CXXII
El mensajero
CERN, 30 de septiembre de 1996, 2:33p.m.
Sailor Moon y las Sailor Senshi que le acompañaban salieron del laboratorio principal con sentimientos encontrados. Algunas de ellas aprobaban la decisión que Sailor Moon había tomado, mientras que la mayoría le miraba con sendas expresiones de desaprobación en sus caras. La princesa del planeta del fuego, cuyo nombre de Sailor Senshi era Sailor Kakyou, se había mostrado especialmente disconforme por eso.
—¿Cómo pudiste hacer algo así? —preguntó, mientras acompañaba a las demás hacia el exterior del complejo—. Yo pensaba que tú defendías la vida por encima de todas las cosas. Parece que pensé mal.
Sailor Moon se detuvo, y las demás con ella. Dio media vuelta, y encaró a Sailor Kakyou con el ceño fruncido.
—Fue eso lo que hice al tomar esa decisión —repuso, con fuerza y aplomo—. Proteger la vida. Herbert Dixon siempre tuvo la razón con respecto a la humanidad. Si no hacemos esto, el ser humano dejará de existir.
—¿Estás de acuerdo con un genocida? —protestó Sailor Kakyou con descortés incredulidad—. Yo pensé que eras de esas Sailor Senshi que creía que siempre había una mejor alternativa, una alternativa que no acabara con miles de millones de personas. ¿En qué estabas pensando? ¿Acaso Herbert Dixon te lavó el cerebro?
Pero Sailor Moon ya había tenido suficiente.
—¡Ya basta! —exclamó, y Sailor Kakyou palideció un poco frente al exabrupto de Sailor Moon—. ¡No tienes idea de cómo es la humanidad! ¡Ha tenido muchas oportunidades para autodestruirse a sí misma, y ha sido un milagro lo que ha impedido que eso ocurra hasta ahora! ¡No vengas a decirme lo que es mejor para una raza que ni siquiera conoces!
—Pero nosotras luchamos por el amor y la justicia, no por el genocidio.
—¿Y qué es el amor para ti? ¿Y la justicia? Precisamente porque amo a la humanidad es que hago esto. ¡No quiero que la humanidad se autodestruya, porque eso es lo que ha estado haciendo desde hace mucho tiempo! Hay que comenzar de nuevo, hay que recuperar el equilibrio con la naturaleza, y la única forma de hacer eso es diezmando la población mundial. Sí, mucha gente va a morir, gente que tal vez no tenga ninguna responsabilidad en lo que le pasa al mundo, pero son sus líderes los que han llevado a la humanidad al punto de no retorno. ¿Crees que me gusta esto? Es horrible, es cruel, es despiadado, pero es necesario. Ahora, puedes no estar de acuerdo todo lo que quieras, pero ya tomé mi decisión. Si no te gusta cómo se están dando las cosas, eres libre de marcharte con tus guardianas. Nadie te obliga a ser parte de esto.
Después de eso, nadie alzó la voz en contra de Sailor Moon, no porque estuvieran de acuerdo con ella, sino por la conmoción. Era tan poco característico de ella hablar en esos términos que las demás Sailor Senshi pensaron que le estaba dando un ataque o algo parecido. Tuxedo Mask, no obstante, no dijo nada ni se mostró sorprendido. Su comportamiento había sido gatillado por los eventos recientes; la muerte de sus compañeras, el cruel asesinato de Sailor Galaxia, y la decisión que debió tomar en el laboratorio central. Lo que sí le sorprendía era la forma en que había procedido todo el tiempo: sin vacilar, sin miedo, sin dudas. Apenas podía creer que fuese Serena la mujer que hubiera escogido matar al noventa por ciento de la población mundial. Tampoco era que hubiese tomado la decisión con el estómago. A él tampoco le gustaba darse cuenta que Herbert Dixon tuviera la razón, porque esa era la reacción apropiada para alguien que se diera cuenta que la humanidad estaba en un camino del que no había retorno posible, pero entendía que, como se ha dicho en varias oportunidades, era necesario.
En completo silencio, las Sailor Senshi y Tuxedo Mask formaron un círculo y se tomaron las manos. Instantes más tarde, todo el grupo desapareció del lugar.
Tokio, segundos más tarde
Todas las Sailor Senshi se encontraban reunidas en un mismo lugar, incluyendo al Sailor Quartetto, Sailor Chibi Moon y Sailor Silver Moon. Sailor Mercury, como era usual, ya estaba al tanto de la decisión de Sailor Moon, y la apoyó incondicionalmente. Sin embargo, Sailor Mars se mostraba pensativa, como si estuviera recordando algo que hubiera pasado hace mucho tiempo.
—¿Qué te ocurre? —le preguntó Sailor Venus, luciendo preocupada.
—Es que… no puedo creer que yo estuviera en lo cierto todo el tiempo —dijo Sailor Mars con voz queda, mientras las bombas y los tanques seguían haciendo de las suyas a lo lejos, lo que hacía saltar a veces a las Sailor Senshi—. Varias veces, cuando no tenía nada que hacer, consultaba mi llama, para ver qué era lo que podría pasar en el futuro, y muchas veces veía la sombra de un hombre, alzando un brazo, sosteniendo un objeto redondo con éste (150). Por mucho tiempo no pude saber qué significaba aquella visión, pero tenía la impresión de que el mundo se encontraba en peligro, pero no podía ver la razón. Ahora, que estoy enterada del plan de Herbert Dixon, sé que era él el hombre en mi llama. También explica por qué jamás lo pude ver apropiadamente. Él tiene poderes mágicos, al igual que nosotras, y creo que siempre tiene un aura a su alrededor, interfiriendo con mi llama.
Las demás Sailor Senshi miraron a Sailor Mars con cierta incredulidad. De forma inadvertida, ella había predicho que ese desastre iba a ocurrir en algún momento, pero daba la impresión que Herbert Dixon estuviera activamente impidiendo que alguien se enterara de su plan. En verdad, estaban lidiando con alguien que era muy astuto e inteligente.
—Tenemos que idear un plan para salvar la mayor cantidad de personas que podamos —dijo Sailor Moon, mirando a todas las presentes con una expresión de profunda seriedad—. Sailor Mercury, ¿tienes algo en mente?
—Tengo una idea, pero voy a necesitar la ayuda de todas ustedes —repuso la aludida, tecleando en su computadora de bolsillo, y hallando la información que necesitaba—. Hay un reportero llamado Jeremy Burns, quien fue acusado de infiltrarse en una instalación secreta. Trató de transmitir el video de la incursión, pero no pudo lograrlo, y fue condenado a hacer labor de periodismo en zonas de conflicto.
—¿Qué? —dijo Sailor Mars con incredulidad—. ¿Desde cuando dar trabajo es una sentencia?
—Es una sentencia de muerte soterrada —explicó Sailor Mercury—. Seguramente esperan que Jeremy muera haciendo ese trabajo.
Las Sailor Senshi miraron a Sailor Mercury como si ella se hubiera vuelto loca. Pero una Sailor Senshi en particular se mostraba particularmente afectada por la noticia. Sailor Tourmaline sentía cómo su corazón latía más rápido al escuchar que Jeremy Burns podría perder la vida realizando ese trabajo. No podía quedarse sin hacer nada.
—Tengo que ir donde está Jeremy —dijo, no sin cierta desesperación.
—¿Por qué? —preguntó Sailor Moon, quien hallaba extraña la proposición—. ¿Acaso conoces a ese hombre?
—Por supuesto que lo conozco. Es un amigo muy cercano.
Sailor Moon supo que Sailor Tourmaline estaba mintiendo. El rubor en sus mejillas había dicho la verdad por ella. Sin embargo, en honor a la situación por la que estaban pasando, no dijo nada.
—De hecho, eso puede ser una ventaja —dijo Sailor Mercury, y Sailor Amethyst asintió en señal de aprobación—. Porque necesitamos a Jeremy Burns con vida. Mi algoritmo fue capaz de obtener la transmisión de la incursión al laboratorio de Herbert Dixon, pero no significará nada sin Jeremy. Solamente él sabe de qué se tratan aquellas imágenes. Además, como periodista, sabrá presentar mejor la información.
—Yo puedo traer a Jeremy hasta acá —dijo Sailor Silver Moon, dedicándole una breve sonrisa a Sailor Tourmaline. Unos segundos después de decir esas palabras, salió volando en dirección al poniente.
—Nunca está quieta esa chica —dijo Sailor Pallas, poniendo los brazos en jarras—. Jamás había visto a alguien tan energética.
—Bueno, si alguien puede traer a Jeremy Burns con vida, es ella —dijo Sailor Tourmaline, mirando al cielo con una sonrisa—. Enfrentaría a un regimiento completo de soldados con tal de lograr lo que quiere. Jamás se rinde, y no está por encima de dar su vida por los que quiere. Es algo que tardé en ver, pero que ahora admiro de ella.
—Es mejor que se de prisa —acotó Sailor Mercury, consultando la información en su visor—. Herbert Dixon acaba de activar el acelerador de partículas. Tenemos seis horas para que alcance su máximo potencial energético, lo suficiente para alterar el campo electromagnético terrestre.
—No te preocupes —dijo Sailor Tourmaline con confianza—. Sailor Silver Moon puede volar a Mach 6.
—Le acabo de transmitir la posición de Jeremy Burns a su teléfono —dijo Sailor Mercury, sonriendo—. Estará en Madrid en dos horas y media. Lo único que espero es que no haya ningún imprevisto.
Londres, 25 de enero de 2000, 04:49p.m.
Acababa de salir de una maldita trinchera, para meterme en un problema peor. Los agentes del FBI querían que yo me internara en la galería de tiro que era el campo de batalla. ¡Era el condenado lugar donde los soldados morían! Claro, había muchos escombros con los que cubrirse, pero se suponía que debía mostrar la crudeza de la guerra para que todos fuesen testigos de ello. Y no podía hacer eso parapetándome contra una pared de ladrillos. Respirando de forma agitada, no tuve otra salida que hacer de tripas corazón e indicarle a Alex que me siguiera a través de los escombros. A cada momento escuchaba el silbido de las balas, y hablaba por el micrófono para distraerme. Hablaba cualquier disparate que sonara medianamente profundo, mientras erraba sin rumbo por los escombros, cubriéndome con lo que hubiera en el camino. Mi objetivo era hablar con un soldado del Frente Oriental, porque los periodistas como yo éramos neutrales en tiempos de guerra, ¿verdad? ¿Verdad?
No alcancé a hablar con ninguno de los soldados del Frente Oriental, porque una bala, o dos, ni yo sé cuántas fueron a causa de la adrenalina, dieron en mi abdomen enviándome al suelo con más eficacia que un síncope. Lo que recuerdo fue que Alex se arrodilló frente a mí, supongo que para prestarme primeros auxilios. Lo malo de nuestra situación era que estábamos en medio de la tierra de nadie, con soldados en ambos lados disparando como malos de la cabeza, y ninguno de los dos sabíamos qué diablos iba a pasar después. ¿Sería ésta mi muerte? Obviamente no. De otro modo, no estaría contando esto, ¿no creen?
Bueno, lo que pasó después no implicó un viaje a las puertas del purgatorio. Porque una persona con botas grises aterrizó pesadamente delante de mí, y, después de sentir unas ráfagas de aire abofetear mi cara, se arrodilló delante de mí, y me miró a los ojos.
Yo, hasta ese momento, juraba que no conocería a una mujer más atractiva y bella que Nicole. Pues, la mujer que estaba viendo en ese momento, aparte de que era claramente una Sailor Senshi, rompía con todos los cánones de belleza que yo tenía. Pero, cosa curiosa, no hizo que se me saliera el corazón a la garganta por ella. Algo en su expresión decía claramente "prohibida la entrada".
—¿Tú eres Jeremy Burns? —preguntó la Sailor Senshi con una voz de sargento, no muy diferente a la de mi anterior jefe. Si Patton fuese mujer, seguramente sería alguien como ella.
—¿Quién… pregunta?
—Soy una amiga de Nicole —repuso ella, con la misma brusquedad de antes—. Tengo instrucciones de llevarte a Tokio. Si haces el favor de agarrarte a mí…
—Espera, espera, espera —dije, seguro que no había oído bien—. ¿A Tokio? Eso está… bastante lejos, ¿verdad?
—Pues… sí.
—¿Y cómo diablos vamos a llegar?
—¡Deja de hacer preguntas de mierda, y agárrate a mí! ¡Y que el hombre de la cámara lo haga también!
Iba a hacer más preguntas, porque, evidentemente, la Sailor Senshi había hablado como si pudiera llevarme a mí y a Alex a Tokio, sin haber disponibilidad de avión u otro aparato volador. Pero no alcancé a formular ninguna de ellas, porque la Sailor Senshi me agarró con poca elegancia, cargándome a su lado como si yo no pesara nada. Lo mismo hizo con Alex. ¿Quién rayos era esta nueva Sailor Senshi? Porque tenía una fuerza del demonio.
—Estoy… herido. Una venda en mi abdomen no va a mejorar mi salud.
—Relájate. En dos horas y media tendrás atención médica apropiada.
Personalmente, yo lo dudaba mucho.
Tokio, cinco horas y media más tarde
Todas las Sailor Senshi y Tuxedo Mask lucían un poco agotados de tanto pelear contra los soldados de ambos bandos. Pese a que habían salvado varias vidas humanas, muchas más se habían perdido, lo que no mejoró para nada la imagen que tenía la gente de las Sailor Senshi. Como se ha dicho anteriormente, la única que era unánimemente elogiada era Sailor Silver Moon, pero ella venía en camino aún.
Sailor Mercury había tenido poca participación en la pelea, pues su papel estaba más en la estrategia y el apoyo que en el combate en sí. Por lo tanto, no le faltaba el aire, o algo parecido. Consultaba su visor todo el tiempo, esperando por una señal de que Sailor Silver Moon se acercara. En cuanto a las demás, solamente podían dar las gracias por tener un respiro.
—Sailor Silver Moon se acerca —anunció de pronto Sailor Mercury, y dos segundos más tarde, ella aterrizó en medio de las demás Sailor Senshi, dejando a dos personas con cuidado sobre el suelo. Sailor Mercury identificó correctamente a Jeremy Burns como el hombre que tenía heridas de bala en el abdomen. De inmediato acudió donde él, tomando el kit de primeros auxilios que había llevado a la zona de guerra, de forma de prestarle asistencia médica, todo bajo la mirada de urgencia de Sailor Tourmaline, quien ardía en ganas de ir a su lado, pero tanto Sailor Amethyst como Sailor Turquoise impidieron que lo hiciera, al menos hasta que estuviera estable y listo para desempeñar su rol.
—Sus heridas no son graves —dijo Sailor Mercury, usando magnetismo suave para remover las balas de su cuerpo—. No perforaron ningún órgano vital.
—¡Ay! —exclamó Jeremy cuando las balas salieron de su cuerpo—. ¡Ten más cuidado!
Sailor Mercury no dijo nada. Usó sus poderes para congelar los agujeros de bala y enlentecer el flujo sanguíneo. Después, ella le puso unos vendajes y le indicó que se quedara recostado.
—¿Qué me recueste? —preguntó Jeremy, mirando hacia abajo, viendo suelo disparejo. Sailor Amethyst captó la indirecta, y, empleando sus poderes, creó una superficie más cómoda para Jeremy. Él, cuando vio a la persona que había usado su magia, abrió muchos los ojos y la boca. Se suponía que esa chica estaba muerta, pero allí estaba, ayudándole.
—¿Violet? —preguntó Jeremy, aunque estuviese de más hacerlo, pues ya sabía que era ella—. Pensé que estabas muerta.
—Lo estuvimos —repuso Sailor Amethyst, mirando a otra parte en lugar de a Jeremy—, pero gracias a Sailor Silver Moon, volvimos a la vida—. Sailor Silver Moon llegó donde estaba Sailor Amethyst y le tomó la mano, dedicándose miradas de complicidad antes de poner atención a Jeremy—. Ella es mi novia.
—Como que me di cuenta —acotó él con un ligero tinte de sarcasmo en su voz—. ¿Es costumbre que las Sailor Senshi sean lesbianas?
—No siempre —explicó Sailor Amethyst, aunque debía reconocer que Jeremy tenía un punto al decir eso—. Pero somos todas mujeres. Es inevitable que nos relacionemos más entre nosotras que con otras personas.
—Eh, les recuerdo que no tenemos mucho tiempo —intervino Sailor Mercury, consultando nuevamente su visor—. Tenemos quince minutos para que el acelerador llegue a su máxima energía. Ya estoy detectando sismos de menor intensidad en todas las zonas de subducción del mundo.
—¿Qué? —increpó Jeremy, tragando saliva—. ¿Solamente quince minutos? ¡Ya es demasiado tarde!
—No es demasiado tarde —dijo una de las Sailor Senshi. Jeremy no la reconoció de inmediato, a causa de las alas aparatosas que llevaba a la espalda, pero luego se fijó en los moños en el cabello, el cabello rubio, la luna en su frente… no podía ser otra que Sailor Moon.
—¿De qué hablas? —protestó Jeremy con una voz bastante aguda—. Solamente quedan quince minutos para que ese acelerador funcione a plena capacidad. Hemos perdido. Herbert Dixon conseguirá lo que quiere.
—Esa es la idea —dijo Sailor Moon, y Jeremy se sintió profundamente contrariado—. Pero tú puedes salvar al mundo, Jeremy. Tú tienes algo que nosotras no. Tienes la verdad, tienes el conocimiento que hará que la humanidad se salve de la extinción. Eres el único que ha visto a Herbert Dixon de cerca, conoce de cabo a rabo su plan, y está dispuesto a ayudarnos.
—¿Y cómo podré ayudarles? —preguntó Jeremy, sintiéndose un poco desesperado, a juzgar por su respiración superficial—. ¡Es demasiada carga para mí! ¡Además, el equipo que necesito para hacer una transmisión está muy lejos, y si lo tuviera, no me permite transmitir el video que grabé en el laboratorio de Herbert Dixon! ¡Estoy cumpliendo una pena precisamente por tratar de decir la verdad al mundo!
—Por eso te trajimos aquí, con nosotras —dijo Sailor Moon, con una calma que desearía tener Jeremy—. Sailor Mercury puede transmitir tu video, y tú puedes explicarle a todo el mundo lo que viste en ese laboratorio. Tu camarógrafo puede filmarte, mientras Sailor Mercury superpone el video del laboratorio y lo transmite en video en vivo para todo el mundo. Toda persona con un televisor lo verá.
—Pero, ¿lo creerán?
—Eres un corresponsal de guerra en este momento —dijo Sailor Moon, con la voz compasiva y amable que se le caracterizaba antes de la batalla contra Sailor Galaxia—. Nadie tiene alguna razón para creer que estás mintiendo. Nosotras te protegeremos mientras haces tu trabajo. Las personas que crean en tu historia, querrán ser salvadas, y nosotras estaremos allí para ellas.
Jeremy Burns volvió a tragar saliva. El plan de Sailor Moon sonaba descabellado, y había muchas probabilidades de que fallara de forma monumental. Había algunas cosas que dependían enteramente de factores externos, pero, viendo a las Sailor Senshi, manchadas con polvo, barro y, en algunos casos, sangre, supuso que no había otra alternativa para salvar a un mínimo de personas, porque, como él mismo había dicho, ya era demasiado tarde para detener el acelerador de partículas.
—De acuerdo —dijo Jeremy, mirando fijamente a Sailor Moon, dándole a entender su compromiso—. Lo haré.
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