CXXV
El anochecer del mundo
Tokio, 30 de septiembre de 1996, 09:35p.m.
Sailor Silver Moon reclutó la ayuda de Sailor Uranus para llevar a cabo su plan. La idea era que ambas usaran sus poderes sobre el aire para elevar al resto de las Sailor Senshi y a Tuxedo Mask el suficiente tiempo para que ellas pudieran teletransportarse sin muchos problemas. Sailor Mercury proporcionó imágenes de los lugares a los que debían ir para salvar a esas diez millones de personas. Ella decidió que el mejor curso de acción era emplear a las Sailor Starlights para hacer el trabajo más rápido. La única de ellas que puso ciertos reparos al plan fue Sailor Kakyou, pero después de recibir una mirada dura de Sailor Silver Moon, ella aceptó. A Sailor Moon le sorprendió que fuesen tan pocos lugares en los que se concentraban las personas que estaban de acuerdo en que ellas fuesen sus salvadoras.
—¿Y no podemos usar este método para salvar a todas las personas del planeta? —preguntó Sailor Kakyou tentativamente, pero Sailor Mercury negó con la cabeza.
—Esa decisión es de los humanos, y solamente de ellos —dijo, tomando la mano de Sailor Mars y Sailor Jupiter—. No salvaremos a nadie que no quiera ser salvado. ¿O dime que quieres ignorar el libre albedrío de los habitantes de este planeta?
Sailor Kakyou no dijo nada.
En cuestión de segundos, las Sailor Senshi, a excepción de Sailor Tourmaline, quien decidió quedarse con Jeremy para protegerle de los terremotos y Sailor Moon, quien tendría el trabajo más importante de todos, se trasladaron a una ciudad grande, ubicada en Inglaterra, y, ayudadas por Sailor Silver Moon y Sailor Uranus, reunieron a todas las personas que querían ser rescatadas. Se habrían demorado bastante, si no fuese por las capacidades de la computadora de bolsillo de Sailor Mercury, que transmitía todos los datos de las personas, acompañada de su ubicación. En cuestión de media hora, doscientas cincuenta mil personas habían sido reunidas en las afueras de la ciudad. Protegidas de los efectos de los terremotos por los poderes de Sailor Silver Moon y Sailor Uranus, las personas fueron tomándose de las manos entre ellas. Bastaba que una de ellas tomara la mano de una Sailor Senshi para que el resto pudiera ser transportado.
Sailor Mercury había escogido una planicie en Japón para reunir a las diez millones de personas. Sailor Moon ya se había transportado a ese lugar usando el Cristal de Plata, y, cuando el cuarto de millón de personas que reunieron en Inglaterra llegó a la planicie, Sailor Moon alzó los brazos al cielo, y el Cristal de Plata creó un amplio domo de luz, cubriendo un trozo extenso de terreno, dentro del cual los terremotos no eran tan intensos (bajaron de 9,4 a 4,5). Las personas que quedaron dentro del domo se sorprendieron al sentir que, dentro de éste, los terremotos eran menos potentes, y vieron más que justificadas sus decisiones de ser rescatadas por las Sailor Senshi.
Dos horas pasaron, y las Sailor Senshi habían salvado a más de tres millones de personas. Todas ellas, incluyendo Sailor Silver Moon, se encontraban bastante extenuadas, pero no había margen para quejarse de ello. La misma Sailor Silver Moon animaba a las demás, respirando de forma superficial y sudando como si estuviera en un sauna. No obstante, funcionaba. El resto de las Sailor Senshi sacaba fuerza de flaqueza, y seguían transportándose a localidades donde había personas que querían ser rescatadas. Lo positivo de todo el asunto era que la guerra había sido detenida de golpe por los movimientos sísmicos, y ningún misil volaba, ningún tanque disparaba, ningún soldado moría por las balas. Las únicas personas de las que debían preocuparse, y más aún debido al cansancio, era la Fuerza Omega, quienes eran capaces de sobrevivir por su cuenta, y tenían autorización para atacar a las Sailor Senshi en cuanto tuvieran la oportunidad. No obstante, ninguna de ellas encontró alguna oposición mientras ayudaban a las personas que habían escogido la salvación por encima del odio.
Cuando el reloj marcó las tres de la mañana, las Sailor Senshi consiguieron el objetivo, pero cuando llegaron a la planicie donde Sailor Moon protegía a las personas que fueron trasladadas hasta ese lugar, fueron cayendo como piezas de dominó, producto del agotamiento. Sailor Silver Moon era la única en pie, pero se apoyaba en sus piernas para no desfallecer por completo. Sudaba profusamente y respiraba de forma superficial. Por otro lado, Sailor Moon sentía que sus brazos y piernas temblaban a causa del esfuerzo. No sabía cuánto tiempo más iba a poder soportar el poco poder que podía extraer del Cristal de Plata, pero le daba la impresión que no iba a ser por muchos minutos más.
Sailor Mercury había percibido el peligro, pero no podía hacer nada más que consultar los datos de su visor, porque sus músculos los sentía como si estuviesen hechos de piedra. Sailor Silver Moon también vio que las piernas y brazos de Sailor Moon temblaban, y se dio cuenta que estaba llegando al límite, y los terremotos no paraban aún. Haciendo una seña a Sailor Chibi Moon, quien también se encontraba en el suelo, Sailor Silver Moon avanzó a paso lento y tortuoso hacia Sailor Moon. Sailor Chibi Moon apretó los dientes, y sintiendo que sus piernas y brazos ardían, se puso de pie, y caminó hacia Sailor Moon como si llevaba pesas atadas a los tobillos. Después de unos dos minutos, tanto Sailor Silver Moon como Sailor Chibi Moon tomaron los hombros de Sailor Moon, respirando con mucha dificultad. Sailor Moon sintió la fuerza fluir a través de su cuerpo, y sus brazos y piernas dejaron de temblar.
Después de otra hora, Sailor Mercury detectó una baja sostenida de la energía del acelerador de partículas, y, por consiguiente, la energía de los terremotos. A ese punto, las fuerzas de Sailor Moon, Sailor Silver Moon y Sailor Chibi Moon habían llegado más allá del límite, pero continuaban batallando contra el cansancio, al menos hasta que los terremotos fuesen más suaves.
Finalmente, veinte minutos más tarde, los terremotos bajaron del grado 5, y la burbuja que protegía a las personas desapareció. Sailor Moon colapsó, y cayó al suelo, quedando inconsciente, al igual que Sailor Chibi Moon. Sailor Silver Moon cayó de rodillas, pero no colapsó por completo. Respiraba muy agitadamente y apoyaba sus brazos sobre el suelo, sudor cayendo por su mentón. Sailor Uranus, quien apenas se estaba recuperando, había visto a Sailor Silver Moon colaborar con ella en el rescate de todas esas personas, darle su energía a Sailor Moon para que siguiera protegiéndolas, y aún así, no desfallecía completamente. Era como si todo en ella estuviera pensado para jamás rendirse ante nada, por muy adversas que fuesen las situaciones que enfrentase. Claro, su carácter era insufrible, pero Sailor Silver Moon era el típico caso en el que unas pocas virtudes pesaban más que sus múltiples defectos. Desde ese momento en adelante, Sailor Uranus comenzó a admirarla, y se prometió a sí misma actuar del mismo modo cuando estuviera en su misma situación.
Tuvieron que pasar otros cinco minutos para que las Sailor Senshi se pudieran recuperar del cansancio, recibiendo innumerables agradecimientos de parte de las personas que ellas habían salvado. Sailor Mercury se puso de pie, viendo en su visor que los terremotos habían prácticamente desaparecido. Solamente se podían registrar réplicas de baja intensidad. En lugar de prestar atención a eso, se dedicó a determinar cuántas personas habían perecido en el desastre. Sailor Silver Moon se incorporó en toda su estatura, y tomó en brazos a Sailor Moon, dejándola a los pies de Sailor Mercury para que pudiera evaluar su condición.
—Santo Dios —dijo Sailor Mercury con voz queda—. Tengo el recuento preliminar de los fallecidos durante los terremotos.
—Y asumo que fueron muchos —dijo Sailor Silver Moon, acercándose a ella, respirando con un poco más de calma—. Sabíamos a lo que íbamos cuando aceptamos hacer esto.
—Tres mil setecientas millones de personas murieron por los terremotos y los tsunamis —dijo Sailor Mercury con una voz lúgubre—. Otros cuarenta millones murieron a causa de la guerra. Eso nos deja un poco menos de mil millones de sobrevivientes, a lo sumo. Aún estoy actualizando el número de víctimas fatales.
Sailor Moon se había quedado de piedra al escuchar las palabras de Sailor Mercury. El ochenta por ciento de la población mundial había fallecido a causa del plan de Herbert Dixon, y podían ser más… muchos más. Las demás Sailor Senshi lucían devastadas ante los desalentadores números que había entregado Sailor Mercury. Sailor Silver Moon, para sorpresa de las demás, despegó como un cohete hacia el cielo, pero Sailor Amethyst supo por qué se había ido. Solamente esperaba que Sailor Tourmaline y Jeremy Burns aún siguieran con vida, después de la hecatombe que había ocurrido en todo el mundo.
Media hora más tarde, Sailor Silver Moon volvió a la planicie, con dos personas bajo cada brazo y una encima de ella. Sailor Amethyst pensó, para su espanto, que los tres estaban gravemente heridos, o peor, pero cuando Sailor Silver Moon aterrizó en la planicie, visiblemente agotada, tanto Sailor Tourmaline como Jeremy Burns y Alex Rivers aterrizaron suavemente sobre sus pies. Ninguno de los dos parecía haber sufrido heridas de consideración, pero Sailor Mercury los escaneó de todas formas, sin encontrar nada que amenazara sus vidas.
—Ella hizo un trabajo increíble protegiéndome —dijo Jeremy cuando vio que algunas Sailor Senshi lo miraban con un poco de curiosidad—. Sus poderes fueron muy útiles para que no sufriera las consecuencias de los terremotos.
—Me alegra que sigas con vida, Jeremy —dijo Sailor Amethyst. Sailor Jasper y Sailor Turquoise la secundaron. Sailor Moon, por otro lado, se acercó a él, mostrando una sonrisa triste. Sus ojos brillaban.
—Jeremy —comenzó, mirándolo directamente a los ojos—, puede que nosotras tengamos poderes que pocos entienden, pero, hoy, tú salvaste al mundo. Permitiste que nosotras tuviéramos una voz, le dijiste la verdad al mundo, y es por esa razón que diez millones de personas se salvaron de la muerte. Dejaste que fuese la misma humanidad quien tomara la decisión de salvarse o condenarse. Por mucho tiempo, pensé que salvar al mundo era simplemente defender a la humanidad de las amenazas, pero descubrí que no es tan simple. Los seres humanos también tienen una parte en esto. Si ellos no quieren ser salvados, no podemos obligarles, no podemos pensar por ellos. Eso es algo que los gobiernos hacen, personas que creen que por tener el poder, pueden tomar decisiones a expensas de los demás. No quiero que nosotras, las Sailor Senshi, seamos recordadas como unos seres autoritarios que no toman en cuenta los deseos de la población. Si estas diez millones están aquí, es porque ellos lo quisieron así, porque nosotras estábamos dispuestas a ayudarles, y porque tú fuiste nuestra voz. Hay muchos que creen que una sola persona no es capaz de hacer una diferencia, pero, después de lo que hiciste, le tapaste la boca a esas personas. Para esas diez millones de personas, marcaste la diferencia entre vivir y morir. Gracias, Jeremy Burns, por lo que has hecho.
El pobre Jeremy no sabía qué pensar de las palabras de Sailor Moon. A veces pensaba que no se merecía semejantes elogios, y que había estado bastante lejos de salvar al mundo. Si hubiese salvado al mundo, no habrían muerto casi cuatro mil millones de personas a lo largo y ancho del globo. Y aún así, no podía evitar ponerse colorado a causa de las palabras de Sailor Moon. Y el enrojecimiento fue más pronunciado si cabe cuando las Sailor Senshi presentes, incluyendo a la poderosa Sailor Silver Moon, inclinaron sus cabezas en señal de respeto. Sailor Tourmaline fue la única que no hizo aquel gesto. Se acercó a Jeremy, y le echó los brazos al hombro, mirándolo con ojos brillantes y una sonrisa amplia.
—Estoy orgullosa de ti, Jeremy —le dijo, con una voz suave, y Jeremy sintió un cosquilleo en todo su cuerpo—. De verdad.
Y, mientras Jeremy sentía los labios de Sailor Tourmaline besar los suyos, y él, lentamente, comenzaba a corresponderle, jamás pensó que en su propia historia, donde jamás pensó que terminaría siendo un héroe, y, desde luego, pensó que nunca se quedaría con la chica, tuvo que admitir que su historia había sido como la de los viejos tiempos. Había comenzado investigando unas malformaciones en Kent, y había terminado salvando a diez millones de personas y, por añadidura, quedándose con la chica de sus sueños. Por desgracia, había miles de millones de personas cuyo final no había sido el que querían.
Jeremy dejó de besar a Sailor Tourmaline, quien fue tomada por sorpresa, y se acercó a Sailor Silver Moon.
—Necesito pedirte un favor —dijo Jeremy. Sailor Silver Moon arqueó una ceja.
—¿Y qué necesitas?
—Eh, un empujón para hacer un último reportaje.
Santiago, 09:51a.m.
Jeremy y Alex habían aterrizado en Santiago, una de las ciudades más devastadas por los terremotos. Se trataba de una urbe de más de cuatro millones de personas, y casi todos los edificios se habían derrumbado. Se podían escuchar gritos por todas partes, gritos de hombres, mujeres y niños, llamando a sus seres queridos, o exclamando de dolor a causa de algún fallecimiento. Jeremy le indicaba a Alex en qué dirección apuntar la cámara, y Alex obedecía sin cuestionamientos. Acostumbrado a ver cuerpos desmembrados, Alex no titubeó en filmar aquellas imágenes, pero Jeremy, aunque hubiese pasado un tiempo apreciable en el campo de batalla, aún no podía ver un brazo cercenado sin hacer arcadas. Una cosa era ver ese tipo de cosas por televisión, otras muy distinta era verlas en vivo. Sin embargo, tenía un deber para con la verdad, e hizo de tripas corazón para seguir con el reportaje.
—Jeremy Burns, en vivo reporteando desde la ciudad de Santiago de Chile. —Hizo una pausa para indicar a Alex a que apuntara a uno de los edificios derruidos—. Aquí podemos ver los efectos de los múltiples terremotos que sacudieron a todo el mundo. Se pueden escuchar los gritos de hombres, mujeres y niños, gritos desgarradores, gritos de personas que nada tenían que ver con las ambiciones de Herbert Dixon. Ahora, hay gente sin hogar, sin alimento, sin familia y sin vida, gente que, de forma desesperada, busca cualquier forma de sobrevivir. Miren a ese supermercado. —Jeremy hizo una seña a Alex para que le hiciera una ampliación al edificio parcialmente destruido, desde el cual se podían ver a varias personas sacando mercancía como si no hubiera un mañana… bueno, literalmente podría no haber un mañana para esas personas—. Se puede ver gente saqueando el edificio, obteniendo cualquier cosa que puedan usar para sobrevivir. El agua brilla por su ausencia, los alimentos escasean, no hay transporte de productos, no hay economía. Esto es como una selva, donde los seres humanos van a competir a diario por la comida, el agua y cualquier lugar que les provea un refugio seguro. Multipliquen eso por un millón, y recién van a entender el alcance de lo que ha ocurrido en todo el mundo. Estos… seres ya no son humanos. Son animales con vestimenta, peleando entre ellos por alimento y refugio. No hay lógica en esos cerebros.
Jeremy dio gracias a la presencia de Sailor Silver Moon, porque comenzaron a escucharse tiros en las cercanías. Le indicó a Alex a que apuntara su cámara a unas bandas que parecían combatir contra los vecinos de un condominio que se caía a pedazos.
—Como pueden ver, los conflictos armados locales ya han comenzado. Vecinos y criminales pelean con armas en mano para ver quién se queda con el territorio, o lo que queda de él. ¿Realmente somos tan mezquinos y patéticos? ¿Basta con un acelerador de partículas para convertirnos en animales? Herbert Dixon ha demostrado que, en efecto, así es. A pesar de toda nuestra tecnología, nuestro conocimiento, y nuestra presunción de que somos mejores que todo el reino animal combinado, bastó con un desastre natural para darnos una lección de humildad. Aún somos jóvenes e inmaduros, pero, ¿realmente merecemos esto? Alguien pensó que sí, y tendría un punto. Hemos hecho de todo y más para exterminarnos a nosotros mismos, y ha sido solamente un milagro lo que ha evitado que todo nuestro mundo haya colapsado como un castillo de naipes.
Jeremy indicó a Alex que era suficiente, y él apuntó la cámara hacia Jeremy para cerrar el reportaje.
—Al final, aunque Herbert Dixon haya creado la máquina que desató todos estos terremotos y tsunamis, fuimos nosotros, los seres humanos, los que realmente hemos destruido este planeta. Contaminamos ríos, lagos y mares, talamos bosques enteros solamente para fomentar un mercado, los ricos se hacen más ricos a expensas de los pobres, creamos negocios a partir de las desgracias de los demás… podría estar un buen rato con esto, pero el punto es que siempre estuvimos al borde del precipicio. Lo único que hizo Herbert Dixon fue dar el último empujón para que cayéramos. Nos habríamos caído de todas formas, solamente que más tarde, cuando hubiésemos hecho tanto daño que ya sería irreparable y fuese imposible vivir en este planeta. Aunque yo no esté de acuerdo con la decisión unilateral de Herbert Dixon, al final, pienso que fue necesario para que nosotros realmente cobráramos conciencia de que vivimos en un planeta con recursos limitados, que debemos ser más inteligentes en emplearlos, y, por encima de todas las cosas, debemos ser cooperativos en lugar de competitivos. Compitiendo entre nosotros no es la forma de salir de este problema tan grave en el que estamos. Colaborando con otros es la manera de sobrevivir esto, de reconstruir, de levantarnos de las cenizas y hacer de este mundo un lugar en el que realmente valga la pena vivir. En vivo, Jeremy Burns desde Santiago, Chile, se despide. Buenos días.
Jeremy apagó el micrófono, y Alex hizo lo propio con la cámara.
—¿Crees que hayan escuchado el mensaje? —preguntó Alex, luciendo un poco dubitativo—. Porque es como difícil que alguien tenga un televisor operativo después de lo que ocurrió.
—Basta con que una persona lo haya escuchado —repuso Jeremy, en un gesto que no habría sido propio de él cuando inició su investigación sobre el acelerador de partículas—. Y sea la persona correcta. Además, tenemos a las Sailor Senshi. Ellas darán el ejemplo, y todos los que sobrevivan comenzarán a entender el mensaje.
—¿De verdad lo crees? ¿O es solamente un presentimiento?
Jeremy se quedó mirando a la devastación, y vio que una persona le daba un poco de agua a un niño con varias heridas en sus extremidades.
—Lo creo.
En el centro de la Vía Láctea, a cuarenta mil años luz de la Tierra
Sailor Dark Mercury despertó sobándose la cabeza, sin saber cuánto tiempo había pasado inconsciente. No obstante, le daba la impresión que había sido bastante tiempo. Se sacudió la cabeza, mirando en todas direcciones, notando que no había ninguna Sailor Senshi presente, ni siquiera Sailor Galaxia se podía ver. Luego, notó que el agujero negro había desaparecido, reemplazado por una forma oscura amorfa que iba creciendo lentamente en tamaño. Era como si tinta brotara de un agujero, cubriendo lentamente el espacio alrededor de éste.
No sabía por qué, pero Sailor Dark Mercury no podía mover sus brazos ni sus piernas. Era como si esa forma oscura la hubiera paralizado. La noción se hizo más fuerte cuando ella vio que la forma oscura parecía dirigirse en su dirección.
—¿Qué diablos pasa? —preguntó, mientras la oscuridad iba dominando su visión, hasta que todo lo que pudo ver fue negrura total.
