LXIII
Sailor Chibi Moon
Tokio, 18 de julio de 1992, 01:17p.m.
Rini había llegado anteayer a 1992, pero no podía recordar dónde quedaba la casa de Serena. Estuvo preguntando aquí y allá por su domicilio, hasta que un periódico le entregó la horrible noticia. Al parecer, Serena había sido víctima de un atentado terrorista, el cual había reclamado su vida. Además, cuatro jóvenes habían desaparecido al mismo tiempo que había ocurrido el atentado, y algunos testigos las situaron en la casa de Serena en ese momento. Desde ese entonces, Rini no había querido acercarse a la casa de Serena, por miedo a enfrentar la verdad, y había errado de un lugar a otro, sin quedarse en el mismo sitio por más de dos horas, pese a que no había nadie persiguiéndola.
Bueno, había alguien tras su rastro, pero esa persona no tenía ninguna mala intención con ella. La verdad, Rini no hacía eso por gusto. Por increíble que pudiera sonar, ella estaba recibiendo entrenamiento. Alguien estaba poniendo a prueba su resistencia, y se trataba de la persona más idónea para el trabajo. De todas formas, la persona más indicada para entrenar a una Sailor Senshi, era una Sailor Senshi.
Su madre, la Neo Reina Serena, había tomado la decisión que Rini debía iniciar su entrenamiento como Sailor Senshi, después de ver lo vulnerable que era ella frente a los peligros del mundo. Al principio, Rini se había negado enérgicamente en llevar a cabo el entrenamiento, pero bastó con un buen consejo del rey Endimión para convencerla de hacerlo. No obstante, la Neo Reina había juzgado prudente que Rini contara con una buena maestra, alguien que fuese una cara conocida para ella, y sabía que ella siempre había estado en buenos términos con Sailor Pluto, a tal punto que era como una segunda madre para Rini. Por supuesto, Sailor Pluto aceptó entrenar a la Pequeña Dama, juzgando que aquella decisión era buena para la línea temporal.
En general, Rini no podía quejarse de su situación, salvo del frío. No recordaba que hiciera tanto frío en esa época del año (pleno verano), tampoco que hubiera una capa de veinte centímetros de nieve. Aquello dificultaba sus movimientos, y no pasaba mucho rato para que le faltara el aire. Más difícil aún era cubrir sus huellas, por mucho que Sailor Pluto le dijese que tratara de pisar con más ligereza. Se suponía que estaba practicando tácticas de sigilo, pero en la nieve, pasar desapercibido era bastante complicado, sobre todo cuando uno no tenía experiencia en el tema. No pasó mucho rato para que Sailor Pluto la encontrara, acurrucada bajo un banquillo.
—Da la impresión que pisas como si estuvieras enojada —dijo Sailor Pluto, con una inteligente mezcla de amabilidad y seriedad—. Pequeña Dama, tienes que pisar con calma. Cuando andas por terreno suave, no necesitas emplear toda la fuerza de tus piernas para pisar. También conviene usar la mayor superficie de pie posible. ¿Recuerdas lo que te decía Sailor Mercury sobre la presión?
—Dijo que la presión era la cantidad de fuerza que ejerce un objeto por unidad de área.
—Correcto. Por eso, cuando pisas, usa toda la planta del pie. Ayudará a que no dejes huellas muy visible sobre nieve o arena.
—Es que es muy difícil.
—¿Y por qué crees que estamos haciendo esto?
Rini se quedó en silencio, juzgando que Sailor Pluto tenía razón. Realmente, no esperaba que consiguiera pasar esa prueba en los primeros intentos, pero, de todas formas, era frustrante tener que lidiar con el fracaso apenas comenzando a entrenar.
—Por cierto, Plu, ¿por qué hay tanta nieve? Se supone que estamos en verano.
—Algo muy malo ha ocurrido aquí —dijo Sailor Pluto con gravedad, sentándose sobre el banquillo, sin sentir ninguna incomodidad—. Seguramente ya sabes que Sailor Moon está muerta, y que sus compañeras fueron secuestradas por el gobierno de los Estados Unidos. Esto, sin embargo, genera una contradicción.
—¿Y cuál es?
—Si Sailor Moon está, en efecto, muerta, entonces tú no deberías existir. Tampoco debería haber una reina en el trono de Tokio de Cristal. Pero sabemos que ese no es el caso.
—¿Podría Sailor Moon seguir con vida?
—Lamentablemente, no es así —dijo Sailor Pluto en voz baja—. Vi desde mis dominios cómo el cadáver de Sailor Moon era enterrado en el patio trasero de su casa. Creo que algo va a pasar con Sailor Moon en el futuro, pero no puedo verlo. Ya no puedo decidir si algo afecta a la línea temporal o no. Es como… como si un evento catastrófico estuviera oscureciendo mi visión del futuro.
—¿Tú crees que este mundo va a llegar a su fin? —dijo Rini, luciendo asustada.
—No lo sé, Pequeña Dama, no lo sé —repuso Sailor Pluto, poniéndose de pie, e instando a Rini a que hiciera lo mismo—. No podemos perder más tiempo. Tenemos que continuar con el entrenamiento, o tu madre se va a molestar mucho conmigo. Y estoy segura que tú no quieres eso.
—Me pregunto qué hace esa niña sola —dijo Rini, señalando con un dedo a una joven delgada, de cabello negro y corto, ojos púrpura y que vestía ropas oscuras—. No se ve muy feliz.
—Me temo que esa es la menor de nuestras preocupaciones en este momento —dijo Sailor Pluto, con un poco más de severidad—. Vamos, Pequeña Dama, debemos continuar con el entrenamiento.
—¡No voy a hacer nada hasta haber hablado siquiera un poco con esa chica! —exclamó Rini, y Sailor Pluto se quedó enraizada al suelo, con la boca ligeramente abierta—. Por favor, Plu. No es que tengamos prisa por practicar. Es sólo un ratito.
—Está bien, está bien —repuso Sailor Pluto, exhalando hondo, buscando paciencia—. Pero no tardes mucho, ¿quieres?
—¡Gracias, Plu! ¡Eres la mejor!
Rini desvió la vista hacia la muchacha del cabello negro. Vio que estaba armando lo que parecía un muñeco de nieve bastante extraño, porque no parecía ni remotamente un muñeco de nieve, sino más bien, dos bolas de nieve, una encima de la otra, sin ninguna cara o indicio de que fuese un muñeco.
—Hola —dijo Rini a la chica del cabello negro, sonriendo.
La aludida tardó un poco en reaccionar, pero también mostró una sonrisa cuando encaró a Rini.
—Hola —dijo ella. Tenía una voz muy dulce y sus ojos la hacían ver como uno o dos años menor de lo que era—. Nunca había hecho un muñeco de nieve. Disculpa si no está quedando bien.
—Es natural que no te quede bien al primer intento —dijo Rini, acercándose a la chica, y notando que ostentaba una expresión que denotaba una profunda tristeza, como si nunca en la vida hubiese sido feliz—. ¿Andas con tus padres?
—Mi padre está sentado en ese banquillo —dijo ella, señalando con el dedo a un hombre de cabello canoso y que usaba lentes redondos—. Mi madre no está con nosotros. Murió en un accidente.
—Lo siento —se disculpó Rini, sentándose al lado de la chica, sintiendo una inexplicable oleada de lástima por ella—. Debe ser duro para ti crecer sin una madre.
—Mi padre hace lo que puede, pero… no es suficiente. Soy… soy una chica complicada.
—¿En qué sentido?
—Lo siento. Apenas nos estamos conociendo. No quiero andar contando mis problemas a las personas. Van a pensar que me estoy haciendo la víctima a propósito, y no quiero que la gente piense eso de mí.
—Entiendo —dijo Rini, tratando de suprimir aquella oleada de lástima—. Entonces, ¿qué me puedes contar?
—Te puedo decir mi nombre. Me llamo Hotaru Tomoe.
—Me llamo… Rini Tsukino. —Iba a decir que se llamaba Serena, pero aquello le hizo recordar a su madre, y a la incógnita sobre su muerte—. Tengo… doce años—. Rini tampoco juzgó prudente decir su verdadera edad, pues era un número que haría que cualquier persona se fuera de espaldas al piso—. Me imagino que eres más o menos de la misma edad que yo.
—Yo también tengo doce —dijo Hotaru, mostrando una pequeña sonrisa—. Voy a entrar a mi último año de primaria en unos dos meses más. Es una lástima que mi padre no quiera salir de vacaciones. Dice que está ocupado con un proyecto del colegio donde enseña, y quiere aprovechar las vacaciones para avanzar todo lo que pueda.
—Y asumo que no estarás aquí por mucho más tiempo.
—No puedo estar mucho rato a la luz del sol —dijo Hotaru, desviando la vista de los ojos de Rini—. Sufro de una enfermedad genética muy extraña, que me hace alérgica a la luz. Es una fortuna que esté nublado, y que caiga nieve. No he tenido ninguna secuela, hasta ahora.
—Es una pena lo que te pasa —dijo Rini, decidiendo si hacerle un gesto de cariño a Hotaru o no. Al final, decidió que no se lo iba a tomar bien, por lo que no lo hizo—. Tengo que irme. Lo siento. Quería seguir hablando contigo.
—Pero puedes ir a verme cuando quieras —dijo Hotaru, mostrando una sonrisa más amplia que la de antes, tendiéndole un papel a Rini—. Esta es la dirección de la casa de mi padre. Aparte de hacer clases en el colegio, es un médico particular. Me agradó mucho hablar contigo. Me da la impresión que la gente me evita, como si vieran algo raro en mí.
—Yo no veo nada raro en ti.
—Eres muy amable —dijo Hotaru, a quien le brillaron los ojos—. Ojalá nos veamos pronto, Rini.
—Cuenta con ello —repuso Rini, dando media vuelta y yendo donde Sailor Pluto, quien la esperaba con los brazos cruzados.
—Te tomaste tu tiempo en conversar con esa chica —dijo, quien lucía más seria de lo que ameritaba la situación—. Por cierto, no te aconsejo que vuelvas a ver a esa muchacha.
Rini puso los brazos en jarras.
—¿Por qué?
—Hay algo en esa muchacha que no me gusta —contestó Sailor Pluto, llevándose una mano al mentón—. Percibo un aura oscura en su interior, como si escondiera un demonio muy poderoso.
—Bah, lo dices porque usa ropa oscura —replicó Rini, perdiendo la paciencia—. Hotaru no tiene nada de malo. De hecho, no puede estar mucho rato al sol por una enfermedad que tiene.
—¿De verdad? —dijo Sailor Pluto, mostrándose interesada en lo que le acababa de decir Rini—. No es algo que una persona diga a alguien que acaba de conocer. Podría ser una excusa para no admitir que hay un poder maligno en su interior.
—Eres increíble —gruñó Rini, taladrando con la mirada a Sailor Pluto—. ¿Cómo puedes decir algo así de una niña de doce años? Tienes miles de años de edad, has reencarnado varias veces ya, la última vez no fue hace mucho, ya sabes, cuando yo era…
—Por eso lo digo, Pequeña Dama —dijo Sailor Pluto, inclinándose delante de ella y mostrándole una sonrisa tranquilizadora—. No estoy diciendo que Hotaru sea la culpable de tener ese poder maligno. Puede que, como pasó contigo, alguien la maldijo, o hizo algún experimento con ella. Puede que esté equivocada, pero, ¿qué pasaría si tengo razón? Correrías mucho peligro, y estoy segura que tu madre no querría que te expusieras, no después de haber pasado por la experiencia de ser Black Lady. No estoy siendo seria por querer perjudicarte. Solamente lo hago por protegerte.
—Hotaru no tiene ningún poder maligno en su interior —dijo Rini testarudamente, y Sailor Pluto se quedó con la boca ligeramente abierta—. Si no tienes evidencia de lo que dices, entonces no puedo tomarte en serio.
Sailor Pluto iba a responder, cuando sintió un aire frío impactar su espalda. Dio media vuelta, y vio a un mujer delgada, vestida de negro y celeste, su cabello era del mismo color y tenía un aire de sabionda visible a millas. Sailor Pluto adoptó su postura de batalla, extendiendo su báculo y apuntándolo hacia la intrusa.
—¿Quién eres tú?
—Bueno, eso es algo interesante —dijo la aludida, extendiendo sus brazos hacia delante, de los cuales comenzaron a brotar lo que parecían unas pequeñas bolas de metal, las cuales rodearon el cuerpo de la intrusa, a modo de coraza protectora—. Mi nombre es Viluy, y tú tienes algo que nos pertenece.
—No sé a qué te refieres —dijo Sailor Pluto, dando un paso hacia Viluy—, pero no tendrás nada de nadie. Y si intentas desafiarme, vas a comprobar que fuiste poco inteligente al enfrentarme. ¿Tienes alguna idea de lo que soy?
—Eres una Sailor Senshi —dijo Viluy sin un ápice de duda, algo que descolocó un poco a Sailor Pluto—. Sí, mis compañeras me han hablado de ustedes. Guerreras con poderes mágicos. Sin embargo, lo dices como si ustedes fuesen invencibles, cuando están muy lejos de serlo. Cuatro de ustedes fueron derrotadas por sujetos con armas primitivas, ¿y vienes a amenazarme?
—No digas que no te lo advertí —dijo Sailor Pluto, y ella enarboló su báculo—. Grito mortal.
Sailor Pluto no alzó la voz para atacar, pero un viento negro brotó del báculo, y Viluy movió sus brazos, de modo que las bolas de metal formaran un escudo protector, absorbiendo el poder del ataque como si se tratase de una aspiradora de alta tecnología.
—Te lo dije —dijo Viluy, haciendo más maniobras con los brazos, y las bolas se desplazaron rápidamente hacia Sailor Pluto, rodeándola. Ella se protegió con su báculo de lo que fuese que le iban a hacer esas bolas, pero no esperó lo que Viluy hizo a continuación.
Comprimiendo sus manos en puños, las bolas liberaron la energía que habían absorbido, y Sailor Pluto no pudo protegerse de su propio ataque, recibiéndolo con toda su fuerza. Los alaridos de dolor resonaron en toda la plaza, y Rini miraba, con horror, cómo su maestra estaba siendo derrotada con tanta facilidad.
—Vaya, pensé que serías un reto mayor —dijo Viluy, llamando a las bolas con sus manos, dejando a Sailor Pluto casi inconsciente—. Las Sailor Senshi son un mal chiste. No entiendo cómo Eudial y Mimette perdieron contra ellas, aunque puede que esas dos aspirantes sean débiles. Como sea, vine a tomar algo que nos pertenece, así que, niña, apártate de mi camino.
—Lastimaste a Plu —dijo Rini, temblando de la cabeza a los pies, aunque Viluy no podía decidir si era por miedo o por rabia, o por ambas cosas—. Ella es mi amiga. ¡No voy a permitir que le sigas haciendo daño! —Rini sacó de uno de sus bolsillos un cetro corto, de color rosado, con un corazón en un extremo, y lo extendió al cielo cubierto de nubes—. ¡Por el poder del prisma lunar!
Viluy tuvo que hacer visera con las manos para bloquear la luz rosada que provenía de Rini. No pasaron más de diez segundos para que el brillo se apagara, y pudiera ver con quién debía lidiar en esa ocasión. Cuando lo hizo, soltó una carcajada fría.
—¿Otra Sailor Senshi? —dijo cuando dejó de reírse—. ¿Cuántas hay? Pero eso no importa demasiado ahora. Te voy a derrotar como a tu amiga.
—Yo te voy a detener —exclamó la nueva Sailor Senshi, aunque se notaba, más que nada en el temblor de su voz, que no tenía muchas esperanzas en derrotar a alguien que había hecho lo propio con una Sailor Senshi con mucha más experiencia que ella—. Yo, Sailor Chibi Moon, te castigaré en el nombre de la luna.
Y Sailor Chibi Moon sacó un cetro, parecido al que usó para transformarse, y lo extendió hacia delante. Viluy miró el cetro, sintiendo unas ganas irresistibles de reírse. De todos los escenarios que había imaginado para ese encuentro, no esperó que aquel fuese tan fácil.
—No tienes oportunidad contra mí.
—Eso lo veremos —dijo Sailor Chibi Moon—. ¡Dulce Corazón… Rosa!
Si aquel era un ataque, entonces era uno bastante pésimo, pensó Viluy, viendo cómo Sailor Chibi Moon se quedaba mirando el cetro, como si no pudiera entender qué andaba mal con éste. Viluy dio unos pocos pasos hacia ella, dispuesta a acabar con aquel patética imitación de combate, cuando sintió que algo muy duro le golpeaba la cara, impidiéndole avanzar más. Después, se dio cuenta que el ataque de Sailor Chibi Moon había dado resultado después de todo. No era un ataque devastador, pero conseguía impedir que ella se moviese, pues era como si alguien le estuviera pegando bofetadas a cada momento.
—¿Qué… diablos… es… esto? —rezongó Viluy, tratando de usar sus nanobots para protegerse del ataque, pero éste era tan persistente que no le permitía hacer otra cosa que cubrirse con los brazos.
Viluy estaba pensando en una forma de contraatacar, cuando sintió un golpe tremebundo que la envió contra un banquillo. Con la cabeza dando vueltas, se puso de pie, tratando de discernir de dónde había provenido semejante ataque. Con sorpresa mal disimulada, vio a una tercera Sailor Senshi. Su cabello era plateado, al igual que su uniforme. La identificó como la que había derrotado y capturado a Eudial.
—Así que tú eres la infame Sailor Silver Moon —dijo, acercándose a paso lento y dando tumbos—. Puede que hayas derrotado a Eudial, pero no te será tan fácil acabar conmigo.
Viluy movió ambos brazos, y envió a los nanobots hacia Sailor Silver Moon. Sin embargo, bastó con un movimiento violento de sus dos brazos para lanzar a los nanobots lejos. Viluy quedó estupefacta. Se suponía que los nanobots eran capaces de absorber cualquier tipo de energía, por lo que no se explicaba cómo habían salido eyectados en todas direcciones como si fuesen simples bolas de metal.
—No sé qué mierda creíste —dijo Sailor Silver Moon, acercándose a Viluy, quien retrocedía paso a paso, presa del miedo—, cuando te atreviste a lastimar a dos personas inocentes. Por eso, te voy a hacer puré, bruja de pacotilla.
Sailor Silver Moon corrió a toda velocidad, justo en el momento en que Viluy llamó nuevamente a los nanobots. Sin embargo, éstos nunca llegaron, porque el puño que le encajó Sailor Silver Moon en el bajo vientre hizo que perdiera el aire de los pulmones. Gimiendo de dolor, Viluy se dobló de forma instintiva, y Sailor Silver Moon volvió a extender sus brazos, lanzando a la pobre Viluy contra una estatua, impactando en la base de hormigón, quebrándole el cuello y matándola en el acto. Sus nanobots se deshicieron en mil volutas de humo.
Sailor Chibi Moon no había visto cómo había muerto Viluy, pero si vio a la Sailor Senshi que la había enviado lejos. Jamás la había visto en su vida, pero su uniforme era similar al de ella, solamente que su listón, su falda y sus botas largas eran plateadas. Saltó del susto cuando ella apareció nuevamente, dando una mirada hacia ella, y luego hacia Sailor Pluto.
—¿Están bien? —preguntó Sailor Silver Moon, notando que Sailor Pluto se estaba poniendo de pie con lentitud.
—Yo estoy bien —contestó Sailor Chibi Moon, mirando a la nueva Sailor Senshi con curiosidad—. ¿Quién eres tú? Nunca había visto a una Sailor Senshi que se pareciera a ti.
—Soy Sailor Silver Moon —dijo la aludida, también gastando una mirada en ella—. Yo tampoco te conozco.
—Soy Sailor Chibi Moon —repuso ella, mirando a Sailor Silver Moon con algo de miedo y otro poco de admiración—. Y, ahora que lo pienso, me recuerdas mucho a mi mamá, con esos flequillos y la forma de tus ojos, solamente que no usas moños.
—¿De casualidad, tu mamá se llama Serena?
Sailor Chibi Moon frunció el ceño.
—Sí. ¿Por qué lo dices?
Sailor Silver Moon compuso una sonrisa.
—Felicidades. Acabas de conocer a tu hermana mayor.
