CXXXIX
Los buenos tiempos
Tokio de Cristal, 25 de noviembre de 2992, 07:47p.m.
Achilles' Heel iba a presentarse nuevamente en Tokio de Cristal, como parte de un tour mundial con motivo de su nuevo álbum "La guerra de las estrellas", un disco homenaje a las desaparecidas Sailor Senshi, y tanto Amy como Lita iban a asistir. Rei y Mina no lucían muy convencidas de ello, pues ambas detestaban el heavy metal, pero no podían decir lo mismo de sus integrantes.
El día de ayer, Rei había tenido una conversación bastante estimulante con Edward, el guitarrista de Achilles' Heel, mientras se tomaban unas malteadas. A Edward no le molestaba que a Rei no le gustaste la música que él tocaba, porque había varias cosas en las que ambos coincidían, como el interés por la percepción extrasensorial, todo lo relacionado con lo místico (que formaba buena parte de la inspiración de la banda para componer su música), y el concepto del trabajo duro para conseguir objetivos. Aparte de todo eso, Rei pudo ver que Edward era muy enérgico para expresarse, hablaba con una variedad de inflexiones y se podía ver a la legua que defendía sus puntos de vista de forma apasionada. Rei, de forma instintiva, concluyó que él amaba con la misma pasión que con la que se expresaba, y su interés por él creció aún más.
—Eres muy parecida a mí —había dicho Edward, y Rei tenía la cabeza inclinada hacia él, mirándolo con mucha atención—. Hay como un aura alrededor de ti, como si fuese fuego. Te exaltas con facilidad, eres apasionada y, por lo que me has contado, debes ser muy tenaz. Tus emociones están a flor de piel, y no es difícil leerlas.
—Soy fácil de leer —había dicho Rei, percatándose de cómo estaba mirando a Edward, y se inclinó ligeramente hacia atrás, pero, como comprobaría después, el daño ya estaba hecho—. No soy tan fácil de tolerar. Soy muy difícil de carácter, y tiendo a pelear con las personas que más me importan.
—Justo la clase de persona que me gusta —había comentado Edward, mirando a Rei con una expresión que invitaba a alguna clase de desafío—. No es que me guste mucho pelear con las personas, pero puedo manejarlas mejor. Total, mientras más cruenta sea la pelea, más intensa es la reconciliación.
—¿Y si la pelea es tal que no haya posibilidad de reconciliación?
—No hay pelea irreconciliable —había respondido Edward, ladeando levemente la cabeza y cruzándose de piernas—. Lo que hay, son personas incapaces de hacer concesiones. Toda pelea termina con alguien cediendo, lo que sea, de la forma que sea. Lo que importa es si estás dispuesta a hacer concesiones, en situaciones donde tu ego es lo único que te queda. El ego es una ilusión, y han muerto millones de personas por culpa de esa ilusión. Como escuché por ahí, el conflicto es sano, es parte natural de la experiencia humana. Son los conflictos sin resolver los que llevan a la violencia y a las pérdidas de vidas.
—¿O sea, me estás diciendo que toda guerra es evitable?
—Por supuesto. Las guerras se libran porque alguien no es capaz de ceder en algún terreno concreto, a causa de su ego. Pero el ego no es la raíz del problema. Tal como el oxígeno permite la combustión, el ego es lo que impide que los conflictos se resuelvan, causando las guerras. Pero no puede haber combustión sin combustible. Y las ideologías desempeñan ese rol. Una ideología no sirve de nada si no hay una persona que crea en ella lo suficiente, y un conflicto, que vendría siendo la chispa en esta analogía, no termina en violencia si no hay alguien cegado por su ego, cuya base se cimenta en una ideología. Como puedes ver, las guerras se forman de la misma manera que el fuego.
Rei se había quedado en silencio por un momento, pensando en las palabras de Edward. Contrario a lo que uno podría esperar de él, sí había lógica en su razonamiento y su analogía.
—Pareces haber reflexionado bastante sobre el tema.
—Reflexionar no es la palabra que usaría —había dicho Edward con una carcajada—. Más bien diría que lo he experimentado. He sido testigo de cómo las cosas pueden salirse de control con una simple idea, alguien que crea lo suficiente en ella, y un conflicto. Pasa bastante en otras bandas, donde los integrantes se pelean por asuntos creativos o de enfoque. Nosotros no tenemos esa postura. Everett es el que compone las letras, y del resto nos encargamos nosotros. Ninguno de nosotros pretende brillar por encima del otro. Simplemente nos enfocamos en crear lo mejor que podemos y presentarlo como banda, no como personas individuales.
—¿Y quién decide cómo presentar su música?
—Fue una decisión tomada en conjunto, y siempre la respetamos. Fue una de las primeras cosas que decidimos. Lo único que podría desencaminarnos sería el beneficio monetario, pero como el dinero ya no existe, entonces no hay razones para no presentar nuestra música de la forma en que estimemos conveniente.
Rei bebió un poco más de su malteada, mirando a Edward con admiración.
—Aunque no me guste mucho tu música, sí me gusta que sean un grupo unido, dejando de lado las aspiraciones personales para presentar lo que hacen de la mejor forma. Siempre he sido partidaria del trabajo bien hecho para conseguir algo. Y ustedes hacen eso bastante bien.
—Te creo —había dicho Edward, terminando su malteada y mirando a Rei atentamente—. La otra vez te vi trabajando, y pude ver con claridad que no estabas mintiendo cuando dijiste esas palabras.
Rei se había puesto colorada, pero trató de disimularlo con que hacía calor, pero el problema era que, a esa hora, en esa época del año, era imposible que hiciera calor, en absoluto. Pero a Edward no le había importado ese detalle, porque aquellas miradas atentas hacia Rei no habían sido solamente gestos de cortesía. A él siempre le habían llamado la atención las mujeres intensas y trabajadoras. Era como si Rei estuviera hecha especialmente para él, aunque ninguno de los dos supiera la verdadera razón de aquello.
El caso de Amy era muy especial, porque, pese a que se estaba enamorando lentamente de William, no parecía tener la cabeza en otra parte o descuidaba sus labores pensando en él. Sin embargo, cada vez que se encontraban, volaban chispas… bueno… para los estándares de Amy y William, porque, pese a que no se trataba, en absoluto, de una relación fogosa, sí se notaba que había algo intenso entre los dos, tal como pasaba con Haruka y Michiru, quienes, pese a no dar muestras de afecto en público, se notaba a la distancia de que había algo más que amistad entre ambas. Amy no necesitaba andar besándose con William a cada momento, menos delante de sus amigas, porque aquello daría pie a muchas preguntas incómodas, preguntas que Amy prefería que no hicieran a tener que negar responderlas, porque eso solamente echaría más leña al fuego. Y si a eso se añadía que ambos ya habían tenido momentos de intimidad, Amy tenía aún más razones para no platicar de los detalles de su relación a sus amigas, quienes podían llegar a ser bastante morbosas al respecto.
Lita se encontraba en una situación similar a la de Amy, pero, a diferencia de ella, sí contaba los detalles a sus amigas, pero tendía a ponerse del color de los rábanos cada vez que le preguntaban si había tenido relaciones sexuales con Conrad (y había olvidado emplear los puños para que evitaran hablar del tema). Como el lector podrá imaginar, aquella era respuesta suficiente para sus amigas. A diferencia de Amy, quien era capaz de mantener la cabeza fría y no decir nada relevante a Serena y a las demás, Lita, simplemente, era demasiado emocional para ocultarlo, y sus acciones a menudo decían más que sus propias palabras.
Serena disfrutaba del conventilleo que implicaba ver a varias de sus amigas tener relaciones de pareja con los miembros de Achilles' Heel, pero ella se mostraba más bien apática a la hora de hablar sobre su vida sentimental. Era como si no estuviera en absoluto interesada en buscar pareja, y parecía no haber razón para aquello. Cada vez que le preguntaban sobre el asunto, Serena respondía que no había ningún chico que le llamara la atención, y lo más extraño era que ella tenía opciones. No menos de tres hombres diferentes se habían acercado a ella con el objeto de tener una cita con ella, pero Serena se había negado tajantemente en aquellas tres oportunidades, y sus amigas no entendían por qué lo había hecho. Cuando le preguntaron sobre aquello, Serena simplemente respondió que ninguno de ellos era su tipo.
Mina se enfrentaba a una situación diametralmente opuesta a la de Serena, porque, pese a que ella y Nathan se llevaban bien, no parecía que él estuviera interesado en ella, sin importar lo que hiciera para llamar su atención. En un momento de desesperación, Mina le preguntó a Nathan si alguna vez la había visto como más que una amiga, y él le había respondido que no veía razón alguna para arruinar la amistad que ya tenían. Por supuesto, Mina estuvo a punto de terminar su amistad con él por ese detalle, pero se dio cuenta de que sería una actitud muy infantil de su parte. Haciendo honor a aquel entendimiento, Mina buscó opciones por otro lado, pero ningún hombre parecía prestarle mucha atención, al menos para lo que ella quería. Al final, después de mucho intentarlo, había llegado a la conclusión de que ningún hombre parecía querer algo más que una amistad con ella. Era como si ella hubiera sido presa de una maldición. Bueno, así era, pero Mina no lo sabía, o al menos no lo recordaba, pues sus recuerdos de Sailor Senshi fueron arrebatados junto con su Sailor Cristal, y solamente recordaba los momentos que había pasado como una chica normal. Ni siquiera los eventos del Milenio de Plata existían en su mente. Y lo mismo aplicaba para el resto de sus amigas.
Sin embargo, pese a los altos y bajos, aquellos habían sido buenos tiempos para las chicas. Con el beneficio de la ignorancia sobre lo que alguna vez fueron, Serena y sus amigas no tenían que preocuparse del siguiente enemigo, o de salvar vidas humanas, o de luchar contra las maquinaciones de algún gobierno. Eran chicas normales, viviendo vidas normales, y se sentía cómodas de ese modo. Eran los Galthazar quienes tenían esa responsabilidad, y, a juzgar por lo que las chicas habían escuchado de ellos, eran más que capaces de defender a la humanidad de las fuerzas del mal. Y las chicas fueron testigos de ello justo en medio del concierto de Achilles' Heel que iba a tener lugar esa misma noche.
Las únicas interesadas en el concierto eran Amy y Lita. Las demás asistieron solamente para no dejarlas solas en medio de un montón de gente con el pelo largo y vestidos de maleantes. Las cinco se encontraban en el mismo lugar, en los asientos más alejados del escenario, pues podrían tener una mejor panorámica del concierto. Amy y Lita no eran fanáticas de estar tan cerca de la banda, porque allí se concentraban los fanáticos que más algarabía hacían, y no querían salir lastimadas.
Las pruebas de sonido habían acabado, y la banda se encontraba lista para comenzar su espectáculo. Como la primera vez que las chicas habían asistido a un concierto de Achilles' Heel, fue Everett quien anunció la primera canción, la que se titulaba "Tormenta de plata". Amy recordó que William le había platicado algunos detalles sobre el nuevo álbum que iban a promocionar a través del tour, y que éste iba a ser un homenaje a las Sailor Senshi, las que habían desaparecido de forma misteriosa, y cada Sailor Senshi iba a tener su propia canción. Amy pensó que aquel era un excelente homenaje, y que iba a estar presente en el concierto, prometiéndole que no le diría a nadie, ni siquiera a sus amigas, lo que él le había dicho. Y William conocía lo suficiente a Amy para entender que ella no tendía a romper sus promesas.
La primera canción comenzó, y el público comenzó a gritar y a menear las cabezas de arriba abajo (170). Amy y Lita solamente miraban con ojos brillantes en dirección al escenario, mientras que Serena, Rei y Mina se tapaban los oídos para no tener que escuchar los sonidos agresivos del heavy metal. No obstante, pese a eso, igualmente escuchaban la canción, y Rei y Mina arrugaron la cara, pero Serena se quedó congelada. Era como si el tema le estuviera hablando directamente a ella, pese a que hablaba de alguien que no era ella. Era como, si en algún pasado alterno, Serena hubiera sido la chica de la que hablaba la canción. Y ésta no hablaba de otra persona que de Sailor Moon.
Pero eso es imposible. Yo nunca he sido Sailor Moon, y nunca seré esa chica de la que habla la canción.
A medida que el concierto progresaba, las amigas de Serena experimentaron la misma sensación que ella. Tanto Amy como Rei tenían la impresión de que ellas, en algún universo paralelo, hubiesen sido Sailor Mercury y Sailor Mars respectivamente, pero aquella era una imposibilidad lógica, o al menos eso era lo que pensaba Amy. Pero también recordaba cómo se había sentido en presencia de William la primera vez que se vieron. ¿Sería posible que a él le hubiese ocurrido lo mismo? Porque, para escribir una canción que hablara de Sailor Mercury, y que ella, Amy, se sintiera como si ella lo hubiese sido alguna vez, entonces aquello podría implicar que William conoció en algún momento a Sailor Mercury, y que había algo invisible conectando a ambos. En ese momento, su determinación por saber cuál era el vínculo que había entre ella y William se hizo aún más sólida.
Cuando Achilles' Heel comenzó con la canción llamada "El restallar del trueno", un sonido que sonó precisamente como el trueno se escuchó en el escenario. Todos pensaron que aquel sonido formaba parte de los efectos especiales del concierto, y nadie le prestó mucha atención. No obstante, los integrantes de Achilles' Heel se detuvieron, mirando al cielo, y los demás espectadores los imitaron. Lo que vieron les robó el aliento de los pulmones.
El cielo estaba despejado, pero, por alguna razón, se podían ver rayos brotando de la nada. Amy también miró hacia arriba, y notó que había un área desprovista de estrellas, y que las que había alrededor de esa zona se veían distorsionadas, como vistas a través de un lente. Inmediatamente, supo que podría haber un problema serio.
—Deberíamos irnos de aquí —dijo Amy a las demás, pero Serena y las demás creían, al igual que los demás espectadores, que aquello formaba parte del concierto, y no le hicieron caso. Amy insistió en que era peligroso quedarse en el lugar, y, por cansancio, Serena y las demás le hicieron caso. El problema era que había mucha gente en su camino, y miraban como posesos hacia el cielo, bloqueando la salida.
—¡Háganse a un lado! —exclamó Lita, usando su estatura y su fuerza para apartar a la multitud. Serena y las demás se pusieron detrás de Lita, y salieron del anfiteatro justo cuando un temblor poderoso sacudió la tierra, y envió a todos al suelo, incluyendo a las chicas. Serena se puso de pie con cierta dificultad y miró hacia el centro del anfiteatro, donde se encontraba la banda Achilles' Heel, solamente que ya no había banda en absoluto. Serena temió que ellos se encontraran heridos de gravedad o muertos, e indicó a las demás a que acudieran a socorrerlos, si es que necesitaban alguna ayuda. De esa forma, fueron avanzando de forma tortuosa en contra de los espectadores, que huían lejos del anfiteatro, profiriendo alaridos de terror. Serena no entendía por qué la gente tenía miedo, al menos hasta que vio al ser en medio del escenario.
Entre baterías, guitarras y teclados destruidos, había un humanoide que se parecía a una mantis religiosa. No parecía usar ropas de ningún tipo, su piel era de un color anaranjado bastante desagradable, tenía alas alargadas en la espalda, y sus extremidades eran delgadas. Su cabeza se alargaba hacia atrás, sus ojos eran de color rojo y no parecía tener boca discernible. Era como si usara una mascarilla de color café oscuro. Era, en efecto, un ser horripilante. Serena cambió de opinión al instante, pues creía que ese sujeto podía ser muy peligroso, y ella no podía hacer nada para defenderse. Iba a indicar a sus amigas que se alejaran del anfiteatro, cuando sintió que algo se enroscaba en su cintura, y la arrastraba lejos de sus amigas con una fuerza incontestable. Instintivamente, miró hacia delante, y vio, con horror, que el ser extraño había usado su lengua como un látigo, y daba la impresión que se la iba a comer en cualquier minuto. Serena se preparó para lo peor, cuando sintió que caía al suelo, rodando por éste y haciéndose daño en las caderas.
Con pavor, ella miró la lengua y notó que había sido cortada. Mirando hacia arriba, se percató que el ser extraño miraba en una dirección en específico, y ella siguió la línea de visión del monstruo. Recortados contra las luces direcciones del escenario, había cinco figuras que empleaban capas. Serena abrió los ojos. Ellos no podían ser otros que los Galthazar. Lucían imponentes y poderosos.
Serena, sabiendo que era un estorbo y no una ayuda, se alejó a toda velocidad del monstruo, para mirar desde una distancia segura cómo los Galthazar combatían contra aquel nuevo enemigo.
En ese mismo momento
Jeremy Burns había enviado las fotografías de su tour por el palacio de Tokio de Cristal hace dos meses atrás, y la espera le estaba matando. Esperaba por una respuesta de Violet, pero ésta no llegaba. Había revisado que el equipo de comunicación estuviera operando correctamente, comprobado las conexiones, pero no halló nada malo. No lo hagas se dijo Jeremy, porque estuvo a punto de considerar la posibilidad de que a Nicole y las demás les hubiera pasado algo malo.
El comunicador sonó.
Con el corazón en un puño, Jeremy revisó la bandeja de entrada, y vio un mensaje. El remitente no aparecía identificado, pero el código en la dirección de correo le dijo todo lo que necesitaba saber.
Jeremy Burns tenía una nueva misión.
(170) Aquello se llama "headbanging" en el mundo del heavy metal.
