LXXIV
Andrómeda

Tokio, 29 de julio de 1992, 06:14p.m.

Muchas cosas habían pasado desde que Sailor Moon y las demás derrotaron a Polaris y revivieron a Cristalia. Para empezar, la madre de Molly había insistido en que su hija permaneciera a su lado, porque debía asistir al colegio y cumplir con todos los deberes de una chica de su edad. También alegaba que Molly era demasiado joven para asumir el rol de princesa, aunque no negaba que lo fuese. De algún modo, el verdadero origen de Molly le molestaba menos que la perspectiva de ver a su hija irse a un planeta desconocido. Al final, después de muchos dimes y diretes entre la madre de Molly y las Sailor Gems, estas últimas la convencieron de que irse era la mejor solución para ella. De todos modos, no iba a irse para siempre de la Tierra, y las Sailor Gems le aseguraron que volvería a tiempo para el inicio de las clases.

Otra de las cosas que habían ocurrido en esa semana involucraba a Serena y Darien. Amy y las demás habían concertado una pequeña fiesta personal, y querían darle una sorpresa a Serena, pues no habían celebrado su cumpleaños (84). Sin embargo, las horas pasaban y ella no aparecía. Impaciente, Rei, acompañada de Lita y Mina, fueron a la casa de Serena, solamente para saber que no se encontraba allí. Rei dedujo que el único otro lugar en el que podía estar Serena a esas horas era el departamento de Darien, pues allá fueron. No obstante, cuando llegaron al departamento, iban a tocar a la puerta, cuando se escucharon unos sonidos que las dejaron estupefactas. Ninguna podía mover los pies, porque aquellos sonidos solamente podían escucharse cuando dos personas hacían cosas privadas. Les tomó cinco minutos espabilar y largarse del edificio, discutiendo en susurros lo que habían escuchado.

Era una fortuna que Rini (quien se había quedado con Amy) no hubiera acompañado a Rei y las demás, porque su reacción habría sido bastante reveladora. De todos modos, cuando Rei, Lita y Mina llegaron a la casa de la primera, le contaron inmediatamente a Amy lo que habían escuchado. Para su desconcierto, Amy no reaccionó como ellas esperaban. Se lo había tomado con mucha calma.

—Están en su derecho de hacerlo —dijo distraídamente, mientras hojeaba un libro sobre Teoría de Cuerdas—. No entiendo por qué arman tanto escándalo por eso.

—¡Ella es menor de edad, Amy! —protestó Rei, aunque Mina no parecía muy molesta por ello—. ¡Y él también! ¿Qué pasa si la deja embarazada? ¿Cómo van a reaccionar sus padres al respecto? ¡Ya viste lo que pasó cuando Diamante abusó de ella!

—Y todo eso no es de nuestra incumbencia —repuso Amy calmadamente—. Ellos son responsables de lo que pase. Nosotras la apoyaremos, cualquiera sea la situación.

—Son adolescentes —insistió Rei, quien, por alguna razón, no podía dejar el tema de discusión—. Nunca son responsables de nada.

—Rei, Amy tiene razón —intervino Lita, mirándola fijamente a los ojos—. Lo que hagan ellos es exclusivo de los dos. Si estuvieras en su situación, estoy segura que harías lo mismo. Todas lo haríamos… bueno, todas menos Amy.

—Yo también haría lo mismo —dijo Amy, quien se ganó la mirada de todas sus amigas, pero, a diferencia de otras oportunidades, no enrojeció—. Sería prudente, por supuesto. Me informaría, tomaría todas las precauciones necesarias y lo haría. No me siento lista aún para ser madre.

Aquella no era una respuesta que Rei, Lita y Mina esperaban escuchar de Amy. Normalmente, ella enrojecería y diría que no estaba lista para dar un paso tan importante, y que esperaría hasta ser mayor de edad.

—Amy… —comenzó Rei, pero ella la interrumpió.

—Me siento bien —dijo, mirando a sus amigas con una sonrisa—. La verdad, pasar tiempo con Serena me ha hecho pensar en mis prioridades. Claro, sigo queriendo estudiar medicina, pero no solamente puedo dedicarme a eso. Creo que debería comenzar a comportarme como una adolescente normal.

Aquello, lejos de ser una señal de alivio, era un mal presagio. Si Amy decidía comenzar a ser una chica normal, no habría nadie quien les ayudara a hacer las tareas, porque Amy estaría más ocupada saliendo con chicos o divirtiéndose.

—No necesitas ser una chica normal —se apresuró a decir Rei, y Amy la taladró con la mirada—. Eres perfecta tal y como eres. No necesitas cambiar para seguir siendo nuestra amiga.

—Rei, no se trata de que sea malo ser como soy, pero quiero experimentar las cosas simples de la vida. —Rei y sus amigas se dedicaron miradas de confusión, como si hubieran ido a parar a algún planeta fuera del sistema solar, pero Amy no pareció darse por enterada—. No voy a convertirme en una ignorante o en una tonta por eso, y, por supuesto, voy a seguir ayudándolas con las tareas.

Las demás no sabían si sentirse más tranquilas o inquietas con las palabras de Amy, pero todas tenían claro que no la iban a hacer cambiar de idea, por lo que no insistieron. Aunque, por desgracia, la nueva determinación de Amy rindió frutos demasiado pronto para la comodidad de sus amigas, porque, la noche siguiente, Serena y sus amigas vieron a Amy de la mano con un chico de la secundaria a la que asistían. Indiferentes de lo que la gente decía del gato y la curiosidad, las cuatro siguieron a la pareja hasta un motel, pero no pudieron ingresar al recinto. Sin embargo, no había que ser muy inteligente para entender que iba a pasar por lo mismo que Serena en el departamento de Darien.

No obstante, lo más desconcertante de todo el asunto ocurrió al día siguiente. Cuando las cinco se juntaron en casa de Rei, Amy llegó como si nada hubiera ocurrido. Tomó un trozo de tarta y se puso a leer sobre el efecto fotoeléctrico (85), ignorando olímpicamente a sus amigas. Tuvo que pasar más de una media hora para que Lita se atreviera a preguntarle sobre lo que había ocurrido en el motel. Para su sorpresa, Amy bajó el libro y le respondió con una sonrisa en la cara.

—Fue genial —dijo, sin rubor ni nada parecido—. Ryo (86) fue muy gentil conmigo, no se apresuró y tomó todas las precauciones. Incluso se ofreció a dejarme a mi departamento. Admito que al principio fuimos un poco torpes, pero con el tiempo nos acostumbramos y se convirtió en una experiencia que no voy a olvidar nunca.

Y eso fue todo lo que pudieron sonsacar de Amy. Aparentemente, a ella no le gustaba mucho ahondar en los detalles, por mucho que Mina y Lita quisieran saber más sobre el asunto. Serena era la única que no hacía ninguna pregunta, por razones obvias, y Rei prefería no saber mucho. Quería experimentarlo por su propia cuenta, pero cuando tuviera más de dieciocho años. Pensaba que Amy había sido demasiado impulsiva, cosa que nunca había sido propia de ella. Temía lo que pudiera ocurrirle si seguía con esa idea de experimentar cosas sin ninguna mesura.

Sin embargo, para alivio de Rei, no hubo consecuencias imprevistas de lo que había hecho Amy. Al parecer, sí había ido al ruedo con plena conciencia de lo que arriesgaba si no hubiera sido prudente. Tres días después de su estancia en el motel, Amy se había hecho tres pruebas de embarazo, las cuales resultaron negativas. En cuanto a Serena, ella ni siquiera se había molestado en hacerlo, aunque Darien se lo había repetido en innumerables ocasiones. Una semana había pasado desde la derrota de Polaris, y, aparentemente, el catorce de febrero había llegado tarde, porque hasta a Luna se le podía ver de forma más frecuente con Artemis. La única que parecía no tener éxito en el amor era Mina. Rei había tenido un encuentro con un chico, sin llegar a ser algo íntimo, y Lita imitó la experiencia de Amy, incluso en las precauciones. Como el lector se podrá imaginar, Mina tenía un humor vesubiano cuando Saori y Violet llegaron a la casa de Rei. La dueña de casa no podía imaginarse el propósito por el cual ambas habían decidido visitarla, pero Saori aclaró sus dudas.

—Ustedes no saben mucho de mí, así que Violet pensó que debía contarles mi historia —dijo, y Rei entendió. La verdad, ninguna de las Inner Senshi sabía mucho de Saori, o de Sailor Silver Moon, y cuando le planteó la idea a las demás, ellas se mostraron interesadas en oír la historia de Saori. Lita decidió que el cuento sería más disfrutable si preparaba unos panecillos dulces, junto con un poco de jugo.

Cuando todo estuvo listo, las siete se reunieron en la sala de estar. Rei tuvo que buscar más asientos para las dos personas extra, y Lita trajo los panecillos, dejándolos en la mesa de centro.

—Bueno —dijo Saori, carraspeando—, no soy muy buena para contar historias, pero aquí voy.

Planeta Nimbus

Aurora había acabado con los preparativos para realizar la primera parte de la segunda etapa del plan. La idea era inyectar sangre de Sailor Alpha en uno de los cadáveres de los Generales, y luego exponerlo al intenso campo electromagnético del planeta.

—¿Y qué pretendes conseguir con eso? —preguntó Anorus, quien había escogido permanecer con Aurora para ser testigo de sus experimentos—. La sangre de Sailor Alpha no va a revivirlos.

—No. No lo hará. —Aurora decidió que Anorus merecía saber más de su plan, por lo que continuó—. No espero que entiendas qué es lo que quiero lograr con estos cadáveres, pero si quieres venganza por la muerte de Alysia, entonces quédate. Puedes ser muy útil.

Anorus no dijo nada más. Se cruzó de brazos, contemplando cómo Aurora metía una jeringa en el cuello del cadáver de Sailor Alpha, la que se llenó de una sustancia plateada, se puso de pie, se inclinó delante de uno de los cuerpos de los Generales, y le inyectó la sustancia plateada en el brazo. A continuación, Aurora, tomando el cuerpo intervenido, lo llevó a una especie de brazo mecánico, lo amarró a uno de los extremos, y extendió el brazo hacia afuera de la isla flotante en la que se encontraba parada.

—Ahora solamente hay que esperar a que el entorno haga su trabajo —dijo Aurora, tomando asiento sobre el suelo, pero Anorus permaneció de pie, mirando a la mujer con curiosidad.

—¿Cuál es tu objetivo final? —preguntó Anorus, quien había estado pensando sobre la forma en que podía ayudarle a vengar la muerte de Alysia—. Porque no creo que inyectando sangre de una Sailor Senshi muerta pueda solucionar algo.

—Puede parecerte raro, pero estoy tratando de encontrar una alternativa para las Sailor Senshi —dijo Aurora, observando una tormenta que se acercaba bastante rápido a su posición—. Después de la muerte de Alysia, me di cuenta que las Sailor Senshi son el problema de este universo. ¿Has escuchado alguna vez sobre las Sailor Guerras?

—Algo.

—Bueno, cada vez que hay un conflicto entre Sailor Senshi, gente inocente paga el precio —dijo Aurora con un poco de saña en su voz, y Anorus lo notó—. No hay forma de evitar que ellas se peleen entre sí. Es parte de su naturaleza. Siempre habrá una que buscará ser más poderosa que el resto, y siempre habrá quienes se opongan. En este caso, es Sailor Galaxia la que tiene esos deseos de poder. Ella mató a Alysia, y seguirá matando hasta obtener lo que quiere. Las demás no querrán vivir bajo ese miedo, y pelearán por librarse de ella. Esas son las Sailor Guerras, a grandes rasgos.

—Y tú quieres poner fin a esas guerras… erradicando a la causa del problema —dijo Anorus, entendiendo rápido las intenciones de Aurora—. Pero, ¿no estarás haciendo lo mismo que esa tal Sailor Galaxia? ¿No estarás cambiando a una mujer sedienta de poder por otra?

—En absoluto —repuso Aurora, sonriendo al ver que la tormenta se acercaba cada vez más—. Mi objetivo no es el poder. No quiero ser igual a Sailor Galaxia. No voy a matar a ninguna Sailor Senshi con lo que pretendo hacer. Solamente les robaré lo que les hace ser Sailor Senshi, convirtiéndolas en personas normales.

Pero Anorus veía una falla muy seria en el plan de Aurora, y no se coartó en decirla.

—Pero, si conviertes a las Sailor Senshi en personas normales, ¿quién defenderá al universo de la gente malvada?

Aurora no dijo nada. Aquella era, precisamente, la parte más importante de su plan. Si todo salía bien, hallaría a las personas más indicadas para defender a la galaxia de las fuerzas del mal, personas que no buscarían matarse entre sí para ser más poderosos.

Verdaderos héroes.

Tokio, 29 de julio de 1992, 06:35p.m.

—No sé si lo habrán notado, pero soy más alta que la mayoría de las mujeres de este planeta —comenzó Saori, y las demás vieron a qué ser refería. Un rápido cálculo de Amy le dijo que Saori debía medir, cuando menos, un metro con noventa y seis centímetros—. Eso pasa por mis orígenes. En los tiempos antiguos, yo era una amazona, una raza ya extinta de guerreras. Nosotras, las amazonas, no somos diplomáticas, pero igual me escogieron para tratar de establecer un vínculo con el reino de la Atlántida, cuando aún se encontraba en este planeta. De ese modo, conocí a la reina Serenity, y me sorprendió que hubiera otro lugar donde las mujeres fuesen quienes gobernaban. Sin embargo, a diferencia de nuestro hogar, no solamente había mujeres, sino que también hombres. Nosotras, las amazonas, conocíamos a los hombres solamente por los cuentos, y ninguna de nuestra raza había visto uno en su vida. Allí fui testigo que, en la Atlántida, las mujeres necesitaban de los hombres para multiplicarse. Nosotras teníamos otro método, uno que no involucraba interacción directa entre nosotras, aunque podíamos hacerlo a modo de diversión, o de no querer permanecer sola el resto de la vida.

—Espera un momento —dijo Rei, alzando la mano—. ¿Ustedes… eran lesbianas? ¿Todas ustedes?

—No todas, ¿de qué mierda hablas? —repuso Saori con un pequeño gruñido, y Rei se quedó callada—. Sin embargo, en mi hogar era fácil para una mujer enamorarse de otra. Nadie decía nada, nadie daba chácharas de una hora argumentando por qué dos mujeres no podían estar juntas. Bueno, cuando fui entablando vínculos con la reina Serenity, me fui dando cuenta que ella no era una persona que buscara la guerra, ni que le gustara emplearla para resolver conflictos. También vi que la Atlántida era un reino tecnológicamente más avanzado que el nuestro, y fue en ese momento cuando vi un potencial camino para formar una alianza entre nuestros reinos.

—¿Y cuál fue ese camino? —preguntó Serena con la voz velada, porque tenía dos panecillos en la boca, lo que le hizo ganarse la mirada reprobatoria de las demás.

—Deberías dejar de comer tanta mierda —dijo Saori, y Serena tragó el contenido de su boca en segundos—. Como sea, le ofrecí protección a cambio de tecnología. Al principio, ella se rehusó a aceptar mi propuesta, porque no veía la necesidad de protegerse de nadie, pero, después de insistirle, ella accedió, pensando en que sería una buena decisión a futuro. Pero ella no quería que fuese un simple guardaespaldas. Recuerdo que se ausentó por varios días, al cabo de los cuales, regresó con un medallón en su mano. Es el mismo que tengo colgado en mi cuello.

Las demás vieron que en el medallón había una nube, detrás de la cual había varias líneas horizontales, las que representaban corrientes de aire. Amy dedujo que eso era lo que le permitía transformarse en Sailor Silver Moon.

—La reina Serenity quería que yo fuese lo que ella llamó una Sailor Senshi, un nuevo tipo de guerrera que empleaba poderes mágicos en lugar de agresión convencional para enfrentar a sus enemigos. Si yo aceptaba, la reina iba a compartir su tecnología con las amazonas. Como bien saben, acepté el trato, y la reina cumplió con su palabra. De la noche a la mañana, ya no éramos una raza de bárbaras. Pero eso no duró, porque un grupo de personas quería que la reina compartiera un objeto de inmenso poder con el resto de la población.

—El Cristal de Plata —dijo Amy, y Saori asintió con la cabeza.

—El deseo por el Cristal de Plata fue tal que estuvieron dispuestos a morir por obtenerlo —continuó Saori, notando que se había ganado la atención de las demás—. Sin embargo, la reina Serenity confió en que no podrían robar el Cristal de Plata, y no me permitió actuar, hasta que fue demasiado tarde. Un grupo de disidentes consiguió infiltrarse en el palacio y robó el Cristal de Plata. Cuando la reina Serenity supo lo que había ocurrido, me envió para recuperarla.

Serena recordó la ocasión en que fue a la luna y escuchó al eco de la reina Serenity hablar de todos esos asuntos, pero la narración de Saori le otorgaba otro nivel de verosimilitud a lo que le había dicho su verdadera madre.

—Para cuando recuperé el Cristal de Plata, los sabios disidentes ya habían aprendido algunas cosas de éste, y se sintieron preparados para atacar el palacio. Meses después del robo, un ejército multitudinario había puesto al palacio en estado de sitio, y la reina Serenity no tuvo más opción que emplear a su ejército para repeler el ataque.

—Pero, ¿no habías dicho que a la reina no resolvía conflictos a través de las guerras? —dijo Lita, quien había desparecido por un par de minutos para traer más panecillos de la cocina.

—No lo hacía, pero ella era lo suficientemente previsora para saber que algún día iba a tener que hacerlo —respondió Saori, tomando un panecillo y dando un bocado pequeño—. Sin embargo, el ejército de la reina Serenity no era numeroso, y habría sido sobrepasado si yo no hubiera intervenido. Con mi ayuda, el ejército disidente fue derrotado, y los sobrevivientes fueron exiliados. Desterrados los llamamos, y fueron conocidos por ese nombre desde ese entonces. Herbert Dixon es un descendiente de los Desterrados originales. Por eso quiere eliminarnos.

El resto de la historia era conocido para las Inner Senshi, porque lo habían escuchado del eco de la reina Serenity. Sin embargo, había algo que ellas no tenían forma de saber, y Saori continuó con su relato.

—Después que el reino se trasladó a la luna, nació la primogénita de la reina. Sabiendo que ella se encontraría en peligro por la creciente amenaza de los Desterrados, me encomendó a que seleccionara a un grupo de cuatro doncellas del reino, las que serían convertidas en Sailor Senshi, para que yo las entrenara y pasaran a ser las guardianas de la princesa de la luna.

—¿Y viste al tipo que dejó embarazada a la reina? —preguntó Mina, aunque Saori no supo si se trataba de curiosidad genuina o de morbo. Al final, escogió responder la pregunta.

—No sé de qué hablas —repuso Saori, dando otro bocado a su panecillo—. Es verdad que un tipo persuadió a la reina a que le mostrara el Cristal de Plata, pero no hubo ningún encuentro íntimo. La reina Serenity se embarazó por su cuenta, como todas las descendientes de la diosa de la luna. Supongo que el Cristal de Plata jugó un papel en eso.

Serena se quedó observando a Saori, reflexionando en sus palabras, y en lo que había dicho la reina Serenity cuando viajó a la luna. Ella había dicho que ese tipo era su padre, pero, según Saori, ella jamás tuvo un padre. No sabía si creerle a Saori o a la reina Serenity, pero después concluyó que Saori había estado en el lugar de los hechos, y era ella quien estaba contando la historia, en cambio, la reina había sido un eco, y fácilmente pudo haberse sentido culpable por el engaño que sufrió, lo que le habría hecho inventar una historia para justificar su desliz.

—¿Estás diciendo que las descendientes de la diosa de la luna tienen hijos sin necesidad de hombres? —preguntó Mina, quien lucía decepcionada. Hasta donde ella sabía, la forma tradicional era mucho más emocionante.

—No lo sé con certeza, pero pienso que es así, porque cuando nació la princesa, le hicieron pruebas de paternidad, y no hubo ninguna coincidencia en absoluto.

Serena, al escuchar eso, entendió que no había ningún riesgo en haber hecho lo que hizo con Darien. Si lo que decía Saori era cierto, entonces era imposible que un hombre la embarazara. Sin embargo, aquello estaba en desacuerdo con lo que le había hecho Diamante, a menos que no fuese exactamente un bebé lo que tuvo dentro de su vientre, lo que tenía sentido, porque ningún bebé conocido podía emitir energía oscura.

—De todas formas, fue en el Milenio de Plata cuando conocí el amor —continuó Saori, dedicando una intensa mirada a Violet, lo que sumió a las demás en confusión—. Fue mientras entrenaba a las Sailor Senshi cuando llegó esta enviada del Reino de Cristal por propósitos diplomáticos. Al principio no me cayó bien, pero después, me di cuenta que tengo una debilidad por las chicas sumisas y amables. Me enamoré de ella, y, hasta el día de hoy somos pareja.

Las chicas, especialmente Serena y Mina, preguntaron quién era esa pareja, y cuando Saori indicó a Violet con una mano, todas se fueron de espaldas.

—¿Estás diciendo que Violet también existía en los tiempos del Milenio de Plata? —preguntó Mina, casi sin voz.

—Por supuesto —dijo Saori, abrazando a Violet, y ella haciendo lo mismo con Saori—. Pero no se llamaba Violet, así como yo no me llamaba Saori. Seguramente ustedes deben recordarlo ya. Yo era Andrómeda, y Violet era Perséfone, mi Perséfone.


(84) Hay que recordar que Serena no alcanzó a cumplir los quince años porque murió durante el secuestro de las Inner Senshi por los comandos Delta Force enviados por el almirante Ackerman.

(85) Muchos reconocen a Albert Einstein (un ídolo de Amy) por la teoría de la relatividad, pero hay gente que no sabe que él no recibió el Premio Nobel de Física por eso, sino que por el efecto fotoeléctrico.

(86) Ryo Urawa, Richard por estos lares. Sí, el mismo que tenía un crush con Amy en el capítulo 27 de Sailor Moon. Finalmente obtuvo algo. xD