CXV
Las Sailor Guerras, Parte 5

Planeta Utopía, a quince mil años luz de la Tierra

Aurora y Anorus habían llegado a ese planeta porque la última fase del plan lo requería. Los cuerpos habían sido dotados de poderes. El paso que restaba era volverlos a la vida. Aurora sabía que el Cristal de Plata podía desempeñar aquella función, pero dudaba que Sailor Moon cooperara con ella, no con algo que podía acabar con su rol de Sailor Senshi. En lugar de eso, Aurora escogió el planeta Utopía para la última fase del plan, porque era el único lugar en la galaxia donde seres inanimados podían cobrar vida. Por supuesto, también había considerado el Caldero Primordial como una alternativa, pero había escuchado rumores de que ese lugar era muy peligroso en ese momento, debido a que una batalla estaba teniendo lugar.

Las Sailor Guerras se dijo Aurora, crispando los puños. Esto tiene que terminar, de una forma u otra.

La particularidad de Utopía eran sus lagos primordiales, llenos de sustancias que hacían posible la vida. No obstante, no había seres inteligentes en ese planeta, ni siquiera vertebrados. Tal vez el nombre del planeta era demasiado decir, pues una combinación de gravedad extrema y la intensa radiación no permitía que formas mayores de vida proliferaran, al menos en la superficie. Y tampoco había mares profundos en Utopía, pues la mayor parte del agua era subterránea, y afloraba en puntos concretos, como el lago en el que se encontraba Aurora en ese momento. Eso sí, había muchas plantas menores, como pasto, musgos y semejantes, y algún que otro árbol, cuyos troncos eran gruesos, debido a la gravedad.

—¿Y entonces por qué diablos llamaron a este planeta Utopía? —preguntó Anorus, escudriñando la superficie del lago, como esperando ver a una criatura nadadora pululando justo debajo de la superficie—. Se supone que debe ser un paraíso lleno de vida.

—Llamaron así a este planeta porque sus lagos podían despertar a los muertos —repuso Aurora, indicando a Anorus a que le ayudara con los cuerpos, pues, a causa de la gravedad, pesaban más que de costumbre. Incluso ella tenía problemas para moverse—. Si esa no es la utopía máxima, entonces no sé qué podría serlo.

—Bah —dijo Anorus despectivamente—. Entonces esos idiotas no conocen la definición de utopía.

—¿Y consideras que eso es importante ahora? —le regañó Aurora, pero Anorus no dijo nada—. Ayúdame con esto, ¿quieres?

Anorus seguía sin decir nada, pero ayudó a Aurora a acarrear los cuerpos hacia el borde del lago. Era un trabajo arduo, y las pieles de ambos brillaban con sudor cuando acabaron con la faena. Los cuatro cuerpos descendieron hasta el fondo de la orilla del lago, donde permanecieron inertes. Solamente sus cabellos se movían a causa de las suaves corrientes lacustres.

—¿Cuánto tiempo deberemos esperar para que los individuos revivan?

—Es un proceso lento —contestó Aurora, suspirando en señal de resignación—. Tomará dos años como mínimo. Lo bueno es que no tendremos que esperar en este mismo planeta todo ese tiempo. Nadie vendrá aquí a interrumpir el proceso, porque, seamos francos, nadie sabe cuál es nuestro plan.

—Tu plan —corrigió Anorus.

—Como sea —dijo Aurora, dando media vuelta, sabiendo que había una última tarea que hacer antes de marcharse del planeta—. Busquemos un lugar apropiado para enterrar a Sailor Alpha. Ya cumplió con su deber, y no quiero que su cadáver esté cerca de ningún ser ambicioso, como son los humanos.

Mientras buscaban un buen lugar, Anorus halló curioso que Utopía fuese el último lugar de reposo para una Sailor Senshi antigua, sabiendo la reputación que tenía el planeta.

—¿Y si revivimos a Sailor Alpha?

—No seas imbécil —le reprochó Aurora, mirando a Anorus como si fuese un niño que no supiera que uno más uno era igual a dos—. Las aguas de este planeta no pueden emplearse con seres que posean Sailor Cristales en su interior. El Caldero Primordial ya cumple esa función. Si intentas revivir a una Sailor Senshi aquí, lo único que conseguirás es un zombi, y no necesitamos a ese tipo de seres.

Anorus no dijo nada. Se limitó a acompañar a Aurora a buscar un sitio apropiado para la tumba de Sailor Alpha, y lo encontró junto a un árbol de hojas blancas. Aurora estuvo de acuerdo, y, con mucho esfuerzo, cavaron la tumba. Anorus usó sus poderes para tallar una lápida, la que enterró frente al agujero que iba a ser el último lugar de descanso para Sailor Alpha.

—¿Y qué vas a poner en la lápida? —preguntó Aurora, levemente curiosa por lo que haría Anorus. Al final, puso "aquí yace Sailor Alpha, quien hizo posible un nuevo camino para la galaxia".

—Me parece apropiado, dado todo lo que hiciste con esos cuerpos.

—Realmente necesitas emplear mejor las palabras —dijo Aurora, aunque pensó que, tal vez, no tuviese tanta importancia. Utopía, pese a su nombre, no era un destino turístico, y los seres de la Vía Láctea evitaban ir a ese lugar, por causa de una campaña de desinformación que había tenido lugar hace miles de años atrás. Aurora se sabía la historia completa, pero, en resumidas cuentas, una Sailor Senshi antigua había esparcido el rumor de que las aguas de Utopía convertían en zombis a cualquier persona que se internara en ellas. Aquello era parcialmente cierto, porque eso solamente se aplicaba a personas con Sailor Cristales en su interior. Aparte de todo eso, solamente seres poderosos, como Aurora o Anorus, podían soportar la radiación y la gravedad del planeta. Aparte de todo eso, encontrar el planeta era todo un desafío, pues el campo electromagnético de la estrella madre de Utopía era particularmente intenso, lo que estropeaba cualquier dispositivo de navegación. Había que volar a ciegas, a través de un cinturón de asteroides bastante tupido, para recién aterrizar en el planeta. Aquel cinturón de asteroides había sido un satélite natural de Utopía en algún momento, pero decían los eruditos que una antigua batalla había destruido ese cuerpo celeste, y sus restos orbitaban el planeta desde ese entonces. Aurora sabía que había sido una Sailor Senshi la responsable de la creación de aquel cinturón de asteroides, pero había ocurrido hace tanto tiempo que los detalles se habían perdido en el tiempo.

Aurora tapó el agujero en el que descansaba Sailor Alpha, inclinó levemente la cabeza, y le indicó a Anorus a que partieran del planeta. Dejó un artefacto pequeño frente al lago en cuyo fondo yacían los cuerpos, y se fue del planeta. Anorus la acompañó, mirando hacia abajo, hacia donde se asentaba el último lugar de descanso de Sailor Alpha. De algún modo, el entierro de la primera Sailor Senshi se le antojaba premonitorio, como si aquel hecho dictara el destino de las Sailor Senshi que aún quedaban en la galaxia.

Tal vez Aurora tenga razón sobre las Sailor Senshi. Su tiempo ya pasó. Deben hacerse a un lado para dejar que otros tomen el relevo, personas realmente capaces de proteger a la Vía Láctea del mal.

El centro de la galaxia, a cuarenta mil años luz de la Tierra

Sailor Moon ya no podía contar las veces que se había puesto de pie para pelear en contra de sus propias compañeras. Hasta ese momento, se había rehusado a derramar siquiera una gota de sangre, esperando que su falta de deseos de lucha tuviera algún efecto en sus oponentes, pero ellas seguían siendo implacables. No atacaban todas al mismo tiempo: se turnaban para causarle daño y dolor a Sailor Moon. Había veces en que una de las Sailor Senshi atrapaba a Sailor Moon, y otra la torturaba, ya sea con luz, fuego, electricidad, agua o tierra. Sailor Saturn ya le había causado varias heridas con su alabarda, y las Sailor Starlights la fulminaban con sus ataques.

Después de una dolorosa paliza, Sailor Moon volvió a ponerse de pie, pero sus piernas temblaban y apenas podía crispar los puños. Su uniforme estaba rajado en varios lugares, varios hilos de sangre corrían por sus extremidades y tenía un feo moretón en su ojo derecho, cortesía de Sailor Jupiter. Sin embargo, lo más trágico de todo el asunto era que incluso Tuxedo Mask trataba de causarle el mayor daño posible.

—Por favor… amigas… —imploraba Sailor Moon, pero ellas no eran capaces de entrar en razón—. No me hagan pelear contra ustedes.

—No tiene caso —dijo Sailor Galaxia mientras peleaba contra Sailor Silver Moon—. Ellas son mías ahora. Si quieres liberarlas, tendrás que matarlas… o ellas te matarán, y todo lo que han logrado hasta ahora no contará para nada. ¿Qué decides, Sailor Moon? —Sailor Galaxia dijo estas últimas palabras en un tono burlón, lo que acompañó con una risa estridente que hizo que Sailor Moon se sintiera mucho más empequeñecida que antes, a medida que sus amigas y compañeras la rodeaban, todas adoptando posturas de ataque.

—Se acabó la diversión —dijo Sailor Galaxia, mientras resistía un golpe de parte de Sailor Silver Moon—. ¡Destruyan a Sailor Moon!

Sailor Moon vio cómo sus otrora compañeras se disponían a acabar con ella, sin compasión, sin remordimientos, sin vacilación. Una voz agradable le decía que no valía la pena entablar combate contra ellas, que prefería morir a tener que matar a sus amigas, pero otra voz, que sonaba como Amy, le decía que dejarse derrotar no era la solución, si su misión era acabar con Sailor Galaxia. La voz agradable decía que confiara en Sailor Silver Moon, pero la voz de la lógica le instaba a que tomara el asunto en sus manos, que si no estaba dispuesta a sacrificar, no iba a cambiar nada (143).

No debería tener que matar a mis amigas para vencer a Sailor Galaxia. Debe haber otra forma.

No hay otra manera, Sailor Moon. No siempre las cosas salen como quieres. No siempre puedes acabar con el enemigo sin hacer sacrificios. Eso es lo que jamás has entendido, Sailor Moon. Crees que puedes ganar tus batallas sin matar a nadie, pero eso no siempre es posible.

¡Claro que es posible! Con el poder del amor, todo es posible.

¿Y sientes amor en este momento? ¿De verdad crees que así ganarás, si hasta tu novio te ha dado la espalda? No, Sailor Moon. El poder del amor no es suficiente en esta ocasión. Sailor Galaxia es la encarnación de todo lo que temes y odias. Tienes que superar esos miedos y odios, y la única forma de hacerlo es ensuciándote las manos. No debería ser así, pero no puedes ir en contra de la realidad. Hay seres en este universo que jamás entenderán con las palabras o con las buenas acciones. Esa gente solamente entiende a golpes. ¡Eres una guerrera, Sailor Moon! ¡Actúa como tal!

Pero… pero es que no quiero matar a mis amigas. ¡Las aprecio mucho!

¿Tienes alguna idea de lo que están sintiendo tus amigas ahora? ¿Tienes idea de lo que se siente estar actuando en contra de tu voluntad? ¡Ellas deben estar sufriendo mucho a causa de lo que te están haciendo! Es un suplicio por el que ningún ser en este universo debe pasar. Y hay una sola forma de poner fin a su sufrimiento.

¡No las voy a matar!

Entonces tú vas a morir, y todo por lo que tus amigas han luchado no contará para nada. Si realmente las honras, harás lo que sea necesario para que todo lo que hayan hecho valga la pena.

Sailor Moon espabiló justo cuando las demás Sailor Senshi estaban a punto de atacarla y poner fin a su vida. Tenía solamente fracciones de segundo para reaccionar… y lo hizo, de una forma que le sorprendió incluso a ella misma.

Alzó su cetro hacia el techo, y golpeó el suelo con éste. Inmediatamente, una multitud de rayos plateados brotaron de la cabeza del cetro, dando de lleno en todas las Sailor Senshi y en Tuxedo Mask, atravesándolas, y enviándolas al suelo.

Cuando todo hubo acabado, Sailor Moon se quedó mirando el resultado de su ataque. Todas sus oponentes tenían un agujero en su pecho, de los cuales brotaba mucha sangre. Contemplando sus ojos vacíos de expresión y sus bocas entreabiertas, Sailor Moon se dio cuenta de que había hecho algo terrible, y cayó de rodillas al suelo, llorando a lágrima viva por la muerte de sus amigas, especialmente de Tuxedo Mask. No se atrevía a acercarse a ninguna de las víctimas, por miedo a que su propia conciencia le restregara en la cara lo que había hecho.

El repentino ataque de Sailor Moon también había hecho que la pelea entre Sailor Galaxia y Sailor Silver Moon quedara en pausa. Esta última hervía en rabia por lo que había ocurrido, especialmente porque Sailor Amethyst también estaba entre las víctimas. Sailor Galaxia, por otro lado, no cabía en sí de gozo por lo que había ocurrido. Tan contenta estaba con el resultado del plan de Sailor Dark Mercury que no estaba al tanto que Sailor Mercury ya había despertado.

Sailor Mercury se sacudió la cabeza y, de forma inmediata, activó su visor. Esto hizo que éste transmitiera una serie de comandos a la computadora de bolsillo, y éste a su vez hiciera lo mismo a su brazalete, deshabilitando el módulo de control mental. Suspirando de alivio, iba a recoger su computadora del suelo, cuando vio el reguero de cuerpos tirados sin orden ni concierto en el salón. Había manchas de sangre por todas partes, y vio, con mucha tristeza, los cadáveres de quienes alguna vez fueron sus compañeras. Se quedó un buen rato mirando el desastre, sus visión empañada por las lágrimas, viendo que solamente ella, Sailor Moon y Sailor Silver Moon seguían en pie. Entre todo su dolor, le causó curiosidad que esta última solamente usara la tiara y las botas, hasta que vio su uniforme tirado a unos metros de ella. Tratando heroicamente de darse fuerza, se limpió las lágrimas, y vio en su computadora si aún existía una forma de derrotar a Sailor Galaxia, siendo solamente tres de ellas.

—¿Cómo mierda te atreves a hacerle eso a Sailor Moon? —increpó Sailor Silver Moon a Sailor Galaxia, avanzando hacia ella, con la intención de hacerle el mayor daño posible, aunque aquello no fuese suficiente para vengar la muerte de sus compañeras—. Vas a morir, Sailor Galaxia.

La aludida soltó una carcajada al ver la furia de su contrincante. Sostuvo su espada con más fuerza, elevándola por encima de su cabeza, dispuesta a partir por la mitad a Sailor Silver Moon y terminar con aquella batalla de una vez por todas. Empleó ambas manos para tal propósito, de forma de asegurarse que Sailor Silver Moon no viviera para contar el cuento. Iba a enterrar la espada en su cuerpo, cuando Sailor Silver Moon detuvo la hoja con ambas manos, más fácilmente que la primera vez. Con la fuerza que le estaba dando la rabia del momento, Sailor Silver Moon apartó la hoja a un lado y golpeó a Sailor Galaxia con la fuerza de cien hombres, estampándola contra la pared, dejándola casi inconsciente. Sailor Silver Moon iba a avanzar para tratar de acabar con esa batalla, cuando Sailor Mercury la detuvo.

—¿Qué quieres? —preguntó Sailor Silver Moon de manera brusca, pero Sailor Mercury no pareció afectarle su modo de hablar.

—Es que estoy viendo cosas extrañas en mi visor —respondió Sailor Mercury, mirando con mucha atención los cuerpos de las Sailor Senshi, mientras Sailor Moon seguía arrodillada en el suelo, con la mirada perdida, lágrimas corriendo por sus mejillas—. No sé lo que podrá significar aún, pero, de acuerdo con mis lecturas, los Sailor Cristales de nuestras compañeras siguen en sus cuerpos, porque aún emiten radiación sigma.

—¿Pero qué diablos estás diciendo? —dijo Sailor Silver Moon, mirando en dirección a los cuerpos—. Sailor Moon usó sus poderes para matarlas a todas. Ni Tuxedo Mask se salvó de la maldita tragedia.

Sailor Mercury se quedó helada. Cuando despertó, vio los cadáveres diseminados por todo el salón del trono, pero no sabía qué había ocurrido. Si lo que Sailor Silver Moon había dicho era cierto, entonces había solamente dos posibilidades: o Sailor Moon se volvió malvada, lo que era una posibilidad muy remota, o que Sailor Galaxia hubiera empleado los brazaletes para controlar a sus compañeras, y obligar a Sailor Moon a asesinarlas, lo que era mucho mas plausible. Después de todo, ella misma había estado a punto de caer en la trampa también, de no ser por haber activado su visor justo después de recuperar la conciencia. Sus demás compañeras no tenían forma de tomar medidas para neutralizar el módulo de control mental de los brazaletes. Pudo haberlos deshabilitado de forma permanente, pero el módulo en cuestión había sido integrado en la placa lógica de los brazaletes, junto con los demás componentes, de modo que el conjunto dejaba de funcionar por completo cuando uno o más de los módulos fuese apagado o destruido. Por desgracia, aquellos brazaletes eran el único medio para trasladarse entre cualquier punto de la galaxia hasta el Río del Olvido.

—Ya veo —murmuró Sailor Mercury, quien aún tenía problemas para aceptar que Sailor Moon pudiera ser capaz de asesinar a sus propias aliadas. No podía hacerse el marco mental de por qué ella haría algo así, pues iba tan en contra de su propia naturaleza que había ocasiones en las que pensaba que Sailor Silver Moon estaba mintiendo. Pero luego se dio cuenta que ella no tenía ninguna razón para mentir.

Sailor Silver Moon iba a decir algo, pero sus palabras fueron ahogadas por el repentino acto de Sailor Moon. Ella se había puesto de pie, sosteniendo el cetro con fuerza, con una mirada fulgurante y sus ojos semejaban rendijas. Era la primera vez que ambas veían a Sailor Moon tan enojada.

Un pitido de la computadora de bolsillo de Sailor Mercury hizo que ella pusiera más atención a la pantalla. Había una noticia de último minuto en curso. Pese a que se encontraba a cuarenta mil años luz de distancia, la computadora de Sailor Mercury poseía un receptor CEC (144), lo que le permitía recibir información desde cualquier parte del universo al instante, ignorando los límites relativísticos de velocidad. La noticia era de tal calibre que Sailor Mercury se vio en la urgencia de hacer algo, pero la presencia de radiación sigma en los cadáveres de las Sailor Senshi seguía molestándole. Después de pensarlo un rato, llegó a la conclusión de que Sailor Silver Moon haría un mejor trabajo que ella en la Tierra. La llamó con un gesto de su mano.

—¿Qué quieres?

—Mira esto —le dijo Sailor Mercury, y Sailor Silver Moon miró la pantalla de la computadora de bolsillo, arrugando la cara al ver las imágenes. Algo significativo había ocurrido en la Tierra, algo que requería la intervención de las Sailor Senshi… todas ellas.

—Mierda —dijo Sailor Silver Moon, frunciendo el ceño—. Pero Sailor Galaxia es la mayor amenaza. Tenemos que concentrarnos en derrotarla.

—Deja ese trabajo a Sailor Moon —dijo Sailor Mercury, mirando a la aludida por el rabillo del ojo. Había comenzado a caminar en dirección a Sailor Galaxia, y Sailor Silver Moon vio que su compañera tenía razón—. La gente de la Tierra te necesita. Eres la única que la humanidad ve con buenos ojos. Demuéstrales una vez más que eres la heroína más valiente del mundo.

Sailor Silver Moon no dijo nada. Juzgó que no sería buena idea acudir a salvar a la humanidad en cueros. Cerró sus ojos por un momento, y su uniforme volvió a aparecer. Cogió un par de brazaletes de una de sus compañeras caídas, y Sailor Mercury efectuó unos cuantos comandos en su computadora para que ella tampoco cayera bajo el influjo de Sailor Galaxia. Instante después, Sailor Silver Moon desapareció del salón del trono, dejando a Sailor Mercury sola con Sailor Moon.

Tengo que resolver el misterio de la radiación sigma.

Y mientras tanto, Sailor Galaxia recuperaba la fuerza y se ponía de pie para enfrentar a Sailor Moon.


(143) Aquella frase la dice Armin, de Shingeki no Kyojin, en el arco de la titán hembra. Yo solamente la tomé prestada.

(144) CEC, o comunicación por entrelazamiento cuántico. Actualmente se están haciendo experimentos con este fenómeno, tratando de transmitir información de un lugar a otro de forma instantánea. El entrelazamiento cuántico es un fenómeno en que dos partículas interactúan entre sí de forma inmediata, aún estando a miles de años luz de distancia. Los físicos creen que si hay un vínculo entre ambas partículas, entonces significa que comparten información, pero de una forma que escapa a las teorías relativistas.