CXXIII
El mensaje

Londres, 25 de enero de 2000, 05:27p.m.

¿Recuerdan que dije que yo tenía un nuevo papel que desempeñar, uno más importante de lo que podría imaginar? Bueno, ahora van a saber cuál es.

Después de volar más de diez mil kilómetros desde Madrid hasta Tokio, y ser atendido por una de las Sailor Senshi, creo que fue Sailor Mercury, me sentía un poco mejor, aunque aún sentía el dolor en el abdomen, producto de las dos balas que recibí mientras hacía mi trabajo. Me paré de la cama improvisada que había creado Sailor Amethyst, y miré al frente, solamente para encontrarme con los ojos de la persona en la que más había pensado desde hace más de dos años.

—Hola, Jeremy —dijo Sailor Tourmaline suavemente, dando dos pasos hacia mí, sin querer acercarse demasiado—. Tengo tantas cosas que decirte, pero tendrán que esperar. Haz tu trabajo. Salva al mundo. Sabes que creo en ti.

Si las palabras de Sailor Tourmaline no me animaban a desempeñar mi rol en esta historia, no sé que más pudo haberlo hecho. Crispé los puños, tragué saliva, y le indiqué a Alex que enfocara su cámara hacia mí. El pobre Alex no había dicho nada en todo el rato, me imagino que impresionado por la presencia de todas esas Sailor Senshi. Jamás había visto a una en vivo, y la impresión era similar a cuando uno conocía a su cantante o actriz favorita, pese a que ellas no tuvieran generalmente una buena reputación. Alex, sin embargo, sabía que las Sailor Senshi estaban ahí para proteger a la humanidad, no para destruirla.

Pensando en lo que podría pasar si lograba mi cometido, y, de paso, pensando positivo, algo que rara vez hacía, tomé aire, exhalando lentamente, y tomé el micrófono con firmeza, mirando directamente a la cámara, tratando de que mis ojos no se desviaran solos hacia Sailor Tourmaline.

—Buenas tardes, televidentes —comencé con un ligero temblor en la voz. ¡Ten confianza, Jeremy! ¡Esto va a salir bien! Una vez que acabé con mi diálogo interno, volví a tragar saliva, y continué—. Aquí les habla Jeremy Burns, desde Tokio, uno de los puntos calientes de la Tercera Guerra Mundial. Como pueden ver —hice un gesto a Alex para que enfocara a las Sailor Senshi que nos rodeaban—, estoy acompañado de personas que seguramente no tienen una buena reputación en este momento, pero que están dispuestas a ayudarles cuando lo necesiten. Ya las han visto antes, por lo que no necesitan introducción. Pero esa no es la real razón por la que estoy en vivo desde Tokio. Estoy aquí porque se ha revelado información importante sobre el proyecto del acelerador de partículas. Las siguientes imágenes fueron captadas por una cámara adosada a mi frente durante mi participación en conjunto con un grupo multidisciplinario de soldados denominados "Escuadrón Delta" en una misión de infiltración en un complejo subterráneo de propiedad de un individuo llamado Herbert Dixon. En honor a la objetividad, no haré ningún juicio durante la emisión de este material exclusivo. Dejaré que ustedes sean quienes juzguen el contenido de lo que están por ver.

Hice una señal a Sailor Mercury para que iniciara la transmisión del video, y después de eso, permanecí en silencio, mientras los ceros y unos eran enviados a la velocidad de la luz por el aire hasta los televisores de más de cuatro mil millones de personas. Me imaginé que solamente un ermitaño podría no enterarse de lo que estaba pasando en el mundo, pero creí que el boca a boca se encargaría de hacer llegar la noticia hasta los lugares más recónditos del planeta.

—Ya hay más de un millón de televidentes viendo el video —anunció Sailor Mercury, consultando los datos de su visor—. Me aseguraré de que ninguna otra transmisión interrumpa la nuestra.

Mientras el video era reproducido, el cual no era corto, miré más detenidamente a Sailor Mercury. Tenía un aura similar al de Sailor Amethyst, pero se notaba que tenía más experiencia. Me imaginé que, debajo de su uniforme, había una chica semejante a Violet, pero sin la timidez propia de esta última. Sin embargo, algo en su mirada me dijo que, en algún momento, lo había sido, pero que sus constantes batallas habían hecho que desarrollara un carácter un poco más sólido. Y yo que creía que las mujeres de cabello corto eran esencialmente dominantes. Bueno, esa tal Sailor Silver Moon tenía el cabello largo, pero su carácter rivalizaba con la de un sargento de alguna rama especializada del ejército norteamericano. Eso me hizo entender que juzgar a una persona por su apariencia era, cuando menos, objetable.

No obstante, lo que más me llamaba la atención era la cantidad de Sailor Senshi que había. No todas usaban el mismo uniforme de Sailor Moon. Había una que usaba un vestido de una pieza, y otras cuyos uniformes dejaban muy poco a la imaginación. ¿Vendrían de otros planetas, tal como las Sailor Gems? ¿De otros sistemas solares? ¿De otras galaxias? Puede que estuviera exagerando, pero, cuando se trataba de las Sailor Senshi, nada podía darse por sentado. Lo otro que resaltaba a la vista era que todas ellas eran mujeres. Bueno, estaba el sujeto de la capa, el frac y el sombrero, pero supuse que él no formaba parte de las Sailor Senshi, lo que reafirmaba mi teoría de que todas ellas, incluso las que no había visto aún, eran mujeres. ¿Por qué sería de ese modo? ¿Acaso nosotros, los hombres, no podíamos unirnos a ellas? En un sentido, las Sailor Senshi eran como las Amazonas o las Valquirias, grupos de guerreras compuestos exclusivamente por mujeres. Pero entonces, si en el pasado hubiese mujeres, reales o no, que fuesen tanto o más capaces que los hombres para combatir, ¿cómo diablos nació el machismo? Porque, en el caso de las Valquirias, los hombres tenían la creencia de que ellas eran poco más que sirvientas, para agasajar a los guerreros caídos por allá en el cielo, o Valhalla como se llama en la mitología nórdica. Pero yo sabía que ellas también podían pelear. Y eran bastante superiores a los soldados de Asgard en ese respecto. De ese mismo modo, las Sailor Senshi poseen poderes mágicos, y algunas de ellas hasta tienen nociones avanzadas de combate cuerpo a cuerpo, como Sailor Tourmaline (151).

Justo cuando acabé de pensar en las Sailor Senshi y en sus equivalentes mitológicos, Sailor Mercury me hizo una señal para decirme que el video había acabado, y que podía hablar una vez más. Respiré hondo para calmarme un poco más, y volví a empuñar el micrófono cual espada.

—Como pudieron ver, el responsable principal de la planificación de la construcción del acelerador de partículas no es otro que Herbert Dixon. No llevó a cabo ese proyecto para aumentar el entendimiento del ser humano de lo que nos rodea, sino para cometer un acto de genocidio jamás visto en toda la historia de la humanidad. Ustedes se pueden estar preguntando cómo, y para eso, voy a entrevistar a una de las Sailor Senshi presentes para aclarar este punto—. Hice una seña para que Sailor Amethyst se acercara, y ella lo hizo, no sin cierto tiento. Mucha gente iba a ver su cara, y eso a ella le avergonzaba, a juzgar por lo brillante de su piel y la mirada huidiza que gastaba en la cámara.

—Vamos, Violet, tú puedes hacerlo —le dijo Sailor Silver Moon, tomándole ambas manos con suavidad. Yo me quedé mirando a Sailor Silver Moon con desconcierto. Ella había demostrado ser la mujer más ruda que jamás hube conocido, pero, cuando se trataba de su novia, se comportaba como cualquier otra mujer. Esa adaptabilidad en su comportamiento me sacó de onda, porque otras mujeres como ella no podían hacerlo. O eran duras, o eran blandas, sin puntos intermedios—. Sabes que siempre tendrás mi apoyo, en todo lo que hagas.

—Es que…

—Estaré mirándote —le aseguró Sailor Silver Moon a Sailor Amethyst, con una voz suave que yo quisiera que hubiese usado conmigo—. Cada vez que sientas que te faltan fuerzas, mírame.

Sailor Amethyst tragó saliva y compuso una pequeña sonrisa. Cuando vi que estaba dispuesta a ser entrevistada, me acerqué a ella, e imité el gesto de Sailor Silver Moon, haciéndole saber que podía estar más tranquila. Sailor Amethyst pareció ganar más confianza, porque asintió con un poco más de determinación.

—Ella es Sailor Amethyst, y, en caso que tengan dudas, ella no ha tenido parte en ninguna de las batallas que han tenido lugar en Tokio, así que pueden confiar en ella. Además, ella es muy inteligente, y explicará mejor que yo lo que va a pasar cuando el acelerador de partículas entre en funcionamiento. Sailor Amethyst, ¿si nos haces los honores?

Sailor Amethyst vio cómo yo le acercaba el micrófono, pero no tragó saliva. Dedicó una breve mirada a Sailor Silver Moon, y sonrió brevemente antes de comenzar a hablar.

—Señores televidentes —comenzó Sailor Amethyst con un leve temblor en la voz, pero eso, al menos para mí, era esperable, porque ella jamás había estado frente a una cámara, que seguramente estaría mostrando su imagen a millones de personas en todo el mundo—. Lo que Jeremy Burns ha dicho es cierto. Las placas tectónicas del planeta son sensibles a los cambios en el campo electromagnético del planeta. Normalmente, dichos cambios son demasiado lentos para que las placas sufran movimientos bruscos, pero la energía necesaria para acelerar las partículas dentro de un acelerador del tamaño de la Tierra es tan grande que creará un campo electromagnético lo suficientemente intenso para interferir con el campo electromagnético natural de la Tierra. Imaginen que tienen unos trozos de madera flotando en una piscina expuesta a una brisa leve. Los trozos se moverán en la misma dirección que la brisa, porque el agua también hará lo mismo. Ahora, imaginen que alguien se arroja a la piscina. Los trozos de madera dejarán de moverse de forma ordenada, y lo harán de forma errática. Eso mismo ocurrirá con las placas tectónicas cuando el acelerador de partículas llegue a su máxima energía. Pero, a diferencia de unos trozos de madera, las placas tectónicas están muy juntas, y el movimiento hará que unas colisionen con otras, que es lo que causa los terremotos. Debido a que los efectos serán globales, habrá terremotos a lo largo y ancho de todo el mundo, y serán más intensos en las zonas de subducción, donde las placas se tocan entre sí. Éstos no serán simples sismos. Debido a la intensidad del campo electromagnético, el movimiento de las placas será violento, y se espera que terremotos de grado nueve o superior sean comunes. Como muchos sabrán, esto originará tsunamis en todas partes.

Sailor Amethyst dejó de hablar, sintiéndose más confiada que cuando comenzó a hacerlo. Personalmente, me sentía orgulloso de ella por haberse atrevido a tragarse sus miedos, y hablar con la verdad que le permitía su enorme inteligencia.

—¿Y estos terremotos y tsunamis generalizados, pondrán en peligro a miles de millones de personas?

—Exactamente, señor Burns —repuso Sailor Amethyst, mirando una vez más a Sailor Silver Moon para ganar aún más confianza—. Nadie está libre de esta amenaza. Les pido a todos los televidentes que se refugien en los cerros o cualquier zona alta. La guerra es secundaria. Esto es mucho más grave que unos sujetos matándose entre sí. Si todos colaboramos, podremos sobrevivir a esto.

—Como Sailor Amethyst dice, esto es mucho más grande que una guerra —dije, procurando hablar de forma clara para que todos los televidentes no se perdieran palabra alguna—. Ya oyeron las palabras de Herbert Dixon, ya oyeron a Sailor Amethyst. Ya tienen la información sobre la verdad del acelerador de partículas. Lo que hagan con ella, es cosa de ustedes. La supervivencia de la humanidad, o su total extinción, está en sus manos, no en las de algún presidente o líder, o general, o cualquiera en una posición de autoridad. La intención de Herbert Dixon es acabar con todo, sin hacer distinciones de ningún tipo. Ricos o pobres, bonitos o feos, blancos o negros, gordos o delgados, de izquierda o derecha, crea en Dios o no, aquellas cosas no importan para él. Arrasará con todo, y no hay nada que los gobiernos puedan hacer al respecto. Lo que necesitan en este momento son personas dispuestas a ayudarles, sin hacer las diferencias antes mencionadas, sin condiciones, sin pedir nada a cambio. Y las únicas personas en este planeta que pueden hacer exactamente eso, son las Sailor Senshi. —Indiqué a Alex para que girara la cámara una vez más, de forma que mostrara a las Sailor Senshi, y seguí hablando, pese a que sentía la garanta seca—. Es cierto que han librado batallas que han costado la vida de mucha gente, gente que nada tenía que ver con sus conflictos, pero, ¿qué batalla no tiene secuelas? El único interés de las Sailor Senshi es protegerlos, y, hasta este momento, han hecho un excelente trabajo. Sin ellas, hace cuatro años que la humanidad se habría extinguido, y ninguno de ustedes habría sido capaz de criticarlas. La única razón por la que las Sailor Senshi no poseen una buena reputación es por la ley Kobayashi, y todo porque una persona perdió a sus seres queridos durante sus peleas. ¿Cuántas personas pierden la vida por guerras sin sentido, como la que estamos enfrentando ahora? ¿Cuántas personas mueren al año por culpa de políticas de izquierda o derecha? ¿Cuántas murieron en el nombre de la fe? ¿Cuántas han muerto por enfermedades perfectamente curables, y que no curan en el nombre del interés económico? ¡Esas sí que son muertes sin sentido, y sin embargo, no dicen nada al respecto! En cambio, cuando se pierden vidas mientras las Sailor Senshi arriesgan las suyas para salvar a las personas, de inmediato ponen el grito en el cielo. ¡Hay que ser muy hipócritas para creer semejante bulo! Y ahora, por culpa de su propia hipocresía, van a dejarse pisotear por un hombre que ha tomado una decisión crítica por ustedes. ¿No creer que ustedes están en su derecho de decidir vivir, cambiar las cosas para mejor, y crear un mejor mundo que el que teníamos antes? Recuerden que Herbert Dixon decidió que la humanidad debía eliminarse, sin siquiera preguntarles a ustedes. Si realmente creen que Herbert Dixon tiene razón, no hagan nada. Si, por el contrario, creen que se merecen una segunda oportunidad, las Sailor Senshi aquí presentes, están más que dispuestas a echarles una mano. Como dije, la decisión es de ustedes, y solamente de ustedes. Soy Jeremy Burns, en vivo desde Tokio. Gracias por su atención.

Hice una seña para que Sailor Mercury dejara de transmitir, y respiré hondo, buscando mi cantimplora para beber un poco de agua. Jamás había hablado tanto, y en frente de una cámara, lo que era aún más impresionante.

—Dejé un número telefónico para que la gente pueda contactarse conmigo —dijo Sailor Mercury, luciendo contenta con el resultado de la transmisión—. Diseñé un algoritmo de respuesta automática para manejar miles, incluso millones de llamadas simultáneas. Las personas que quieran que las salvemos, serán transportadas hasta acá.

—¿Y por qué acá? —pregunté, mistificado por la decisión de Sailor Mercury.

—Solamente por un presentimiento.


(151) Ver capítulo 18 de este fic.