CXXXVI
El señor de la guerra
Planeta Fala, 18 de septiembre de 2992, 11:49a.m Hora de la Tierra
Para sorpresa de las chicas, ellas eran las únicas a bordo de la lanzadera. El insectoide hizo las acostumbradas advertencias, y las chicas, olvidando que también debían abrocharse los cinturones, hicieron caso, y, en menos de tres minutos, ya estaban en el aire nuevamente, rumbo al puerto estelar en la luna de Fala.
—No será muy largo el viaje, pero espero que lo disfruten tanto como yo —dijo el insectoide alegremente, y activó una palanca, de forma de incrementar la velocidad del trayecto, o al menos eso asumió Violet. No obstante, ninguna de las chicas sintió que la lanzadera fuese más rápido. Sí sintieron un cosquilleo en su piel, al tiempo que se escuchó un siseo tenue, como el que haría el aire al salir por un abertura estrecha. Violet, con su instrumental, leyó un incremento en la estática, lo que solamente significaba una cosa, y no le gustaba para nada. Decidió tomar cartas en el asunto, pero no sabía que ya era demasiado tarde.
—¡Saori, detiene a ese piloto! —exclamó Violet, pero, en cuanto Saori se puso de pie, una debilidad extraña la envió al suelo, dejándola inconsciente. Las demás cayeron segundos después, mientras la puerta que separaba al piloto de la cabina se cerró, aislándole del gas tóxico que llenaba la cabina de pasajeros.
Un minuto después, la lanzadera atravesó un agujero de gusano, rumbo a un destino que llevaría a las Sailor Senshi muy lejos de la Tierra.
Planeta desconocido, fecha y hora desconocidas
Saori abrió los ojos, y vio que se encontraba encerrada en una habitación completamente vacía, a excepción de una cama con apenas sábanas. Las paredes eran blancas, pero la pobre iluminación las hacía ver más opacas. La habitación era de un tamaño respetable, de unos diez por diez metros, y lucían bastante sólidas, nada que ella no pudiera romper, sin embargo. Aprovechó que no tenía grilletes en sus muñecas o tobillos, y dio un golpe extremadamente fuerte contra la pared, pero ésta no cedió. Ni siquiera una abolladura pudo hacer.
—¿Qué mierda? —se dijo Saori, golpeando repetidamente la pared, con el mismo resultado. Bufando, miró hacia arriba, y vio una puerta trampa. Creyendo que aquel era un punto débil, Saori saltó lo más alto que pudo, pero apenas pudo arañar la puerta. Cuando cayó al suelo, pensó que estaba siendo una estúpida, y se llevó una mano al medallón en su cuello, pero no encontró nada.
—¿Qué mierda? —repitió Saori, al tiempo que un rectángulo de color negro apareció en lo alto, y, segundos después, un hombre apareció en la recién formada pantalla. Tenía el cabello largo y albino, apenas cejas, y una barba decentemente poblada. Su cabeza parecía flotar en medio de la nada, pero los reflejos indicaban que usaba una armadura negra. Saori frunció el ceño cuando vio que ese sujeto, quienquiera que fuese, le resultaba vagamente familiar.
—¿Quién mierda eres tú? —preguntó Saori, mirando al hombre con furia, pues asumía que él había sido quien había tirado de los hilos para que ella acabara atrapada sin saber dónde se encontraba en el universo.
—Mi nombre es Warbringer, y estoy a cargo de esta prisión —dijo el desconocido con una voz ligera, como si hubiese algo que le causara un poco de gracia—. Soy lo que llaman un señor de la guerra, alguien que se beneficia del conflicto, y de todo lo que eso implica. Un agente del caos, en caso que te sientas un poco dramática.
—¿Y qué ganas con tenerme aquí? No te he hecho nada.
—Por supuesto que no me has hecho nada —dijo Warbringer con ese mismo tono ligero que había empleado antes—. Eres una Sailor Senshi, de esas guerreras que luchan por el amor y la justicia. En teoría, ustedes deberían ser la luz de este universo. En la práctica, sin embargo, ustedes representan intereses contrarios a los míos, y, por lo tanto, deben ser eliminadas. Y he ideado una forma bastante… teatral de hacer precisamente eso.
—Bah, que pena que hagamos mierda tu negocio —repuso Saori con una voz agresiva, pero burlona al mismo tiempo—. He visto a gente de tu calaña en el pasado, y nunca terminan bien. Tú no serás diferente.
—Eso lo veremos. Te aconsejo que disfrutes tus últimos treinta minutos de vida, porque eso es lo que te queda.
La pantalla desapareció, y Saori bajó la cabeza, sentándose en la cama, suspirando. No sabía qué era lo que le esperaba dentro de esos treinta minutos, pero, lo que tenía claro era que no iba a enfrentarlo con la cabeza gacha. Si tenía que morir, lo iba a hacer de pie, y llevándose con ella a cuantos pudiera.
Las demás chicas habían sido encerradas en diferentes celdas. Una para las Sailor Gems, otra para buena parte de las Outer Senshi, y, por extraño que pareciera, Darien se encontraba encerrado junto a Setsuna, en una celda particularmente estrecha.
En la celda de las Sailor Gems, Molly, Scarlett, Sophie y Nicole conversaban en tonos bajos, como tratando de idear un plan para salir de ese lugar. Scarlett y Sophie se encontraban tomadas de la mano, como tratando de darse fuerza entre ellas. Ambas habían dejado atrás toda pretensión, y actuaban de acuerdo a lo que una era para la otra, y Nicole hallaba eso bastante positivo, porque Sophie había despertado su lado romántico, y Scarlett había descubierto que la fría lógica no siempre era mala. Sin embargo, ninguna de las dos mostraba su amor, no cuando la situación no se prestaba para eso, sobre todo en presencia de Violet.
Violet era la única que no hablaba. Miraba hacia la pared, como si pudiera atravesarla con la mirada, pensando en qué podría haberle pasado a Saori. Se preguntaba a cada momento por qué ella no había sido encerrada junto a las demás, más que nada porque necesitaba su compañía. Sin ella, se sentía débil y vulnerable, y le molestaba que eso aún fuese cierto, sobre todo cuando se habían conocido hace miles de años. Crispó los puños en frustración, tratando de mirar al frente en lugar de a la parte baja de la pared, sin conseguirlo del todo.
¿Qué te pasa, Violet? ¡Tú puedes ser fuerte sin Saori! ¡No la necesitas para mostrar lo que puedes hacer! ¿Por qué como Sailor Amethyst puedes, pero no como Violet? ¡Tu autoconfianza no puede depender de si eres una Sailor Senshi o no! ¡Si sigues actuando de ese modo, todo el mundo te pasará por encima, incluso tus amigas! ¡Debes deshacerte de las cadenas que te atan a lo que eres! ¡Puedes ser mucho mejor, pero no te esfuerzas en hacerlo, porque siempre estás a la sombra de Saori! ¡Sé que en el fondo la envidias porque ella no tiene miedo a enfrentar incluso a sus amigas si cree que es lo correcto! ¡Incluso puede que sea la misma Saori la que te está limitando tanto!
¿Cómo puedes decir eso? Sin ella, no habría llegado tan lejos.
Pero puedes ir mucho más allá sin ella. Si permites que tu fuerza y autoconfianza dependan de otra persona, nunca brillarás con luz propia. ¿Cómo puedes madurar si no haces algo por ti misma? El amor es para personas que no son capaces de valerse por sí mismas. Tú no tienes por qué seguir ese camino. Sola puedes ser mucho, pero mucho más. No tendrás límites en lo que puedas conseguir o hasta dónde puedas llegar. Ya no andarás a la sombra de nadie.
Aquellas últimas palabras resonaron en su cabeza, atormentándola con pensamientos lúgubres, pensamientos en los que ella podía verse a sí misma rompiendo su relación con Saori, librándose de sus cadenas y volando con sus propias alas. La idea era muy tentadora, sobre todo para alguien que rara vez tomaba la iniciativa, como Violet. No dijo nada, pero siguió mirando la pared de la celda, considerando seriamente terminar su relación con Saori, si eso le permitía superar su timidez y falta de confianza en sí misma.
Nicole, pese a que aportaba ideas, tal como Molly, Scarlett y Sophie, pensaba a cada momento en Jeremy, y en lo que fuese que estuviera haciendo. Esperaba que no tuviera ningún problema espiando a los Galthazar. Realmente esperaba que descubriese cuáles eran sus reales intenciones con los Sailor Cristales de las Inner Senshi. Sin embargo, había una razón mucho más importante por la que pensaba constantemente en Jeremy. De forma instintiva, se llevó una mano a su vientre, y las demás captaron el gesto de inmediato. El tema de conversación cambió de forma súbita.
—¿Y cuánto llevas? —preguntó Scarlett, aunque reconocía que le interesaba más el proceso que el resultado de lo que había hecho Nicole con Jeremy.
—Dos meses —repuso Nicole, una sonrisa involuntaria dibujándose en su cara—. No sé por qué fui tan tonta al aplazar esto. Jeremy es un encanto, eso sí. Me tuvo mucha paciencia, y jamás me mostró rencor alguno. Decía que es bueno que tuviéramos momentos a solas, y que los disfrutáramos, porque un hijo iba a ser un punto de inflexión en nuestras vidas, y ya no tendríamos tiempo para nosotros.
—Jeremy fue muy inteligente al actuar de ese modo —dijo Sophie, quien no sonó feliz, para nada. El ambiente opresor hacía que hasta los eventos más felices fuesen opacados por la atmósfera asfixiante de una celda húmeda y barrotes herrumbrosos—. Ya no tiene nada de qué arrepentirse.
—Por eso, tengo que volver con vida, como sea —dijo Nicole con firmeza, soltando unas pocas lágrimas traicioneras—. No quiero hacerle daño a Jeremy, porque él no se lo merece. Quiero tener este hijo, quiero criarlo junto a él, verlo crecer y que sea lo que quiera ser.
Las demás quedaron en silencio. En honor a la verdad, no había nada más que decir al respecto. El objetivo había sido propuesto: seguir con vida, a como diera lugar.
Las Outer Senshi también planeaban un posible escape, pero, a diferencia de las Sailor Gems, estaban concentradas exclusivamente en hallar una forma de salir de la prisión. No había margen para nada más, y Haruka y Michiru eran más conscientes de eso que Hotaru, pero eso no significaba que ella no estuviera pensando en nadie en especial.
Hotaru sabía que Rini había logrado escapar de los Galthazar, y, seguramente, estaba buscando una forma de hacerles frente, o al menos de averiguar cuál era su plan, si es que había uno. Había muchas probabilidades de que Rini perdiera su Sailor Cristal combatiendo contra los Galthazar, y eso a Hotaru le preocupaba mucho. Había ocasiones en las que incluso perdía el hilo de la conversación con sus otras dos compañeras, y ellas le repetían que no pensara demasiado en Rini, y que su prioridad se encontraba en el presente. Hotaru lo sabía, pero actuar en consecuencia le era muy difícil, lo que frustraba un poco a Haruka y Michiru. Se forzó a bloquear cualquier pensamiento relacionado con Rini, y su concentración mejoró un poco.
El caso de Darien y Setsuna era bastante particular. Setsuna no parecía querer hablar mucho, y se mantenía en silencio por periodos extensos de tiempo, mientras que Darien intentaba que hablase, pues creía que le haría bien distraerse de los problemas, creyendo que así era más fácil hallar algún escape de aquella prisión.
—No es bueno que no hables de tus problemas —dijo Darien, acercándose un poco a Setsuna, pero ella parecía querer mantenerse lo más alejada posible de él. No era difícil entender sus razones. Setsuna no quería estar demasiado cerca de Darien, por temor a que cayera en tentación. Pero ni siquiera tenía idea de lo que podría salir mal si le hacía caso, por una vez en su vida, a su corazón—. No tengas miedo de decírmelo. No voy a reírme de ti o algo por el estilo.
Pero Setsuna sabía que él no se iba a reír. Su preocupación era otra. Pero Darien tenía razón. Debía decirle a alguien lo que había en su corazón. La oportunidad era demasiado buena para dejarla pasar.
—Es que… me da miedo lo que podría pasar si sigo adelante con lo que quiero hacer —dijo Setsuna, sintiéndose tonta e inmadura, cuando ella no era ninguna de las dos cosas. Asumía que, en asuntos del amor, ella tenía muchas cosas que aprender—. No creo que haga falta decirte lo que siento, porque ya lo sabes. La cuestión es si… bueno… estás interesado en mí o no. Pero yo sé lo que me vas a decir.
—¿Y qué es lo que crees que te voy a decir?
—Que… bueno… que mi amor no es correspondido, como siempre lo ha sido.
—Si tuviera pareja, te diría eso sin siquiera dudarlo —repuso Darien, y el corazón de Setsuna pegó un brinco muy doloroso a su garganta—. Pero no la tengo, y tú eres una mujer muy interesante y misteriosa. Me gustan esas cualidades en una chica. Además, eres muy atractiva. Llamarías la atención de muchos chicos, si no fuese porque eres una mujer muy reservada y solitaria. No te permites la indulgencia de tener pareja, salir con alguien, tener algo de intimidad, qué sabré yo. Por eso tienes esa expresión tan grave y melancólica. Si tal sólo tuvieras el coraje de atreverte a hacer cosas que los humanos normalmente hacen, me habrías tenido ganado hace rato ya.
Aunque Setsuna agradecía esas palabras de parte de Darien, también sabía que las había dicho porque no recordaba nada sobre Serena y sus variados alter egos. Si tuviera esos recuerdos del Milenio de Plata y de su tiempo como Tuxedo Mask, estaba segura que Darien habría dicho esas palabras solamente en su imaginación.
—¿Pero, tengo oportunidad contigo, o no?
—Solamente hay una forma de averiguarlo, ¿no es así?
Setsuna se dio cuenta que Darien tenía razón. "No había peor diligencia que la que no se hacía".
No obstante, Setsuna no alcanzó a decir nada, porque una pantalla bajó del techo elevado de la prisión, algo bastante fuera de lugar, teniendo en cuenta que la prisión estaba hecha de piedra y mortero. En cuanto a la pantalla en sí, ésta colgaba de un par de cadenas, las que iban descendiendo lentamente, haciendo sonidos metálicos. Cuando la pantalla dejó de descender, ésta se encendió, mostrando a un hombre de cabello albino y escasa barba. Usaba una armadura negra.
—Las Sailor Senshi —dijo el sujeto, soltando una pequeña risa burlona—, o al menos lo que queda de ellas. Realmente no creí que cayeran en una trampa tan burda, sobre todo cuando tienen a alguien que puede ver lo que no es evidente a la vista.
Violet bajó la cabeza aún más de lo que ya estaba.
—Mi nombre es Warbringer, y soy, digamos, quien está a cargo de esta prisión. Ustedes están aquí porque quiero que sean testigos de un espectáculo único en toda la galaxia, por supuesto, antes que ustedes perezcan también. Puede que los romanos allá en la Tierra hayan inventado el coliseo y sus combates, pero aquí lo perfeccionamos. He creado a unos seres realmente poderosos, y qué mejor manera de probarlos que enfrentarlos a una Sailor Senshi. Por supuesto, ustedes no serán los únicos testigos de la masacre. Muchos de los turistas que vienen a este planeta gustan de la sangre y la muerte, por lo que encontrarán entretenimiento suficiente aquí. Mañana, al mediodía, serán transportadas al coliseo, donde verán con sus propios ojos cómo la sangre de Sailor Silver Moon salpicará la arena. Será algo para recordar.
Y con esas últimas palabras, la pantalla se apagó y ascendió hasta el techo, para desaparecer por una abertura. Violet se quedó helada al escuchar las palabras de ese tal Warbringer. No podía reaccionar ante la perspectiva de perder a Saori, quizás para siempre. Cualquier intento de formular algún plan para escapar quedó en nada. Nicole y las demás quedaron en silencio, conmocionadas por el hecho que Saori iba a enfrentar algo que podía ser demasiado para ella. Las Outer Senshi, por otro lado, siguieron tratando de hallar una forma de escapar, pero se veía a la legua que se hallaban tensas, a juzgar por los labios apretados y los puños crispados. Setsuna y Darien igual se mostraron preocupados por lo que le podría pasar a Saori, pero también sabían que, lo que fuese que debiese enfrentar, ella lo iba a hacer de pie y con la frente en alto. Podría estar sacudiéndose de miedo en su interior, pero nunca dejaba que el enemigo lo notara. Saori era, junto con Serena, aunque no lo recordara, la mujer más valiente que había conocido alguna vez.
—La conozco bien —dijo Setsuna, contenta por tener un tema de conversación que ella dominara a la perfección—. Dará hasta su último aliento con tal de escapar. Y si no hay otra alternativa que morir, Saori lo acepta y sigue haciendo lo que ella sabe hacer mejor.
—¿Y por qué la conoces tan bien?
—Peleé a su lado en los sesentas, antes que ella diera su vida deteniendo esas cabezas nucleares hacia el fin de la Guerra Fría —contestó Setsuna, acomodándose en el piso tosco de la celda—. También conozco su lado más vulnerable. Vi cómo se deshizo en llanto por haber perdido a Violet a manos de Herbert Dixon. Fue chocante ver a una mujer tan ruda llorar de la forma en que lo hizo. Yo creía que Saori no tenía lágrimas para derramar, pero me equivoqué. Son precisamente las mujeres más fuertes las que son más vulnerables. Y Saori es extremadamente fuerte en más de una forma. Y se nota que ha aprendido del dolor que ha sentido a lo largo de sus vidas. Ya no sucumbe a él, se sobrepone a éste, y sigue adelante. Después de todo, es una Sailor Senshi. No podía esperar menos de ella.
—Bueno, por lo menos Saori no es siempre tan ruda y agresiva.
—Debiste haber visto cómo se relacionaba con Chibi Chibi —dijo Setsuna, recordando que Darien no estaba presente cuando apareció la princesa del planeta del fuego—. Parecían madre e hija. Pienso que Saori aún tiene unas cuantas sorpresas que darnos.
—Eres una autoridad cuando se trata de ella —dijo Darien, mirando a Setsuna a los ojos, y ella se quedó congelada. No era la típica mirada de alguien que solamente estuviera poniendo atención, y Setsuna lo sabía. Era la mirada de alguien que estuviera esperando algo, y ella no podía reaccionar correctamente. Tenía muchas ansias de salvar la distancia que había entre ella y él, pero algo le impedía hacerlo. No sabía qué era, pero ese algo hacía que su cuerpo se quedara inmóvil y trémulo, como si temiera lo que podría pasar si seguía adelante.
Por fortuna o por desgracia, no faltaba mucho para que supiera de dónde provenía aquel miedo.
