XXXVII
Las dudas de Sailor Venus

Costa de Honolulu, 05 de marzo de 1992, 11:25a.m.

La vida a bordo de un destructor de última generación podía llegar a ser complicada, pero el capitán Robert Bauer tenía una regla muy simple para lidiar con ese problema en concreto: disciplina, disciplina y más disciplina. Así le había enseñado su padre, y así le enseñaba a su tripulación. Estaba estrictamente prohibido cualquier tipo de socialización, por inocua que pareciera. El capitán Bauer sabía que ninguna relación, sobre todo en espacios tan estrechos como era el caso del U.S.S. Baker, podía calificarse de inocua.

El U.S.S. Baker era el primer buque clase Alaska en la armada norteamericana. Claro, poseía armamento apropiado para un destructor, pero lo que hacía especial a ese buque en particular era el cañón de riel que adornaba el sector de proa. Podía disparar proyectiles de tungsteno a una velocidad hasta ocho veces la velocidad del sonido. Aparte de aquella monstruosidad de arma, poseía un sistema de puntería que era capaz de atinar un objeto del tamaño de un sedán a más de cinco mil kilómetros de distancia. "El francotirador" le llamaba el capitán Bauer a la nueva arma. Nunca había sido usada, salvo en el entrenamiento, en el que usaban salvas de acero en lugar de tungsteno, que era un metal mucho más duro, más pesado y poseía una alta temperatura de fusión, lo que le hacía un candidato ideal para implementar cañones de riel en órbita.

En ese momento, el U.S.S. Baker estaba llegando a Honolulu a propósito de un ejercicio que había propuesto el alto mando de la armada estadounidense. Se suponía que debía coordinar con la flota anclada en las islas y acordar una hora para el comienzo del ejercicio. Antes de eso, iba a haber un periodo de descanso para los tripulantes, pues habían navegado desde Estados Unidos, y los ejercicios no iban a ser relajantes.

El capitán Bauer esperaba al capitán de flota a que se comunicara con él. Por eso le causó tranquilidad cuando vio que la luz que indicaba una comunicación entrante parpadeaba. El capitán oprimió un botón y luego accionó un interruptor, de modo que la llamada fuese escuchada por toda la tripulación.

—¿U.S.S. Baker?

—Aquí el capitán Bauer, comunicándose desde la costa de Honolulu.

—Capitán Bauer, soy el almirante Ackerman (21). Me comunico con usted porque ha habido un cambio de planes en cuanto al ejercicio.

El capitán frunció el ceño. El almirante Ackerman era el comandante en jefe de la armada norteamericana. No podía explicar por qué estaba recibiendo órdenes directamente desde el alto mando y no desde la capitanía local. Sin embargo, haciendo caso a su propias reglas, sabía que no debía mandar la disciplina al mismo diablo.

—¿Cuáles son las nuevas órdenes, señor?

—Esta orden proviene directamente del Secretario de Defensa, capitán —explicó el almirante Ackerman en un tono duro, apropiado para alguien que había librado mil batallas navales—. Considérelo una oportunidad para probar el nuevo cañón de riel a bordo de su buque.

—¿Cuál es el blanco?

—Los detalles del objetivo han sido clasificados como secreto por el mismo presidente de los Estados Unidos, pero sí puedo decirle que es un objetivo hostil.

—¿Una célula terrorista, quizá?

—Es posible. Yo diría que probable. Como sea, el jefe de comunicación naval va a transmitirle las coordenadas del objetivo. Destruya el objetivo y confirme que el blanco ha sido neutralizado. Una vez verificado el cumplimiento de la misión, podrá retomar sus órdenes originales.

—Entendido, señor. Cambio y fuera.

El capitán desactivó el comunicador, pero mantuvo activo el canal interno, de modo que pudiera entregar sus nuevas órdenes a su tripulación. Segundos más tarde, el comunicador volvió a parpadear y vio en la pantalla las coordenadas del objetivo.

El capitán Bauer frunció el ceño cuando vio la elevación del objetivo. ¿Cuarenta y cinco mil pies? ¿Qué diablos puede encontrarse a esa altura? ¿Un globo aerostático quizás? Bauer sabía que algunos gobiernos empleaban globos aerostáticos equipados con cámaras para espiar otras naciones sin que nadie se percatara de ello. Los globos eran pequeños, y estaba recubiertos con material reflectante, de modo que fuese más difícil su detección. El capitán se preguntó cómo diablos el alto mando de la armada había detectado el globo, o lo que fuese. Sin embargo, no había tiempo para preguntas. Había recibido una orden directa.

El capitán activó un interruptor y presionó un botón. De inmediato, una panorámica de la sala de control del cañón de riel apareció en la amplia pantalla que dominaba el puente. Había dos hombres en la sala. Uno se ocupaba de la telemetría, y el otro operaba el cañón.

—Halsey, Weaver, aquí el capitán.

Los aludidos giraron sus cabezas hacia la pantalla y vieron a su superior. Enseguida hicieron el saludo militar.

—Capitán.

—Les tengo trabajo, caballeros.

La sonrisa de Weaver, el operador del cañón, era elocuente.

—¿Tiene un blanco, señor?

—Afirmativo, artillero Weaver. Pero este no es un ejercicio. Es una misión real.

El capitán, gracias a la pantalla de alta definición, pudo ver que ambos oficiales tragaron saliva. Era obvio que ambos eran nuevos en la armada estadounidense, pero el capitán los había elegido porque eran los mejores en lo que hacían. Además, habían entrenado por un año para operar el cañón de riel.

—¿Y cuál es la misión, señor?

—Hay un objetivo que necesita ser destruido. Acabo de transmitirles las coordenadas del objeto.

—¿Un globo espía, señor? —preguntó Halsey, introduciendo las coordenadas en el sistema—. Es lo único que puede encontrarse a esa altitud.

—Afirmativo —mintió el capitán, pues sabía que si les hacía saber que él también tenía dudas sobre la naturaleza del objetivo, ellos también iban a dudar. Y el capitán no quería eso—. No podemos permitir que globos espías sobrevuelen áreas pobladas.

Halsey consultó las imágenes por satélite que le estaban llegando a la pantalla y vio el blanco. Frunció el ceño al instante.

—Si eso es un globo espía, entonces yo soy el presidente de los Estados Unidos.

—Creo que he visto cosas como esas —intervino Weaver, mirando la pantalla—. No son exactamente globos, pero en unos documentales sobre la Guerra Fría vi algo que se parecía a eso.

—Parece soviético —dijo Halsey, ampliando la imagen en tiempo real—, aunque no veo el globo por ningún lado. Y es grande, muy grande. Se encuentra en una posición fija, congruente con un dispositivo de espionaje.

—Encendiendo electroimanes —dijo Weaver, usando una palanca analógica para apuntar el arma en la dirección correcta—. Calculando trayectoria… aplicando compensaciones… blanco fijado.

—Trayectoria confirmada —anunció Halsey cuando vio que la línea segmentada, la cual denotaba el trayecto del proyectil, moría exactamente en el objetivo—. Listo para disparar.

—Tres, dos, uno… fuego.

El artillero Weaver apretó el gatillo, ubicado en la misma palanca, y un sonido de electricidad se escuchó por encima de ellos. A continuación, un estampido resonó en toda la nave.

El proyectil había sido disparado.

Tokio, 05 de marzo de 1992, 07:11p.m.

Las Sailor Senshi llegaron al puente de la nave. En realidad, la única que podía hacer algo realmente útil era Sailor Mercury, por lo que las demás se limitaron a hacer guardia mientras ella encontraba una forma de operar la nave, de forma que las llevara al futuro.

Sailor Mercury localizó los controles de la nave, pero cuando trató de hallarles algún sentido, una alarma sonó por todas partes. Activando su visor y sacando su computadora de bolsillo, vio que los controles estaban protegidos con firma biométrica, de modo que solamente un integrante de Black Moon pudiera controlar el aparato. Sin embargo, aquello jamás había sido un impedimento para ella.

Abrió el programa "alfombra roja" y localizó el punto de entrada digital del sistema de protección biométrico. Con un par de comandos, Sailor Mercury anuló los protocolos de seguridad y reestableció los parámetros por defecto, los cuales no incluían ninguna protección. Cuando oprimió un botón para comprobar que el software había funcionado, notó que ninguna alarma había sonado.

El siguiente paso era averiguar qué hacía cada botón, palanca o perilla. Usó nuevamente la computadora en tándem con su visor para analizar el lenguaje empleado por el software de la nave y compilar un algoritmo de traducción. Así, Sailor Mercury encontró el botón que iniciaba la carga del núcleo de energía negativa, la que permitía los viajes en el tiempo. Sin embargo, el núcleo se encontraba totalmente agotado, e iba a tomar una hora completa para que el proceso finalizara correctamente.

—Podríamos averiguar más sobre Black Moon —sugirió Sailor Mars, a lo que Sailor Mercury respondió asintiendo con la cabeza. De todas formas, la nave era demasiado grande para que solamente estuviera compuesto por el puente y los camarotes de la tripulación. Así, las Sailor Senshi se dispersaron, y Sailor Mercury quedó en el puente, monitoreando el estado de la carga del núcleo.

Habían pasado treinta minutos desde que comenzó la carga y Sailor Mercury consultó la barra de avance. Un sesenta y dos por ciento. Iba un poco más rápido de lo que había anticipado. En el momento que apartó los ojos de la barra de avance, las demás Sailor Senshi aparecieron, reuniéndose con Sailor Mercury en el puente.

—Es curioso, pero no hay mucha información sobre Black Moon —dijo Sailor Mars, ligeramente contrariada—. Sí encontramos algo sobre su líder, un tipo llamado Diamante. Admito que, si no fuese nuestro enemigo, me casaría con él.

—Sí, es guapísimo —intervino Sailor Venus, y Sailor Jupiter asintió en señal de acuerdo. Curiosamente, Sailor Moon se mantenía callada. Ni siquiera hizo una comparación con Darien.

—¿Te pasa algo, Sailor Moon?

Ella miró al suelo antes de responder.

—Bueno… lo que pasa… es que… ¡NO HAY COMIDA EN TODA LA NAVE!

Las demás se quedaron mirando a Sailor Moon por un par de segundos antes de irse de espaldas al suelo.

—¡Por el amor de Dios, Serena! ¿Podrías pensar en algo que no sea comida? —le regañó Sailor Mars, y Sailor Moon rodó los ojos.

—¿Acaso ninguna de ustedes tiene hambre?

—No creo que no hayas encontrado nada —dijo Sailor Mercury, sabiendo que cualquier nave debía tener provisiones, en el caso de viajes largos—. Creo que sí encontraste algo, pero consideraste que no era comestible.

—¡Tenían un sabor raro! —protestó Sailor Moon, sacando la lengua a modo de gesto de asco—. ¡Saben a esos caldos que mi mamá siempre le echa a las sopas para darle sabor!

—Esas cosas son demasiado saladas —intervino Sailor Jupiter, quien jamás usaba esa clase de productos en sus comidas—. He leído que te provocan hipertensión y otros problemas de salud.

—¡Yo sólo quiero comer un dulce! —exclamó Sailor Moon, cayendo de rodillas y derramando un río de lágrimas—. ¡Tengo hambre!

—Serás bien… —gruñó Sailor Mars e iba a pegarle en la coronilla cuando Sailor Mercury se puso de pie de improviso. Activó su visor y, segundos más tarde, compuso una expresión de miedo.

—Chicas, debemos irnos de aquí.

Todas se quedaron mirándola con caras de incredulidad.

—Pero dijiste que íbamos a usar esta nave para viajar al futuro.

—Esa ya no es una opción. ¡Vamos! Usemos la teletransportación.

—¿Por qué?

—Viene un proyectil en esta dirección —dijo Sailor Mercury, apremiando a las demás a que se tomaran de las manos—. Llegará aquí en cuarenta segundos.

Había un millón de preguntas pululando en las mentes de las demás Sailor Senshi, pero cuando Sailor Mercury lucía asustada, por la razón que fuese, sabían que se trataba de algo muy serio. Espabilando, las Sailor Senshi se tomaron de las manos y reunieron la energía suficiente para volver a transportarse.

Sailor Mercury juró ver una barra de metal discurrir a velocidad absurda hacia ellas, justo en el momento que ella y las demás Sailor Senshi desaparecieron de la nave.

Aparecieron en el patio del templo Hikawa, y lo primero que escucharon fue un estampido estruendoso que provino de las alturas. Todas miraron hacia arriba y vieron una explosión que pareció partir a la nave en dos. Los restos humeantes fueron perdiendo altura, amenazando con dejar el caos sobre la población. Decidiendo que las vidas de las personas era lo que importaba en ese momento, las Sailor Senshi entraron en acción de inmediato.

Sailor Venus hizo que Sailor Jupiter y Sailor Moon se dirigieran al área donde iba a caer el primer gran pedazo de la nave, mientras que ella y Sailor Mars lo harían con el segundo resto. Sailor Mercury se quedó atrás para coordinar las acciones de los dos grupos y alertar a las demás en caso que algún civil se encontrara en peligro de morir.

Fue así que Sailor Moon y Sailor Jupiter usaron sus poderes para detener el trozo de nave. Sailor Jupiter utilizó sus rayos para desintegrar el inmenso fragmento y Sailor Moon usó su ataque para enlentecer la caída del resto de los proyectiles. De ese modo, los trozos cayeron al suelo a la misma velocidad que la de un copo de nieve. No hubo daños significativos.

Distinta fue la suerte de Sailor Venus y Sailor Mars. Sailor Mercury les había comunicado del éxito de Sailor Jupiter y Sailor Moon, y Sailor Venus decidió aplicar la misma estrategia. Hizo que Sailor Mars consumiera en llamas los restos de la nave y ella se encargaría de enlentecer lo que quedaba con su cadena. El problema con esa táctica no fue la efectividad del ataque de Sailor Mars. La cadena de Sailor Venus no era tan rápida como la técnica de Sailor Moon y hubo varios restos que cayeron sobre los edificios y la gente, dejando varios heridos y un par de muertos. Sin embargo, los trozos seguían cayendo y ninguna de las dos podía darse el lujo de pararse a atender a los heridos. Pero Sailor Venus ya había perdido parte de las ganas con las que había ido a salvar a las personas de la nave destruida al saber que gente había perdido la vida por culpa de sus decisiones. Afortunadamente, ninguna otra persona resultó lastimada y, de acuerdo con Sailor Mercury, el conteo de víctimas fue de dos muertos y quince heridos, mucho menos de lo que pudo haber sido de no ser por la acción de las Sailor Senshi.

Cuando el caos hubo acabado, ellas se reunieron en el templo Hikawa. Aquello había sido decisión de Sailor Mercury, pues ella no estaba de acuerdo en que se expusieran mucho en público. Sabía que la prensa podía hacerlas puré si no andaban con cuidado, aunque tal vez aquello fuese inevitable. Los tabloides en específico, eran expertos en ridiculizar hasta al más honorable ciudadano.

Sailor Moon notó que Sailor Venus miraba al suelo y se acercó a ella, sabiendo lo que había pasado en la ciudad con esos dos muertos.

—No fue tu culpa —dijo Sailor Moon, tomando uno de sus hombros con la mano.

—¿Estuviste allí? —preguntó Sailor Venus con voz queda, sin alzar la mirada.

—¿Acaso importa?

—¡Claro que importa! —exclamó Sailor Venus de repente, clavando sus ojos en Sailor Moon—. Fue mi culpa. No fui lo suficientemente rápida para salvar a esas personas. No sé… debí haber estado contigo en lugar de con Sailor Mars. No sopesé bien sus capacidades y dos personas pagaron el precio.

—Es el precio que debes pagar cuando eres una líder —dijo Sailor Mercury, también acercándose a Sailor Venus—. Si no estás lista para hacer sacrificios y hacerte cargo de tus equivocaciones, jamás podrás liderar. Sí, dos personas perdieron la vida, sí, pudiste haber tomado una mejor decisión, pero no lo hiciste. Eso es todo.

—Así es —intervino Sailor Jupiter con un ánimo que hacía pensar que nadie había muerto ese día—. Ya no puedes arrepentirte de decisiones que ya tomaste.

—Lo único que puedes hacer es seguir adelante —añadió Sailor Mars con una sonrisa.

—¿Seguir adelante? —dijo Sailor Venus como si no hubiera escuchado bien—. ¿Cómo puedo seguir adelante si hay dos familias que están sufriendo por mi culpa? ¡Tengo catorce años! ¿Cómo diablos puedo lidiar con algo como esto? Personas más maduras que yo tienen problemas con eso, con mayor razón yo.

—Tenemos que hacerlo —dijo Sailor Moon, también acercándose a su compañera—. Somos Sailor Senshi. Nadie dijo que hacer esto iba a ser fácil. Para mí no lo es, y estoy segura que para las demás tampoco. Pero nosotras escogimos este camino y debemos aceptar las consecuencias.

—Perdóname, Sailor Moon, pero tú no eres la persona indicada para decirme esas palabras —dijo Sailor Venus con voz queda, dando media vuelta y retirándose del templo—. Iré a casa a decidir si seguiré siendo una Sailor Senshi o no.

Ninguna de las demás dijo nada. Se limitaron a contemplar cómo la figura de Sailor Venus desaparecía por las escaleras. Sailor Mars juzgó que ella se estaba comportando como una cobarde, Sailor Jupiter creía que todo lo que necesitaba era una buena comida, Sailor Moon era de la idea que debían convencerla entre todas para que no tomara una decisión de la que se iba a arrepentir después, pero Sailor Mercury sabía que las acciones hablaban más fuerte que las palabras. Se le acababa de ocurrir una idea para que Sailor Venus no tomara decisiones en caliente, pero decidió emplear su plan como último recurso, no porque se tratara de una estrategia cuestionable, sino porque quería darle la oportunidad a sus amigas para que hicieran lo que ellas consideraran necesario.

Desde que Sailor Venus se fue, las demás llegaron a la conclusión que no había nada más que hacer y se fueron cada una por su lado. De todas formas, ya era muy tarde. Sin embargo, Sailor Mercury, quien regresó a su forma normal mientras bajaba las escaleras, pensaba en el proyectil que había destruido la nave. No era ningún misil ni ningún artefacto explosivo. El análisis de la computadora de bolsillo le indicó que se trataba de una barra de tungsteno sólido. Amy sabía que el tungsteno era un metal muy duro, que resistía bastante bien la fricción generada por el roce a alta velocidad. Era el proyectil perfecto, pues, disparado a altas velocidades, podía generar mucha destrucción sin dejar residuos, mucho más que un misil convencional.

¿Pero qué clase de arma podría lograr esas velocidades?

Cuando se encontraba a cinco cuadras de su departamento, Amy buscó cualquier referencia a proyectiles de tungsteno y, usando el programa "alfombra roja", accedió a algo que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos llamaba "Proyecto Asgard". A grandes rasgos, se trataba del desarrollo de armas con gran potencial destructivo sin efectos colaterales a largo plazo, como por ejemplo, la radiación. Allí encontró todo sobre el cañón de riel, que usaba electroimanes para propulsar un proyectil supersónico, capaz de atravesar cualquier blindaje y derribar objetivos que estuvieran a miles de kilómetros de distancia.

Así que un cañón de riel destruyó la nave. Seguramente el ejército asumió que se trataba de una amenaza. No tenían forma de saber que nosotras estábamos a bordo.

Pero Amy sabía que, aunque el ejército había actuado de la forma esperada frente a una amenaza, ellas se habían quedado sin una forma de ir al futuro y evitar que Black Moon siguiera tratando de destruir Tokio. Lo único que les quedaba por hacer era esperar a que el enemigo hiciera el siguiente movimiento. Seguramente llegarían en otra nave, y si aquello llegaba a ser cierto, entonces no iba a perder tiempo con los controles. De ser necesario, iba a emplear "alfombra roja" para engañar al sistema de puntería del cañón y, de esa forma, atinar a otro blanco. Hacerlo sería fácil, pues había un solo buque de la armada equipado con un arma de esa naturaleza.

Cuando entró a su departamento, lo primero que vio fue a su madre. Lucía muy preocupada, y Amy asumió que lo estaba por lo ocurrido en el centro de la ciudad. Se dejó abrazar por ella, pues tenía muchas razones para sentirse de ese modo.

—Gracias al cielo que estás a salvo.

—No anduve cerca del centro, pero agradezco que te preocupes por mi.

—¿Andabas con tus amigas?

Amy odiaba mentir, pero su madre no podía saber que ella era una Sailor Senshi. Con lo protectora que era su madre, lo más probable era que no le permitiera seguir arriesgando su vida, con independencia de la causa.

—Sí, mamá. Andaba con ellas, pero nos separamos hace poco. Sé que no debí llegar tan tarde, pero sabes que Lita hace unos platillos deliciosos. No pudimos negarnos a probar siquiera un bocado.

La madre de Amy la miró con el ceño ligeramente fruncido.

—Hablas mucho y muy bien de ella —dijo con una expresión de sospecha—. ¿No será que hay algo más que amistad entre ustedes?

—¡Mamá! —exclamó Amy con una pequeña carcajada—. ¿Por qué dices esas cosas? No me gustan las chicas (22). Lita es una buena amiga, pero nada más. Estoy segura que ella piensa lo mismo.

—No me molestaría si te gustaran las chicas —opinó la madre de Amy con una pequeña sonrisa—. Por cierto, ¿te apetece un bocadillo antes de estudiar?

—Me encantaría —repuso Amy, recordando que mañana tenía un examen de Matemáticas. También creyó conveniente recordárselo a Serena y a Lita, pero iba a usar el teléfono para eso, no su comunicador.

Tokio, 06 de marzo de 1992, 02:47p.m.

Amy no tenía por costumbre leer periódicos, pero aquel día era una excepción. No lo hacía por alguna razón en concreto, pero era un buen pasatiempo mientras esperaba a sus amigas. Serena y Lita aún estaban rindiendo el examen y Rei venía en camino (Mina no respondió a ninguno de los llamados y Amy asumió que aún se encontraba afectada por lo de ayer).

A Amy le causó gracia una noticia que hablaba del fastuoso cumpleaños de una reconocida violinista, quien había desaparecido de forma misteriosa de su propia fiesta (23). Costaba trabajo imaginar que una joven de dieciséis años tuviera esa clase de atención, pero claro, había escuchado algunos de sus conciertos, y no podía negar que ella tenía mucho talento.

Y es hermosa como un ángel.

Unos pasos distrajeron a Amy de la lectura. A juzgar por la cadencia de éstos, supo que la persona que se acercaba a ella podía estar muy malherida. Bajó el periódico y alzó la cabeza, solamente para encontrarse con un ensangrentado Tuxedo Mask. Su ropas se encontraban rajadas en varios lugares y sus heridas se antojaban muy graves. El corazón de Amy saltó a su garganta al ver al héroe tan maltrecho.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Amy, escuchando más pasos, pero que venían desde detrás.

—Black… Moon —balbuceó Tuxedo Mask escupiendo sangre—. Una tal… Esmeralda… me tomó por sorpresa. Me… me atacó y… se llevó a… a…

Y Tuxedo Mask cayó al suelo, inconsciente. Amy se arrodilló frente a él, al tiempo que escuchaba un clamor de angustia.

—¡Darien! —exclamó Serena, llegando hasta él e imitando a Amy—. ¡Resiste, por favor! ¡No te mueras!

—Deberían llevarlo al hospital —se escuchó una voz de mujer. Ninguna de las presentes sabían a quién pertenecía aquella voz por prestar más atención a Tuxedo Mask. Sin embargo, Amy alzó la vista y lo que vio le robó el aliento.

Se trataba de una Sailor Senshi, de eso no había ninguna duda. Sin embargo, ella era única, pues era muy alta, tenía el cabello muy largo, de color verde muy oscuro y decorado con un muy visible moño, ojos de un exótico color magenta, tenía un cinturón de llaves rodeando su falda negra y sostenía un cetro muy largo con forma de llave.

—¿Quién eres tú? —preguntó Lita con descortés incredulidad.

—Soy la guardiana de la Puerta del Tiempo, descendiente del titán Crono —respondió la mujer con una voz solemne y madura. Amy se percató que ella no era una adolescente, sino una mujer—. Soy Sailor Pluto (24) y he venido a ayudarlas.


(21) Aquí hay otro guiño a Attack on Titan. Hay tres personajes de ese anime que tienen ese apellido, pero, por no hacer spoiler a aquellos que no han visto AoT, voy a decir que ese es el apellido de mi adorada Mikasa (pondría ojos de corazón, pero no puedo).

(22) Lo he dicho en otras oportunidades, pero lo volveré a decir. Amy, en esta historia, NO es lesbiana, como manda el canon, aunque he leído que el anime de los noventas, ella tiene ciertas tendencias lésbicas, pero yo no las vi. Si a alguien le interesa ver una Amy lesbiana, tengo un par de historias donde ella lo es.

(23) Espero que los lectores sepan a quién me estoy refiriendo. xD

(24) No sé de dónde salió la idea de llamar "Plut" a Sailor Pluto. Tal vez tenga que ver con Disney, pero no estoy seguro.

Y, en respuesta al último comentario que recibí, no he visto que Krista/Historia haya sido encargada a alguien. Sin embargo, en la tercera temporada noté que SPOILER ALERT Historia hablaba más con Eren (hubo dos momentos en los que estuvieron a solas), y, al parecer, a Mikasa no le gustó mucho la idea. FIN SPOILER ALERT. Además, ¿cómo diablos supiste que el verdadero nombre de Krista es Historia si no sabes sobre SnK? xD