CXXVI
Campanas de boda
Londres, 25 de marzo de 2000, 06:59p.m. (155)
Más de tres años después de que el atrevimiento de Herbert Dixon costara la vida de casi cuatro mil millones de vidas en las primeras horas (otras seiscientas millones de personas murieron a causa de las refriegas, el hambre y las enfermedades), la población mundial se había reducido a unos trescientos millones de individuos. Eso significaba que la población se había reducido en un horripilante 93,5 por ciento. La reconstrucción había comenzado cinco meses después del desastre, pero, debido a la ausencia de tecnología que nos facilitara la labor, teníamos que hacer todo a la antigua. Violet había colaborado en algo para crear aparatos más modernos, pero aun así, era difícil hacer las cosas como antes de la activación del acelerador de partículas. Amy había reclutado a las mejores mentes de las diez millones que las Sailor Senshi habían salvado, y, junto a ella, se habían puesto a investigar nuevas tecnologías, o mejor, dicho, redescubrirlas.
Gracias a las Sailor Senshi, todo rastro del antiguo Tokio había sido erradicado, y el terreno se vio lentamente poblado por casas de un piso y calles de tierra. No había muchos medios disponibles de transporte, porque el evento de 1996 había acabado no solamente con casi toda la humanidad, sino que también con casi todos los vertebrados. Caballos había realmente pocos, así como animales de granja, como vacas, cerdos u ovejas. Lo único que abundaba era todo lo que crecía en la tierra, como árboles y vegetales, por lo que nuestra alimentación consistió esencialmente en frutas, verduras, legumbres, hortalizas y tubérculos. Teníamos que esperar unos cuantos años para poder contar con productos animales, como carne, lácteos y huevos. Amy había dicho que, probablemente, algunos desarrollaran un defecto genético al procesar proteínas, lo que les causaría muchos problemas de salud, aparte que las carnes eran la fuente principal de la vitamina B12, la falta de la cual podía causar demencia y otros problemas serios de salud. En lo personal, yo esperaba no tener que pasar por esos problemas.
En tres años, ya había suficientes viviendas para los diez millones de personas que habían escogido salvarse a valerse por sí mismas. Las Sailor Senshi habían sido responsables de buena parte de la construcción de dichas casas, especialmente de las más fuertes, como Sailor Uranus, Sailor Jupiter y Sailor Silver Moon. Sailor Jupiter también había sido útil en el restablecimiento de las redes eléctricas, junto con Sailor Mercury y Sailor Amethyst, quienes pusieron el cerebro para crear las instalaciones necesarias para generar electricidad. Si no hubiese sido por las Sailor Senshi, no hubiéramos podido avanzar tanto en unos míseros tres años. Incluso Sailor Moon ofreció a los demás sobrevivientes la ayuda de las Sailor Senshi para que pudieran levantarse nuevamente, pero se negaron. La excusa giraba en torno a las Sailor Senshi siendo las responsables de la devastación y el exterminio de casi toda la población mundial. Y realmente no los podía culpar de creer eso. Pese a que yo les había dicho que la mente de Herbert Dixon había ideado el plan que desembocó en la catástrofe, ellos creían que yo estaba mintiendo. Después de todo, la palabra de un hombre que ha estado dos veces en prisión, aunque haya sido por razones injustas, no valía mucho. La gente tendía a creer que los criminales no eran hombres de palabra, que eran lo peor que podía ofrecer la sociedad, todo esto con independencia de si las causas por las que alguien caía preso eran justas o no. Aun en estas circunstancias, me sorprendía que el ser humano aún se aferrara a los estereotipos. ¿Qué no tenían cosas más importantes de las que preocuparse? ¿Cómo mierda podían seguir creyendo que las Sailor Senshi eran poco menos que heraldos de la destrucción? ¿Tanto daño había hecho la ley Kobayashi? Porque fue a partir de aquella reunión de las Sailor Senshi con las Naciones Unidas cuando la humanidad comenzó a irse en picada en contra de ellas. Tres veces fueron las que Sailor Moon ofreció su ayuda, la de ella y la de sus compañeras, a los demás sobrevivientes, pero la respuesta fue la misma. Decepcionada y triste, Sailor Moon desistió de seguir ofreciendo ayuda, y consagró su energía a que los diez millones de sobrevivientes que sí creían en las Sailor Senshi siguieran su largo camino hacia la prosperidad.
Sin embargo, hace solamente un mes atrás, un mes antes de que yo comenzara a contar esta historia, ocurrió algo que nos hizo sentir aún más esperanzados con respecto a nuestro futuro.
Resultaba que un quince por ciento de las personas que las Sailor Senshi salvaron eran creyentes, por lo que fue necesario construir una iglesia para ellos. Sailor Moon y sus compañeras no eran especialmente religiosas, pero, por respeto a aquellos que sí lo eran, la iglesia fue construida, y no era pequeña. Un poco más grande, y la cosa habría sido una catedral. El punto es que, hace cinco días, se celebraron cuatro eventos en uno solo. Y no eran eventos cualquiera. Eran cuatro matrimonios. Y dos de ellos eran entre dos mujeres.
Resultaba que, en los meses anteriores al matrimonio por partida cuádruple, Darien, el tipo detrás del tipo de traje que se llamaba Tuxedo Mask, le había pedido mano a una Serena con cinco meses de embarazo, y ella aceptó. La familia de ella, estando entre las personas que habían sido salvadas por las Sailor Senshi, recibieron a Darien con los brazos abiertos, aunque fuese como dos años mayor que ella. Dos semanas después, Haruka y Michiru habían anunciado su compromiso. Un mes después de ellas, Saori y Violet hicieron lo propio, y tres semanas después de ellas, recibí una visita inesperada de Nicole, diciéndome que ya sabía quiénes iban a ser los próximos en anunciar su casamiento. Con las cejas arqueadas, porque no me imaginaba a Nicole siendo chismosa bajo ninguna circunstancia, me llevó a una plaza, donde me dijo que el anuncio iba a tener lugar.
—¿Y quiénes serán los próximos? —pregunté, sonando mistificado, mirando en las cercanías, sin ver a nadie que sostuviera un anillo en sus manos, o luciera especialmente nervioso.
—Espera un momento —dijo Nicole, dirigiéndose hacia la pileta que dominaba la plaza—. Aquí hay algo.
Vi algo refulgente en el fondo de la pileta, pero no me imaginaba qué podría ser. Nicole no perdió tiempo, y se internó en las aguas superficiales de la pileta, tomando el objeto con una mano. Cuando me lo mostró, vi que se trataba de un anillo con un rubí incrustado en éste.
—Es un anillo —dije tontamente, pero luego caí en la cuenta de lo que Nicole estaba tratando de decirme—. Espera un momento. ¿Quieres decir que a la pareja se le quedó el anillo en la pileta?
—No exactamente —dijo Nicole, quien se ruborizó levemente. Aquella reacción me sacó de onda, al menos hasta que me di cuenta que ese anillo no pertenecía a otra pareja. Ese anillo era de Nicole, lo que implicaba algo mucho más impactante. Cuando comprendí lo que Nicole intentaba hacer, un escalofrío me sacudió por completo. No pude hablar por un minuto entero, mientras veía a Nicole arrodillarse frente a mí, mostrándome el anillo, mostrando una sonrisa radiante, mientras sus ojos brillaban como el sol.
—Jeremy Burns —dijo ella, mientras yo aún trataba de mover mis músculos, los cuales aún no reaccionaban—. ¿Quieres casarte conmigo?
Honestamente, les digo que yo ardía en ganas de decirle que sí, pero sentía mi garganta agarrotada. No podía siquiera tragar saliva, maldición. ¿Por qué diablos reaccionaba así, si sabía qué era lo que quería decir? ¿Era la impresión? Porque era la primera vez en mi vida que una mujer me proponía matrimonio. Normalmente éramos nosotros, los hombres, quienes daban ese paso. Era muy extraño que una mujer hiciera eso. (156) Pero ahí estaba Nicole, con el anillo extendido hacia mí, esperando por una respuesta con una expresión esperanzada en su hermosa cara. ¿Cómo era posible decirle que no, demonios? Había soñado ese momento por años, pensando que yo iba a ser quien le ofreciera el anillo a ella, y fuese ella quien dijera que sí o no. Sin embargo, ese sí o no, debía darlo yo. Y, dada mi experiencia, no había otra respuesta posible a esa propuesta.
—¿Estás bromeando, verdad? —me escuché decir, y mi voz sonó como si se escuchara desde el fondo de una piscina—. ¡Por supuesto que quiero casarme contigo!
Nicole hizo su sonrisa aún más amplia, me echó los brazos al hombro y me besó con pasión. Yo, como era predecible, le correspondí, sin darme cuenta que nuestros pies nos conducían a nuestra casa, y a nuestra habitación. Hubo un portazo, sentí que rebotaba en una superficie mullida, y veía cómo Nicole se iba deshaciendo de su ropa, hasta quedar como Dios la trajo al mundo. Se trepó encima de mí, mirándome con una expresión que jamás había visto antes. Era una mirada de puro deseo, y las consecuencias no se hicieron esperar. Me sentí un poco avergonzado, antes de percatarme de que aquella era una reacción normal de mi cuerpo en esas circunstancias. Era la primera vez que me pasaba eso, aquello de desear a una mujer al punto de casi perder la razón, y no quería arruinarlo por un comentario desafortunado, o por simple inexperiencia.
—Guau —dije, casi falto de aliento, viendo lo que solamente había visto en mis sueños más íntimos—. Eres más hermosa de lo que pensé.
—¿Nunca habías hecho esto?
—Claro que lo he hecho, pero Heather no era tú —dije, lo que era cierto. Heather no era una mala chica, pero sí ponía muchas condiciones para llegar a hacer lo que estaba a punto de hacer con Nicole—. Ella siempre decía que teníamos que tener una determinada cantidad de citas para tener un poco de intimidad. No había nada de ese impulso que te llevara a la cama sin que te des cuenta.
Nicole se inclinó sobre mí, y me dio un breve beso en mis labios. Mientras más tiempo ella permanecía sobre mí, más ganas tenía de, como se dice vulgarmente, ir al dulce. Y más aún si la mujer con la que ibas a hacerlo tenía el cuerpo y el rostro de Nicole. Puede parecer superficial, pero les juro que son mis genes hablando, no yo. (157)
—Entonces esa chica no era para ti —dijo Nicole, quitándome los pantalones y lo que quedaba de mi ropa. Ahora, ambos estábamos como Adán y Eva—. El amor es incondicional, es impulsivo, y no necesariamente debe tener lógica. Si nos rigiéramos por la lógica, nosotros no deberíamos estar juntos, pero aquí estoy, a punto de compartir mi cuerpo contigo.
—Tienes razón —dije, tomándola de la cintura, pero Nicole soltó una carcajada.
—No seas inocente conmigo —dijo, tomando mis manos, y poniéndolas en un lugar inesperado, al menos para mí—. Vamos, Jeremy. Piérdeme el respeto, al menos por las siguientes tres horas.
No hubo caso. Cedí.
La iglesia estaba llena a más no poder. Había cuatro parejas que se iban a casar, no al mismo tiempo, pero sí una después de la otra. Los primeros en dar el sí en el altar eran Serena y Darien, y se trataba del casamiento más anticipado de todos. Por lo que las Sailor Senshi me contaron, ambos habían sido amantes en una vida pasada, y hoy, seguían siéndolo. Ellos me hicieron acordar del mito de Selene y Endimión, una antigua historia griega, que hablaba de la diosa de la luna y el pastor, claro que, en el caso del mito, ambos solamente podían estar juntos durante los sueños del pastor. En ese momento, estaba viendo que el mito se había hecho realidad, y, lo que era más, que ambos podían estar juntos en todo momento.
La ceremonia no fue larga, pero sí estuvo plagada de murmullos por parte de los asistentes. Las Sailor Senshi, como era obvio, estaban todas presentes, incluyendo las Sailor Starlights y las Sailor Gems. Por desgracia, el Sailor Quartetto y Sailor Chibi Moon habían tenido que regresar al futuro. Las cosas que uno aprendía al estar cerca de las Sailor Senshi. De pronto, los viajes en el tiempo, las estaciones fuera de este planeta, las vidas pasadas y los espíritus, se convirtieron en cosas normales para mí, solamente relacionándome con las Sailor Senshi. Incluso he aprendido un poco de física, matemáticas y medicina, simplemente hablando con Amy.
Cuando ambos se prometieron amor eterno, hubo una cacofonía de gritos, llantos, y caía confeti del techo de la iglesia. A Serena le gustaba la parafernalia en los grandes eventos, y su propia boda no podía ser la excepción. Ella lo había planeado todo, desde las múltiples bodas hasta el confeti. Serena se veía tremendamente feliz por lo que había ocurrido, y Darien también se veía contento, incluso un poco sonrojado.
Cuando fue el turno de Haruka y Michiru, hubo un silencio profundo, porque así lo había solicitado la pareja. Créanme que jamás estuve en contra de las relaciones de pareja de un mismo género, pero igual me sorprendía ver a dos mujeres pronunciando sus votos, y eso que había visto muchas veces a Saori y Violet de la mano y hablando en tonos románticos (era más cercano a ellas que a Haruka y Michiru). Asumí que solamente la costumbre haría que ya no me sorprendiese tanto ese tipo de cosas. Por cierto, hubo bastantes aplausos cuando ambas sellaron su compromiso con el acostumbrado beso (158). Había algunas chicas aisladas que suspiraban de tristeza por el hecho que Haruka ya tenía dueña.
Saori y Violet acapararon algunas miradas, porque una era demasiado alta, y la otra, demasiado baja, o al menos así parecía, porque Saori medía casi dos metros de altura, algo extremadamente poco común en una chica. Aun así, caminaba con gracia y decisión por el pasillo que conducía al altar, no con el acostumbrado nerviosismo que se observaba en la novia en las comedias románticas. Dijo sus votos con absoluta confianza, con fuerza y determinación, sin que su voz temblara siquiera una vez. Fue Violet la que se mostraba más nerviosa, y a veces interrumpía la lectura de sus votos por tragar saliva o por las mismas circunstancias. Al final, todo eso careció de importancia cuando Saori y Violet sellaron su compromiso, y fueron las Sailor Gems las que aplaudieron con más fuerza.
De acuerdo. Era mi turno. Nicole ya me esperaba en el altar, y yo caminé hacia ella como si arrastrara bolas de acero atadas a mis tobillos. Por alguna razón, me faltaba el aire, pero hice lo que pude para mantener la compostura. Vi que Nicole también pasaba por los mismos dramas que yo, porque tragaba saliva y buscaba respirar con más calma.
Cuando llegué al altar, el sacerdote dijo unas palabras que no capté, por estar más preocupado de calmarme que de lo que pasaba a mi alrededor. Les juro que salté cuando el sacerdote se dirigió a mí para que le entregara mi anillo a Nicole, y yo, en mi nerviosismo, casi lo dejé caer. Menos mal que no lo hice, de otro modo, habría sido el casamiento más vergonzoso de los cuatro. Nicole, pese a que pasaba por lo mismo que yo, mostró tener más firmeza que yo, y me entregó el anillo sin titubeos. Era el tiempo de los votos. Saqué un papel de mi bolsillo, lo extendí y lo leí, tratando de dotar de emoción a lo que leía. Di gracias a las clases de redacción que me dio Sophie hace un año atrás, y a que mi voz no sonara trémula mientras leía. Cuando acabé, vi unas lágrimas correr desde los ojos de Nicole, mientras que ella recitaba sus propios votos. Como ella iba a ser mi esposa, le puse la mayor de las atenciones, dándome cuenta que había recibido la ayuda de Scarlett para escribir sus votos. Tal vez por eso comencé a ver borroso. Estaba llorando, y me limpié las lágrimas, pretendiendo que estaba limpiándome una basura en el ojo, pero Nicole sabía la verdad, y se limitó a sonreír.
Yo le prometí amor eterno a Nicole, y cuando ella hizo lo mismo conmigo, me di cuenta de lo real que era ese momento. Mi corazón, que ya estaba latiendo rápido, se dio aún más prisa. ¡Me estaba casando, con un demonio! ¡Estaba uniendo mi vida a otra persona! ¡Iba a compartirlo todo con esa persona, y estaba realmente orgulloso de que esa persona fuese Nicole!
Nuestras madres nos habían enseñado, a chicos y chicas por igual, que el casamiento era un momento mágico, lleno de significado, y que cambiaba nuestras vidas para siempre. Yo, antes de conocer a Nicole, tenía una visión un tanto cínica del matrimonio, molestando a aquellos que estuvieran casados, diciéndoles que se habían condenado a ellos mismos a una vida de miseria. Pero en ese momento, mientras unía mis labios con los de Nicole, aprendí que uno siempre debe estar dispuesto a comerse sus palabras.
(155) Este capítulo marca el fin de la trama del reportero, pero eso no significa que Jeremy Burns no vuelva a aparecer en esta historia.
(156) La única vez que he estado en esa situación, fue ella la que me propuso matrimonio. Es raro, pero ocurre. Los estereotipos atacan de nuevo.
(157) Los genes son los que, al final, deciden nuestro comportamiento sexual (y muchos de nuestros comportamientos no sexuales). Los genes creen que una mujer atractiva es más sana y fértil que una que no lo es, y es por eso que los hombres nos sentimos atraídos por mujeres con características más atractivas, como pechos más grandes, cinturas estrechas, caderas anchas, y trasero redondeado. Cada vez que miramos a una mujer atractiva, nuestros genes nos dicen algo como "esa mujer es muy fértil y sana. Deberías aparearte con ella para que tu descendencia sea también fértil y sana". Así que, si alguna vez te has preguntando por qué volteas la mirada cada vez que una mujer atractiva pasa por tu lado, ahora ya sabes de dónde viene ese impulso. En el caso de las mujeres, no parece ser tan claro, porque ellas no se sienten atraídas por la belleza física masculina al grado que nosotros nos sentimos con mujeres atractivas. Hay más cosas en juego que la simple apariencia.
(158) Es curioso que mencione esto, porque, tanto en el manga como en el anime de los noventas y en Crystal, posiblemente también en Eternal, jamás las muestran besarse.
