó a sentir una puntada muy dolorosa que hizo que se doblara en su asiento, siendo presa de la misma sensación que estaba atenazando a Rei. Mina, por otro lado, tenía la piel roja como un rábano y era casi imposible soportar el dolor.
Mientras los Generales se ponían de pie para socorrer a sus respectivas novias, una mujer de cabello dorado entró en el restaurante, donde sabía que las iba a encontrar. Vio, con una ceja arqueada, que tanto Rei como Lita y Mina estaban volviendo al estado en el que las había encontrado en el hospital. No esperó que el efecto de la medicina hubiera expirado tan rápido, pero aquello resultó ser una fortuna. Estaban las Sailor Senshi y los Generales presentes, lo que era muy conveniente.
—T-tú —balbuceó Rei, con apenas voz, indicando con un dedo a Aurora. Los Generales siguieron el dedo de Rei y fue Kunzite quien frunció el ceño al ver a la mujer.
—¿Qué haces aquí? —inquirió Kunzite con brusquedad.
—Vengo a cumplir con una promesa —repuso Aurora, viendo cómo las chicas se desplomaban al suelo, todo bajo la mirada del resto de los comensales, quienes lucían muy nerviosos por lo que estaban viendo. En el caso de Mina, el dolor estaba siendo tal que ya casi no podía aguantar los gritos. Aurora vio por el rabillo del ojo que uno de los clientes había sacado un teléfono, seguramente para llamar a la policía o a la ambulancia. Tenía que actuar rápido si no deseaba ser interrumpida.
—Se los dije —dijo Aurora con brusquedad—, se los dije y no me hicieron caso. Menos mal que la del cabello azul fue más razonable. Puede que me vean como la villana aquí, pero por lo menos cumplo con mis promesas. Le traeré la computadora que tanto quiere. Les sugiero que sigan su ejemplo.
—P-púdrete —dijo Lita, quien apenas podía soportar el dolor en su abdomen, mientras que su visión se estaba apagando de a poco.
—¿A qué te refieres? —quiso saber Jadeite, quien no podía apartar los ojos de Rei.
—Estoy hablando con ellas —ladró Aurora y Jadeite no dijo nada más—. ¿Acaso van a morir por orgullo? ¿Prefieren eso a que Black Moon se salga con la suya? Porque eso es lo que está haciendo, saliéndose con la suya. ¿Eso es lo que quieren?
—L-lo que nos pides a cambio… —comenzó a decir Rei, pero Aurora la interrumpió.
—Es necesario. No pueden pretender que están sacrificándose por amor, porque están condenando a la humanidad con sus acciones. ¿Acaso prefieren sacrificar a miles de millones por solamente tres personas? Si eso es cierto, entonces ustedes son de lo peor que existe. Son débiles, incapaces de luchar por la humanidad. ¡No merecen ser Sailor Senshi!
Hubo un momento de silencio, durante el cual el resto de los comensales comenzaba a ponerse de pie para salir del local, temiendo que el asunto pudiera tornarse peligroso. Mientras tanto, Rei, en medio de su agonía, pensó en la discusión que había tenido con Amy hace una hora atrás. No podía creer que ella hubiera tenido razón todo el tiempo. Si solamente le hubiera hecho caso, habría ido al hospital y nada de eso estaría ocurriendo. Ahora, tenía que tomar una decisión que no le iba a gustar, pasara lo que pasara. Sin embargo, pese a que nunca tuvo a Aurora en buena estima, juzgó que tenía razón. Estaba siendo egoísta al negarse a renunciar al amor por el bien de la humanidad. Había veces en las que era más importante el bien de la mayoría que el bien de unos pocos, especialmente cuando aquellas eran las únicas opciones. Tragando saliva, miró a Jadeite y empleó todas sus energías para decir las palabras que acabarían con su relación.
—¿Qué quieres? —preguntó Jadeite, mientras que Nephrite y Kunzite hacían lo mismo con Lita y Mina respectivamente.
—Sé que… que me voy a… arrepentir de lo que… voy a hacer… pero… es… necesario.
—¿Hacer qué?
—A-Abandonarte —dijo Rei, y el dolor que sintió en su corazón fue peor que el de su abdomen, pero siguió adelante—. Enfrentamos… a un sujeto… muy poderoso… y nos derrotó. Nos dejó… al borde… de la muerte… pero Aurora… nos curó… pero solamente fue… una muestra. Dijo… que nos curaría… de forma permanente… si los abandonábamos.
—¿Y le estás haciendo caso? —quiso saber Jadeite con indignación—. Debe haber otra solución.
—Estoy segura de eso… pero… ya es muy tarde… para buscar… otra solución. Lo lamento… Jadeite. No… nunca quise… esto.
El aludido se quedó mirando a Rei con cara de pena, mientras que Nephrite y Kunzite ostentaban las mismas caras que su compañero.
—Nunca… creí que… Kaito… tuviera razón… todo este… tiempo —decía Mina, quien temblaba a causa de aguantar el dolor creciente en su piel—. Lo siento… Kunzite. Ojalá… hubiéramos tenido… más… tiempo.
Kunzite, Jadeite y Nephrite miraron a sus respectivas ex novias por un largo rato antes de dedicar una mirada de puro veneno a Aurora, pero a ella le daba lo mismo. Mientras los Generales salían del local con caras de pesadumbre, Aurora alzó ambas manos hacia el techo y apareció un brillo dorado entre éstas. El resplandor duró solamente unos segundos y, en cuanto hubo desaparecido, fue reemplazado por una flor dorada de pétalos largos y curvos. Aurora bajó la planta e hizo que flotara sobre las chicas. Inmediatamente, la flor comenzó a diseminar un polvo dorado, el cual las chicas aspiraron con dificultad.
No pasaron ni diez segundos para que los resultados comenzaran a ser visibles. Los cortes en el abdomen de Rei se cerraron lentamente, la piel de Mina dejó de enrojecer y el dolor estaba desapareciendo de forma gradual, y algo similar se podía decir de Lita. Dos minutos desde que la flor comenzó a dispersar aquel polvo dorado, tanto Rei como Lita y Mina estaban completamente curadas. Se pusieron de pie y miraron a Aurora con una mirada neutra, como si el agradecimiento y el odio estuvieran balanceados.
—¿Ven? Fue bastante simple, ¿verdad?
—No puedo decir que estamos agradecidas —dijo Rei, acercándose a Aurora, dedicándola una mirada penetrante—. Nos forzaste a renunciar al amor. Sé que era necesario, pero, ¿por qué rayos tenías que chantajearnos?
—Necesito a los Generales —repuso Aurora escuetamente.
—¿Muertos? —dijo Lita, frunciendo el ceño.
—Los necesito muertos para mis propósitos —dijo Aurora, sabiendo que era contraproducente revelar la verdadera razón por las que necesitaba a los Generales—. Créanme. Me lo van a agradecer en el futuro.
Rei iba a decir algo, pero Aurora alzó los brazos al cielo y, en un destello de luz dorada, tanto ella como la flor desaparecieron del local, dejando a Rei con las palabras en la boca. Mina se miró la piel y notó que había regresado a la normalidad. Lita ya no sentía el dolor en su estómago y los cortes en el abdomen de Rei habían desaparecido.
—Espero que esta vez sea permanente —dijo Mina, y las demás asintieron en señal de aprobación—. No quiero pensar que Aurora nos hizo pasar por todo esto por nada— añadió, mirando al suelo y resistiendo las ganas de llorar. Rei y Lita se sentían del mismo modo.
Habían perdido nuevamente a sus novios. Lo único que quedaba por ver era si todo aquel sufrimiento iba a valer la pena. Al final, decidieron ir al departamento de Darien para cuidar de Serena.
Mientras tanto, en el departamento de Darien, Serena seguía perdiendo energías y sus signos vitales estaban desapareciendo lentamente.
