XLI
Tokio de Cristal
Tokio, 06 de marzo de 1992, 05:49p.m
Las Sailor Senshi se separaron a tres cuadras del templo Hikawa. Sailor Mercury había entregado indicaciones a las demás sobre cómo destruir los pilares de energía oscura y, además, les advirtió que posiblemente se encontraran custodiadas por algún miembro de Black Moon.
Sailor Moon se dirigió al norte, hacia un edificio de oficinas. Sailor Mercury acudió al mismo lugar que había ido antes, Sailor Mars le tocó el extremo suroeste de Tokio, Sailor Jupiter el extremo sudeste, y, por último, Sailor Venus enfiló hacia el oeste, donde se encontraba una central de policía. No sabía por qué, pero ella creía que le había tocado el pilar más difícil, pues no sería fácil escurrirse entre los oficiales de la ley y, con toda probabilidad, sería arrestada.
Sería irónico se dijo Sailor Venus mordazmente, que una antigua aliada de la policía termine tras las rejas.
Sailor Mercury fue la primera en llegar a su respectivo pilar. Usó su niebla para confundir a los guardias y pirateó las cámaras de seguridad, de modo que nadie pudiera identificarla. Sin embargo, cuando entró en la oficina que alojaba el pilar, se encontró con un hombre que recordaba bastante a Darien, pero la luna creciente en su frente le delataba como un miembro de Black Moon.
—¿Quién eres tú? —increpó Sailor Mercury, crispando los puños y frunciendo el ceño.
—Mi nombre es Zafiro, y soy un integrante del clan Black Moon. No voy a permitir que ustedes arruinen nuestros planes.
—Pues yo no voy a permitir que destruyas Tokio —retó Sailor Mercury, adoptando su postura de ataque—. Ni tú, ni nadie de Black Moon.
—Eso lo veremos —dijo Zafiro, extendiendo sus brazos hacia el cielo. Sailor Mercury pensó que le iba a atacar, pero cuando su oponente hubo acabado, dio la impresión que no había hecho nada. Sailor Mercury empleó su visor, buscando cualquier anomalía en la oficina, y vio, con sorpresa, que había una barrera de energía protegiendo el pilar de energía oscura. Zafiro se cruzó de brazos, sin intención alguna de atacar. Era como si él la estuviera retando a que intentara penetrar la barrera. Juzgando que no había otro curso de acción, Sailor Mercury usó todas sus fuerzas para destruir la barrera, pero fue lo mismo no hacer nada. La barrera no parecía haber sufrido daño alguno.
—Buena suerte con eso —dijo Zafiro en un tono burlón antes de desaparecer. Sailor Mercury se quedó de pie, frente al pilar, pensando en una forma de atravesar el muro de energía. Usando su visor, calculó la cantidad de energía necesaria para romper la barrera, pero ésta funcionaba a longitudes de onda demasiado altas, incluso para el Cristal de Plata. Sin embargo, había una clase de radiación que podía penetrar el campo de energía, pero obtenerla sería un problema colosal, pues ese tipo de radiación solamente podía encontrarse en el espacio y su longitud de onda impedía que penetrara la atmósfera terrestre.
Seguramente en el año 3000 seremos capaces de capturar rayos gamma. Por el momento, no podemos hacer nada. Nuestra única opción es viajar a Tokio de Cristal.
Con aquellos pensamientos en mente, Sailor Mercury usó su computadora de bolsillo para comunicarse con las demás (hay que recordar que también hacía las veces de teléfono celular) y darles las malas noticias.
Cuando las Sailor Senshi regresaron al templo, vieron que todo se encontraba tranquilo, lo que no les gustaba para nada. Sus peores temores fueron confirmados al ver que el patio del templo se encontraba lleno de cráteres y, en medio, una figura se hallaba tirada de espaldas, magullada de la cabeza a los pies y con el uniforme rajado en varios lugares. El cetro, partido en dos, fue lo que les terminó de confirmar la tragedia.
Sailor Moon se apresuró a socorrer a Sailor Pluto, pero el visor de Sailor Mercury le dijo que ya era demasiado tarde. Había muerto hace unos pocos segundos.
Sailor Moon abrazaba el cuerpo sin vida de Sailor Pluto, Sailor Mercury, en medio de su dolor, vio que la mano con la que sostenía la llave comenzó a brillar, y se dio cuenta que Sailor Pluto había dicho la verdad. Las demás no hallaban palabras con las que maldecir a Black Lady a causa de lo que había hecho.
—Chicas —dijo Sailor Mercury, alzando la cabeza y hablando en voz baja—, debemos continuar con la misión. No podemos permitir que Black Moon se salga con la suya.
—¿Pero qué estás diciendo? —dijo Sailor Mars, mirando cómo Sailor Moon seguía aferrada al cuerpo inerte de Sailor Pluto—. Danos siquiera unos minutos para llorar. Odio cuando te pones insensible.
—No es cosa de ser sensible o no —replicó Sailor Mercury, alzando un poco más la voz—. Es cuestión de hacer lo que debemos hacer. Sailor Pluto no hubiera querido que nosotras perdiéramos la fuerza en el momento en que más la necesitamos. Si nos detenemos siquiera por un momento, Black Moon va a triunfar. Nadie va a derrotarlos en tu lugar. Nosotras debemos hacerlo, así que debemos secarnos esas lágrimas y enfrentar al enemigo.
Sailor Jupiter, aun con lágrimas en los ojos, giró su cabeza hacia Sailor Mars.
—Sailor Mercury tiene razón. No podemos detenernos ahora.
—Black Moon no debe ganar —secundó Sailor Moon en voz baja, poniéndose de pie y mirando a Sailor Pluto con tristeza—. Debemos recuperar a Rini. Ella no tiene la culpa de lo que le pasa.
—Puede que tengas razón, Sailor Moon, pero acabamos de ver morir a alguien —dijo Sailor Venus, también en voz baja—. ¿Cómo esperas que podamos seguir adelante así como así? Somos seres humanos. Tenemos emociones, a veces demasiado fuertes para que podamos hacer como que no nos afecta. Si no nos hacemos un tiempo para llorar, no podremos tomar buenas decisiones y vamos a fracasar.
Sailor Mercury sabía que Sailor Venus tenía un punto al decir esas palabras, pero también era cierto que cada segundo perdido era un paso más hacia la victoria de Black Moon. También tenía presente que Sailor Venus aún lucía afectada por lo ocurrido con la nave espacial que cayó sobre la ciudad y aquellas dos muertes. Lo más seguro era que ella estuviera hablando con esas emociones en su cabeza.
—Pues yo iré al futuro a rescatar a Rini —dijo Sailor Mercury con un aplomo que ya hubiera querido hace unos días atrás—. La que quiera acompañarme, que venga conmigo. Si alguien quiere quedarse, pues que se quede y contribuya a nuestra derrota. Porque eso es lo que va a pasar si no trabajamos en equipo. ¡Se supone que somos amigas! ¡Tenemos que luchar juntas y, de ser necesario, morir juntas! ¡No podemos permitir que el dolor nos gane la batalla! Estoy segura que vendrán más pruebas, más difíciles que ésta. El dolor nos debe hacer más fuertes, no más débiles.
Sailor Venus taladró con la mirada a Sailor Mercury.
—¿Me estás llamando débil?
—No he dicho eso. Por favor, no distorsiones mis palabras. —Sailor Mercury se acercó lentamente a Sailor Venus y le mostró una sonrisa—. Estoy segura que quieres que la muerte de Sailor Pluto no haya sido en vano, ¿o me equivoco?
La aludida se quedó mirando a Sailor Mercury, creyendo que la iba a desafiar. En su congoja, no se había dado cuenta que ella, sencillamente, no era así. De hecho, Sailor Mercury era exactamente lo contrario.
—Por supuesto que sí.
—Entonces sabes lo que debes hacer —dijo Sailor Mercury con suavidad, extendiéndole una mano—. No estás sola en esto, Sailor Venus. Nosotras compartimos tu dolor y entiendo que necesites desahogarte. Somos chicas, después de todo. Pero, como dije, con el sufrimiento viene la fuerza. Ahora tienes la oportunidad de ser más fuerte que antes. ¡Vamos! Te aseguro que sufrirás menos si cumplimos con nuestra misión.
Sailor Venus no sabía qué decir. Había esperado algo que, sencillamente, no iba con la personalidad de Sailor Mercury. Pese a que insistía en que necesitaba tiempo para llorar, la chica frente a ella le había hecho entender que había situaciones en las que no había margen para hacer tales cosas. Fue cuando se dio cuenta que había estado comportándose como una niña desde que fallecieron esas dos personas. En lugar de enfrentar la situación, huyó de ella, refugiándose en su relativa inmadurez. Claro, aquello era perfectamente aplicable si ella fuese una chica normal, pero no lo era. Era una Sailor Senshi, y no se podían aplicar las mismas reglas que para el resto de las adolescentes. Ella había aceptado ser una guerrera, y debía lidiar con las consecuencias, lo quisiera o no.
Sailor Venus tomó la mano de Sailor Mercury, poniéndose de pie y dando una buena mirada al cuerpo de Sailor Pluto.
—Tienes razón —dijo, tratando de reprimir las lágrimas—. No escogimos ser guerreras para andar lloriqueando por cualquier cosa. Es precisamente por este tipo de cosas que los hombres nos dicen que somos débiles. Lucharemos contra este enemigo, y después honraremos a quienes perdieron la vida en esta contienda.
—Bien dicho, Sailor Venus —dijo Sailor Mercury, tomando la llave que Sailor Pluto le había entregado, instando a que las demás se acercaran a ella, mientras examinaba la llave con su visor—. Ahora bien, creo que esta llave funciona mediante un encantamiento. Puedo ver la inscripción sobre su superficie.
—¿Y qué dice? —inquirió Sailor Mars, olvidada de su enojo con Sailor Mercury.
—No puedo pronunciar el hechizo a menos que estemos todas juntas. Vengan aquí y tomémonos de las manos.
Las demás obedecieron y formaron un círculo. Sailor Moon tuvo que tomar del brazo a Sailor Mercury, pues estaba sosteniendo la llave. Cuando todas estuvieron reunidas, Sailor Mercury alzó la llave hacia el cielo y pronunció las palabras mágicas.
—¡Por el poder del titán Crono (26), te invoco a que podamos atravesar la puerta del tiempo y llévanos a nuestro destino!
La llave emitió un brillo dorado y el mundo alrededor de ellas comenzó a distorsionarse, como si las chicas lo estuvieran viendo a través de un lente. Al principio, no entendían lo que estaba ocurriendo, hasta que Sailor Mercury explicó que aquello era normal. Después de todo, no se podía viajar en el tiempo sin experimentar distorsiones gravitacionales.
Después de unos cuantos segundos, el entorno lucía irreconocible producto de la distorsión. Al final, ésta fue tan severa que desdibujó el templo por un momento que a las Sailor Senshi se les volvió eterno, al menos hasta que el mundo cobró sentido nuevamente. Fue cuando las Sailor Senshi se percataron que se encontraban en un lugar que jamás habían visto en todas sus vidas.
El cielo estaba tan oscuro que parecía ser de noche, aunque ninguna estrella se podía ver en el firmamento. Ni siquiera la luna hacía acto de presencia. Cuando las Sailor Senshi reconocieron su entorno, notaron que la gran mayoría de las casas y edificios se encontraban en un estado lamentable. No se podía atisbar ninguna forma de vida. El silencio ejercía tal presión sobre sus oídos que les dio la impresión que se encontraban en algún reino submarino olvidado.
—¿Realmente habremos viajado en el tiempo? —preguntó Sailor Mars, mirando a sus alrededores, luciendo intranquila.
—No sé por qué ver este lugar me causa tanta tristeza —dijo Sailor Moon, encogiéndose de hombros a causa de un frío que no estaba en el ambiente, sino que en su corazón—. Es como… es como si yo hubiera estado aquí, en otra vida.
—Yo creí que íbamos a atravesar una puerta del tiempo —añadió Sailor Jupiter, manteniéndose en movimiento para combatir la inquietud que la estaba atenazando—. Ni siquiera sabemos si llegamos al lugar correcto.
—Estoy tratando de obtener un marcador cronológico —dijo Sailor Mercury, manipulando su computadora de bolsillo, ejecutando varios comandos, al menos hasta que se escuchó un pitido, el cual sonó como un eco en medio del silencio—. Chicas, estamos en el tiempo y en el lugar correcto. Miren.
Sailor Mercury indicó con el dedo hacia una estructura que sobresalía de los demás edificios. Sin embargo, las demás notaron que aquel edificio se distinguía del resto, no solamente por su forma, sino por cómo estaba construido.
—Parece que está hecho de…
—Sí —dijo Sailor Mercury, leyendo el asombro de las demás chicas en sus ojos—. Es un palacio hecho de cristal. Es una prueba de que llegamos adonde Sailor Pluto quería que llegáramos. Además, nos encontramos en las mismas coordenadas geográficas que antes. De hecho, si se dan cuenta, pueden ver el contorno del patio de lo que fue alguna vez el templo.
Las demás miraron a su alrededor, solamente para confirmar lo que Sailor Mercury había dicho.
—Estamos en Tokio de Cristal —dijo Sailor Moon en voz baja, notando que las nubes se estaban apartando. Se formó el claro lo suficientemente amplio para que la luna se pudiera ver en toda su magnitud. El efecto era dramático. El palacio de cristal brilló con una luz plateada, mientras que la luna, la cual se veía gigante, coronaba la parte más alta del edificio. Sin embargo, la luz de la luna también hizo patente la destrucción de la ciudad. Podían verse algunos cadáveres, reducidos a osamentas, muñecos quemados y espadas clavadas en el suelo, como si allí hubiera tenido lugar una gran guerra.
—Tenemos que ir al palacio —dijo Sailor Mercury, consultando su computadora de bolsillo—. Detecto una fuente muy débil de energía que proviene de ese lugar. Seguramente allá encontraremos algunas respuestas.
Las demás solamente pudieron asentir. De todas formas, ninguna tenía una mejor idea, aparte de seguir contemplando la desolación de lo que alguna vez fue un reino lleno de luz y gloria.
Tokio del presente, 06 de marzo de 1992, 09:14p.m.
Una mujer pelirroja se acercaba a una casa amplia, la cual se encontraba cercada por una verja de aspecto ostentoso. Aquella mujer habría pasado desapercibida, de no ser por su atuendo, que bordeaba lo estrafalario. Daba la impresión que ella veneraba a las estrellas, pues éstas formaban parte de la decoración de su vestimenta, y, a juzgar por su expresión de tranquilidad, le daba lo mismo lo que pensara la gente acerca de su curiosa elección de indumentaria.
Tocó el timbre dos veces y vio que un mayordomo se acercaba hacia la verja. Era más alto que la mujer, pero la expresión de su cara denotaba mansedumbre.
—¿Se le ofrece algo, señorita?
—¿Es esta la residencia de los Tomoe?
—Me temo que usted está equivocada —repuso el mayordomo cortésmente—. Este es el hogar de los Kirishima, aunque la familia sí está relacionada con los Tomoe, o al menos lo estuvo.
La mujer arqueó una ceja.
—¿De qué habla?
—La hija mayor de los Kirishima, Mariko, estuvo casada con el único hijo de los Tomoe —dijo el mayordomo, mirando a los ojos de la mujer como si estuviera encantado de entregar tal información—. Por desgracia, ella falleció en un accidente vehicular, y el señor Tomoe debió criar solo a su única hija. Creo que se llama Hotaru.
—¿Sabe dónde puedo encontrar al señor Tomoe?
—Después de la muerte de Mariko, Soichi Tomoe decidió viajar a Estados Unidos para retomar unas investigaciones que había dejado pendientes. Hasta donde yo sé, aún se encuentra allá. ¿Por qué desea encontrarlo?
—Pues deseo trabajar para él —dijo la mujer sin una pizca de vacilación—. ¿Sabe en qué ciudad se encuentra?
—Washington, si mi memoria no me falla.
—Le agradezco la información, señor. No le quito más tiempo.
—No es ninguna molestia, señorita. Hasta pronto.
El mayordomo regresó por donde había venido y la mujer se alejó de la verja, extrayendo un teléfono de su bolsillo. Era de un color rojo intenso y decorado con una estrella negra en su parte trasera. Marcó un número y esperó a que la llamada conectara.
—Reúne a las demás. Tengo una pista sobre el paradero de Soichi Tomoe.
La mujer guardó el teléfono e hizo parar un taxi. Su próxima parada: el aeropuerto.
No sabía que había un par de figuras que la seguían en medio de las sombras.
Tokio de Cristal, año 2993, 11:46p.m.
Las Sailor Senshi se acercaban al enorme palacio de cristal, notando que el patio frontal se antojaba mayormente intacto. Era como si algo protegiera el perímetro de lo que fuese que había arrasado con el resto de la ciudad. No obstante, cuando ellas se encontraban a unos cien metros de distancia de la entrada del palacio, divisaron a lo que parecía un hombre, pero lo extraño era que se podía ver a través de éste, como si ese sujeto fuese un fantasma… o un holograma.
Sailor Moon se detuvo, y las demás le imitaron. Sailor Mercury hizo algunas operaciones con su computadora de bolsillo y confirmó que se trataba de un holograma, cuyo origen se encontraba muy cerca de la fuente de energía, en el sótano del gran palacio de cristal.
Cuando la imagen se encontró a la suficiente distancia, Sailor Moon contuvo el aliento. Ese hombre se parecía mucho a…
—¿Darien? —dijo, con el corazón en un puño. Las demás también ostentaban caras de incredulidad.
—No estás muy lejos de la verdad —dijo el holograma que semejaba a Darien—. En algún momento me llamé así, pero el realidad soy el rey Endimión, o al menos una imagen de lo que alguna vez fue.
Sailor Moon sintió que el corazón le fallaba. La única diferencia entre el príncipe y el rey era la indumentaria. Incluso, aunque fuese solamente un holograma, transmitía la misma calidez que ella sentía en los brazos de Darien.
—¿Qué pasó aquí?
El rey Endimión se quedó unos segundos en silencio antes de responder.
—Será mejor que entremos en el palacio. Allí te lo contaré todo.
Sabiendo que no valía la pena debatir con un holograma, las Sailor Senshi siguieron al rey a través de los últimos cien metros, antes de penetrar en el enorme palacio. El vestíbulo se encontraba a oscuras, aunque la luz de la luna dibujaba amplios cuadrados plateados en medio de la negrura. Cruzaron por un corredor tan largo como una manzana urbana, mientras devoraban con la vista las decoraciones que la oscuridad les permitía ver. Mientras tanto, la computadora de Sailor Mercury le indicó que se estaban acercando cada vez más a la fuente de energía.
El grupo llegó al salón del trono, y Sailor Moon vio que estaba parada en medio de un enorme emblema circular, con la forma de una luna menguante. Cuando todas estuvieron reunidas, el piso comenzó a sacudirse y, de pronto, sintieron que descendían hacia las entrañas del palacio, lenta pero constantemente. La situación era muy similar a cuando ellas viajaron a la luna para recuperar la espada lunar, pero, a diferencia de aquella ocasión, no tuvieron que esperar tanto para llegar a su destino.
El sótano era una estancia similar al salón del trono, con la diferencia que había más equipos electrónicos, dispuestos en un anillo que abrazaba la pared. Había una entrada amplia en el lado norte, desde la cual manaba una intensa luz plateada. Sailor Mercury vio, por fin, qué era lo que estaba generando tanta energía. Su corazón triplicó la frecuencia de sus latidos cuando se vio a sí misma y a sus compañeras con los brazos extendidos hacia el cielo, entregando lo que parecía energía a un gran trozo de cristal transparente. La sorpresa la invadió cuando vio que la mujer encerrada en ese cristal se parecía demasiado a la princesa de la luna, solamente que usaba una especie de tiara ornamentada con rubíes.
—Ella es la Neo Reina Serena —explicó el holograma del rey Endimión, mirando a la envoltura de cristal con tristeza. Sailor Mercury notó que tenía los puños crispados y miraba al suelo, como si estuviera avergonzado de ver a su reina en ese estado—. Black Moon llegó sin ninguna advertencia. No estábamos preparados para una invasión a semejante escala. Arrasaron con todo. Fueron metódicos e inmisericordes. Las Sailor Senshi trataron de detener al ejército, pero se vieron forzadas a retirarse al interior del palacio. Yo no sabía qué hacer, salvo llevarme a la Pequeña Dama a un lugar seguro. Escapamos del palacio, y Black Moon no nos siguió. Estaban más empecinados en asesinar a la Neo Reina, pero cuando llegaron al salón del trono, se encontraron con que ella ya se encontraba protegida por ese cristal que la envuelve. Tampoco pudieron herir a las Sailor Senshi. La invasión llegó a un final inesperado, pues Black Moon no pudo obtener lo que tanto ansiaba: el poderoso Cristal de Plata.
—¿Y para qué querían el Cristal de Plata? —preguntó Sailor Moon, aún sorprendida de ver que, mil años en el futuro, ella seguiría existiendo, casada con el hombre al que más amaba en el mundo—. Sailor Pluto nos dijo que la Neo Reina Serena no había querido compartir el poder del Cristal de Plata con Black Moon.
—Black Moon no siempre se llamó así —dijo el rey Endimión, dirigiendo sus pasos hacia una de las computadoras—, ni siempre fue malvado. Lo único que ellos querían era que todo el poder del Cristal de Plata fuese empleado para llevar no solamente a Tokio de Cristal, sino que a todo el mundo, a una nueva era. La Neo Reina Serena decía que los demás reinos aún no estaban listos para dar ese paso, pues aún necesitaban resolver conflictos a través del uso de las armas y la agresión. Los disidentes respondieron que aquello podía ponerse fin con lo que estaban proponiendo, pero ella, no sin razón, juzgó que no era prudente poner algo tan poderoso a disposición de personas que eran capaces de mancharse las manos con sangre para obtener poder. Cuando ellos vieron que la Neo Reina no iba a cambiar de opinión, trataron de apoderarse del Cristal de Plata por las malas. Las Sailor Senshi los derrotaron y la Neo Reina los desterró de Tokio de Cristal. Desde ese momento, alimentaron un resentimiento serio en contra de la reina, las Sailor Senshi y Tokio de Cristal, y prometieron venganza por el destierro, el cual ellos consideraban extremadamente injusto.
—¿Y cómo es que un grupo de disidentes formaron el clan Black Moon? —preguntó Sailor Mars, mirando cómo el rey Endimión oprimía unas teclas y en la pantalla apareció una panorámica de las afueras del palacio.
—Ellos viajaron a los confines más remotos del sistema solar. Encontraron un planetoide al que ellos llamaban Némesis, y hallaron refugio seguro allí. Ignoro qué fue lo que ocurrió allá, pero definitivamente les cambió y poderes les fueron dados, aunque imagino que debieron pagar un precio por ello. Ningún poder es gratis en este mundo, y ninguna acción está libre de consecuencias.
—¿Y qué es lo que tiene que ver Rini con todo esto? —quiso saber Sailor Mercury, quien había acompañado a Endimión hacia la computadora, notando que unas luces se hacían cada vez más nítidas en la lejanía. Él la miró como si no entendiera a qué se estaba refiriendo.
—¿Quién es Rini?
—Ah, olvidé que yo le puse ese nombre —repuso Sailor Mercury, lanzando una risita nerviosa—. Hablo de Serena, la niña del cabello rosado. Tiene el mismo nombre que mi amiga Serena.
—Black Moon quiere asesinarla porque cree que ella tiene el Cristal de Plata —dijo Endimión, viendo que las luces se acercaban cada vez más—. Hay razones para creer que ella lo hizo, pues anduvo en este sector del palacio antes que yo me la llevara lejos de aquí. Pero no creo que lo haya hecho. Es muy pequeña para conocer su poder. Además, Sailor Pluto no habría arriesgado tanto para llevar a la Pequeña Dama al pasado, precisamente a buscar el Cristal de Plata.
—Entonces —dijo Sailor Jupiter—, Black Moon sigue buscando el Cristal de Plata.
—Sí, pero creo que ahora lo quieren destruir —respondió Endimión, viendo que las luces habían pasado a convertirse en naves, del mismo tipo que el que sobrevolaba Tokio en los noventa—. El resto de la historia deberá esperar.
—¿Por qué? —preguntó Sailor Moon.
—Porque el enemigo se acerca —repuso Sailor Mercury, juntándose con las demás—. Debemos prepararnos para luchar.
(26) Hay muchas personas que siguen creyendo que Crono es un dios, el dios del tiempo. Un pequeño repaso a la mitología griega basta para ver que Crono es un titán (no uno de los titanes de Attack on Titan), es decir, los precursores de los dioses. Crono es uno de los hijos de Urano y Rea, y padre de Zeus y Hades. Su equivalente romano es Saturno, lo que es paradójico, pues, de acuerdo con esto, Sailor Saturn debería ser la guardiana de la puerta del tiempo, mientras que Sailor Pluto debería ser la Sailor Senshi del silencio y la destrucción (Plutón es el equivalente romano de Hades).
Nota del Autor: Cuatro meses sin actualizar el bendito fic… no actualizo desde que encontré trabajo. Es que el trabajo es tan absorbente que apenas me dio tiempo para actualizar un fic… UN FIC. Menos mal que ahora tengo los turnos de trabajo más claro y tengo el tiempo para reanudar las actualizaciones. No puedo prometer actualizaciones semanales, pues eso depende de mi carga de trabajo, pero haré lo posible para dar cierta continuidad a la historia (tuve que leer el fic desde el principio para agarrar nuevamente el hilo del argumento).
Saludos lunares.
