XCIV
Conflictos, Parte 3
Plutón, a 7.375 millones de kilómetros de la Tierra, miles de años atrás.
Sailor Pluto custodiaba desde la Estación Caronte (110) el extremo del sistema solar, pero sin prestar demasiada atención. Su mente estaba dividida en dos: por una parte estaba su misión, por la otra, sus sentimientos por el príncipe de la Tierra. Sailor Pluto recordaba ese momento como si fuese el día de ayer, y se había asegurado de que quedara en su memoria para siempre.
Por supuesto, no fue amor a primera vista. Sailor Pluto no era como las demás Sailor Senshi del sistema solar. Ella era más madura que sus compañeras, y su forma de expresar sentimientos podía ser más sutil. La cuestión era que, pese a que ella era más atractiva, más madura, más seria y se expresaba mejor, el príncipe de la Tierra seguía prefiriendo a la princesa de la luna como pareja. Por alguna razón, Sailor Pluto sabía que la princesa Serenity se veía en secreto con el príncipe Endimión, y la reina Serenity no.
Pese a que debía prestar más atención a las amenazas externas, Sailor Pluto se puso a explorar las diversas líneas temporales, para ver si en una de ellas el príncipe se quedaba con ella. Con el poder del tiempo de su lado, vio que la única forma en que podía tener una posibilidad de capturar el corazón del príncipe de la Tierra era revelando a la reina Serenity el romance que ocultaba su hija, pero sin que Endimión supiera quién había descubierto el secreto.
Con eso en mente, viajó al Milenio de Plata, y, usando un disfraz, solicitó una audiencia con la reina Serenity, la que le fue concedida. Así, Sailor Pluto llegó al salón del trono, y le comunicó a la reina lo que quería decirle. Sin hacer demasiadas ceremonias, Sailor Pluto se retiró del palacio, y del Milenio de Plata, hacia la Estación Caronte, donde exploró nuevamente las múltiples líneas temporales con los nuevos acontecimientos. Para su regocijo, en todas ellas, Sailor Pluto se quedaba con el príncipe. Pero necesitaba saber si sus acciones iban a tener repercusiones en el futuro cercano y lejano. Le sorprendió darse cuenta que, mientras dialogaba con la reina Serenity, no hubiese considerado el impacto de sus decisiones antes de emprender cualquier cosa. Aquello le causó un retortijón de tripas que nada tenía que ver con la emoción de antes.
Con un miedo súbito, Sailor Pluto avanzó el tiempo hacia el futuro, y vio que la reina Serenity había cortado toda relación con el reino de la Tierra, dejándola a su suerte en una refriega brutal entre los Desterrados y el Reino Oscuro, lo que casi había llevado a la extinción de la humanidad. También vio que, después de décadas de conflicto, los Desterrados y el Reino Oscuro habían llegado a un tregua, en la que habían decidido que el Milenio de Plata era el verdadero enemigo a derrotar. Gracias a esa tregua, ambas facciones combinaron fuerzas, y tomaron por asalto al Milenio de Plata. Las Sailor Senshi fueron derrotadas, y Endimión, convertido en un agente del mal, asesinó tanto a la princesa de la luna como a la reina Serenity, apoderándose del Cristal de Plata, transformando el Milenio de Plata en el Imperio del Eclipse.
Sailor Pluto vio, con tristeza y repudio por sí misma, que nadie salió al auxilio de la Tierra y la luna, y que ambos reinos se habían convertido en baluartes de la maldad para toda la Vía Láctea.
Sin embargo, mientras veía cómo los eventos se precipitaban hacia la total corrupción de la galaxia, Sailor Pluto vio un triángulo dorado dominar su visión, eclipsando los portentos de destrucción que sus acciones habían causado. Luego, el triángulo brilló con más intensidad que antes, devolviéndola a la realidad, acompañada de unas palabras que sonaban ad infinitum en su cabeza.
No cometas los mismos errores que yo, o el ciclo se volverá a repetir.
Sailor Pluto yacía inconsciente en el salón de los espejos, sin su tiara en la frente, sino que con un triángulo dorado brillando débilmente.
Tokio, 24 de mayo de 1992, 02:41p.m.
Michiru caminaba por un parque, pensando en su próximo concierto musical, y en la buena relación que tenía con Haruka. Debía admitir que todo eso parecía formar parte de un sueño, porque nada parecía salir mal. Incluso el clima conspiraba para que se sintiera más feliz de lo que se había sentido en años.
Eso, hasta que vio a Haruka en ese mismo parque, dialogando animadamente con Serena. Uno podría pensar que aquello no era para tanto, que verla tan alegre con Serena no era algo del otro mundo, pero Michiru conocía lo suficiente a su novia para no sentirse preocupada por el desenlace de esa conversación. Escondiéndose detrás de unos arbustos, espió el diálogo entre Haruka y Serena, con un retortijón de tripas, el que iba creciendo conforme pasaban los segundos.
—Y bien, ¿qué me dices, preciosa? —preguntó Haruka, mostrando una sonrisa de lado, mientras que Serena parecía tener algo malo con su voz, porque hacía sonidos como de querer decir algo, sin conseguirlo—. Vamos, linda. Me gustaría mucho que me dijeras que sí, de verdad.
Y Serena seguía sin poder hablar. Miraba a Haruka como si estuviera frente a la oferta de su vida, sabiendo que tendría que rechazarla.
Pero no lo hizo.
—Está bien —repuso Serena casi sin respiración, y Haruka le tomó ambas manos. Serena parecía estar al borde del desmayo—. Entonces, ¿nos vemos mañana para nuestra… primera cita?
—No hay ningún problema en que podamos tenerla ahora mismo —dijo Haruka, tomando las manos de Serena con un poco más de firmeza—. Ya estás fuera de clases, y odias hacer la tarea. ¿Qué mejor que pasar el tiempo conmigo? ¿Qué me dices? Te aseguro que valdrá la pena.
Serena se quedó en silencio, aparentemente, pensando en la oferta de Haruka. Pero Michiru, escondida entre los arbustos, sabía que ella no iba a poder rechazar su petición. Cuando se proponía algo, Haruka podía ser irresistible. Lo sabía por experiencia propia.
—Claro, ¿por qué no? —respondió Serena, soltando carcajadas nerviosas y llevándose una mano a la nuca.
Mientras Michiru veía cómo Haruka y Serena se alejaban del parque, Michiru vio cómo sus aspiraciones se alejaban con ambas. No podía creer que ella la hubiera olvidado por completo. Ni siquiera la había mencionado una vez en todo la conversación que escuchó. De repente, se sintió como si lava corriera por sus venas en lugar de sangre, y un zumbido insistente llenó sus oídos, haciendo que su estómago se contrajera. A continuación, fue como si hubiese una criatura desgarrando sus entrañas, haciendo que se sintiera furiosa, más de lo que nunca había estado alguna vez.
Bueno se dijo Michiru, si Haruka puede jugar ese juego, yo también.
Pero, en lugar de buscar alguna chica allá mismo en el parque, decidió hacerlo en la piscina del complejo deportivo. Estaba segura que iba a encontrar a la chica perfecta allá, porque esa chica también frecuentaba ese lugar.
No tuvo que esperar mucho rato en la piscina para que esa chica apareciera. La contemplaba nadar bajo el agua, luciendo como si estuviera en su elemento. Aquello era un punto a favor para ella. Ambas tenían un elemento en común.
Cuando la chica salió del agua, Michiru salió a su encuentro de inmediato. Cuando se puso frente a ella, vio que era un poco reservada y tímida, a juzgar por la forma en que recogió los brazos y miraba al suelo.
—No tengas miedo —dijo Michiru con una voz cálida y sofisticada—. No voy a hacerte daño, si es eso lo que estás pensando. Solamente quiero conocerte.
—Ah, así que era eso —dijo la chica, alzando de a poco la mirada, y vio que sus ojos también eran azules—. Te había visto antes pero… pero pensé que tenías mejores cosas que hacer, y no te molesté.
—Ahora no estoy ocupada —dijo Michiru, con ese mismo tono de voz que estaba haciendo que la mujer frente a ella fuese perdiendo las defensas—. Yo también te había visto antes, pero pensé que no querías hablar con nadie. Me alegra darme cuenta que había estado equivocada todo este tiempo.
—Eres muy considerada —dijo la chica, sonriendo—. ¿Cómo te llamas?
—Mi nombre es Michiru —repuso ella, sonriendo también—. ¿Y qué hay de ti?
—Me llamo Amy —contestó la chica, con un poco de tiento, como si dar su nombre la dejara expuesta y vulnerable, por la razón que fuese—. Me da mucho gusto conocerte, Michiru.
—Lo mismo digo —respondió Michiru, guiñándole un ojo—. Pero no creo que baste con presentarnos, ¿no crees?
—¿De qué hablas?
—¿Tienes algún tiempo libre?
—Acabo de recordar que tengo que estudiar para un examen —dijo Amy, luciendo preocupada—. No sé si tenga tiempo libre.
—Te prometo que voy a ser breve.
Amy se llevó una mano al mentón, luciendo pensativa.
—Tengo que estar en mi casa a las seis de la tarde.
Michiru consultó su reloj de pulsera. La tres y media de la tarde.
—Dos horas serán más que suficientes.
La sonrisa de Amy era elocuente.
—Entonces podemos salir juntas —dijo, mirando a Michiru como si fuese alguna clase de deidad—. Pero no quiero que pienses que somos… bueno… pareja, o algo así.
—No te preocupes por eso —repuso Michiru, esperando aquellas reticencias por parte de Amy—. No haré nada que no quieras hacer.
—Eso es bueno —dijo Amy, sonriendo—. Dame un momento para cambiarme, y vamos.
Diez minutos después, Amy y Michiru caminaban por la calle, rumbo a un restaurante de comida marina (111). Hablaban de temas triviales, pero Michiru se dio cuenta que Amy se iba sintiendo cada vez más cómoda con ella, y se abría a temas más personales de conversación. Veinte minutos la llevaba conociendo, y Michiru ya se había percatado de que Amy era una chica muy inteligente, mucho más que cualquier persona que hubiese conocido alguna vez. Lo otro que había notado (y eso lo agradecía mucho) era que Amy siempre la miraba a los ojos cuando conversaban. Era un gesto simple, pero a la vez, poderoso, porque denotaba que Amy realmente la escuchaba y hacía que sus cosas cobraran relevancia.
Cuando Michiru y Amy doblaron una esquina, se encontraron cara a cara con Haruka y Serena. Esta última lamía un helado como si no hubiera un mañana, y Haruka lucía enternecida por eso. Sin embargo, su expresión cambió a una de desagrado cuando vio a Michiru con Amy.
—¿Qué hace ella contigo? —demandó Haruka, mirando con cara de pocos amigos a Amy.
—Es mi nueva amiga —repuso Michiru con desdén—, a diferencia de ti.
—No sé a qué te refieres.
—¿Ah, no? —desafió Michiru, poniendo los brazos en jarras—. Estuve viendo cómo le proponías salir a Serena, como si te hubieras olvidado completamente de mí. ¿Acaso soy una pintura para ti?
—Pues te veías muy entretenida con esa muchacha —replicó Haruka, olvidándose de que Serena estaba con ella—. No se ve como si solamente quisieras ser su amiga.
—Es lo mismo que puedo decir de ti. No sé con qué derecho te atreves a pisotear nuestra relación de esa forma. Pero no soy intransigente, Haruka. Si quieres seguir siendo mi novia, vas a dejar de jugar con el corazón de esa pobre chica. Porque eso es lo que estás haciendo.
—¿Y cómo puedo saber que no estás haciendo lo mismo con esa muchacha?
—No puedes.
—Entonces tú tampoco sabes qué hago con Serena —dijo Haruka, haciendo un ademán para irse—. Vamos, no sigamos perdiendo el tiempo con gente estúpida.
Pero eso, lejos de calmar los ánimos, los hizo aún más caldeados.
—¿Me llamaste estúpida? —inquirió Michiru, interponiéndose entre Haruka y Serena. Poco le importaba que los transeúntes comenzaran a apiñarse en la vereda, pendientes de la discusión entre Haruka y Michiru—. Quiero que repitas lo que acabas de decir, a ver si te atreves.
—Estás siendo una estúpida en este momento —dijo Haruka, arrugando el entrecejo y crispando los puños—. Ni sabes qué es lo que hay entre Serena y yo. Ni siquiera preguntaste. Siempre es lo mismo, siempre estás asumiendo cosas que no están ni cerca de ser verdad. Me viste con Serena, tomándole las manos, y de inmediato pensaste que te estaba engañando.
—¡Porque eso es lo que las novias hacen! —exclamó Michiru, perdiendo lentamente el control—. —La de veces que hemos hecho lo mismo, Haruka. ¿Qué querías que pensara cuando te vi tomando las manos de Serena?
—Bah, el que tome las manos de una persona no significa nada. Muchas amigas hacen eso, y no se andan cuestionando estupideces. Honestamente, Michiru, creo que te has vuelto paranoica.
—¿Paranoica? —repitió Michiru con incredulidad—. ¿Por creer que me estabas engañando con Serena? Ah, perdóname por pensar eso. Ahora, coquetear con otra persona no es engañar. ¿Sabes qué, Haruka? Tienes complejo de Casanova, saltando de chica en chica, creyendo que todas van a caer ante ti. Tratas a las mujeres como objetos, como un objetivo a alcanzar. ¡Eres patética!
Michiru apenas alcanzó a terminar de hablar, cuando Haruka le propinó una bofetada, con tanta fuerza que la envió al suelo. La mala fortuna quiso que ella cayera con la cabeza saliéndose del perímetro de la vereda, en el momento en que un vehículo doblaba la esquina, causando un desafortunado accidente que, para conmoción de Haruka, acabó decapitando a Michiru.
Ambas despertaron de su pesadilla, respirando agitadamente, lágrimas en sus ojos.
Tokio, 21 de noviembre de 1992, 06:37p.m.
Hotaru caminaba por los pasillos de un hospital, pero le extrañaba que no hubiese personal médico dando vueltas. También le era raro que algunas puertas se cerraran y otras se abrieran por su cuenta, como si alguien invisible estuviera guiándola hacia algún destino desconocido. Sin embargo, Hotaru sabía por qué se encontraba en un hospital en primer lugar.
Subió por unas escaleras, porque los ascensores no funcionaban. Llegó a un pasillo largo, lleno de puertas que se cerraban y abrían en rápida sucesión. Hotaru podía ver a los pacientes en sus respectivas salas, todos ellos durmiendo, pero la ausencia de personal médico persistía. Hotaru no tenía idea de adónde la iba a conducir su camino, pero tenía la desagradable impresión de que no iba a encontrar algo bueno al final de éste. Después de todo lo que le había pasado, le costaba mucho trabajo ser optimista, y la única persona que le hacía más fácil pensar positivo era, precisamente, la persona a la que había ido a ver a aquel hospital.
Cuando llegó a la puerta que le conducía al siguiente tramo de escaleras, ésta se cerró violentamente, y una puerta doble a su izquierda. Cuando atravesó el umbral, vio que se trataba de la única sala en la que había personal médico. Había paramédicos y enfermeros trabajando afanosamente en salvarle la vida a alguien que Hotaru no podía ver. No obstante, al ser la única puerta que se había abierto, asumió que la persona que el personal médico intentaba salvar era Rini. Con un nudo en el estómago y en la garganta, Hotaru se acercó más, escuchando terminología médica que no entendía para nada, pero sí podía percibir el frenesí en la forma de hablar, y eso solamente significaba una cosa.
La vida de Rini se encontraba en peligro.
Dos minutos después, Hotaru escuchó el temido pitido constante que indicaba la ausencia de pulso cardíaco, y sus entrañas se retorcieron dolorosamente. Se acercó aún más, y, entre dos paramédicos, vio la cabellera rosada de Rini, sus ojos cerrados, y su boca entreabierta. La visión dejó a Hotaru helada, y temió que su corazón también dejara de latir a causa de la conmoción. Cada vez que sonaba el desfibrilador, sus entrañas se retorcían más aún, pensando en que el siguiente shock iba a traerla de vuelta.
Sin embargo, después de siete shocks, Hotaru comprendió, con el corazón encogido, que Rini no iba a regresar. Cuando el médico anunció la hora de la muerte, fue como si todo su cuerpo se congelara. No podía mover un músculo. No era consciente de la lágrimas que rodaban por sus mejillas. Luego, venían, como siempre, los remordimientos. Si tan solo le hubiera dicho antes lo que sentía por ella. Hotaru, entre lágrimas, se maldecía por no ser más valiente y honesta con lo que había en su corazón.
No estarías sufriendo de ese modo si no fuese por Sailor Silver Moon dijo una voz que provenía desde el frente de su cabeza. De no ser por ella, Rini seguiría con vida, y podrías haber sido honesta con ella sobre lo que sientes.
La sala se fue desvaneciendo en oscuridad, mientras que aquella voz seguía resonando dentro de ella, reemplazando las lágrimas por puños crispados, a la tristeza por la rabia. Para cuando volvió al salón de los espejos, Hotaru tenía el ceño fruncido, buscando con la mirada a la responsable de su miseria.
En ese mismo momento
Sailor Silver Moon había salido del espejo a base de fuerza de voluntad. Alguien había intentado forzarle una pesadilla del momento preciso en que Violet había perdido la vida. No obstante, pese a que la visión había sido debilitante, ella había pasado por muchos momentos difíciles, y la experiencia le había ayudado a sobreponerse a situaciones que la habían reducido a un mar de lágrimas (112). Aunque había salido del espejo con lágrimas en los ojos, Sailor Silver Moon no había tomado la pesadilla como una verdad literal.
Su trabajo, en ese preciso momento, era hacer que sus compañeras volvieran en sí, y convencerlas de que lo que habían visto solamente era una ilusión. No obstante, justo cuando se iba a disponer a hacer su trabajo, se encontró cara a cara con Sailor Saturn. No veía muy bien a causa de la oscuridad, pero el fulgor de sus ojos le dijo que no lucía muy contenta.
—¿Te sientes bien? —preguntó Sailor Silver Moon, sonando preocupada.
De improviso, vio un destello de luz plateada. Si no hubiera reaccionado a tiempo, habría sido atravesada de parte a parte por la alabarda (113) de Sailor Saturn.
—¿Pero qué mierda te pasa? —demandó Sailor Silver Moon, sosteniendo la hoja de la alabarda con ambas manos, gruñendo a causa del esfuerzo.
—¡Tú la mataste! —exclamó Sailor Saturn, con la voz ronca, empujando con todas sus fuerzas—. ¡Sabías lo que yo sentía por Rini, pero a ti no te importó! ¡Vas a pagar por lo que has hecho!
Sailor Silver Moon comprendió, a partir de las palabras de Sailor Saturn, que había tomado la pesadilla como verdad, al igual que el resto de sus compañeras. Pese a que no quería pelear contra ella, comprendió que debía hacerlo de todos modos. Debía ganar tiempo para convencerla de que lo que había visto no era real.
Lo que Sailor Silver Moon ignoraba, era que había otra Sailor Senshi que había pasado la prueba de las pesadillas.
(110) En el manga, las Sailor Senshi poseían estos lugares en sus planetas guardianes, llamados castillos, cuyos nombres venían del satélite natural principal de cada planeta (a excepción de la Tierra). Como Mercurio y Venus no poseen satélites naturales, los castillos de sus respectivos planetas tienen los nombres de los satélites artificiales que llegaron a esos dos planetas. En este fic, tomaré esta idea de forma general, pero llamaré "estaciones" a los castillos por razones creativas, y sus nombres serán parecidos, y no siempre concordarán con lo expuesto en el manga.
(111) A Amy le encanta la comida marina. No es algo que me sorprenda, en realidad.
(112) Ver el capítulo 31 de "Lo que hay detrás de la cortina".
(113) Algunos fans dicen que la alabarda de Sailor Saturn es, en realidad, una guadaña, lo que guarda cierto sentido, pues ella es la Sailor Senshi del silencio y la destrucción, lo que se asocia a la muerte. Pero, en términos técnicos, es un tipo de alabarda.
