LIII
Sailor Silver Moon

Washington, 30 de junio de 1992, 8:42p.m.

Colbert Sprague se jactaba de ser el segundo contratista de defensa de Estados Unidos, y el hombre que había asegurado el futuro de su empresa al ganar la licitación de la investigación y desarrollo de armas basadas en los poderes de las Sailor Senshi. Con aquel jugoso contrato, seguramente iba a sobrepasar a Donovan Inc. Ya podía oler los millones ingresando en su cuenta bancaria.

Colbert, pese a que no era el dueño de la empresa, ni su gerente general, sí estaba lo suficientemente bien posicionado en la empresa para decir que pertenecía a la plana mayor. Y pensar que su padre, un tipo achaparrado llamado Norbert Sprague, quería que Colbert ingresara en el mercado de la estética. Colbert, como un hombre que había pasado su niñez jugando con tanques, aviones y buques de guerra de juguete, sabía que era técnicamente imposible que se dedicara a un rubro que le gustaba tan poco. Las diferencias fueron tan abismales que Colbert decidió irse de su casa antes de terminar la preparatoria. Fue llamado al servicio militar, y allí aprendió todo lo que podía aprenderse sobre la guerra. Tras servir en la Guerra del Golfo, y ascender al rango de teniente coronel, Colbert fue contactado por un hombre que pertenecía a uno de los mayores contratistas de defensa del país, quien había estado observándolo durante la guerra, pues Colbert había desarrollado un interés bastante marcado por los vehículos de combate y las armas. Colbert no era un tirador de primera, pero sí había aprendido a armar y desarmar rifles de asalto con los ojos vendados, reparar rifles de francotirador y a operar tanques. Fue en ese momento cuando Colbert comenzó su carrera como desarrollador de armas, y tal era su habilidad que ascendió rápidamente en la empresa, hasta ocupar su cargo actual de jefe de investigación y desarrollo.

Colbert consultó su reloj. Faltaban diez minutos para las nueve de la noche. Dentro de esos diez minutos debería llegar el convoy que había estado esperando desde el día de ayer. Le sorprendía la eficiencia de los comandos Delta Force que el almirante Ackerman había desplegado para la captura de unas guerreras increíblemente poderosas. Por mucho que no le gustara la persona de Justin Donovan, Colbert debía admitir que tenía razón con respecto a las Sailor Senshi. Eran unas simples quinceañeras hormonadas que no estaban al tanto de lo que realmente implicaba tener poderes como los que poseían. Ese poder debía estar en manos de personas que no tenían miedo en ejercerlo para proteger a su nación, o en este caso, al mundo. Con esos poderes, no habría nadie que se saliera de la línea, nadie se atrevería a cometer un crimen, y todos los países restantes obedecerían cualquier cosa que los Estados Unidos ordenasen.

Un Nuevo Orden Mundial.

Un Nuevo Mundo Valiente (42)

El primer jeep apareció en el portón de acceso, atravesando el control de seguridad sin problemas. A continuación, un camión entró en el complejo, escoltado por tres vehículos militares. Colbert se dirigió al estacionamiento, donde el camión ya estaba retrocediendo. Quería asegurarse que los paquetes llegasen en perfectas condiciones. Se habían invertido millones de dólares en la operación, y no quería que en la puerta del horno se quemara el pan.

La puerta trasera del camión se abrió, y unos hombres en indumentaria militar aparecieron, ayudando a bajar unos contenedores (43) que lucían como sarcófagos de alta tecnología. Con suma eficiencia, los militares descargaron los contenedores y los depositaron sobre carros de alta capacidad, de modo que pudieran ser transportados sin problemas. Colbert se aproximó a uno de los contenedores, mirando por la ventanilla en su parte superior.

Me pregunto cómo es posible que estas quinceañeras estén en posesión de semejante poder en sus manos. Es sumamente irresponsable poner habilidades como esas bajo la responsabilidad de personas que ni siquiera han llegado a la adultez.

Un último militar descendió del camión, llevando una caja de metal en sus manos. Colbert se aproximó al soldado, haciendo un gesto para que le pasara la caja. El soldado obedeció, y Colbert tomó la caja, abriéndola.

Mmm… conque estos artefactos son los que les permiten a estas jóvenes adquirir esos poderes. Necesitamos analizar estos dispositivos también.

—Llévenlas al laboratorio principal —ordenó Colbert, y los soldados, de forma efectiva, trasladaron los contenedores a su destino—. Despejen y terminen cualquier experimento que allá tenga lugar. Esto es de suma prioridad. Implementen canales seguros de comunicación con el Departamento de Defensa y monten los mejores cortafuegos en todos los servidores. Nadie fuera de este gobierno puede saber lo que estamos haciendo.

Tokio, 01 de julio de 1992, 0:16a.m.

Saori, pese a que no tenía los poderes de una Sailor Senshi, podía defenderse bastante bien en contra de sus nuevos oponentes. Acababa de esquivar una pared de roca que había aparecido de la nada y golpeó con todas sus fuerzas a la del cabello castaño, enviándola lejos y colisionando con el tronco de un árbol, haciéndolo trizas. No obstante, la Sailor Senshi del cabello pelirrojo empleó sus poderes sobre la mente, de forma que Saori se quedara de pie, con cara de embelesada.

Ríndete. Si lo haces, seré tuya para siempre.

¡Cállate, maldita bruja! ¡No me voy a someter!

¿Sabes realmente lo que te estás perdiendo? Mi cuerpo esconde delicias que ni siquiera puedes imaginar.

¡Lo único que quiero hacer es desencajarte la mandíbula!

Y Saori se sacudió la cabeza, golpeando a la del cabello pelirrojo con una fuerza brutal, y ella cayó al suelo, arrastrándose por el pavimento. Inmediatamente después, Saori ya no pudo mover ni un solo músculo. Mirando a su alrededor, vio que estaba rodeada por un campo de fuerza de color púrpura. Más allá, notó que había una Sailor Senshi que tenía el cabello negro y corto, y fue en ese momento que ella perdió toda voluntad de seguir combatiendo.

¿Qué mierda me pasa? ¿Por qué me estoy rindiendo? ¿Qué hace a esa chica tan especial? ¿Y por qué rayos mi corazón late más rápido? ¿Estaré nerviosa? ¡Es ridículo!

—Bien hecho, Amatista —dijo la chica del cabello castaño, sobándose la quijada mientras se acercaba a Saori con una cara de profundo disgusto—. Ahora, esta aparecida va a experimentar lo que pasa cuando alguien se interpone en nuestro camino.

Y ella, sin tener problemas para penetrar en el campo de fuerza, golpeó a Saori con fuerza en el abdomen, haciendo que ella tosiera, sin siquiera ser capaz de doblarse. Un nuevo golpe casi le hizo perder el conocimiento, pero Saori resistió, pues no quería darle el placer de verse débil frente a ese grupo desconocido de chicas.

—Con eso tengo suficiente —dijo la del cabello castaño, registrando los bolsillos de Saori, buscando el objeto que necesitaba—. Ahora, tomaremos el Cristal de Plata y no sabrás jamás que nos encontramos alguna vez. No es menos de lo que te mereces, maldita arpía.

Saori no supo si fue la última palabra de esa desconocida, o si algo más estaba ocurriendo en ese momento, pero cuando la chica acabó de hablar, un brillo apareció en uno de los bolsillos de la ropa de Saori. La chica retrocedió frente al resplandor y Saori tomó el broche del que brotaba el brillo.

Di "por el poder del viento lunar".

Saori repitió esas palabras, y el brillo se hizo cegador, a tal punto que las demás tuvieron que taparse los ojos, pues hacer visera con las manos no era suficiente. Sin embargo, no pasaron más de cinco segundos para que el resplandor desapareciera y las chicas pudieran ver qué fue lo que había pasado. Para su sorpresa, todas vieron que Saori ya no era Saori. En su lugar, había lo que más allá de toda duda era una Sailor Senshi. Lucía casi igual como aquella guerrera llamada Sailor Moon, pero los colores de su uniforme eran distintos, los cuales variaban en diversos tonos de gris plateado, tal como su cabello. No obstante, los ornamentos y decoraciones eran los mismos.

—No… puede ser… —dijo la chica del cabello castaño—. Eres… eres tú.

—Sailor…

—Silver Moon —completó la del cabello corto y negro, quien fue la única que se acercó a la nueva Sailor Senshi. Sus ojos brillaban, como si se hubiera vuelto a encontrar con una amiga a la que no hubiera visto hace años—. Saori… eres tú… ¡eres tú!

Las demás miraron con asombro cómo ella se acercaba a Sailor Silver Moon a paso agitado y la abrazaba. Sailor Silver Moon no reaccionó de forma agresiva al gesto. De hecho, ella le devolvió el abrazo, derramando algunas lágrimas mientras lo hacía.

—Violet —dijo Saori con una voz suave, apretándola contra su pecho—. Te lo dije, ¿no es verdad? Te dije que nuestro amor jamás moriría.

—Lo sé —repuso la aludida, mirando a Sailor Silver Moon con ojos brillantes—. Lamento haber dudado de ti. ¡Es como si hubiera pasado una vida entera!

—Tuve tantos sueños contigo —dijo Sailor Silver Moon, limpiándose las lágrimas y mostrando una sonrisa—, y ni siquiera sabía qué era lo que significaban. Ahora lo sé, mi Perséfone.

—Mi Andrómeda —susurró Violet.

Ambas se hubieran besado, de no ser por el gesto de las demás chicas. Sailor Silver Moon se puso en guardia, poniéndose delante de Violet, y vio una sombra negra acercarse lentamente. Las demás también adoptaron posturas de combate, cuando una luminaria reveló qué era lo que se acercaba a ellas.

Se trataba de un humanoide, pero lucía como si estuviera disfrazado de un vehículo de carreras. No obstante, a Sailor Silver Moon le dio la impresión que ese atuendo no era un disfraz en absoluto.

De pronto, el humanoide extendió los brazos y las piernas, y un rayo negro brotó de su pecho, donde había una estrella negra. El rayo iba dirigido directamente a Sailor Silver Moon, pero ella reaccionó rápido, girando a gran velocidad, generando un tornado que desvió el rayo, impactando en un árbol cercano. Reaccionando rápido, Sailor Silver Moon extendió violentamente ambos brazos hacia delante, y el humanoide salió eyectado hacia atrás, disgregándose en varios pedazos a causa de la fuerza del viento.

No obstante, Sailor Silver Moon no se había percatado de un segundo humanoide, esta vez con un disfraz de rifle de asalto. Sin ser vista por nadie, se inclinó hacia delante, revelando el cañón del rifle, el cual tenía la forma de una estrella. Sailor Silver Moon escuchó el sonido del disparo demasiado tarde, y habría recibido de lleno el rayo negro de no ser por Violet.

Ella había generado un campo de fuerza, protegiendo a Sailor Silver Moon del rayo negro, y las demás habrían acabado con el humanoide, de no ser por la aparición de tres humanoides más, quienes atacaron al resto de las Sailor Senshi, manteniéndolas ocupadas. Violet seguía resistiendo el rayo negro, pero su campo de fuerza no iba a resistir mucho más tiempo. Aquello le habría dado a Saori el suficiente tiempo para atacar, pero un quinto humanoide apareció entre unas casas, atacando a Sailor Silver Moon, quien no pudo hacer otra cosa que defenderse.

Esquivando el rayo negro, Sailor Silver Moon se propulsó hacia delante con sus poderes sobre el aire, atravesando al humanoide con su cuerpo, y frenando con sus pies a varios metros del campo de batalla. Dio media vuelta y regresó adonde se encontraban los demás, cuando vio cómo el campo de fuerza de Violet había sido destruido, y el rayo dio de lleno en su pecho. Sailor Silver Moon se frenó en seco cuando escuchó los gritos de Violet. No tenía idea de qué era lo que le estaba ocurriendo, pero cuando vio que algo brillante escapaba del pecho de Violet, supo que algo terrible le había ocurrido. Llenándose de una furia incontrolable, Sailor Silver Moon volvió a propulsarse hacia delante, haciendo pedazos al humanoide. Iba a acabar con el resto, pero vio que las demás habían hecho bien su trabajo. No aparecieron más humanoides.

—¡Violet! —exclamó Sailor Silver Moon, llegando adonde se encontraba su cuerpo y tomándolo con suavidad—. Violet. ¿Estás bien?

Pero ella no respondía. Tenía sus ojos cerrados y su pulso desaparecía rápidamente. Sailor Silver Moon la meció suavemente, pero Violet no reaccionaba.

—Devuelve su corazón puro a su cuerpo —dijo una voz muy femenina a la izquierda de Sailor Silver Moon. Ella miró en esa dirección y vio a otra Sailor Senshi, una que jamás había visto en su vida. Su cabello era de un color verde esmeralda, decorado con amplias ondas. Iba acompañada de otra Sailor Senshi, cuyo cabello era corto y del color de la paja.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Sailor Silver Moon débilmente, olvidando de usar su acostumbrada muletilla.

—Somos Outer Senshi —dijo la del cabello verde esmeralda—. Yo soy Sailor Neptune y mi compañera es Sailor Uranus. Estábamos cazando a estos humanoides, averiguando qué era lo que andaban buscando y para quién trabajan. Pero parece que ustedes saben cómo cuidar de sí mismas.

—Deberías devolver ese corazón puro a tu amiga —le recordó Sailor Uranus, y Sailor Silver Moon vio que ese brillo aún no se había extinguido. Tomándolo entre sus manos, lo acercó al cuerpo de Violet, y desapareció en su pecho. Inmediatamente después, ella abrió los ojos, y miró a Sailor Silver Moon con una sonrisa débil.

—¿Estás bien? —quiso saber Sailor Silver Moon con voz temblorosa.

—Sí —repuso Violet débilmente. Sailor Silver Moon le extendió una mano, y Violet la tomó. Cuando ella estuvo de pie, abrazó a Sailor Silver Moon, todo bajo la mirada de las demás.

—Qué bueno que estés bien —dijo Sailor Neptune con una sonrisa.

—Tengan cuidado —advirtió Sailor Uranus, sin sonreír. No obstante, cuando posó su mirada en Sailor Silver Moon, le guiñó un ojo antes de dar media vuelta y desaparecer con su compañera (44). La aludida gruñó por toda respuesta.

Sailor Silver Moon notó que la chica del cabello castaño se acercaba a ella, y asumió que tenía algo que decirle. Supuso que tenía que ver con el Cristal de Plata, pues, como ella sabía, aquel grupo de Sailor Senshi lo necesitaba.

—Sailor Silver Moon —dijo ella, luciendo arrepentida por alguna razón—, te quiero pedir disculpas por atacarte de ese modo. Es obvio que tú eres la legítima dueña del Cristal de Plata. Pero, por favor, déjanos usarlo. Necesitamos recordar cosas que son importantes para nuestra misión.

—Y esa misión consiste en…

—Tenemos que encontrar a nuestra líder —dijo la chica del cabello castaño—, pero no podemos recordar quién es. Violet cree que el Cristal de Plata puede devolvernos nuestros recuerdos. Si conseguimos eso, podremos recordar a quién estamos buscando, y nos será más fácil encontrarla.

—¿Y cómo sé que tu misión no será una amenaza para el mundo?

—Encontraremos a nuestra princesa y nos iremos. Tal vez puedas ayudarnos.

—Yo tengo una misión propia.

—¿Y qué te parece si te ayudamos con tu misión?

Sailor Silver Moon se llevó una mano al mentón, pensando en los posibles beneficios de alinearse con aquellas cuatro Sailor Senshi. Por muy fuerte que fuese, estaba segura que no podría hacer ese trabajo sola. Además, estaban esos humanoides que nadie sabía de dónde provenían. Y si lo que había dicho Sailor Uranus sobre ellos era cierto, entonces iba a necesitar ayuda, no sólo para derrotar a los humanoides, sino para encontrar a quién estaba detrás de ellos.

—De acuerdo. Me uniré a ustedes.

Violet lucía realmente esperanzada por la decisión de Sailor Silver Moon.

—Será como en los viejos tiempos —dijo, tomando las manos de Sailor Silver Moon y mirándola con ojos brillantes—. ¿Puedes creerlo? Hasta hace unos minutos atrás, no sabía nada de ti. Ahora, he encontrado al amor de mi vida… nuevamente.

—Pues lo mismo digo —dijo Sailor Silver Moon, tomando ambas mejillas de Violet—. Lo que me recuerda que me debes algo.

—Lo sé.

Las demás miraban con sendas sonrisas cómo Sailor Silver Moon y Violet juntaban sus labios.

Tokio, diez minutos más tarde

Otro humanoide había caído, y Sailor Uranus y Sailor Neptune ya se estaban aburriendo de hacer lo mismo. De hecho, aquella no era la misión principal de ambas.

Su objetivo era otro.

—Tal parece que ya no hay más en toda la ciudad —dijo Sailor Uranus, tomando asiento en un banquillo, exhalando en señal de cansancio—. De vuelta a observar. Dios, cómo me aburro haciendo este trabajo.

—Pero es necesario —dijo Sailor Neptune, sentándose junto a ella, luciendo agotada—. Aún no sabemos quiénes son los dueños de los talismanes. Honestamente, no me gusta mucho la forma en que los estamos buscando.

—Es la única forma —repuso Sailor Uranus, quien ya había tenido esa misma conversación con Sailor Neptune en otras ocasiones—. No sé cuántas veces tengo que decirte lo mismo.

—Dije que no me gustaba, no que no iba a seguir haciéndolo —corrigió Sailor Neptune, mirando a Sailor Uranus con ojos brillantes—. Por cierto, no me gustó mucho cómo mirabas a esa chica del cabello plateado.

—Es atractiva —dijo Sailor Uranus distraídamente—, y se nota que puede cuidarse por sí misma. Para una chica como yo, sería un reto muy interesante conquistarla. Por desgracia para ella, tú llegaste antes.

—¿Qué quieres decir con eso? No hemos llegado a eso aún (45).

—Por favor, sabes que vamos a llegar allá. ¿O me equivoco?

Sailor Uranus dijo esas palabras en un tono bajo y sensual que hizo que Sailor Neptune sintiera carne de gallina.

—Pues, sí… pero vas muy rápido.

—¿Quieres que vaya despacio por las piedras?

—Es lo único que te pido. Que vayas un poco más lento.

Sailor Uranus sostuvo la mirada de Sailor Neptune por un largo rato antes de asentir con la cabeza.

—Ya verás que esto es inevitable.

—Oh, lo sé —dijo Sailor Neptune en un tono coqueto—. Pero tardaremos un poco en llegar allá.

Ambas se pusieron de pie y se dirigieron a unos arbustos cercanos.

—¿Te parece si lo dejamos hasta aquí? Necesito un descanso.

—Me parece bien —secundó Sailor Neptune, procurando que nadie la viera—. También necesito una ducha.


(42) La frase original es "Brave New World", una frase ampliamente utilizada para describir una utopía basada en el totalitarismo. El libro del mismo nombre, escrito por Aldous Huxley, describe esto a la perfección.

(43) Básicamente, el mismo tipo de contenedor en el que fue transportada Saori al laboratorio de Herbert Dixon después de ser anestesiada a bordo de su vuelo a Nueva Orleans. Ver el capítulo 19 de este fic.

(44) Como Serena ya está muerta, decidí que sería interesante que Haruka se interese en Saori en su lugar. Como Saori y Serena tienen personalidades muy diferentes, aquella relación también será distinta.

(45) No estoy seguro si, a esas alturas, Haruka y Michiru ya tenían una relación de pareja. De todos modos, juzgué prudente que en ese punto de la historia estuvieran en camino de ser amantes. No se preocupen. Nada de Amy con Michiru aquí. Voy a respetar las parejas canon en este fic.