XLVII
La separación
Londres, 24 de enero de 2000, 00:28a.m.
Pasó una semana desde aquella batalla contra la Vanguardia de Ares, y Nicole había conseguido recuperarse de sus heridas de una forma sorprendente. Aún caminaba con cierta dificultad, pero, por lo menos, podía trasladarse por su cuenta. En ese momento, ambos estábamos dialogando sobre cosas simples, cuando llegaron las demás compañeras de Nicole. Scarlett ahogaba algunas risitas, mientras me señalaba con el dedo. Nicole mantuvo el color de su cara, pero yo no pude evitar sonrojarme.
—Jeremy y Nicole, sentados en un árbol… be… e… ese… a… ene… de… o… ese… e —dijo Scarlett con una voz cantarina.
—No sabía que te gustaban los británicos, Nicole —añadió Sophie, aunque no sonó demasiado entusiasmada con la idea de que yo y Nicole fuésemos pareja—. Pero bueno, para gustos, el arcoíris.
—No es lo que creen —dijo Nicole con calma, intercalando algunas risitas—. Es solamente una conversación. Los amigos las tienen.
Sophie lucía convencida, pero, por desgracia, no se podía decir lo mismo de Scarlett. Ya les he dicho que ella ve romance en todas partes, incluso donde claramente no lo hay. Si hubiera escuchado la conversación que tuve con Nicole en la sala de Cuidado Intensivos, era obvio que no pensaría lo mismo.
—Ella no tiene tiempo para el amor —me escuché decir. Me gustaría pensar que realmente creía en mis propias palabras, pero, por desgracia, no lo sentí de ese modo. Era dolorosamente obvia la razón. Yo, y mi imaginación, para qué negarlo, fantaseaba con estar con Nicole, pero aquello estaba tan lejos de la realidad objetiva como la estrella más cercana al sol. Y eso que ni siquiera tenía conocimientos de astronomía para hacer aquella afirmación.
—Siempre hay tiempo para el amor —repuso Scarlett con una sonrisa—. Ya verás que todo saldrá bien con Nicole.
Me encogí de hombros. De todos modos, solamente el tiempo tendría las respuestas.
—Por cierto, mañana es el juicio contra los responsables de la muerte de James Harrington —intervino Violet con una voz pequeña, pero que todos pudimos escuchar—. Deberíamos estar presentes, al menos en la apertura.
—No podemos ir —dijo Nicole, dedicándome una mirada fugaz antes de mirar nuevamente a Violet—. Recuerda que tenemos un asunto que atender en Tokio.
El asunto en Tokio. Las chicas no habían parado de hablar del tema desde que Nicole estuvo consciente. La cuestión era la siguiente.
Un día, mientras yo me encontraba en Cuidados Intensivos con Nicole, llegó Violet, de forma muy tranquila, sosteniendo un aparato muy aparatoso en sus manos. Tenía dos antenas en su parte superior, luciendo como uno de esos televisores portátiles. Sin decir nada, y apenas gastando una mirada en mí, le mostró a Nicole el contenido de la pantalla. Yo, de puro curioso, me acerqué también, pero no entendí ni jota de lo que había visto. Sin embargo, Nicole pareció hallarle sentido, porque dijo:
—Tenemos que ir cuanto antes a Tokio.
—Estoy de acuerdo —dijo Violet, retrayendo las antenas y guardando el armatoste en su cartera—. ¿Llamo a las demás?
—No creo que sea sensato. Esperemos a que me den el alta y lo hablamos.
Violet había asentido por toda respuesta, desapareciendo así como había aparecido. Recuerdo que le dediqué una mirada inquisitiva, y Nicole me devolvió la mirada con una sonrisa triste.
—Es sobre nuestra misión —explicó. Pero a mí no me pareció una explicación, sino una excusa. Después, me daría cuenta que me había apresurado demasiado en sacar conclusiones—. Jeremy, recuerdo que una vez te dije que te ayudaría con el asunto del acelerador de partículas.
—¿Y lo harás?
—Lo siento, Jeremy, pero tendré que romper mi promesa —dijo Nicole, y percibí su pena a través del brillo de sus ojos. Por Dios que ella tiene hermosos ojos… pero bueno, no los distraigo más—. No quise hablarte de nuestra verdadera misión porque, para serte honesta, no necesitabas saberlo. Pero tuviste un impacto en mi vida que no pude anticipar de ninguna forma. No esperé que tuvieras estos sentimientos, y yo tampoco esperé encontrarme con alguien tan atento y diferente a los demás hombres que he conocido.
—¿Y crees que yo necesite saberlo ahora?
—Nos has ayudado bastante —repuso Nicole, mostrando una sonrisa triste—. Es justo que te diga la verdad.
Para serles honestos, tenía sentimientos encontrados dentro de mi cabeza. Por una parte, me molestaba que Nicole no hubiera sido honesta conmigo desde el principio, ya saben, para saber qué esperar de ella y hasta qué punto podía ayudarme con mis problemas. Pero, por el otro, no podía enojarme realmente con ella, no solamente por mis sentimientos, sino porque ella también me había ayudado con problemas muy serios. Lo de limpiar mi nombre fue algo que sé que jamás voy a olvidar.
—No sé si quiera saberla.
—Te lo has ganado —dijo Nicole en un tono que me erizó la piel. ¿Por qué mierda las mujeres nos atraen de ese modo? Todo en ellas nos llama la atención, de una forma u otra. ¡Maldición!—. Mira, Jeremy, nosotras estamos aquí porque buscamos a alguien, alguien muy importante.
—¿Cómo una reina?
—Una princesa —corrigió Nicole, y yo me quedé con cara de "qué diablos". Aquello no me lo esperaba. Yo creía que tenían una misión como las que tenían los agentes de la CIA o algo parecido—. Seguramente ya viste que nosotras nos podemos transformar. Pero también sabes que ese no es nuestro verdadero aspecto. Cuando nos transformamos, lucimos como sacerdotisas. Pero, a partir de cierto punto, lucimos como Sailor Senshi. En el lugar de donde venimos, existen mujeres que cumplen con ese rol, por lo que algo debió haberles pasado para que el rol cayera sobre nosotras.
—Tal vez fueron asesinadas.
—Es posible, pero tampoco tiene sentido, porque las Sailor Senshi reencarnan cada vez que mueren. Según Violet y Sophie, las Sailor Senshi de nuestro sistema solar dejaron de merecer el título por alguna razón que ignoramos, y después, fueron asesinadas. ¿Por quién? No tengo idea. Y no es que podamos recordar todo lo que pasó en nuestro reino después que fuimos exiliadas de allí.
—Espera un momento. ¿Ustedes fueron exiliadas?
—Por nuestra propia reina —dijo Nicole tristemente—. No sabemos mucho sobre los detalles, porque no disponemos de esos recuerdos aún. Lo que sabemos, es que nuestra reina se volvió malvada por alguna razón, y nos desterró de su reino (35). También sabemos que esa reina tenía una hija, y hasta el momento, no conocemos su paradero. Esa hija de la que te hable es la princesa que estamos buscando. Tengo la impresión que recordaremos todo cuando la hallemos.
—¿Y saben qué aspecto tiene?
—Sé que es una adolescente de cabello castaño, pero más no sabemos… al menos hasta ahora. Porque Violet halló una coincidencia prometedora en Tokio sobre quién podría ser nuestra princesa. Por desgracia, no puedo decirte más, porque podría exponer a nuestra princesa al peligro. Pero al menos, entiendes por qué no podremos ayudarte, al menos de momento, con tu investigación.
Diablos. En lugar de simplificar las cosas, Nicole me hizo las cosas mucho más complicadas. No sabía si creer su relato o no. Incluso podía darse el caso de que toda su narración fuese un mero bulo para aligerar la culpa por no poder (o no querer) ayudarme. ¡Ahí vas otra vez, Jeremy, siempre pensando en el peor escenario posible! ¿Por qué diablos haces eso cada vez que te topas con una disyuntiva, o una incertidumbre? ¿Tanto te cuesta pensar positivo? ¿Acaso no te has puesto a pensar que, tal vez, la misión concluya en menos tiempo de lo que esperas, y al final, ella caiga en tus brazos? ¡Por favor, Jeremy, no seas romántico! Nunca tendrás una mujer como Nicole en tu vida…
Mierda.
—Nicole —comencé, tratando de mantener la neutralidad, tanto en mi voz como en mis pensamientos—, no sé si pueda creer tu relato, porque suena demasiado fantasioso para ser verdad. Incluso es más rocambolesco que muchas de las historias que he cubierto en los últimos cinco años. ¿Estás segura que no estás tratando de decir que, simplemente, no quieres ayudarme ya? Porque estoy seguro que sería más fácil para los dos si me dijeras que, simplemente, ya no quieres seguir asociada conmigo.
Para mi sorpresa, Nicole se echó a reír. Estuvo un minuto completo así, pero yo no podía hallarle la gracia por ningún lado. Era un asunto serio, y de eso dependía la forma en que iba a ver a Nicole de ahora en adelante. Tal vez, solamente tal vez, jamás la volviera a ver en mi vida, y sus siguientes palabras podían decidir si la recordaría como una amiga o como un simple instrumento.
—Jeremy —dijo Nicole, cuando se le hubo pasado el ataque de risa—, curiosamente, esa era mi intención después de que hubieras limpiado tu nombre y averiguado más sobre el acelerador de partículas. Nuestra relación iba a ser estrictamente profesional, sin vínculos demasiado profundos. O al menos ese era el plan. No planeé que fueras, precisamente, la clase de personas que me gusta. No pude anticipar muchas cosas sobre ti y, por fortuna o por desgracia, eso hizo que nuestra relación, supuestamente profesional, pasara a ser sentimental. Pese a que no tengo tiempo para el amor, eventualmente, lo tendré, y si me lo permites, tendré a alguien esperándome. Te pido perdón si no me expresé correctamente, o di mucho pie para que comenzaras a dudar de mí, pero te aseguro que jamás voy a tener la intención de mentirte. Te lo prometo, Jeremy: cuando cumpla mi misión, volveré por ti. Nos conoceremos mejor y, si se dan las cosas, seré solamente para ti, y tú solamente serás para mí. ¿De acuerdo?
Y Nicole me tendió una mano. ¿En qué mierda te estás metiendo, Jeremy? La chica frente a ti te prometió que sería solamente tuya, ¿y aún estás dudando? ¡Acepta el trato, maldita sea! ¿Qué puedes perder? Pues, era precisamente eso último lo que más me preguntaba. No me voy a cansar de insistir en esto; soy un signo menos con patas. Lo era a tal punto que ni siquiera me ponía a pensar en qué podía ganar. De todos modos, ¿qué era mejor? ¿El vaso medio lleno, o el medio vacío? ¡Esfuérzate, Jeremy! ¿Qué puedes ganar si aceptas el trato de Nicole? Bueno, me decía, me ganaré su corazón, su amor, su deseo… ¡por favor Jeremy, este no es el momento para pensar idioteces! Su cuerpo es lo de menos. ¡Ya no estarás solo, Jeremy, por el amor de los mil dioses! ¡Tendrás a alguien que te estará esperando, tendrás un hombro sobre el cual llorar cuando hayas tenido un mal día! ¡Tendrás a alguien que multiplique todo lo que le das! ¿Acaso no vale la pena hacer algo tan simple, para obtener mucho más de lo que imaginaste?
Al diablo. Extendí mi mano, y estreché la de Nicole, tratando de mostrar una sonrisa, pero imagino que todo lo que me salió fue un rictus grotesco. Vaya forma de actuar, Jeremy Burns. Si sigues así, irás a parar directamente a los galardones a los peores actores en existencia. Y eso que siempre le insistía a mi madre que lo mío jamás fue la actuación, y ella, tozuda como ella sola, se empeñaba en ahorrar dinero para que yo estudiara arte escénico. Me habría arrepentido de la forma más ignominiosa posible si hubiera seguido el consejo de mi madre. En fin, me sentí como si estuviera firmando un contrato para un crédito hipotecario.
—En unos días más, vendremos a despedirnos —dijo Nicole, nuevamente, con una sonrisa triste—, después que me hayan dado el alta.
Fin de la remembranza. Volví a la realidad, a las burlas de Scarlett, a la indiferencia de Sophie por cualquier cosa relacionada con el romance, la pena de Nicole y el pudor de Violet. Vi cómo Nicole se ponía de pie, y se reunía con sus compañeras, todas mirándome de un modo distinto a cuando recién nos conocimos, pese a que fue un espacio muy corto de tiempo.
—Gracias por ayudarnos —dijo Sophie, inclinando la cabeza. Yo imité su gesto.
—Lo mismo que Sophie —añadió Scarlett con una sonrisa coqueta—, y recuerda, mantén vivo el amor.
Ese último comentario hizo que Sophie rodara los ojos.
—Eres una buena persona —dijo Violet, sin mirarme, obviamente.
—Fue un placer haber trabajado contigo, y, por supuesto, me agradó mucho conocerte —agregó Nicole, a quien le brillaban los ojos—. Realmente te voy a echar de menos.
Iba a decir "yo también", pero las palabras se me quedaron atascadas en mi garganta. Lo único que pude hacer fue alzar una mano en señal de despedida, pero las chicas no hicieron ningún comentario. Sonriéndome, todas dieron media vuelta y desaparecieron entre la gente que deambulaba por la calle. Yo me quedé en mi lugar, mirando a las chicas, especialmente a Nicole y su cuerpo de ninfa. Demonios, la voy a echar de menos, e incluso es posible que jamás la vuelva a ver otra vez, ni a ella ni a las demás. Fuera de mis sentimientos personales hacia Nicole, pensé que todas ellas eran chicas excepcionales, fuera de serie, que se salían de la norma.
Por último, pensando que me había quedado en el mismo sitio demasiado tiempo, me retiré del lugar, tratando de no mirar atrás. Tenía por delante una prueba monumental: se trataba del primer juicio en el que participaba. La audiencia preliminar solamente fue una excusa para seguir el proceso legislativo, porque era obvio que se venía un juicio, el cual tendría lugar a partir de mañana. Y tendría que afrontar esta prueba solo.
Sin Nicole.
Demonios, ya la estoy extrañando.
(35) Ver el capítulo 28 de "Lo que hay detrás de la cortina" para más detalles sobre el tema.
Nota: Este será el último capítulo del hilo del reportero, por ahora. Lo retomaré para cuando comience el arco de los sueños. El arco del colegio infinito no tendrá capítulos dedicados a la narración de Jeremy Burns.
Saludos lunares.
