XLIII
Dos sacos de patatas menos
Londres, 24 de enero de 2000, 00:12a.m.
Sophie casi derrapó sobre el pavimento cuando se estacionó en el estacionamiento subterráneo del hospital. Me instruyó a que le ayudara a cargar con Nicole, mientras que Lucy nos seguía de cerca, como si supiera que permanecer junto a nosotros le haría sentirse más segura. Bueno, en su situación actual, no la puedo realmente juzgar al pensar de ese modo. Como sea, subimos hasta la planta baja, donde Sophie habló con el recepcionista, y hacer que Nicole ingresara a la sala de emergencias lo antes posible.
Pensé que ver a Nicole en un estado tan grave nos libraría del papeleo regular. Creí bien. Unos paramédicos la llevaron inmediatamente a la sala de emergencias, diciendo que otra persona podía ocuparse del papeleo. Consideré que Sophie haría un mejor trabajo protegiendo a Lucy que yo, por lo que me ofrecí a llenar los formularios de ingreso. Sophie me mostró una sonrisa, lo que denotaba su aprobación por mi decisión.
Cuando acabé con los documentos, acudí inmediatamente a la sala de emergencias. Desde que vi a Nicole con el pecho ensangrentado que tenía el corazón en un puño, a veces pensando en que no la iba a volver a ver en mi vida. ¡Deja de ser pesimista! ¡Nicole va a salir por la puerta de adelante, no por la de atrás! Creo que ese era mi peor defecto… ser pesimista. Me enfocaba más en lo negativo que en lo positivo. Seguramente lo habrán notado a lo largo de mi narración, que casi nunca hacía comentarios optimistas, como decir que jamás me ganaría el corazón de Nicole. Bueno, algunos puntos a favor tenía dicha afirmación: no era particularmente atractivo (y espero que me perdonen los británicos, pero hay muy pocos congéneres que lo son), está lo que les dije sobre mi insistente pesimismo y, tampoco estoy en forma. Mi fuerza física es patética. Con suerte puedo sostener mi cámara réflex, y no puedo hacerlo por más de cinco minutos sin que mi brazo se agarrote. Seguramente tuve una vida demasiado fácil cuando era niño. Mis padres me daban todo prácticamente en la boca, y no fue hasta que comencé a estudiar periodismo que debí realmente ganarme algo en la vida. Como pueden ver, yo era otro ejemplo de niño mimado, de los tantos ejemplos que uno puede encontrar en esta sociedad moderna. Como era natural, después de la universidad, mis padres comenzaron a actuar como si yo jamás hubiera sido su hijo, y a veces pienso que fue para mejor. De otro modo, no sería tan cuidadoso con mis finanzas, como ustedes se habrán dado cuenta a lo largo de mi relato.
Perdónenme por extenderme tanto sobre el tema, pero quería que entendieran por qué creía tenerlo todo en contra para tener el corazón de una chica que, más que chica, parecía una modelo de esas que aparecen en las revistas de moda de todo el mundo. De hecho, si me ponía a pensar en ello, las demás, a excepción de Violet, eran chicas por las que cualquier hombre daría un brazo por arrancarles siquiera un beso de sus labios. Pero luego pensé que, mujeres tan hermosas debían tener defectos muy serios, pues ninguna de ellas tenía pareja o amigos. O tal vez ellas no tenían tiempo para relaciones sociales, quién sabe. Pero el punto es que la experiencia me ha enseñado que es muy difícil que una mujer atractiva sea perfecta, por no usar la palabra imposible.
En ese momento, esperaba que dos cosas salieran bien; que Sophie consiguiera llegar a alguna comisaría con Lucy, y que Nicole se recuperara de su herida fatal. Era fácil ser optimista con lo primero, pero me costaba horrores pensar positivo con lo segundo. ¿Por qué mierda pasa eso? Ya tengo asumido que me gusta Nicole, y lo lógico sería que pensara en su recuperación antes que en su muerte, pero, aun así, imágenes de su cadáver desfilaban por mi cabeza, acrecentando mi angustia. ¡Diablos, Jeremy! ¡Debes creer que Nicole lo va a lograr! ¡Si tanto te gusta ella, piensa en lo que va a pasar si ella se recupera!
Mientras esperaba afuera del quirófano, me puse a pensar en todas aquellas señales enviadas por Nicole cuando viajábamos desde Nueva York a Londres, y en cómo yo me amparaba en mi pesimismo para creer que ella jamás sentiría cosas por mí. ¿Y si era cierto? ¿Qué tal si ella siente cosas por mí, pero no las dice a causa de su misión? Y, aunque me dijese a mí mismo que no había nada interesante en mí, algo debió haber llamado su atención. Fue cuando recordé una conversación que tuve con ella en el jet.
¿Sabes, Jeremy? Eres el primer hombre que conozco que está más interesado en mi obra que en mis pechos. A veces odio ser tan atractiva, porque no me permite que la gente me conozca por lo que hago.
¿Y por qué eres tan atractiva?
No es que quiera serlo, Jeremy. Cuando te mantienes en buena forma física, una de las consecuencias es tener un cuerpo deseable. Pero eso a los hombres no les interesa, así como no les interesa que me guste hacer esculturas. Cuando les hablo del tema, a menudo me dicen que yo soy la escultura. Es repugnante.
Pues yo pienso que sí eres atractiva, pero que eso no debe definirte. Eres más que una paleta de carne.
Abrí los ojos.
Me di cuenta que mi pesimismo estaba pobremente justificado. Recordé la forma en que Nicole me ponía atención cuando yo le platicaba sobre mis días como reportero gráfico. ¿Era posible que alguien como yo se hubiera ganado la atención de una chica como Nicole? ¿Qué lo hacía imposible? ¿Qué lo impedía? Alguien dijo una vez que, en el momento que te das cuenta que estás equivocado, comienzas a hacer las preguntas correctas. En realidad, ¿qué, realmente, impedía a un chico como yo a estar con una chica como Nicole? ¿Era la fama? ¿El dinero? ¿El poder? ¿Lucir como un galán? ¿Tener la anatomía de un fisicoculturista? Yo no tenía nada de esas cosas y, aun así, Nicole dio muestras de estar interesada en mí. Algo debió ver en mí que no vio en otra persona.
Eres el primer hombre que conozco que está más interesado en mi obra que en mis pechos.
Lo he dicho varias veces, y no me voy a cansar de repetirlo; Nicole es la mujer más bella y atractiva que he conocido en toda mi vida, pero, para serles honestos, me siento más atraído por su mirada que por todo lo demás. Los pechos eran todos más o menos iguales, pero los ojos eran otro cuento. No solamente se trataba del color, sino también de lo que transmitía la mirada. Y aquello era tan subjetivo que era, por lejos, mucho más interesante que algo que, en teoría, estaba hecho para los niños. Ja, recordé un chiste que me contaron cuando llegué al trabajo por primera vez al periódico. Decía algo así.
"¿En qué se parecen los pechos de una mujer a un parque de diversiones? En que están hechos para los niños, pero son los adultos quienes más se divierten jugando con ellos". Y es cierto. Pero yo pienso diferente. Aquella zona del cuerpo está ahí, es visible en su totalidad, no encierra ningún misterio. Pero la mirada, nuevamente, es otro asunto. Uno comienza a hacerse preguntas sobre la persona cada vez que la mira fijamente a los ojos, hace apreciaciones, elucubraciones y toda clase de juicios sobre alguien… y ninguno de esos juicios es igual de persona a persona. Es como mirar una obra de arte. Dos personas podrían estar mirando la misma cosa, y aun así, tener diferentes interpretaciones. En mi caso, eso era de especial importancia, pues yo trabajo mucho con fotografías, y estoy al tanto de la miríada de interpretaciones que puede tener una imagen.
Fue cuando cobré conciencia de que mi trabajo me había dado muchos puntos a favor con Nicole. Tenía que sepultar de algún modo mi pesimismo, y creer que podía tener una oportunidad con ella. Sin embargo, no quería forzar a que las cosas ocurrieran. Podría ser un cero a la izquierda con las chicas, pero sabía que a las mujeres no le gustaba darse cuenta de que estaban siendo cortejadas o seducidas. ¿Y qué mejor forma de conquistar a una chica que no intentar hacerlo?
Tan profundas eran mis cavilaciones que no fui consciente del paso del tiempo. La puerta del quirófano se abrió y apareció el médico cirujano a cargo de Nicole. Respiré tranquilo. El hecho que solamente hubiera aparecido el cirujano era una buena noticia en sí misma.
—La operación fue un éxito —dijo el médico con una sonrisa—. Logramos extraer la bala sin que el paciente perdiera mucha sangre. Está recibiendo transfusiones en este minuto para recuperar la sangre perdida antes de llegar al hospital. Si gusta, puede ir a Cuidados Intensivos. La llevaremos allá en breve.
—Gracias —dije, dirigiéndome de inmediato a Cuidados Intensivos, preguntándose qué había sido de Sophie y de Lucy. Y, como respondiendo a mi pregunta, la pulsera en mi muñeca se encendió.
—Lucy ha llegado a la comisaría sin problemas —anunció la voz de Sophie, luciendo aliviada—. Violet y Scarlett están conmigo. No tienen heridas de consideración. Pero esto no ha terminado. La Vanguardia de Ares se dirige a la comisaría, aunque sus números son bastante reducidos. Nosotras podemos derrotarlos sin complicaciones. Solamente ocúpate de velar por Nicole. Te necesita.
—De acuerdo. Buena suerte.
Cuando la comunicación se cortó, pude ver la sala de Cuidados Intensivos. Me preguntaron el nombre y se los dije, además del nombre de la persona a la que venía a ver. No me pusieron problemas y entré a la sala, la cual olía a antiséptico, obviamente para contrarrestar los malos olores que a menudo despedían los enfermos, demasiado complicados para siquiera tomarse una ducha. La cama asignada a Nicole se encontraba separada de las demás por biombos, de modo de garantizarle cierta privacidad. Y allí esperé unos diez minutos, paseándome de un lado a otro de la sala, hasta que la camilla en la que reposaba Nicole apareció. Los paramédicos la trasladaron cuidadosamente, de modo que no se hiciera ninguna herida, comprobaron que todo estuviera en orden y se retiraron, dejándome solo con Nicole. Me acerqué a ella, mirándola fijamente a su rostro. No lucía como alguien que se hubiera recuperado de una herida de bala, sino como si yo me hubiera encontrado con un ángel dormido.
—Nicole —dije, en un tono suave, inclinándome sobre ella y acariciando su mejilla—, espero que abras los ojos pronto. Tienes que saber que las demás cumplieron con su cometido y Lucy se encuentra a salvo.
¿Qué diablos estás haciendo, Jeremy? ¡Qué importa que esté inconsciente! Díselo, sé valiente. ¡Atrévete! Demonios. Ni siquiera me atrevo a expresar lo que siento cuando sé que la otra persona no puede escucharme. En mi defensa, jamás había admitido mis sentimientos por una chica en mi vida, básicamente porque jamás había estado en esa situación. ¿Por qué mierda costaba tanto decirle a una chica que te gusta? ¿De dónde rayos venía ese miedo? Pero luego me di cuenta que me estaba ahogando en un vaso de agua. No iba a encontrar respuestas a base de hacerme preguntas. ¡Vamos, Jeremy! ¡Ella está fuera de combate! ¡No va a escuchar nada! ¡Considéralo práctica para cuando tengas que decírselo cara a cara!
No sé cuánto tiempo pasó desde que Nicole llegó a Cuidados Intensivos hasta que me decidí a ser honesto con ella, al menos en lo que era pertinente a mis sentimientos. Antes de narrar esa parte, debo decirles que me sorprende que Nicole me haya conquistado en tan poco tiempo, aunque eso puede deberse también a la falta de chicas en mi vida. Nunca le había dado prioridad al asunto, hasta ahora, por lo que supongo que se trataba de algo nuevo para mí. Terminado este paréntesis, puedo contarles cómo me fue con el tema.
Sin mirar a Nicole, me armé de valor, crispé los puños, como si fuese a librar alguna batalla por el destino de la humanidad, y le dije la verdad. Admito que no soy un poeta, pero al menos hice mi mejor esfuerzo.
—Demonios, no sé por qué a nosotros nos cuesta tanto trabajo expresarnos cuando queremos ser honestos con nuestros sentimientos hacia una chica —comencé, temblando de la cabeza a los pies, pese a que no había ninguna razón para reaccionar así—, y yo soy diferente de los demás. Así que perdóname si mis palabras no son bonitas o son muy directas, pero es que esto que hay en mi interior me está matando por dentro, y quiero sacarme estas palabras de mi cabeza de una maldita vez.
Mierda, Jeremy. No te vayas por las ramas. Te estás contradiciendo, donjuán ruinoso.
—No sé qué rayos pasó, pero… pero me gustas, Nicole. A veces me siento como un imbécil diciendo estas palabras, porque ha pasado tan poco tiempo desde que te conocí que me parece increíble que pueda sentir estas cosas por ti. No lo entiendo, pero me imagino que no se trata tanto de entender, sino de aceptar. Y eso es precisamente lo que me es difícil hacer. ¡Diablos! No tengo idea de si estoy haciendo lo correcto o no, o si gano algo haciendo esto, pero, como dije, ya no quiero tener estos bichos en mi cabeza. —Instintivamente, me senté sobre la cama, rozando las piernas de Nicole con mi trasero, y me llevé una mano a la frente, sintiéndome como un saco de patatas—. Maldita sea. Es la primera vez que me pasa esto y no sé qué diablos hacer.
—Hiciste mucho —dijo una voz débil pero musical. Por un momento pensé que había imaginado la voz de Nicole, pero cuando giré mi cabeza hacia ella, me di cuenta que había abierto los ojos. Es difícil imaginar lo contento que me puse cuando la vi consciente, por lo que no voy a describirlo—. Fuiste honesto. Y eso es algo que te agradezco mucho.
Yo me encontraba mistificado. Pensé que Nicole no era capaz de escuchar nada, pero me equivoqué. Al parecer, solamente tenía cerrados los ojos.
—¿Entonces… escuchaste cada palabra?
—Así es —repuso Nicole con una sonrisa triste. Yo no esperé que mostrara ese gesto, y me pregunté por qué lo había hecho, sin saber que la respuesta venía a continuación—. Jeremy, no te extrañes por lo que te pasa. Eso solamente te indica que eres humano, que tienes sentimientos humanos y que pudiste encontrar el valor para decirlas, y te agradezco de todo corazón que te hayas abierto a mí.
No sabía por qué, pero me daba la impresión que aquellas últimas palabras traían un "pero" implicado.
—Pero debes entender, Jeremy, que tengo una misión que cumplir —continuó Nicole, y aquello hizo que me sintiera como si me hubiera tragado un yunque—, y no tengo tiempo para el amor. Odio tener que decirte esto, Jeremy, porque eres una buena persona, y las buenas personas no merecen sufrir, menos por amor.
—Entiendo —dije, con más animo del que realmente sentía, porque, en mi interior, me sentía como mierda—. Lamento haberte complicado las cosas al decirte eso.
—No, no lo hiciste —repuso Nicole con una sonrisa—. Dijiste lo que debías decir. Pero, si te sirve de algo, yo también estoy interesada en ti.
—Por favor, no hagas las cosas más difíciles.
—No lo hago —dijo Nicole extendiendo una mano y tomándomela. Se sentía como seda—. ¿Me escuchaste decir que nunca tendría tiempo para el amor?
En honor a la verdad, no escuché a Nicole emplear la palabra "nunca". Aunque eso poco sentido tenía ya.
—Cuando cumpla con mi misión, tendré todo el tiempo del mundo para encontrar el amor. Y ten por seguro que tú serás mi primera opción.
Al escuchar las palabras de Nicole, no supe si sentirme ilusionado o apesadumbrado. Por una parte, me alegraba, hasta cierto punto, que ella me considerara como su primera opción para iniciar una relación. Pero por otra, no sabía cuándo iba ella a cumplir con su misión. Diablos, ni siquiera sabía con precisión cuál era. Porque algo me decía que ayudarme a limpiar mi nombre e investigar el asunto del acelerador de partículas no eran sus principales objetivos. Sin embargo, no tuve el coraje de preguntarle a Nicole cuál era esa misión de la que había hablado.
Pero aquella conversación había hecho algo bueno. Por lo menos ya no me sentía como un saco de patatas.
Mientras disfrutaba de mi alivio, la pulsera en mi muñeca volvió a emitir un destello púrpura.
—Jeremy, aquí Sophie. Los soldados de la Vanguardia de Ares fueron neutralizados. Ninguna de nosotras resultó herida. En este momento, Lucy Warren está testificando en el cuartel de policía, y será puesta bajo protección militar hasta el día del juicio.
Volví a respirar tranquilo. Debía agradecer a Sophie y a las demás por hacer tan buen trabajo, cosa que traduje a palabras con júbilo. Otro saco de patatas menos, y un paso más para limpiar mi nombre y continuar con mi investigación.
Lo único que empañaba aquella felicidad era mi conversación con Nicole. Parece que, una vez más, debía ser optimista.
