CXL
El réquiem del viento
Planeta Hecate, 21 de septiembre de 2992, 08:24p.m hora local
El impacto de la cabeza de Ketos destruyó por completo las celdas, y las chicas pudieron escapar a las gradas del coliseo, caminando a través de hecatianos despedazados, y haciendo gestos de asco.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Scarlett, mirando a Violet, pues ella era quien proporcionaba las ideas. Sin embargo, ella no parecía reaccionar a nada. Miraba en dirección a un punto por encima del coliseo, con los ojos brillantes, aguantando las ganas de llorar. Cuando las demás vieron lo que estaba viendo Violet, se llevaron las manos a la boca.
Sailor Silver Moon flotaba en medio del aire, y no parecía haber algo malo con ella, al menos hasta que miraron sus piernas. Estaban cubiertas de sangre, y colgaban lánguidas, como si no pudiera moverlas, y, en efecto, no podía hacerlo. Parecía mirar a un punto directamente al frente, y las chicas siguieron su línea de visión, y vieron al sujeto llamado Warbringer, también flotando. Daba la impresión que fuese a pelear contra Sailor Silver Moon personalmente. No obstante, en el estado en el que se encontraba esta última, Violet, con mucho dolor, se dio cuenta que aquella era una batalla que no podría ganar de ninguna manera.
—¡Warbringer va a matar a Sailor Silver Moon! —exclamó Violet con real desesperación en su voz—. ¡Tenemos que ayudarla!
—Pero no podemos hacerlo si no podemos transformarnos —objetó Nicole, y las demás la secundaron, pero a Violet no le podía importar menos si podía transformarse en Sailor Senshi o no.
—¡No me importa! —chilló Violet, perdiendo todo atisbo de razón, la mirada fija en Sailor Silver Moon—. ¡No hay tiempo para buscar nuestros artículos de transformación! ¡Lo único que necesitamos es una distracción!
—¡Lo que necesitamos es una buena distracción! —intervino Sophie, plantándose delante de Violet, tomándole los hombros y moviéndolos suavemente—. ¡Y la única forma en que podemos serlo es que nos podamos transformar en Sailor Senshi!
—¿Es que no entiendes? ¡No tenemos tiempo para…!
Violet se detuvo en seco, pues Sophie le había asestado una bofetada en una de sus mejillas.
—¡No pierdas la cabeza! —le gritó Sophie, viendo que Violet permanecía en silencio—. ¡Dime, ¿qué es lo que haría Saori en tu lugar?! ¡Dímelo!
Violet no dijo nada por un par de segundos, tratando de controlar su respiración y su mente. Sabía qué era lo que haría su esposa en esa situación, pero no tenía su determinación, su coraje, o su fuerza. Sin embargo, tenía algo que Saori no.
—La armería es el lugar más probable donde puedan estar nuestros artículos de transformación —dijo Violet con voz queda, tratando de respirar hondo, calmarse y no perder el temple. Saori no lo había perdido, ¿por qué habría de hacerlo ella? Recordó aquellos días cuando la venía conociendo, y, lo que era más importante, recordó una de las razones por la que se había enamorado de ella.
A su lado, soy fuerte. Ella me hizo mejor de lo que era antes. ¡No puedo rendirme cuando las cosas se pongan complicadas! Si algo he aprendido de Saori, es a no bajar nunca los brazos.
Mientras esperaban a Haruka, Michiru y Setsuna, quienes habían partido a localizar la armería, las amigas de Violet eran testigos de lo que ocurría en las alturas entre Warbringer y Sailor Silver Moon.
Mientras tanto, en medio del aire, Sailor Silver Moon ya podía tolerar mejor el dolor en sus piernas. Sin embargo, se sentía débil a causa de la pérdida de sangre, y había usado parte de su uniforme para vendar sus heridas de forma improvisada.
—Así me querías ver, ¿no es así, pedazo de mierda?
Warbringer soltó una carcajada breve.
—Desafiante hasta el final. Aunque debí haber esperado semejante cosa. Después de todo, eres Sailor Silver Moon. No le temes a nada, y vas con todo a enfrentar a tus enemigos. Y sí, así te quería ver, porque no hay manera de que pueda vencerte de forma convencional, aún con mis nuevos poderes.
—Vaya, tus experimentos con Sailor Galaxia y la reina Serenity dieron sus frutos. Yupi.
Sailor Silver Moon dijo aquella última palabra con un evidente sarcasmo.
—Pero ahora que estás debilitada, puedo poner punto final a tu existencia fácilmente —continuó Warbringer, como si Sailor Silver Moon jamás hubiese abierto la boca—. Admito que es algo que he deseado desde la primera vez que nos vimos las caras, ¿recuerdas? Me dejaste en ridículo en esa ocasión… y en todas las veces que peleamos. No esta vez, sin embargo. Debo admitir que tu manejo del campo de batalla para liberar a tus amigas fue ejemplar, pero pagaste un precio muy alto por eso. Eres presa fácil para mi…
Warbringer no alcanzó a terminar de hablar, porque Sailor Silver Moon lo había enviado al otro lado del coliseo con uno de sus poderes eólicos. Gruñendo de dolor, descendió hasta el nivel del suelo, y vio a Warbringer ponerse de pie y sacudirse la cabeza, como si aquel brutal ariete de aire le hubiera sentado de maravilla.
—Como siempre, prefieres que tus puños hablen en lugar de tu boca —dijo Warbringer, soltando otra carcajada breve—. Pues jugaré tu juego.
Warbringer extendió un brazo, y un látigo de luz negra brotó de su mano. Sailor Silver Moon se mostró moderadamente sorprendida.
—Ya no dependes tanto de ese palo de mierda para hacer tu magia. Bravo. —Sailor Silver Moon aplaudió una vez, y siguió hablando—. Has progresado, eso te lo concedo. Pero no estoy aquí para derrotarte, ya lo verás.
—Oh, pensé que eso era lo único en lo que pensabas —contestó Warbringer, dando un paso hacia delante—. Pues yo sí pienso ponerte bajo tierra, y haré lo que sea necesario para conseguirlo.
Y Warbringer lanzó su látigo de luz negra, y, como tantas veces en el pasado, se enroscó en uno de los tobillos de Sailor Silver Moon. Y, nuevamente, como tantas veces en el pasado, ella dio un doble mortal, y Warbringer sintió cómo sus pies despegaban del suelo, y era catapultado hacia delante, solamente para recibir una patada brutal de parte de Sailor Silver Moon. Warbringer mordió el polvo, pero Sailor Silver Moon había mordido el anzuelo. Gruñendo, se puso de pie, y vio a su contrincante arrodillada sobre la arena del coliseo, sobándose la pierna con la que había golpeado a Warbringer. Él había aprovechado cuán predecible era Sailor Silver Moon, y, como esperaba, cayó en la trampa. Supuso que tantas veces de haber hecho el mismo movimiento hizo que se convirtiera en algo instintivo, y eso le pasó la cuenta. Lo que Warbringer no sabía, era que Sailor Silver Moon había hecho ese movimiento adrede.
Mientras el resto de los hecatianos había escapado del coliseo para evitar morir, Haruka, Michiru y Setsuna habían regresado, y el hecho que ya estuvieran transformadas en Sailor Senshi, les dijo al resto que la decisión de Violet había rendido frutos. Michiru entregó los pendientes a Nicole y sus amigas, y, breves momentos después, se transformaron en las Sailor Gems.
Las Sailor Senshi iban a ayudar a Sailor Silver Moon, pero ella negó con la cabeza. Sailor Amethyst se quedó enraizada al suelo, sin creer lo que su esposa había decidido. Se preguntó por qué no quería que la ayudaran. Tal vez estaba esperando el momento oportuno, pero aquello solamente la dejaría más vulnerable.
Sin embargo, Sailor Silver Moon había diseñado su plan pensando en que Warbringer era más o menos un Herbert Dixon mejorado. Pero Warbringer tenía una sonrisa ominosa en su cara. Era como si estuviera a punto de mostrar un as bajo la manga.
—Lo bueno de haber hecho experimentos con Sailor Galaxia fue que también obtuve habilidades útiles si es que me volvía a topar con ustedes —dijo Warbringer, llevando su pierna izquierda hacia atrás, y crispando los puños—. Y una de ellas es la que me va a conceder la victoria en esta batalla.
Sailor Silver Moon frunció levemente el ceño. Si Warbringer estaba en lo cierto, sus planes debían cambiar. Necesitaba de la ayuda de sus compañeras para el giro que había dado el combate. Hizo una seña para denotar que se acercaran, y, suspirando de alivio, Sailor Amethyst se aproximó a Sailor Silver Moon, y las demás la imitaron. Lo bueno de aquella decisión era que Sailor Saturn también había decidido ayudar, y ella era su aliada más poderosa.
—No importa cuántas Sailor Senshi vengan a ayudarte, mis nuevos poderes son incontestables —dijo Warbringer, extendiendo ambos brazos hacia delante, y una esfera de luz dorada brotó de sus puños. Sailor Silver Moon se dio cuenta en el acto que se trataba de algo muy peligroso, y ella hizo lo propio, deteniendo la esfera dorada con sus vientos. Sin embargo, el ataque de Warbringer seguía tratando de abrirse paso a través de las intensas corrientes de aire.
—¿Qué diablos esperan? ¡Ataquen a ese inútil! —exclamó Sailor Silver Moon, y Sailor Saturn fue la que tomó la iniciativa, y, enarbolando su alabarda, la extendió hacia delante, y Warbringer salió expulsado hacia la pared del coliseo, cayendo al suelo de rodillas. No tuvo tiempo para siquiera contratacar, porque el maremoto de Sailor Neptune lo arrastró hacia el otro lado del coliseo. Sailor Pluto usó sus poderes temporales para hacer que Warbringer fuese más lento, y Sailor Jade lo atrapó con uno de sus cristales. Sailor Tourmaline le golpeó con una torre de roca que brotó de la arena, y Sailor Uranus lo remató con su temblor de la tierra. Por último, sin querer perderse la acción, Sailor Jasper usó su lluvia ácida para corroer la armadura de Warbringer, y Sailor Turquoise, con un chorro concentrado de agua, la rompió, dejándole vulnerable. Sailor Silver Moon alzó ambos brazos, y Warbringer se elevó decenas de metros en el aire, pero ella ya lo estaba esperando en las alturas, y, con un tremendo puñetazo, envió a su oponente contra el suelo, dejando un pequeño cráter en la arena del coliseo.
Las Sailor Senshi se aproximaron a Warbringer, rodeando el cráter, todas mirándolo con miradas severas. Warbringer, pese a que estaba herido, tenía magulladuras en todo su cuerpo y se sentía como si cada uno de sus huesos se hubiera roto, soltó una risa, baja al comienzo, más alta luego.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Sailor Silver Moon, a veces arrugando la cara a causa del dolor—. Porque haber quedado como caca no cuenta como algo gracioso.
—No, no es eso —dijo Warbringer con una voz que no parecía la de un hombre acorralado—. Es gracioso que ustedes, siendo unas guerreras, no hubieran hecho caso a la primera cosa que un guerrero debe hacer antes de pelear cualquier batalla—. Las Sailor Senshi escucharon un sonido grueso, como si unas puertas gigantes se estuvieran abriendo, y giraron sus cabezas para ver de qué se trataba—. Un guerrero siempre debe estar pendiente de su entorno.
Sailor Silver Moon volvió a mirar a Warbringer, y vio que en su muñeca usaba un pequeño brazalete, en el cual había unos pocos botones. Apostaba cualquier cosa que uno de esos botones había abierto la puerta, la misma por donde había salido el monstruo Ketos.
—¿De verdad creyeron que Ketos había sido mi única creación? Debieron haber puesto más atención a mis palabras. Dije "creaciones", en plural. ¿Y osan llamarse guerreras? Me dan pena, la verdad.
—Ustedes encárguense de esos engendros —dijo Sailor Silver Moon, mirando con saña a Warbringer—. Yo lidiaré con este bueno para nada.
Sailor Silver Moon alzó nuevamente los brazos para elevar a Warbringer con una corriente ascendente de aire, y ella también lo hizo, pero en esa ocasión, iba a usar toda la fuerza que le quedaba para hacer pedazos a su archienemigo de una vez por todas. Pero Warbringer no iba a caer dos veces en la misma trampa. Conjurando su látigo negro en medio del aire, lo lanzó hacia el cuello de Sailor Silver Moon, pero ella lo sujetó con una mano, y tiró con fuerza. No obstante, a diferencia de la primera vez, en la que ella había aprovechado la inercia del doble mortal para quitarle equilibrio a Warbringer, ambos se encontraban en igualdad de condiciones, y no había un claro ganador en aquel tira y afloja. Pero eso no significaba que Sailor Silver Moon no conociera otras formas de ganar.
De a poco, fue incrementado la fuerza con la que tiraba del látigo, y Warbringer hizo lo mismo, creyendo que ella intentaría ganar por fuerza bruta. Sorpresivamente, Sailor Silver Moon soltó el látigo, y Warbringer salió eyectado hacia atrás, cosa que ella aprovechó para propinarle un ariete de aire que dejó otro cráter en la arena con el cuerpo de Warbringer. Sailor Silver Moon descendió suavemente sobre el suelo, gruñendo de dolor a causa de sus piernas heridas.
Para sorpresa de Sailor Silver Moon, Warbringer se puso de pie nuevamente, sacudiéndose la arena de su toga negra. Echó un vistazo a las Sailor Senshi que peleaban contra el resto de sus creaciones con todo lo que tenían, pero, como esperaba, ellas no eran oponentes dignas para sus monstruos. No eran tan grandes como Ketos, pero sí eran más veloces y, poseían poderes, los que eran más que suficientes para contrarrestar las habilidades de las Sailor Senshi.
—Se ve que ya no tendrás amigas dentro de poco —dijo Warbringer, lo que hizo que Sailor Silver Moon arrugara el entrecejo—. Cuando mis engendros hayan finalizado con ellas, obtendré sus Sailor Cristales, los que pasarán a propiedad de mi ama.
Sailor Silver Moon abrió un poco los ojos al escuchar las últimas palabras de Warbringer.
—¿Ama? ¿Te refieres a Aurora?
—Oh, no, no soy uno de esos idiotas llamados Galthazar. Yo soy un agente que sirve a un poder mucho más grande que la nueva reina de Tokio de Cristal, más grande que nada de lo que te puedas imaginar.
Sailor Silver Moon puso cara de entendimiento. Recordó lo que Violet le había dicho acerca de las Sailor Guerras, y solamente se le ocurría un nombre, un ente al que podría estar refiriéndose Warbringer. No era la primera vez que pensó que el hombre frente a ella servía a una persona que formaba parte de un mito. Sin embargo, Sailor Galaxia había resultado ser real. ¿Lo sería Sailor Omega también? Porque Sailor Silver Moon creía que Warbringer no podría estar hablado de otro ser que no fuese Sailor Omega.
—Te creo —dijo Sailor Silver Moon, tronándose los dedos—, por eso, no te voy a dejar con vida.
Warbringer no dijo nada. Tampoco parecía querer hacer nada. Sailor Silver Moon no creía que se hubiera rendido, por lo que siguió adelante con lo que se propuso hacer. Iba a hacer un movimiento ascendente con sus brazos, pero Warbringer, de forma sorpresiva, extendió ambos brazos hacia delante, y de sus manos brotó una esfera dorada. Sailor Silver Moon no esperó que su oponente intentara atacarla, pero consiguió cambiar su movimiento ascendente por uno horizontal.
La corriente de aire que brotaba de las manos de Sailor Silver Moon había detenido el avance de la esfera de luz, pero no tenía fuerzas suficientes para devolverlo a Warbringer. De hecho, sus piernas comenzaron a doler más de la cuenta cada vez que empleaba más fuerza, solamente para mantener la esfera de luz en su lugar. Aparte de todo eso, sus brazos temblaban a causa de la pérdida de sangre, lo que la tenía débil, y Warbringer lo sabía. Por eso, empujó su esfera de luz con más fuerza, y ésta comenzó a avanzar, sin importar lo que hiciera Sailor Silver Moon para detenerla. Al final, fue tanto el empuje que sus piernas fallaron por completo, y cayó de rodillas, pero seguía con los brazos extendidos, tratando de ganar un poco de tiempo, tiempo valioso que podría emplear otra Sailor Senshi para salvarla.
A unos metros de Sailor Silver Moon, Sailor Amethyst peleaba contra un tipo que semejaba un minotauro, pero con la piel gris y cuernos serrados. Había conseguido rechazar uno de sus ataques con su magia, y mientras lo hacía, vio, con el corazón contraído, cómo Sailor Silver Moon estaba perdiendo la batalla contra Warbringer. Desesperada por ayudar, Sailor Amethyst utilizó uno de sus muchos trucos de magia para inmovilizar al minotauro por unos segundos, y acudió a la carrera hacia donde se encontraba Sailor Silver Moon, respirando agitadamente, tanto por el esfuerzo físico como por la ansiedad por llegar donde su esposa a tiempo.
Warbringer cantó victoria.
Sailor Amethyst se detuvo en seco cuando vio que la esfera de luz finalmente impactó en el pecho de Sailor Silver Moon, pero ella no pegó ningún grito. Crispaba los puños, dedicando una mirada penetrante a Warbringer, mientras su Sailor Cristal salía de su pecho. No obstante, en un último gesto de desafío, ella tomó su Sailor Cristal con las manos, y empleó las fuerzas que le quedaban para hacerle la vida imposible a Warbringer.
—Ni cuando estás derrotada te rindes —dijo, haciendo un gesto con la mano, y el Sailor Cristal de Sailor Silver Moon comenzó a avanzar, pero de forma muy lenta, debido al agarre de su contrincante—. No eres capaz de aceptar que, finalmente, te he vencido. La inteligencia pudo más que la fuerza bruta en esta ocasión.
—Cállate, pedazo de mierda —gruñó Sailor Silver Moon, y giró su cabeza hacia Sailor Amethyst, a quien comenzaron a brillarle los ojos—. Violet, no quiero que te quedes ahí, mirando cómo muero. Quiero que hagas algo al respecto, que uses esa maravillosa cabeza que tienes para hacer que mi muerte no sea en vano.
—¡Tú no puedes morir! —exclamó Sailor Amethyst, y las lágrimas comenzaron a nublarle la visión—. ¡No me dejes sola, por favor!
—Claro que puedo morir, y lo haré. Ya nada puede evitarlo. Lo que quiero que hagas es que me prometas lo que ya me prometiste en el Milenio de Plata, cuando los Desterrados invadieron la luna.
—¡Saori, por favor!
—Prométemelo, Violet. Mientras vivas por esa promesa, nunca me habré realmente ido. De verdad. Siempre estaré contigo, y te prometo que iré a visitarte de vez en cuando. Pero quiero que me hagas este honor, Violet. Prométeme que nuestro amor jamás morirá. Hazlo, Violet.
Sailor Amethyst se quedó en silencio por unos pocos segundos, buscando la fuerza que necesitaba para hacer lo que necesitaba hacer: no permitir que Saori muriese en vano. Tragó saliva, se limpió las lágrimas, y habló con voz trémula, pero clara.
—Nuestro… ¡Nuestro amor jamás morirá!
—Esa es mi chica —dijo Sailor Silver Moon suavemente, sonriéndole a Sailor Amethyst—. Te amo, Violet, ayer, hoy y siempre.
—Yo… yo también te amo, Saori… siempre lo haré. A-Adiós.
Apenas Sailor Amethyst terminó de hablar, Sailor Silver Moon perdió todas sus fuerzas, y soltó su Sailor Cristal, el que flotó en dirección a Warbringer. Sailor Amethyst necesitó de todo su autocontrol para no ver cómo el cuerpo sin vida de Sailor Silver Moon caía al suelo y se transformaba en miles de corpúsculos de luz plateada, porque, en medio del dolor y las lágrimas que se afanaban por caer, Sailor Amethyst no quería que Saori perdiese la vida así como así.
Y la única forma que veía de hacerlo era tomando un enorme riesgo.
