CXXXVII
El tour

Tokio de Cristal, 23 de septiembre de 2992, 11:59p.m.

Sailor Chibi Moon y el Sailor Quartetto decidieron atacar al mismo tiempo a su oponente. Mientras que estas últimas sacaron sus bolas de billar, Sailor Chibi Moon sacó un cetro, uno que jamás había usado en su vida, pero que semejaba una espada. Por un momento, se preguntó que era ese cetro y para qué servía, pero no tenía mucho tiempo para jugar a las adivinanzas. Luego, recordó el entrenamiento que había recibido de Setsuna, y recordó las palabras mágicas que activaban el poder del cetro.

—¡A la cuenta de tres! —gritó Sailor Chibi Moon, y sus guardianas asintieron en silencio—. ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!

Sailor Chibi Moon pronunció las palabras mágicas, al tiempo que el Sailor Quartetto golpeaba las bolas de billar con sus respectivos palos. Un haz multicolor brotó del cetro de Sailor Chibi Moon, y las bolas avanzaron a gran velocidad, girando alrededor del rayo multicolor, acercándose a éste, y fusionándose, de modo que formaran un rayo más grueso y potente. Frostbite no hizo ningún gesto para protegerse, salvo extender un brazo hacia delante, como queriendo contener el rayo con sus propias manos. Pero aquel rayo no era uno normal, como Frostbite lo comprobaría un instante más tarde.

Apenas el rayo tocó su mano, hubo una explosión que sacudió toda la plaza. Sailor Chibi Moon y sus compañeras se cubrieron la cara del polvo y los escombros, esperando, o más bien deseando, haberle hecho algún daño a su oponente. Solamente tenían que esperar a que el polvo se asentara y los detritos dejaran de volar.

Cuando todo se tranquilizó, las chicas creyeron que le lastimarían la mano, por lo menos. Pero Frostbite no parecía herido. Seguía con su mano extendida, sin que una gota de sangre corriera de su palma. Eso sí, la tenía ligeramente ennegrecida, pero aquello se debía más al polvo que a un rasguño.

—Realmente no quiero tener que lastimarlas para obtener sus Sailor Cristales —dijo Frostbite calmadamente, haciendo un gesto como de estar pidiendo amablemente por algo—. Tienen que entender que esto lo hacemos por el bien de toda la galaxia, no por ambición, poder o ego.

—¡Entonces déjennos pelear junto a ustedes! —gritó Sailor Chibi Moon, luciendo un poco desesperada, aunque sostenía la llave que le había pasado Sailor Pluto con su mano izquierda, convenientemente oculta de la vista de Frostbite—. ¡Si realmente están del lado del bien, entonces debemos unir fuerzas!

Por desgracia para Sailor Chibi Moon, Frostbite ni siquiera consideró aquella alternativa.

—Desgraciadamente, aquello no es posible. Dudo que las Sailor Senshi puedan unirse para pelear, no después de conocer la historia de las Sailor Guerras. Sailor Moon permitió la matanza de más de tres mil millones de personas, Sailor Silver Moon ha matado a incontables seres sin ninguna compasión. Si las Sailor Senshi no hubieran ido a pelear contra Sailor Galaxia, nada de esto estaría ocurriendo.

—¡Pero ella estaba matándonos para obtener nuestros Sailor Cristales!

—Es cierto. Sus métodos no eran los mejores, pero sus intenciones siempre fueron buenas. Si hubieran permitido que Sailor Galaxia consiguiera su objetivo, no estaríamos en este problema.

Sailor Chibi Moon no entendió de lo que estaba hablando Frostbite. Hasta donde ella sabía, no estaban en ningún problema. Tokio de Cristal prosperaba cada vez más, y nada podía salir mal.

—¿A qué te refieres?

—Cuando Sailor Moon derrotó a Sailor Galaxia, el sello en el Caldero Primordial se rompió, liberando a un antiguo mal, más antiguo de lo que nunca podrías imaginar. No sabemos dónde se encuentra en este momento, pero sí sabemos que ha escapado al universo, y, a menos que hagamos algo, ese mal consumirá no solamente a esta galaxia, sino que a todo el universo. Como ves, todo lo malo que vendrá a continuación es culpa directa de las Sailor Senshi. Si Sailor Galaxia hubiera hecho su trabajo, aquel antiguo mal no habría escapado, y el universo habría estado a salvo. Por eso, no es posible que unamos fuerzas con personas que pelean con sus emociones en lugar de con sus cabezas.

Sailor Chibi Moon tragó saliva. Empuñó la llave con más fuerza.

—Bueno, si vamos a dejar de ser Sailor Senshi, déjanos que lo hagamos juntas.

Sailor Chibi Moon indicó a todas a que se tomaran de las manos. El Sailor Quartetto se quedó mirando a su líder, en evidente confusión, pero la mirada apremiante de Sailor Chibi Moon les empujó a que le obedecieran.

—¿Puedo decir unas últimas palabras?

—Por supuesto —dijo Frostbite gentilmente.

Sin embargo, las últimas palabras que pronunció Sailor Chibi Moon no fueron de despedida, sino que el conjuro que activaba la llave del tiempo. Para cuando Frostbite se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Sailor Chibi Moon alzó la llave al cielo, y la distorsión gravitatoria apareció al instante. Frostbite se lanzó al ataque a toda velocidad, pero la distorsión se hizo tan severa que ya no podía ver a Sailor Chibi Moon y a sus guardianas. Segundos más tarde, desaparecieron de la plaza, dejando a Frostbite de pie, en medio de la plaza, mirando al frente, analizando lo que acababa de ocurrir.

Tokio de Cristal, en ese mismo momento

—Soy Jeremy Burns, reportero, y he venido a hacer una especie de documental sobre la prosperidad de Tokio de Cristal —dijo Jeremy a un guardia del palacio—. Fui autorizado por la reina para que me proporcionaran un tour del lugar, de forma que la gente se sienta conectada con la monarquía.

El guardia jamás cambió la expresión de su cara.

—Tengo que confirmarlo.

Jeremy se quedó unos cuarenta segundos esperando por alguna confirmación de parte de la reina. Pese a que él había hecho todos los trámites necesarios y pasado por todos los conductos regulares que eran requeridos para hacer lo que se proponía hacer, de igual modo había cierta aprensión en él, porque, desde tiempos inmemoriales, Jeremy se afanaba, de forma inconsciente, en esperar el peor resultado posible. Aun cuando se esforzaba en pensar positivo, la negatividad se asomaba en su mente como si fuese una sombra, tentándolo a alejarse de la esperanza, y así evitar salir lastimado. Sin embargo, pese a esa actitud, Jeremy también había sufrido, y quería dejar todos esos asuntos en el pasado. El presente, su presente, implicaba averiguar más sobre los Galthazar y si tenían una agenda que cumplir.

—Señor Burns, la misma reina ha confirmado su solicitud. Aquí tiene un pase temporal para que lo use dentro de las instalaciones. Que tenga un buen día.

A juzgar por la forma en que el guardia había dicho aquellas últimas palabras, a Jeremy le dio la impresión que ese guardia no quería que él tuviera un buen día. En absoluto.

Jeremy caminó por un largo pasillo, el cual estaba decorado con pinturas de una mujer de cabello rubio dorado, ataviada con un vestido largo, de color oro, y que parecía sostener un orbe en su mano derecha. Jeremy asumió que se trataba de la nueva reina de Tokio de Cristal, pero no alcanzaba a entender por qué la antigua monarca, la Neo Reina Serenity, había salido del trono. Algunos hablaban de corrupción, algo paradójico, porque el sistema socioeconómico vigente impedía, por diseño, la corrupción. Otros decían que la Neo Reina había decidido apropiarse del poder del Cristal de Plata a escondidas, y había hablado de compartir su poder solamente para cubrirse las espaldas. Lo extraño era que todas esas personas no eran ciudadanos de Tokio de Cristal, sino que se trataba de afuerinos descontentos con todo lo que tuviera que ver con la Sailor Senshi. Por supuesto, ellos no fueron encarcelados, sino que fueron puestos en poblaciones donde la honestidad era la regla de oro, de modo que aquella forma de proceder formara parte de su vida. (168) Desde ese entonces, no hubo más palabras a escondidas. La gente comenzó a pensar que la Neo Reina ya no quería regir Tokio de Cristal, y le cedió el poder a la actual reina, tal vez consumida por los fantasmas del pasado.

Jeremy llegó al salón del trono, y vio a la nueva reina, sentada en un trono del mismo color de su vestido, y con una corona que semejaba al sol. Una cosa quedó completamente clara acerca de esa mujer: ella era una persona atraída por la opulencia. La falta de un rey le hizo pensar que, tal vez, la reina creía que la mayoría de los hombres eran inútiles. Un pensamiento contradictorio, porque su guardia de honor, o sea, los Galthazar, eran todos hombres.

—Tú debes ser Jeremy Burns —dijo la reina en un tono alto, que reverberó en el cavernoso salón—. Seguramente ya sabes quién soy, pero me presentaré de todos modos. Soy la reina Aurora, y soy la sucesora de la Neo Reina Serenity. Ella me pidió en persona que la reemplazara, porque ya no se sentía capaz de reinar por más tiempo.

Jeremy asintió por puro compromiso, porque, gracias a Nicole, él sabía que los Galthazar habían borrado la memoria a la Neo Reina, y arrebatado los Sailor Cristales a sus guardianas personales. Sin embargo, desde su nueva posición, no podía decir nada revelador, ni contradecir a la reina Aurora.

—Vengo a realizar un reportaje sobre el palacio de Tokio de Cristal —dijo Jeremy, aunque fuese innecesario, porque Aurora ya había sido informada sobre la visita—. Pienso que el legado de la Neo Reina Serenity no debe ser olvidado, aun cuando ella ya no quiera volver al trono de Tokio de Cristal.

—Considero que es una buena idea —aprobó Aurora, justo en el momento en que uno de los Galthazar se presentó ante la reina, e hizo un gesto para llamar su atención. Sin embargo, Aurora hizo otro gesto, diciéndole que podía darle las noticias por otro medio—. Ah, podríamos aprovechar que está Frostbite aquí para que pueda guiarte a través de los puntos más importantes del palacio.

—Después de usted —dijo Frostbite educadamente, haciendo un ademán para que Jeremy avanzara en dirección a una entrada a la izquierda—. Le proporcionaremos todo lo necesario para que haga su documental.

Mientras descendían por unas escaleras, Jeremy vio que Frostbite tecleaba rápidamente en su computadora de bolsillo, tan rápidamente que no era capaz de leer lo que decía en la pantalla. No habría podido leer nada en todo caso, porque los caracteres en el teclado eran extraños, como si se tratase de un idioma alienígena.

—Éstos son los cuartos de nosotros, los Galthazar —dijo Frostbite, y Jeremy vio cinco puertas casi idénticas, cuya única diferencia eran los símbolos en éstas, los mismos símbolos que se podían ver en los pechos de los Galthazar—. Reconozco que no son tan amplios, pero tienen todo lo que necesitamos. Además, nosotros tenemos una política que no acepta el lujo en nuestras vidas, en concordancia con la sociedad en la que vivimos.

Jeremy no dijo nada. No podía creer que los Galthazar, siendo tan honorables, fuesen los malos de la película. No actuaban como villanos en absoluto. Pese a que sabía que habían derrotado a las Sailor Senshi, ellos tenían un código de conducta, un norte moral, a diferencia de muchos villanos con los que las Sailor Senshi habían peleado en el pasado. Costaba trabajo creer que los Galthazar estuvieran haciendo algo malo al apoderarse de los Sailor Cristales de las guardianas de la Neo Reina Serenity.

—Ahora, nos dirigimos al comedor del palacio, donde todo el personal de este lugar come. Incluso la reina come aquí, junto con los guardias, sirvientes y nosotros, los Galthazar. No hay distinción de clases sociales aquí. Todos pueden conversar con todos, incluso alguien que se encarga de la basura puede tener una charla trivial con la reina. Queremos ser un ejemplo para que la sociedad viva bajo el mismo norte moral que nosotros. No podemos decirles que sean buenas personas si nosotros no lo somos.

Uno podría pensar que Frostbite estaba hablando por hablar, pero Jeremy vio que, en efecto, se podían ver sirvientes compartiendo alegremente con guardias, e incluso había dos Galthazar jugando a las cartas con un par de encargados de aseo. Ninguno de ellos tenía una cara de asco al relacionarse entre sí. Eso, o eran muy buenos actores, lo que era paradójico, porque el cine había desaparecido para dar paso al teatro, y los actores de teatro tenían que estudiar (gratuitamente) varios años. De hecho, tan poco tiempo había pasado que había muy pocos actores graduados, que realmente podían hacer teatro, aunque algunos sobrevivientes de la Gran Sacudida también se dedicaban a lo mismo, y estaban muy contentos al ver que las cosas habían cambiado para bien, al menos en su línea de trabajo.

Jeremy, acompañado de Frostbite, visitó varios sectores del palacio, entre los que se contaban las habitaciones de los "sirvientes", porque no se podía hablar de sirvientes en esos tiempos. Todas las personas que trabajaban en el palacio habían escogido hacerlo, y se les dio una habitación y la alimentación era de la mejor calidad, siempre y cuando los trabajadores lo quisieran, porque ellos también tenían la opción de conseguir su propio alimento, y horarios designados para que los trabajadores pudieran cocinar su propia comida y comer, los que no eran acotados, de modo que no hubiera presiones para que los trabajadores pudieran hacer sus cosas con calma. Incluso había capacitaciones para los que quisiesen aprender a cocinar, a bordar, tejer, escribir, y varias cosas más. Con todos aquellos beneficios, la gente iba contenta a trabajar al palacio, al menos lo que escogían hacerlo. Y, para colmo, aquellas estrategias habían sido respetadas al pie de la letra por la nueva reina, porque fue la Neo Reina Serenity quien las implementó.

Finalmente, Frostbite me llevó hasta el subterráneo del palacio, donde había mucha actividad. No obstante, a diferencia del resto del palacio, allí trabajaban científicos, no "sirvientes". El subterráneo en sí era un recinto amplio, de forma circular, donde se podían ver bancos de computadoras, y científicos trabajando en ellas de forma ordenada y sin prisas. No obstante, lo que más le llamó la atención fue el objeto en el centro del recinto. Se trataba de un prisma de color plateado, en cuyo centro brillaba un objeto que solamente podía ser el Cristal de Plata.

—Así es —dijo Frostbite con una pequeña sonrisa—. Este reactor obtiene el poder del Cristal de Plata, y lo transmite de forma inalámbrica a todo el mundo. Se construyeron receptores especiales, los que fueron distribuidos a lo largo y ancho del globo, sin costo alguno. Mejoras sustanciales en el proceso de fabricación abarató a tal punto los costos que resultaba contraproducente cobrar por los receptores. Fue la jefa de investigación de este complejo a quien se le ocurrió esa idea. No sé si eres familiar con el nombre de Amy Mizuno.

Jeremy estuvo a punto de tragar saliva, pero se contuvo a tiempo. Por supuesto que conocía a Amy. Era la mujer del cabello corto y azul que, antes de la llegada de los Galthazar, era Sailor Mercury. No podía creer que estuviera trabajando en el mismo palacio, sin saber que en algún momento, fue la consejera científica de la Neo Reina Serenity, y una de sus guardianas.

—He escuchado hablar de ella —dijo Jeremy, empleando todo su autocontrol para no revelar nada importante—. Supe por ahí que ella solía ser una Sailor Senshi, pero nadie sabe lo que le pasó.

—Bueno, ella no podía hacer su investigación y ser una Sailor Senshi al mismo tiempo, así que no ha desempeñado ese rol desde ese entonces. Dijo que, mientras no hubiera amenazas, y estuviéramos nosotros para defender al planeta, no tendría ningún motivo para volver a ser una Sailor Senshi.

Aquella era la primera mentira que Frostbite había dicho durante todo el tour, pero Jeremy no podía permitir que él supiera que él sabía lo que realmente había ocurrido con las Sailor Senshi.

—¿Puedo fotografiar el Cristal de Plata, de forma que la gente sepa que Tokio de Cristal se preocupa por el mundo?

Frostbite lanzó una carcajada divertida.

—Pensé que sacaría su cámara más pronto.

A continuación, Frostbite ordenó que bajaran la intensidad del Cristal de Plata, cosa que Jeremy pudiera fotografiarlo, como evidencia de que su poder estaba siendo compartido con todo el mundo. Jeremy sacó su cámara, y tomó tres instantáneas del Cristal de Plata.

—Por cierto, ¿dónde está la señorita Mizuno?

Una breve sonrisa cruzó la boca de Frostbite, y Jeremy lo notó, aunque no supo interpretar aquel gesto en su momento.

—Amy Mizuno no necesita trabajar todo el día y toda la noche aquí —dijo Frostbite con una carcajada suave—. Necesita el descanso para poder pensar correctamente.

—¿Y por qué hay tantos científicos aquí?

—Porque queremos mejorar el reactor —repuso Frostbite, indicando con un dedo a éste, cuyo brillo usual había vuelto a aparecer—. Siempre se puede mejorar un dispositivo, ¿no es así?

—¿Y qué cosas pueden mejorar?

—Cosas como la tasa de transferencia energética, el radio de transmisión, reducir el porcentaje de pérdidas, de forma que el cien por ciento de la energía sea aprovechada por la población, cosas como esas.

Regresaron por el mismo camino, pero en esa ocasión, su cámara se encontraba lista. Unos cuantos flashes más tarde, ya se encontraba de vuelta en el salón del trono. La reina Aurora parecía complacida por alguna razón.

—¿Satisfecho con su visita?

—Bastante, señora —dijo Jeremy, haciendo una reverencia.

—Señor Burns —dijo Aurora, sonriendo—. Aquí no hacemos eso. (169)

—¿Hacer qué?

—Reverencias, por supuesto —repuso Aurora, quien lucía divertida—. Aquí somos todos iguales. Yo solamente estoy en este puesto porque necesito ser el ejemplo de todo el mundo, un ejemplo que nos permita seguir este camino de prosperidad que empezó la Neo Reina Serenity.

—Perdone por mi ignorancia, señor Aurora.

—No se preocupe, señor Burns. En este mundo, el respeto es mutuo, y debe ganarse. No espero que me respeten si yo no respeto a los demás.

—Por supuesto, señora. Y ahora, con su permiso, me retiro.

—Estaremos pendientes de su documental, señor Burns.

Jeremy estuvo a punto de hacer otra reverencia, pero dio media vuelta y salió del palacio. Dos cosas debía hacer cuando volviera a su casa.

Preparar un documental, y enviar información a Violet.

Sin embargo, se aseguró que no fuese seguido por nadie. Pese a que en el palacio se practicaban las mismas buenas costumbres que en el resto de Tokio de Cristal, le daba la impresión que había obtenido información confidencial, y que lo estarían vigilando las veinticuatro horas del día.


(168) Se ha comprobado que la violencia, al igual que otros malos comportamientos del ser humano, no son propios de ellos, sino que son inculcados a través del entorno. Éste juega un papel decisivo a la hora de moldear el comportamiento de una persona. Muchos piensan que el entorno comienza al nacer, pero otros afirman que el entorno comienza en cuanto el ser humano tiene un entorno, o sea, en el vientre materno. Aquella podría ser la razón de muchos comportamientos irreflexivos o adictivos.

(169) Para escribir esa escena, me basé en el famoso meme en el que aparece el rey T'Challa, diciendo, "aquí no hacemos eso".