CXVIII
Punto de inflexión

Tokio, 27 de octubre de 1994, 04:32p.m.

Los ciudadanos huían hacia los puntos altos de la ciudad, esperando salvarse de los misiles que eran lanzados desde la costa. Varias alarmas sonaban en varios puntos de la urbe, avisando el inminente ataque. La milicia japonesa había sido tomada por sorpresa, pues ninguno de sus radares les había avisado de la llegada de buques estadounidenses. El informe oficial hablaba de una suerte de interferencia en todos los sistemas de detección temprana, interferencia que no fueron capaces de neutralizar, pese a todos sus avances tecnológicos.

Para las cinco de la tarde, toda la costa de Tokio había sido despejada de gente, reemplazada por cañones de largo alcance y muchos soldados. La armada japonesa venía en camino, y, según los reportes, se hallaban a unas ciento cincuenta millas náuticas de la posición de la flota enemiga.

A esa situación se enfrentaba Sailor Silver Moon, parada de pie en la costa, en medio de los cañones y los soldados. Ella había solicitado prestar asistencia de combate, y ninguno de los altos mandos le negó el ofrecimiento (hay que recordar que Sailor Silver Moon era la única que contaba con la aprobación de la gente). No obstante, había otras cinco Sailor Senshi junto a ella. Sailor Silver Moon consideraba afortunado que Sailor Chibi Moon y el Sailor Quartetto no hubieran acudido junto a las demás. Ellas tenían asuntos que solucionar junto con Helios en su reino, y Rini no quería ir a ningún lado sin sus guardianas. Eso hizo que no llegaran a tiempo para ir al centro de la Vía Láctea a pelear contra Shadow Galactica.

—¿Estás lista para lo que viene? —le preguntó Sailor Silver Moon a Sailor Chibi Moon. Ella tragó saliva antes de asentir con la cabeza.

—Nunca he estado en una guerra antes —dijo Sailor Chibi Moon con un evidente temblor en la voz—. El asunto con Black Moon en el futuro no se compara con esto. Ojalá pudiera contar con el poder del Pegaso.

—No necesitas su poder —repuso Sailor Silver Moon, poniendo una mano sobre el hombro de Sailor Chibi Moon, y mostrando una sonrisa tranquilizadora—. Tienes todo lo que necesitas para vencer en esta batalla—. Sailor Silver Moon indicó con el dedo al Sailor Quartetto, quienes miraban a los buques de guerra norteamericanos con cierta desidia—. Y tampoco debes dudar de tu poder personal. Recuerda que eres la hija de Sailor Moon, la auténtica dueña del Cristal de Plata.

—Ella tiene razón —añadió Sailor Ceres, mostrando una sonrisa desafiante—. Somos Sailor Senshi después de todo. Podremos con esto, y con lo que sea que se nos venga por delante.

—Sí —secundó Sailor Pallas, a quien le brillaban los ojos de la emoción—. ¡Esto será muy divertido!

—Sí, divertido mi trasero —dijo Sailor Vesta, arrugando la cara—. Esas armas se ven muy grandes, pero no es nada que no podamos manejar.

—No saben con quiénes se están metiendo —dijo Sailor Juno, crispando los puños.

—Tienen razón —dijo Sailor Chibi Moon, cuyos temblores se hicieron menos constantes, sintiendo que ganaba confianza junto a sus nuevas compañeras—. No tenemos que matar y destruir para ser heroínas. Tenemos que demostrarle a este mundo que podemos salvarlos, que somos capaces de triunfar. Y lo haremos, ¿verdad?

—¡Por supuesto! —exclamó el Sailor Quartetto. Sailor Silver Moon, por otro lado, no dijo nada. Seguía mirando hacia la flota de buques de guerra, notando unos fogonazos a lo lejos, y supo que la batalla había comenzado.

—Entonces no tendrán que esperar más —dijo, crispando los puños y flexionando las rodillas—, porque el ataque acaba de comenzar.

El centro de la Vía Láctea, a cuarenta mil años luz de distancia

—Como te dije, voy a decirte por qué hago esto —dijo Sailor Galaxia, viendo que la princesa no tenía muchas intenciones de escuchar nada de lo que dijese, pero era crucial que lo hiciera, aunque tuviera que hacerlo en medio de una pelea—. Aunque no quieras creerme, hay una amenaza mucho mayor que yo, una que quiere destruir los Sailor Cristales para siempre, de forma que no haya oposición en su plan principal. Hace mucho tiempo, tuve que contender contra ese mal ancestral, y conseguí derrotarla, aunque a un costo demasiado elevado. Perdimos a la Sailor Senshi más poderosa de este universo, pero eso me dio una oportunidad para encerrar a ese ser en el agujero negro que tengo detrás de mí. Tuve que emplear todas mis habilidades para crear un sello en el agujero negro, de forma que ese ser nunca salga de ese lugar.

Pero a la princesa Serenity no le importaban las razones por las que Sailor Galaxia hizo lo que hizo. Todo lo que ocupaba su cabeza, todo lo que podía ver, era la muerte de sus amigas. Era como si esa escena estuviera grabada a fuego en sus retinas, viéndola dondequiera que mirara. Aquello solamente hacía odiar aún más a Sailor Galaxia, y, con una furia candente, se lanzó al combate nuevamente, usando todos sus poderes contra su oponente, y Sailor Galaxia los evadía como podía, pero ella se movía más lento, debido a su proximidad con el agujero negro. Los poderes de la princesa también sufrían los efectos de la gravedad, desviándose hacia el centro del agujero negro.

—Por eso es que no debes matarme —dijo Sailor Galaxia, respirando de forma agitada a causa del esfuerzo—. ¡Si lo haces, el sello se romperá, y habrás liberado al verdadero mal de este universo, un mal contra que el hasta Sailor Alpha no pudo contender! ¡Y tú con mayor razón no podrás vencer!

—¡No me importa! —rugió la princesa Serenity, quien seguía atacando a Sailor Galaxia como si no hubiera un mañana, tratando de hacerle el mayor daño posible—. ¡Hiciste que matara a mis propias amigas! ¡Es todo lo que puedo ver! ¡No me importa que libere al mayor mal de este universo, con tal de que desaparezcas de aquí, Galaxia!

—¡Ni siquiera piensas con la cabeza! —exclamó Sailor Galaxia, parando con sus manos un ataque de la princesa Serenity—. ¡Se supone que eres una Sailor Senshi! ¡Tu deber es proteger a las personas que quieres! ¡Flaco favor le estás haciendo a tu humanidad si me matas! ¡Tus acciones condenarán a todo el universo a su total destrucción! ¡Viniste aquí, con la misión de derrotarnos, sin siquiera pararte a preguntar por qué hago lo que hago! ¡Te conozco, princesa! ¡Es lo que tú habrías hecho, si no hubieras venido en son de guerra! ¡Jamás habría tenido que verme en la necesidad de poner a tus amigas en contra tuya si me hubieras prestado un mínimo de atención!

—¡Tus acciones en el pasado no te hacen ningún favor, Galaxia! —gritó la princesa Serenity, sintiendo que sus brazos ardían a causa de su esfuerzo por hacerle daño a su contrincante—. Trataste de apoderarte de las semillas estelares de todas las personas de la Tierra. ¿Crees que hemos olvidado eso?

—Y reconozco que ese fue un error —admitió Galaxia, con una voz un poco más calmada—. Apoderarme de las semillas estelares no me hace ganar nada. Reunir los Sailor Cristales, sin embargo, es mi forma de asegurarme que ese antiguo mal no tenga acceso a ellas y las destruya. Sé que, en algún momento, ese sello va a fallar, y ese ser va a escapar del agujero negro, pero, con los Sailor Cristales ocultos, no podrá ver su ambición cumplida.

—Pero, si sabes que ese sello se va a romper en algún momento, ¿quién peleará contra ese ser, si no hay ninguna Sailor Senshi que se le oponga?

—Porque no será una Sailor Senshi quien lo haga —dijo Sailor Galaxia, recordando cuando una de sus secuaces le informó que una tal Aurora estaba tratando de crear a unos nuevos guerreros, guerreros que serían mejores que las Sailor Senshi, plenamente capaces de defender a la Vía Láctea de cualquier amenaza—. Alguien en esta galaxia lo ha entendido a la perfección, y yo solidarizo con su plan, por eso la he dejado hacer. De otro modo, ella ya estaría muerta.

La princesa Serenity compuso una expresión de indignación al escuchar las palabras de Sailor Galaxia. Le parecía inconcebible que la supuesta guardiana de la Vía Láctea estuviera cediendo su puesto a unas personas que ni siquiera estaban vivas, si es que sus palabras eran ciertas. No podía permitir que otros seres, de quienes no sabía nada, se ocuparan de reemplazar a las Sailor Senshi.

—¿Qué te has creído al pensar que las Sailor Senshi no somos capaces de proteger a la Vía Láctea? —gruñó la princesa Serenity, con el ceño fruncido y los puños crispados—. ¡Eras la guardiana de esta galaxia! ¡Estás renunciando a tu deber, solamente porque crees que hay otras personas mejor preparadas que tú! ¡Me das asco! ¡Primero haces que yo mate a mis amigas, y ahora dices que ya somos historia! ¡Tú misma te has cavado tu propia tumba, Sailor Galaxia!

—Pues cree lo que quieras —dijo Sailor Galaxia en un tono definitivo—. Yo defenderé el plan de Aurora, porque es el mejor curso de acción para defendernos de lo que sea que venga en nuestro camino, y tú defenderás lo que crees que es correcto. Pero te reitero, princesa, que si cumples con tu cometido, estarás condenado a todo el universo a su extinción. Haz lo que quieras.

Algo en las palabras de Sailor Galaxia hizo que la princesa Serenity hirviera de rabia y, prácticamente con la visión de un caballo de carreras, atacó a su oponente con todas sus habilidades. No era capaz de usar el Cristal de Plata, porque en el corazón de la princesa no había aquello que le daba poder a la gema. Sailor Galaxia, por otro lado, retrocedía lentamente hacia el borde del horizonte del suceso del Caldero Primordial, atacando a la princesa a distancia, tratando de ganar terreno, pero la furia de la princesa le impedía avanzar, y el tirón gravitacional se hizo tan poderoso que Sailor Galaxia ya no podía moverse libremente. Sus brazos y piernas parecían pesar toneladas, y sentía que su cuerpo se estiraba de forma lenta pero sostenida. La princesa aprovechó la oportunidad, y le arrojó una bola negra que dio de lleno en el cuerpo de Sailor Galaxia, empujándola más aún, y ella ya no pudo seguir resistiendo la enorme gravedad que ejercía el agujero negro.

—Ya has… tomado tu… decisión —dijo Sailor Galaxia con voz entrecortada, mientras era arrastrada hacia el disco de acreción del agujero negro, directamente hacia el horizonte del suceso—. Espero que… estés lista… para lo que… viene.

La princesa Serenity vio cómo Sailor Galaxia se internaba más y más en el disco de acreción, lentamente disminuyendo su velocidad, hasta que se detuvo por completo en el horizonte del suceso (148). La princesa Serenity creyó que Sailor Galaxia se había salvado de caer en el interior, pero Sailor Mercury pasó cerca de ella, y vio la escena, frunciendo el ceño.

—Sailor Galaxia ya está muerta —dijo, y la princesa no entendió nada, si la seguía viendo en el horizonte del suceso—. Esa es solamente una ilusión. Ella ya debió haber ingresado al interior. Me imagino que ser desgarrada lentamente por la intensa gravedad debe ser una forma horrible de morir.

—Se lo merece —dijo la princesa, mirando a Sailor Galaxia caer eternamente por el agujero negro—. Me hizo matar a mis amigas. Eres la única que queda con vida, aparte de Sailor Silver Moon.

Sailor Mercury miró el recipiente en el que había recolectado la energía del Caldero Primordial, y luego miró a la princesa.

—Hay una forma de regresarlas a la vida —dijo, pero la princesa ya no miraba a Sailor Mercury, sino que la diminuta Sailor Chibi Chibi Moon flotando delante de ella. Era la única que no se había puesto un brazalete, y, por lo tanto, jamás estuvo bajo el control de Sailor Galaxia. A Sailor Mercury le dio la impresión que ella estuviera observando la situación más que interviniendo en el combate, y aquella sensación cobró más sentido, a juzgar por lo que ocurrió después.

El cuerpo de Sailor Chibi Chibi Moon comenzó a brillar y a crecer de tamaño, hasta que el resplandor cesó. En lugar de una niña, ahora había una Sailor Senshi vestida completamente de blanco. Sus moños, tal como los de Chibi Chibi, tenían forma de corazón, su cabello era plateado, una capa blanca y larga salía de su uniforme, y sostenía un cetro blanco, con una esfera grande en su extremo, coronada con alas blancas. Tanto la princesa como Sailor Mercury jamás habían visto a esa Sailor Senshi en sus vidas, pero no pasaron mucho tiempo en la oscuridad, porque ella se presentó sola.

—Soy Sailor Cosmos —dijo la Sailor Senshi desconocida, y tanto la princesa como Sailor Mercury quedaron igual de perdidas que antes, porque nunca habían escuchado de una Sailor Senshi con ese nombre en algún momento de sus vidas—. Vine a este mundo porque quería entender algo bastante simple: cómo pelear una batalla eterna sin perder la fuerza y el temple en el intento.

—¿Eres del futuro? —preguntó Sailor Mercury, pues la princesa aún parecía tener vestigios de la furia que la había dominado durante su contienda contra Sailor Galaxia.

—Sí —repuso Sailor Cosmos, con una sonrisa triste—. Pero no es el mismo futuro que le espera a la princesa Serenity, o el que le esperaba. Porque yo, en mi tiempo, cometí el mismo error que la princesa, y eso me llevó a pelear una batalla eterna contra un enemigo que es imposible de derrotar. En este momento, existo en dos tiempos diferentes, pero estoy perdiendo el combate lentamente. Estoy perdiendo mis fuerzas de a poco, y solamente es cuestión de tiempo para que mi oponente me venza, y destruya por completo al universo. Pero tienen que entender que lo que estoy combatiendo no es el mal absoluto. Nosotros lo percibimos como el mal, porque tiene intenciones contrarias a las nuestras, pero es una de las fuerzas elementales del universo. Se alimenta del caos, y en este universo, las cosas siempre tienden a ser más caóticas que en el pasado. Nada parece impedir su avance hacia la destrucción total de todo lo que conocemos, y es eso precisamente lo que intento evitar, pero mis fuerzas me están fallando.

—Dijiste que quieres entender cómo pelear una batalla eterna sin perder la fuerza y el temple, y que es por eso que viniste aquí —dijo Sailor Mercury, llevándose una mano al mentón, olvidada de que debía revivir a sus compañeras—. ¿Qué es lo que esperas encontrar en este tiempo que no hallaste en el tuyo?

—Como dije, cometí errores que me condujeron a pelear aquella terrible batalla —repuso Sailor Cosmos, mirando fijamente a la princesa Serenity, quien miraba hacia la figura inmóvil de Sailor Galaxia, esperando calmarse—. Después de acabar con Sailor Galaxia, sacrificando a mis compañeras mientras tanto, tuve la opción de destruir el Caldero Primordial o dejarlo intacto. Lo primero me garantizaba que mi actual oponente jamás regresara, pero, a cambio, debía soportar la muerte permanente de quienes fueron mis compañeras, porque no habría lugar de donde brotaran nuevamente sus Sailor Cristales. Por otro lado, si no destruía el Caldero Primordial, podría tener a mis compañeras de vuelta, pero aseguraría el retorno del caos al universo. Fue en ese momento que mis emociones pudieron más que mi deseo por cumplir con mi deber, y escogí no destruir el Caldero Primordial. Así, mis amigas eventualmente volvieron a la vida, pero el caos escapó de su prisión, y reclamó la vida de mis amigas de todos modos. Ninguna de ellas supo cómo el caos se hacía cada vez más fuerte, y, al final, me vi envuelta en una batalla sin fin, una batalla que me era imposible ganar. Pero, en algún punto de mi contienda, el Cristal de Plata me dio el poder que yo necesitaba para pelear, y me transformé en lo que soy ahora. Pero ni eso fue suficiente, y pensé que yo había hecho algo mal en el pasado. Por eso estoy aquí.

Sailor Mercury se quedó en silencio, procesando las palabras de Sailor Cosmos, mientras que la princesa Serenity seguía mirando hacia el centro del agujero negro, ya no viendo a Sailor Galaxia caer eternamente hacia el centro. A juzgar por lo crispados que estaban sus puños, ella había acabado de tomar una decisión.

—¿Dijiste que podías revivir a nuestras compañeras? —preguntó la princesa a Sailor Mercury. Su tono de voz era parejo, muy distinto al que ostentó cuando peleaba contra Sailor Galaxia.

—Con la energía en este recipiente, sí.

—Entonces destruiré el Caldero Primordial —decidió la princesa, mirando fijamente hacia el centro del agujero negro—. Aunque eso signifique que no nazcan más Sailor Cristales, y las Sailor Senshi dejen de renacer. No estoy dispuesta a considerar la alternativa, porque no está en mis intenciones pelear una batalla eterna contra algo que sé que no podré derrotar.

Sailor Cosmos permaneció en silencio, mientras que Sailor Mercury partió hacia donde flotaban los cuerpos de sus compañeras caídas. Cuando lo hizo, abrió el recipiente con energía del Caldero Primordial, y la esparció entre los cuerpos, no sin antes remover los brazaletes de sus muñecas, porque aquellos atenuaban las ondas de la radiación sigma, y haría todo el proceso inútil. Se demoró tres minutos en esparcir la energía y, una a una, las Sailor Senshi fueron regresando a la vida. La primera en hacerlo fue Sailor Jupiter, quien se puso de pie y miró a la princesa elevar ambos brazos hacia arriba. Sailor Mercury también miró en esa dirección, y notó que el vestido de la princesa había vuelto a su color blanco habitual. También se percató de que lo que había entre sus manos era el Cristal de Plata. Realmente iba a intentar destruir el agujero negro. Se preguntó si su poder podría destruir un objeto que pesaba cuatro millones de soles, y cuya gravedad era capaz de absorber cualquier tipo de radiación, para recordar que la radiación sigma que emitía el Cristal de Plata, tal como pasaba con los rayos x, era capaz de escapar fuera del horizonte del suceso. ¿Y si el agujero negro emite radiación sigma desde su centro? Explicaría por qué brotan Sailor Cristales desde su interior. ¿Será que las estrellas que devora el agujero negro sean convertidas en Sailor Cristales en su centro, para luego expulsarlas y que así nazca una nueva Sailor Senshi? ¿Tendrán los Sailor Cristales el poder de una estrella en su interior? ¿Esa sería la fuente de su poder? Pero Sailor Mercury no podía perder el tiempo elucubrando. Necesitaba evidencia que avalara sus hipótesis, y necesitaba hacerlo antes que la princesa destruyera el agujero negro. De alguna forma, tenía la impresión que conocer más sobre la formación de los Sailor Cristales sería crucial para el futuro.

Mientras tanto, la princesa seguía juntando poder para destruir el agujero negro.


(148) Existe un experimento mental que se llama "muerto y vivo a la vez", que involucra a dos personas y un agujero negro. La primera persona se aventura en la vecindad del agujero negro, mientras que la otra se queda en su lugar. Debido a que los campos gravitatorios crean diferentes marcos inerciales de referencia, la perspectiva de la persona que se aproxima al agujero negro es distinta de la que se queda atrás. Esta última mira cómo la otra persona se aproxima al agujero negro a un ritmo cada vez más lento, hasta que, en un punto determinado, se detiene, quedando congelado sobre el horizonte del suceso. Pero, de acuerdo con la perspectiva de quien se adentra en el agujero negro, ésta cae en el interior, sin detenerse, hasta encontrar un final no muy agradable que digamos. Esto genera una paradoja, pues el sujeto que viaja hasta el interior del agujero negro está muerto pero vivo a la vez. Un físico llamado Leonard Susskind entregó una solución a esta paradoja, de forma de demostrar que los agujeros negros no destruían la información que caía dentro de éste, tal como lo postulaba el físico Stephen Hawking. Esto sirvió de base para que Susskind formulara lo que se conoce como el principio holográfico, el que postula que toda la información que existe en este universo es almacenada en una superficie bidimensional en los confines del universo, tal como el horizonte del suceso, de acuerdo con su teoría, es una representación bidimensional de un objeto tridimensional en el centro del agujero negro. Entonces, existe un vínculo entre el horizonte del suceso y el centro del agujero, por lo tanto, la información no se pierde. En 2004, Stephen Hawking le dio la razón.