XLV
El paradero del Cristal de Plata

Tokio de Cristal, año 2993, 3:46a.m.

Sailor Mercury batallaba contra el cansancio, mientras monitoreaba las comunicaciones de Black Moon empleando su programa denominado "Alfombra Roja" para burlar la seguridad en las señales portadoras. No era muy fanática del café, pero en Tokio de Cristal había un trago muy popular entre los trabajadores nocturnos que se elaboraba a base de una rara hoja llamada té plateado, una planta que se daba en la luna, y que solamente podía germinar en la Tierra cada vez que hubiera luna llena. Su sabor era delicioso, tan ligero como agua, dulce como miel y podía mantener a alguien despierto toda la noche. Sailor Mercury había probado un sorbo, y ya no tuvo que estar batallando contra sus propios párpados. Con renovado ánimo, continuó con su labor, aunque no podía desconocer lo que le había ocurrido a Serena. Solamente esperaba que, por lo menos, se sintiera un poco mejor.

Cerca de ella, Sailor Mars, Sailor Jupiter y Sailor Venus yacían sentadas a la turca, mirando cómo Serena se limpiaba las lágrimas y miraba a cada una de ellas, como agradeciendo en silencio que estuvieran presentes.

—Serena, siempre estaremos a tu lado —dijo Sailor Mars suavemente, y Sailor Jupiter y Sailor Venus asintieron con la cabeza, refrendando lo que ella había dicho—. Te prometo que ese maldito príncipe Diamante va a pagar por lo que hizo.

—Voy a retorcerle el cuello —gruñó Sailor Jupiter, haciendo un gesto violento con ambas manos—. ¿Cómo se atreve a aprovecharse de ti?

—Va a morir, muy dolorosamente —añadió Sailor Venus, crispando los puños.

Pero Serena negó con la cabeza, tomando por sorpresa a las demás.

—Chicas —dijo, con una voz muy baja, apenas audible—, no creo que Diamante merezca la muerte.

—¿Pero qué estás diciendo, Serena? —dijo Sailor Mars, frunciendo el ceño—. ¿Eres consciente de lo que te hizo, y cómo te dejó después? Tienes que entender que ya no eres virgen, Serena. Diamante se apoderó de algo que no le pertenece, y es algo muy valioso para una chica. ¿Cómo puedes no odiarlo por eso?

—No es eso —respondió Serena, todavía con esa voz baja que apenas podía escucharse—. Nadie merece la muerte, por muy mala que sea esa persona. Si matamos a nuestros enemigos para satisfacer nuestra sed de venganza, ¿en qué somos mejores que ellos? No podemos ser guerreras del amor (31) si empleamos los métodos de nuestros adversarios para ganar nuestras batallas.

—Serena… —dijo Sailor Jupiter, con ojos brillantes.

—¿Acaso no odias a Diamante?

—¿Acaso no tienes amor propio?

—No se trata de eso —dijo Serena, elevando un poco más el tono de su voz—. Se trata de vencer a nuestros enemigos sin usar sus propias armas. Tenemos que encontrar nuestro propio camino.

Sailor Mars iba a decir algo, cuando fue interrumpida por la repentina aparición de Sailor Mercury. Lucía emocionada por alguna razón.

—¿Qué pasa? —preguntó Sailor Venus, mirando a su compañera con curiosidad—. ¿Bebiste mucho té plateado?

—No, no es eso —repuso Sailor Mercury con un poco más de calma—. Es que pude hallar información importante sobre Black Moon. Hay mucho tráfico de información relacionado con un tal Cristal Oscuro. Al parecer, así fue como el clan obtuvo sus poderes. Seguramente hallaron ese cristal en Némesis.

—¿Y cómo podremos acceder a él? —preguntó Sailor Venus, luciendo dubitativa—. Está muy lejos.

—No tendremos que llegar a él —dijo Sailor Mercury con una sonrisa amplia—. ¿Recuerdas lo que te dije sobre que Black Moon necesitaba activar los nexos rápidamente?

—Lo recuerdo.

—Pues, de acuerdo a lo que pude obtener de sus comunicaciones, el Cristal Oscuro puede actuar como un pilar gigantesco de energía oscura. Creo que Black Moon piensa traer el Cristal Oscuro a Tokio y activar los cinco nexos al mismo tiempo. Si eso llega a ocurrir, no habrá nada que podamos hacer para detener el flujo de energía oscura.

—¿Y qué sugieres que hagamos?

Sailor Mercury se dirigió a una de las consolas, y tomó un aparato que lucía como una pistola de agua, pero de aspecto más futurista. Cuando regresó, se la mostró a Sailor Venus, quien la miró, sin entender.

—Es un arma de rayos gamma —dijo Sailor Mercury, pero Sailor Venus seguía mirando el aparato con confusión—. Nos va a servir para deshacernos de las barreras que protegen los nexos de energía oscura. Cuando los hayamos destruido, Black Moon vendrá a reactivarlos con todo lo que tiene. Cuento con que Black Lady esté presente también.

—Parece que lo tienes todo planeado —repuso Sailor Venus, luciendo escéptica.

—No confías en mi plan.

—¡Claro que no! —exclamó Sailor Venus con un poco de impaciencia—. Ya te he dicho que nada sale de acuerdo con lo planeado. Eres muy rígida, ese es tu problema. No eres capaz de improvisar, o de adaptar tus ideas a la situación. Tratas de adaptar la situación a tus ideas, y eso nunca funciona.

—Pues yo creo que, con buena disciplina, puedes hacer buenos planes —repuso Sailor Mercury con calma y sin perder la amabilidad, ahora que sabía que Serena se encontraba a salvo—. Ahora, si tienes una mejor idea, te escucho. No puedo pretender ser la que tiene las mejores ideas siempre.

Sailor Venus se quedó en silencio. A decir verdad, no se le ocurría nada, ninguna idea, ningún plan, lo que fuese, que pudiera conducirlas a la victoria sobre Black Moon. Lo mejor que pudo articular fue derrotar al enemigo en el presente, pero en una confrontación típica. De todos modos, ellas conocían mejor el Tokio en el que vivían ellas, y razonó que aquella era una ventaja decisiva sobre sus contrincantes.

—Pues yo digo que llevemos a Black Moon a nuestro terreno —dijo Sailor Venus después de pasar un minuto pensando en alguna estrategia—. Si el enemigo pelea en un campo de batalla poco familiar, cometerá errores y podremos aprovecharnos de ellos. Cuando hayamos acabado con Black Moon, podremos destruir tranquilamente los nexos de energía oscura, usando el arma de rayos como-quiera-que-se-llame, y el Cristal Oscuro ni siquiera tendrá participación. Tenemos que confiar en nuestra fuerza. No necesitamos de algún plan complicado para ganar.

—Me gusta eso de confiar en nuestra fuerza —dijo Sailor Jupiter, pero Sailor Mars no se veía muy convencida.

—Sailor Venus, ¿no se te ha pasado por la cabeza que Sailor Mercury debió haberle dado mil vueltas en su cabeza a la situación? Recuerda que ella no peleó con nosotras contra Esmeralda. Seguramente estuvo investigando, conociendo a su enemigo, sus armas, sus fortalezas, debilidades, y quién sabe cuántas variables más. Sailor Mercury jamás hace algo sin un propósito, y ten por segura que está buscando la mejor forma de que nosotras podamos ganar esta batalla. No puedes permitir que tu orgullo te nuble el juicio. Si dices ser una líder, o aspiras a serlo, tienes que conocer a tu equipo, sus capacidades y sus debilidades. Te guste o no, Sailor Mercury es la más inteligente de nosotras, y es la más capacitada para idear estrategias.

—Es que me molesta su rigidez —dijo Sailor Venus, haciendo una mueca de desagrado—. Le cuesta trabajo aceptar que hay cosas que no van a salir de acuerdo con sus planes, y te aseguro que las cosas irán cuesta abajo, porque ella no sabrá qué hacer, porque no conoce lo que es improvisar.

Sailor Mars se quedó en silencio por un momento antes de responder.

—Bueno, si crees que tu opción es la mejor, entonces lo haremos a tu modo. Ruego a los dioses que aquella sea la mejor decisión.

—¿Y tú, Serena, qué opinas? —preguntó Sailor Venus, viendo que la aludida se sentía un poco más tranquila.

—Yo estoy de acuerdo con Sailor Mars —dijo, con voz queda, lo que no le agradó mucho a Sailor Venus—. Deberías dejar los planes y las estrategias a Sailor Mercury. Ese es su rol en este equipo. Deja que cumpla con su rol.

—¿Quieren que sea la líder de este equipo, solamente para que cuestionen mis decisiones?

—Déjala, Serena —dijo Sailor Mars con gentileza—. Si las cosas salen mal, siempre podremos apegarnos al plan de Sailor Mercury. Aún creo que deberíamos hacerle caso, pero no pienso que sea inteligente contradecir a Sailor Venus. Veamos cómo se dan los acontecimientos y luego tomamos las decisiones difíciles.

Frente a eso, no hubo ningún cuestionamiento. Las cinco se pusieron de pie, Serena con cierta lentitud, y alzó su broche (Sailor Mercury lo había tomado de la habitación de Diamante) para transformarse en Sailor Moon. Sailor Mercury consultó el mapa de Tokio de Cristal en su computadora, localizando un punto seguro para viajar al pasado (32). Halló uno a doscientos metros al sur de su posición actual, justo fuera del perímetro del palacio. Revisando que no hubiera enemigos al acecho, Sailor Mercury guió a las demás hasta el punto indicado. Afortunadamente, Black Moon no hizo algún intento por asaltar el palacio nuevamente.

Instando a que todas se tomaran de la mano, Sailor Mercury alzó la llave que le había entregado Sailor Pluto, pronunció las palabras mágicas y, después de la acostumbrada distorsión gravitacional, aparecieron frente a un edificio de oficinas, en medio de un grupo nutrido de gente, quienes miraban con estupor a las Sailor Senshi. Juzgando que no había tiempo para preocuparse por los transeúntes, Sailor Mercury indicó a las demás que se pusieran en posición, mientras que ella se encargaría de destruir los pilares de energía oscura. De todas formas, ella era la única que sabía cómo usar el arma de rayos gamma.

Sailor Mercury no encontró resistencia mientras neutralizaba las barreras que protegían los pilares. No fue hasta el último pilar cuando se encontró con Zafiro, quien lucía divertido por alguna razón.

—Eres inteligente, te lo concedo —dijo, poniéndose entre ella y el pilar—, pero no podrás conmigo. Prepárate para pelear.

—¡Estoy lista! —exclamó Sailor Mercury, guardando el arma de rayos gamma y adoptando su postura de ataque. Zafiro extendió sus dos manos hacia el techo de la oficina y apareció una esfera negra que emitía pulsos intensos de energía. Sailor Mercury no tuvo tiempo para analizar la esfera, y tuvo que hacerse a un lado para que la explosión no le hiciera daño. Cayó boca abajo, sintiendo un dolor en su abdomen, aunque no era grave. Zafiro estaba a punto de atacar nuevamente, cuando Sailor Mercury aprovechó el tiempo que le tomó a su enemigo conjurar aquella esfera, e hizo aparecer su niebla, oscureciendo el campo de batalla. Zafiro se quedó inmóvil, atento a cualquier movimiento.

El crujido de una mesa hizo que arrojara su esfera, haciendo un boquete en la pared, pero no había rastros de Sailor Mercury. Fue cuando sintió algo helado envolver sus piernas, ascendiendo lentamente hasta su torso, quedando inmóvil. Cuando la niebla se hubo disipado, Zafiro vio, con horror, que su cuerpo había sido congelado hasta el cuello. Intentó zafarse de su prisión helada, pero era como tratar de romper piedra. Solamente pudo ver cómo Sailor Mercury empleaba el arma de rayos gamma y destruía el último pilar de energía oscura. Furioso, Zafiro hizo acopio de todas sus fuerzas para romper el hielo, mientras veía a Sailor Mercury escapar del edificio.

No fue hasta después de unos cuantos minutos cuando Zafiro pudo deshacerse del hielo. Furibundo, se comunicó con Diamante, esperando que Black Moon viniese con todo a atacar a las Sailor Senshi. A fin de cuentas, la única forma de destruir Tokio de Cristal era haciéndolo en el presente.

Las demás Sailor Senshi vieron con alivio a Sailor Mercury, quien no parecía haber sufrido algún daño en su duelo con Zafiro.

—¿Y ahora qué? —preguntó Sailor Jupiter.

—Esperamos —repuso Sailor Venus, mirando hacia el cielo. Las demás la imitaron, a excepción de Sailor Moon, quien aún seguía afectada por su experiencia con Diamante. Pese a que le había hechizado para vaciar su mente, podía recordar con todo detalle lo ocurrido. Podía sentir el hambre de deseo en los ojos y en las manos de Diamante, la forma en que la había hecho suya, sin contemplaciones, sin remordimientos, sin amor. Las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas, pero no sollozó. Dejó que corrieran libres. Era la única forma de soportar aquel calvario.

De pronto, las Sailor Senshi no fueron las únicas en mirar hacia el cielo. La gente comenzó a hacerlo también, pues había aparecido algo en allá arriba, algo que solamente hace unos días se había visto.

Costa de Honolulu, 11 de marzo de 1992, 01:46a.m.

El capitán Bauer acababa de terminar una comunicación de carácter urgente con el almirante Ackerman, luciendo preocupado. De acuerdo a los últimos informes de inteligencia, un objeto idéntico al que había sido destruido hace unos días atrás había sido avistado sobre Tokio. Definitivamente, no se trataba de espías rusos. El objeto se asemejaba más a una nave espacial que a un dispositivo de espionaje, aunque el informe del Departamento de Defensa lo hiciera ver como esto último.

La vida a bordo de un buque de guerra era complicada, sobre todo en lo concerniente a las horas de sueño, pues los marinos debían estar listos para la batalla en todo momento. A esa hora, el capitán Bauer sabía que gran parte del personal del U.S.S. Baker se encontraba en sus camarotes. Sin embargo, el personal requerido para la misión se encontraba despierto. No era necesario hacer sonar la alarma. En lugar de eso, se comunicó con la sala de operaciones del cañón de riel.

—Halsey, Weaver, repórtense.

No pasaron ni tres segundos cuando se escuchó la voz de Weaver. Lucía emocionado.

—¿Tiene otro blanco, señor?

—Afirmativo, artillero Weaver —repuso el capitán Bauer—. El objetivo es de la misma naturaleza que la vez anterior. Las coordenadas han sido enviadas al sistema de telemetría. Estaré supervisando la operación a través de la pantalla.

El capitán Bauer presionó un botón, y en la pantalla apareció una panorámica del cuarto de control del cañón de riel. Halsey ya estaba introduciendo las coordenadas en el sistema de rastreo de objetivos y calculando la trayectoria del proyectil, introduciendo compensaciones por campo gravitacional (33), rotación de la Tierra (34) y resistencia del aire. Cuando hubo calculado la velocidad de disparo y el ángulo de elevación del cañón, el artillero Weaver ajustó la cantidad de energía y elevó el cañón hasta el ángulo indicado. Era preciso que no moviera la palanca de dirección ni un ápice cuando apretara el gatillo. Para eso, la palanca poseía un sistema de bloqueo electrónico que impedía el movimiento cuando los parámetros de disparo se hubieran confirmado.

—¿Cuáles son las condiciones climáticas? —preguntó Halsey, en caso que debiese aplicar una corrección por oleaje.

—Despejado —anunció el capitán Weaver, mirando los datos del clima en una pantalla secundaria—. Oleaje mínimo. Viento, dos nudos, dirección este.

Halsey sabía que, para realizar un tiro preciso, había que hilar fino. Introdujo compensaciones adicionales por el oleaje, el viento y la temperatura, y el ángulo de disparo varió en unas pocas centésimas de grado, lo suficiente para errar el blanco a grandes distancias. La palanca de disparo se desbloqueó y Weaver empleó una perilla, la que se usaba para hacer movimientos muy precisos sobre la palanca, y ésta volvió a bloquearse cuando los parámetros fueron actualizados.

—Trayectoria confirmada —anunció Halsey. Weaver usó imágenes por satélite para tener una visual del blanco y asegurarse que el proyectil no fallara. Por fortuna, la trayectoria del proyectil moría justo en el centro del objetivo.

—Encendiendo electroimanes —dijo Weaver, accionando una palanca, llevándola lentamente hasta la máxima potencia—. Carga completa. Todo listo para disparar.

El capitán Bauer esperó un momento, necesario para asegurarse que ningún evento fortuito arruinara el disparo. El viento se mantenía constante, el oleaje era parejo y la temperatura no variaba. Era el momento de la verdad.

—¡Fuego! —ordenó el capitán.

Tokio, 11 de marzo de 1992, 8:48a.m.

La aparición de la nave espacial, no solamente puso en alerta a las Sailor Senshi, sino que al grueso de los habitantes de Tokio. No obstante, cuando los integrantes restantes de Black Moon descendieron en las calles de la ciudad, la confusión fue aún mayor. La gran parte de los presentes creyeron que había un evento de cosplay que no había sido anunciado por nadie. De todos modos, la presencia de las Sailor Senshi reforzaba aquella noción, pero todo cambió cuando Diamante comenzó a atacar a las personas.

—¿Y ahora qué? —quiso saber Sailor Mars, dirigiéndose a Sailor Venus.

—Tenemos que dividir a esos tres —repuso Sailor Venus, tratando de ignorar los ataques de Diamante, Esmeralda y Zafiro, quien se había unido poco después de que los dos primeros hubieran descendido de la nave—. Llamen su atención, pero no peleen directamente con ellos. Tenemos de debilitarlos de a poco, para luego llevarlos al templo Hikawa, donde podremos derrotarlos de una vez.

Las demás Sailor Senshi asintieron con la cabeza, y se iban a dispersar, cuando apareció un cuarto jugador en el tablero. No era otra que Black Lady.

—Diablos —se quejó Sailor Mars.

—Sailor Mars, Sailor Jupiter, ustedes encárguense de Black Lady. Nosotras nos ocuparemos del resto —ordenó Sailor Venus, y Sailor Moon, Sailor Mercury y ella atacaron a Zafiro, Diamante y Esmeralda. Como esperaba, sus oponentes se enfocaron en ellas y las tres Sailor Senshi escaparon del centro de Tokio, atacando esporádicamente a sus enemigos, haciéndoles poco daño, pero aquella era la idea.

Por otro lado, Sailor Mars y Sailor Jupiter no corrían con la misma suerte. Black Lady era un oponente más formidable de lo que Sailor Venus había anticipado, y no pudieron escapar de sus ataques. Black Lady se puso en el camino de ambas Sailor Senshi, y ellas tuvieron que tomar una ruta alternativa, tratando de hacer que los edificios les ayudaran a cubrirse de los poderes de Black Lady. Pronto, aquella estrategia dio resultado, pues Black Lady no era capaz de encontrar un blanco fijo y, en su afán por tratar de herir a sus contrincantes, fue alcanzada por uno de los rayos de Sailor Jupiter, cayendo al suelo, incapacitada.

—¡Es nuestra oportunidad de acabar con ella! —exclamó Sailor Jupiter, e iba a asestarle el golpe final, cuando Sailor Mars la detuvo.

—¡No digas tonterías! —le regañó, aunque era muy difícil frenar a alguien más alta y fuerte que ella—. ¿Acaso ya olvidaste con quién estamos peleando? No podemos matarla así como así. Recuerda que ella es Rini, solamente que Black Moon le lavó el cerebro para ponerla en contra nuestra.

Sailor Jupiter siguió forcejeando contra Sailor Mars, pero lentamente fue dándose cuenta que su amiga tenía razón. Además, no formaba parte del plan matar a sus enemigos. Solamente había que debilitarlos lo suficiente para reunirlos en el templo, donde minimizarían el daño colateral, y Sailor Moon pudiese emplear sus poderes y acabar con la debacle sin matar a nadie.

Sailor Mercury se encargaba de entregar las indicaciones para el trayecto de ambos grupos, de modo que convergieran en el templo. A Sailor Venus le resultaba sorprendente que ella pudiera coordinar los dos equipos y atacar al enemigo al mismo tiempo, y pensó que, tal vez, la había subestimado en cuanto a la planificación. También le llamaba la atención que hubiera aceptado llevar a cabo su plan en lugar del de ella. Aunque aquello podía ser interpretado como un gesto de nobleza, también era un indicio de la poca convicción que disponía para exponer sus puntos de vista. Ese era el gran problema de Sailor Mercury: poseía una baja autoestima y era incapaz de darse a respetar a ojos de las demás, juzgándose menos que el resto. Era por esa razón que no confiaba en ella para los planes, porque no bastaba con tener cabeza para las ideas, sino que también había que disponer de aplomo para plantearlas. En cuanto a ella, Sailor Venus, pese a que no tenía un cociente intelectual de 300, sí era capaz de hacerse valer, sobre todo después de lo que había ocurrido la última vez que apareció una nave de Black Moon sobre Tokio. Había entendido que la única forma de evitar más pérdidas era no perder el temple cuando las cosas se pusieran complicadas.

Después de quince minutos de escaramuzas, las Sailor Senshi se juntaron en el templo Hikawa, de acuerdo a lo planeado. Los integrantes de Black Moon se dieron cuenta, muy tarde, que había caído en una ratonera, y que el momento de luchar en serio había llegado. De todos modos, aquel era el plan.

Aquel combate estaba destinado a ser encarnizado, pues las Sailor Senshi, enojadas por lo que Diamante le había hecho a Sailor Moon, atacaban con todo lo que tenían a Black Moon. Aun así, sus oponentes también tenían mucho que perder si fracasaban en su cometido, y luchaban con frenesí, empleando todos sus poderes, no solamente para derrotar a las Sailor Senshi, sino que para asesinarlas.

Esmeralda estaba inmersa en un intenso tira y afloja con Sailor Jupiter. Enojada porque la Sailor Senshi le estaba empujando hacia atrás, intentó hundir su pie en el abdomen de su oponente, pero Sailor Jupiter se dio cuenta de lo que Esmeralda intentaba hacer y se hizo a un lado justo a tiempo. Aquello hizo que Esmeralda perdiera el equilibrio, y Sailor Jupiter le propinó un violento rodillazo en su abdomen, lo que hizo que Esmeralda escupiera sangre por la boca. Resoplando y doblándose a causa del dolor, Esmeralda trató de ponerse de pie, pero su cuerpo comenzó a temblar a causa del rayo de Sailor Jupiter, haciendo que su vestido se encendiera, quemándose viva y profiriendo alaridos que perforaron los oídos de todos los combatientes.

Zafiro, por otro lado, estaba teniendo serios problemas con Sailor Mercury. Sus manos y pies se encontraban congelados, y apenas podía moverse. Ella aprovechó la ocasión para realizar su ataque de agua una vez más, y acabar con el combate, pero Black Lady bloqueó el chorro helado con su paraguas, devolviéndoselo, y Sailor Mercury no pudo esquivar su propio ataque. Cayó al suelo, sintiendo sus piernas entumecidas, y vio, con horror, que estaban congeladas. Sin embargo, en su distracción, Black Lady casi es rostizada viva por las llamas de Sailor Mars, pero consiguió escapar con su vestido ligeramente chamuscado. Aprovechando la confusión, Sailor Mars usó su ataque para derretir el hielo que aprisionaba las piernas de Sailor Mercury, aunque tuvieron que pasar unos minutos para que ella pudiera moverse libremente.

Sailor Venus y Sailor Moon peleaban contra Diamante, pero él era un oponente rápido, lo suficiente para esquivar la cadena de Sailor Venus y el ataque de Sailor Moon. De todas formas, esta última no combatía con todas sus fuerzas, pues aún le dolía lo que Diamante le había hecho, y había veces en la que titubeaba, ocasiones que Diamante aprovechaba para enviarla lejos.

De pronto, un ataque de Black Lady hizo que todos perdieran la concentración, inclusive sus aliados. Sailor Venus espabiló primero, y aprisionó a Diamante con su cadena. Sailor Moon, tragando saliva, blandió su cetro y, aprovechando que Sailor Jupiter y Sailor Mars mantenían entretenida a Black Lady, y Zafiro volvía a tener dificultades contra Sailor Mercury, llevó a cabo su ataque.

Todo fue envuelto por una luz plateada, y las Sailor Senshi no pudieron ver nada, así como sus enemigos. La luz duró por un minuto completo, después del cual, el campo de batalla quedó completamente en silencio. Sin embargo, Zafiro y Diamante no parecían haber sufrido daño alguno, pero otra cosa muy distinta se podía decir de Black Lady.

Una luz plateada brotaba de su pecho, y lágrimas corrían por sus mejillas. Ninguna de las Sailor Senshi podía explicar lo que estaba ocurriendo, pero Sailor Moon miró con más atención a Black Lady y juró ver la sombra de un cristal en medio del brillo plateado.


Mientras tanto, en la nave, el Gran Sabio contemplaba lo que estaba ocurriendo en la ciudad con satisfacción.

La primera fase del plan había transcurrido sin fallos.

Era el momento de traer el Cristal Oscuro a Tokio.


(31) Creo que hay una canción de Sailor Moon, o relacionada con Sailor Moon que se llama así, cuyo título en japonés es "Ai no Senshi" (cuya traducción literal es "guerrera del amor").

(32) Es complicado viajar en el tiempo y permanecer en el mismo lugar, pues no se sabe qué construcciones puede haber en la fecha de destino, o si la topografía del terreno es la misma. Si no se pone cuidado con eso, uno puede aparecer en una pared de concreto o bajo tierra.

(33) Hay una figura conocida como "superficie equipotencial", que representa la dirección de la aceleración de gravedad en diferentes zonas de dicha superficie. Debido a que la figura gravitacional de la Tierra (conocida como geoide), no es simétrica, la aceleración de gravedad no está uniformemente distribuida a lo largo del mundo, por lo que su magnitud y dirección cambian dependiendo de dónde uno se encuentre. Es por eso que se requiere ejecutar compensaciones por esta variable, pues la trayectoria de un proyectil está definido por la magnitud y dirección de la aceleración de gravedad.

(34) Existe un fenómeno conocido como el efecto Coriolis, el cual deriva del efecto del momento angular en objetos esféricos en rotación. En adición a la desviación producida por la misma rotación de la Tierra, el momento angular aplicado a la misma rotación del planeta ejerce una fuerza que, si bien es despreciable a cortas distancias, se debe compensar a distancias más largas. Es por el efecto Coriolis que los huracanes giran en sentidos contrarios en el hemisferio norte y en el sur, y es uno de los fundamentos que refuta la teoría de la Tierra plana. También es responsable de la existencia de los vientos alisios, los que transportan el clima de un lugar a otro.