CXXXV
Pasado y futuro

Nueva Tokio, 15 de octubre de 1999, 09:35p.m.

Rini esperaba que Sailor Pluto le hubiera dado más margen de tiempo para actuar, pero no había sido el caso. La Rini del pasado y el Sailor Quartetto se iban al futuro al día siguiente, y no había muchas formas de reemplazarla. Siempre podía usar fuerza bruta para conseguirlo, pero creía que más de alguien se daría cuenta. También estaba Amy, quien siempre usaba esa computadora de bolsillo para detectar radiación sigma. Lo que fuese que necesitara hacer para reemplazar a la Rini de ese presente, debía hacerlo sin transformarse en Sailor Senshi.

Pero tengo mi Luna pelota. Sí, es lo mejor que puedo hacer.

Rini esperó a que anocheciera, y se encaminó a la casa en la que vivía su versión de ese presente. Sabiendo que Serena y Darien también se encontraban presentes, decidió usar su Luna pelota para crear una distracción. Dando varios botes a su Luna pelota, la transformó en una bomba de ruido, y se acercó a un costado de la casa. Esperaba que fuesen Serena y Darien los que salieran, dejando a Rini en el interior. Cuando estuvo lista, Rini, con el corazón en la garganta, presionó el detonador en su mano, y se tapó los oídos de inmediato.

Aun con las manos sobre sus orejas, el estampido la dejó temporalmente sorda, pero causó el efecto deseado. Unos pocos segundos después de la explosión, Rini vio a Serena y Darien salir de la casa. Aún sin escuchar mucho, Rini aprovechó la oportunidad para entrar en la casa, y volvió a emplear su Luna pelota para convertirla en un suero para dormir. No le importaba mucho si la Rini de ese presente la viera.

Y, como esperaba, la Rini de ese presente la vio, y se quedó petrificada por un momento, el cual la Rini del futuro aprovechó para administrarle el suero para dormir. La Rini del presente cayó como una tabla sobre el suelo de madera, y la escondió debajo de la cama en la que dormía. Después, se enfundó un pijama para acostarse sobre la cama, y pretendió estar asustada por el estampido.

Cuando Serena y Darien volvieron, vieron a Rini acostada, cubriéndose con las sábanas, temblando de miedo. La tranquilizaron, asegurándole que no había sido nada malo, y ella dejó de estremecerse. Ninguno de los dos se dio cuenta que aquella había sido una actuación, y se dirigieron a su dormitorio. Rini juzgó que el sueño también le haría bien, y, al cabo de una media hora, se quedó dormida, a sabiendas de que el suero para dormir duraba doce horas.

Estaré en camino al futuro en ocho.

Tokio de Cristal, 18 de octubre de 2992, 04:00p.m.

Amy había regresado de juntarse con William, el tecladista de Achilles' Heel, pero no se sentía normal. Tenía las mejillas ligeramente coloradas y respiraba con un poco de dificultad. Un observador externo, probablemente Serena, pensaría que había tenido una cita particularmente romántica con William, pero aquello no haría honor a la verdad.

Lo que realmente había ocurrido tenía que ver con una competición de nado, como la que ella tuvo con Michiru en 1992, solamente que William era mucho más rápido que Amy. Sin embargo, en lugar de burlarse de ello, William hizo que Amy fuese rompiendo con sus límites, y era por eso que se encontraba en ese estado. La sesión de entrenamiento había sido muy intensa, y Amy aún no se recuperaba del cansancio. Sin embargo, eso no significaba que no hubiera pasado algo más.

—Eres una chica increíble —había dicho William después de salir de los vestidores. Amy no se puso colorada, pero sí compuso una sonrisa—. Siempre te esfuerzas por dar lo mejor de ti.

—¿Cómo podría ser buena en algo si no doy lo mejor de mí misma? —había respondido Amy, acomodando la mochila en su espalda, en la que iba su equipo de nado—. Mi mamá me enseñó que no puedo ser buena en algo si no pongo todo mi empeño en ello.

—¿Y tu madre…?

—No te preocupes —había dicho Amy con una pequeña carcajada—. Ella está bien. Fue una de las personas que las Sailor Senshi salvaron durante la Gran Sacudida. Vivimos juntas aún.

—Eso es bueno.

Ambos se habían quedado en silencio por un momento, durante el cual no hicieron otra cosa que mirarse. Sin embargo, Amy rompió el silencio.

—¿Sabes? Mis amigas piensan que tú eres… bueno… un poco frío, porque no muestras emociones cuando tocas el teclado, y no haces movimientos innecesarios. Pero yo creo que eres así en en escenario porque, tal como yo, quieres hacer tu mejor esfuerzo en lo que haces.

William se quedó en silencio, sopesando las palabras de Amy. Al cabo de un rato, le mostró una sonrisa breve antes de responder.

—Eres perceptiva —había dicho él, dando un paso hacia la salida de las instalaciones donde se emplazaba la piscina, y Amy le siguió—. Tienes razón. Pese a que debería tocar como si lo estuviera disfrutando, sencillamente, no es lo que soy. Cuando quiero hacer mi mejor esfuerzo, debo estar concentrado, aun a costa de que no sea el favorito de mis fans. Los demás gozan de mucha atención, pero yo no veo que me idolatren tanto. Supongo que soy popular para personas como tú, por ejemplo.

Amy se quedó en silencio, admirando a William con la mirada. Ella era perfectamente capaz de entender su postura. Cuando estudiaba en el colegio, Amy no era una estudiante particularmente popular, e incluso había gente que pensaba mal de ella, pero eso ocurría simplemente porque no la conocían bien (y ella misma no daba mucho pie a que los demás lo hicieran). Pero su actitud atraía la atención de la gente correcta, y aquello era lo positivo de su forma de actuar. Se sentía feliz porque alguien compartía sus mismos ideales, sin importar si ese alguien fuese un integrante de una banda de heavy metal.

—Entonces me entiendes —había dicho Amy, quien se dio cuenta que ya había caminado varios metros fuera del gimnasio junto con William. Apenas podía creer que hubiera transcurrido tiempo desde que comenzaron a hablar hasta que salieron del gimnasio—. Mejor de lo que pensé.

Ambos se detuvieron a una cuadra del gimnasio, mirándose entre sí, como si faltara algo más que decir o hacer, pero al final, ninguno de los dos hizo o dijo algo. Solamente atinaron a decirse "hasta pronto" y se fueron cada uno por su lado.

Volviendo al presente, Amy ya no tenía las mejillas coloradas ni la respiración agitada. Se sentía tranquila, como si nada pudiera preocuparla. Amy jamás se había sentido despreocupada, porque siempre tenía algo que hacer, o algo en qué pensar, pero, curiosamente, no se sentía en la obligación de cumplir con ningún deber, o investigar algo, o leer sobre algún tema. Era como si el alma de Serena se hubiera introducido en su cuerpo, pero con un cierto nivel de mesura, porque Amy no era de esas chicas que hiciese exabruptos. Para ella, la justa medida lo era todo.

Cuando iba a tomar un transporte de levitación magnética para llegar más rápido a su casa, vio una sombra acercarse por detrás. En esos tiempos, era prácticamente imposible que un ladrón o un violador tratara de acosarla, pero aquello no impedía a Amy actuar a la defensiva. Dio media vuelta rápidamente, en caso que hubiese alguna amenaza, pero solamente se trataba de William.

—¿Qué haces aquí?

William esbozó una pequeña sonrisa y se acercó más a Amy, tomándola por la cintura. Ella, en otras circunstancias, habría quitado sus manos de allí, pero, por alguna razón, no pudo.

—No es nada catastrófico, pero se me olvidó algo muy importante.

Y, contra todo pronóstico, Amy sintió la humedad de los labios de William en los suyos por una fracción de segundo antes de separarse de ella. Amy quedó helada, viendo cómo William daba media vuelta y se alejaba en dirección contraria, con las manos en los bolsillos de sus pantalones. Para cuando pudo reaccionar apropiadamente, notó que había algo en el bolsillo de su chaqueta. Cuando vio lo que era, tragó saliva. Era una invitación. William había hecho una reserva en un restaurante de comida marina, y, lo que era más, se trataba de una reserva para dos.

Era una fortuna que sus amigas no estuviesen presentes, porque el color que tomaron sus mejillas habría sido motivo de burla para ellas, especialmente para Mina.

Lita había sido aún más afortunada, porque ya llevaba como dos citas con Conrad, y sus amigas se mofaban de ella porque siempre andaba con el rubor a flor de piel. Incluso le había bajado una repentina fascinación por las chaquetas de cuero negro. Cuando Mina le preguntó si había tenido encuentros íntimos con él, Lita enrojeció tanto que parecía padecer de insolación.

—¿De qué diablos hablas? No creo que sea sensato hacerlo ahora —había sido la respuesta de Lita. Pero, pese a que Amy y Rei le creían, Serena y Mina sospechaban de ella, y ambas la habían acribillado a preguntas sobre el tema. Fue tanta la insistencia que Lita debió recurrir a sus puños para poner fin al asunto. Serena y Mina juraron jamás hacerle preguntas a Lita sobre su vida sexual. Pero eso no significaba que se hubieran quedado sin entretención, porque ambas apuntaron sus dardos a Amy.

—He notado que pasas mucho tiempo con William —dijo Mina, como esperando que Amy reaccionara de la misma forma que Lita, pero, por desgracia para ella, no lo hizo.

—Sabe sobre muchas cosas, por eso conversamos mucho —explicó Amy, pero Serena y Mina estaban determinadas en hallar algo que le hiciera enrojecer—. Me invitó a cenar a un restaurante de comida marina esta noche.

—Parece que le gustas —intervino Lita, y Rei refrendó sus palabras asintiendo con la cabeza—. Deberías aprovechar la oportunidad.

—No quiero aprovechar nada —repuso Amy, y tanto Serena como Mina se quedaron mirándola como si se hubiera vuelto loca—. Mostrar necesidad por concretar una relación no es una buena idea.

—Pero es una invitación —dijo Mina, en un susurro innecesariamente confidencial—. William está esperando a que des el primer paso. ¿Por qué no le das en el gusto? ¡Piénsalo! Podrías experimentar lo que se siente tener una relación de pareja.

—¿Qué tan malo puede ser hallar el amor? —preguntó Serena en un tono apropiado para alguien que estuviera celebrando un cumpleaños—. ¡Vamos, Amy! ¡Date una oportunidad! ¡Permítete perder la cabeza por alguien!

—Pero no lo voy a hacer —dijo Amy, esta vez en un tono más serio, y tanto Serena como Mina se quedaron mirándola en silencio, con los ojos dilatados—. El amor no es perder la cabeza por alguien. Es confianza, es reciprocidad, es afecto. Pero supongo que ustedes lo saben, ¿o no?

Ninguna de las presentes fue capaz de rebatir sus argumentos, y Amy relajó su postura al ver que sus amigas ya no parecían querer contradecirla.

—Perder la cabeza por alguien es un simple encaprichamiento —dijo, con una voz más acorde a su personalidad—. Y dura tanto como lo haga la novedad del sentimiento. El amor, por otro lado, puede durar mucho más tiempo, e incluso puede ser eterno. Yo creo que ustedes no deberían dejar que los árboles no les permitan ver el bosque—. Amy consultó su reloj, y vio que faltaban veinte minutos para las nueve de la noche—. Lo siento, chicas, pero debo marcharme. No quiero llegar tarde a mi cita.

Amy tomó su cartera, y se marchó de la casa de Rei, donde las chicas se encontraban reunidas. Las que quedaban no dijeron nada por un par de minutos, al menos hasta que Serena encontró la voz.

—Creo que Amy tiene razón —dijo, y las demás se quedaron mirándola como si fuese la portadora de algún virus letal—. Pensé que el amor era algo mágico, que te hacía flotar en el aire y que hacía que tu corazón se saliera de tu pecho de tan fuerte que latía. No se trata de eso en absoluto.

—¿Y de qué se trata, entonces? —preguntó Mina, en un tono desafiante.

—Creo… creo que se trata de que todos miremos en la misma dirección, que confiemos unos en otros, que nos protejamos entre nosotros, que seamos amables y bienintencionados, que nos preocupemos por el resto y no solamente por uno mismo. Es lo que hace que este mundo sea mejor que el que tuvimos antes de la Gran Sacudida.

De nuevo se hizo el silencio en la sala de estar. Nadie tenía algo que aportar a la conversación, ni siquiera Mina, quien tenía un concepto bastante acotado de lo que era el amor, y no conocía más. Fue el momento perfecto para que Lita se acordara de la comida y acudió a la cocina a preparar unas bolas de arroz con carne.

Nueva Tokio, 16 de octubre de 1999, 05:41a.m.

Rini despertó temprano. De hecho, no había podido dormir bien debido a la anticipación de lo que se venía por delante. Acudió a la cocina en busca de algún bocado y un poco de jugo de fruta (no había leche porque aún no había suficientes vacas para producirla de forma industrial), y encontró de ambas cosas. Después del frugal desayuno, tomó su Luna pelota y salió a hurtadillas de la casa, procurando hacer el menor ruido posible.

El aire estaba helado, pero eso hizo que Rini espabilara más rápido. Caminando de forma casual, llegó a la casa donde se hospedaba el Sailor Quartetto, juzgando prudente tocar a la puerta, de forma que no las pillara por sorpresa.

Fue Cere Cere quien atendió. Aún vestía su pijama y tenía el cabello despeinado. Sus párpados se antojaban demasiado pesados como para mantenerlos alzados.

—¿Qué se le ofrece, Pequeña Dama? —preguntó con una voz de sonámbula—. Son casi las seis de la mañana.

—Tenemos que irnos al futuro —contestó Rini, procurando no sonar apremiada, aunque la prisa fuese una prioridad en ese momento—. Creo que hay un problema muy serio en Tokio de Cristal.

En ese momento, apareció Ves Ves, luciendo igual que Cere Cere.

—¿Y cómo sabes eso?

—Setsuna me lo dijo —mintió Rini, juzgando que aquella era una buena excusa—. Anoche vino a mi casa y me hizo la advertencia. La Neo Reina nos necesita. Las Inner Senshi fueron derrotadas por unos seres desconocidos.

Aquello hizo que tanto Cere Cere como Ves Ves terminaran de despertarse.

—Espera un poco. Iremos a avisar a Para Para y Jun Jun, nos vestiremos apropiadamente, y te acompañaremos al futuro.

Rini rodó los ojos.

—Podrían transformarse y ya.

Ambas chicas miraron a Rini por unos segundos antes de soltar risas nerviosas.

—Tienes razón —admitió Cere Cere, mientras que Ves Ves fue a avisar a Para Para y Jun Jun.

Tres minutos más tarde, Sailor Chibi Moon y el Sailor Quartetto estaban listas para ir al futuro. Eran las seis de la mañana, y el sol apenas estaba saliendo, pero las cinco Sailor Senshi ya no tenían vestigios de que alguna vez estuvieron durmiendo (o intentando hacerlo en el caso de Sailor Chibi Moon). De común acuerdo, decidieron transportarse en un área alejada de la ciudad, de forma que nadie las viera desaparecer en una burbuja de distorsión gravitacional.

Sailor Chibi Moon alzó la llave que le había entregado Sailor Pluto, pronunció las palabras mágicas, y, en cuestión de segundos, las cinco fueron engullidas por el pozo gravitatorio, y desaparecieron sin hacer siquiera un ruido.

Tokio de Cristal, 23 de septiembre de 2992, 11:36p.m.

Sailor Chibi Moon y sus guardianas aparecieron en las afueras de la ciudad, bajo una casi impenetrable negrura. Tuvieron que girar muy lentamente para encontrar las luces de la ciudad sin tropezar entre ellas. Cuando encontraron el camino correcto, las cinco Sailor Senshi se adentraron en la ciudad, protegidas por la Luna pelota de Sailor Chibi Moon. Mientras se aproximaban a las primeras casas, las cinco discutían el plan de acción para recuperar el trono de Tokio de Cristal.

—¿Y de verdad crees que podremos derrotar a esos… cómo se llaman…?

—Galthazar —completó Sailor Chibi Moon, pegándole un palmetazo en la cabeza a Sailor Pallas—. Si somos lo suficientemente ingeniosas, tendremos éxito.

Por desgracia, ninguna de ellas conocía lo suficiente al enemigo, y creían que las Inner Senshi habían sido tomadas por sorpresa. Cuando Sailor Pallas se lo hizo saber a Sailor Chibi Moon, ella no reaccionó de la mejor manera que digamos.

—¿O sea, quieres que esos idiotas sigan en el trono? —protestó Sailor Chibi Moon, y Sailor Pallas arrugó la cara—. Si realmente estás del lado de tu princesa, será mejor que hagamos algo. No puedo permitir que esos Galthazar se salgan con la suya.

Ninguna de las demás dijo algo, por lo que siguieron su camino hacia el palacio de Tokio de Cristal.

Media hora había transcurrido desde que las cinco Sailor Senshi llegaron desde el pasado, y no habían sido detectadas hasta el momento. Se encontraban a cinco cuadras del palacio, y el optimismo iba creciendo con cada segundo que pasaba. Ningún transeúnte las había visto desde que penetraron en el radio urbano, y consiguieron llegar hasta la extensa plaza arbolada justo al frente del palacio. Sin embargo, cuando iban a cantar victoria, se percataron que su visión se iba haciendo cada vez más pobre. Sailor Pallas se dio cuenta que lo que estaba impidiéndoles ver apropiadamente era una niebla, muy similar a la que siempre conjuraba Sailor Mercury, pero dudaban que se tratara de ella.

De pronto, una fuerza irresistible las arrastró hasta el otro extremo de la plaza, rodando por el suelo, y haciéndose daño en las rodillas. Quejándose de dolor, las cinco Sailor Senshi se pusieron de pie, y cuando lo hicieron, vieron a un hombre de elevada estatura aparecer de forma teatral entre la niebla. Usaba un uniforme negro, con una estrella de seis puntas de color azul estampada en su pecho. Su capa y sus botas también eran de color azul, así como el cinturón.

—Es… un Galthazar —balbuceó Sailor Chibi Moon.

—Eres observadora —dijo el hombre, sin mostrar emoción alguna—. Veo que hay más Sailor Senshi en este planeta de lo que pensaba.

—¡Te derrotaremos! —gritó Sailor Juno, crispando ambos puños. Las demás asintieron en señal de aprobación.

—Den su mejor esfuerzo —dijo Frostbite en un tono parejo, preparándose para el combate.