LXXXVIII
Oscuridad

Tokio, 21 de noviembre de 1992, 04:11p.m.

Para alivio de Rei y las demás, Serena y Darien valoraban lo suficiente a Amy para ir verla al hospital. Sin embargo, habían tenido que esperar al horario de visitas para acudir a la sala donde se encontraba internada. Amy apenas podía abrir los ojos, a causa de los medicamentos, pero, por lo menos, no le habían robado la lucidez.

—Gracias por venir, chicas —dijo, con voz queda, pero sin balbucear, lo que era una buena señal—. En cuanto a esto, fue mi culpa lo que me pasó. Fui por Herbert Dixon, sin un plan, sin ser yo misma. Si no fuese por Saori, no les estaría contando todo esto.

—Lo que no entiendo es qué hizo que quisieras matarlo —dijo Rei, llevándose una mano al mentón, ponderando un montón de posibilidades por las que Amy querría la muerte de Herbert Dixon—. No te ha hecho nada serio.

—Te equivocas —dijo Amy, mirando a Rei directamente a los ojos—. La información que Saori les mencionó… tenía que ver con mis padres… los verdaderos.

Las chicas y Darien fruncieron el ceño ante la revelación.

—¿Tus verdaderos padres? —inquirió Mina, sin entender.

—Bueno, me refiero a mis padres biológicos —aclaró Amy, pero eso hizo que el misterio fuese aún mayor—. Mis padres biológicos se llaman Darren Church y Moira Lewis, y fueron asesinados por Herbert Dixon en 1977. Según la información que me llegó por correo electrónico, ellos sabían demasiado sobre los planes de Herbert Dixon, y él hizo control de daños. Mi madre adoptiva me ocultó la verdad para que no fuese demasiado traumático para mí. Pero hizo las cosas peor.

Serena y las demás miraban a Amy con lástima. A ninguna de ellas le habría gustado que sus propios padres le ocultaran que no fueron ellos quienes las engendraron. La lógica dictaba que aquello no debería tener un impacto emocional tan alto, pero el hecho era que sí tenía un costo emocional elevado, más de lo que debería (104). De todas formas, la lógica convencional no se aplicaba a cosas tan complejas y tan dependientes del entorno como las emociones.

—Lamentamos haberte preguntado eso —dijo Rei, bajando la cabeza, pero Amy la tranquilizó, ofreciéndole una sonrisa.

—Era necesario sacarme de eso de la cabeza —dijo Amy, acomodándose en la cama, haciendo una pequeña mueca de dolor—. Me permite pensar mejor en las cosas que hice, y en los errores que cometí. Pero sigo sosteniendo que mi madre debió haberme dicho antes sobre mi pasado.

—Todas estamos de acuerdo en eso —dijo Mina, sonriendo.

—Solidarizamos contigo —añadió Lita, tomando suavemente el hombro de Amy.

Rei no dijo nada, pero carraspeó de forma muy sonora, y Amy captó la indirecta de inmediato.

—Serena —comenzó ella, mirándola con una mirada suave, dándole a entender que no iba a ser una rival en esa conversación—, ¿por qué no quieres volver a pelear como Sailor Moon? Los collares ya no son un problema, porque Saori y Rei deshabilitaron el centro de control. ¿Cuáles son tus razones para no volver?

Serena quedó en silencio por un rato, no porque estuviera pensando en la respuesta, sino porque no le gustaba hablar del tema. No obstante, estando las demás presentes, y, por supuesto, Darien, no podía no responder. Habló, no sin cierto pesar en su voz.

—No es solamente por los collares —dijo Serena con pesadumbre, y las demás la miraron con pena, pues sabían que estaba sacando fuerzas de flaqueza para decir esas palabras—. Es por lo que hay detrás de los collares. Es obvio que hay mucha gente que no quiere que nosotras seamos las guardianas de la paz en el planeta. Estaban más preocupados de las vidas perdidas y el costo financiero de los destrozos que hemos causado en nuestras batallas. No nos iban a dejar actuar si hacerlo implicaba pérdidas humanas y económicas. No estoy diciendo que todos los seres humanos sean iguales, pero son los gobiernos, las personas con dinero y poder, las que rigen este mundo, y sus prioridades no son las mismas que las del resto de la gente, y harán lo que sea necesario para imponer sus prioridades, y hacerles creer a todos que el mundo no nos necesita, y tenerlos a todos bajo control. A veces pienso que la humanidad debería perecer, porque se merece, y de largo, todo lo que le ha ocurrido. Somos inmaduros, irresponsables, sedientos de poder y dinero, y no prestamos atención a las cosas que realmente importan: la fraternidad, la cooperación, la amistad, el amor y la libertad. En este mundo, si esas cosas no dan beneficios tangibles, no se persiguen.

La sala completa quedó en silencio, desconcertadas por las palabras de Serena. Ninguna de ellas podía creer lo bien que había retratado ella a la humanidad en su conjunto. Solamente alguien que viese las noticias todos los días podía hacerse una idea de lo que la humanidad era, y de adónde iba a parar si seguían con ese camino de autodestrucción. Era como si el sacrificio de Sailor Silver Moon no hubiera hecho nada para realmente cambiar el mundo.

—Tienes razón, Serena —dijo Amy suavemente—. En todo. Los seres humanos han pavimentado su propio camino hacia la extinción. Pero ese es, precisamente, el motivo por el que debes ponerte de pie, y mostrarles a los seres humanos el verdadero camino hacia un futuro libre de todos los males que aquejan a la humanidad. Eres tú quien debe liderar la carga contra el mal. Tú eres quien debe mostrar que los gobiernos están mal, y que su avaricia y ambición no tienen lugar en el mundo que quieres construir. Créeme, Serena, que el mundo necesita desesperadamente de Sailor Moon en este momento. Tú eres la luz de este planeta, siempre lo has sido. No permitas que unos simples políticos te encadenen a la desesperación. Nosotras tampoco lo permitiremos.

—No tienes que rendirte, Serena —añadió Rei con fuerza inusitada—. Eso es lo que quieren los políticos: probar que nosotras somos débiles solamente por ser mujeres, que somos demasiado emocionales para proteger a la humanidad. ¿Es eso lo que quieren que piensen? ¿Vas a permitir que el resto de los humanos piense igual? Pues si lo haces, recién en ese momento vas a conseguir que no quieran que los protejamos.

Serena no dijo nada por un par de minutos. Bajó la cabeza, mirando al piso, como si tuviera un peso enorme en sus espaldas. Pese a que tanto Amy como Rei tenían razón en sus palabras, actuar en consecuencia no era tan fácil. Por primera vez desde que Luna llegó a su vida, se sentía una chica realmente libre de hacer lo que se le venía en gana. Poco importaban las maquinaciones políticas o los enemigos que venían de otras dimensiones o del espacio exterior. También había que añadir que su relación con Darien iba mejor que nunca. No pudo haber encontrado un mejor hombre para ella, pues él se preocupaba por su bienestar, la invitaba todos los días a su casa, le preparaba las comidas que quería, y cuidaba de ella cada vez que caía enferma. Realmente no quería perder todo eso, no por salvar a una humanidad que posiblemente ya no creía en ella. Lo único que le molestaba de su nueva condición de chica normal era ver que sus compañeras de colegio tuvieran como única motivación ser una excelente ama de casa. Cada vez que les preguntaba a sus compañeras por qué no aspiraban a más, ellas respondían que eso era lo que la sociedad esperaba de la mujer actual. De nuevo, era como si Sailor Silver Moon jamás hubiese pisado el planeta.

Sin embargo, en ese preciso momento, aquel malestar se multiplicó como fuego entre pasto seco en su corazón. Fueron sus propias palabras anteriores las que le hicieron darse cuenta de que estaba en manos de ella misma poner fin a aquellas creencias. Tenía que demostrar que una mujer era tan capaz como un hombre de luchar por los suyos. El deseo de querer ser más que una simple chica de quince años que iba a la secundaria volvió a llenar su ser. Amy y Rei lo habían dicho: no podía permitir que la política dictara el futuro de no solamente los seres humanos, sino que de todos los habitantes del planeta, fuesen animales o plantas.

—Tienen razón —dijo Serena, alzando la cabeza y mirando a las demás con un nuevo brillo en sus ojos, uno que jamás habían visto en sus vidas—. Dejarme pisotear por los políticos de este mundo fue el peor error que he cometido desde que me convertí en una Sailor Senshi. Nunca más voy a bajar la cabeza ante personas que quieran subyugarme. Haremos lo que necesitamos hacer para salvar a este mundo, y mostrarles que hay un mejor camino que el control y la desesperación.

—Eso es lo que queríamos escuchar —dijo Rei, mostrando una expresión de aprobación. Lita, Mina y Amy sonreían. Darien, por otro lado, miraba a Serena como si fuese la primera vez que la viera apropiadamente. Claro, la Serena que conocía era torpe y llorona, cualidades que nunca le habían molestado. De hecho, le parecían graciosas, y le arrancaban de la rutina académica, que tanto estrés le causaba. Pero ver aquella faceta de ella, más seria y valiente, había aumentado su admiración por su novia.

—Serena —dijo Darien, acercándose a ella y tomándole ambas manos—, pelearé a tu lado. No te he abandonado antes, y no lo haré ahora. Ni ahora ni nunca.

A Serena le brillaron los ojos.

—Oh, Darien.

Las demás se alejaron de Serena y Darien para que tuvieran algo de privacidad. Aprovechando que ambos estaban ocupados dándose un poco de amor, Rei quiso saber más sobre el viaje de Amy a Washington, aunque supiese que no había mucho más que decir.

—Bueno, debo reconocer que tuve una discusión muy fea con mi madre —dijo Amy, poniendo una expresión sombría—. Quería castigarme por faltarle el respeto, pero creo que ella fue quien me faltó el respeto primero al no decirme la verdad.

—Pero Amy —dijo Rei, mirándola con un poco de desaprobación—. Es tu madre. Ella sabrá mejor cuándo decirte que no era tu verdadera madre. ¿No crees que te comportaste mal al irte de la casa sin decir adónde ibas?

—Me comporté mal, pero no es mi culpa que lo haya hecho —insistió Amy, pero en esa ocasión, con la calma de la que gozaba en ese momento, podía pensar con más claridad, más símil a la Amy que todas conocían—. Es la reacción que cualquier persona mostraría en mi misma situación. Además, es común que los adultos subestimen a los jóvenes en algunas cosas. Se ha comprobado que las personas procesan mejor asuntos complicados cuando son más jóvenes, porque los adultos ya tienen muchas ideas preconcebidas en sus mentes, y son menos capaces de adoptar información nueva (105).

Las demás permanecieron en silencio, sabiendo que no tenía caso cuestionar a Amy, especialmente cuando estaba calmada. En ese estado, su mente era la más poderosa de todo el Japón.

—Eso no quiere decir que yo haya actuado bien siempre —dijo Amy, con una voz más gentil—. No debí haberme enojado con mi madre. Después de todo, ella nunca tuvo la intención de mentirme adrede. Su forma de pensar le hizo actuar así, y no es algo de lo que ella sea responsable. Creo que, después de vencer a este enemigo podríamos conversar estos temas.

—¿Por qué está oscuro? —preguntó Darien, y las demás, aparte de percatarse de que ya se había separado de Serena. Rei se acercó a la ventana de la sala, y vio, en efecto, que ya era de noche, pese a que, según su reloj, eran solamente un poco pasado las cinco de la tarde, y, en esa época del año, no debía anochecer hasta dentro de un par de horas después.

—Esta oscuridad no debe ser natural —dijo Amy, tomando su computadora de bolsillo, la que yacía sobre la mesita, arrugando la cara a causa del dolor en su pecho. Hizo unos cuantos comandos, los que le bastaron para comprobar que tenía razón—. Lo sabía. Hay energía oscura afectando la composición de la atmósfera. En lugar de refractar la luz, la refleja hacia el exterior. Debería bajar la temperatura también, a causa de la falta de radiación infrarroja.

—¿Puedes identificar la fuente de la energía oscura? —preguntó Mina, y Amy pulsó otro puñado de teclas. Asintió con la cabeza.

—El punto de origen de la energía oscura se encuentra a un kilómetro de nuestra posición —dijo, mostrándoles el mapa en la computadora—. Justo donde se encuentra esa carpa gigantesca.

—¿El Circo de la Luna Muerta? —preguntó Serena, quien no tenía mucha información sobre el enemigo con el que Sailor Silver Moon ya se había enfrentado en tres ocasiones ya.

—No sabemos cuáles son las capacidades de este nuevo enemigo —dijo Amy, luciendo preocupada—, por lo que necesitamos a todas las Sailor Senshi para pelear contra el Circo de la Luna Muerta.

—Saori ya fue a tratar de convencer a las Outer Senshi para que peleen junto a nosotras —informó Rei, lo que preocupó a las demás. Ellas sabían cómo era Saori, y creían que no era la mejor idea que empleara la agresión para que las Outer Senshi se aliaran a ellas—. Bah, no se preocupen. Hotaru va a hacer ese trabajo. Saori solamente le dirá lo que deba hacer.

—Sí, eso nos tranquiliza mucho —acotó Mina, dedicándole a Rei una mirada de desdén.

—¡Eso no importa! —exclamó Rei, silenciando a todas las demás—. ¡Tenemos a un enemigo que derrotar! ¿Podríamos dejar de discutir, por favor?

Ninguna de las presentes dijo algo por los próximos dos minutos. Amy seguía obteniendo información sobre el Circo de la Luna Muerta, sus integrantes y su líder, aunque era poco lo que podía encontrar. Ninguno de sus miembros parecía emplear alguna tecnología que ella pudiera aprovechar para obtener inteligencia sobre ellos. Lo único que había logrado recabar provenía de las cámaras de seguridad en las que algunos de sus agentes aparecían. Gracias al examen de las cámaras de seguridad, confirmó que el Trío de Amazonas había sido derrotado por Sailor Silver Moon, pero también supo que había un Cuarteto de Amazonas, y que ellas eran más fuertes y hábiles. En cuanto las vio en acción a través del registro de una cámara de seguridad, Amy frunció el ceño.

—Esto es muy extraño —dijo, lo que llamó la atención de las demás.

—¿Qué encontraste? —inquirió Mina, interesada en la información que había hallado Amy.

—Mi computadora de bolsillo registró varias señales de radiación sigma justo en el momento en que apareció por primera vez el Cuarteto de Amazonas —repuso Amy, pero supo de inmediato que ninguna de las presentes tenía idea de lo que eso significaba, por lo que decidió explicarse—. La radiación sigma solamente la emiten personas que son Sailor Senshi.

—Saori dijo que ellas habían aparecido por primera vez en la casa de Serena —dijo Rei, recordando los noticieros del incendio en la casa de su amiga—. ¿No será que detectaste la señal de Serena y Rini?

—No —dijo Amy, negando con la cabeza—. Los collares impedían que yo detectara lecturas de radiación sigma en Serena y todas las demás afectadas por la ley Kobayashi. Ese día, detecté cinco focos de radiación sigma. Una era de la Rini. Las demás solamente podían provenir del Cuarteto de Amazonas. Eran las únicas personas en la casa, aparte de los padres de Serena.

—¿Estás diciendo que esas mocosas son, en realidad, Sailor Senshi? —quiso saber Lita, sorprendida por la información que había desenterrado Amy.

—No dije eso —aclaró Amy, y las demás le prestaron más atención—. El que emitan radiación sigma no significa necesariamente que sean Sailor Senshi. Digo que ellas tienen el potencial para convertirse en Sailor Senshi. Piénsenlo. Si podemos hacer que ellas dejen de trabajar para el enemigo, podrían ser nuestras aliadas.

—¿Y cómo diablos vamos a hacer eso? —preguntó Rei, pensando que el plan de Amy era una completa y soberana locura—. Son nuestras enemigas. Yo pienso que deberíamos acabar con ellas lo antes posible.

—Rei, piénsalo —dijo Lita, quien muchas veces intercedía a favor de Amy—. Mientras más seamos, mejores oportunidades tendremos para ganar la batalla que se nos viene encima. Yo pienso que vale la pena el riesgo que seguramente deberemos correr.

—Si ellas pueden convertirse en Sailor Senshi, no podemos asumir que siempre pelearán en contra de nosotras —intervino Serena, mirando por la ventana, notando que la oscuridad allá afuera se hacía cada vez más densa—. No podemos pensar siempre en destruir a nuestros enemigos, si hay una posibilidad de que haya siquiera un rayo de esperanza al que aferrarse. Hay que derrotarlos de forma permanente solamente cuando no hay otra solución.

Ninguna de las chicas dijo algo por otro par de minutos, mirándose entre ellas, como tratando de buscar consenso sin usar las palabras. En realidad, Serena creía que las Sailor Senshi eran guerreras que siempre luchaban por el bien, y que protegían la paz en el mundo, y en el resto del sistema solar. Tendría que pasar un año y medio para que se diera cuenta que estuvo equivocada todo el tiempo.

—Es tu decisión, Mina —dijo Serena, y Amy, Lita y Rei asintieron con la cabeza. Mina se quedó en silencio, llevándose las manos al mentón. Normalmente, aquello no sería una asunto difícil de zanjar, pues eran tres contra dos (Mina también era partidaria de acabar con el Cuarteto de Amazonas). Pero también consideraba que el riesgo de hacer que el enemigo dejara de serlo era demasiado alto para el posible beneficio. Por otro lado, si el Cuarteto de Amazonas era tan fuerte como Rei decía que eran, podrían ser una ayuda que inclinaría la balanza a su favor. Considerando todos esos factores, Mina decidió que el beneficio era superior al riesgo.

—Seguiremos el plan de Amy —sentenció Mina, y las demás volvieron a asentir en señal de aprobación. No obstante, había un último problema que solucionar, y no había que buscarlo más allá del estado de salud de Amy—. Por cierto, ¿no hay una forma de hacer que Amy sane más rápido?

—Déjamelo a mí —dijo Serena, alzando ambos brazos al techo, disponiendo sus manos como si sostuviera un objeto invisible en sus manos—. ¡Metamorfosis lunar, acción!


(104) Hay estudios que apuntan a que los hijos que son adoptados presentan diversos grados de rechazo hacia los padres adoptivos a causa de lo que se llama "memoria implícita", que es distinta de la memoria explícita, que es el clásico recordar que todos conocemos. Dado que la memoria explícita no se desarrolla hasta después de dieciocho meses después del parto (razón por la que nos es imposible recordar cuando nacimos), la memoria implícita, que comienza a funcionar antes que la memoria explícita, registra la separación entre el bebé y sus padres biológicos. El niño no es consciente de este tipo de memoria, pero puede llegar a ser un factor decisivo en la aceptación o rechazo por parte del niño hacia los padres adoptivos.

(105) Hay estudios que indican que la mente de una persona se va "solidificando" conforme pasa el tiempo. La mente de los niños es más adaptable y maleable que la de los adultos, porque es muy temprano aún para tener ideas preconcebidas que afecten a la forma en que procesan determinados tipos de información. Ideas preconcebidas hay de muchos tipos, como estereotipos, prejuicios, creencias religiosas, ideas políticas, etc.